TRAS LOS PASOS DE AL-IDRĪSĪ


Como hemos hecho en otras ocasiones, en estos días largos que el verano nos regala, nos gusta recorrer antiguos caminos, de esos en los que no te encuentras a nadie y en los que disfrutas del paisaje mientras evocas la historia que guardan los rincones por los que pasas. 

Hace ya unos años, antes de la pandemia, hice por etapas la vieja "ruta idrisiana" que unía por vía terrestre Algeciras con Sevilla. La describe Al-Idrīsī (Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī, 1100-1156), el sabio geógrafo ceutí, que residió en la corte de Roger II de Sicilia, en su obra Uns al-muhay wa-rawd al-furay’ (“Solaz de corazones y prados de contemplación”), terminada en 1154. Del tramo entre Jerez y Algeciras escribe: “De Algeciras a al-Rataba, hay dieciocho millas, a la alquería de al-‘ Āba cuatro millas, al río Barbate hay seis millas, a la alquería de Fīsāna hay diez millas a Medina Sidonia hay siete millas, de Medina Sidonia a Bakkat Q.m.rat hay doce millas, a Wadi Lakka (Guadalete) hay doce millas, a la ciudad de Jerez hay cuatro millas.”



 Siguiendo la Cañada de Algeciras, desde las cercanías de Benalup, he vuelto a recorrer, como hace años, parte de este camino, hasta Facinas, para reencontrarme con parajes y topónimos que, casi mil años atrás, eran nombrados por este insigne geógrafo andalusí. 

 Y como otras veces, como siempre, transitar por las viejas sendas es también, de alguna manera, trasladarte a aquellos tiempos en los que caminar era la única forma de encontrarse con los otros. Y ahora, también, también con nosotros mismos.




































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