Mostrando entradas con la etiqueta Albadalejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albadalejo. Mostrar todas las entradas

El Salado: algo más que un arroyo (1).
Un recorrido por los paisajes y la historia del arroyo Salado de Caulina.




En diferentes ocasiones, hemos traído a estas páginas en las que compartimos con los lectores nuestros recorridos por los paisajes y la historia en torno a Jerez, algunos artículos dedicados a los cursos fluviales más importantes que discurren por nuestro término, con especial incidencia -como no podía ser de otro modo- en el Guadalete y el Majaceite.

Poco a poco, sin embargo, nos iremos ocupando también de otros cursos menores (Guadajabaque, Mata Rocines, Buitrago, Salado de Paterna…) que por su cercanía a la ciudad, por su vinculación a nuestros paisajes y a nuestra historia guardan no pocos aspectos de interés. Hoy vamos a fijar nuestra atención en uno de ellos, el Arroyo Salado. ¿Nos acompañan?

El Salado: algo más que un arroyo.

Junto a nuestros dos ríos principales, el Salado, denominado comúnmente como arroyo Salado de Caulina, es el más citado en las fuentes documentales antiguas y el más estrechamente relacionado con distintos episodios de nuestra historia. Este curso fluvial, ha sido conocido también con los nombres de Badalejo, Badalac, Badalae, Salado de Cuenca, Albadalejo… figurando con todos ellos en distintas páginas de la historiografía tradicional jerezana y en los planos y mapas de los últimos tres siglos (1).

El Salado drena un amplio territorio situado al noreste de la ciudad de Jerez, comprendido entre la sierra de Gibalbín, los Llanos de Caulina y la margen derecha del Guadalete. La extensión aproximada de su cuenca es de unas 23.000 hectáreas (2) mientras que la longitud de su curso principal, es de unos 13,5 km, contados a partir del puente del Rizo, poco antes de su entrada en los Llanos de Caulina, donde su cauce se amplia y su corriente se torna ya permanente. A esta longitud habría que sumar otros 10 km, que es la que le aportan algunos de los arroyos tributarios de su cabecera.

Se forma el Salado por la confluencia de una amplia red de cursos menores que avenan este extenso rincón de la campiña. Así, en las cercanías de Las Mesas de Santiago se unen los arroyos (del Palomar, de la Silla, de La Plata…) que bajan de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur y que arraciman sus aguas en el arroyo de Santiago.

En las proximidades de los cortijos de Jarilla y Jareta se suman a este curso otros pequeños arroyos como los de El Chivo, Montecorto y Arroyodulce. De la importancia de los aportes de esta pequeña cuenca dan idea los desbordamientos que, en los últimos años, inundaron (y destruyeron) algunos tramos de la carretera de Torre de Melgarejo a Gibalbín, en la zona de Majarazotán.



Las imágenes que tomamos en octubre de 2008 muestran la fuerza de las avenidas de este arroyo a la altura del puente de la traza del ferrocarril de la Sierra, junto a la que fuera antigua estación de El Rizo.

Por los Llanos de Caulina, Morla y El Mayorazgo.

A partir del cortijo del Algarrobillo (próximo a la barriada rural de La Inmaculada, junto a Torremelgarejo) y ya con el nombre de Arroyo Salado, se adentra en los Llanos de Caulina cuyas tierras improductivas en las que crecían extensos palmares y juncales, fueron transformadas en tierras de regadío en la segunda década del siglo pasado.

Fue entonces cuando se realizaron obras de drenaje y canalización para evitar los encharcamientos e inundaciones, “domesticando” el curso del río que vio profundamente alterado su cauce histórico, realizándose también en muchos lugares grandes obras de nivelación de terrenos para favorecer el riego. Como pueden verse en las imágenes aéreas del conocido “Vuelo Americano de 1956” se enderezaron buena parte de sus tornos perdiendo su trazado meandriforme a favor de tramos más rectilíneos. En algunos sectores, se construyó un nuevo cauce protegiendo sus riberas artificiales con grandes muros para frenar la erosión.

Desde el Algarrobillo, cruza el Salado por entre las tierras de Morla y las de El Mayorazgo que fueron habilitadas para el cultivo por el I.N.C. y repartidas estas últimas entre pequeños agricultores hace más de sesenta años.

Llegamos a este diseminado por un desvío a la izquierda de la carretera que une Torremelgarejo y Gibalbín, adentrándonos por un paisaje de cultivos agrícolas entre las viviendas de los antiguos colonos que, a diferencia de en otros núcleos rurales, fueron aquí construidas de manera aislada, en las parcelas.

Desviándonos por los carriles que se trazan en los Llanos podemos seguir el curso del Salado que mantiene un mínimo caudal hasta en los meses más secos al recoger los excedentes de riego de las parcelas por los canales de drenaje.

Un camino de servicio que corre paralelo junto a la autopista A-4, nos ha llevado hasta las proximidades del cortijo Las Pitas. En sus proximidades cruzan el Salado los puentes de la autovía de Arcos, atravesando el río la dehesa de Sepúlveda donde antes de las intervenciones del INC se encontraba la laguna de Torres o de Sepúlveda, que se desecó.



Poco antes de llegar a Estella del Marqués se le une el conocido Arroyo del Rano o del Cuadrejón que viene desde las tierras de Romanina y de La Torre de Pedro Díaz, bajando de las faldas de la sierra de Gibalbín, después de haber pasado por las cercanías del cortijo de El Trobal y de Nueva Jarilla.

Este pequeño pero importante tributario canaliza las escorrentías del sector occidental de los Llanos de Caulina y es, con sus 13 km de largo, el principal afluente del Salado, drenando una cuenca de casi 6.000 hectáreas. Este arroyo, recoge las aguas de la Ciudad del Transporte, y las Dehesas de Siles y de las Carreras, entre otros sectores de la campiña (3).

Por Estella del Marqués y los Llanos de la Catalana.



El Salado llega así a las tierras donde se asentó el antiguo descansadero de Albadalejo, auténtico cruce de caminos del Jerez rural, donde en 1956 se levantó el poblado de colonización de Estella del Marqués. Al llegar a esta población, junto a la conocida Venta Las Cuevas, cruza nuestro arroyo bajo los arcos del puente de la carretera de Cortes, en un lugar donde existieron ya dos antiguas alcantarillas en el siglo XVIII (4). Esta zona se ha visto inundado en no pocas ocasiones por las furiosas crecidas del arroyo cuyas aguas han llegado a cortar también la autopista Sevilla-Cádiz en momentos de grandes desbordamientos, como los de febrero de 2010, que se muestran en las fotografías de J.J. Cabrera Bueno que acompañan este artículo y en los que quedó aislada Estella (5).



Aguas abajo de esta población, el Salado discurre ahora por los Llanos de la Catalana, dejando a su derecha a la autopista A-4. Aunque aquí presenta un tramo recto, antaño su curso se acercaba hasta el paraje de Las Salinillas, un curioso humedal salobre del que nos ocupamos en otra ocasión (6). En este lugar atraviesan el cauce del arroyo las conducciones del acueducto de Tempul y del acueducto de los Hurones. El primero trae desde 1869 las aguas del manantial de Tempul hasta los depósitos del Parque Zoológico, el segundo, nos muestra aquí su gran tubería de hormigón que desde la década de los 50 del siglo pasado abastece a la Zona Gaditana desde el pantano de los Hurones, transportando sus aguas hasta los depósitos reguladores de San Cristóbal. Poco más adelante, recibe por la derecha a uno de sus tributarios más urbanos, el arroyo de la Canaleja, que recoge buena parte de las aguas pluviales del casco urbano de Jerez canalizadas por colectores hasta la conocida urbanización Zafer.

Siguiendo su curso, a los pies de los cerros de Montealegre el Salado es cruzado por un nuevo puente de la autopista A-4, bajo cuyas vigas llaman la atención los curiosos nidos de la golondrina dáurica. En este rincón, aún pueden verse en sus riberas algunos fresnos, árboles que junto a los álamos y tarajes debieron formar sus galerías vegetales antes de que las obras de canalización de la década de los cincuenta del siglo pasado alteraran considerablemente su trazado.

Si por los Llanos de Caulina el valle del Salado mostraba una anchura que, en algunos puntos, era superior a los 5 km, en La Catalana esta distancia se va reduciendo drásticamente estrechándose entre los cortados del pago de Montealegre a su derecha y los cerros de Lomopardo a la izquierda, separados ambos por apenas 400 m, distancia que se reduce a la mitad conforme nos acercamos a La Cartuja. En estos parajes estuvieron ubicados, siglos atrás, la molineta de La Catalana y el antiguo molino de La Cartuja.

Dos nuevos puentes cruzan ahora aquí cauce: el nuevo que conduce a la autovía de Los Barrios y el de la antigua carretera de Medina, que pasa junto a Viveros Olmedo. Desde este último aún pueden verse, aguas abajo, los estribos de las primeras alcantarillas que cruzaban el salado en los siglos medievales (7). Apenas 400 m separan este lugar de su desembocadura en el Guadalete, al que se une en su orilla derecha en un hermoso rincón situado 400 m aguas abajo del puente de Cartuja, a cota 6 m.s.n.m.

El Salado y las inundaciones.

Sin embargo, este rincón de la campiña, donde confluyen el salado y el Guadalete, no siempre ha sido tal como lo vemos en la actualidad ya que en los últimos años ha sufrido grandes transformaciones, en este caso para bien.



Como ya se ha apuntado, cuando después de unos días de fuertes lluvias en la campiña se producen episodios de avenida, el Salado puede llegar a transportar un enorme caudal al tener que dar salida a las escorrentías de su amplia cuenca de recepción.

A diferencia de la del Guadalete, regulada por distintos embalses que pueden amortiguar los efectos de las >avenidas, la del Salado ha de ser desaguadas a través del río principal, sin otro recurso que la laminación de sus caudales en su llanura de inundación, los Llanos de Caulina, que se transforman en estos momentos críticos en una inmensa laguna. El estrechamiento del valle, que se produce entre los cerros de Montealegre y Lomopardo, próximo ya el punto de confluencia con el Guadalete, el aterramiento de su cauce y la densa vegetación que crecía en las orillas del tramo final del arroyo disminuyendo su sección, habían convertido este punto en un auténtico “cuello de botella” con nefastas consecuencias en los momentos de grandes crecidas.

La fuerte corriente del Guadalete suele producir en estos casos un “efecto tapón” sobre la del Salado, que se incorpora en dirección casi perpendicular a la del río principal, con lo que se dificulta enormemente su rápida evacuación. Se producen entonces grandes retenciones que impiden el desalojo de la gran lámina de agua transportada por el arroyo. Ésta, se extiende curso arriba hasta las cercanías de Estella del Marqués, formándose grandes balsas de agua en los llanos de La Catalana que han llegado a cortar, como se ha dicho, el trazado de la autopista A4, causando también grandes daños materiales en cultivos y otras instalaciones.

Recuperando el Salado: restauración ambiental.



Para tratar de paliar algunos de los problemas descritos, durante el verano y otoño de 2011 se realizaron obras de restauración ambiental en distintos puntos del río Guadalete y sus afluentes. Uno de ellos fue el paraje donde el Salado de Caulina confluye con el río, considerado como uno de los puntos más críticos de la cuenca debido a las grandes inundaciones que este arroyo provocaba aguas arriba. Se retiraron entonces lodos y sedimentos acumulados en sus riberas, en la zona trasera de Viveros Olmedo, y se cortaron numerosos eucaliptos que habían invadido el propio cauce del río disminuyendo la sección del canal fluvial, lo que le restaba capacidad de desagüe en los episodios de avenida, favoreciendo desbordamientos en casos de grandes lluvias. Aquellas obras, en las que se invirtieron 108.165 €, restituyeron la sección hidráulica del arroyo, despejando sus riberas de los grandes eucaliptos que cegaban el cauce, especialmente en el tramo aguas abajo del puente de “Viveros Olmedo” y en la margen derecha de las riberas del meandro de La Isleta. Se cortaron entonces unos 1300 pies en este sector, lo que da idea de la densidad de la masa forestal que casi estrechaba el arroyo e invadía, igualmente, el cauce del Guadalete (8).



Los álamos, tarajes y sauces, que forman parte de la vegetación natural del río, se respetaron, con lo que los sotos fluviales están recuperando, poco a poco, el aspecto que tuvieron décadas atrás, antes de que los eucaliptos invadieran las alamedas. También se retiró una gran cantidad de sedimentos para despejar el cauce, rectificando parcialmente el tramo final del Salado, que se ensanchó en su margen derecha. Con ello se consiguió también que el ángulo de incorporación al río, casi perpendicular, fuese más abierto lo que ha facilitado ya en las crecidas de estos últimos años, el flujo de caudales paliando en parte ese “efecto tapón” ya descrito.

A todo ello hay que unir la mejora paisajística que hace un par de años se llevó a cabo en la margen izquierda del Guadalete, frente a la confluencia del Salado, donde se retiraron también sedimentos y eucaliptos y donde se ha recuperado para el paseo un importante tramo de la ribera. En octubre de 2017, en el último tramo del arroyo, ha tenido lugar la retirada de la antigua tubería que, adosada al Puente de Cartuja, cruzaba también junto a Viveros Olmedo, apoyada en los estribos de la antigua “alcantarilla” del Salado, histórico puente cuyos restos esperamos ver recuperados algún día, máxime si se



tienen en cuenta los futuros proyectos de trazar por estos rincones del río un sendero fluvial para el uso y disfrute de todos los ciudadanos (9).

En nuestro próximo artículo haremos un recorrido por las historias más significativas en torno al Salado de Caulina, “algo más que un arroyo”.
Continuará
Para saber más:
(1) Sobre los diferentes nombres del Arroyo salado pueden verse los trabajos de Alberto Manuel Cuadrado Román, y en especial: Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90. Del mismo autor: El Guadalaque en un documento de Alfonso X, Diario de Jerez, 16 de febrero de 2008; 'Guadalete y Guadalquivir en la geografía antigua', Diario de Jerez, 25 de noviembre de 2008; El Badalac, el río perdido, Diario de Jerez, 7 de junio de 2011., entre otros. Numerosas referencias Salado de Cuenca desde los siglos medievales pueden verse también en Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
Con respecto a la cartografía, pueden consultarse: Llobet F.: Mapa del Reynado de Sevilla, 1748. López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes, 1787; Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz; Lechuga y Florido, A.:Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000, entre otros.
(2) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez, Diciembre de 2011, Págs. 43-35.
(3) Ibidem, p. 43.
(4) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 de octubre de 2015.
(5) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010 (III), publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010.
(6) García Lázaro, J. y A.: Salinas con historia junto a Estella del Marqués, Diario de Jerez, 28 de junio de 2015.
(7) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes… obra citada.
(8) Fonteseca, G.:La Junta actúa de nuevo sobre los cauces del término de Jerez”, Información Jerez, 15 de Mayo de 2011; García Lázaro, J. y A.: Obras de restauración ambiental en el Guadalete (IV), 31 de octubre de 2011: http://www.entornoajerez.com/2011/10/obras-de-restauracion-ambiental-iv-el.html
(9) Aleu, F.C.: Un gran paseo unirá Jerez con El Puerto a través del Guadalete , Andalucía Información, 31 de enero de 2017.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Paisajes naturales, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/06/2018

Las lagunas “perdidas”.
Humedales en torno a Jerez (2).




El domingo pasado realizamos un recorrido por las lagunas más significativas de nuestro entorno, entre las que figuran las de Medina, Las Canteras y El Tejón, con el reconocimiento de Reserva Natural y por otras como Los Tollos y Las Quinientas que, aunque han sufrido graves agresiones en el pasado, están en vías de recuperación. El paseo que hoy proponemos será también un viaje en el tiempo en busca de las huellas de antiguos humedales. De algunos de ellas se perdieron las pistas y ya sólo nos quedan sus nombres, otros dejaron de existir como tales y unos pocos aún perviven, aunque pasen desapercibidos ante los ojos del viajero que recorre nuestras sierras y campiñas.

Antiguas lagunas citadas ya en el Medievo.

Además de las ya citadas, para conocer aquellas lagunas que estaban presentes en nuestro paisaje rural durante el Medievo, nada mejor que guiarnos de la mano del laborioso estudio de investigación sobre el alfoz jerezano realizado por el profesor Emilio Martín Gutiérrez (1). En los siglos medievales se citan ya numerosos humedales repartidos por el todo el término, y si bien algunos se perdieron con el paso del tiempo de la mano de roturaciones y drenajes, otros han llegado hasta nuestros días aunque con nombres diferentes.



Así, por ejemplo, en el Prado de las Dueñas, junto a Mesas de Asta, se encontraba la laguna del Mortero que aún se mantenía con ese nombre hasta comienzos del siglo XX, muy próxima a las marismas de Asta. Se trata de una laguna estacional cuya cubeta fue utilizada como balsa de vertidos industriales por la Azucarera de Guadalcacín durante más de 30 años desde finales de los 60 del siglo pasado, si bien ahora se encuentra en vías de recuperación. En la Dehesa de Sepúlveda, próxima a la Dehesa de los Potros y al arroyo Salado (junto a la actual pedanía de Estella del Marqués) se hallaba la laguna de Torres y en este lugar se conserva también el topónimo de “majada de las Lagunillas”. Este humedal desapareció tras los drenajes que se realizaron para mejorar las tierras repartidas a los colonos de Estella a mediados de los 50 del siglo pasado. Hoy la veríamos junto a la carretera que une esta pedanía con el circuito a la altura de la Finca Los Potros.



Muy cerca de este lugar, en el buhedo de Garciago, junto al Salado, “existía también otra laguna en medio de la vega”, cuyo recuerdo aún puede rescatarse en las albinas y grandes charcas que se forman hoy día en este mismo lugar, en la urbanización Prados de Montealegre, próxima a Montecastillo.



En la Dehesa del Almirante, junto a la Suara, estuvo la laguna Seca, ya desaparecida, en las proximidades del Guadalete, en terrenos que hace décadas alteraron las extracciones de gravas y arenas.



En la Dehesa de Chipipe, junto a la de Rajamancera (de la que luego nos ocuparemos) se menciona también otra pequeña laguna que, a diferencia de aquella, aún se conserva en la actualidad junto al cortijo del mismo nombre y a la que se accede por la barriada rural de Cañada del León.

De la que no queda rastro es de la laguna de Albadalejo, ubicada en la Dehesa de los Carniceros, en los Llanos de Caulina y que identificamos con las zonas encharcadizas que se sitúan en los accesos a la autopista de Sevilla en las cercanías del Hato de la Carne, donde los años de grandes lluvias pueden verse también algunas albinas.

En el donadío de Torrox se menciona la laguna del mismo nombre que fue alterada y transformada la década pasada en un gran estanque con aliviadero vertiente al río Guadalete. En la Dehesa de Diego Mirabal, en la zona sur del alfoz, entre las tierras de Martelilla y El Guadalete, se tiene noticia de las lagunas del Somidero y de las Aves. Emilio Martín recoge también registros documentales de la presencia de esteros, albinas y una laguna, la de las Cabras en la Dehesa de la Fuente de la Zarza, camino de Puerto Real, en cuyas proximidades están también las marismas de Cetina.



En la Dehesa de las Quinientas Aranzadas se ubicaba la laguna del mismo nombre (de la que ya nos ocupamos la semana pasada) y próxima a ella, la laguna de la Isleta, junto a la Cañada de Medina, en la zona de Las Pachecas, un humedal estacional parcialmente desaparecido.

En el sector oriental del término, en la Dehesa del Alcornocalejo aún persiste laguna de Marimorena, a la que se hace referencia con diferentes nombres en fuentes escritas desde los siglos medievales. Por último, en las faldas del Picacho y del Aljibe, en los confines del término de Jerez y próxima ya a las tierras de Cortes, se menciona la laguna de los Taconeros. En estas faldas se conserva todavía el topónimo de las Taconeras (2) y el citado humedal podría corresponderse con la actualmente denominada Laguna del Moral, a la que se accede desde La sauceda en una interesante ruta senderista.



Nuestros humedales en el siglo XIX.

Durante la época medieval y más tarde, con las roturaciones de tierras comunales y de baldíos llevadas a cabo en los siglos posteriores, algunos de estos humedales desaparecieron. Aunque de manera estacional muchos de ellos seguían encharcándose en los periodos de grandes lluvias, lo cierto es que sus nombres se pierden, poco a poco, en la memoria de los lugareños.



Una prueba de ello son las reducidas referencias a las lagunas y humedales de nuestro término que recoge Pascual Madoz (3), en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España (1845-1850). Entre las citadas figuran la Laguna de Alcornocalejo, ubicada en el actual término de San José del Valle y que en otras fuentes (4) se conoce también como Laguna de La Oscuridad, próxima al cortijo del mismo nombre. El mismo Madoz, al describir los caminos desde Arcos hasta El Valle, nos ofrece una tercera denominación de esta misma laguna (aunque se cita como otra distinta) al afirmar que “…sigue el camino por carriles de arena hasta llegar al cortijo del Sotillo, y pasando por su encinal, se vadea a ½ legua la garganta del Valle y se pasa por la laguna de Marimorena; a ½ legua de la barca del Majaceite…”. Marimorena, Alcornocalejo y La Oscuridad son tres nombres de un mismo humedal que aún se conserva en este mismo lugar en un hermoso paraje visible desde la Cañada de Arcos a Medina.



Al referirse a las lagunas más conocidas del término de Jerez, Madoz señala que “…son las tituladas de Torrós, Medina, El Cuervo, Rajamancera, Gami, Torres, Alcornocalejo y Caños de Uza.” Así, a las ya mencionadas de Medina y Alcornocalejo, se unen la de El Cuervo (otra denominación de la ya citada de Los Tollos o El Tollón) y la de Torrós, que no es sino la actual laguna de Torrox o Torró, como también se la denomina en otras fuentes.



La de Rajamancera, ya desaparecida, se situaba a los pies del Cerro de los Caravantes, y estaba próxima a la barriada rural del mismo nombre, y cercana también a La Ina, en un paraje próximo al cortijo de La Campana, donde se ubica una pista de aterrizaje de ultraligeros. Aún se observa en este lugar, junto a la carretera, el canal de drenaje que canaliza sus aguas al Guadalete, pese a lo cual, en los años de intensas lluvias, vuelve a encharcarse el vaso de este humedal.

La laguna de Torres, ya comentada, ocupaba una pequeña cuenca junto a la Cañada de Garciagos y de Bornos, en la finca Dehesa de Sepúlveda, en la zona que actualmente está comprendida entre la finca Los Potros y Los Garciagos, a la derecha de la carretera que une Estella con el Circuito.

No está claro si la laguna de los Caños de Uza mencionada por Madoz, se corresponde con el lecho encharcable de un antiguo meandro abandonado del Guadalete, o un pequeño vaso lagunar que debió existir en las tierras que se extienden junto al actual cortijo de Caños de Usa o de Aduza, junto al Palmar del Conde, en los Llanos de las Villas. En la actualidad, en el seno de los dos meandros que el río traza en este mismo paraje, situados frente a El Portal y la EDAR, y junto a las Casas de El Torno, se siguen conservando dos pequeñas lagunas formadas en los fosos de dos antiguas graveras abiertas en los años 60 del siglo pasado, que se mantienen con agua durante todo el año, al haberse alterado la capa freática y que se han naturalizado como nuevos humedales.



De todas las mencionadas por Madoz, la más alejada de la ciudad era la de Gami, pequeña laguna ubicada en las vallonadas forestales próximas a la Loma de Gami y al arroyo del Parrón, entre las casas de Abanto y Gami. Este paraje se encuentra a unos 8 km del Puerto de Gáliz, en dirección al Mojón de la Víbora, ya en los límites del término lindando con los montes de Cortes.

Noticia de otras lagunas en el siglo XX.



Damos otro salto en el tiempo para poner la atención sobre un valioso documento elaborado en 1948 denominado “Clasificación de las Vías pecuarias del Término de Jerez”, acompañado de un detallado plano que hemos podido consultar (5). Se mencionan aquí los trazados de las cañadas de nuestro alfoz, encontrándose también en él referencias a no pocos humedales. Un siglo después del Diccionario de Madoz, este documento vuelve a citar las lagunas de ya reseñadas por el citado autor, haciendo también alusión a la Laguna del Rey. Ya desaparecida, esta laguna de notable extensión, estuvo situada entre las dehesas de Sianca y Doña Benita, en las proximidades de la actual barriada rural de El Mojo, colindante con la Cañada de los Arquillos o de la Cuesta del Infierno. Actualmente estaría rodeada por los aerogeneradores del parque eólico de Doña Benita, y en los campos de cultivo de esta finca, todavía se puede apreciar la depresión del gran vaso que ocupaba, transformado hoy en tierra de cultivo al ser drenado con un canalillo que pasa junto a la actual estación depuradora de El Mojo.

Otro de los humedales mencionado a mediados del siglo pasado por el citado documento es la Laguna de la Isleta, ubicada en Las Pachecas, junto a la Cañada Real de Lomopardo o de Medina, en las proximidades del conocido pozo de Matasanos.



Esta laguna tenía forma circular y dejaba en su interior una pequeña isla, siendo modificada con las parcelaciones que en los años 50 y 60 del siglo pasado se hicieron en el diseminado de Las Pachecas.



En la actualidad aún se encharca de manera estacional su antiguo vaso, que se adivina rodeado de tarajes entre las casas de colonos de esta barriada rural y la fábrica de cemento.

No se llega a nombrar en este documento, ni en otros anteriores, la pequeña laguna de La Calera, situada frente a la conocida Casa de Postas que encontramos al pie de la antigua carretera de Arcos, en las proximidades de la Torre de Melgarejo, y que si figura en el Mapa Topográfico Nacional (edición de 1917), como una de las de mayores dimensiones de la zona. En este mismo lugar se construyó hace unos años un gran aparcamiento de vehículos para el Circuito de Velocidad, pero en sus márgenes hemos fotografiado en diferentes ocasiones las albinas que se forman en los años lluviosos y que nos recuerdan la existencia de este pequeño humedal.

El Inventario de Zonas Húmedas de 1985.

Nuestro recorrido, siguiendo el rastro documental y geográfico de las lagunas y humedales en torno a Jerez, nos lleva a 1985 cuando se publica el Inventario de Zonas Húmedas Naturales de la Provincia de Cádiz (6), donde de los 45 espacios naturales que se mencionan, 14 pertenecen al término de Jerez. Entre las lagunas figuran las más conocidas y ya citadas (Medina, Tejón, Canteras, Tollos, Quinientas, Torrox, Rajamancera…), incluyéndose además otras dos no mencionadas en los anteriores documentos: las lagunas de Mesas de Asta y de Bocanegra. La de Mesas de Asta se identifica con la antigua Laguna del Mortero.

La de Bocanegra se corresponde con una pequeña cubeta encharcable, en las proximidades del Cortijo de Roa la Bota, y colindante con la carretera que une El Portal con la laguna de Medina, alimentada por el arroyo del mismo nombre. Junto a ella se ha construido recientemente una subestación eléctrica si bien, parte de su superficie se ha rellenado.



No queremos alargar más esta relación de las lagunas que fueron y se perdieron y de aquellas que continúan existiendo, pero lo cierto es que nuestra campiña guarda muchos rincones donde aún se conservan humedales poco conocidos pero no por ello menos valiosos. Es el caso, por ejemplo, de las pequeñas lagunas de Besana Larga y de Los Fosos, ubicadas junto a la Casa de Las Piñas en la carretera de Paterna, a unos 2 km del cruce de El Pedroso; o la de Las Caballerías, en la finca del mismo nombre, en las proximidades de Martelilla y del Mojo y que en los años lluviosos puede apreciarse desde la Cañada de Medina, “la Puerta Verde de Jerez” (8).

En su “Guía de lagos y humedales de España” (7), los profesores e investigadores Santos Casado y Carlos Montes lamentan las amenazas y dan fe de la desaparición de algunas de nuestras lagunas señalando, en pasado, que “…sobre sedimentos modernos de origen fluvial… pueden citarse las lagunas de Las Quinientas, de la Isla o de las Pachecas, y de Rajamancera, que existían en el borde meridional de las terrazas del Guadalete, al pie de lomas margosas entre las que discurre la llanura aluvial. La intensa transformación agraria que han sufrido los fértiles terrenos de vega ha desfigurado casi por completo las características naturales de estos enclaves palustres”.

La próxima semana terminaremos nuestro recorrido por los humedales ocupándonos de las balsas y embalses agrícolas, transformados en nuevos humedales “naturalizados”, de las lagunas salobres y de las marismas en torno a Jerez.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
(2) Hoja del Mapa topográfico Nacional 1063 de Algar).
(3) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. Págs. 14, 82 y 246.
(4) Como por ejemplo en el PGMOU de 1986.
(5) Clasificación de las Vías Pecuarias Término municipal de Jerez 1948. Ayto. de Jerez.
(6) Atlas Hidrogeológico de la provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. 1985.
(7) Casado de Otaloa S. y Montes del Olmo C.: Guía de los lagos y humedales de España. AMA. Junta de Andalucía. 1995
(8) VV.AA.: Inventario de Toponimia andaluza. Cádiz. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla 1990.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar en Lagunas y Humedales, Toponimia, Rutas e itinerarios, Parajes Naturales, Humedales en torno a Jerez (1). Un recorrido por las principales lagunas cercanas a la ciudad. y
  • Humedales en torno a Jerez (y 3). Un recorrido por las lagunas salobres, marismas y balsas.



  • Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 7/02/2016

     
    Subir a Inicio