La arquitectura del siglo XX en Jerez.


En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en estas páginas del patrimonio histórico y monumental de la ciudad, así como del que podemos descubrir en mu-chos rincones de la campiña, “entornoajerez”. Zonas y yacimientos arqueológicos, castillos y torres medievales, ermitas e iglesias en el medio rural, cortijos, haciendas y casas de viña, elementos materiales ligados al patri-monio hidráulico, etnográfico, cultural… conforman un rico legado que debe ser resca-tado, conservado, protegido y puesto en valor.

Quizás por su carácter monumental y por su mayor pervivencia en el tiempo, el patrimonio arquitectónico sea el que más interés ha suscitado en historiadores e investigadores a juzgar por los distintos trabajos que en los últimos años han salido a la luz sobre esta materia. A todos ellos hay que añadir, en este año que termina, una publicación que viene a cubrir una importante laguna y que aporta una completa visión sobre un ámbito que estaba falto de un estudio general y de conjunto: la arquitectura del siglo XX en Jerez.

Las historiadoras Ricarda López González (textos) y Rosa María Toribio Ruiz (fotografías), son las autoras de “La arquitectura del siglo XX en Jerez. 85 obras singulares”, un cuidado trabajo que combina investigación y divulgación de manera didáctica y clara, con el apoyo de un abundante repertorio fotográfico que facilita el conocimiento de las obras más relevantes de nuestro patrimonio arquitectónico. Investigadoras y autoras de otros trabajos relacionados con el estudio y difusión de la historia del arte, Ricarda López y Rosa M. Toribio ya habían dado muestra de su buen hacer en anteriores publicaciones, entre las que destacamos “El Mudéjar en Jerez de la Frontera” (2004) o “Casas y Palacios de Jerez la Frontera” (2006), editadas ambas por La Luna Nueva en su colección La ciudad abierta.

Como señalan las autoras en la presentación de este nuevo libro, “el análisis y estudio de la arquitectura en Jerez de nuestro pasado más reciente sigue siendo en buena medida una asignatura pendiente, lo que ha impedido el conocimiento por parte de la ciudadanía de un legado patrimonial en general poco valorado. Por ello, entendemos que es primordial para evitar pérdidas irreparables, como ya de hecho ha ocurrido, identificar, dar a conocer, poner en valor, conservar y proteger estas obras del siglo XX, cuyo deterioro se explica mejor por factores como la indiferencia y la desidia que por el paso del tiempo”.

El libro se estructura en cinco capítulos que describen otros tantos ámbitos en los que se enmarcan las distintas obras analizadas: arquitectura del vino, arquitectura doméstica, arquitectura religiosa, arquitectura de servicios, infraestruc-turas y equipamientos y restauración y rehabili-tación. En sus 271 páginas se recogen, a modo de fichas monográficas, 85 obras arquitectónicas singulares, ilustradas con más de 500 fotografías que nos descubren los detalles más relevantes de cada una de ellas.

Para la elaboración del estudio, las autoras han realizado un laborioso trabajo de campo en el que han invertido cinco años “… recogiendo datos de las 85 obras arquitectónicas que conforman este catálogo. Probablemente se echará en falta alguna obra que se pueda considerar significativa y digna de formar parte de la selección, por ello es necesario señalar que no hemos pretendido agotar con este trabajo el catálogo de obras que conforman la arquitectura del siglo XX en Jerez sino solo poner un límite que, ojalá, nuevos estudios ensanchen y vuelvan a poner de manifiesto la enorme fortaleza de nuestro patrimonio arquitectónico”. De lo que no cabe duda es de que el resultado final ha merecido la pena y de que gracias a ese esfuerzo, disponemos de una visión de conjunto de lo más destacado de la arquitectura del siglo XX a través de sus obras más singulares en las que han trabajado “arquitectos de primer orden como Miguel Fisac, Darío Gazapo de Aguilera, Rafael Manzano, Eduardo y José Antonio Torroja, González, Luis Gutiérrez Soto, Manuel González Fustegueras, Ramón González de la Peña, Fernando de la Cuadra...”. De la misma manera, a lo largo de sus páginas el lector va descubriendo también los distintos movimientos arquitectónicos contemporáneos de la mano de los edificios más representativos que se enmarcan en las distintas tendencias.

El capítulo dedicado a la arquitectura del vino, incluye referencias a las bodegas más representativas de la ciudad ya que, no hay que olvidar que las bodegas jerezanas de los años 60 y 70 son pioneras en la arquitectura contem-poránea española, dentro de la arquitectura industrial, como indican las autoras. Entre otras, se estudian en el libro la Gran Bodega del Tío Pepe (E. Torroja, F. de la Cuadra y J.A. Torroja), las de Garvey (M. Fisac), La Mezquita, Las Copas, B. Croft, B. Intenacionales o las de José Estévez.

El segundo capítulo se ocupa de la arquitectura doméstica y analiza la profunda transformación social y urbanística que durante el siglo XX ha experimentado la ciudad en ese largo tránsito “de la casa de vecinos a la casa unifamiliar”, pasando por la expansión de las barriadas en la segunda mitad de la centuria. Así, se destacan en la obra algunas viviendas unifamiliares singula-res (Villa Victorina, viviendas de C/ Armas, la Casa de la Harinera, viviendas burguesas de estilo regionalista…), para estudiar seguidamente las barriadas populares (B. España, La Plata, La Constancia, La Vid, Icovesa) o los modernos bloques de viviendas de mayor interés arquitectónico (Avenida, Titánic, Pza. Monti, Pza. del Mercado…).

De gran interés es también el capítulo que describe la arquitectura religiosa ya que junto a las obras más destacadas que pueden encontrarse en la ciudad (Repara-doras, Capilla del colegio Compañía de María, Las Viñas, Fátima, Las Nieves, Perpetuo socorro, Santa Ana, San Rafael…), las autoras ponen también en valor las iglesias de los pueblos de colonización, a las que dedican un apartado especial. Nuestro patrimonio rural se ve así reforzado por estas construcciones que contribuyen a realzar la armonía de estos poblados de la zona regable del Guadalcacín, inspirados en la arquitectura popular andaluza. Las iglesias de El Torno, San Isidro, La Barca, Majarromaque, Torrecera, Guadalcacín, Nueva Jarilla y Estella del Marqués son estudiadas con detalle, resaltándose en ellas elementos de notable valor artístico. Así, por ejemplo, en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Nueva Jarilla, cuenta "con un campanil de gran belleza, un Via Crucis naif en plafones de cerámica policromada de Hernández Carpe y unas preciosas vidrieras". La iglesia de San Isidro, de La Barca, se destaca como "la más monumental de todas, con una majestuosa torre campanario y un bello juego de volúmenes de las cubiertas a dos aguas y el pórtico de acceso". La del Torno, cuenta con esculturas de José Vicent y pinturas de Justo Pagas (1949). La iglesia de San Miguel de Estella presenta “un magnífico apostolado compuesto por seis tablas… pintado por Manuel Rivera”, la de Guadalcacín, dedicada a santa Teresa y San Enrique, está presidida en su fachada por una llamativa imagen de San Francisco “de estilo expresionista, realizada en hormigón policromado, situada en el sobredintel domina el espacio de la plaza y recibe a los fieles”… Muchos y buenos motivos, en suma, para que el lector curioso realice un itinerario artístico-cultural por las iglesias de las pedanías de Jerez que, con el valioso apoyo de este libro, nos guiará a través del patrimonio arquitectónico del mundo rural.

El capítulo dedicado a la arquitectura de Servicios, Infraes-tructuras y Equipamientos nos descubre interesantes edificios y obras arquitectónicas que, gracias a este estudio, veremos ya en adelante con una nueva mirada: algunas de ellas cuentan, además de su evidente valor funcional, con relevantes méritos artísticos. Se incluyen aquí edificios relacionados con la arquitectura del Ocio y el Deporte (Castas de Feria, Pabellón Jockey Club-Sementales, Palacio Municipal de los Deportes…) o espacios educativos y culturales (colegios Al Ándalus, Isabel La Católica, El Pilar, Montealegre, Instituto Coloma, Teatro Villamarta, Biblioteca Municipal…). Entre las obras reseñadas en Infraestructuras y Equipamientos, se analizan edificios muy conocidos por todos como El Gallo Azul, la Estación de Ferrocarril, el Cementerio de N.S. de la Merced, el Palacio de Exposiciones y Congresos, el parque de Bomberos…). De gran interés son también las obras enmarcadas en la Arquitectura del Agua, entre las que destacan el Acueducto de La Barca de la Florida (obra emblemática del ingeniero E. Torroja, pionera en la utilización del hormigón pretensado, en 1925), el Puente de La Barca (representante de la “arquitectura del hierro”), el Embalse de los Hurones o la planta potabilizadora de Cuartillo, obra del ingeniero Juan Delgado Morales, incluida en el Catálogo Andaluz de Arquitectura Contemporánea que, como señalan las autoras, “combina y aúna arte, contemporáneo, belleza, naturaleza y funcionalidad”.

El último capítulo está dedicado a las obras de Restauración y Rehabilitación, y en él se subrayan algunas intervenciones que en las últimas décadas se han llevado a cabo en la ciudad. Obras como las del antiguo Convento de La Merced (actual IES Sta. Isabel de Hungría), Ayuntamiento de Jerez, Conserva-torio de Música, Zoco de Artesanía, Palacio de Bertemati (Obispado), hoteles (Palacio Garvey, Bellas Artes), Hamman andalusí, viviendas –lofts en distintos cascos de bodegas… cierran este interesante capítulo.

El libro se completa con una amplia selección bibliográfica -que incluye un centenar de referencias- y unos prácticos índices de nombres y obras que facilitan la consulta del libro para el lector que acuda a él en busca de datos concretos.

Para quienes se interesan por la historia del arte y por la historia de Jerez, para todos aquellos que quieran acercarse al conocimiento del siglo XX en nuestra ciudad a través de sus edificios más emblemáticos, “La arquitectura del siglo XX en Jerez. 85 obras singulares”, resulta un trabajo de consulta obligada y de atractiva lectura en el que descubriremos no pocas sorpresas. Un libro, en suma, al que volveremos muchas veces, cada vez que queramos reencon-trarnos con las obras arquitec-tónicas más representativas de una centuria en la que Jerez experimentó las mayores transfor-maciones sociales y urbanísticas. Uno de esos libros que son testimonio escrito y visual de una época y que, por tantos motivos, no puede faltar en nuestra biblioteca.

En Publicaciones se referencian otras obras relacionadas con nuestro entorno.

 
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