La Esperanza.
Un paseo por los viñedos de Balbaína.




En estos días de octubre, cuando ya las hojas de las vides empiezan a pintarse poco a poco de los colores del otoño, limpio ya el cielo tras las primeras lluvias y libres ya del calor del verano, son los que elegimos siempre para pasear por los senderos y carriles que se trazan entre los viñedos de la campiña. En nuestro paseo de hoy hemos salido por los caminos de Balbaína, entre las carreteras de Rota y Sanlúcar, y buscando un otero para ganar altura, hemos llegado hasta la Casa de La Esperanza.

El Caballo, Santa Cruz, Santa Cecilia, La Rabia…, son otros tantos viñedos junto a los que pasamos, una vez que hemos dejado atrás la carretera de Rota, después de haber tomado la Cañada de Los Huertos donde hemos ido parando en cada recodo de estos carriles para disfrutar del paisaje. A medida que caminamos por entre las lomas en las que hoy irrumpen los molinos de viento del parque eólico de “La Rabia”, reclaman nuestra atención algunas de las antiguas casas de viñas que han llegado hasta nuestros días y que antaño poblaban todos los rincones de estos pagos.



Conviene recordar que las tierras de Balbaína, a caballo entre las campiñas portuense y jerezana, han gozado siempre de merecida fama por la excelencia de sus suelos de albarizas, habiendo destacado desde muy antiguo por la calidad de sus viñas. Diferentes autores se han referido a este rincón del Marco de Jerez como al heredero de los milenarios viñedos que las fuentes latinas sitúan en nuestro territorio. “Seguramente aquí estaban las propiedades agrícolas de los Balbo. No existe documentación histórica ni arqueológica que lo constate, pero la propia existencia del topónimo parece testimoniarlo”. Así lo defienden Juan José López Amador y Enríquez Pérez Fernández (1), quienes sitúan también en estas campiñas la hacienda de Marco Columela, a la que se refiere en sus escritos agronómicos (De rustica) el ilustre Lucio Junio Moderato Columela donde alaba la fertilidad de las viñas ceretanas.

La casa de viña de La Esperanza.



Preside la casa de viña de La Esperanza una suave loma abierta al horizonte, que despunta en estos dilatados paisajes del pago de Balbaína. Por sus cercanías discurría el antiguo ferrocarril de Jerez a Bonanza y aún se ven desde aquí la carretera de Sanlúcar, el camino de Jerez al Santuario de Regla, la trocha de Rota… ¿Podía haber algún rincón mejor comunicado y con mejores vistas?



Eso mismo es lo que debieron pensar los propietarios del viñedo cuando en 1840 construyeron una hermosa casa que pronto destacaría por su privilegiado emplazamiento. Son tiempos en los que el negocio del vino de Jerez vive momentos de esplendor de la mano de la explosión de las exportaciones que tiene lugar en las décadas centrales del siglo XIX, lo que multiplicó el cultivo de la vid y la extensión del viñedo, así como la construcción de numerosas casas de viña, como la de La Esperanza.

Llegamos hasta la casa tras cruzar una gran puerta en la que destacan dos grandes pilastras en las que se puede leer “Año 1935”, la fecha de su construcción y en la que se llevó también a cabo una profunda renovación y ampliación del caserío de la viña.

El núcleo original de la casa de La Esperanza, de planta rectangular, responde a los modelos tradicionales, destacando ya desde la lejanía, cuando el viajero la divisa desde la carretera de Sanlúcar, su gran cubierta a dos aguas con la típica teja árabe propia de estas construcciones.



Ocho grandes pilares conforman su magnífico portal adintelado sobre el que descansa el alero de la cubierta. “La planta sigue la disposición habitual de crujías longitudinales en la que el lagar de pisa ocupa el espacio central desde el que se accede a las demás dependencias” (2). La distribución original se transformó posteriormente para albergar la vivienda de los propietarios, añadiéndose en el costado de la casa un pequeño porche acristalado por el que se accedía al interior, que hoy se muestra semiderruido.

Como ha señalado J. Manuel Aladro, a diferencia de los cortijos y haciendas, las casas de viña ocupan lugares preferenciales en el paisaje, destacando en las lomas y oteros más elevados donde "se abren al paisaje a través de la galería de portales construyendo auténticas fachadas de acceso orientadas hacia los caminos de llegada" (3), idea que queda patente con claridad en La Esperanza.

En 1935, su propietario José de Soto Abad, amplió el edificio original de La Esperanza con otras naves para albergar la bodega y los nuevos lagares hidráulicos. Estas dependencias rompieron la estética y el equilibrio formal de la casa tradicional, pese a que se trató de mantener cierta unidad enrasando la fachada exterior de estas nuevas construcciones con la del portal de la vieja casa de viña.



La entrada a la antigua casa de viña está presidida por un azulejo devocional de Nuestra Señora de la Esperanza. A ambos lados de la puerta aún se conservan los soportes donde se apoyaban los cántaros. En el almijar, llama la atención un pozo con brocal de mármol.

Sobre el tejado, despunta también una llamativa chimenea, reforzada con elementos metálicos y una curiosa veleta con motivos taurinos, que nos muestra un torero a punto de entrar a matar.



Las palmeras que acompañaban el camino de entrada se han visto afectadas, como tantas otras de la ciudad, por el picudo rojo, pero en la parte trasera de la casa aún se conservan algunos árboles frutales (ciruelos, membrillos…) como era tradicional en las casas de viña.



Pero sin duda, los elementos más sobresalientes de la casa los encontramos en el portal, donde destacan tres grandes bancos adosados la pared, revestidos con azulejos trianeros de la casa Mensaque y Rodríguez realizados en 1935 cuando La Esperanza fue renovada y ampliada. En ellos se muestran escenas tradicionales relacionadas con la vid y la viña, el vino, la bodega y el campo en general.






En uno de los azulejos aparece la casa de la Viña de Cerro Viejo, que pertenecía al mismo propietario y que en la actualidad es aún la sede de Vinícola Soto. En el banco que ocupa a posición central puede leerse en grandes letras azules, “Viña La Esperanza”. En los laterales figuran las leyendas “Se edificó en 1840” y “Renovada en 1935” respectivamente.


Hacemos aquí un paréntesis en el relato para apuntar unos datos sobre José de Soto Abad, el propietario que renovó la casa de La Esperanza y con quien alcanzó su máximo esplendor. José de Soto, miembro de una larga dinastía vinatera que se remonta a 1771 cuando el montañés Francisco de Soto se establece en Jerez, fue un conocido industrial y bodeguero jerezano que impulsó especialmente la plantación de nuevos viñedos en el marco. Fallecido en 1961, fue presidente de la Cámara de Comercio desde 1934 hasta 1949, siendo nombrado Hijo Predilecto de la ciudad en 1950. Cabe destacar que fue también académico de la de Bellas Artes de Cádiz, lo que le permitió relacionarse con personas relevantes del ambiente artístico y cultural de la época.

Un panel cerámico excepcional… gravemente amenazado.

Pero volvamos al portal de la Esperanza donde el visitante se habrá quedado sorprendido por el gran panel cerámico que cubre una de sus paredes laterales. Compuesto por 403 piezas (31 x 13), es sin duda el más relevante de cuantos pueden encontrarse en las casas de viña de la campiña de Jerez. Una gran orla de hojas de vid enmarca una escena típica en la que se ve un lagar con pisadores y una prensa en la que se los trabajadores se afana para obtener el mosto. Este trabajo, realizado por la conocida fábrica de cerámica Navia, de Triana, es sin duda una obra maestra. El escultor y ceramista extremeño afincado en Sevilla, Pedro Navia, impulsó un célebre taller en el 21 de la trianera calle Ruiseñor 21, datos que figuran en el panel de La Esperanza. Su fábrica colaboró activamente en el suministro de piezas decorativas para la Exposición Iberoamericana de 1929, especialmente las modeladas, como remates, balaustradas, ranas para fuentes y murales (4).

El mural aún guarda otra sorpresa relevante, dado que el dibujo y el diseño de la escena es obra del conocido pintor gaditano Francisco Hohenleiter (1899-1968) quien, tal como figura en uno de los azulejos, lo realiza en 1937. Este reputado artista, amigo del propietario, diseñó también para las bodegas de José de Soto etiquetas para varios de sus vinos (Juncal, La Espuela) y para el brandy Ilustrísimo, como nos recuerda el investigador J. Luis Jiménez (5). A título anecdótico señalaremos que Hohenleiter, formado en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, fue un reconocido pintor de temáticas costumbristas ganando también justa fama como muralista, decorador, ilustrador de revistas y cartelista. Entre otras cosas, fue el autor del primer diseño del escudo de Andalucía, publicado en un cartel que realizó para las Fiestas Primaverales de 1934 de Sevilla. De su mano es también un dibujo del Cristo de la Expiración, datado entre 1915-1925, estudiado por el investigador Antonio de la Rosa Mateos (6). El panel cerámico de La Esperanza, se completa con un poema de M. del Prado donde se cantan las excelencias de “La Esperanza” y de sus inigualables vistas sobre la campiña.

Pero si bien hemos destacado el excepcional valor de este panel cerámico, no podemos sino lamentarnos por el deterioro que el mismo ha venido sufriendo en los últimos años. Cuando lo visitamos por primera vez en abril de 2013, se mostraba casi completo y sólo faltaban 5 piezas de su orla, como puede verse en la fotografía que publicamos entonces. Lamentablemente, algunos desaprensivos han ido arrancado más losas (ya faltan 19), tal como se observa en el borde superior de este gran mural, y han destruido algunos azulejos cuyos restos se aprecian a los pies de la pared que lo alberga. Desde estas líneas hacemos un llamamiento a la protección de esta singular pieza del patrimonio cultural de la campiña, para evitar su progresiva destrucción.



Y es que, por muchos otros motivos, La Esperanza es un enclave privilegiado. Desde la amplia explanada del almijar, limitada por un pequeño murete a modo de balcón, podremos obtener una excepcional perspectiva sobre los viñedos del Marco de Jerez y unas magníficas vistas de la ciudad que, como telón de fondo en los días claros, tiene desde aquí los inconfundibles perfiles de la Sierra de Grazalema.



Volveremos otro día por los caminos de Balbaína al encuentro del singular patrimonio de sus casas de viñas, de sus pozos centenarios, de sus dilatados horizontes, de los paisajes de viñedos más hermosos que pueden contemplarse en nuestras campiñas.

Para saber más:
(1) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, págs. 175-176.
(2) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, págs. 136-137. En la pg.65 de esta misma obra se muestra una magnífica reproducción del panel cerámico al que se alude.
(3) Aladro Prieto J. Manuel: Algunas claves para la comprensión del paisaje rural del viñedo del marco de Jerez. Revista de Historia y Teoría de la Arquitectura. Número 2-3. Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónica de la ETS de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, 2002, páginas: 260 – 273.
(4) Para más información sobre el ceramista Pedro Navia puede consultarse: http://www.retabloceramico.net/bio_naviacampospedro.htm
(5) Para más referencias sobre este artista puede consultarse: Jiménez García J-L.:
http://www.jerezsiempre.com/index.php/Francisco_Hohenleiter_de_Castro. Del archivo de esta autor hemos tomado las imágenes de José de Soto y Hohenleiter.
(6) De la Rosa Mateos, A.: Una ilustración del Cristo obra de Hohenleiter. Diario de Jerez, 30-11-2010.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Cortijos, viñas y haciendas, Rutas e itinerarios, El paisaje y su gente

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 23/10/2016

1 comentario :

Anónimo dijo...

Es una pena que no este mejor conservado nuestro patrimonio de las viñas, aunque quien tiene la culpa de que esto pase es la gente sin conciencia que lo destruye. Gracias por contar estas cosas y por el trabajo que haceis.

 
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