Por la Sierra de la Sal o de Alazar.
Un curioso error topográfico que perdura en nuestros días.




Con frecuencia, en nuestro recorrido por los paisajes “en torno a Jerez” visitamos lugares que guardan en sus nombres resonancias andalusíes. Este es el caso de algunos de los montes y sierras más notables que pueden verse desde la misma ciudad y de otros más alejados, que se sitúan especialmente al este del término municipal. Unos de manera explícita, como Gibalcón, Gibalbín, Aljibe o Montifarti, denotan su vinculación con la presencia andalusí en nuestro territorio, como ya hemos apuntado en otros artículos. Otros, sin embargo, como el caso de la Sierra de la Sal, esconden curiosas transformaciones que trataremos de desvelar.

Un topónimo engañoso.

La Sierra de la Sal se encuentra en las cercanías de san José del Valle, al este de la población. Esta sierra caliza, con una altitud máxima de 504 m. forma un gran lomo rocoso de casi 6 km de longitud que se orienta de este a oeste entre la Sierra de las Cabras y la del Valle. Junto a ellas forma un gran semicírculo montañoso que deja en su interior el singular paraje de los Llanos del Valle. Aunque geológicamente constituyen una misma unidad, topográficamente se muestran como relieves con perfiles propios.



La garganta conocida como Boca de la Foz separa a la Sierra de la Sal de la de Las Cabras, mientras que la denominada Garganta del Valle o “El Boquete”, la separa de la Sierra del Valle, configurándose así como una formación aislada.

El topónimo de Sierra de la Sal es de los que, a primera vista, se nos muestra explícito y, si se nos permite la expresión, “transparente”. Es uno de esos nombres que reflejan alguna característica evidente y que presentan una denominación estrechamente vinculada con lo designado. Por citar sólo algunos ejemplos, es el caso de lo que sucede con topónimos como “Sierra de las Nieves”, “Sierra del Pinar” o “Sierra del Endrinal” en los que se hace alusión a la presencia o abundancia de nieve, pinos (pinsapos), o endrinos en estos lugares, hasta el punto de haber dado nombre, desde hace siglos, a estas sierras.

No es de extrañar por ello que ante un topónimo como el de Sierra de La Sal, se piense en la existencia en este lugar de posibles minas de sal, de afloramientos de rocas salinas en sus laderas o, simplemente, en la localización a sus pies de manantiales salinos que hayan sido aprovechados para obtener el preciado elemento, como sucede en otros parajes de montaña en el interior de la provincia.



Algunos estudiosos así lo han dado a entender vinculando el topónimo a la presencia de pequeñas explotaciones salinas ligadas a manantiales cuyas aguas, al atravesar materiales triásicos, adquieren su carácter salobre(1). Otros autores han documentado la existencia de pozos de agua salada en las inmediaciones de esta sierra (en la Cañada del Rosal, por ejemplo) para justificar su nombre (2).

Sin embargo, creemos que el orónimo de Sierra de la Sal nada tiene que ver con la presencia de esta sustancia y que surge, tal vez, por un error de transcripción por parte de los cartógrafos que a comienzos del siglo XX levantaron el primer mapa topográfico de la zona. La hoja 1063 (Algar) de la primera edición del Mapa Topográfico Nacional, editada en 1917 por el Instituto Geográfico y Estadístico es, a nuestro juicio, la causante de la “errata”, incluyendo este nombre para denominar a una sierra que había sido conocida desde siglos atrás como Sierra de Alazar, topónimo de resonancias andalusíes.

El profesor Bustamante Costa da algunas claves de lo que sucede en casos como este y ha apuntado como, en muchas ocasiones, algunos topónimos de origen árabe han desaparecido para siempre, “o bien, en caso de haber sobrevivido, quizá queden ocultos detrás de una traducción del significante, o se hayan vuelto irreconocibles debido a las desfiguraciones propias de la adaptación a otro sistema fonológico de otra lengua” (3). Tal vez esa cercanía fonética que existe entre “sierra-de-la-sal” y una “sierra-de-alasal”, pronunciada con el seseo característico de la zona, pudo confundir a quienes dieron a estos montes el nombre con el que serían “bautizados” en la cartografía oficial y que ya no han abandonado.



La “Sierra de Alazar”: un poco de historia.

A falta de un trabajo de investigación más profundo que pueda darnos las claves de su origen, el topónimo de Sierra de Alazar puede rastrearse ya en distintas fuentes documentales desde el siglo XVI (4). A comienzos del XVII lo encontramos también incluido en una relación de los seis grandes cotos de caza que el ayuntamiento establece en las tierras del término en 1606, mencionando entre ellos el comprendido “desde la sierra de Alazar hasta el Valle” (5). En un curioso mapa del siglo XVIII, trazado en un pergamino, conservado en el Archivo Municipal y en el que figuran las principales dehesas y sierras del término, aparece como Sierra de Alasar (6).

Con este mismo nombre la menciona en el s. XVIII el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez, quien al enumerar las Sierras, Dehesas y Fuentes del término señala que “…la Sierra del Alazar á 7 leguas, tiene 3 fuentes, la Peruela, Fuente de Imbros y Vegas de Elvira: tiene 1 legua de largo y ancho: linda con Majaceite" (7). Este mismo autor ofrece, curiosamente, otra variante del topónimo que pudiera resultar de gran interés histórico… si no se tratase de una errata tipográfica, que es lo que creemos. Así, al describir el término municipal se refiere a esta sierra, que sitúa junto a las del Valle y Las Cabras: “…la sierra del Alcázar se retira de nuestra población hasta siete leguas y tiene de largo dos leguas y de ancho una…” (8).



Madoz, a mediados del siglo XIX, recoge en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico (1845-50) una nueva denominación para esta sierra. Al ocuparse de la geografía provincial, tras haber descrito los alrededores de la Sierra de las Cabras y la dehesa de Ballesteros, escribe que …dirigiéndose hacia el N.E. y á una legua de Ballesteros se encuentra la sierra de la Lazada ó Palmetín, de ½ leg. de longitud…” (9). De la misma manera, al enumerar “las cordilleras más notables” del término de Jerez vuelve a mencionar, junto a las sierras de Gibalbín, Las Cabras, Dos Hermanas, El Aljibe, La Gallina y San Cristóbal, “la sierra de La Lazada” (10).

Nuevamente, bien sea por una deficiente notación de los informantes locales de Madoz, bien sea por la transcripción errónea del nombre “sierra-del-Alazar”, cercano fonológicamente a “sierra-de-la-Lazada”, lo cierto es que nuestra sierra no acaba de fijar su nombre.

Como puede apreciarse, las imprecisiones y los errores de denominación vienen ya de antiguo. Vean si no como el nombre con el que aparece citada en el mapa de F. Coello (1868), aporta aún más confusiones al utilizar un nuevo topónimo: Sierra de Alajar. Creemos que se trata de otro ”error de cartógrafo”. Casi con toda seguridad fue este mismo mapa el que consultó el historiador y geólogo Vera y Chilier quien en su Memoria sobre la formación de las rocas de la provincia de Cádiz (1897) utiliza también el mismo topónimo: "…frente a la Sierra de las Cabras, cortándole en ángulo recto 20°, se elevan dos series de montes en dirección paralela.



La mas al N. se levanta bruscamente formando una de las paredes de la boca de Foz, extendiéndose al O.N.O por una cresta elevada 400 a 500 m. sobre el nivel del mar con el nombre de sierra de Alajar y su pequeño contrafuerte de las Dos Hermanas… Termina este ramal cerca del convento del Valle
" (11).

El mapa parcelario de López Cepero (1904), que es sin duda el más completo de los realizados hasta su fecha, rescata de nuevo el topónimo histórico y menciona en esta sierra la existencia de la “Dehesa de Alazar y Retozadero”. Unos años más tardes, en 1930, los ingenieros forestales Ceballos y Martín Bolaños, utilizan indistintamente las denominaciones de Sierra de Alazar o de La Sal (12). En estos años en los que realizan el trabajo de campo disponen ya de la primera edición del mapa Topográfico Nacional (1917) en el que, como se ha dicho se había trastocado el nombre de la esta sierra.



Pese a todo, en documentos locales editados posteriormente aún se mantuvo el topónimo “histórico” hasta mediados del siglo pasado. Así, en Inventario de Cañadas del término municipal de Jerez (1948) se menciona que el Descansadero y Abrevadero de Los Llanos del Valle, “linda por el Norte y Oeste con terreno de la Dehesa de Alazar y Retozadero; Sur con la Cañada Real. Y su extensión es de 2 Has., 68 as. y 32 cas.”. En este interminable cambio de nombres, debidos en buena parte a las erratas de transcripción en la cartografía oficial, se ha añadido en los últimos años -como nos recuerda nuestro amigo J.M. Amarillo- una “última” denominación. Tal como puede leerse en la Hoja 1063-1 del MTN (edición de 2005), perteneciente a San José del Valle, la Dehesa del Alazar ve alterado su nombre por el de “Dehesa del Alazán”, uno más que añadir a la ya larga lista de variantes que a lo largo de los últimos cinco siglos ha conocido esta Sierra.

“Alazar”, topónimo de origen andalusí.

¿Qué significa el término “alazar”? ¿De dónde proviene? A falta de un estudio en profundidad, es muy probable el origen andalusí de este nombre. Así lo recoge fray Diego de Guadix, autor de una obra ya clásica, “Recopilación de algunos nombres arábigos que los árabes pusieron a algunas ciudades y a otras muchas cosas”, que este arabista franciscano escribe en las últimas décadas del siglo XVI. En ella ofrece un auténtico diccionario toponímico que recoge numerosos vocablos procedentes del árabe o del romance andalusí. Sobre la voz “alazar”, escribe: “Alazar o La sierra de Alazar. Es en España en el término de Jerez de la Frontera, en el arzobispado de Seuilla. Consta de “al”, que, en arábigo, significa “el”, y de



çerr”, que significa “secreto”; assí que, todo junto, “alçerr” significa “el secreto”; y... no ha de sonar la "ll" del artículo, y assí resta açerr o açarr, y, corrompido, dizen Alazar
". (13). La Sierra de la Sal, cobra, a decir de Diego de Guadix, el sugerente nombre de “Sierra del Secreto”. Dejando a un lado las propuestas del franciscano, cuestionadas hoy día por otros arabistas, pudiera pensarse también en la derivación del nombre de esta sierra de un antropónimo. “El Hazal” es apellido morisco y “Alazar”, también lo es judío, aunque no existe constancia documental de que personas con estos nombres poblaran este lugar o fueses poseedores de tierras en estos parajes.

La interpretación más cercana al origen del topónimo pudiera proceder de los vocablos de origen morisco. En su estudio sobre los “Pleitos de agua en Granada en tiempos de Carlos V” lo profesores Álvarez de Morales y Jiménez Alarcón señalan que el término “alazar”, era utilizado por los moriscos en el ámbito agrícola, para hacer referencia a una de las horas para el uso del agua o de los turnos de riego: “… regaban sus heredades suso dichas de agua del río suso dicho, cada día desde la ora de alaçar hasta que se pone el sol e así a sido la costunbre entre ellos hasta el presente.” (14). Estos investigadores sugieren que este término morisco, “alaçar”, puede derivar de “al-sahar”, el alba. De acuerdo con esta interpretación nuestra Sierra de la Sal, o de Alazar, tendría en su origen un hermoso nombre: “La Sierra del alba”, el lugar por donde nace el sol.



Sierra de Alazar o del Alazar, del Alcázar, de la Lazada, de Alajar, de la Sal… He aquí unos cuantos nombres que definen a un mismo lugar: la Sierra de Alazar, un topónimo de posible raíz andalusí, como otros muchos que bautizan los rincones de nuestra geografía y de los que nos ocuparemos en futuras visitas “entornoajerez”.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: El alfoz jerezano. La organización del paisaje rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla y Universidad de Cádiz. Sevilla 2004, pg. 92
(2) González Jimenez, M. y Valor Piechota, M.: Sal y salinas en el reino de Sevilla, pg. 183. Tomamos esta cita de E. Martin (op. cit, pg. 92)
(3) Bustamante Costa, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), p.27
(4) Diego de Guadix.: Recopilación de algunos nombres arábigos que los árabes pusieron a algunas ciudades y a otras muchas cosas. Notas e índices de Elena Bajo Pérez, Felipe Maillo Salgado. Ed. Trea.2005. p, 211
(5) Pérez Cebada, J.D.: Regulación cinegética y extinción de especies. Jerez, siglos XV-XIX. En Revista de Historia de Jerez nº 14-15, 2008/2009. pp. 209-224.
(6) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(7) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, B.U.C. Jerez, 1989, vol IV, p. 318.
(8) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, B.U.C. Jerez, 1989, vol I, p. 23
(9) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. Pág. 68.
(10) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. Pág. 245.
(11) Vera y Chilier, F.A.: Memoria sobre la formación de las rocas de la provincia de Cádiz. Anales de la sociedad Española de Historia Natural.. Tomo Octavo. Serie II (XXVIII) Madrid. 1897. P. 314-15
(12) Ceballos, L. y Martín Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 29, 40 y 152.
(13) Diego de Guadix.: Recopilación…. p, 211
(14) Álvarez de Morales, C. y Jiménez Alarcón. M.: (2001).: “Pleitos de agua en Granada en tiempos de Carlos V. Colección de escrituras romanceadas”, en Mª J. Rubiera, (coord..), Carlos V, los moriscos y el Islam, Madrid –Alicante, pp. 59-90, págs. 65 y 88.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 10/04/2016

 
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