El Nacimiento de Benamahoma.
Un manantial con historia.




Si hay un lugar en Andalucía que se relacione con el agua, este es Grazalema, localidad donde se registran las máximas precipitaciones del país. Y si hay un manantial que sobresalga entre cuantos brotan en su serranía, este es sin duda el Nacimiento de Benamahoma.

Secularmente, los privilegiados lugares de la Sierra de Cádiz en los que surgen fuentes y manantiales contaron con asentamientos humanos en sus cercanías. En los siglos medievales, en estos entornos es segura la presencia de los árabes, quienes sintieron especial atracción por el agua para, mediante azudes y acequias, utilizarla para el riego. No es de extrañar por ello que algunos de estos rincones serranos sean conocidos desde antiguo por sus afamadas huertas, tal como sucedió en Zahara con las de Bocaleones y Arroyomolinos, en Benaocaz con las de Tavizna o en Grazalema con las de la Ribera de Gaidovar. Pero sin duda, las “Huertas” por excelencia y con mayúscula fueron siempre las de Benamahoma. A ello contribuyeron sus copiosas fuentes entre las que destaca, como ninguna otra, la conocida como El Nacimiento.

Los Cachones, el antiguo nombre del manantial.

Este célebre manantial es, junto al de Tempul, una de las surgencias más conocidas de la provincia de Cádiz y, sin duda, la más caudalosa y constante. Ya en 1845, Madoz repara en la importancia de las fuentes del entorno de la aldea de Benamahoma en su Diccionario Geográfico y al describir este pueblo serrano señala que “… Benamahoma está situado a espaldas del Peñón de San Cristóbal, o Sierra del Pinal, en una hondonada rodeada de elevadísimas montañas que la resguardan de todos los vientos menos el oeste… En sus inmediaciones hay dos manantiales abundantes, con los que se riega una partida de huertas de frutales y hortaliza, llamado el uno de los Cachones, situado al norte; en el que se hallan dos molinos harineros y tres batanes; el segundo es conocido por el Descansadero, por serlo de los ganados que pastan en sus alrededores y ofrece la particularidad de secarse completamente en invierno…” (1).

Este antiguo nombre de “Los Cachones” (frecuente en otros manantiales de distintas provincias) hace alusión a la forma en la que el agua aflora del interior de la tierra por numerosos manaderos, ya que un “cachón” es un chorro de agua que cae a poca altura y rompe formando espuma. Este fenómeno lo podemos observar todavía en el entorno del manantial donde en diferentes puntos (junto al camino que baja al Museo del Agua, por ejemplo), el agua sigue brotando entre las rocas y la vegetación formando pequeñas chorreras espumosas o “cachones”, por donde desagua también esta gran surgencia.



Agua que mueve molinos.

Benamahoma, antiguo cazadero de los Duques de Arcos, debe su historia y su vida a este singular manantial que se localiza en la parte alta del pueblo, junto al camino que sube hasta el Puerto del Pinar y el bosque de pinsapos. Durante muchos siglos el Nacimiento lo significó casi todo: agua para las huertas, caudal permanente para el Majaceite (llamado en su primer tramo Arroyo del Pinar, luego Río de El Bosque), fuerza hidráulica para mover molinos, batanes y hasta un martinete. En este último se elaboraban objetos de cobre que gozaron de gran prestigio en la zona. La disposición del caserío estuvo también, durante mucho tiempo, condicionada por el manantial de tal forma que su cota marcaba la del crecimiento de la población, que no se extendía ladera arriba para poder tener así acceso al agua. El hecho de que la parte baja de la aldea, situada junto al río, correspondiera a la de los mejores terrenos para el cultivo, motivó la disposición alargada del casco urbano entre la cota de El Nacimiento y las huertas.



En este sentido, tanto las aguas de El Nacimiento, como las del cercano arroyo del Descansadero, permitieron establecer en los terrenos arcillosos del Triásico, próximos a la población, cultivos de regadío. Las afamadas Huertas de Benamahoma, fueron, con las de Arroyomolinos y Bocaleones en Zahara, las principales abastecedoras de frutas y hortalizas de este rincón de la Sierra de Grazalema.

Aguas abajo, hubo hasta los años cincuenta una fábrica de luz, la Eléctrica de la Sierra, que mediante un salto artificial aprovechaba el caudal permanente que el manantial proporciona al río de El Bosque. A comienzos de los ochenta se instaló una piscifactoría a los pies del manantial y en estos años no han faltado tampoco polémicos proyectos para la creación de una planta embotelladora. Junto a todo ello, de la mano de la pureza de las aguas de El Nacimiento, la pesca deportiva, con el coto truchero más meridional de Europa y el turismo rural que, desde hace más de medio siglo, tiene en Benamahoma un referente privilegiado y en su famoso manantial, visita obligada (2).

El manantial: una explicación geológica.



La surgencia del Nacimiento debe su origen a la peculiar estructura geológica de la zona y a la excepcional pluviosidad de la Sierra de Grazalema. Las aguas subterráneas afloran a la superficie en la zona de contacto entre las calizas liásicas que lo integran y los materiales impermeables triásicos que, a modo de suelo, impiden su progreso hacia cotas más bajas viéndose obligadas a buscar una salida.

El insigne ingeniero de minas y geólogo Juan Gavala Laborde, tras la visita que realiza a estos parajes en 1917 lo expresa así: “…los macizos de calizas liásicas y jurásicas, que tan grandes superficies ocupan en la serranía, constituyen importantes cuencas de infiltración de las aguas meteóricas e inmensos depósitos de alimentación de los manantiales… Como estas rocas están muy fisuradas y sus capas cortadas por repetidas fallas, las aguas circulan por su interior con gran facilidad, y acumulándose en las juntas de separación de los estratos, en los planos de falla y en las cavernas interiores que ellas mismas han producido al disolver el carbonato de cal, llegan a formar grandes depósitos subterráneos que desbordan constantemente por las grietas cuyo nivel es interior al hidrostático del macizo en que se reúnen”. (3)

Las calizas que forman la Sierra del Pinar actúan aquí como una gran superficie de captación de agua hacia niveles inferiores, hasta donde penetra a través de las grietas y fisuras permitiendo con ello que las aguas llovedizas circulen hacia el interior del macizo con gran facilidad. Internamente, el proceso de disolución de las calizas forma oquedades y galerías que se comportan como grandes depósitos y reservas subterráneas, cuyas aguas saldrán al exterior al cumplirse determinados requisitos. En el caso que nos ocupa, se ven forzadas a discurrir paralelamente a la dirección de los estratos hacia Benamahoma. Allí, seguramente, hubiesen dado lugar a un buen número de pequeños manantiales pero, como estudió Gavala, la existencia de una falla perpendicular a la población cambia el rumbo de las aguas y da origen a esta surgencia que brota en el contacto de las calizas con los materiales triásicos impermeables que forman la base de estas sierras y que afloran en las Huertas de Benamahoma (4).

Los estudios realizados en esta zona han determinado que el conjunto de montañas calizas que integran la Sierras del Pinar, Monte Prieto y otras colindantes, limitadas al sur por el conocido Corredor del Boyar, constituyen una Unidad Hidrogeológica alimentada por las infiltraciones del agua de lluvia a través de los potentes estratos de calizas y dolomías, de hasta 700 m. de espesor en algunos puntos, muy fallados y fisurados. El “muro” o suelo impermeable de esta unidad lo constituyen materiales triásicos (margas, yesos…). El drenaje de las aguas subterráneas tiene lugar a través de importantes manantiales como los de Arroyomolinos y Grazalema (extremo NE del macizo) y el de El Nacimiento de Benamahoma (extremo SO), habiéndose estimado que los recursos medios de esta unidad, es decir, la cantidad de agua que aflora de sus fuentes, es de 14,1 Hm3/año (Atlas Hidrogeológico de la Provincia de Cádiz), de los que la mayor parte proceden del Nacimiento de Benamahoma. A título comparativo baste decir que los recursos del segundo manantial en importancia de la provincia, el de Tempul, se estiman en algo más de 5 Hm3/año. (5)

A pesar de que nunca deja de manar, el caudal de la Fuente del Nacimiento es, con todo, muy variable, oscilando entre los 400 litros por segundo en la época de lluvias y los 100 litros en los momentos más secos. Un dato significativo de la constancia de sus caudales es el que recoge González Quijano, ingeniero del Embalse de Guadalcacín, quien refiere como de los manantiales estudiados a mediados del siglo XIX por Ángel Mayo, con motivo de su proyecto de abastecimiento a Jerez, el más constante de todos era el de Benamahoma, “que aforado en el verano de 1861 dio 20.342 m3 en las veinticuatro horas, y representaba en aquel momento el 65% del caudal total del río (Majaceite) medido en la Angostura (lugar donde se construyó el embalse)”. Es decir, que en aquel verano nuestra fuente de El Nacimiento arrojaba un caudal de 235 litros por segundo. (6)

Las aguas.



Junto a los aprovechamientos tradicionales a los que ya nos hemos referido, han existido proyectos para embotellar el agua de El Nacimiento, de excepcional calidad, que por su composición química estable en el tiempo, le valió ser declarada mineromedicinal ya en 1975, estando catalogada actualmente como agua mineral natural. En un interesante artículo con el elocuente título “Beba Grazalema”, el periodista Rafael Navas (actual director de Diario de Cádiz) relataba, hace ya veinticinco años, los intentos empresariales para embotellar el agua de Benamahoma. A las primeras ideas de comercialización del jerezano Manuel Muñoz Diosdado, en 1969, se sucedieron los de la sociedad Aguas de Benamahoma (1980), que llegó a construir una gran nave para la planta embotelladora, y los de la multinacional belga Spadel (1989), todos ellos frustrados. En 2003 se anunció la inversión de 9 millones por parte de Lanjarón (Grupo Danone) para la construcción de una nueva planta embotelladora, que no llegó a levantarse, existiendo en la actualidad nuevos proyectos. (7)

Sea como fuere, ello no hace sino confirmar algo que ya se conocía desde tiempo inmemorial, la excelente calidad del agua de El Nacimiento, “Un agua casi milagrosa” como señalaba Rafael Navas en el citado artículo en el que en el que se aportaban los datos del estudio realizado por el departamento de Química Técnica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cádiz, según el cual “…el agua posee los siguientes parámetros físico-químicos y bacteriológicos. (Las concentraciones están expresadas en miligramos por litro (mg/l): fosfatos (0,1), cloruros (14,3), nitratos (29), sulfatos (42,8), bicarbonatos (256), calcio (57), magnesio (20), fluoruro (0,25), sodio (22,3) potasio (16). Su Ph es de 7,73. No se han detectado en el agua fenoles, sulfuros, nitritos, amonio, amoniaco, cloro residual, hierro, cobre, cinc, cadmio, plomo, cromo ni la existencia de coliformes o estreptococos fecales. La demanda química de oxígeno es de 1,1 mg/l y el residuo seco a 110 grados centígrados es de 297,0 mg/l.” “¿Qué quiere decir todo esto?”, se preguntaba entonces el periodista. Él mismo daba la respuesta que ya conocían los lugareños y visitantes desde tiempo inmemorial: “Pues que el agua minero-medicinal de la sierra de Grazalema es casi milagrosa”. (7)

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente”.

Nosotros, cada vez que venimos a Benamahoma preferimos acudir a El Nacimiento para beber su agua fresca, recién salida de las entrañas rocosas de la Sierra del Pinar y disfrutar del hermoso paraje en el que se encuentra, dando un paseo por el camino que conduce hasta la fuente para bajar luego por una agradable y corta senda, hasta el antiguo molino harinero que, rehabilitado, acoge el Eco-Museo del Agua. Si lo prefieren, pueden acudir también a la Fuente de los Tres Chorros, situada en el pueblo, a unos doscientos metros del manantial, y de la que se abastecen todos los lugareños llenado sus garrafas… O llegarnos hasta la cercana piscifactoría, o pasear por las riberas del Majaceite para bajar por el sendero del río hasta El Bosque. Sea como fuere, nos gusta siempre recordar el viejo proverbio chino y no se nos olvida que el agua de Benamahoma viene de la fuente por excelencia: la de El Nacimiento.



Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 58.
(2) Bel Ortega, C. y García Lázaro, A. (1990): La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. También puede consultarse: Bel Ortega C. y García Lázaro A.: Itinerarios Didácticos de la sierra de Grazalema. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Cádiz. 1983
(3) Gavala y Laborde, Juan.: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (Del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, pg.139
(4) Gutiérrez Más, J.J. et alt.: Introducción a la Geología de la provincia de Cádiz. Universidad de Cádiz. 1991
(5) Atlas Hidrogeológico de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. 1985.
(6) González Quijano, P.: El Pantano de Guadalcacín y las Obras Hidraúlicas. Revista de Obras Públicas, nº 2071. Junio. 1915. (aporta las referencias de aforo realizadas por Ángel Mayo). También puede consultarse para más datos de la visita de Ángel Mayo a estos manantiales en 1961: Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3. 1877.
(7) Navas Renedo, Rafael: Beba Grazalema, Diario de Jerez, 19/02/1989.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 2/11/2014

1 comentario :

KKO dijo...

Gracias y mas Gracias

 
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