Elefantes, hipopótamos y rinocerontes en el Guadalete.
Un paseo en el tiempo por El Palmar del Conde.




A Francisco Giles Pacheco, maestro de arqueólogos.

Una banda de cazadores nómadas ha instalado su campamento en una pequeña elevación a orillas de un río, sin nombre todavía. En estos parajes, próximos a su desembocadura, su corriente es muy caudalosa y sus aguas se extienden por la llanura formando un gran pantano.



Por el lugar han avistado algunos caballos y ciervos que salen de entre los bosques cercanos y acuden aquí a beber y a pastar. Pero sobre todo han puesto sus ojos en los grandes elefantes que merodean por las orillas, a los que han observado moviéndose torpemente por estos aguazales.



Han realizado un largo viaje desde la parte alta del valle, donde la caza es menos abundante y han decidido establecerse por un tiempo para cazar, construyendo sus cabañas temporales con ramas y pieles en un lugar protegido entre los árboles desde donde se divisa el río.

Los más hábiles del grupo han comenzado a preparar sus armas y herramientas. Para ello han elegido entre los abundantes cantos de caliza que encuentran en las cercanías, los más apropiados para dar la forma deseada a los instrumentos que precisan. Con sus martillos de piedra (percutores) golpearan los cantos seleccionados para fabricar sus hachas de mano, las bifaces, tallándolos por las dos caras, esbozando sus formas primarias y perfilando después, con pericia, sus bordes ayudados de un martillo de hueso.

Estas excepcionales herramientas les serán útiles para cortar, cavar, perforar, fracturar… Tallarán también hendedores, raspadores, raederas… y no desperdiciarán tampoco las lascas y esquirlas que se producen al golpear los cantos, ya que les pueden ser útiles para desollar sus piezas, para cortar la carne, para curtir sus pieles… Así lo han hecho siempre: se procuran lo que precisan en el lugar donde se establecen. La próxima estación, cuando la caza escasee, partirán a otro lugar y sólo llevarán con ellos lo imprescindible porque en un largo viaje hay que ir ligero de equipaje…


Un yacimiento arqueológico y paleontológico junto a El Portal.



Esta singular escena, u otra parecida, era posible observarla en las cercanías de El Portal, junto al río. Donde hoy corretean entre los lentiscos y los acebuches los conejos, las perdices y algún meloncillo, en el mismo lugar donde pastan actualmente los caballos de la yeguada de El Palmar, hace tan “sólo” 200.000 años (milenio más, milenio menos), cuando el clima era más cálido y húmedo en nuestras latitudes, podían verse en estos mismos parajes de la vega baja del Guadalete hipopótamos, elefantes, rinocerontes, grandes ciervos o caballos salvajes.

Estos y otros muchos datos de gran interés, fueron aportados por los hallazgos que, hace ya 25 años, llevaron a cabo un equipo de arqueólogos dirigido por Francisco Giles Pacheco, en el marco de un ambicioso programa de Investigación titulado “Prospecciones Arqueológicas Sistemáticas en la cuenca fluvial del río Guadalete”. La lectura de estos trabajos nos atrapó hace ya muchos años y hemos querido volver a ellos cuando se cumple un cuarto de siglo de la publicación de aquellos estudios sobre las excavaciones realizadas en un paraje singular que hoy pasa desapercibido. En 1989, cuando el equipo del Proyecto Guadalete realizaba el estudio arqueológico de los paquetes de arenas y cantos rodados que iban a ser explotados en la gravera de El Palmar del Conde, en las proximidades de El Portal, salieron a la luz numerosos cantos tallados así como algunos restos fósiles de grandes mamíferos.

El yacimiento arqueológico y paleontológico de El Palmar del Conde se sitúa en la margen izquierda del río Guadalete, en una pequeña elevación próxima al núcleo de El Portal, junto la subestación eléctrica y al conocido cruce de “Las Quinientas”. Esta loma, que pasa desapercibida al viajero, se encuentra hoy cubierta parcialmente con la típica vegetación de monte bajo (acebuches, lentiscos, coscojas…) y en parte cultivada, se corresponde con una antigua terraza del Guadalete situada a + 20 m sobre el nivel actual del río.

Para el lector curioso, recordaremos que estas formaciones geomorfológicas se asientan sobre un substrato de materiales arcillosos (a los que delatan su característico color rojizo) en el que también están presentes yesos de edad triásica, que los fenómenos erosivos han dejado hoy a la luz, siendo visibles desde la carretera que une El Portal con la fábrica de Cementos.

Sobre estos materiales se depositaron paquetes de gravas y arenas en unas formaciones conocidas como “barras de canal”. Su origen se debe a la sedimentación de las fracciones más gruesas de la carga de fondo que transportaba la corriente en la parte central del canal del río, cuando su cauce era mucho más ancho que en la actualidad y su inmenso caudal era capaz de arrastrar los grandes cantos rodados que hoy vemos depositados en las terrazas alejadas de la actual orilla del río. Cuando la corriente encontraba estas pequeñas elevaciones sobre el amplio estuario, se acumulaban sedimentos sobre ellas, y la estructura se alzaba llegando a emerger sobre el nivel de agua. Así surgieron las pequeñas “islas” o “penínsulas” de El Palmar del Conde, o las cercanas de El Tesorilllo, Los Potros o Las Pachecas, próximas también a este lugar y que aún hoy es fácil imaginar emergiendo sobre la llanura de inundación que en su día debió ocupar plenamente el río y que en la actualidad es una gran extensión de campos de cultivos entre los que sobresalen estos pequeños cerros.

La fauna del paleolítico.

Las diferentes publicaciones del equipo dirigido por F. Giles Pacheco sobre las excavaciones realizadas en este lugar, permiten aventurar el aspecto que ofrecerían estos parajes varios cientos de miles de años atrás, durante el Pleistoceno Medio. Así, desde esta pequeña loma, veríamos una gran laguna o marisma con pequeños islotes o penínsulas como esta elevación de El Palmar del Conde, donde se habían depositado ya numerosos cantos rodados y a los que acudían los grandes mamíferos que poblaban los bosques y los claros que se abrían junto al estuario del Guadalete. Los hombres del Paleolítico encontraban en estos enclaves la materia prima para sus herramientas líticas y los animales a los que daban caza.

Entre los restos de fauna hallados en este lugar, han aparecido molares de rinocerontes (Stephanorhinus hemitoechus), caballo (Equus sp.), hipopótamo (Hippopotamus amphibius), un metatarso de ciervo (Cervus sp.) y restos de otros molares que tal vez pudieron pertenecer a un gran elefante (Palaeoloxodom antiquus), todos ellos en conexión estratigráfica con los cantos tallados, por lo que puede afirmarse que los hombres del Paleolítico y estos animales estuvieron presentes en este territorio durante un mismo periodo de tiempo. Estos restos ayudan también reconstruir e imaginar cómo era el paisaje y los biotopos en torno al Guadalete y a las zonas colindantes con su estuario. Las condiciones medioambientales requeridas por las especies de grandes mamíferos citadas en el yacimiento permiten deducir, a juicio de los investigadores “…una alternancia de espacios de bosques y zonas abiertas de clima cálido con cierta tendencia a la humedad”.

Bifaces y otras herramientas líticas.


Al gran interés de los restos paleontológicos hallados en El Palmar, hay que sumar un numeroso conjunto lítico de piezas talladas (más de 400), encontradas también en este yacimiento. En función de sus características, los arqueólogos las encuadran en el Achelense Pleno, estadio cultural del Paleolítico inferior, caracterizado, entre otras muchas cuestiones, por el alto porcentaje de bifaces que suelen aparecer entre sus restos arqueológicos.

Del estudio de este valioso conjunto de piezas, los informes apuntan que la mayoría de los soportes son de cantos de caliza (85%) seguidos en menor medida de “…sílex y protocuarcita y esporádicamente dolomía y cuarcita respondiendo a grandes rasgos a la proporción que se presenta en los paquetes detríticos”. Entre las piezas halladas abundan las raederas, raspadores, hendedores y perforadores, no faltando tampoco las típicas bifaces, esas “hachas de mano” tan características de este periodo cultural, algunas de cuyas piezas están expuestas en los museos arqueológicos de Jerez, El Puerto de Santa María y Cádiz. No es difícil imaginar que la mayoría de estas herramientas estarían destinadas al aprovechamiento de la fauna que pudieran cazar en las inmediaciones.

Todavía hoy, aún podemos ver en la parte oriental del pequeño cerro de El Palmar del Conde, en contacto con los campos de cultivo, los potentes estratos de cantos rodados en los que se hallaron las piezas arqueológicas y los restos paleontológicos, aunque la mayor parte de estos paquetes de gravas se explotaron hace un cuarto de siglo por una cantera.

A nosotros, cada vez que pasamos por aquí o cuando paramos para observar el paisaje, junto a la finca La Llave o en El Puente de la Herradura, nos gusta imaginar a aquellos hombres del Paleolítico, junto a sus cabañas construidas en las laderas de este pequeño cerro, dominando el amplio estuario del Guadalete, tallando sus bifaces y sus raspadores para dar cuenta de los animales que acababan de cazar. En este mismo lugar donde hoy pastan plácidamente los caballos blancos de la yeguada de El Palmar.


Para saber más:
-Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (1990): “Un tecnocomplejo del Pleistoceno Medio en la desembocadura del río Guadalete: el yacimiento achelense del Palmar del Conde”, F.. Revista de Historia de El Puerto, 5.11-30.

-Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Rodríguez, V.; (1990): “Aproximación a un complejo técnico del Pleistoceno Medio en lacuenca baja del río Guadalete. Casa del Palmar del Conde (Jerez de la Frontera, Cádiz)”. Xábiga. Revista de Cultura, 6. 83-97.
-Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001): “El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, Nº 7. Cuaderno de arqueología. 2001, pgs. 14-16.
Procedencia de las ilustraciones: Elefantes y rinoceronte: www.phancocks.pwp.blueyonder.co.uk/naturalhis

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/01/2015

 
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