Gibalbín: “el monte del pozo”.
Un recorrido por la toponimia andalusí.




En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en estas páginas de algunos topónimos de resonancias árabes, que guardan memoria de los más de cinco siglos de presencia andalusí en nuestro territorio. Después de 750 años, aún se mantienen no pocos vestigios de su prolongada estancia en los nombres de nuestros ríos, nuestros campos, nuestros montes.

Esta pervivencia no es de extrañar ya que, desde las primeras décadas inmediatamente posteriores a la llegada de los musulmanes a la península y durante casi ocho siglos, Jerez y su extenso alfoz han tenido una marcada influencia andalusí de la que aún quedan testimonios en su cultura, en su paisaje y en la toponimia. Como ha escrito el profesor Juan Abellán, el topónimo “se erige no solo como espectador de la Historia de su entorno más inmediato, sino que la vive y le afecta, quedando las huellas del pasado incrustadas en sus formas gráficas y en sus significados, aunque, con relativa frecuencia, es observable el cambio de las primeras, permaneciendo, no obstante, inalterable su significación”. (1)

Gibalbín: un nombre para un monte.



Junto a la cercana sierra de San Cristóbal, pequeña elevación de 125 m al SW de la ciudad que cierra el horizonte hacia El Puerto de Santa María, el relieve más destacable en las proximidades de Jerez es sin duda la Sierra de Gibalbín. Situada a 20 km en línea recta, en dirección NE, presenta un relieve de suaves pendientes, fruto del modelado superficial, a pesar de la naturaleza caliza y margocaliza de su roquedo. Con sus 410 m es un hito sobresaliente en el paisaje de un amplio territorio, a caballo entre las provincias de Sevilla y Cádiz, siendo también un referente visual de primer orden desde el que se dominan las amplias llanuras del antiguo estuario del Guadalquivir, las campiñas jerezanas y de Arcos y las comarcas cercanas a la Sierra de Cádiz.



No es de extrañar que, por estas razones, fuera desde antiguo un enclave estratégico como atestiguan los testimonios arqueológicos hallados en sus laderas y cumbres, que informan del paso de las diferentes culturas a lo largo de la historia. Por sus alrededores han discurrido (y se trazan todavía) las principales vías de comunicación que, desde al menos dos milenios atrás, han unido las tierras gaditanas con las de Sevilla.

Para rastrear el origen y posible significado de este orónimo hemos revisado los diferentes nombres con los que se cita a este monte las fuentes documentales árabes, así como nuestra historiografía tradicional y los estudios sobre toponimia, lo que nos ha permitido conocer su evolución a lo largo del tiempo hasta su fijación en la forma “Gibalbín”, tal como hoy la conocemos.



Gibalbín, “el monte del pozo”.

Diremos ya, de entrada, que el topónimo de Gibalbín tiene su origen, muy probablemente en el Yabal al-bi´r de los árabes, con el significado de “monte del pozo”. Las referencias que encontramos en las fuentes árabes a esta enclave geográfico se remontan, cuando menos, al siglo XII. Así, al describir el itinerario entre Algeciras y Sevilla, el geógrafo al-Idrisi (mediados del s. XII), menciona los lugares más destacados por los que discurre el camino. Tras dejar atrás Medina (Ibn al Salim) y cruzar el Río Guadalete, se pasa por Yabal Munt, para seguir después hasta la alquería de Asluca, la actual Torres de Alocaz (2). Este Yabal Munt o “cerro del monte” de la vía idrisiana, que vemos mencionado también en otras fuentes como Gebalmont, no puede ser otro que Gibalbín. En ambas formas aparece de manera redundante el vocablo “monte”, combinándose los sustratos árabe y romance. Se subraya así la importancia de este hito orográfico como referencia en un paisaje donde predominan suaves colinas y llanuras y donde Gibalbín se yergue en esta región por la que cruzan los caminos más importantes entre el Estrecho y el Valle del Guadalquivir como “el monte” por antonomasia.



Ibn Abi Zar nos da también posibles referencias de esta montaña en su obra Rawd al-Qirṭās, una historia de Marruecos escrita en árabe a comienzos del siglo XIV, en la que relata los asaltos meriníes a la zona. Así, en una de las intervenciones militares de castigo que se llevaron a cabo en la primavera de 1285 por la comarca, el “Emir de los Musulmanes”, Abu Yusuf, desde su campamento en las cercanías de Jerez, envía una expedición al mando de uno de sus jefes, hacia Alcalá de Guadaira y Sevilla: “El Emir de los Musulmanes cabalgó, acompañándolo, hasta que lo despidió… Al separarse de él, apretó el emir Abu Mu´arrif la marcha aquel día hasta que llegó a la montaña de Ibrir, donde se detuvo a hacer la oración de media tarde; cabalgó de nuevo con ardor hasta la puesta del sol, dio pienso a los caballos a orillas del Wadi Lakka y anduvo toda la noche hasta que amaneció… ”.



En este topónimo de “la montaña de Ibrir” se reconoce de nuevo el Yabal al-bi´r, “el monte del pozo”, tanto por su forma gráfica como por las referencias espaciales que se aportan en la crónica y el itinerario seguido por las tropas (3). Apenas unas semanas más tarde, Abu Ya´qub, hijo de Abu Yusuf, emprenderá otra campaña de castigo por tierras sevillanas desde Jerez, tomando Gibalbín como lugar de descanso. El profesor M.A. Manzano Rodríguez da cuenta en su libro “La intervención de los benimerines en la Península Ibérica” (4) del papel como base de operaciones militares desempeñado por la sierra de Gibalbín en estos episodios bélicos y señala que en las fuentes árabes el topónimo presenta diferentes problemas textuales, de modo que unas veces aparece citado como Yabal Abrir /Ayrin (pg. 85), otras con las variantes Yabal



Ibriz / Ibrid
(pg. 91) y en otras ocasiones bajo las formas de Yabal Ibrir / Ibril / Ibriz (pg. 95). Esta y otras muchas referencias a Gibalbín pueden encontrarse en las crónicas árabes, debido sin duda a la posición estratégica que le proporcionaba su altura.



El profesor E. Martín Gutiérrez recuerda también el papel destacado que jugó la Sierra de Gibalbín durante la década 1274-1284, cuando los invasores benimerines realizaron múltiples correrías, como las descritas por Ibn Abi Zar, por la comarca jerezana.



Desde esta Sierra se realizaron expediciones punitivas por toda la comarca, llegando incluso hasta las inmediaciones de Carmona” (5). Como ejemplo señala también que “durante el asalto de Jerez “Abu´Ali llegó hasta la sierra de Gibalbín en donde acampó hasta la tarde”.

Dejamos para otro momento la posible identificación de Gibalbín con el “Montebur” que se menciona en la crónica del al-Razi, tal como sostiene Abellán (6) y que a juicio de otros autores como el arabista Borrego Soto podría referirse a la Sierra de San Cristóbal (7), o a la Sierra del Pinar, en Grazalema, como sugiere Rallón (8). Más cercanas al “yabal bir”, del que deriva el actual Gibalbín, encontramos las formas “Motebir” y “Montebir” que menciona la Crónica general de España de 1344 (6) y que también recoge el jesuita Martín de Roa (1617). Este autor transcribe parte de un códice de la catedral de Toledo, que el presume “no bien copiado”, que contiene una versión de la crónica del “Moro Rasis” donde al hablar de Xerez-Saduña se dice “…e ai un monte que a nombre monte Bir”. (9)

Gibalbín: otros posibles significados.

Como ya se ha dicho, la tesis más aceptada es la que sostiene el profesor Juan Martínez Ruiz (10) quien toma como referencia el topónimo que consta en el Privilegio del rey Alfonso X, de 1274, estableciendo los términos de Jerez y en el que se señala que uno de los mojones está “… en la sierra de Xibralbir, do es el departimiento de los términos de las aldeas de Grañina e de Cariecas” (11). Para Martínez Ruiz, el primer término “Xibral” es el árabe “yabal” (monte). El segundo, “bir” procede “del árabe “bi´r”, hispanoárabe “bir”, “pozo”. Literalmente “el monte del pozo”.



El profesor Juan Abellán (12), ha señalado como este vocablo está también presente en las fuentes documentales, formando parte de varios topónimos localizados en otros lugares del término como en el Pozo de Alhoçen (bi´r al-Husayn) o en el Almanzor (bi´r al-Mansur), ambos en la zona de Torrecera y Los Arquillos.



La forma Xibralbir, aparece con la variante de “Gibralvir” (13) en el deslinde de términos entre Jerez, Lebrija y Arcos, efectuado por Alfonso Fernández, hijo de Alfonso X (1274). Como Gibialvir” es mencionado también por el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez (1787) al transcribir el amojonamiento del término de Jerez recogido en el Privilegio de Cuéllar (14).

Este autor puso ya su atención en el origen árabe el topónimo y fue el primero en especular sobre su posible significado. Así, al enumerar las torres y fortalezas repartidas por el alfoz jerezano señala que “en la cumbre de la Sierra de Gibelvir, que suena monte grande en Arábigo, ay un famoso y grande castillo, cuya elevada fortaleza pudo ser ten tiempo de estos árabes, el más seguro asilo…”. Le asigna así un primer significado de “monte grande”, tal vez al establecer la similitud fonética con Guadalquivir, el “río grande” de los árabes. Este mismo autor describe las dimensiones de la montaña a la que le asigna “una legua de largo y media de ancho”. (15)



Vicente García de Diego (1972), primer autor que aborda un amplio estudio de la toponimia jerezana (16) apunta el origen de varias formas relativas a este mismo lugar: Ajibalbin, Gibalbín y Gebalmont. Sobre la primera de ellas, presente en diversas fuentes cristianas propone su derivación de “al-Gibalbín”, híbrido de Gibal, Gebel “monte” y alba “blanco”. Aunque pudo ser de Gebel-almina, “la altura” (pg. 43). En relación a Gebalmont sugiere que “parece la forma antigua de Gibalbín que debió vacilar con Gebal almina”. (pg. 49)

Por el historiador Fr. Esteban Rallón hemos sabido de otros nombres con los que esta sierra era también conocida en la historiografía clásica. Según nos cuenta este autor, Fr. Juan de Spínola y Torres, religioso de la Orden de Santo Domingo, apunta en una historia de Jerez escrita en el s. XVI, de cuyos manuscritos existen referencias por las menciones de otros historiadores, que “en la Sierra de Gibalbín se encontraba la ciudad de Turdeto”. Se apoya para ello en la autoridad de Florián de Ocampo quien “pone en su sitio alto a Turdeto, que es la gran ciudad que vemos dispoblada sobre el famosso Gabasolin o Jibalbín, cuyos muros, puertas, baños y anfiteatros nos muestran en su ruinas su grandessa” (17). A partir del siglos XVII la forma Gibalbin cobra fuerza si bien todavía convivirá con las de Gibralvir con otras menos frecuentes como Giberbin (18) tal como se muestra en el mapa de Tomás López (1787).

Gibalbín es, como hemos podido comprobar, un término cargado de historia que da nombre a un monte y un territorio que guarda en cada uno de sus rincones la memoria de aquel Jerez andalusí que le dio nombre.



Para saber más:
(1) ABELLÁN PÉREZ, J.: Toponimia Hispano-Árabe y Romance: fuentes para la historia medieval, Cádiz, 1999, pg. 7.
(2) ABELLÁN PÉREZ, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, pg. 35
(3) ABELLÁN PÉREZ, J.: El Cádiz islámico a través de sus textos, Cádiz, 2006, pg. 141-143
(4) MANZANO RODRÍGUEZ, M. ANGEL.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, Madrid, 1992, p. 85, 91 y 95.
(5) MARTÍN GUTIÉRREZ, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22, pg. 360
(6) ABELLÁN PÉREZ, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Pg. 100
(7) BORREGO SOTO, M.A.:De “Asidon” a Sidueña: localización de "Madinat Siduna" en el yacimiento de Doña Blanca”, Revista de historia de El Puerto, Nº 42, 2009. Pg. 23
(8) RALLÓN, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, pg. 5
(9) MARTÍN DE ROA (1617):Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VI, pg. 20
(10) MARTINEZ RUIZ, J.: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII, Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, pg. 107 y 119.
(11) CARTA DE PREVILLEXIO DE ALFONSO X (Estableciendo los términos de Jerez). Cuéllar, 3 de agosto, 1274. Archivo de la Catedral de Cádiz. Manuscrito, cortijo de los Siletes. Fols 214r-230r. (Citado por Martínez Ruiz, J.)
(12) ABELLÁN PÉREZ, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Pg. 138
(13) MARTÍN GUTIÉRREZ, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22, pg. 365
(14) GUTIÉRREZ, B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. Tomo I. BUC .Jerez, 1989, vol I, pg 129.
(15) GUTIÉRREZ, B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. Tomo I. BUC .Jerez, 1989, vol I, pp.32 y 24.
(16) GARCIA DE DIEGO, V.: Toponimia de la zona de Jerez de la Frontera. Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Gráficas del Exportador. Jerez, 1972. Pgs, 42 y 49
(17) RALLÓN, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, pp. 20-21.
(18) LÓPEZ, T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes….1787. AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 1/03/2015

1 comentario :

ALD dijo...

Como siempre, magnífico artículo.

Quería preguntaros por lo que habéis etiquetado como "restos arqueológicos cerca de la cumbre", eso que parece una muralla con un arco, ¿hay alguna hipótesis o certeza de qué son?

Gracias.

 
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