Historia de Medina Sidonia


Pulsar sobre la imagen para consultar el índice de la obraHistoria de Medina Sidonia es el título de una obra, integrada por tres tomos, editada por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz con la colaboración del Ayuntamiento de Medina Sidonia.

Como señala en la presentación de la obra su coordinador, el profesor Diego Caro Cancela, esta ciudad no ha sido olvidada por cronistas e historiadores, más bien al contrario: “el hecho de dar su nombre a una de las casas nobiliarias más conocidas de España, su riquísimo pasado, su indudable protagonismo en las épocas romana y musulmana, todo ello hizo posible una abundante bibliografía que ha continuado hasta nuestros días.” Por estas razones, lo que esta reciente publicación añade, desde su concepción como Historia General de la localidad, es la sistematización y puesta al día de de las numerosas investigaciones parciales realizadas en las últimas décadas. Y todo ello combinando el rigor científico del historiador con la labor divulgativa que los autores han sabido imprimir a la obra, para hacer de ella un trabajo de interés general y de atractiva lectura.



La Historia de Medina Sidonia está integrada por tres tomos. El primero abarca de los orígenes a la época medieval, el segundo se ocupa de las épocas Moderna y Contemporánea y el tercero y último está exclusivamente dedicado al rico patrimonio histórico artístico de la ciudad. Todos ellos nos permiten profundizar en el conocimiento de la historia y el arte, pero además nos acercan también al marco geográfico, aportando numerosas claves económicas, sociológicas, políticas y culturales que han condicionado el devenir histórico de esta importantelocalidad gaditana. A buen seguro esta obra será de gran interés para los lectores curiosos, o para todos aquellos que ya conocen Medina o tienen previsto visitarla. Después de asomarnos y detenernos en su lectura encontraremos nuevos motivos para volver a esta ciudad y disfrutar, aún más, de sus paisajes y de su historia.

Por no extendernos en demasía, resaltaremos aquí el contenido del primero de sus tomos: “De los orígenes a la época medieval”, de imprescindible lectura para comprender también muchas claves de la historia de las poblaciones cercanas (Jerez, Alcalá, Benalup, Vejer, Arcos…) y aún de la historia provincial.

Ana Mª Niveau y Ester López Rosendo se ocupan, en un prime capítulo, de desgranar la Prehistoria y Protohistoria, aportando datos sobre la presencia fenicia y el impacto orientalizante en la campiña baja gaditana, así como de la importancia de la ciudad en la época turdetana.

La antigüedad romana de Medina Sidonia es estudiada por el profesor Lázaro Lagóstena quien aborda uno de los periodos en los que la ciudad, la antigua Asido Caesarina, alcanza un indiscutible protagonismo. Su entorno geográfico, su territorio cívico y político, la red de comunicaciones, el poblamiento rural y los núcleos secundarios dependientes de Asido … son otros tantos temas que se desarrollan en este interesante capítulo, en el que se estudian también la evolución histórica y urbana de la ciudad o la sociedad asidonense en época romana. Esta completa síntesis, bien merecería un libro en exclusiva dada la importancia que este periodo tuvo para la historia de la ciudad.

De Medina Sidonia en la época medieval, el tercero –y más extenso- de los capítulos de este libro, se ocupa el profesor Emilio Martín Gutiérrez a cuyos trabajos recurrimos en tantas ocasiones en estas páginas de “entornoajerez”. Tanto en la época visigoda como en el periodo bizantino, Asido jugará un papel determinante en el contexto regional, siendo también sede episcopal. El obispado asidonense, las ermitas dependientes de él erigidas por el entorno de Medina, los yacimientos tardorromanos repartidos por la campiña… son estudiados en este apartado.

En la época islámica la ciudad amplia su influencia siendo una de las más importantes de la Cora de Sidonia. El autor rastrea sus huellas en los distintos periodos de la dominación árabe (Emirato, Califato, Taifa, período almorávide, época almohade…) y ofrece una completa visión de la Cora de Sidonia y su ámbito geográfico, sus ciudades y núcleos de población más relevantes, la organización de poblamiento y el paisaje rural, las actividades comerciales, los grupo sociales… sin eludir la polémica sobre el nombre de la ciudad y los topónimos vinculados a ella: Siduna y Madinat Ibn al-Salim.

De gran interés y actualidad -ahora que acaban de cumplirse XIII siglos de aquel acontecimiento histórico- son las páginas dedicadas a la batalla de Guadalete, a las que remitimos al lector interesado por tratarse de una lograda síntesis de este hecho histórico sobre el que tanto se ha escrito. El autor sitúa aquel episodio en el marco del control del espacio por los árabes, apuntando también datos relevantes sobre el itinerario de los conquistadores, la polémica de la ubicación de la batalla y la conquista de Medina, aspectos que deben contemplarse en estrecha relación.



Todo ello no es sino una prueba más de lo que ya se apuntaba: la lectura de esta Historia de Medina Sidonia, proporciona claves que trascienden lo meramente local para proporcionar elementos de reflexión que nos ayudan a entender también la historia de las ciudades cercanas, la historia del espacio provincial y, en suma, nuestra propia historia. No se la pierdan.

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En Publicaciones se referencian otras obras relacionadas con nuestro entorno.


En las cumbres del Albarracín: paisajes con historia (y II)

Casa de las Zahurdas
... continúa de la entrada anterior.

Después de un pequeño descanso retomamos nuestra ruta dejando atrás este apacible paraje, para subir desde aquí hasta el pequeño lomo que corona los prados en dirección al monte Albarracín, que ahora se nos oculta parcialmente. Dejamos atrás la Casa de las Zahurdas, arruinada en los últimos quince años, recordando con nostalgia los tiempos en los que aún Casa de las Zahurdas en 1988 (J.M.Amarillo V.)estaba habitable y conservaba sus techumbres, tal como nos muestra la fotografía de 1988, cedida por nuestro amigo José Manuel Amarillo.

En nuestro camino pasamos por la cercana cabreriza, aún en uso, donde se encierra el ganado que vemos pastando por los alrededores. Ascendemos ahora por una suave ladera en la que afloran los estratos rocosos de calizas liásicas, casi verticales, que forman Cabrerizaestas sierras. Desde lo alto se nos ofrece un hermoso espectáculo y, si volvemos la vista atrás, admiraremos frente a nosotros las imponentes cumbres de la Serranía de Grazalema entre las que sobresalen, de izquierda a derecha, la Sierra del Labradillo, la de Zafalgar, el collado donde se abre el Puerto del Pinar, la mole del Torreón, presidiendo la Sierra del Pinar, y las cumbres del Endrinal, por citar sólo los relieves más sobresalientes que constituyen las mayores alturas de la provincia y el núcleo montañoso del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Collado de Las ZahurdasEn dirección E. se levantan ante nosotros las empinadas laderas del Monte Albarracín, a la derecha, y del Cerro Ponce, unido al anterior, algo más a la izquierda. Ambas cumbres se encuentran separadas por un amplio collado por el que discurre la senda que nos llevará hasta las cumbres. Abundan en estas laderas encinas, algarrobos, acebuches, lentiscos, espinos…, parasitados estos últimos, en muchos casos, por el inconfundible muérdago. Algunos de estos arbustos han adoptado un inusual porte arbóreo y presentan una curiosa copa, de forma aparasolada, “modelada” por el ramoneo del ganado (vacas y cabras) que en las épocas en las que el pasto escasea, aprovechan también los brotes tiernos de las ramas de lentisco, de espino o de labiérnago.

En el “Llano de los Fósiles”: un recuerdo a Juan Gavala Laborde.

Estratos verticales de calizas tabularesDesde la loma, bajamos ahora hacia la pequeña vaguada que nos separa de la base del monte Albarracín, faldeando por las laderas, para ir perdiendo altura progresivamente. Estos parajes, despejados de vegetación, son la cabecera de un pequeño arroyo que se excava entre las faldas del Cerro Ponce (a la derecha) y del Albarracinejo (a la izquierda) y cuyo cauce se precipita, descendiendo con fuerte pendiente, hasta el cercano río Tavizna al que se une a los pies del cerro del castillo de Aznalmara, en las cercanías del Molino de la Angostura. Conocido también como Molino del Escopetazo, aún podemos ver sus restos. Al Majanos en el camino del Albarracíncaminante interesado le apuntamos que este descenso es muy trabajoso, por lo acusado de la pendiente y lo cerrado de la vegetación, pudiendo hacerse esta misma ruta, con mayor comodidad, por la senda que desde los Llanos del Berral sigue el valle del arroyo de los Charcones. Este camino nos deja, en un punto situado apenas 300 m. aguas arriba en la orilla derecha del Tavizna y a él volveremos en otra ocasión.

En la vaguada nos llaman la atención, entre los prados, montones de piedras, hoy desordenados, que fueron retiradas antaño para facilitar el crecimiento del pasto: son los majanos. Delatan una antigua práctica que vemos en otros rincones de la sierra cuando en tiempos pasados, se rozaban hasta los más pequeños rellanos y laderas, despejándolas de vegetación y de piedras para sembrar cereal o fomentar los pastos. En este lugar afloran también entre los prados, estratos verticales de calizas tabulares liásicas, que se asemejan en algunos puntos a paredones rocosos o a restos de muros ciclópeos que poderosos plegamientos se encargaron un día de tallar. Estos parajes, conocidos por algunos senderistas como Llano de los Fósiles, bien merecen Ladera este del Albarracínbautizarse con el nombre del insigne geólogo Juan Gavala Laborde, que los recorre a mediados de la segunda década del siglo pasado. En 1918 publica su Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema y describe en las faldas del Albarracín, entre otras muchas especies fósiles, la presencia de belemnites que halla en las “calizas titónicas, rojas con manchas de color hueso”, que asoman también cerca de la cumbre. En la base del cerro, por estos rincones, apunta la existencia de “calizas margosas con sílex del Lías medio… cargadas de pedernal”, y en la que también se encuentran fósiles de “…braquiópodos, entre otros la Terebratula punctata”.

Camino de las cumbres entre encinas, algarrobos… y pinsapos.


Pinsapo en la ladera este del AlbarracínCaminando entre estos estratos, nos hemos desviando ligeramente hacia la izquierda de la base del monte, hasta un punto donde se aprecian las huellas de la erosión en la ladera. Aunque podemos trepar hacia la cumbre desde otros rincones, desde este lugar que indicamos nos será más fácil acceder por la falda del monte zigzagueando por un sendero que, a veces, se desdibuja entre la vegetación. Ascendemos aquí entre grandes encinas, entre algarrobos que crecen en las empinadas rampas que conducen hasta el collado que separa las cumbres de Cerro Ponce (a la derecha) y Albarracín (a la izquierda. En nuestro camino hemos encontrado ejemplares aislados de pinsapos, alguno de los cuales presenta un soberbio porte, como se aprecia en las fotografías. Ello demuestra que el área de expansión de los pinsapos en esta serranía es más extensa de lo que en principio se creía, tal como señala un completo estudio del Departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba en el que, por cierto, también se incluyen estos ejemplares.

Valla entre Albarracín y Cerro PonceLlegamos al collado, donde se separan los términos de El Bosque y Grazalema, encontrándonos con una valla que lo divide en sentido longitudinal y que presenta algunas angarillas por las que podemos cruzar al otro lado, hacia la vertiente occidental de la sierra que desciende hacia El Boque. La mejor opción es caminar en paralelo a esta alambrada, llegando así hasta la base de la cumbre a la que accederemos fácilmente trepando entre bloques de caliza. El vértice geodésico, que vemos a lo lejos, tumbado por la corrosión de su estructura, nos servirá de orientación.

En la cumbre del Albarracín: un sorprendente paisaje.

Una vez arriba, nos merecemos un descanso, un buen rato de reposo para disfrutar de las magníficas vistas panorámicas que nos aguardan. Para ello, lo mejor es sentarnos junto al caído vértice, e punto más elevado, y contemplar, sin prisas, el soberbio espectáculo que se nos brinda hacia los cuatro puntos cardinales.

Vista desde el vértice geodésico del AlbarracínSiguiendo el sentido de las agujas del reloj, al Norte se divisan en la lejanía los relieves de la sierra de Montellano, con el pueblo a su izquierda y de la Sierra de Esparteros, en Morón. Más cerca de nosotros, en esta misma dirección, destacan los de la sierras de El Labradillo, Margarita y Zafalgar. Hacia el Este, el horizonte lo cierran las cumbres de El Torreón, en la sierra del Pinar, que desde aquí se nos antoja más abrupta que nunca, flanqueda a sus lados por los Vista desde el vértice geodésico del Albarracínpuertos del Pinar y del Boyar. El Reloj y el Simancón, máximas alturas de la sierra del Endrinal, son también visibles al Este, seguidas por la Sierra del Caillo y las de Las Viñas y Ubrique, que junto a la de Los Pinos, en Cortes, cierran este murallón montañoso. El caserío de Benaocaz parece desde aquí camuflado entre el roquedo calizo de estas sierras.

Algo más al Sur, la vista se nos pierde hacia las tierras del Parque Vista desde el vértice geodésico del AlbarracínNatural de los Alcornocales, donde sobresale, a lo lejos el pico del Aljibe. Más cerca de nosotros descubrimos las inconfundibles cimas de La Silla y, por todas partes, las colas del embalse de Los Hurones que rodean la base de algunos cerros (Cabeza de santa María, Pendones, La Caldera) como si fueran islotes. El caserío de Ubrique también se nos muestra, en parte, en dirección S.E.

Siguiendo nuestro recorrido visual, veremos al S.O. la cumbre horizontal y alargada de la sierra de Las Cabras, los Montes de Jerez, San José del Valle, escoltado por el mogote alargado de la Sierra del Valle, los parques eólicos de Paterna, Medina, Jerez… En esta misma dirección, llama también la atención la lámina de agua del embalse de Guadalcacín, o los relieves de Sierra de Aznar y Sierra Valleja, con las cicatrices de sus canteras. En el horizonte se adivinan las lomas de la campiña y tras ellas, como difuminada la ciudad de Jerez.

Embalse de Los Hurones desde el Albarracín
Hacia el Este, descubrimos también el embalse de Bornos y un buen número de pueblos del curso medio del Guadalete. Arcos sobresale en su escarpe rocoso, Bornos a los pies de la sierra del Calvario, sobre la lámina del pantano, Espera, encaramada en el cerro de Fatetar, el Coto de Bornos, o Villamartín (donde se aprecia la trama ortogonal en la que se dispone su caserío), son algunas de las muchas poblaciones que se divisan desde la cumbre del Albarracín. Más cerca de nosotros, apenas se aprecian alagunas casas de Prado del Rey, oculto tras Cerro Verdugo, pero se identifica muy bien el cerro de Cabeza de Hortales, donde

El Bosque desde el Albarracín
se conservan las ruinas de la antigua Iptuci. Y a nuestros pies, protegidas sus espaldas por el Albarracín, el caserío de El Bosque se nos muestra, a vista de pájaro, como la mejor de las estampas. Cuanto más lo contemplamos, más nos sorprende este paisaje…

Estas vertientes occidentales del Albarracín, albergan un frondoso pinar. A partir de 1957 se emprendieron tareas de repoblación ya que, en estas laderas más cercanas y accesibles a la población de El Bosque, se había perdido buena parte de la cobertura vegetal de la mano del hacha, el carboneo y el pastoreo. Más de 600.000 pinos (en especial Pinus halepensis y en menor medida manchas de Pinus pinea) se plantaron entonces. En la actualidad, estas tareas de

'El Torreón' (Sierra del Pinar)
reforestación van orientadas a la progresiva sustitución de estos árboles por la vegetación natural que, poco a poco se ha ido regenerando con vigor. Desde el vértice del Albarracín, se divisa la pista forestal que, desde la carretera de EL Bosque a Benamahoma, asciende por el pinar hasta las pistas de lanzamiento de ala delta y parapente que quedan a unos cientos de metros la cumbre. Este camino, a través de la pista, es utilizado también por mucho senderistas para llegar hasta aquí. Otros prefieren hacer la travesía completa, desde Benamahoma a El Bosque, en la que se invierten entre 5 y 6 horas.

Una sorpresa en la cumbre: nos asomamos a la historia.

Inscripciones junto al vértice geodésico del AlbarracinAntes de tomar el camino de regreso aún nos aguarda una última sorpresa. De la mano de una sorprendente inscripción grabada de la piedra, junto al vértice geodésico, nos asomamos también a los paisajes de la historia. Mientras descansamos a los pies del monolito, hoy semidestruido y casi caído, que indica la altura del monte (977 m.) llama nuestra atención lo que parece ser una cruz (que por su forma nos recuerda a las cruces de Malta), grabada en la roca, junto la que pueden leerse unas cifras: 156?. ¿Se trata de una fecha a la que le falta la última cifra? ¿Está asociada esta fecha a la cruz que figura junto a ella? ¿Tal vez fueron ambas inscripciones realizadas en el s. XVI? ¿Habrán sido realizadas en fechas muy posteriores?...

No tenemos respuesta para tantas preguntas, pero siempre que subimos al Albarracín nos gusta pensar que estas inscripciones guardan alguna relación con la lejana fundación de El Bosque. Tal vez con alguno de los clérigos, nobles o servidores ilustrados que debieron residir durante las largas temporadas de caza en la casa de campo o palacete que los Duques de Arcos levantan para venir a cazar a “EL Bosque de Benamahoma” y que , en uno de Inscripciones junto al vértice geodésico del Albarracinsus paseos, pudiera subir hasta estas cumbres, dejando su huella. Conocida como Marchenilla y posteriormente como Santa María de Guadalupe, este enclave rústico daría lugar en el s. XIX al actual pueblo de El Bosque. Los hermanos De las Cuevas, atribuyen la creación de este lugar al tercer Duque de Arcos, D. Luis Cristóbal Ponce de León (muerto en 1573).

En estrecha relación con esta noble familia está también el nombre de Descenso de la cumbre siguiendo la vallaotra de las cumbres que corona la sierra de Albarracín, el cercano Cerro Ponce (957 m.), al que llegamos atravesando el collado. El historiador arcense, Miguel Mancheño y Olivares cuenta en su obra Apuntes para una Historia de Arcos (1896) que en 1445, siendo conocedor Pedro Ponce de León que Mohamad aben Ozmin, rey de Granada, amenazaba la serranía, “salió con los vecinos de arcos contra el enemigo, cuya retaguardia alcanzó entre Cardela y Garciago, El Albarracinejo desde las laderas del Albarracínvillas de los moros próximas a Ubrique, y le causó grandes pérdidas, recuperando muchos cautivos y multitud de ganados. El sitio en que alcanzó y derrotó a los moros se llamó desde entonces Lomo de D. Pedro Ponce, que aún se conserva”. Las Lomas de Cerro Ponce son hoy la falda sur Monte Albarracín que miran hacia el río Tavizna, en las proximidades del que fue enclave musulmán de Aznalmara y no lejos de la fortaleza de Cardela.

Senda hacia el Llano de los FósilesMayores dificultades entraña conocer el origen del topónimo Albarracín. Los hermanos De las Cuevas, en su libro sobre El Bosque (1979) se preguntan “¿Y por qué el denominarlo Albarracín? ¿Y Albarracinejo la otra cara, la del Campo de las Encinas, la de Grazalema?. No lo sabemos.” Eso mismo afirmamos nosotros, que sí conocemos la existencia de este topónimo en otras provincias como Almería y Jaén. Al parecer del arabista Elias Terés, todos ellos tienen su origen en el Albarracín turolense que debe su nombre al apellido de uno de sus gobernadores, de origen bereber, Al Banū Razin. ¿Cómo se bautizó a esta sierra con este nombre? ¿Qué relación guarda todo ello con las inscripciones de la cumbre? Nos hacemos estas preguntas mientras regresamos, camino de Benamahoma, pensando en que cualquier paraje de esta serranía guarda hermosos rincones que visitar para disfrutar de la naturaleza y de la historia.



Ver Subida al Albarracín desde Benamahoma en un mapa más grande


Puedes ver otros temas relacionados en nuestro blog enlazando con
Un paseo desde Benamahoma hasta la cumbre del monte Albarracín (1). También en: Parajes naturales y Rutas e itinerarios.


Para saber más:
- Bel Ortega, Carlos y García Lázaro, Agustín (1990):
La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Pgs.328-331.
- De las Cuevas, Jose y Jesús (1979): El Bosque. Instituto de Estudios Gaditanos. Diputación Provincial de Cádiz.
- Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pgs. 16, 39 y 79. Incluye un interesante corte geológico entre el Río del Bosque y el Albarracín en la pg. 79.
- Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publiciaciones de la UCA y Excmo Ayto. de Arcos. 2002. Vol I. Pg. 91
- VV.AA.: Aproximación a la definición del hábitat fisiográfico del Abies pinsapo Boiss. en Andalucía. Descargar PDF. Pg. 147.

Un paseo desde Benamahoma hasta las cumbres del monte Albarracín (1).


Mapa del itinerario

Entre Benamahoma y El Bosque, ceñido por los ríos Majaceite y Tavizna, se alza el monte Albarracín, un lomo alargado en dirección Norte-Sur, integrado por cerros calizos que llegan a alcanzar en su punto más alto 975 m. de altitud. El itinerario que hoy proponemos, desde Benamahoma, es una de las muchas vías posibles para acceder a la cumbre de este monte.

Cancela de acceso al senderoSaliendo de esta población en dirección a los Llanos del Campo, y poco antes de llegar a la Fuente del Descansadero, la carretera da una curva pronunciada a la izquierda. Justo en este punto, a la derecha, veremos una cancela verde, junto a una cabreriza, lugar donde se inicia la senda.

Salvo en su tramo final, donde se abordan las mayores pendientes, no presenta grandes dificultades para salvar los 2,5 km que nos separan del vértice geodésico del Albarracín, en cuyo recorrido invertiremos algo más de dos horas Cartel de advertencia(ida). Los hermosos parajes que atraviesa, los restos de antiguas casas aisladas en el monte, las magníficas vistas que contemplaremos y el encuentro con la historia de este rincón serrano a buen seguro que compensaran el esfuerzo invertido en el recorrido.

Iniciamos nuestra ruta, una soleada y fría mañana de invierno, tras la cancela que marca el inicio del camino. Un cartel nos aconseja que no abandonemos los senderos ya que en el lugar puede haber cazadores. Un joven cabrero sale a nuestro encuentro y Oquedad al borde del senderoaprovechamos para charlar con él sobre su trabajo y sobre el éxito de los quesos de la serranía de la mano de los conocidos “payoyos” que, a su entender, no se ha traducido en un incremento en el precio de la leche, “que se sigue pagando igual de mal que siempre”. Dejando el cercado de ganado a nuestra derecha, retomamos el camino que en estos tramos iniciales se encuentra bien marcada por el paso frecuente de vacas y cabras y, en menor medida, de cazadores y senderistas.

Encinas y algarrobos nos acompañanLa vereda asciende entre el roquedo calizo de las faldas del monte Albarracín sombreado por la copa de grandes encinas, algarrobos y quejigos que forman en estas empinadas laderas de umbría un bosque cerrado. Al poco, apenas ganamos algo de altura, divisamos a nuestra derecha el pueblo de Benamahoma. La senda serpentea entre grandes bloques rocosos, apreciándose en algunos lugares pequeños muretes de piedra que sujetan algunas rampas y que antaño facilitaban el paso de las bestias de carga, habida cuenta de que por este tramo inicial subían los arrieros y carboneros hasta la cercana Casa de las Zahurdas.

En una de las vueltas del camino, se abre a la izquierda una pequeña oquedad en la pared rocosa, un abrigo, que en tiempos pasados debió de servir de refugio a los pastores. En otra, el tronco de una gran encina arrancada por el viento, corta parcialmente el paso. Por muchos rincones, vemos pacer las vacas que en sus idas y venidas trazan por todas partes pequeñas sendas que pueden confundirnos en este tramo del camino donde habremos de estar atento a algunos hitos de piedras apiladas que nos indican la dirección correcta.

Benamahoma a vista de pájaro

A medida que vamos ascendiendo podemos contemplar, a vista de pájaro, el blanco caserío de Benamahoma con el telón de fondo que ponen las moles de la Sierra del Labradillo y la Sierra del Pinar. Entre ellas, se apuntan las cumbres de Zafalgar, donde despunta el cerro del Pilar, o el collado donde se encuentra el Puerto del Pinar.

Mapa de Juan Gavala (1917) La Casa de las Zahurdas

Cuando llevamos media hora de camino y hemos recorrido unos 800 m. desde que iniciamos la ruta, el boque se aclara y deja paso a una suave ladera de prados, salpicada por encinas, lentiscos, algarrobos o espinos, que nos anuncian la cercanía de la Casa de las Zahurdas, cuyas ruinas descubrimos a la izquierda del sendero, en un hermoso paraje donde crece unbosquete de grandes eucaliptos, sembrados aquí por los últimos vaqueros que habitaron la casa, hace apenas cuarenta años.

Casa de 'Las Zahurdas'

La de las Zahurdas era una típica casa serrana entre cuyas ruinas aún es posible descubrir algunos de los elementos que caracterizaban a estas construcciones aisladas que aún se conservan en muchos rincones de la sierra. Debió edificarse en la segunda mitad del siglo XIX Casa de 'Las Zahurdas': detalle-tiempos prósperos para las Huertas de Benamahoma en los que se levantan molinos, batanes y martinetes- y ya figura en Casa de 'Las Zahurdas': detalleuno de los primeros mapas trazados sobre la zona, el de geólogo Juan Gavala Laborde, en 1917. Un año después, cuando se publica la primera edición del Mapa Topográfico Nacional, se recoge también esta casa con este topónimo de “Las Zahurdas”, que apunta su origen ganadero.

Sus muros, aún en pie, delatan que fue una casa Casa de 'Las Zahurdas': detallegrande y espaciosa, de dos alturas, con graneros, Casa de 'Las Zahurdas': Tronco de almendrohabitaciones, cocina, cuadras y establos… Entre otros mucho detalles, se conservan en ella algunas rejas y ventanas, los restos de la bóveda de un horno de pan, los huecos de sus alacenas o lo que debió ser un curioso fregadero de barro vidriado… El tejado, arruinado ya, aún deja ver la clásica teja árabe dispuesta en dos hileras, para combatir mejor la lluvia sobre los muros.

Casa de 'Las Zahurdas': restos de la bóveda de un horno de panJunto a la casa hay pequeños muros que forman rellanos aterrazados, que debieron acoger pequeños huertos. Se descubren también algunos árboles frutales, destacando entre todos ellos un llamativo almendro cuyo tronco retorcido –modelado tal vez por el abrazo implacable de las hiedras- nos recuerda a las columnas salomónicas.

Cerca de la casa hay un gran pozo que mantiene un buen nivel de agua, con el que se alimentaba un pilón donde abrevaba el ganado. En los últimos años se le ha añadido una de esas “bañeras” omnipresentes en todos los rincones serranos, que tanto afea la escena. Muy próxima a las ruinas hay también otra pequeña construcción junto a la que encontramos un segundo pozo, sombreado por encinas y algarrobos, algo más pequeño que el anterior, pero más rústico y profundo, junto al que se conserva un viejo pilón de piedra tallado en un bloque calizo. En los alrededores de Las Zahúrdas pueden verse restos de otras construcciones. Así, unos 150 m. ladera arriba se adivinan los muros de una cabreriza, todavía en uso, y unos 200m. vaguada abajo, en dirección S.E., se encuentran las ruinas de otra casa.

Este paraje, de suaves laderas y hermosos prados salpicados de árboles y rodeado de montes escarpados, tiene un encanto especial y a pesar de estar algo aislado, debió de ser un lugar más frecuentado en tiempos pasados para los arrieros que transitaban entre las cercanas Huertas de Benamahoma y las de Tavizna, situadas a menos de 3 Km. en dirección sur, a las que llegamos siguiendo la vaguada que se forma, a los pies de la Casa de las Zahurdas y que se entalla entre las faldas del Cerro Ponce (a la derecha), y el Albarracinejo (a la izquierda).

Continuará en la próxima entrada...


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