La "irresistible manía" de renombrar calles... viene de lejos


De vez en cuando los medios de comunicación de hacen eco de los cambios de nombre en el callejero y de lo que parece ser una nueva costumbre en los últimos años: los "nombres dobles".

Si en muchos rincones de la ciudad pueden verse dobles carteles que mantienen los nombres de las calles del Jerez del XIX e incorporan aquellos que se añadieron en la primera mitad de siglo, últimamente hemos asistido a un curioso fenómeno que riza el rizo: trocear una calle para bautizarla con varios nombres (como la calle Mariñíguez, por ejemplo), o dar a luz un nuevo sintagma que incorpora los dos nombres, como en el caso de Pozo Dulce de Antonio Gallardo.

Esta última ¿solución? es muy frecuente en el caso de los nombres vinculados a las imágenes titulares de nuestras hermandades, como por ejemplo sucede en la "nueva calle" "Angostillo del Santísimo Cristo de la Buena Muerte o con la Plaza de Mirabal de Ramón Chaveli.

Sin discutir los merecimientos -que a buen seguro los tienen- para bautizar con esos nuevos y forzados nombres estos espacios creemos que es poco serio y que no se respeta ni a unos ni a otros.

A todo ello habría que añadir la falta de uniformidad en los rótulos, así como el capricho? de la doble -o triple- rotulación de una misma calle con distintas tipografías de plazas y azulejos que en algunos casos roza el absurdo.

Hace falta ya que se definan criterios claros en esto del callejero, como tantas veces han clamado (está claro que en el desierto), nuestros amigos J.L. Jiménez o J.A. Cirera.

A continuación sólo una muestra con ejemplos que ya vienen de lejos...


















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