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Ya vienen los Reyes.
Reyes y reinas en la toponimia de la campiña de Jerez.




Estos días, cuando todos celebramos las “fiestas de Reyes”, queremos proponerles un paseo por nuestros paisajes y nuestra historia, visitando algunos rincones que guardan en sus nombres alguna vinculación con “rey”, “reina” o “real”.

La Laguna del Rey y la Fuente del Rey.



Algunos de los topónimos relativos al “Rey” ya han caído en el olvido, fundamentalmente porque los lugares a los que aludían han sido “renombrados” o porque se han visto alterados seriamente con el paso del tiempo. Este es el caso de la Laguna del Rey, un antiguo humedal ya desaparecido. Esta laguna, de notable extensión, estuvo situada entre las dehesas de Sianca y Doña Benita, en las proximidades de la actual barriada rural de El Mojo, colindante con la Cañada de los Arquillos o de la Cuesta del Infierno. Por su orilla pasaba también el antiguo camino de Jerez a Paterna. Actualmente, el paraje donde se emplazaba la antigua Laguna del Rey está rodeado por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita, cuyas lomas se han plantado de olivos. Entre los campos de cultivo de esta finca, todavía se puede apreciar la depresión de la amplia cubeta que ocupaba la laguna, transformada hoy en tierra de cultivo al ser drenada a través de un pequeño canal que desagua en el cercano arroyo de Fuente Bermeja, junto a la pequeña depuradora de El Mojo. Desconocemos el origen de este nombre y puestos a aventurar, podría relacionarse con Alfonso XI, el monarca castellano que, como veremos más adelante anduvo por estas tierras. Con este mismo nombre de Laguna del Rey, se denominaba también a un pequeño humedal existente junto a la antigua Ermita de Guía, hasta cuyas cercanías entraba un brazo de la marisma de la Mesa, a través del Guadajabaque en los siglos medievales (1).



A diferencia de los anteriores, ha llegado hasta nuestros días el topónimo de Fuente Rey (o Fuente del Rey) nombre con el que se denomina a un paraje situado a unos 20 km al sureste de la ciudad, junto a la carretera de Medina. Fuente Rey da también nombre a un famoso cortijo donde se crían los caballos y toros de la ganadería de Fermín Bohórquez. Un antiguo manantial ubicado en este mismo lugar, la Fuente del Rey está en el origen de este curioso topónimo.

Conviene recordar que las tierras de Fuente Rey guardan mucha historia a sus espaldas y ya hace 20 siglos vieron el paso del acueducto romano de Tempul a Gades. Esta colosal obra atravesaba estos parajes procedente del valle de los Arquillos y de Las Piletas, para continuar su camino por El Berroquejo hacia los Llanos de Guerra en dirección al Puente Suazo y Cádiz. Para el profesor Lázaro Lagóstena, coordinador del Proyecto Aquaducta, el antiguo manantial de la Fuente del Rey pudo estar vinculado al acueducto romano y a su entender “rememora la existencia de una fuente de cierta entidad edilicia, posiblemente de origen romano pues era habitual adjudicar la construcción de este tipo de obra importante y pública a un poder relevante, como el real” (2).

Otros autores apuntan al posible origen medieval de este topónimo, que quizás podría relacionarse, como en el caso de la Laguna del Rey, con la figura de Alfonso XI. Este monarca, en sus diferentes campañas militares contra los benimerines para el control del Estrecho, pasará hasta en cuatro ocasiones por los parajes de Fuente Rey, descansando varias veces en sus tierras, junto al castillo de Berroquejo (3). Así, en 1340, para intentar frenar la ofensiva de Abul-Hassan sobre Tarifa, en 1342 (en dos ocasiones), en sus intentos por conquistar Algeciras y en 1349 para cercar Gibraltar, las tropas castellanas con Alfonso el Onceno al frente acamparán y cruzarán por estas tierras (4).

A finales del siglo XV, Fuente del Rey, junto a Cabeza de Santa María, Los Arquillos o Torrecera, se encuentra entre las tierras comunales que ordenan roturar los Reyes Católicos para facilitárselas en arriendo a los agricultores más necesitados. En Fuente del Rey, como también en las Vegas del Vicario, la corona castellana intentó crear nuevas poblaciones para colonizar el extenso alfoz jerezano, como apunta el profesor Emilio Martín. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (5). La iniciativa se saldó sin éxito.



Sea como fuere, los campos de Fuente Rey -que, permítasenos la licencia, se nos antojan por sus hermosos paisajes como si de un rincón de la Toscana italiana se tratase- acogen hoy una importante ganadería de bravo. Junto a las casas del antiguo cortijo de Campanero, que forma también parte de la finca, se levantó a comienzos de siglo un complejo turístico en el que destaca una llamativa torre-mirador coronando las lomas. Junta a ella, un gran picadero cubierto alberga en su interior una plaza de toros donde se celebran espectáculos taurinos y ecuestres junto a todo tipo de eventos.



Con el nombre de Vega del Rey se conoce también el paraje situado a los pies del cortijo (6) donde se han represado las aguas del Arroyo Salado, en el embalse de la Fuente del Rey visible desde la autovía de Jerez-Los Barrios.

La Viña del Rey y las Aceñas del Rey.

Nuestros viñedos cuentan también con algunas referencias al “Rey”, aunque en la mayoría de los casos se trata de viñas ya desaparecidas que hacían alusión al apellido o apodo de sus propietarios. Son los casos de la Viña Rey, que se ubicaba en la Cañada de la Feria (Avda. de Europa), en el actual emplazamiento de Carrefour Norte, o de la Viña Reyes, que estuvo situada en el pago de Cuartillo. Otro viñedo de nombre Viña Rey se encontraba en la Cañada de Cantarranas, a la espalda del actual “Mosto” de Santa Teresa. Con todo, la más conocida fue la viña Pie de Rey, (que dio también nombre a uno de los conocidos como pagos de “arenas”) en cuyas tierras se construyó una urbanización que todavía mantiene esta denominación (7).

Topónimos ya desaparecidos, pero que nombraban otros tantos rincones de la campiña fueron el de la Huerta del Rey y el de la Aceña (o Aceñas) del Rey. En los siglos medievales hay referencias en las cercanías de la ciudad a la conocida como Huerta del Rey cuya ubicación no hemos podido localizar (8) al igual que la de las Aceñas del Rey a la que hacen alusión distintas fuentes documentales ya desde finales del siglo XIV. Las aceñas eran, por lo general, molinos harineros situados en el curso del río con ruedas verticales movidas por la corriente. Su emplazamiento debió estar junto al Guadalete en los Llanos de la Ina, ya que en ocasiones se alude a ellas como “aceñas del Rey y de la Ina”. Así se constata, por ejemplo, en sendos legajos fechados en 1410 y 1426 (9), si bien en otros documentos se las menciona como “aceñas del Rey y de la Reina” (10). Las Aceñas del Rey, se mencionan ya en el testamento del conde Juan Alonso de Guzmán (1396) quien fue copropietario de las mismas.

En 1461 aparecen también como una de las propiedades de D. Pedro Ponce de León, primer conde de Arcos, quien era poseedor de un tercio de estos molinos situados en el Guadalete (11). En el siglo XVI aún debían estar en uso y daban nombre a uno de los pagos de viña del Jerez de esa época (12).

Las cuevas de la Reina.

Más escasos son los topónimos referidos a las “reinas”. Junto al ya citado, es conocido desde antiguo el paraje de las Cuevas de la Reina situado, curiosamente, frente a las tierras de Fuente Rey. Colindante con el Castillo de Berroquejo, las “cuevas” se encuentran entre un paisaje de cerros de escasa altitud cubiertos de monte mediterráneo.



El profesor Lázaro Lagóstena, apunta que este topónimo pudiera referirse a las galerías del acueducto romano de Tempul a Gades, que se trazaba entre estas colinas (13) de las que ya no quedan vestigios en superficie. Conviene recordar que hubo también aquí antiguas canteras y que aún se conservan pequeñas “cuevas” naturales de escaso desarrollo, como las que se muestran en las imágenes, en



las que tal vez haya que buscar el origen de este nombre.

De procedencia más enigmática es el topónimo de arroyo de la Reina Loca, que corre por las laderas de la Sierra de las Cabras. Se trata de un pequeño curso fluvial, situado en las cercanías del cortijo de Picado, tributario del arroyo del Caballo que vierte sus aguas en el embalse de Guadalcacín (14).

Cabeza del Real, Campo Real… y Puerto Real.



Junto a los “reyes” y “reinas”, en nuestros paisajes encontramos también otros curiosos topónimos, relacionados con ellos. Desde antiguo, los cerros de Lomopardo han sido conocidos con los nombres de Cabeza del Real o Cerros del Real. La historiografía tradicional jerezana les atribuye este nombre en la creencia de que en ellos sentó su “Real”, el emir Abū Mālik, hijo del sultán de los benimerines Abū l-Hasan, quien, en 1339, al frente de un fuerte contingente militar, llevó a cabo incursiones por los campos de Medina, Jerez y Arcos (15). Tal como describen todas las “Historias” e historiadores de Jerez (El Libro del Alcázar, Gonzalo de Padilla, Fray Esteban Rallón, Bartolomé Gutiérrez, Adolfo de Castro…) en los Cerros del Real tuvo lugar la heroica hazaña de Diego Fernández de Herrera quien allí dio muerte al “Infante Tuerto”, el príncipe “Abomelic” o “Abomelique” de las crónicas cristianas, desbaratando así el cerco al que tenía sometido a la ciudad. A resultas de aquella refriega resultó malherido, muriendo días después.



Refiriéndose a este episodio, el Libro del Alcázar escrito por Juan Román de Cuenca a finales del siglo XV, dice que, al llegar los moros junto al Guadalete, “… asentaron su real cerca de Nuestra Señora que agora llaman de la Yna, y sentaron la tienda del infante en la cabeça que agora llaman del Real por aber sentado el infante Tuerto su tienda”. En similares términos lo expresa Gonzalo de Padilla a comienzos del XVII: “… la tienda del rey fue puesta en la cabeza de un cerro que llaman ahora del Real por ello, y las demás tiendas se armaron por los llanos del río Guadalete”. Martín de Roa apunta que el “Infante Moro… mandó poner su tienda en un cerro alto, que desde entonces por memoria se llama, La Cabeça del Real”. Rallón, que toma la historia de Gómez Salido, dice también que “el Infante Tuerto Picazo Abd-al Malik… puso su tienda en el cerro que por eso llaman Cabeza del Real”. Bartolomé Gutiérrez, precisa más el lugar: “… sentó este Príncipe moro su Real en un elevado cerro que hay del lado de acá del Río, junto donde hoy está el puente cuyo nombre del Cerro del Real se le ha quedado hasta hoy (16).

Pero si en la historiografía, en la toponimia y en el imaginario colectivo jerezano, los Cerros del Real (Lomopardo) quedan ya para siempre como el lugar de la gesta de Diego Fernández de Herrera, los hechos históricos no concuerdan con estas hazañas ya que Abū Mālik murió en las vegas de Pagana, cerca del río Barbate y Alcalá de los Gazules (17).

Junto a los Cerros del Real encontramos también en nuestra campiña otros topónimos curiosos como el de Canuto Real que da nombre a un arroyo que discurre por la Dehesa del Charco de los Hurones, tributario del arroyo del Astillero y que tal vez podría relacionarse, como este último, con la vinculación de estos montes a la Armada ya que, especialmente en el siglo XVIII, los veedores de la Marina seleccionaban en estos bosques los mejores ejemplares de quejigos para utilizar su madera en la construcción naval (18).



Más conocido es el topónimo de Campo Real, que está presente en distintos rincones de la campiña. Así, da nombre al Cortijo de Campo Real, situado entre Jédula y las mesas de Santiago, junto a la Cañada Real de Vicos y de las Mesas una de las más importantes del término. Las hazas de Campo Real, junto al cortijo de Mesas de Santiago, están directamente relacionadas con el anterior cortijo. Ambos están relacionados con el marquesado de Campo Real, título nobiliario creado a finales del s. XVII, vinculado en la actualidad a la familia Zurita. Con él también se relacionan en cuanto al origen de su nombre otras propiedades como la viña de Campo Real, junto a la del Aljibe, en el pago de Añina. En el cortijo de Montana, colindante con ella, existe también el haza de Campo Real.

De manera genérica, “Real” o “Realengo” aparece como adjetivo en muchos topónimos de nuestra campiña, para indicar que, en su origen, los caminos, cañadas, descansaderos y pozos, tenían esta consideración, y por extensión tenían el carácter de bienes de dominio público. Este es el caso de las Cañadas Reales y vías pecuarias que en nuestro término forman una extensa red cercana a los 500 km.

Ya fuera del término de Jerez, pero estrechamente relacionado con el en sus orígenes sobresale entre todos el topónimo de Puerto Real. El caso de la creación de Puerto Real obedece a los deseos de la corona castellana de contar con un puerto de realengo en el territorio de la bahía de Cádiz, donde los otros puertos existentes estaban en mano de distintos señoríos. La fundación de Puerto Real, aún a costa de la segregación de parte del término de Jerez, permitió a la corona contar con un puerto de mar que estuviese bajo su directa jurisdicción. Así, por real cédula de 18 de junio de 1483, dada en Córdoba, se crearía esta nueva población: “…por la presente, de nuestra sciencia e propio motu e poderío real absoluto, exhemimos e apartamos de la dicha cibdad de Xerez e de otra qualquier cibdad, villa o lugar, o persona que allí pretenda tener señorío e juridición, el dicho suelo e sitio de la Matagorda… e lo fazemos e constituimos térmno apartado e distinto e juridición por sí e sobre sí apartadamente”.

Separadas de este modo del alfoz jerezano, las tierras de esta nueva villa de Puerto Real limitarían al oeste con el Río de San Pedro, al este con Medina Sidonia, al sur con los términos de Chiclana y La Puente (actual San Fernando) y al norte con el de Jerez. El número de pobladores se fijó inicialmente en 200 vecinos, recibiendo terrenos para plantar árboles y viñas en el plazo de dos años.



Con todo, entre 1488 y 1543 la villa de Puerto Real pasó a estar bajo la jurisdicción de Jerez, quien tendría la potestad durante este periodo de confirmar a los cargos del concejo de la villa: alcaldes, regidores, alguaciles y procuradores. (19).

¡Que tengan ustedes buenos “reyes”!

Para saber más:
(1) Sobre la antigua Laguna del Rey cercana al Mojo puede verse: García Lázaro, A. y J.: Las lagunas “perdidas”: humedales en torno a Jerez (II), Diario de Jerez, 7 de febrero de 2016. También se menciona la Laguna del Rey en el documento Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948, Ayto. de Jerez. En relación a la Laguna del Rey que existió junto a la Ermita de Guía, Mariscal Trujillo, A.: Alrededor de Jerez, EJE Editorial, 2004, p. 20. El autor toma las referencias de Novoa P., Z.: Los Conventos Agustinianos de Jerez, C.E.H.J., Jerez, 1940.
(2) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta. Guía para la ruta cultural del acueducto romano de Tempul a Gades, Universidad de Cádiz, Consejería de agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, Fondo Europeo para el Desarrollo Regional, 2016, p. 81.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo: un sobreviviente de las luchas de frontera, Diario de Jerez, 20 de abril de 2014.
(4) Sobre este asunto pueden consultarse: López Fernández, M.: De Sevilla al Campo de Gibraltar. Los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho. Historia Instituciones y Documentos, 33, (2006), Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol. 2 y López Fernández, M.: El itinerario del ejército castellano para descercar Gibraltar en 1333. Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, nº 18, 2002. Pg. 185-208
(5) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(6) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero. - Año de 1904. Escala 1:25.000.
(7) González Gordon, M.M.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970, p. 219.
(8) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 77.
(9) Orellana González, C.: Registro cronológico de acuerdos capitulares de Jerez de la Frontera, 1409-1430, RHJ, 18 (2015) 83-156, pp. 111, 123
(10) “La cuestión de Medina Sidonia”, consulta realizada el 02/01/2018 en la web: http://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/amerilis/entreelcoran/Paginas/3coran.htm
(11) Puede consultarse a este respecto Ladero de Quesada, M.A.: Los Guzmán, señores de Sanlúcar en el siglo XIV, HID 36 (2009), p. 238 y 242 y Devis Márquez, F.: Mayorazgo y cambio político: estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos, Ed. Universidad de Cádiz, 1999, p. 25.
(12) Martín Gutiérrez, E.: Jerez de la Frontera a la luz de la información o probanza de 1505: interacción sociedad-medio ambiente, Norba. Revista de Historia, Vol. 25-26, 2012-2013, 227-246, p. 232
(13) Lagóstena Barrios, L. y Pérez Marrero, J.: Aqua Ducta…. Obra citada, p. 81.
(14) López-Cepero, Adolfo.: Plano… obra citada.
(15) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.
(16) Sobre la identificación de los Cerros del Real con el lugar donde el príncipe Abū Mālik, instaló su tienda existen numerosas referencias en la historiografía jerezana, entre otras: Abellán Pérez, J.: El Libro del Alcázar, EH Editores, 2012, p. 35; Gonzalo de Padilla.: Historia de Xerez de la Frontera (siglos XIII-XVI). Introducción, edición e índices de Juan Abellán Pérez, Agrija Ediciones, 2008, p. 41.; Martín de Roa (1617): “Santos Honorio, Eutichio, Eſtevan, Patronos de Xerez de la Frontera”. Edición Facsímil, Ed. Extramuros Edición S.L., 2007. Cap. VII, p. 24.; Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, Vol. II, p. 46. y Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p. 196.
(17) Manzano López, M.A.: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, C.S.I.C., 1992, p. 311.; Gran Crónica de Alfonso XI', edición a cargo de Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1977, vol. II, capítulo cclxii, pp. 275 y ss. En un reciente e interesante artículo, se ha expuesto sintéticamente las contradicciones históricas en torno a la figura de Diego Fernández de Herrera: Jiménez López de Eguileta, Javier E.: Diego Fernández de Herrera, ¿leyenda o realidad?, Diario de Jerez, 10 de octubre de 2016.
(18) Una relación de las principales especies maderables de nuestros montes, en las que tenía interés la Marina puede verse en los trabajos de J. Espelius (1760) “Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Prales. arboledas y extenciones, justicias, guardas q. los custodian, vecindarios, matriculads. y embarcacs., q. comprenn. la Prova. de Marina de Sn. Lucar de Barrameda según la inspecn. del año 1754, una de las que compon. la Yntena. Gl., d'Cadiz Execudo. cn. Rl. apron. pr. el Yngro. Extrio., D., S., M., Dn., Jph. Espelius.”, disponible en internet.
(19) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 164-166; Anarte Ávila, R., Cruz Beltrán, J.M. y Ruiz Gallardo, M.: Documentos Básicos para la Historia de Puerto Real, Colección Recursos didácticos, nº 1, Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, 1991, p 71


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Lagunas y humedales, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/01/2018

Las Salinas de Fortuna.
Un rincón desconocido de nuestra campiña.




A los maestros Francisco Giles y Santiago Valiente, desde la admiración por su trabajo.

Desde la antigüedad, la sal ha sido considerada como un elemento fundamental en la vida de los hombres y su extracción y disponibilidad ha condicionado, en buena medida, la disposición de asentamientos humanos y la ocupación de muchos de los rincones del territorio provincial. En el caso de la sal marina, está muy documentada y estudiada su utilización desde la antigüedad y especialmente en las factorías de salazones romanas de distintos puntos de la costa gaditana, siendo imprescindible para la elaboración de las conservas de pescado. Para todas las culturas la sal ha sido también indispensable como condimento culinario y como ingrediente en la conservación de muchos alimentos, además de como complemento en la producción ganadera, en ritos y ceremonias. A pesar de la relativa facilidad para la obtención de este producto en la zona por la proximidad de las salinas costeras, para los habitantes de los espacios serranos y campiñeses han sido de vital importancia las salinas de interior, ligadas a la presencia de manantiales salobres, presentes en muchos lugares de nuestro entorno cercano.

En otras ocasiones, en estas páginas de entornoajerez nos hemos ocupado de algunas de estas salinas, como Las Salinillas de Estella del Marqués, próximas al Arroyo Salado de Caulina o Las Salinillas del cortijo de Santo Domingo, junto a la carretera del Calvario.



Hoy vamos a visitar otras menos conocidas pero que han sido, tal vez, las de mayor interés de cuantas llegaron a explotarse en las cercanías de la ciudad: las antiguas Salinas de Fortuna, ubicadas junto al Arroyo Salado, en el paraje de Los Entrechuelos.

Conocidas también como Salinas de Doña Benita o de La Matanza, estuvieron en uso, según testimonios orales, hasta comienzos de la década de los cincuenta. Al tratarse de un enclave situado en fincas privadas, es preciso solicitar permiso para acceder a él y así, llegamos hasta este lugar desde el cortijo de La Matanza, a través de las pistas interiores del parque eólico Doña Benita-Cuéllar, que nos acercan hasta la Casa de la Matanza. Los 22 aerogeneradores del parque nos acompañarán por todos los rincones de estos parajes como auténticos colosos mecánicos, con rotores tripala de 88 m de diámetro. En otras ocasiones hemos accedido a las salinas desde Doña Benita La Alta en cuyas inmediaciones parte un camino que nos conduce también hasta la Casa de la Matanza. Desde aquí puede bajarse por la pista abierta en su día para la explotación de una antigua cantera –hoy sin actividad- hasta el mismo lecho del arroyo Salado.



El Salado: un arroyo singular.

Las antiguas salinas se encuentran, como se ha dicho, junto al Arroyo Salado, un cauce tributario del Guadalete al que se une en los Tajos del Infierno, entre El Cerro del Castillo de



Torrecera y el Peñón de La Batida. Pese a ser un riachuelo modesto y secundario, puede llegar a tener grandes crecidas que en épocas de lluvias intensas han llegado a cortar la carretera que une La Ina con Torrecera.

El Salado se forma por la unión de otros dos arroyos, el de Fuente Rey y el La Matanza, que drenan a su vez las tierras de los cortijos que les dan nombre. El de Fuente Rey se represa en un embalse aguas arriba de su unión con el de La Matanza. Ambos arroyos suman ya sus aguas en el cauce del Salado en los campos de La Matancilla, a los pies del cerro de la Sierrezuela (160 m). Desde este lugar, el arroyo se abre paso entre empinados cerros, por un rincón de la campiña conocido como Los Entrechuelos Altos. En su margen derecha destaca el Cerro de la Harina, un mogote cónico cubierto con una densa vegetación de monte bajo que con 116 m es el de mayor altitud de la zona. A la izquierda escoltan su cauce las Lomas del Cuartel y los cerros de Doña Benita la Alta, desde los que baja un modesto arroyo en cuya confluencia con el Salado se encuentran las salinas. Paralelo a este pequeño curso de agua discurría el antiguo Camino de Jerez a Paterna que, procedente de las cercanías de La Ermita de la Ina, llegaba hasta este lugar pasando por la Laguna del Rey (hoy desecada, en tierras de El Mojo) y por el cortijo de Doña Benita La Alta, para seguir después por Fuente de Rey y Las Piletas hasta Paterna. El trazado de esta vía de comunicación, ya en desuso, puede seguirse en el Plano Parcelario de A. López Cepero de 1904 (1).



Dejando atrás las salinas, el arroyo Salado discurre encajado entre los cerros de los Entrechuelos Bajos, recibiendo por la izquierda las aguas del arroyo de la Mimbre, que corre paralelo a la Cañada de la Cuesta del Infierno y, por la derecha, el de los Fosos, que cruza por las lomas de la finca de Torrecera donde es embalsado.



En su tramo final, el Salado forma una pequeña vega que cruza la carretera de Torrecera, a los pies del Cerro del Castillo, para unirse al Guadalete en los Tajos del Infierno.



Como ocurre en tantos otros rincones de las campiñas gaditanas, donde encontramos otros “arroyos salados”, el carácter salobre de sus aguas se debe a causas geológicas.



Los materiales que forman el sustrato de estos parajes y que están también presentes en los terrenos circundantes de estas pequeñas cuencas endorreicas, está integrado principalmente por yesos y margas de edad triásica, con alto contenido en sales que, al ser disueltas por las aguas superficiales, confieren “carácter salado” a las aguas de este arroyo (2).

Un poco de historia.

Aunque se desconoce su origen, existen motivos para pensar que son conocidas desde la antigüedad, al igual que sucede con otras salinas y salinillas de interior como las de Iptuci, Peña Arpada, Vicos o Gigonza. A falta de un estudio arqueológico que pueda aportar datos más precisos, en sus cercanías se han encontrado en superficie materiales que apuntan ya a la presencia romana en estos parajes: fragmentos de ánforas, tégulas y de otros recipientes cerámicos.

También existen noticias de su posible explotación en los siglos medievales. El profesor Juan Abellán recuerda la existencia en las cercanías de estas salinas de la alquería andalusí de Margalihud (3). De esta alquería ya tenemos constancia por Fray Esteban Rallón (mediados del s. XVII) quien sitúa en sus proximidades los enfrentamientos que los jerezanos tuvieron con los moros, en 1325 en las conocidas batallas de La Matanza y La Matancilla. Sobre ello escribe que “el sitio de La Matanza se llamó primero Margarihud; nombre arábigo, y después que fue de los cristianos se llamaba la aldea de Pedro Gallego” (4). Un siglo más tarde, el historiador Bartolomé Gutiérrez también menciona la menciona “llamábase este sitio que ocupaban los moros en su lengua arábiga Margarihud” (5).

El topónimo de esta alquería o alcaría de Margalihud apunta a que estaba situada "en lo que habría sido una propiedad de la comunidad hebraica xericiense, en los siglos XII-XIII. La voz Margalihud, es un compuesto de dos vocablos árabes: marŷ, "prado", y al-yahūd, "los judíos". El topónimo pues procedería de una hipotética qaryat marŷ al-yahūd, "alquería del prado de los judíos" (6)

El profesor Abellán ha estudiado cómo los deslindes realizados en 1435 en estos parajes permiten reconocer ciertos puntos de la geografía del entorno de esta alquería y así, "el aludido río Salado no es otro que el que recibe, antes de desembocar en el Guadalete, las aguas del arroyo de los Fosos; las mentadas salinas se corresponden con las que en la actualidad conocemos como Salinas de Doña Benita, y la Matanza, la actual cortijada del mismo nombre. En consecuencia, pensamos que el centro de la alquería hispano-musulmana de Margalihud debió situarse entre la Matanza y las Salinas” (7). Actualmente, el caserío de La Matanza está a menos de 1,5 km. del paraje de las Salinas,



siendo el punto que permite un mejor acceso a ellas, por lo que cabe pensar, siguiendo a este autor, que en los siglos medievales la alquería de Margalihud estuviera en un lugar aún más cercano, siendo muy factible el aprovechamiento por sus habitantes de la sal. A este enclave andalusí habría que sumar en las proximidades de las salinas al menos otros dos situados a unos 3 km: la alquería de al–Husayn, en el actual cortijo de Alhocén (8), y el Cerro del Castillo, donde se conservan los restos de la torre almohade de Torrecera.

Tras la conquista cristiana la salinas, pese a la despoblación de muchas alquerías, es probable que también fueran explotadas por la continuidad de la aldea de Margalihud con la denominación de Pedro Gallego. El profesor Emilio Martín apunta en este sentido, que en el Jerez medieval las fuentes documentales revelan la existencia de varias salinas de interior como las denominadas Salinas Mayores (en las proximidades de Torrox), Las Salinillas (en la dehesa de la Fuente del Suero), las de la Dehesa de Gigonza y las situadas en la Dehesa de La Matanza (9) “que se corresponden con la actual Salina de Fortuna” (10) denominadas en otras fuentes como de Doña Benita.

Pocos datos existen de estas salinas en los siglos posteriores. El Catastro de Ensenada (1755) no las menciona aunque se hace en él alusión a la figura del Administrador de Salinas de la ciudad (11). Un siglo después, ni el diccionario Madoz, ni el mapa provincial de Francisco Coello (1848), ni las Minutas Cartográficas o los Planos Catastrales de finales del XIX dan cuenta de ellas. Tampoco el Plano de Lechuga y Florido (1897) recoge referencia alguna a estas salinas aunque si señala las de la carretera del Calvario. Hay que pensar que durante el siglo XVIII y, especialmente el XIX, las salinas de la Bahía de Cádiz estaban ya en plena explotación y la sal pasó a ser un producto relativamente asequible en nuestra zona, por lo que muchas de las salinas de interior quedaron sólo para el pequeño consumo de los habitantes de los cortijos cercanos a ellas. Un dato de interés es el aportado por la Estadística Minera de España de 1896 donde se informa que la producción de sal en la provincia fue de 282.410 toneladas de las que 280.000 correspondieron a las salinas de la Bahía de Cádiz, y el resto a las de Sanlúcar. Con respecto a las de interior, tan sólo las salinas de Hortales constan en esta estadística con una producción simbólica, mencionándose en Jerez una única explotación La Salinilla (en el Cortijo de Santo Domingo, a la que ya hicimos alusión) que produce anualmente 3 toneladas, no haciéndose mención de las Salinas de Fortuna (12).



Habrá que esperar a 1904 para que el Plano Parcelario de López Cepero incluya la primera referencia a estas salinas que situa en el lecho mismo del Arroyo Salado, en un punto a la derecha del Camino de Jerez a Paterna y en los límites de las Dehesas de los Entrechuelos Bajos y Doña Benita la Alta. El Plano recoge también una construcción junto a las Salinas, que fue conocida como la “Casa del Salinero” y de la que todavía quedan los cimientos.

La primera edición del Mapa Topográfico Nacional de 1917 incluye por primera vez el nombre de Salinas de Fortuna, repitiéndose en la de 1918, con los cristalizadores ubicados en el margen derecho del Salado. Una referencia a estas salinas la encontramos también en 1940, cuando aún estaban activas, de la mano del geógrafo Juan Dantín. En su estudio sobre la aridez en España, ofrece casi los últimos datos sobre su funcionamiento. Al referirse a la pequeña Laguna de los Fosos, próxima a la carretera de El Pedroso a Paterna escribe que de ella “efiere el arroyo de los Fosos, no en todo tiempo fluente, pero que cuando corre vierte al arroyo Salado, en cuyo cauce se halla la Salina de Fortuna” (13). En la edición de 1968 de la hoja del MTN de Paterna (1062), aparecen con su antigua denominación de Salinas de Doña Benita, mientras que en la del año 2000 y siguientes se las denomina como Salinar de Fortuna.






El paraje de las salinas hoy.

De acuerdo a lo comentado, y con una larga historia detrás, creemos que el último episodio de la historia de estas salinas arranca a comienzos del siglo XX cuando se reflejan ya en la cartografía y cuando, tal vez se renuevan o construyen las balsas de evaporación o cristalizadores que existieron en la margen derecha el cauce del Salado, como reflejan los mapas.



Estas pequeñas balsas, que bien pudieron tener su origen en la antigüedad o en los siglos medievales, no se aprecian hoy en superficie pudiendo haber sido arrastradas por sus aguas o cubiertas por los sedimentos del arroyo, aunque en distintos lugares se adivinan lo que pudieran ser hiladas de piedras.

Lo que si han llegado hasta nuestros días son los restos de la denominada “Casa del salinero”, que vemos sobre una pequeña elevación en la margen izquierda del arroyo, en el lugar donde se le une un pequeño cauce que baja desde Doña Benita la Alta, paralelo al cual discurría el antiguo camino de Jerez a Paterna. Por testimonios orales de vecinos del Mojo, Baldío Gallardo, Torrecera y el cortijo de La Matanza sabemos que estuvo habitada hasta finales de los 40 o comienzos de los 50 del siglo pasado, fechas en las que aún se recogía sal que se guardaba en grandes tinajones. La sal era demandada por los cortijos cercanos y requerida por los ganaderos y pastores. Algunos arrieros de Paterna la distribuían también en el entorno de esta población.



En las proximidades de la casa, bajo un espolón rocoso, un manantial de aguas sulfurosas aporta un pequeño caudal al arroyo que en verano presenta una modesta corriente que alimenta las pozas que encontramos en su cauce.



En invierno, la lámina de agua del arroyo llega a inundar las riberas, escoltadas de tarajes, que en la zona de las salinas se llegan a ensanchar hasta 30 o 40 m. En verano, debido a la evaporación, todo este paraje presenta en las orillas del Salado un increible aspecto ya que se forma una fina capa de sal en las riberas, formándose un hermoso manto blanco que cubre las arenas, guijarros y rocas del cauce a lo largo de casi 300 m y que nos desvela la singularidad de este desconocido rincón de la campiña de Jerez.



Algo más alejado de la orilla, en la margen izquierda del arroyo, llama la atención del visitante un gran pino piñonero que según testimonios orales fue plantado en 1947, cuando se repoblaron también los cerros próximos a Torrecera. En sus cercanías se aprecián también lo que pudieron ser restos de otra construcción, a los pies del Cerro de la Harina, junto al camino de Paterna.



Salinas de Fortuna o de Doña Benita, un incrible paraje de nuestra campiña cargado de historia.

Para saber más:
(1) López-Cepero, A.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
(2) Gutiérrez Mas, J.M. et al.: Introducción a la Geología de la Provincia de Cádiz. Universidad de Cádiz. 1991
(3) Abellán, J.: Aproximación al espacio rural jerezano en la Edad Media: la alquería de Margalihud, Al-Andalus Magreb, 7 (1999) 13-20.
(4) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los Reyes que la dominaron desde su primera fundación. Ed. Ángel Marín y Emilio Martín. Cádiz: Universidad-Excmo. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, 1998, II, 31.
(5) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, t. I, p. 182. También se refiere a este lugar en las pp. 35 y 184, confirmando que existía unos años después de la batalla en 1330.
(6) Abellán, J.: Aproximación al espacio rural… p. 17.
(7) Ibídem, p. 19.
(8) Abellán, J.: Nuevos datos sobre la organización espacial del Jerez islámico: el pozo y la alquería de al-Husayn o Husayn, en Qurtuba. Estudios andalusíes, 5 (2000), 7-15
(9) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 92.
(10) Ibídem, p. 195. Otras referencias a estas salinas en las páginas 92 y 179. En esta última, con el nombre de Salinas de Doña Benita
(11) Orellana González, C.:El Catastro de Ensenada en Jerez de la Frontera”, Revista de Historia de Jerez nº 8, 2002, colección de monografías, nº 2. p. 38.
(12) Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio.: Estadística Minera de España correspondiente al año de 1896, Madrid, 1897, p.75.
(13) Dantín Cereceda, J.:La aridez y el endorreismo en España. El endorreismo bético” .Estudios Geográficos,año 1, nº 1, Octubre de 1940, pp. 75-117. Las referencias a las Salinas de Fortuna en p. 110


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas sobre Paisajes con historia, Las Salinillas de la carretera del Calvario. Un pequeño humedal salobre con curiosas sorpresas., Salinas con historia junto a Estella del Marqués.
Un paseo por Las Salinillas
y Lagunas y humedales "entornoajerez"...

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 2/07/2017

 
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