
Martiali L(uci) Corneli Pusionis ser(vo): “A Marcial, siervo de Lucio Cornelio Pusíón”. Este sencillo epitafio inscrito en una pequeña lápida funeraria de 13 X 15 cm., hallada junto a un grupo de tumbas romanas en los cerros de El Tesorillo, en las proximidades de El Portal, es todo cuanto conocemos de Marcial, un romano que vivió hace dos mil años y llevándose su
condición de siervo hasta la sepultura (1). Desconocemos cuando murió, pero a juzgar por el tipo de ánforas que se encontraron en el lugar, debió vivir entre los siglos I y II de nuestra era. Tampoco sabemos a ciencia cierta cual era su trabajo, pero existen muchas posibilidades de que, por el contexto donde fue hallada su lápida junto a otras muchas tumbas rodeadas de una gran cantidad de fragmentos de cerámica romana, Marcial fuese alfarero y que el alfar donde debió trabajar toda su vida pudiera ser una de las propiedades de Lucio Cornelio Pusión, (L. Cornelius Pusio Annius Mesalla) un acaudalado gaditano emparentado con los Balbo (2). Dejando a un lado estas licencias especulativas, les proponemos hoy un viaje en el tiempo. De la mano de este personaje que vivió veinte siglos atrás, queremos acercarnos a un rincón de la
Pequeña historia de un hallazgo arqueológico.
Como muchos hallazgos, el de la inscripción funeraria a la que nos referimos fue también casual. En 1897 la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete obtuvo del Gobierno de la nación una concesión para poner en regadío con las
aguas del río unas dos mil hectáreas, destinadas al cultivo de la remolacha. Para su molturación se construyó en El Portal una fábrica azucarera de la que aún se mantienen en pié sus muros. Colindantes con esas tierras, en los cerros de El Palmar del Conde, Las Calandrias y El Tesorillo, la Sociedad puso en explotación unas canteras de arena, grava, yeso y, en menor medida, piedra, materiales destinados a las obras de los canales de riego que aún podemos ver en los llanos de Las Quinientas y
Las Pachecas. Y es en este lugar, en las canteras, donde en 1901 se producen los hallazgos.Sabemos de ellos y de la importancia que tuvieron por las cartas e informes (4) que se cruzaron tras su descubrimiento D. Victorio Molina, correspondiente de la Real Academia de la Historia en Cádiz y D. Fidel Fita y Colomer, sacerdote jesuita, arqueólogo y epigrafista, quien algunos años
después sustituiría a Menéndez Pidal como Director de la Real Academia de la Historia y quien publicaría en el Boletín de dicha institución estos hallazgos (5). Según relata Fita, los numerosos restos cerámicos así como tumbas romanas hallados en El Tesorillo, junto a El Portal, pondrían en la pista de la localización de algunos de los enclaves cuyos nombres aparecían en los restos de ánforas del Monte Testaccio y que seguían sin localización cierta. Algunas de las marcas estampilladas (…“Portense, at Portus, Port(u), Por(tu), Porto Lucidí, Porto populi…) podían corresponder, según Fita, “…al Portus Gaditanus, que abarcaría todo el trayecto del río
que va desde El Portal al Puerto de Santa María” . Los hallazgos arqueológicos de la cantera de El Tesorillo podían ayudar a confirmar esta hipótesis. Dejemos que nos lo cuente: “La resolución del problema geográfico ha dado, un paso más con los notables descubrimientos verificados cerca del Portal por el Dr. D. Victorio Molina, muy benemérito de la Academia. «A corta distancia del Portal, me dice, sobre un ribazo á la margen izquierda, hay una loma, denominada La Cantera, compuesta de sedimentos de arena y chinas alisadas por la acción de las aguas, que sirvieron primitivamente de cauce o margen á un brazo del río, como las bifurcaciones y marismas, que aún subsisten antes de su desembocadura. La formación geológica del terreno queda visible por las excavaciones que la, Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete actualmente practica para el aprovechamiento de sílice y grava. Cubierta la ribera
por sucesivas capas de tierra, sobre éstas se fijaron muchas sepulturas romanas que han aparecido, una de ellas epigráfica del primer siglo, que fueron cegadas á su vez por el recrecimiento del piso actual. Dichas sepulturas, unas treinta, que se han deshecho, estaban formadas de lajas de piedra caliza, de varias clases, procedentes de las canteras que aún se explotan en la próxima sierra de San Cristóbal. La inhumación de los cadáveres se hacía de esta manera: aseguraban las piedras hundidas en la tierra, y marcando un hexágono, cuyos lados mayores correspondían á las líneas de los hombros á los pies, depositaban el difunto sobre el suelo, acompañado siempre de un vaso o jarra funeraria; lo cubrían con una tonga de tierra cernida, y cerraban luego en plano la sepultura con varias lajas. En una de estas cubiertas se halló el mármol epigráfico cuya impronta le envío, y que guarda en su poder D. Antonio Bustillo, empleado de la Sociedad explotadora… Colindante de dicha loma, sita en el cortijo de Barja,... es el Tesorillo, ó grupo de cerros abundantísimos de arcilla, desde cuyos oteros
se divisa la ciudad de Jerez y el famoso castillo de Cidueña. Algunos canales abiertos para la distribución de aguas en la cañada realenga del Tesorillo han dejado al descubierto en una larga extensión innumerables trozos de cerámica romana. Los taludes de las zanjas están materialmente empedrados de bocas, asas, puntas inferiores de ánforas, tejas planas de reborde, ladrillos rojos, amarillos, verdosos, que prometen abundante cosecha de valiosos objetos arqueológicos
para el día en que allí se hagan profundas é inteligentes excavaciones». Hasta aquí el Sr. Molina.(5)En El Tesorillo y las antiguas canteras.
Hoy en día, aún se presiente la importancia que debió tener este enclave, cuando procedentes de El Portal cruzamos el río por el puente de La Herradura y vemos frente a nosotros los cerros de El Palmar del Conde y El Tesorillo, (junto a una subestación eléctrica), situados estratégicamente en las orillas del antiguo estuario del Guadalete. Junto a la entrada del Cortijo de El Tesorillo, en los taludes de la cuneta de la
Tras estudiar los informes del presbítero D. Victorio Molina, Fidel Fita escribirá a Jorge Bonsor, arqueólogo de renombre, de origen inglés pero residente en Carmona, considerado una de las máximas autoridades en materia de epigrafía y arqueología en la España del cambio de siglo. Bonsor había realizado importantes
excavaciones en el famoso Monte Testaccio de Roma donde había identificado buena parte de los sellos alfareros de la Bética, razón por la cual el padre Fita le informó del hallazgo de este importante alfar de El Portal. Bonsor, por su parte, remitió este artículo al profesor alemán Heinrich Dressel, máxima autoridad mundial en la materia.(6) El célebre arqueólogo Bonsor y los hallazgos de El Tesorillo.
En la obra de Jorge Bonsor “Correspondencia general (1886-1930)” se recoge el texto de la carta de Fidel Fita (Carta 59 de 24 de julio 1901) (4) en la que le informa “sobre los restos de las alfarería de Lacca que forman un pequeño monte testáceo cerca del desembarcadero del Guadalete, llamado por otro nombre el Portal, entre Jerez y el Puerto de Santa María. Los árabes, como V. sabe, denominaron el Guadalete Guad-al-Lacca, o río de Lacca. Hasta el Portal sobredicho, las faluchas que cruzan la bahía de Cádiz y remontan el Guadalete llevan

mercancías de mar, y desde allí exportan las de tierra. Es, tal vez, el verdadero Portus Gaditanus; porque en él, mejor que en el Puerto de Santa María se cumplen las 24 millas
romanas que hasta Cádiz señalan los itinerarios antiguos”. Fita describe a Bonsor lo expuesto en el informe de Victorio Molina informándole de las sepulturas halladas y los innumerables fragmentos cerámicos, que han salido a la luz con las obras de un canal de riego, procedentes de lo que sin duda fue una importante estación de producción alfarera en los que, pese a su estudio concienzudo, no encontrará “un solo casco con inscripción o marca
de fábrica”.En la carta se afirma que en El Tesorillo hubo “una fabricación de cerámica, ánforas especialmente, destinadas a envasar el vino procedente de esta región de la Bética. El camino de la alfarería está bien marcado. Con los residuos de horno se ven despojos inútiles, que acusan claramente la fabricación, de los que guardo un trozo de ladrillo con las huellas de
los dedos, un tiesto con una pella de barro, y un grupo curiosísimo donde están revueltos y pegados en fresco parte del tubo inferior del ánfora, con otros fragmentos y pegotes de arcilla. En la elaboración, que debió ser abundantísima, se emplearía gran número de siervos... Una cantera próxima lleva el nombre de La Mina. Entre las sepulturas se ha encontrado el epitafio del primer siglo, dedicado a la memoria de Marcial, siervo de Lucio Cornelio Pusión. Este fue quizá dueño de la alfarería”. Termina Fita su carta confesando a Bonsor, a quien intenta convencer de la necesidad de llevar a cabo una excavación en la zona que “… conceptúo que por debajo del Tesorillo o de su alrededor se ocultan inestimables tesoros arqueológicos, que V. con poco gasto puede revelar a la docta Europa”. (4)Un siglo después los “tesoros” del Tesorillo, a los que aludía D. Fidel Fita apenas han sido descubiertos y a buen seguro en las laderas de Barja y Bolaños aguardan aún importantes vestigios que, como apuntaba el célebre historiador, esperan ser revelados. Pese a que muchos materiales desaparecieron para siempre con la explotación de la citada cantera, todavía se aprecia en los taludes de El Tesorillo la evidencia de que aquí existió un importante alfar en el que, junto a los restos de ánforas (7), ladrillos y tejas, se encontró la sencilla lápida funeraria del siervo Marcial, el alfarero.
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Para saber más:
(1) González, Julián: Inscripciones romanas de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz, 1982, p. 281.
(2) López Amador, .J. y Pérez Fernández, E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín, 2013, Pg 35-36.
(3) López Amador, .J. y Pérez Fernández, E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín, 2013, Pg 94
(4) Especialmente la carta 59 de 24 de julio de 1901, que puede consultarse en Maier Allende, Jorge: Epistolario de Jorge Bonsor (1886-1930). Madrid, Real Academia de la Historia ,1999, pp 46-47.
(5) Fita y Colomer, F.: “El Portal del Guadalete. Nueva inscripción romana”. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 39, 1901, pp 306-308.
(6) Maier Allende, Jorge: Jorge Bonsor (1855-1930) : un académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y la Arqueología española. Madrid Real Academia de la Historia, 1999. Pg 94.
(7) Lagostena Barrios, Lázaro: Alfarería romana en la Bahía de Cádiz. Universidad de Cádiz, 1996, pp. 64-65.
Nota: El mapa del estuario del Guadalete ha sido tomado de Pemán, Cesar: "Alfares y embarcaderos romanos en la provincia de Cádiz" , AEArq. XXXII (1959). La fotografía de la lápida funeraria ha sido tomada de Romero de Torres, Enrique: Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz. 1908, Tomo VIII. Manuscrito con fotografías.
(1) González, Julián: Inscripciones romanas de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz, 1982, p. 281.
(2) López Amador, .J. y Pérez Fernández, E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín, 2013, Pg 35-36.
(3) López Amador, .J. y Pérez Fernández, E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín, 2013, Pg 94
(4) Especialmente la carta 59 de 24 de julio de 1901, que puede consultarse en Maier Allende, Jorge: Epistolario de Jorge Bonsor (1886-1930). Madrid, Real Academia de la Historia ,1999, pp 46-47.
(5) Fita y Colomer, F.: “El Portal del Guadalete. Nueva inscripción romana”. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 39, 1901, pp 306-308.
(6) Maier Allende, Jorge: Jorge Bonsor (1855-1930) : un académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y la Arqueología española. Madrid Real Academia de la Historia, 1999. Pg 94.
(7) Lagostena Barrios, Lázaro: Alfarería romana en la Bahía de Cádiz. Universidad de Cádiz, 1996, pp. 64-65.
Nota: El mapa del estuario del Guadalete ha sido tomado de Pemán, Cesar: "Alfares y embarcaderos romanos en la provincia de Cádiz" , AEArq. XXXII (1959). La fotografía de la lápida funeraria ha sido tomada de Romero de Torres, Enrique: Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz. 1908, Tomo VIII. Manuscrito con fotografías.
Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.
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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 8/02/2014

que hacia 142 d.C. -fecha de la inscripción– su hijo o nieto alcanza el rango consular. Es importante observar como en este currículo político Senecio ha pasado por numerosos cargos desde el ámbito local, como sacerdote del Templo de Hércules Gaditano, a cargos que se vinculan directamente con la Urbs –cuestor urbano y tribuno de las plebe- para luego acceder al consulado y terminar su carrera como procónsul en Bitinia (C. Castillo, 1965).
determinante para los negocios de estas familias dedicadas al tráfico de mercancías agrícolas. Algo que no es descabellado si tenemos en cuenta el alcance de los Cornelios Balbo y de sus ramificaciones en la política de época altoimperial (F.J. Lomas, 1991).
comunicaba sin duda los estuarios del Guadalquivir (Lacus Ligustinus) con la actual Bahía de Cádiz y el Guadalete (Sinus Tartesius), habiendo sido planteado ya desde hace algunos años (G. Chic, 1981) y también recientemente (A. Cuadrado, 2012), si bien sospecho que se desarrolló a partir de una comunicación de marisma natural en la que la ingeniería hidráulica romana puso el resto, pues recordando la cita de Estrabón, los canales han sido abiertos. Aceptemos que el más importante de ellos unía Mesas de Asta con el arroyo La Zarpa y su prolongación por el arroyo Salado o Badalac para alcanzar los Llanos de Caulina y el Guadalete –pues está bien estudiado- llegando precisamente a este punto en La Cartuja, que es donde nuestro Viajero accedía al Ager Ceretanus.
Dejaba, pues, a su izquierda, hacia Poniente, un entramado de canalizaciones que le llevarían si fuera necesario hacia la vieja colonia de Hasta. Pero decidió continuar por el interior, subiendo los Llanos de Caulina, y viendo como a medida que se alejaba de la costa encontraba un paisaje de villas en el cual, quizás por entonces, los ingenieros romanos planificaban el desarrollo de la Vía Augusta y de sus calzadas anexas y de vez en cuando un curator Víarum supervisaba las obras y el mantenimiento de las mismas. Podemos pensar de que esto fue así hasta al menos el año 143 d.C, pues las noticias de las reparaciones de calzadas que conocemos por otros miliarios de Hispania nos remiten sobre todo a la dinastía antoniniana (Trajano, Adriano, Antonino Pío) como una época de especial atención en la restauración de la vieja Vía Augusta (la de los Vasos de Vicarello), y a caballo entre ésta y la calzada que, ya en época tardía, nos describe el Itinerario de Antonino y el Anónimo de Rávena.
En el centro del Ager Ceretanus el Viajero se encontraría con una encrucijada de caminos,como sucedía en el Ager Tusculanus, solo que en este caso descongestionaban la entrada o salida de Gades, convirtiéndose entonces en parte de una verdadera área suburbana, como parece querer indicarnos Estrabón cuando dice que muchos de los gaditanos viven en tierra frontera (Str. III, 5, 3). Eso si, aun no se deja ver el proceso de concentración de propiedades de los potentados gaditanos en el interior, (A. Padilla 1990), que parece ser algo posterior a la época de Augusto, cuando escribe Estrabón
En este centro del Ager Ceretanus podemos atestiguar la aparición de monedas de Ceret y la presencia de villas suntuarias como fue la de Cortijo de La Jara (J.G. Gorges, 1979) de donde procede una herculanense datada en siglo II d.C que nos revela el modo de vida de uno de estos grandes propietarios gaditanos de la época. Lástima que no se haya registrado una secuencia estratigráfica completa que permitiese asegurar la existencia, probable, de esta villa a mediados del siglo I d.C. Pero al menos podemos decir que es factible que esta villa actuase como estación del entramado Víario de la Vía Augusta, precisamente porque desde ella es fácil el acceso tanto al Camino de Romanina (para aproximarse más hacia los complejos de alfares de los esteros) como al Camino de Espera (que se orienta más hacia el interior, hacia Torres Alocaz-Ugia).
Esta población agraria turdetana debió de asentarse, necesariamente, en donde ya estaba desde antes de la llegada de los romanos: en la base de la Sierra de Gibalbín, entre ésta y las marismas de El Cuervo (R. González et alii, 1991). Eso si, afectada por los efectos de las colonizaciones en Hasta Regia, Nabrissa o Carissa Aurelia y por la expansión de la gran propiedad gaditana en el Ager Ceretanus.
Nos quedan aun, en lo que al trazado Víario se refiere, otras dos cuestiones. El acceso a Mesas de Asta y el paso de la Sierra de Gibalbín. Respecto al primero, hemos visto las posibilidades que daban los canales, pero ahora podemos ver otra más. Sin que esto ponga en cuestión las tesis de P. Sillieres podemos pensar que, de nuevo, la situación de La Torre como nexo de comunicaciones es factible. Terminado el Camino de Romanina, el Viajero que venía del sur, como nuestro gaditano, podía orientarse hacia los esteros de Nabrissa (Marismas del Cuervo) o hacia Gibalbín, utilizando en ambos casos la Cañada de Gibalbín o Cañada de Casinas . En el primer caso, siguiendo los restos de las villas descritas, podría alcanzar los esteros para conexionar con la vía litoral de P. Sillieres a la altura de El Cuervo. Luego, hacia el sur, el paso hasta la vieja colonia pudo hacerse desde Espartinas (nº 22) o a través del fondeadero de El Muelle (nº 23). Un yacimiento, este último, que nos sugiere un puente de barcas, más en consonancia con el paisaje de humedales de la zona, y en el cual se levantaba otro fundus, en Espartinas, quizás propiedad de los conocidos Baebios de Hasta, o puede que de los Baebios de Gades
El desarrollo de este modelo de ager traído de Italia se explica también porque el Ager Ceretanus abastece de mercancías para ser exportadas a Roma, y porque personas como los Balbo o la familia de Columela, los propietarios de estas tierras, ejercieron cargos políticos en Roma y vivieron muy vinculados a la Urbs, y que, conociendo plenamente estas formas de vida de la aristocracia romana, las imitaron en Hispania: tendríamos que encontrar, eso si, más restos de villas residenciales que nos explicasen, por ejemplo, cómo era esta “tusculana”de Columela.
tiempo, y llegada la pacificación de Hispania con Augusto, este castrum cesa como centro militar, pues ya no es necesario.
potentados gaditanos, quizás algunas “tusculanas” de recreo, otras sencillos centros de producción. Y quizás pudiese ver a su paso las ruinas del viejo castrum y/o un oppidum turdetano.
Lascuta, por ejemplo, termina de emitir hacia 90 a.C y no por ello desaparece. Además, todas las ciudades de Hispania dejaron de acuñar en tiempos de Claudio, cuando Columela escribía su De Re Rustica, como vimos. Algo que además ya estaba presente en el pensamiento de Augusto, pues el control de la circulación del numerario desde Roma era algo vital en la nueva economía mercantil abierta en el Imperio, y de la que se benefició precisamente esta nueva clase mercantil y terrateniente que adquiría las tierras del Ager Ceretanus como de otros puntos de Hispania. Los hallazgos numismáticos en Nueva Jarilla o en Gibalbín son indicadores precisos de dónde debe ubicarse la ceca, independientemente de cuanto duraron sus emisiones. Y- al menos es lo que yo pienso - mucho más fiables que la moneda que hacia 1.763 se dice que apareció en la Plaza del Mercado de Jerez.
romanizado, como ya se advertía en el siglo XIX, si no antes (F. Fita, 1896). Este tipo de asentamiento, que pudo ejercer también las funciones de castrum, como sucedía en el Ager Tusculanus, no se detecta en otros puntos del Ager Ceretanus (aunque se me pueda criticar que eso no justifica el que no existan otros que no se han encontrado).
A partir de los cálculos que he efectuado (J. Montero, 2000), las coordenadas que corresponderían a Oleastrum deben situarse en un paralelo entre Ugia (37º 10´ - 7º 00´) y la colonia de Hasta (37º 00´ - 6º 00´). Nabrissa, además, presenta 6º 30´ de longitud, y Carissa los 7º 30´; por tanto en la Sierra de Gibalbín las longitudes alcanzan aproximadamente los 7º 15´. Las coordenadas ptolemaicas 37º 05´- 7º 15´ (que en Ptol. II, 4, 10 se dan para Baesippo) podrían ser las de Oleastrum.
Fuera del Ager Ceretanus encontramos, además, la respuesta de por qué las fuentes ya no citan Ceret, que efectivamente sigue existiendo en este entramado de vías de comunicación que dependían de la Vía Augusta”
Ceret tampoco era una colonia (como Hasta, Nabrissa, Asido o Carissa) ni en principio un municipio (como Gades u Occuri), y por tanto su régimen de propiedad de las tierras no estaba en manos de los turdetanos. Así, queda patente que son estas tierras ceretanas las primeras que se adquirieron por parte de los potentados gaditanos. Columela nos lo recuerda (D.r.r. 3,3,3) :”La producción –de vino- es prodigiosa en nuestros (campos) Ceretanos “(in nostris Ceretanis). Y los campos –en manos privadas- hicieron olvidar el papel administrativo de la ciudad, quizás ya en tiempos del Edicto de Latinidad de Vespasiano, hacia 75 d.C.
, donde se encuentra el antiguo oppidum y el punto principal de control de rutas: los caminos de la Vía Augusta en torno a Ceret. Pues desde allí pueden verse los trazados de la vía litoral y de la vía interior y las calzadas que permitirían, desde su base, la comunicación entre ambas a lo largo de un paisaje de fundi y villas. El modelo del Ager Tusculanus que, con la experiencia de la colonización del Lacio, los romanos aplicaron en algunos puntos de Hispania y del imperio (con toda la prudencia con la que debe hacerse esta afirmación), y que adquiere todo su significado dentro de este proceso, como una unidad administrativa y de producción, orientada al desarrollo de una economía de exportaciones centrada en este caso en torno al gran puerto de Gades. Así se explican que los tres elementos citados (el castrum, las villas y la calzada oficial, con su red de caminos secundarios) deban estar necesariamente vinculados.
que, como vimos, hizo una impresionante carrera en Roma representando los intereses de las aristocracias gaditanas aun en el siglo II d.C, justo antes del declive de la ciudad. O quizás solamente fuera un administrador que iba recogiendo rutinariamente datos para la annona…. Tal vez, una vez en Roma, entregó aquellos vasos para dar gracias a los dioses por el buen resultado de una empresa (seguramente marítima, pues para el transporte de mercancías era más rápida) o por haber alcanzado un cargo público notorio como el de curator Víarum….¿y quién lo sabe? Pero su descanso en las termas de Aquae Apollinares, no sabemos cuántas semanas o meses después, era bien merecido.













































