Todas las Santas.
Un recorrido por la hagiotoponimia de la campiña de Jerez.


Cada 1 de noviembre, la Iglesia católica celebra la festividad de Todos los Santos, una fecha en la que se honra a “todos los santos del cielo”, sean conocidos o desconocidos. Desde hace siglos, esta conmemoración está muy arraigada en la tradición cristiana y cuenta con numerosas manifestaciones religiosas, culturales y festivas en la devoción popular.

Como no podía ser de otra manera, los santos están también presentes en nuestros paisajes más cercanos a través de la toponimia, dando nombre a muchos lugares y rincones de nuestra campiña. Son los conocidos como “hagiotopónimos” (1), a través de los cuales podemos acercarnos también al conocimiento de la historia religiosa y devocional de nuestra ciudad. Y es que, junto a las imágenes de nuestras iglesias, capillas y ermitas rurales, o los azulejos devocionales de cortijos y casas de viña, huellas materiales de la religiosidad popular, los hagiotopónimos suponen también un patrimonio inmaterial que nos ayuda a conocer mejor algunos rasgos de nuestra historia local (2).



Como sucede con las construcciones o los paisajes, los nombres de lugar también se van perdiendo con el tiempo. O se cambian por otros, abandonándose ya las viejas denominaciones con las que eran conocidas algunas casas de viña, cortijos, pagos o parajes de la campiña jerezana. Por nuestra parte, hemos recopilado más de dos centenares de estos curiosos topónimos relacionados con el nombre de santos que han sido utilizados al menos en los dos últimos siglos. De ellos, aproximadamente un tercio ya han desaparecido o apenas se conocen. Buena parte de estos nombres los encontramos en las tierras que tradicionalmente se han dedicado al cultivo de la vid, o en lugares más cercanos a la ciudad y de la periferia urbana. La mayoría tienen su origen en el siglo XIX, coincidiendo con la gran expansión de la vitivinicultura jerezana.





Las razones por la que viñas y haciendas, cortijos o tierras de secano fueron bautizados o conocidos con nombres de santos son muy variadas. En algunos casos se justifica por la devoción familiar o personal de sus propietarios. En otros hay constancia de que el nombre de familiares (hijos, esposas, padres…) influía también en esa elección. En menor medida, el nombre de un santo o una santa dado a una finca estaba relacionado con su vinculación histórica a determinadas órdenes religiosas o militares, iglesias o conventos quienes habían sido sus antiguos propietarios.



En nuestro paseo de hoy, y a modo de modesta contribución para rescatar esa herencia cultural de siglos que supone la toponimia, les proponemos un recorrido por nuestro término municipal en busca de aquellos parajes y lugares que aún conservan estos hagiotopónimos. Para no hacer demasiada larga esta relación, vamos a centrarnos en esta ocasión en los referidos a nombres de santas, de los que hemos seleccionado algo más de medio centenar entre los que encontramos una treintena de nombres distintos.

Santa María, Santa Teresa, Santa Isabel.

Entre los más repetidos figuran los de Santa Teresa, con 12 referencias, Santa Isabel, con 7 y Santa María con 6. Santa María, en su advocación de la Defensión, da nombre a nuestra célebre Cartuja, levantada en el paraje de El Sotillo a orillas del Guadalete, lugar en el que según la leyenda su intercesión fue decisiva en una batalla contra los musulmanes y donde se levantó una ermita a su nombre en el siglo XIV. Santa María da también nombre a un paraje, casas, cortijo, vega y cerro –Cabeza de Santa María- situado a medio camino entre Torrecera y Paterna, a orillas del arroyo Salado de Paterna y de la carretera que une ambas poblaciones. El Rancho Santa María, y el haza del mismo nombre se emplazan en el cruce de las carreteras de Sanlúcar y Rota junto a la conocida Venta Antonio. Santa María del Pino es también el nombre de una finca situada entre el Camino de Espera, la Cañada Ancha y la carretera de Sevilla, ocupada en parte en la actualidad por el barrio del mismo nombre de la pedanía de Guadalcacín, si bien en tiempos pasados albergó viñedos pertenecientes al pago de Lima. De la antigua Viña Santa María, situada en la confluencia de las Hijuelas de Pinosolete y Geraldino, apenas queda ya uno de los pilares de su puerta de acceso.

Santa Teresa es el hagiotopónimo más representado en nuestra campiña y llevan su nombre más de una docena de lugares, casas de viña, fincas… Uno de los más conocidos es la conocida Granja de Santa Teresa, citada ya por Madoz a mediados del siglo XIX. Desde 1826 perteneció a la familia Domecq, que tenía en estos parajes próximos al río Guadalete, una finca de recreo. En 1995 fue adquirida por el Ayuntamiento de Jerez y en la actualidad alberga un parque periurbano y un Aula de la Naturaleza que acoge al recién creado Centro de Interpretación del Río Guadalete.



Junto a ella se ubica también la Torre de Santa Teresa, un curioso mirador visible desde La Corta, desde el que se divisa la Bahía de Cádiz y el curso del Guadalete. Con este mismo nombre existió también otra viña junto a la Hijuela de Pinosolete cuya casa está hoy arruinada, una finca de recreo en la carretera de Cartuja, que aún pervive, al igual que la Viña Santa Teresa, en el pago de Tizón, colindante con la del Dulce Nombre. También se conserva la finca Santa Teresa, entre el cruce de las carreteras de Rota y Sanlúcar y la antigua traza del ferrocarril de Bonanza.

En el Camino de Albadalejo (junto a la conocida Venta La Cuchara, ya desaparecida), frente a la Harinera de la Avenida de Europa o en el Camino de Espera, junto a las 4 Norias, Santa Teresa dio nombre a otras tantas fincas, que se han ido incorporando a la trama urbana. No han desaparecido, pero han cambiado de nombre, otras antiguas casas de viña que llevaban por nombre Santa Teresa o Santa Teresa de Jesús. Este es el caso de la que perteneció a las bodegas Valdespino y estuvo dedicada a viñedo, pero que en la actualidad se conoce como El Serrallo, al inicio de la hijuela homónima, y hoy aparece rodeada de naranjos. También el de otras dos viñas del pago de Balbaína. Una de ellas, junto a la Viña La Esperanza permutó su antigua denominación de Santa Teresa por la de La Guita. La otra, próxima a la carretera de Rota, lleva ahora por nombre Las Puentes.



Santa Isabel da también nombre a diferentes casas de viñas y viñedos, algunos de los cuales se dedican hoy a otros cultivos. Una de las más conocidas se encuentra en la carretera de Trebujena, frente al cortijo de Romanito, y que perteneció en su día a D. José de Soto. En la actualidad, aún puede leerse su nombre en los pilares de su singular puerta de entrada. Los pagos de Canaleja y Montealegre también tuvieron sendas viñas conocidas como Santa Isabel. La primera en el camino de Pedro Díaz, colindante con Montesierra, la segunda junto a la carretera de Cartuja, frente al actual depósito de aguas; ambas ya desaparecidas. En El Carrascal, frente al Corregidor, otra viña lleva el nombre de Santa Isabel, al igual que otra situada en el pago de Corchuelo, frente a Las Salinillas. La que existió hace unas décadas junto al actual polígono industrial Santa Cruz, ya ha sido absorbida por el crecimiento urbano. Los Llanos de Santa Isabel, conocidos también como de Mirabal, se extienden junto a la cañada del Carrillo en el lugar donde se unen la ronda Oeste con la carretera de El Puerto.

Santa Rosa, Santa Ana, Santa Lucía, Santa Julia, Santa Inés.

Santa Ana, además de en la toponimia urbana, está presente en nuestro entorno rural con varias referencias, algunas de ellas ya olvidadas. En el pago de viñas de Valdepajuela, hoy integrado en la ciudad, la finca Santa Ana estuvo situada junto a la Cañada del Hato de la Carne (actual avenida de Europa) que unía el González Hontoria con Caulina, y ocupó una parte de los terrenos del actual centro comercial Carrefour Norte. En el mismo pago, corrió idéntica suerte la viña Santa Ana, ubicada junto a la carretera de Arcos en cuyas tierras, pasado el tiempo, se levantaría la barriada de Torresblancas. Otra pequeña viña del pago de Montealegre, situada junto al último tramo de la hijuela del Serrallo, frente a la actual finca San Joaquín, llevó también este nombre. En nuestros días aún mantiene la denominación de Viña Santa Ana, la ubicada en la barriada rural de Polila, a los pies de Cerro Obregón, justo al inicio de la Cañada de Cantarranas.



Más alejadas de la ciudad estuvieron las tierras del Olivar de Santa Ana, situado entre las del Cortijo del Sotillo Nuevo y las de la Dehesa de Malduerme, junto al cruce de la carretera de Cortes con la cañada de la Pasada del Rayo. En la actualidad forman parte de la Dehesa de Giles, un hermoso rincón de la campiña donde prospera un magnífico alcornocal.

Con menor número de referencias que los anteriores, también se repiten en la toponimia de la campiña los lugares con el nombre de Santa Rosa. El más conocido es el de la barriada rural Mesas de Santa Rosa, situada al norte de la ciudad, entre el Camino de Ducha y la carretera de Sevilla, apenas a un km del parque empresarial.

El  enclave pudo tomar su nombre de la antigua Haza de Doña Rosa, perteneciente al cortijo de Carrizosa y colindante, junto con el cortijo de La Norieta de estos parajes de Las Mesas. Así mismo, hubo sendas viñas con el nombre de Santa Rosa, ya integradas en el núcleo urbano y que estuvieron situadas tras la Huerta de las Oblatas y en el actual espacio del “botellódromo”, respectivamente. También en la Hijuela de Pozo Nuevo, que une la Laguna de Torrox con la Cañada del Carrillo, encontramos la viña Santa Rosa.



En las proximidades de la laguna de Los Tollos y separada de las tierras de Romanina por la autopista Sevilla Cádiz, la Viña Santa Lucía alberga hoy uno de los mayores viñedos del marco pertenecientes a las bodegas sanluqueñas de Barbadillo. Visibles desde la carretera, llama la atención del viajero el camino de acceso al caserío, escoltado de grandes adelfas que recorre las lomas entre las vides. Santa Lucía da también nombre a una antigua viña del pago de la Carrahola, situada junto a la Cañada de las Huertas cuyo caserío aún se conserva, si bien las tierras se dedican a cultivos de cereal. En el pago de San Julián, en las proximidades de la barriada rural de Polila encontramos la viña Santa Julia, que mantiene este nombre desde hace más de un siglo, colindante con los de la conocida viña Las Conchas. Frente al Cuco, y colindante con la Huerta de las Oblatas, en la actual avenida del Duque de Abrantes, existió en tiempos pasados otra viña con el nombre de Santa Julia, frente al Recreo de Rivero, tierras todas que fueron absorbidas por el núcleo urbano en la década de los 60 del pasado siglo. Un caso curioso es también el de Santa Inés, que da nombre a un antiguo molino, ya semiderruido, a orillas del arroyo Zumajo, cerca de La Barca de la Florida. De la misma manera bautiza también a un camino y a un barrio construido en sus cercanías, por la antigua Hijuela de Geraldino.

Todas las Santas.



Como puede verse, la relación de hagiotopónimos relacionados con santas que dan aún nombre a muchos rincones de la campiña es muy extensa. Para no cansar a los lectores terminaremos señalando algunos otros que, en menor proporción que los anteriores, encontramos también repartidos en los alrededores de la ciudad o diseminados por el término. El genérico de La Santa, da nombre a una pequeña viña ubicada en el cruce de las carreteras de Sanlúcar y Rota, junto a la vía de Servicio. En la carretera de Cartuja, donde desde el siglo XIX se construyeron casas de recreo en estas fincas enclavadas en el pago de Montealegre, aún permanecen los nombres de Santa Bibiana, Santa Genoveva, Santa Teresa o Santa Amalia, esta última muy cerca del monasterio.

Santa Bárbara es una conocida viña que encontramos en la carretera del Calvario, situada en el Cerro de Orbaneja, cuyo caserío puede verse desde la carretera al pasar el puertecillo de los Olivos. El Haza de Santa Bárbara, perteneciente al cortijo de Tabajete, guarda también el recuerdo de esta santa. En la hijuela de las Anaferas, frente al actual campo de golf estuvo la viña de Santa Basilia, y al igual que sucede con la de Santa Matilde, junto a Ducha, sólo nos quedan de ellas los restos de su caserío.




Por el contrario, aún perviven las viñas de Santa Emilia, Santa Petronila y Santa Cecilia. Las dos primeras en el pago de Tizón, a las que llegamos por la cañada del Amarguillo, en un rincón de la campiña que tanto nos gusta. Santa Cecilia, en el pago de Balbaína, junto al parque eólico de La Rabia, perdió parte de su espléndida casa de viña, pero conserva aún sus viñedos y parte de sus dependencias.

Santa Cristina, en el Pago de San Julián, cercano a Añina; Santa Marta, en Macharnudo Bajo; Santa Rosalía, en el pago de Lima, junto a Guadalcacín; Santa Juana, en tierras de la actual Avenida de Europa, frente a Carrefour; Santa Victoria, en Torrox, junto a la Hijuela de Pozo Dulce… son algunos ejemplos de viñas que perdieron sus vides, sus casas y sus nombres.



A diferencia de las anteriores, Santa Honorata, propiedad de Sánchez Romate, con casa, viñedos y lagares, aún luce en la fachada y en la puerta de acceso, su llamativo nombre, visible desde la autovía de Sanlúcar, en el cruce de la carretera de Las Tablas. En este mismo enclave rural, la viña Santa Luisa, al pie de la carretera que conduce al cortijo del Barroso, mantiene también su antigua casa entre sus renovadas vides.

Volveremos el próximo año, por “Todos los Santos”, a pasear nuevamente por la campiña jerezana para rescatar esos curiosos hagiotopónimos, esta vez referidos a los “santos”, que forman parte del rico patrimonio inmaterial de nuestro entorno rural.

Para saber más:
(1) Albaigés Olivart, J.M.:La toponimia, ciencia del espacio”. Prólogo de la Enciclopedia de los topónimos españoles. Ed. Planeta, 1998.
(2) Molina Díaz, F.: De los hagiónimos a los hagiotopónimos: la toponimia como instrumento para la historia religiosa. Indivisa. Boletín de Estudios e Investigación, 2014, nº 14, pp. 30-43.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Cortijos, viñas y haciendas, Toponimia, Paisajes con historia, Patrimonio en el mundo rural.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 30/10/2016

Como las ondas del mar.
El escudo de Jerez: un recorrido histórico e iconográfico (1).




Como cada año, en el marco del ciclo festivo de otoño, cobra un especial protagonismo el 9 de octubre, día de san Dionisio, en el que se conmemora la incorporación de Jerez a la corona castellana de la ciudad tras su conquista por las tropas de Alfonso X en 1264.

De un tiempo a esta parte, esta fecha se han puesto en cuestión por diferentes historiadores (1) y así, por ejemplo, el arabista jerezano M.A. Borrego Soto apunta en un reciente estudio (2) la del 3 de octubre de 1267, como la que más se ajusta a los hechos históricos, según ha podido documentar en sus investigaciones. Sea como fuere, lo cierto es que la tradición ha vinculado desde antiguo la celebración del 9 de octubre, Día del Patrón, a la toma de Jerez por el Rey Sabio.

Uno de los actos que en recuerdo de aquellos episodios históricos, se viene celebrando desde hace años, es el traslado del pendón de la ciudad que, de modo simbólico, representa al que portara Alfonso X.



En nuestros días es llevado por el concejal más joven del Ayuntamiento, acompañado por la alcaldesa y los demás miembros de la corporación municipal, en una procesión que cruza la Plaza de la Asunción desde la sede del antiguo Cabildo hasta la vecina iglesia de San Dionisio.

Sobre el pendón de Jerez, su significación, su origen, y en especial, sobre su desaparición hace unos años, se han escrito ríos de tinta. De manera recurrente, se abre cada otoño el debate de lo oportuno o inoportuno de este acto y, especialmente, de la lamentable e inexplicable pérdida de uno de los principales símbolos de la ciudad y de una de las piezas más antiguas y significativas de nuestro patrimonio. Sin embargo, asociado también a los mismos hechos históricos, pasa más desapercibido otro de los emblemas representativos de la ciudad: el escudo heráldico. Para conocer sus orígenes y su evolución, les proponemos hoy un recorrido histórico e iconográfico por algunos de los escudos más llamativos y curiosos repartidos por toda la ciudad. ¿Nos acompañan?

El escudo oficial de la ciudad.

Aunque en la actualidad y desde hace unos años, el escudo de Jerez ha adoptado una forma simplificada en aras del diseño, asemejándose más bien a un logotipo, conviene recordar que el escudo oficial de la ciudad, se aprobó formalmente por el Consejo de Ministros del 10 de marzo de 1967, publicándose en el B.O.E. del Estado del día 3 de abril el texto del Decreto 671/1967 por el que se autoriza al Ayuntamiento de Jerez de la Frontera (Cádiz) para la rehabilitación de su escudo heráldico municipal.

El mismísimo Francisco Franco, y el entonces Ministro de la Gobernación Camilo Alonso Vega, firman esa disposición que da naturaleza legal a nuestra insignia local: “El Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, de la provincia de Cádiz, a tenor de lo dispuesto en las vigentes disposiciones legales y en uso de las atribuciones que le están conferidas, acordó solicitar la correspondiente rehabilitación y legalización oficial del Escudo de armas que desde tiempo inmemorial viene utilizando como propio de aquel Municipio, a fin de perpetuar a través del mismo y de un modo gráfico y expresivo los hechos históricos más relevantes de la localidad. A tal efecto elevó el oportuno proyecto y Memoria descriptiva correspondiente. Tramitado el expediente en forma reglamentaria y emitido el preceptivo dictamen por la Real Academia de la Historia, favorable a que se acceda a lo solicitado. En su virtud, a propuesta del Ministro de la Gobernación y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día diez de marzo de mil novecientos sesenta y siete, DISPONGO : Articulo único. -Se autoriza al Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, de la provincia de Cádiz, para rehabilitar su Escudo heráldico municipal, que quedará organizado en la forma siguiente, de acuerdo con el dictamen de la Real Academia de la Historia:



Forma española. Ondas de azur y plata, con bordura componada de Castilla y León, esto es, castillos de oro en campo de gules y leones de gules en campo de plata. Timbrado de corona real.

Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a dieciséis de marzo de mil novecientos sesenta y siete
” (3).

De la misma manera, al amparo de la Resolución de 30 de noviembre de 2004, de la Dirección General de Administración Local de la Junta de Andalucía, el Escudo heráldico de Jerez, como símbolo de la ciudad quedó inscrito en el Registro de Entidades Locales de Andalucía (4). En su diseño, adopta en la actualidad la forma “española” (la de los escudos tradicionales) o la ovalada. La web municipal expone también una sucinta explicación oficial de sus distintos elementos. Así, “la corona real abierta de su parte superior se utiliza por el hecho de haber sido Jerez antigua plaza realenga. Las ondas del mar, en colores azur y plata, simbolizan las veces alternativas en que Jerez estuvo en manos de moros y cristianos durante la Reconquista. Los escaques con las armas de Castilla y León provienen de haber sido el rey de Castilla y León el que conquistara la ciudad en el año 1264”. (5)

Sin embargo, tras la frialdad de las disposiciones oficiales que todo lo regulan, tras la descripción formal del escudo de la ciudad, hay una hermosa historia que nos lleva a aquellos días, siete siglos y medio atrás, en los que el Rey Sabio entraba victorioso en Jerez, una ciudad insegura en la frontera de dos reinos.

Como las ondas del mar.

Las noticias documentales más antiguas que tenemos acerca de las armas concedidas por Alfonso X a Jerez datan del Privilegio dado en el “Real cerca de Toro” en 22 de agosto de 1269 a Gonzalo Matheos (6). En él se alude, entre otras cuestiones, “… a todo lo que se puede decir del escudo de las armas de nuestra ciudad, que no sólo se dio a Gonzalo Mateos, sino a otros muchos linajes que pintan las ondas en los escudos” (7). A partir de aquí, la historiografía tradicional jerezana ha recogido diferentes versiones introduciendo curiosos matices, sobre el origen del emblema, que fuera otorgado directamente por Alfonso X a los primeros defensores de la ciudad.

Una de las primeras versiones es la que figura en el Libro del Alcázar, escrito en el siglo XV, considerado como la más antigua Historia de Jerez que se conserva. En él se narra cómo tras la conquista de la ciudad por el Rey Sabio, después de una intervención militar para someter a los pobladores musulmanes que se habían apoderado del alcázar venciendo a la guarnición cristiana que lo custodiaba, el rey concede armas a los jerezanos: “(…) y porque esta çibdad quedava tan apeligro y en tanta frontera de los moros, enemigos e nuestra santa fe catolica, por más obligados a los que en ella quedavan y animalos que toviesen en poco los trabaxos y acaeçimientos que les biniesen, dióles por armas las ondas de la mar que tan çerca tenían, a quien conparó esta çibdad por la inquietud y poco reposo que por la guerra avía de tener que siempre y cada día era conquistada, así por mar como por tierra, así de África como del reyno de Granada, y así quedó esta çibdad encomendada a Dios y al bienaventurado San Dionisio, cuya fiesta cada año hasta agora esta çibdad faze…” (8).

En 1484, como recuerda el historiador Bartolomé Gutiérrez, se comenzó a anotar en los libros capitulares de esta ciudad “noticia de sus sucesos, conquistas y memorias la qual permaneciese en sus libros para testimonio de la posteridad” (9). Se incluye así un Memorial que el cabildo mandó redactar, atribuido al escribano Juan Román de Cuenca, en el que se relatan también estos primeros sucesos y que guardan una gran similitud con lo descrito en el Libro del Alcázar, como ha puesto de manifiesto el historiador Juan Abellán.



En el citado Memorial no podía faltar el relato de los hechos acaecidos en el Alcázar. Este es el fragmento donde se menciona lo relativo al escudo de armas: “El rey don Alfonso, décimo deste nonbre, que se llamó el Sabio, ganó a esta çibdad de Xerez que se dio a pleytesía la primera vez, a tal condiçión que los moros quedasen en ella con todo lo suyo, mudigeles, e puso en el alcáçar un alcayde de alta sangre e con el çient fidalgos escogidos de la mayor sangre que avía en Castilla e León, e el alcayde e los cavalleros pydieron armas, e el Rey gelas dio, e por armas tomaron las ondas del mar porque es cosa que syempre conbate que asy como ellos quedavan con sus enemigos conbatiendo sus malos pensamientos que asy fueses sua armas, e el Rey les fizo promesa e duio su fe que dentro de quinze días que lo llamasen les socorrería e para en seguridad de aquello les dio en fe sus armas reales que fuesen anparo e çerca de las desta çibdad” (10).

Como pude observar el lector, la principal novedad que se introduce con respecto al texto anterior radica aquí en la justificación de, cómo la orla con los castillos y leones que rodea las ondas del mar, tienen la significación del amparo que las armas reales –el Rey- dan a las de los jerezanos. Una alianza mutua, tan necesaria en aquellos años iniciales de la conquista en los que la ciudad y sus repobladores estaban sujetos a los embates, a las idas y venidas, al desasosiego constante que producen los permanentes ataques de los musulmanes. Como el movimiento incesante de las ondas del mar.
Continuará

Para saber más:
(1) Borrego Soto, M.Á.: "Nuevas ideas sobre la fecha de la conquista cristiana de Jerez y la redacción de El Libro del Repartimiento". Revista de Historia de Jerez, 18 (2015), Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez, pp. 13-39.
(2) Borrego Soto, M.Á.: “La conquista de Jerez y la revuelta mudéjar (1261-1267)”, pp. 132-133 en, Estudios sobre patrimonio, cultura y ciencias medievales, 18 (2016), pp. 131-194
(3) DECRETO 671/1967, de 16 de marzo, por el que se autoriza al Ayuntamiento de Jerez de la Frontera (Cádiz) para la rehabilitación de su escudo heráldico municipal. B.O.E. nº 79 de 3 de abril de 1967 pg. 4425.
(4) RESOLUCION de 30 de noviembre de 2004, de la Dirección General de Administración Local, por la que se admite la inscripción en el Registro Andaluz de Entidades Locales de los símbolos de éstas, aprobados con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley 6/2003, de 9 de octubre, de símbolos, tratamientos y Registro de las Entidades Locales de Andalucía, B.O.J.A. Nº 246 de 20 de diciembre de 2004, pg. 28.986.
(5) http://www.jerez.es/ciudad/estadistica_y_demografia/simbolos_de_la_ciudad/el_escudo_de_jerez/, consultada el 05/10/2016
(6)Alude a él Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC. P. 241-243, y Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. III, pp. 168-169. Se cita también en Símbolos de las Entidades Locales de Andalucía. Dirección General de Administración Local. Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales, Junta de Andalucía, 3ª Edición, 2010, p. 138.
(7) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, p. 282.
(8) El Libro del Alcázar, ed. Juan Abellán Pérez, E.H. Editores, 2012, p. 29
(9) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p 119.
(10) El Libro del Alcázar, ed. Juan Abellán Pérez, E.H. Editores, 2012, pp. 8-9..


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Paisajes con Historia, El paisaje y su gente, http://entornoajerez.blogspot.com/2009/07/patrimonio-en-el-medio-rural.html

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 9/10/2016

 
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