Ducha, un cortijo con raíces árabes



A nuestro amigo Miguel Ángel Borrego Soto, arabista.

Entre los numerosos cortijos repartidos por la campiña jerezana, uno de los más renombrados desde antiguo fue siempre el de Ducha. Ubicado en el sector norte del término municipal, el caserío de este célebre cortijo fue remodelado hace tan solo unos años para su transformación en hotel rural, aprovechando su cercanía al aeropuerto y a la ciudad. Nosotros lo visitamos en 2009, cuando las obras apenas habían comenzado y aún conservaba su edificio original y buena parte de sus antiguas dependencias e instalaciones que serían reformadas y rehabilitadas en los a los posteriores para su uso hotelero en un proyecto que respetó en buena medida su primitiva estructura y su sabor rural (1). Ya en aquellos años, escribimos algunos apuntes sobre este cortijo que guarda mucha historia a sus espaldas y que hoy les recordamos.

Ducha, un cortijo con raíces árabes.

El profesor Juan Abellán, quien en su libro La cora de Sidonia dedica un capítulo al poblamiento rural de la campiña gaditana en la época andalusí, señala como en el alfoz jerezano existían numerosos núcleos dedicados a la agricultura y la ganadería. Las unidades menores de poblamiento recibían, en función de su entidad, diferentes nombres. Así, junto a las numerosas alquerías (al-Qarya) repartidas por todo el territorio, existían también otras unidades rurales como las aldeas (duya´) o los cortijos o machares (mayasir o maysar), dedicados a la explotación agropecuaria del entorno (2).

Entre las alquerías y aldeas más conocidas en nuestro entorno se mencionan, entre otras, la de Šarāna (Jarana), la de Bunas (Bonanza, Bornos o Prunes, según diferentes autores) y la de Duŷŷa. Esta última, citada por al-Ru´aynī como perteneciente a Jerez, se corresponde, como ha señalado el arabista M.A. Borrego Soto, con el actual cortijo de Ducha, cercano al aeropuerto y a la carretera de Sevilla, a unos 8 km. de Jerez (3).

Apunta este autor que “…el sevillano al-Ru´aynī habla en su Barnāmaŷ (212, nº 112) del poeta y maestro jerezano Abu Musà Īsà b. Abd Allāh al-Lajmī al-Duŷŷī al-Šarīšī, que hacia mediados del siglo XII nació en la alquería de Duŷŷa, del distrito de Jerez… Afirma también al-Ru´aynī haberlo encontrado en diversas ciudades, entre ellas Sevilla y Jerez, donde frecuentaba tertulias literarias. Concretamente, en el año 615 (=1218-9) era juez (cadí) de Jeliver (Sallabar), población de la cora de Sidonia. Según leemos en Ibn Askar (Ikmal, 327-8), se estableció, en fecha sin determinar, en Málaga, ciudad de la que terminó marchándose sin que sepamos cuándo ni hacia dónde” (4).

Junto a otros datos biográficos, Borrego Soto nos informa de quienes fueron los maestros y discípulos de aquel poeta del Jerez andalusí, así como de algunos de los curiosos episodios protagonizados por este personaje, que debió fallecer a mediados del siglo XIII. En uno de ellos se cuenta que “al-Duŷŷī fue azotado por orden del cadí de su ciudad debido a la perfidia de su lengua y la codicia que mostraba por los bienes ajenos. Al parecer, gustaba de recitar versos malsonantes y obscenos” (5).


Ducha entre las tierras del monasterio La Cartuja.



Algunos autores han querido vincular el topónimo “Ducha” a su significado en castellano, que apunta a “la banda de tierra que siega cada uno de los segadores caminando en línea recta hasta llegar al fin de la heredad” (6). Sin embargo, creemos que como se ha señalado anteriormente, hay suficientes claves para confirmar el origen andalusí del nombre de Ducha. Sea como fuere, lo cierto es que el Donadío de Ducha y la aldea del mismo nombre aparece ya entre las propiedades repartidas a los repobladores castellanos en 1269, como da cuenta Mesa Ginete. Cabe pensar por ello de su existencia con anterioridad a la conquista castellana por lo que su origen andalusí puede también confirmarse indirectamente por estas fuentes (7).

En los siglos medievales, las tierras de estos pagos de Ducha dedicadas en su mayoría a cereal, olivar y en menor medida a viñedos, fueron en parte propiedad del monasterio de la Cartuja, al que Teresa de Torres (esposa de D. Diego de Vargas, alcalde de Gibraltar y Medina y pariente del fundador) donará en 1486, entre otras propiedades, 160 aranzadas de “tierra de pan en el donadío de Ducha” (8).

Las tierras del cortijo se fueron ampliando mediante otras donaciones como la realizada en 1510 por Elvira de Torres, hija de la citada Teresa de Torres y distintas compraventas realizadas en 1524, hasta completar así unas 640 aranzadas con las que llegó a contar el cortijo en las primeras décadas del s. XVI, que fue arrendado en diferentes ocasiones por los cartujos (9). Éstos se preocuparon, además de por adquirir fincas limítrofes para ampliar sus posesiones, por mejorar las tierras y su explotación llegando a labrar "un grandioso pozo" (10). Todavía hoy, en las tierras bajas del cortijo, a espaldas de la instalación hotelera y junto al camino que conduce a las antiguas viñas de La Francesa y del Diablo, se conserva un gran pozo, ya cegado y semioculto por los tarajes que crecen en su interior, del que nos gusta pensar que tal vez fuera el “labrado” siglos atrás por los cartujos.

Caballos, viñas y máquinas agrícolas: Ducha en los siglos XIX y XX.

Tras la desamortización, las tierras de Ducha pasaron a manos privadas para ser testigo, en los últimos siglos, de no pocas innovaciones. Además de ser una importante explotación agrícola dedicada básicamente al cultivo del cereal, el cortijo fue a mediados del siglo XIX la cuna de una importante ganadería caballar. De esta manera, los caballos de “pura raza española”, tuvieron en Ducha uno de sus puntos de cría más afamados, desde que uno de sus propietarios, Cristóbal Romero Zarco adquirió en 1856 a la familia Calero de Paterna, un pequeño lote que, merced a su buen hacer ganadero, se fue incrementando y mejorando (11). A la muerte de Romero Zarco, en 1897, el total de cabezas (caballos, potros, yeguas) alcanzaba la cifra de 226.

Eran los tiempos dorados de este renombrado cortijo, en los que decir Ducha era como decir caballos y en los que su propietario acometió la remodelación de sus instalaciones tal como todavía se recuerda en una lápida situada en la entrada del antiguo cortijo remodelado hace unos años para su transformación en un establecimiento de hostelería. Con la diversificación de la explotación se añadieron más dependencias al cortijo hasta consolidar un núcleo rural, a modo de aldea, que llegó a tener una pequeña escuela, naves de aperos, gañanías, almacenes, cuadras… La ganadería estuvo atendida por un veterinario y contaba también con un taller de talabartería. En el Nomenclátor de 1858 se registran en Ducha 18 edificios, en el de 1857 hay censadas 84 personas que ascienden a 97 en el de 1887 (12).

Junto a la cría caballar, las tierras de Ducha vivieron también una intensa actividad agrícola. Además de los cultivos de secano, sus suelos de albarizas acogieron una gran superficie de viñedo. Lamentablemente, las viñas del pago de Ducha se harían tristemente célebres en todo el Marco de Jerez, por ser las primeras, junto a las de Torrox, atacadas por la plaga de filoxera que se desató en 1894.

La invasión de la filoxera supuso una gran catástrofe para Jerez, así como para el resto de las regiones vitícolas. En 1878 se dejó sentir en nuestro país en las viñas de Málaga. Relata González Gordon que ya en julio de 1879 se celebraban en Jerez charlas y conferencias para tomar medidas al respecto: “…en todas estas reuniones se habló de multitud de remedios posibles, en su mayoría insecticidas; de aislamiento de las regiones atacadas; vigilancia en la introducción de materias que pudieran contener la propagación de la filoxera, y se creyó en un tiempo en Jerez, que las altas cordilleras que nos separan de Málaga, nos librarían de la invasión del insecto. Se creyó también, que la estructura compacta de nuestras albarizas sería un obstáculo para la filoxera, pero desgraciadamente la experiencia demostró, que la invasión en las albarizas era aún más rápida que en los terrenos sueltos o arenosos. Todo fue en balde; el mal aparecía aquí en 21 de Julio de 1894, día nefasto para esta población… Se dice que la filoxera se propagó de Málaga a Morón, y de allí a Lebrija, y de este último punto vino a Jerez traída, según se cree, por obreros viticultores que llegaron de aquel pueblo a trabajar en nuestra población. Las primeras viñas atacadas, se dice que fueron una de Ducha (albarizas), al Norte, y otra de Torrox (barros blancos), al sur” (13).

Tras el arranque del viñedo, que volvería décadas más tarde a estos pagos, las tierras de Ducha se dedicaron a los cultivos de secano, y como sucedió con la ganadería, se adoptaron también aquí las innovaciones de la época. Así, en 1903, el cortijo ya cuenta con una de las escasas trilladoras (modelo Marshall) presentes en la campiña jerezana que la viuda de Romero Zarco adquirió para hacer más rentable sus tierras y que explotaron los hermanos José y Rafael Romero Benítez y. De la misma manera, uno de los primeros tractores a vapor de la comarca (un Marshall, de 60 c.v.) era utilizado ya en 1909 para arar las tierras del cortijo de Ducha que siempre figuró en la primera línea de las explotaciones agropecuarias de nuestra campiña (14). Un siglo después, como se apuntaba en el inicio de este artículo, el viejo cortijo de Ducha vería profundamente remodeladas sus instalaciones para darle nuevos usos hoteleros. Con todo, aunque sus antiguos edificios hayan perdido aquella estampa rural tan auténtica que siempre tuvieron, nunca podrán desprenderse de su larga historia.



Cuando uno de estos días regresábamos a la ciudad después de pasear por los campos de Ducha y enfilábamos el camino flanqueado de eucaliptos, casuarinas y olmos que dejan atrás el cortijo, echábamos de menos los viñedos que un día hicieron famoso este rincón de la campiña, “el pago de Ducha”, al que dieron nombre. Esos viñedos que nos hacen recordar los versos que “nuestro sabio”, el “jerezano de Ducha” -al-Duŷŷī al-Šarīšī-, escribió ocho siglos atrás. Dejemos que sea de nuevo M. Ángel Borrego Soto quien nos lo cuente:

Se conservan los fragmentos de varias de sus casidas, la mayoría descriptivas, aunque al-Ru´aynī afirma que sus versos estaban escritos en forma de zéjel, estrofa en la que, al parecer, sobresalió. De todas formas, los versos que nos han llegado son extractos de casidas. Ibn al-Abbar escoge, entre otros, este fragmento…: (15).
"Me dijeron: ¿Bebes después que ya tienes canas?
Y yo respondí: -Eso se debe a una curiosa circunstancia
que se da en el hijo de la uva.
La edad me ha movido los dientes
y yo me bebo el vino, como es de rigor,
para fortalecer el oro que ya se me ha fundido.
"

Para saber más:
(1) Diseñado por el Arquitecto D. Álvaro Osborne Gutiérrez de la empresa Osborne Técnicos Consultores, y edificado por la constructora GESTECO, S.L. Las instalaciones fueron diseñadas por el Ingeniero Industrial D. Joaquín Osborne Gutiérrez. El hotel entró en funcionamiento en el año 2012 y en la actualidad sus instalaciones se destinan a la organización de eventos.
(2) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, pp. 67-68.
(3) Sobre Jarana puede verse Borrego Soto, M.A.: La alquería de Jarana y los Banū L-Murjī, AM, 12, Cádiz, 2005, pp. 19-38. Sobre Bunas, consultar: Borrego Soto, M.A.: El sabio jerezano Ishaq al-Bunasi 1). Prunes. en el Blog En la Tierra de Sidueña, 3/10/2009, consultado el 11/01/2017. Sobre Ducha, Borrego Soto, M.A.: Gala del mundo y adorno de los almimbares. EH Editores, 2011, pp70-72.
(4) Borrego Soto, M.A.: Al-Sharishi y su comentario de las Maqamat de al-Hariri, en el Blog En la Tierra de Sidueña. 15/11/2012. consultado el 11/01/2017.
(5) Borrego Soto, M.A.: Gala del mundo… obra citada, p. 70. Esta misma escena se recoge también en Borrego Soto, M.A.: Ducha, en el Blog En la Tierra de Sidueña. 25/09/2009, consultado el 11/01/2017.
(6) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300. p. 262.
(7) Mesa Ginete, F. de.: Historia sagrada y política de la muy noble y muy leal ciudad de Jerez de la Frontera, 1888, 2ª parte p. 65.
(8) Mayo Escudero, J.: “Protocolo primitivo y de fundación de la Cartuja Santa María de la Defensión de Jerez de la Frontera (Cádiz). Transcripción, informatización, notas y estudios críticos por Juan Mayo Escudero”, en Analecta Cartusiana,187, 2001, Ed. James Hogg, Alain Girard, Daniel Le Blévec, p. 26.
(9) Sobre el periodo en que Ducha perteneció al monasterio de La Cartuja puede consultarse: González Gómez, A.: "La Cartuja de Jerez de la Frontera. Formación de su patrimonio" en Actas I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía medieval, vol. 2, Córdoba, pp. 173-196. También González Gómez, A.: "Las propiedades agrícolas de la Orden de la Cartuja en el Antiguo Régimen de Sevilla, según un inventario del año 1513", Archivo Hispalense, 193-194 (1981), pp. 59-106. Las referencias las hemos tomado de VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, págs. 164-165.
(10) Mayo Escudero, J.: “Protocolo… obra citada, p. 139.
(11) “Catálogo de las ganaderías de caballos españoles. Hijos de Rafael Romeo Benítez”, Revista El Caballo Español, nº 4, 1978, pp. 5-6.
(12) Los datos han sido tomados de los Nomenclátor de los años citados disponibles en el Archivo Municipal de Jerez.
(13) González Gordon, M. María: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970. Pg. 215 y 231-32
(14) Cabral Chamorro, A.: Renovación tecnológica y mecanización de la agricultura en Cádiz (1850-1932). Edición de J. García Cabrera y C. Orellana González. Universidad de Cádiz-Diputación de Cádiz, 2000. Puede consultarse también Martínez Ruiz, J.I.: Trilladoras y tractores: energía, tecnología e industria en la mecanización de la agricultura, Ed. Universidad de Sevilla, 2000, p. 114.
(15) Borrego Soto, M.A.: Ducha… obra citada. Del mismo autor: Poetas del Jerez islámico, AAM, 15, 2008, 41-78, p. 69.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Cortijos viñas y haciendas, Jerez andalusí, Paisajes con historia, Paisaje y literatura

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 14/01/2018

Ya vienen los Reyes.
Reyes y reinas en la toponimia de la campiña de Jerez.




Estos días, cuando todos celebramos las “fiestas de Reyes”, queremos proponerles un paseo por nuestros paisajes y nuestra historia, visitando algunos rincones que guardan en sus nombres alguna vinculación con “rey”, “reina” o “real”.

La Laguna del Rey y la Fuente del Rey.



Algunos de los topónimos relativos al “Rey” ya han caído en el olvido, fundamentalmente porque los lugares a los que aludían han sido “renombrados” o porque se han visto alterados seriamente con el paso del tiempo. Este es el caso de la Laguna del Rey, un antiguo humedal ya desaparecido. Esta laguna, de notable extensión, estuvo situada entre las dehesas de Sianca y Doña Benita, en las proximidades de la actual barriada rural de El Mojo, colindante con la Cañada de los Arquillos o de la Cuesta del Infierno. Por su orilla pasaba también el antiguo camino de Jerez a Paterna. Actualmente, el paraje donde se emplazaba la antigua Laguna del Rey está rodeado por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita, cuyas lomas se han plantado de olivos. Entre los campos de cultivo de esta finca, todavía se puede apreciar la depresión de la amplia cubeta que ocupaba la laguna, transformada hoy en tierra de cultivo al ser drenada a través de un pequeño canal que desagua en el cercano arroyo de Fuente Bermeja, junto a la pequeña depuradora de El Mojo. Desconocemos el origen de este nombre y puestos a aventurar, podría relacionarse con Alfonso XI, el monarca castellano que, como veremos más adelante anduvo por estas tierras. Con este mismo nombre de Laguna del Rey, se denominaba también a un pequeño humedal existente junto a la antigua Ermita de Guía, hasta cuyas cercanías entraba un brazo de la marisma de la Mesa, a través del Guadajabaque en los siglos medievales (1).



A diferencia de los anteriores, ha llegado hasta nuestros días el topónimo de Fuente Rey (o Fuente del Rey) nombre con el que se denomina a un paraje situado a unos 20 km al sureste de la ciudad, junto a la carretera de Medina. Fuente Rey da también nombre a un famoso cortijo donde se crían los caballos y toros de la ganadería de Fermín Bohórquez. Un antiguo manantial ubicado en este mismo lugar, la Fuente del Rey está en el origen de este curioso topónimo.

Conviene recordar que las tierras de Fuente Rey guardan mucha historia a sus espaldas y ya hace 20 siglos vieron el paso del acueducto romano de Tempul a Gades. Esta colosal obra atravesaba estos parajes procedente del valle de los Arquillos y de Las Piletas, para continuar su camino por El Berroquejo hacia los Llanos de Guerra en dirección al Puente Suazo y Cádiz. Para el profesor Lázaro Lagóstena, coordinador del Proyecto Aquaducta, el antiguo manantial de la Fuente del Rey pudo estar vinculado al acueducto romano y a su entender “rememora la existencia de una fuente de cierta entidad edilicia, posiblemente de origen romano pues era habitual adjudicar la construcción de este tipo de obra importante y pública a un poder relevante, como el real” (2).

Otros autores apuntan al posible origen medieval de este topónimo, que quizás podría relacionarse, como en el caso de la Laguna del Rey, con la figura de Alfonso XI. Este monarca, en sus diferentes campañas militares contra los benimerines para el control del Estrecho, pasará hasta en cuatro ocasiones por los parajes de Fuente Rey, descansando varias veces en sus tierras, junto al castillo de Berroquejo (3). Así, en 1340, para intentar frenar la ofensiva de Abul-Hassan sobre Tarifa, en 1342 (en dos ocasiones), en sus intentos por conquistar Algeciras y en 1349 para cercar Gibraltar, las tropas castellanas con Alfonso el Onceno al frente acamparán y cruzarán por estas tierras (4).

A finales del siglo XV, Fuente del Rey, junto a Cabeza de Santa María, Los Arquillos o Torrecera, se encuentra entre las tierras comunales que ordenan roturar los Reyes Católicos para facilitárselas en arriendo a los agricultores más necesitados. En Fuente del Rey, como también en las Vegas del Vicario, la corona castellana intentó crear nuevas poblaciones para colonizar el extenso alfoz jerezano, como apunta el profesor Emilio Martín. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (5). La iniciativa se saldó sin éxito.



Sea como fuere, los campos de Fuente Rey -que, permítasenos la licencia, se nos antojan por sus hermosos paisajes como si de un rincón de la Toscana italiana se tratase- acogen hoy una importante ganadería de bravo. Junto a las casas del antiguo cortijo de Campanero, que forma también parte de la finca, se levantó a comienzos de siglo un complejo turístico en el que destaca una llamativa torre-mirador coronando las lomas. Junta a ella, un gran picadero cubierto alberga en su interior una plaza de toros donde se celebran espectáculos taurinos y ecuestres junto a todo tipo de eventos.



Con el nombre de Vega del Rey se conoce también el paraje situado a los pies del cortijo (6) donde se han represado las aguas del Arroyo Salado, en el embalse de la Fuente del Rey visible desde la autovía de Jerez-Los Barrios.

La Viña del Rey y las Aceñas del Rey.

Nuestros viñedos cuentan también con algunas referencias al “Rey”, aunque en la mayoría de los casos se trata de viñas ya desaparecidas que hacían alusión al apellido o apodo de sus propietarios. Son los casos de la Viña Rey, que se ubicaba en la Cañada de la Feria (Avda. de Europa), en el actual emplazamiento de Carrefour Norte, o de la Viña Reyes, que estuvo situada en el pago de Cuartillo. Otro viñedo de nombre Viña Rey se encontraba en la Cañada de Cantarranas, a la espalda del actual “Mosto” de Santa Teresa. Con todo, la más conocida fue la viña Pie de Rey, (que dio también nombre a uno de los conocidos como pagos de “arenas”) en cuyas tierras se construyó una urbanización que todavía mantiene esta denominación (7).

Topónimos ya desaparecidos, pero que nombraban otros tantos rincones de la campiña fueron el de la Huerta del Rey y el de la Aceña (o Aceñas) del Rey. En los siglos medievales hay referencias en las cercanías de la ciudad a la conocida como Huerta del Rey cuya ubicación no hemos podido localizar (8) al igual que la de las Aceñas del Rey a la que hacen alusión distintas fuentes documentales ya desde finales del siglo XIV. Las aceñas eran, por lo general, molinos harineros situados en el curso del río con ruedas verticales movidas por la corriente. Su emplazamiento debió estar junto al Guadalete en los Llanos de la Ina, ya que en ocasiones se alude a ellas como “aceñas del Rey y de la Ina”. Así se constata, por ejemplo, en sendos legajos fechados en 1410 y 1426 (9), si bien en otros documentos se las menciona como “aceñas del Rey y de la Reina” (10). Las Aceñas del Rey, se mencionan ya en el testamento del conde Juan Alonso de Guzmán (1396) quien fue copropietario de las mismas.

En 1461 aparecen también como una de las propiedades de D. Pedro Ponce de León, primer conde de Arcos, quien era poseedor de un tercio de estos molinos situados en el Guadalete (11). En el siglo XVI aún debían estar en uso y daban nombre a uno de los pagos de viña del Jerez de esa época (12).

Las cuevas de la Reina.

Más escasos son los topónimos referidos a las “reinas”. Junto al ya citado, es conocido desde antiguo el paraje de las Cuevas de la Reina situado, curiosamente, frente a las tierras de Fuente Rey. Colindante con el Castillo de Berroquejo, las “cuevas” se encuentran entre un paisaje de cerros de escasa altitud cubiertos de monte mediterráneo.



El profesor Lázaro Lagóstena, apunta que este topónimo pudiera referirse a las galerías del acueducto romano de Tempul a Gades, que se trazaba entre estas colinas (13) de las que ya no quedan vestigios en superficie. Conviene recordar que hubo también aquí antiguas canteras y que aún se conservan pequeñas “cuevas” naturales de escaso desarrollo, como las que se muestran en las imágenes, en



las que tal vez haya que buscar el origen de este nombre.

De procedencia más enigmática es el topónimo de arroyo de la Reina Loca, que corre por las laderas de la Sierra de las Cabras. Se trata de un pequeño curso fluvial, situado en las cercanías del cortijo de Picado, tributario del arroyo del Caballo que vierte sus aguas en el embalse de Guadalcacín (14).

Cabeza del Real, Campo Real… y Puerto Real.



Junto a los “reyes” y “reinas”, en nuestros paisajes encontramos también otros curiosos topónimos, relacionados con ellos. Desde antiguo, los cerros de Lomopardo han sido conocidos con los nombres de Cabeza del Real o Cerros del Real. La historiografía tradicional jerezana les atribuye este nombre en la creencia de que en ellos sentó su “Real”, el emir Abū Mālik, hijo del sultán de los benimerines Abū l-Hasan, quien, en 1339, al frente de un fuerte contingente militar, llevó a cabo incursiones por los campos de Medina, Jerez y Arcos (15). Tal como describen todas las “Historias” e historiadores de Jerez (El Libro del Alcázar, Gonzalo de Padilla, Fray Esteban Rallón, Bartolomé Gutiérrez, Adolfo de Castro…) en los Cerros del Real tuvo lugar la heroica hazaña de Diego Fernández de Herrera quien allí dio muerte al “Infante Tuerto”, el príncipe “Abomelic” o “Abomelique” de las crónicas cristianas, desbaratando así el cerco al que tenía sometido a la ciudad. A resultas de aquella refriega resultó malherido, muriendo días después.



Refiriéndose a este episodio, el Libro del Alcázar escrito por Juan Román de Cuenca a finales del siglo XV, dice que, al llegar los moros junto al Guadalete, “… asentaron su real cerca de Nuestra Señora que agora llaman de la Yna, y sentaron la tienda del infante en la cabeça que agora llaman del Real por aber sentado el infante Tuerto su tienda”. En similares términos lo expresa Gonzalo de Padilla a comienzos del XVII: “… la tienda del rey fue puesta en la cabeza de un cerro que llaman ahora del Real por ello, y las demás tiendas se armaron por los llanos del río Guadalete”. Martín de Roa apunta que el “Infante Moro… mandó poner su tienda en un cerro alto, que desde entonces por memoria se llama, La Cabeça del Real”. Rallón, que toma la historia de Gómez Salido, dice también que “el Infante Tuerto Picazo Abd-al Malik… puso su tienda en el cerro que por eso llaman Cabeza del Real”. Bartolomé Gutiérrez, precisa más el lugar: “… sentó este Príncipe moro su Real en un elevado cerro que hay del lado de acá del Río, junto donde hoy está el puente cuyo nombre del Cerro del Real se le ha quedado hasta hoy (16).

Pero si en la historiografía, en la toponimia y en el imaginario colectivo jerezano, los Cerros del Real (Lomopardo) quedan ya para siempre como el lugar de la gesta de Diego Fernández de Herrera, los hechos históricos no concuerdan con estas hazañas ya que Abū Mālik murió en las vegas de Pagana, cerca del río Barbate y Alcalá de los Gazules (17).

Junto a los Cerros del Real encontramos también en nuestra campiña otros topónimos curiosos como el de Canuto Real que da nombre a un arroyo que discurre por la Dehesa del Charco de los Hurones, tributario del arroyo del Astillero y que tal vez podría relacionarse, como este último, con la vinculación de estos montes a la Armada ya que, especialmente en el siglo XVIII, los veedores de la Marina seleccionaban en estos bosques los mejores ejemplares de quejigos para utilizar su madera en la construcción naval (18).



Más conocido es el topónimo de Campo Real, que está presente en distintos rincones de la campiña. Así, da nombre al Cortijo de Campo Real, situado entre Jédula y las mesas de Santiago, junto a la Cañada Real de Vicos y de las Mesas una de las más importantes del término. Las hazas de Campo Real, junto al cortijo de Mesas de Santiago, están directamente relacionadas con el anterior cortijo. Ambos están relacionados con el marquesado de Campo Real, título nobiliario creado a finales del s. XVII, vinculado en la actualidad a la familia Zurita. Con él también se relacionan en cuanto al origen de su nombre otras propiedades como la viña de Campo Real, junto a la del Aljibe, en el pago de Añina. En el cortijo de Montana, colindante con ella, existe también el haza de Campo Real.

De manera genérica, “Real” o “Realengo” aparece como adjetivo en muchos topónimos de nuestra campiña, para indicar que, en su origen, los caminos, cañadas, descansaderos y pozos, tenían esta consideración, y por extensión tenían el carácter de bienes de dominio público. Este es el caso de las Cañadas Reales y vías pecuarias que en nuestro término forman una extensa red cercana a los 500 km.

Ya fuera del término de Jerez, pero estrechamente relacionado con el en sus orígenes sobresale entre todos el topónimo de Puerto Real. El caso de la creación de Puerto Real obedece a los deseos de la corona castellana de contar con un puerto de realengo en el territorio de la bahía de Cádiz, donde los otros puertos existentes estaban en mano de distintos señoríos. La fundación de Puerto Real, aún a costa de la segregación de parte del término de Jerez, permitió a la corona contar con un puerto de mar que estuviese bajo su directa jurisdicción. Así, por real cédula de 18 de junio de 1483, dada en Córdoba, se crearía esta nueva población: “…por la presente, de nuestra sciencia e propio motu e poderío real absoluto, exhemimos e apartamos de la dicha cibdad de Xerez e de otra qualquier cibdad, villa o lugar, o persona que allí pretenda tener señorío e juridición, el dicho suelo e sitio de la Matagorda… e lo fazemos e constituimos térmno apartado e distinto e juridición por sí e sobre sí apartadamente”.

Separadas de este modo del alfoz jerezano, las tierras de esta nueva villa de Puerto Real limitarían al oeste con el Río de San Pedro, al este con Medina Sidonia, al sur con los términos de Chiclana y La Puente (actual San Fernando) y al norte con el de Jerez. El número de pobladores se fijó inicialmente en 200 vecinos, recibiendo terrenos para plantar árboles y viñas en el plazo de dos años.



Con todo, entre 1488 y 1543 la villa de Puerto Real pasó a estar bajo la jurisdicción de Jerez, quien tendría la potestad durante este periodo de confirmar a los cargos del concejo de la villa: alcaldes, regidores, alguaciles y procuradores. (19).

¡Que tengan ustedes buenos “reyes”!

Para saber más:
(1) Sobre la antigua Laguna del Rey cercana al Mojo puede verse: García Lázaro, A. y J.: Las lagunas “perdidas”: humedales en torno a Jerez (II), Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También se menciona la Laguna del Rey en el documento Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez. En relación a la Laguna del Rey que existió junto a la Ermita de Guía, Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, EJE Editorial, 2004, p. 20. El autor toma las referencias de Novoa P., Z.: Los Conventos Agustinianos de Jerez, C.E.H.J., Jerez, 1940.
(2) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta. Guía para la ruta cultural del acueducto romano de Tempul a Gades, Universidad de Cádiz, Consejería de agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Fondo Europeo para el Desarrollo Regional, 2016, p. 81.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo: un sobreviviente de las luchas de frontera, Diario de Jerez, 20 de abril de 2014.
(4) Sobre este asunto pueden consultarse: López Fernández, M.: De Sevilla al Campo de Gibraltar. Los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho. Historia Instituciones y Documentos, 33, (2006), Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol. 2 y López Fernández, M.: El itinerario del ejército castellano para descercar Gibraltar en 1333. Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, nº 18, 2002. Pg. 185-208
(5) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(6) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero. - Año de 1904. Escala 1:25.000.
(7) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 219.
(8) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 77.
(9) Orellana González, C.: Registro cronológico de acuerdos capitulares de Jerez de la Frontera, 1409-1430, RHJ, 18 (2015) 83-156, pp. 111, 123
(10) “La cuestión de Medina Sidonia”, consulta realizada el 02/01/2018 en la web: http://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/amerilis/entreelcoran/Paginas/3coran.htm
(11) Puede consultarse a este respecto Ladero de Quesada, M.A.: Los Guzmán, señores de Sanlúcar en el siglo XIV, HID 36 (2009), p. 238 y 242 y Devis Márquez, F.: Mayorazgo y cambio político: estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos, Ed. Universidad de Cádiz, 1999, p. 25.
(12) Martín Gutiérrez, E.: Jerez de la Frontera a la luz de la información o probanza de 1505: interacción sociedad-medio ambiente, Norba. Revista de Historia, Vol. 25-26, 2012-2013, 227-246, p. 232
(13) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta…. Obra citada, p. 81.
(14) López-Cepero, Adolfo.: Plano… obra citada.
(15) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.
(16) Sobre la identificación de los Cerros del Real con el lugar donde el príncipe Abū Mālik, instaló su tienda existen numerosas referencias en la historiografía jerezana, entre otras: Abellán Pérez, J.: El Libro del Alcázar, EH Editores, 2012, p. 35; Gonzalo de Padilla.: Historia de Xerez de la Frontera (siglos XIII-XVI). Introducción, edición e índices de Juan Abellán Pérez, Agrija Ediciones, 2008, p. 41.; Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VII, p. 24.; Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, Vol. II, p. 46. y Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p. 196.
(17) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.; Gran Crónica de Alfonso XI', edición a cargo de Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1977, vol. II, capítulo cclxii, pp. 275 y ss. En un reciente e interesante artículo, se ha expuesto sintéticamente las contradicciones históricas en torno a la figura de Diego Fernández de Herrera: Jiménez López de Eguileta, Javier E.: Diego Fernández de Herrera, ¿leyenda o realidad?, Diario de Jerez, 10 de octubre de 2016.
(18) Una relación de las principales especies maderables de nuestros montes, en las que tenía interés la Marina puede verse en los trabajos de J. Espelius (1760) “Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Prales. arboledas y extenciones, justicias, guardas q. los custodian, vecindarios, matriculads. y embarcacs., q. comprenn. la Prova. de Marina de Sn. Lucar de Barrameda según la inspecn. del año 1754, una de las que compon. la Yntena. Gl., d'Cadiz Execudo. cn. Rl. apron. pr. el Yngro. Extrio., D., S., M., Dn., Jph. Espelius.”, disponible en internet.
(19) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 164-166; Anarte Ávila, R., Cruz Beltrán, J.M. y Ruiz Gallardo, M.: Documentos Básicos para la Historia de Puerto Real, Colección Recursos didácticos, nº 1, Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, 1991, p 71


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Lagunas y humedales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/01/2018

 
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