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De ruta por el bajo Guadalete.
Una excursión con el Aula de Mayores de la UCA.




Atendiendo a la amable invitación de nuestro amigo Juan Martín Pruaño, presidente de la Asociación de Estudiantes Universitarios del Aula de Mayores de la UCA en el Campus de Jerez, el sábado pasado tuvimos la oportunidad de guiar una excursión por el Bajo Guadalete. La salida tenía como objetivo el acercamiento a los paisajes y la historia de este rincón de la campiña desde una perspectiva interdisciplinar.

Para ello realizamos un itinerario en autobús, que partiendo del campus a las 9 de la mañana, nos llevó a visitar La Barca de la Florida, la Torre de Torrecera y la bodega Entrechuelos, la Ermita de la Ina y el Puente de Cartuja. En todos estos lugares, como también durante los trayectos entre ellos, destacamos los aspectos más relevantes de estos parajes que muchas veces resultan desconocidos pese a su cercanía a la ciudad. Este recorrido, que hemos realizado en muchas ocasiones y con distintas variantes es recomendable para quienes quieran conocer mejor nuestro entorno rural. ¿Nos acompañan?

Camino de Cuartillo.

Tomando la carretera de Arcos, para enlazar con la de Cortes a través de la Ronda Este, hacemos unas primeras referencias a esta zona de la ciudad, cargada de historia, conocida en tiempos pasados como El Pinar, antesala de los Llanos de Caulina. Ya en la carretera de Cortes recordamos la importancia que a comienzos del s. XX tuvo su construcción para Jerez junto a otras obras como el Pantano de Guadalcacín y el Ferrocarril de la Sierra.

Junto al puente de la autopista pasamos ahora por el que fuera descansadero de Albadalejo, donde aún se conserva una antigua fuente de la que ya en el s. XVI se quisieron traer sus aguas a Jerez. Desde siglos atrás existieron en este lugar dos alcantarillas que cruzaban el Arroyo Salado, uno de los últimos afluentes del Guadalete que, desde la Sierra de Gibalbín drena los Llanos de Caulina para unirse con él junto a Viveros Olmedo. Con el nombre de Albadalejo se estuvo a punto de “bautizar” el pueblo de Estella del Marqués, levantado en sus cercanías en 1956.

Camino de Cuartillos, la carretera divide en dos el Parque Forestal de Las Aguilillas, un espacio incluido en el catálogo de “Bosques-Isla”. Aunque hace 50 años se hicieron aquí repoblaciones de pino carrasco y eucalipto, la vegetación propia del monte mediterráneo se ha ido regenerando poco a poco estando presentes especies como lentisco, coscoja, acebuche, palmito, jara… Al paso por la barriada rural de Cuartillo, construida en buena parte en terrenos



de una antigua cañada, llaman la atención dos pinos centenarios que sirvieron en otros tiempos de hitos para los enfilamientos de los barcos que llegaban a la Bahía de Cádiz. Junto a ellos, la estación potabilizadora reclama también la atención del viajero, como una obra sobresaliente de los Abastecimientos a la Zona Gaditana. Obra del ingeniero Juan Delgado Morales (1956) cuenta en su interior con magníficos murales cerámicos.

La carretera deja ahora a la derecha el Arroyo de las Cruces y los cerros de Salto al Cielo, donde despunta la bóveda en media naranja de esta antigua ermita cartujana. Al pasar por Las Majadillas se abren ante nosotros los horizontes del valle del Guadalete que nos muestran, en primer plano los restos adehesados de los encinares que cubrieron estas lomas. El cerro de alcántara o el de Domecq, quedan a nuestra izquierda mientras nos acercamos a los llanos de Magallanes y La Guareña que tienen como telón de fondo el Encinar de Vicos por donde discurre la Cañada Real de Albadalejo o Cuartillos buscando las tierras del Este de nuestro término municipal.

En La Barca de la Florida.

La primera parada es junto al Puente de La Barca, donde a orillas del río recordamos los aspectos más sobresalientes acerca de la colonización agraria de la vega del Guadalete y la fundación de La Barca de la Florida en 1948, que se convirtió desde el primer momento en centro económico y de servicios de otros poblados de colonización de la zona. Levantado en las cercanías del antiguo Vado de La Florida, en tierras próximas al cortijo del mismo nombre, comentamos aquí la importancia de este lugar, por el que cruzaba el río desde los siglos medievales la Cañada Real de la Sierra para seguir su camino hacia el Valle, El Mimbral y Tempul. En La Florida arrancaba también hacia el norte la Cañada de Albardén, en dirección a la Junta de los Ríos y Arcos, así como los caminos que llevaban a los cercanos cortijos de Berlanga, Berlanguilla o La Suara y al descansadero de Mesas del Corral, situado al otro lado del río (1). Un lugar, en suma, que constituía un auténtico nudo de comunicaciones y cruce de caminos del Jerez rural.

Como no podía ser de otra manera, nos recreamos aquí en las pequeñas historias de las barcas que cruzaban el río. Existen ya referencias de una primera barca en este lugar en 1725. La Barca, aparece también en un mapa francés elaborado en la primera mitad del siglo XIX y de ella da cuenta Madoz en 1854, que la denomina indistintamente como “barca de la Florida” o “de Berlanga” y que sitúa en el Vado de La Florida. Sobre la última de las barcas, nos informa Juan Leiva en el delicioso libro que coordinó y que lleva por título “La Barca de la Florida. Historia de un pueblo joven con viejas raíces”. En él se relata como en este lugar se encontraba en los años veinte del siglo pasado el conocido “Rancho de Benalí”. Su dueño, “Francisco Robles Pérez, alias “Benalí”, compró una barca de 12 metros de eslora por 7 de manga, que fue transportada hasta el río por don Antonio Guerrero (propietario del cortijo de La Florida), e instalada por “Benalí” para pasar el Guadalete, en el mismo lugar donde se encuentra en la



actualidad el puente de La Barca de La Florida… la barca funcionaba mediante poleas instaladas a ambos lados del río, de las que tiraba el propio “Benalí”. Era un auténtico transbordador, en el que pasaban personas, animales y todo tipo de mercancías. Los rebaños, las “jarreas” de mulos y las recuas de burros, cargados de carbón de la sierra, pasaban la barca, camino de Jerez, cuando el río llevaba mucha agua
”.

Frente a nosotros, el “Puente de Hierro”, el puente en arco del Acueducto de Los Hurones y el puente atirantado del Acueducto de Tempul nos llevan también a recordar su pequeña historia y los aspectos más relevantes de estas interesantes obras públicas. El conocido como “Puente de San Patricio”, obra del prestigioso ingeniero Eduardo Torroja, figura en todos los manuales de



historia de la ingeniería como una obra pionera en la utilización del hormigón pretensado. Construido entre 1925 y 1927, vino a sustituir en al antiguo puente-sifón que construyera el ingeniero Ángel Mayo para el paso de la conducción de la traída de aguas a Jerez entre 1864 y 1869. El viejo puente, que contaba con dos apoyos en el lecho del río fue arrastrado por la gran riada de 1917, siendo sustituido años después por el de Torroja que adopto para evitar los pilares centrales una solución ingeniosa. El cajón central, de 20 m, se apoyaba en los laterales que, suspendidos mediante tirantes de acero recubiertos de hormigón pretensado de las pilas cimentadas en las riberas, evitaban así los apoyos en el río y los riesgos de ser arrastrados por las avenidas. El tramo central del puente-acueducto de 57 m de luz fue todo un record de la época de este puente que pronto cumplirá un siglo.

El primer arco del conocido como Puente de Hierro, fue construido en 1924 para dar paso a la carretera de Cortes, ampliándose con otros dos tramos en 1936. El arco de hormigón por el que salva el río la conducción que procede del pantano de los Hurones, fue levantado en 1957 cuando se realizaron las obras del Abastecimiento a la Zona Gaditana.

Camino de Torrecera.

Retomamos nuestro camino hacia Torrecera dejando a nuestra izquierda la Estación Elevadora de La Barca, las granjas de Berlanguilla y los terrenos de la antigua Huerta del Coronel con cultivos de algarrobos. Nos desviamos a la derecha por el cruce hacia La Suara, pasando por el Arroyo de Cabañas y las Mesas del Corral, antiguo descansadero de ganado. En La Suara, espacio forestal que se extiende sobre una antigua terraza fluvial del Guadalete, se conservan importantes manchas de alcornoques, encinas, coscojas y quejigos junto a los que crecen pinos y eucaliptos, fruto de las repoblaciones que hace medio siglo realizó el Instituto Nacional de Colonización. Este parque periurbano, lugar de ocio y esparcimiento de muchos jerezanos, está catalogado como bosque-isla.

A la derecha de la carretera se observan las cicatrices que dejaron en el paisaje las antiguas canteras para la extracción de áridos que se abrieron en la ribera del río. En estas graveras de Torrecera y la Dehesa Boyal se encontraron restos de la presencia del hombre en el paleolítico medio. Por aquí cruza el camino que desde Jerez se dirigía a los Baños de Gigonza y en esté rincón, donde hoy se levanta un centro ecuestre y de turismo rural, estuvieron la fuente y la barca del Boyal.



Pasamos ahora junto a Torrecera, poblado de colonización levantado en 1947 junto a los cerros donde el Arroyo Salado de Paterna se une al Guadalete. Aún quedan en Torrecera la Baja, a los pies del Cerro de la Harina, algunas de las primeras viviendas que se construyeron durante la Reforma Agraria de la II República (1933), en una iniciativa que planificó el reparto de tierras de las fincas Cabeza de Santa María, Los Isletes, Doña Benita y Torrecera y que quedó frustrada tras el golpe de estado de 1936.

En el cerro del Castillo y la bodega Entrechuelos.



Dejando atrás Torrecera, el autobús asciende ahora las empinadas rampas de la Cuesta del Infierno para desviarse hacia la Bodega Entrechuelos. Desde su aparcamiento llegamos, en un cómodo paseo, hasta lo más alto del Cerro del Castillo donde se alzan los restos de una torre almohade visibles desde muchos lugares de la campiña. La torre, levantada probablemente a finales del s. XII o comienzos del XIII, está construida con la técnica de tapial, al igual que la cerca almohade de Jerez. En el muro norte se aprecia una oquedad a modo de puerta o ventana, en cuya parte superior se conservan los restos de un arco de ladrillo. El muro orientado hacia el este se ha desplomado y bien merecería consolidarse y restaurarse como se ha hecho en la torre de Matrera. En las tapias llaman la atención del visitante los mechinales, esos huecos que dejaron al descomponerse con el tiempo las maderas en las que se apoyaban los cajones del encofrado.

La torre cumplía una clara función de vigía y control del territorio, en los siglos en los que estas tierras lo fueron de frontera y en especial del camino que corría en paralelo al Arroyo Salado de Paterna y de los que discurrían junto al Guadalete, a cuyas orillas existían fértiles vegas. A los pies de la Torre estuvo el conocido Vado de Sera, ya mencionado en la Crónica de Alfonso XI, rey que



acampó aquí sus tropas en 1333 en su camino hacia Alcalá de los Gazules, en el marco de una operación militar para liberar a la fortaleza de Gibraltar del cerco al que le había sometido el infante Abu-Malik.

Las vistas que se contemplan desde la torre son excepcionales y así, junto a los principales relieves de la provincia y de la campiña, desde este privilegiado balcón podemos observar como el valle del Guadalete, que ha venido manteniendo desde Puerto Serrano una orientación NE-SO, cambia bruscamente a los pies del Cerro del Castillo para dar un giro de noventa grados hasta tomar el rumbo NO, camino de la Bahía. A a partir de la dominación cristiana, la Torre de Cera o de Sera, como se le denominaba entonces, pasó a formar parte del cinturón de torres vigía, atalayas o almenaras que, con carácter defensivo,



estaban distribuidas por la campiña. Con muchas de ellas mantenía una buena conexión visual como las de Gigonza, el castillo de Medina Sidonia, Torre Estrella, el castillo de Arcos, Jerez, o las torres de la Sierra de San Cristóbal o Gibalbín, visibles desde aquí.



Desde la torre bajamos a visitar la Bodega Entrechuelos, una moderna construcción que cuenta con magníficas instalaciones industriales y de restauración y desde la que se obtienen inigualables vistas sobre su entorno circundante. De la mano de Juan Carrillo, su Maestro de Bodega, fuimos recorriendo las distintas dependencias y conociendo el proceso de transformación de la uva, recogida en los viñedos del Cerro del Castillo, hasta su embotellado y comercialización bajo las distintas marcas que llevan nombres de topónimos de su entorno cercano (Entrechuelos, Alhocén, Talayón…), una muestra más de su estrecha vinculación con la tierra.

En la Ermita de la Ina.



De nuevo en la carretera, pasamos ahora por el vado del Arroyo Salado e los Entrechuelos junto al que vemos los canales de riego del embalse de Guadalcacín. Al poco llegamos a la entrada del cortijo de Spínola y al conocido como Cerro de la Batida, el último escarpe a orillas del Guadalete constituido por rocas de yeso que fueron explotadas para su uso industrial por una fábrica cerrada hace dos décadas. Este curioso enclave natural ofrece magníficas panorámicas “a vista de pájaro” sobre las galerías del río y sobre las Vegas de El Torno. En sus verticales tajos, que caen a plomo sobre el río, se refugian rapaces y aves de roca que ya en 1910, merecieron la atención de los naturalistas ingleses W. Buck y A. Chapman, quienes lo describen en su obra La España Inexplorada (1910).

Camino de los Llanos de la Ina, al pasar por el Cerro del León, dejamos a la derecha de la ruta el Palomar de Zurita, un auténtico monumento etnográfico. Obra del primer tercio del siglo XIX, guarda en su interior casi 25.000 nidales y amenaza con desplomarse si no se hace nada por evitarlo. Algo más adelante cruzamos por Rajamancera en cuyos campos existió una importante laguna que fue desecada a mediados del siglo pasado, transformando su vaso en tierras de cultivo, en el lugar donde hoy se encuentra una pista de ultraligeros, un poco antes de llegar a la barriada rural de La Ina.



La siguiente parada es en la Ermita de la Ina que visitamos de la mano de Isabel Chico, miembro de su Asociación Parroquial, siempre tan amable. Desconocida para muchos jerezanos, el edificio, aunque muy reformado por sucesivas obras, es de estilo mudéjar y tiene su origen en una construcción del último tercio del s. XIV. De planta rectangular y tejado a dos aguas, su interior consta de tres naves con arcos de herradura apuntados, apoyados sobre pilares cuadrados. Destruida en 1838 por un huracán y restaurada en 1952, la ermita fue construida por acuerdo del cabildo jerezano para conmemorar la victoria de las tropas cristianas en 1339 contra las del infante Abu Malik, que había instalado su campamento en los Cerros del Real (Lomopardo) teniendo cercada la ciudad. En esta acción tuvo un papel decisivo Diego Fernández de Herrera, auténtico héroe jerezano cuya hazaña es bien conocida por haber quedado reflejada en toda la historiografía tradicional. La Crónica de Alfonso XI desdice sin embargo estas historias, situando la muerte del rey de Algeciras, “Abomelique el infante tuerto”, en las Vegas de Pagana, junto a Alcalá de los Gazules.

Sea como fuere, en nuestra visita evocamos esta y otras historias, y recordamos como el origen el topónimo “La Ina”, leyendo también algunos textos del geógrafo andalusí Ibn Said (s. XIII) o de los poetas jerezano-andalusíes Ibn Lubbal (s. XII) o Ibn Giyat (s. XII) en los que se recrean los idílicos parajes de estos llanos junto al Guadalete, para los que remitimos a los trabajos del arabista M.A. Borrego Soto.

En el Puente de Cartuja.

Dejando atrás La Ina, pasamos junto al Puente de la Greduela, donde hasta afínales delos sesenta del siglo pasado existió, junto a la Venta de las Carretas, una barca de sirga para cruzar el río.

En sus campos, La Greduela guarda uno de los últimos palomares de la campiña que, como el de Zurita debiera ser declarado “monumento etnográfico”.



La última parada de nuestro itinerario es en el Puente de Cartuja, junto a su estribo izquierdo, donde podemos apreciar los recientes trabajos arqueológicos que han sacado a la luz lo que pudo ser un antiguo embarcadero y el arranque de los muros del viejo azud del molino. Junto al puente recordamos como en el origen de su construcción primaron los intereses militares, para facilitar el auxilio de las tropas jerezanas a los ataques de los piratas turcos y berberiscos a las costas gaditanas. Iniciadas sus obras en 1525 y terminadas en 1541, debe su traza a Fortún Jiménez de Vertendona y en su construcción intervinieron diferentes maestros como Pedro Fernández de la Zarza, D. Jiménez de Alcalá o Hernán Álvarez. Entre 1581 y 1582 se construyó en uno de los arcos del puente el molino de la villa, como reza en la lápida que aún se conserva en uno de los pilares junto a la Venta de Cartuja, cuyo edificio se levantó unos años después como dependencias y almacenes del molino.



En nuestro paseo por el puente pudimos también comentar las muchas vicisitudes por las que atravesaron estas obras, que precisaron continuas reparaciones a lo largo de estos siglos. De la misma manera elogiamos -como no podía ser de otro modo- las obras de restauración ambiental que en los últimos años han retirado de las riberas y del lecho del río miles de toneladas de lodos y de pies de eucaliptos, recuperando este histórico paraje del Vado de Medina, su antigua fisonomía, esa que nos recuerdan los viejos grabados y fotografías de hace un siglo. La repoblación con álamos y fresnos que ha tenido lugar en estos días, pone la guinda a este recuperado tramo del Guadalete en el que el puente, el “viejo puente de Cartuja”, destaca aún más hermoso.

La tarde se echaba encima y, por falta de tiempo tuvimos que dejar para otro día las paradas previstas en La Cartuja, La Corta y El Portal, para completar este recorrido por el bajo Guadalete, un itinerario que les recomendamos y del que no saldrán decepcionados. Gracias a los amigos del Aula de Mayores de la UCA por permitirnos acompañarlos.

Agradecemos a nuestro amigo José Castillo las fotografías de la excursión que ilustran este reportaje.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Rutas e itinerarios, Río Guadalete, Patrimonio en el medio rural, Carreteras secundarias.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/02/2018

MAS FOTOGRAFÍAS DE ESTA RUTA EN EL SIGUIENTE ENLACE: http://aumjerez.blogspot.com/2018/02/ruta-del-bajo-guadalete-con-el-profesor.html

El puente de Cartuja.
Una obra monumental para la que se pide la declaración de BIC.




Como muchos lectores conocen, en diferentes ocasiones y en especial a lo largo de esta última década, se ha solicitado que nuestro viejo “puente de Cartuja” sea declarado Bien de Interés Cultural. Conocida también por sus siglas BIC, se trata de una figura jurídica de protección de nuestro patrimonio histórico que ampara y tutela legalmente un determinado bien (mueble o inmueble) en razón de su singularidad y de sus valores artísticos, monumentales, históricos o culturales.

Por recordar sólo las últimas iniciativas, ya en 2004 desde la Oficina del Defensor de la Ciudadanía, se denunciaba ante la Delegación Provincial de Cultura el estado de abandono del puente y de su entorno y se instaba a actuar para frenar su deterioro y garantizar su protección (1). Cinco años más tarde, en 2009, el Gobierno municipal presidido por el PP, con el apoyo del pleno, inició la tramitación de un expediente de declaración de BIC para el Puente de Cartuja “por su carácter monumental y su valor como sitio histórico” denunciando el abandono de su entorno “que presenta además de cableado, una tubería rota, y donde se acumulan basuras y enseres domésticos”. El Gobierno local confiaba en que con esta declaración se iniciaría la recuperación del puente y el paraje del vado de Medina ya que “las administraciones están obligadas a reparar, conservar y promocionar la construcción y su entorno” (2). De aquella propuesta nunca más se supo, al igual que del llamamiento que unos años después, en 2012, planteó Ecologistas en Acción de Jerez a las administraciones implicadas, en el marco de una campaña ciudadana de limpieza y repoblación forestal de las riberas del puente de Cartuja (3).

Recientemente, esta misma organización, con el apoyo de otras asociaciones, colectivos e instituciones locales y provinciales, ha presentado ante el Delegado Territorial de Cultura, Turismo y Deporte, D. Daniel Moreno López, una solicitud de “Declaración de Bien de Interés Cultural” para el Puente de Cartuja, con un informe en el que se apuntan las razones históricas y culturales que lo justifican, adjuntando también un completo dossier con imágenes y grabados históricos del puente (4). Esta iniciativa surge al amparo del Manifiesto por la Recuperación del Río Guadalete, promovido por Ecologistas en Acción y apoyado por más de 30 colectivos e instituciones, donde se incluye esta petición de declaración de BIC para el puente, apoyada -entre otros- por el C.E.H.J., el Ateneo de Jerez, Tempul, A.S.P.H.A. y buena parte de los grupos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos y colectivos de la ciudad (5). Esta propuesta, presentada formalmente hace unos días, quiere relanzar esa idea, que ahora cobra aún más valor gracias a las obras de restauración de las riberas del Guadalete que la Consejería de Medio Ambiente viene realizando en el entorno del puente (6). Estas han supuesto la retirada de sedimentos del lecho del río y la recuperación de su antiguo cauce, así como la eliminación de tuberías y otros elementos añadidos a la fábrica, actuaciones todas que contribuyen, a juicio de Ecologistas en Acción a facilitar la declaración de BIC.

El puente de Cartuja: un monumento con historia.

Como se señala en el citado informe, el puente de Cartuja, edificado en la primera mitad del siglo XVI, y próximo a cumplir 500 años, fue una importante obra de ingeniería levantada en las proximidades del monasterio de la Cartuja en el lugar conocido históricamente como Vado de Medina. Este lugar era paso obligado para quienes se dirigían al Campo de Gibraltar por los caminos de Medina y Vejer, o a la Bahía de Cádiz a través de la Cañada de la Isla. De la misma manera, por este lugar debían cruzar habitualmente los jerezanos con sus carretas y ganados para el cuidado de las numerosas fincas situadas al sur y al este del término municipal.

Como señala el historiador Manuel Romero Bejarano, quien mejor ha estudiado el puente de Cartuja (7), en los orígenes de su construcción primaron razones estratégicas que hoy denominaríamos “de interés para la defensa nacional”. Y es que, como exponía el cabildo jerezano en el Memorial que en 1523 dirige al rey Carlos I, las razones de índole militar se encontraban entre las más poderosas, pues las milicias jerezanas y de los pueblos limítrofes, debían acudir en numerosas ocasiones en auxilio de las poblaciones de la Bahía de Cádiz ante los frecuentes ataques que la Isla de León, Cádiz o las costas de Chiclana y Conil, sufrían por parte de la piratería turca y los corsarios berberiscos (8).

Estos desplazamientos urgentes por tierra firme, precisaban cruzar el Vado de Medina para tomar la Cañada de la Isla (la actual “carretera de Bolaños” que desde el puente pasa por las Quinientas y llega hasta Puerto Real bordeando la marisma).

La necesidad de un puente que permitiera atravesar de manera rápida el vado a las tropas que acudían en socorro de las poblaciones costeras, sin depender del caudal del río y de los peligros de su cauce, estaba más que justificada. En el mencionado Memorial se mencionaban también la pérdida de vidas humanas (ahogados) y de ganados por la peligrosidad del vado, así como razones comerciales y de transporte y se recordaba que este enclave era un importante nudo de comunicaciones para llegar también a Gibraltar, Algeciras y Málaga.

Tras obtener la aprobación real y después de unas dificultades iniciales que retrasaron el comienzo de las obras, en 1525 se inicia la construcción, siendo autor de la traza del puente el arquitecto vizcaíno Fortún Jiménez de Bertendona, quedando la dirección de la obra en manos del maestro jerezano Pedro Fernández de la Zarza (9). La ciudad abrió para ello la cantera de Martelilla, de donde se extrajo la piedra necesaria que se empezó a acopiar en las proximidades del vado. Como señala Romero Bejarano, tras muchas vicisitudes (falta de fondos, paralizaciones de la obra, robo de piedra por parte de los cartujos…), parece ser que en 1541 el puente ya estaba en uso, si bien durante años se prohibió el paso de carretas por el deterioro de su fábrica, viéndose estas obligadas a seguir vadeando el río. Como dato curioso, el puente conserva en los sillares de sus pilares numerosas marcas de canteros (10) así como algunas singulares inscripciones, entre las que destaca la del tajamar central, cuya imagen acompaña este artículo.



El molino de la villa.

Junto al puente, la ciudad decidió levantar, años después un molino y unas dependencias anexas que sirvieran como almacenes. El molino, perteneciente al pósito de la ciudad, estaba situado bajo uno de los arcos del puente y los almacenes se corresponden con el actual edificio de la Venta de Cartuja. Su construcción, como ha estudiado Romero bejarano, se llevó a cabo entre 1581 y 1592, a cargo del maestro cordobés Hernán Ruiz III y desde sus primeros años, el azud de derivación fue objeto de numerosas reparaciones. En 1604, por ejemplo, el capitán Cristóbal de Rojas, ingeniero mayor de las fortificaciones de Cádiz, presentó un informe para su reparación por problemas de cimentación. Sea como fuere, el molino funcionaba hasta 1895 cuando se averió por una riada que lo dejó inutilizado y ya no volvió a repararse, siendo su último arrendatario el general Primo de Rivera.



El lector curioso podrá leer la lápida que da cuenta de la construcción del molino y que se conserva sobre uno de los tajamares del puente (11).

El puente: un “viejo achacoso” … pero con buena salud.

A lo largo de los casi cinco siglos de vida, el Puente de Cartuja ha pasado, como puede suponerse, por muchas vicisitudes, resistiendo las avenidas del Guadalete y sufriendo en su estructura y en sus piedras las huellas del paso de los siglos.

La fábrica que hoy se conserva -con nueve arcos de ladrillo apoyados en pilares de cantería, defendidos por sólidos tajamares-, ya vio las primeras reparaciones entre 1541 y 1575. Destacados maestros de obras jerezanos como Juan de Aranda Salazar, Pedro de Cos o los hermanos Calafate, llevaron también a cabo arreglos y reconstrucciones parciales (12).

Uno de los arcos fue reparado en el s. XVIII por Torcuato Cayón, arquitecto mayor de Cádiz, tras los daños sufridos en 1755 por las secuelas del terremoto de Lisboa (13). En el siglo XIX fue también objeto de restauración parcial por parte de los



ingenieros Mariano Cervigón y Pablo Rohault de Fleury, este último responsable de la empresa arrendadora del molino (14). A comienzos del siglo XX (1908), cuando aún conservaba su pretil de sillares de cantería, fue restaurado su revestimiento de piedra por parte del arquitecto ubriqueño Juan Romero Carrasco (15).

Pese a sus múltiples “achaques” y “reparaciones”, conviene recordar que la solidez del puente de cartuja ha quedado fuera de toda duda y ha sido puesta a prueba a lo largo de estos siglos por las múltiples avenidas del Guadalete, a las que ha resistido, Recordaremos aquí, como prueba de su solidez que hace justo un siglo, la gran riada de 1917 que se llevó por delante los puentes de Villamartín, de San Miguel en Arcos, de la Junta de los Ríos y el puente-sifón del acueducto de Tempul en La Florida, no pudo con el más antiguo de todos, el de Cartuja, que resistió incólume aquella descomunal avenida (16).

Recientemente, en 2012, el puente fue también objeto de una polémica rehabilitación, muy cuestionada, sustituyéndose las barandillas y enfoscándose con mortero buena parte de sus muros (17).



Por último, hace tan solo unos días, el puente ha sido despojado de la antiestética tubería que desde hace 50 años se había adosado sobre sus arcos para abastecer de agua el polígono de El Portal.

Junto a todo ello, desde el mes de septiembre se vienen realizando en su entorno importantes obras de restauración del cauce fluvial y de recuperación de los perfiles que mostraban las riberas del antiguo Vado de Medina, tal como pueden verse en el conocido como Vuelo Americano de 1956. Con todo ello, este paraje, liberado de centenares de pies de eucaliptos que invadían su cauce y de los miles de toneladas de sedimentos que lo aterraban, va a recuperar en buena parte su antigua estampa, estando previsto reforestar también sus alamedas con sauces, fresnos y álamos, especies propias de nuestras riberas. Si a todo lo anterior añadimos que en los próximos años se va a desarrollar un proyecto de sendero fluvial que unirá El Puerto de Santa María y Jerez por el río hasta Lomopardo, y que en La Cartuja se proyecta construir un embarcadero (18), convendremos que la “guinda” de este pastel, no puede ser otra que la definitiva recuperación del puente de Cartuja.

El puente de Cartuja debe ser declarado B.I.C.



Y para ello nada mejor que se inicie cuanto antes el expediente administrativo necesario para que nuestro puente, el más antiguo de la cuenca, pueda ser declaro B.I.C. como ha propuesto Ecologistas en Acción de Jerez.

En su informe, remitido en estos días pasados a la Delegación Territorial de Cultura, Turismo y Deporte, se señala que “a lo largo de los siglos, y hasta el momento presente, el enclave del puente y molino de Cartuja ha sido punto de encuentro para todos los viajeros a su paso por este lugar, que constituye una encrucijada de caminos, como lugar de paso obligado entre la provincia y el interior de Andalucía. Este hecho, del que dejaron constancia los viajeros y escritores románticos de los siglos XVIII y XIX, confiere a este entorno un valor singular desde el punto de vista histórico, cultural y antropológico. A esto hay que añadir la tradicional afluencia de los jerezanos como lugar para el baño, la pesca, el ocio y esparcimiento, que ha venido sucediendo durante siglos. Todo ello convierte a este lugar en un enclave de gran interés, y lo hace digno de protección. Conscientes de ello, las entidades que han suscrito el Manifiesto por la recuperación del Guadalete (…) solicitan se proceda a la declaración de Bien de Interés Cultural y su posterior inclusión en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía el conjunto formado por el puente histórico de Cartuja y los restos del antiguo molino ubicados en el Vado de Medina, del término de Jerez de la Frontera”.



Ojalá que esta vez, la petición sea atendida y el Puente de Cartuja sea ya protegido para siempre con la figura de Bien de Interés Cultural. Por los servicios prestados durante cinco siglos, bien que lo merece.

La próxima semana: Diez estampas del Puente de Cartuja

Para saber más:
(1) Memoria de actuaciones. Año 2004. Oficina del Defensor de la Ciudadanía. Ayuntamiento de Jerez. Exp. 04/82, junio de 2004.
(2) Álvarez Ortiz, M.: El PP pide declarar el puente de la Cartuja como Bien de Interés Cultural, Información Jerez, 22 de octubre de 2009.
(3) Ecologistas en Acción solicita la recuperación del Puente de Cartuja y su declaración como B.I.C., Ecologistas en acción, nota de prensa, 4 de mayo de 2012. De esta iniciativa se hicieron eco los distintos medios de comunicación de la ciudad.
(4) Solicitud para que el puente de Cartuja sea declarado B.I.C. Ecologistas en Acción Jerez. Escrito dirigido al Delegado Territorial de Cultura, Turismo y Deporte en Cádiz. 18 de octubre de 2017. Los diferentes medios de comunicación de Jerez han difundido ampliamente esta noticia.
(5) El Manifiesto por la recuperación del río Guadalete fue presentado el pasado 2 de junio de 2017, en el marco de una marcha ciudadana entre el Puente de Cartuja y la desembocadura del Salado, y avalado por más de 30 colectivos, asociaciones e instituciones de la ciudad y la provincia. En él se incluye la propuesta de Declaración de BIC del Puente de Cartuja.
(6) Cañas, E.M.: El Guadalete busca su cauce, Diario de Jerez, 20 de septiembre de 2017.
(7) Romero Bejarano, M.: El puente de Cartuja, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2008.
(8) Romero Bejarano, M.: La construcción del puente de Cartuja, Diario de Jerez, 16 de diciembre de 2010.
(9) Romero Bejarano, M. y Romero Medina, R.: Arquitectura tardo-gótica en el sur del arzobispado de Sevilla. Los maestros canteros y la construcción del puente de Cartuja (1525-1541), Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, nº 106, 2010, pp. 251-288.
(10) Romero Medina, R. y Romero Bejarano, M.: "Las marcas de cantería del puente de Cartuja de Jerez de la Frontera: Análisis Litográfico", en XVIIe Colloque International de Glyptographic á Cracovie, Centre International de Recherches Glyptographiques, Braine-le-Chaáteau, 2011, (pp.319-332). En este interesante artículo los autores hacen un análisis detallado de todas las marcas e inscripciones del puente de Cartuja.
(11) García Lázaro, J. y A.: Una inscripción histórica que vuelve a la luz, 3 de junio de 2012, http://www.entornoajerez.com/
(12) Pomar Rodil, Pablo J.: “Los puentes del río Guadalete”, Río Guadalete, Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Junta de Andalucía, 2015, p, 279.
(13) Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, Ediciones jerezanas, 2004, p.141.
(14) Caballero Ragel, J.: Arquitectura y urbanismo en Jerez durante el reinado de Isabel II. Tesis Doctoral inédita, Universidad de Cádiz, 2013.
(15) Gavira Vallejo, José Mª.: El ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco… en http://loscallejones5u.blogspot.com.es/, (consultada el 7 de noviembre de 2016).
(16) García Lázaro, J. y A.: La gran riada de 1917. Serie de cuatro artículos publicada en Diario de Jerez entre el 12 de marzo y el 2 de abril de 2017, coincidiendo con los 100 años de la riada de 7 de marzo de 1917.
(17) García Lázaro, J. y A.: Obras de “rehabilitación” en el puente de Cartuja, 2, de septiembre de 2012, http://www.entornoajerez.com/
(18) “Con la ITI queremos cambiar el modelo productivo de la provincia”, Diario de Jerez, 24 de septiembre de 2017


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Rio Guadalete, Paisajes con Historia, Patrimonio en el medio rural, Puentes y obras públicas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 29/10/2017

 
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