Por los Montes de Jerez con el botánico Abū’l-Jayr al-Išbīlī.
Un paseo en el siglo XI por Montifarte y la Sierra de las Cabras.




En el último tercio del siglo XI, la Sevilla musulmana vive días de esplendor bajo el reinado de al-Mutamid (1040-1095). El conocido como rey-poeta ha sucedido al frente de la taifa sevillana a su padre y durante su mandato, entre 1069 y 1090, ampliará sus posesiones conquistando los territorios cercanos. El reino de Sevilla se extiende entonces por buena parte de la actual Andalucía y el sur de Portugal tras anexionarse las taifas vecinas. Junto al poder político y militar, al-Mutamid transformará su corte en un centro literario de primer orden. Poetas, músicos y escritores harán de la Isbiliya musulmana, bajo el mecenazgo de al-Mutamid, un foco de las letras en el que también estarán presentes otros muchos sabios que cultivan las más variadas ramas del saber. Geógrafos, astrónomos, médicos, geóponos, botánicos… gozarán del favor del rey haciendo de la ciudad una de las más florecientes de Al-Andalus.

Uno de estos hombres de ciencia es Abū’l-Jayr al-Išbīlī, uno de los más afamados agrónomos andalusíes de su tiempo. Como “jardinero” del rey al-Mutamid, sus saberes se extienden más allá de la práctica agrícola para abarcar lo que hoy denominaríamos “botánica aplicada”. Arboricultor, conocedor de la farmacopea tradicional y de las propiedades y utilidades médicas y culinarias de los vegetales, Abū’l-Jayr es uno de los sabios más relevantes de cuantos se dedican en esta época al estudio de las plantas y sus aplicaciones. Buen conocedor de las obras clásicas de Dioscórides y Galeno, debemos a este agrónomo andalusí uno de los más completos tratados botánicos de la época, que lleva por título ’Kitāb ʻUmdat al-ṭabīb fī maʻrifat al-nabāt li-kull labīb: “Sostén del médico para el conocimiento de las plantas, utilizable por toda persona inteligente”.

Esta obra médica, que recoge muchas aportaciones de las fuentes clásicas y en la que se citan más de treinta botánicos, de cuyas referencias se nutre, constituye en la práctica una auténtica enciclopedia en la que se mencionan millares de especímenes. Su tratado encierra una “valiosísima información etnobotánica, farmacológica y lingüística, porque incluye los nombres vulgares de las plantas (árabes dialectales o romandalusíes). Con respecto a la ciencia botánica, se estima que esta obra presenta uno de los primeros intentos de clasificación orgánica de las plantas agrupadas en géneros, especies y variedades”. (1)

En sus páginas, el lector curioso se asoma al conocimiento de los vegetales y sus aplicaciones médicas de la mano de uno de los botánicos andalusíes más relevantes, deleitándose también con sus curiosos nombres, con sus variadas denominaciones y con el rico caudal lingüístico de quien conoce todo el saber de su época sobre esta materia. Junto a todo ello, el autor hace continuas alusiones a sus recorridos por distintos rincones de la geografía del al-Andalus y del norte de África. De la misma manera, se aportan valiosas referencias toponímicas al comentar la recolección de plantas y sus herborizaciones por los territorios de las taifas vecinas a Sevilla, como la de Arcos, que incluía en ese tiempo buena parte de las campiñas gaditanas y de los actuales Montes de Jerez.

Por la Sierra de las Cabras y Montifarte en busca de enebros.



En las descripciones de las numerosas especies de plantas que Abū’l-Jayr cita en su obra “Umdat al-tabib…”, es frecuente que mencione los lugares de donde son originarias, o que cite aquellos parajes donde las ha encontrado o recogido. Gracias a estas referencias se ha podido atestiguar la existencia en el siglo XI de algunas aldeas y alquerías en nuestro territorio y, a través de sus pistas geográficas, se ha logrado seguir la pista al origen de ciertos topónimos que aún se conservan en nuestros días. Tal es el caso de Montifarte (o Montifarti), que da nombre a un paraje de los Montes de Jerez, junto a la Sierra de las Cabras y la del Aljibe.

El profesor Juan Abellán señala que autores como Ibn Yulyul (médico cordobés del s. X) y el también andalusí Abū’l-Jayr al-Išbīlī, en mayor medida, se refieren a este lugar –Montifarte-



por hallarse en él unas plantas de gran utilidad medicinal: los enebros. En las obras de este último se menciona que crecían en las laderas de poniente de este monte, identificado también con la Sierra de las Cabras, utilizándose sus semillas para curar, entre otras, dolencias cardiacas. Su localización no deja lugar a dudas y así, Abū’l-Jayr lo describe como un yabal que domina la fortaleza de Tempul (hins Tubayl) próxima a los famosos manantiales (2). Este es el pasaje de Abū’l-Jayr (según la versión del profesor J. Bustamante Costa) recogido en su obra “Umdat al-tabib…”:

Hay una especie de enebro (´ar´ar) que tiene las hojas como las del enebro conocido entre nosotros, pero más gruesas, cuya madera es rojiza y aromática. Es de alta envergadura y tiene un fruto de forma triangular, parecido a la baya del laurel (rand), que cuando se seca se divide en tres partes dando paso a una simiente como la del ciprés (sraw), pero más pequeñas, de olor aromático y buen sabor, cuya propiedad es curar el dolor de corazón y el algafacán. (…) Yo he visto esta especie al sur de Arcos (Arkus), en el monte Munt Fart, que domina sobre una aldea que se llama Taqbl, en la ladera de la parte de poniente, sobre tierra roja…” (3).



Esta variedad de enebro o sabina que Abu l-Jayr localiza en las laderas de la Sierra de las Cabras, en el yabal Munt Fart (Montifarte), en ese monte que da sobre la aldea de Tempul (Taqbl, Tanbul, es buscada por las propiedades de sus frutos en el tratamiento de las taquicardias o palpitaciones (algafacán). Según nuestro botánico, también “abunda en el Magreb central, desde Tremecén hasta Mahdía, y esta variedad tiene dentro un sándalo [sandal] perfumado excelente… tiene un solo tallo que alcanza como la altura de un hombre sentado y tiene un penetrante aroma”.

En su descripción, además de sus características botánicas, se informa de sus propiedades medicinales, su localización geográfica y su distribución por otros puntos de los territorios del Islam. De la misma manera, se relaciona con otras especies conocidas, y así señala que “…Entran en esta variedad y son parecidos en la forma, el cedro del Líbano [arz] y el del Atlas [sarbin]...” (4).

Pero, aunque el botánico andalusí da pistas sobre las características morfológicas de estos “enebros” o “sabinas” … ¿a qué especie concreta se refiere? Todo apunta a que no se trata de una especie del género Cedrus, con las que el botánico ve ciertas similitudes, sino más bien con alguna de la familia Cupressaceae. En las laderas de la Sierra de las Cabras, en sus suelos calizos, crecen hoy día dos especies de esta familia pertenecientes ambas al género Juniperus: J. oxycedrus L. y J. phoenicea L. Son, respectivamente, las conocidas como enebro o enebro de la miera y como sabina o sabina negral.

Sin embargo, distintos autores sugieren que tal vez Abū’l-Jayr esté describiendo otra cupresácea distinta a las anteriores: la especie Tetraclinis articulata (Vahl), conocida como “araar”, tuya articulada o Ciprés de Cartagena. Tanto los traductores de la obra de Abū’l-Jayr (4), como otros investigadores (5) se inclinan por esta posibilidad al apuntar que "…el término "araar" se utiliza todavía para designar al ciprés de Berbería (Tetraclinis articulata), especie de distribución norteafricana (N de Argelia y Marruecos), presente también de forma muy localizada y fragmentada en la sierra de Cartagena (Murcia). Su parecido no sólo con el ciprés, sino más especialmente con las sabinas, nos hace suponer que pudo ser utilizado para designar alguna de estas especies. No obstante los límites de uso y aplicación del término entre sabinas y enebros no están claras.

Otra idea muy sugestiva pudiera ser la de su empleo para designar específicamente al citado Tetraclinis articulata, lo que podría llevarnos a conclusiones especulativas sobre una mayor presencia de esta especie en al-Andalus y en la época de referencia
"(5). De confirmarse esta última y arriesgada hipótesis, Abū’l-Jayr estaría aportando en su obra un importante dato de carácter geobotánico o fitogeográfico: la presencia en nuestros montes de una especie hoy ausente también en la flora andaluza, una auténtica rareza de la flora española que mantiene en los montes de Cartagena y La Unión (Murcia) sus últimos ejemplares.

Íñigo Sánchez García, biólogo-conservador del Zoobotánico de Jerez y presidente de la Sociedad Gaditana de Historia Natural cuestiona esta interpretación y señala que “en la Sierra de las Cabras es muy escaso el enebro de la miera y muy abundante la sabina negral, que es la única presente en cortados rojizos cercanos a Tempul”, especie esta última que coincide también con algunos aspectos de la descripción del botánico andalusí.



A ello habría que sumar el hecho de que, “a pesar de que algunos autores que han defendido una mayor presencia del Araar en la Península en el pasado, no hay pruebas convincentes de que estuviera más extendida en tiempos históricos, de lo que habrían quedado registros polínicos e incluso evidencias históricas más claras” (6).

Montifarte: un topónimo singular.



Las descripciones del botánico andalusí proporcionan otras interesantes claves sobre la toponimia de la zona, estudiadas por el profesor Joaquín Bustamante. El yabal Munt Fart, donde crecen los “enebros” no es sino el actual “Montifarte” (o Montifarti) o, por extensión, toda la Sierra de las Cabras. Según este autor el nombre deriva del árabe “fart”: “abundante” , “bien provisto” y se trata de un “romancismo sustrático”. “El hecho de repetir /gabal/, “monte” junto a /munt/ “monte”, demuestra que /Munt Fart/ es un topónimo sustrático, cuya significación primera no es consciente ya para el hablante de árabe andalusí. Como cuando en español supuestamente repetimos “rio Guadalquivir… “. La aldea de Majafarta (“cortijo bien abastecido”) a la que se hace alusión el repartimiento de Vejer, comparte esa misma derivación. (7)

Sea como fuere, Montifarte, Montifarti o Montifartillo son topónimos aún en uso en esta zona de los Montes de Propios de Jerez que se han mantenido desde la época andalusí hasta nuestros días y de los que encontramos referencias en otras fuentes medievales como el Libro de la Montería del rey Alfonso XI, donde al describir los lugares de caza en el entorno de la Sierra del Aljibe se apunta que “(...)Et son las armadas la una en el abertura de cara a Montifarte; et es la otra armada en fondon de la Breña como vá Barbate Ayuso” (8).



La Sierra de las Cabras o Montifarte, los Montes de Jerez… un espacio geográfico con singulares especies botánicas y con muchas historias a sus espaldas a las que nos hemos querido acercar de la mano de Abu l-Jayr, el “jardinero”.

Para saber más:
(1) “Sobre botánica andalusí”. Ovidi. Celtiberia.net.
(2) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Pgs. 26 y 146
(3) Abū’l-Jayr al-Išbīlī.: “Umdat al-tabib…, II, 563-564. Versión de Joaquín Bustamante Costa. Puede consultarse en ABELLÁN PÉREZ, J.: El Cádiz islámico a través de sus textos, Cádiz, 1996, p. 154.
(4) Abū’l-Jayr al-Išbīlī.: Kitabu `Umdati t-tabib fi ma`rifati nnabat likulli labib : (Libro base del médico para el conocimiento de la Botánica por todo experto). Edición, notas y traducción castellana de J. Bustamante, F. Corriente y M. Tilmatine. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004-2010. 4 v. pg. 547-548.
(5) J.Mª Carabaza, E. García, J.E. Hernández, A. Jiménez.:Árboles y arbustos en los textos agrícolas andalusíes (I)”, en Ciencias de la naturaleza en al-Andalus. 269-309 . Textos y Estudios V. Editados por C. Álvarez de Morales. CSSIC. 1998. Pg. 288
(6) Sánchez García, I.: Comunicación personal
(7) Bustamante Costa, J.:Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 40
(8) Valverde J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del Rey Alfonso XI. Ediciones Universidad de Salamanca. pg. 1392


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/11/2015

 
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