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El Salado: algo más que un arroyo (1).
Un recorrido por los paisajes y la historia del arroyo Salado de Caulina.




En diferentes ocasiones, hemos traído a estas páginas en las que compartimos con los lectores nuestros recorridos por los paisajes y la historia en torno a Jerez, algunos artículos dedicados a los cursos fluviales más importantes que discurren por nuestro término, con especial incidencia -como no podía ser de otro modo- en el Guadalete y el Majaceite.

Poco a poco, sin embargo, nos iremos ocupando también de otros cursos menores (Guadajabaque, Mata Rocines, Buitrago, Salado de Paterna…) que por su cercanía a la ciudad, por su vinculación a nuestros paisajes y a nuestra historia guardan no pocos aspectos de interés. Hoy vamos a fijar nuestra atención en uno de ellos, el Arroyo Salado. ¿Nos acompañan?

El Salado: algo más que un arroyo.

Junto a nuestros dos ríos principales, el Salado, denominado comúnmente como arroyo Salado de Caulina, es el más citado en las fuentes documentales antiguas y el más estrechamente relacionado con distintos episodios de nuestra historia. Este curso fluvial, ha sido conocido también con los nombres de Badalejo, Badalac, Badalae, Salado de Cuenca, Albadalejo… figurando con todos ellos en distintas páginas de la historiografía tradicional jerezana y en los planos y mapas de los últimos tres siglos (1).

El Salado drena un amplio territorio situado al noreste de la ciudad de Jerez, comprendido entre la sierra de Gibalbín, los Llanos de Caulina y la margen derecha del Guadalete. La extensión aproximada de su cuenca es de unas 23.000 hectáreas (2) mientras que la longitud de su curso principal, es de unos 13,5 km, contados a partir del puente del Rizo, poco antes de su entrada en los Llanos de Caulina, donde su cauce se amplia y su corriente se torna ya permanente. A esta longitud habría que sumar otros 10 km, que es la que le aportan algunos de los arroyos tributarios de su cabecera.

Se forma el Salado por la confluencia de una amplia red de cursos menores que avenan este extenso rincón de la campiña. Así, en las cercanías de Las Mesas de Santiago se unen los arroyos (del Palomar, de la Silla, de La Plata…) que bajan de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur y que arraciman sus aguas en el arroyo de Santiago.

En las proximidades de los cortijos de Jarilla y Jareta se suman a este curso otros pequeños arroyos como los de El Chivo, Montecorto y Arroyodulce. De la importancia de los aportes de esta pequeña cuenca dan idea los desbordamientos que, en los últimos años, inundaron (y destruyeron) algunos tramos de la carretera de Torre de Melgarejo a Gibalbín, en la zona de Majarazotán.



Las imágenes que tomamos en octubre de 2008 muestran la fuerza de las avenidas de este arroyo a la altura del puente de la traza del ferrocarril de la Sierra, junto a la que fuera antigua estación de El Rizo.

Por los Llanos de Caulina, Morla y El Mayorazgo.

A partir del cortijo del Algarrobillo (próximo a la barriada rural de La Inmaculada, junto a Torremelgarejo) y ya con el nombre de Arroyo Salado, se adentra en los Llanos de Caulina cuyas tierras improductivas en las que crecían extensos palmares y juncales, fueron transformadas en tierras de regadío en la segunda década del siglo pasado.

Fue entonces cuando se realizaron obras de drenaje y canalización para evitar los encharcamientos e inundaciones, “domesticando” el curso del río que vio profundamente alterado su cauce histórico, realizándose también en muchos lugares grandes obras de nivelación de terrenos para favorecer el riego. Como pueden verse en las imágenes aéreas del conocido “Vuelo Americano de 1956” se enderezaron buena parte de sus tornos perdiendo su trazado meandriforme a favor de tramos más rectilíneos. En algunos sectores, se construyó un nuevo cauce protegiendo sus riberas artificiales con grandes muros para frenar la erosión.

Desde el Algarrobillo, cruza el Salado por entre las tierras de Morla y las de El Mayorazgo que fueron habilitadas para el cultivo por el I.N.C. y repartidas estas últimas entre pequeños agricultores hace más de sesenta años.

Llegamos a este diseminado por un desvío a la izquierda de la carretera que une Torremelgarejo y Gibalbín, adentrándonos por un paisaje de cultivos agrícolas entre las viviendas de los antiguos colonos que, a diferencia de en otros núcleos rurales, fueron aquí construidas de manera aislada, en las parcelas.

Desviándonos por los carriles que se trazan en los Llanos podemos seguir el curso del Salado que mantiene un mínimo caudal hasta en los meses más secos al recoger los excedentes de riego de las parcelas por los canales de drenaje.

Un camino de servicio que corre paralelo junto a la autopista A-4, nos ha llevado hasta las proximidades del cortijo Las Pitas. En sus proximidades cruzan el Salado los puentes de la autovía de Arcos, atravesando el río la dehesa de Sepúlveda donde antes de las intervenciones del INC se encontraba la laguna de Torres o de Sepúlveda, que se desecó.



Poco antes de llegar a Estella del Marqués se le une el conocido Arroyo del Rano o del Cuadrejón que viene desde las tierras de Romanina y de La Torre de Pedro Díaz, bajando de las faldas de la sierra de Gibalbín, después de haber pasado por las cercanías del cortijo de El Trobal y de Nueva Jarilla.

Este pequeño pero importante tributario canaliza las escorrentías del sector occidental de los Llanos de Caulina y es, con sus 13 km de largo, el principal afluente del Salado, drenando una cuenca de casi 6.000 hectáreas. Este arroyo, recoge las aguas de la Ciudad del Transporte, y las Dehesas de Siles y de las Carreras, entre otros sectores de la campiña (3).

Por Estella del Marqués y los Llanos de la Catalana.



El Salado llega así a las tierras donde se asentó el antiguo descansadero de Albadalejo, auténtico cruce de caminos del Jerez rural, donde en 1956 se levantó el poblado de colonización de Estella del Marqués. Al llegar a esta población, junto a la conocida Venta Las Cuevas, cruza nuestro arroyo bajo los arcos del puente de la carretera de Cortes, en un lugar donde existieron ya dos antiguas alcantarillas en el siglo XVIII (4). Esta zona se ha visto inundado en no pocas ocasiones por las furiosas crecidas del arroyo cuyas aguas han llegado a cortar también la autopista Sevilla-Cádiz en momentos de grandes desbordamientos, como los de febrero de 2010, que se muestran en las fotografías de J.J. Cabrera Bueno que acompañan este artículo y en los que quedó aislada Estella (5).



Aguas abajo de esta población, el Salado discurre ahora por los Llanos de la Catalana, dejando a su derecha a la autopista A-4. Aunque aquí presenta un tramo recto, antaño su curso se acercaba hasta el paraje de Las Salinillas, un curioso humedal salobre del que nos ocupamos en otra ocasión (6). En este lugar atraviesan el cauce del arroyo las conducciones del acueducto de Tempul y del acueducto de los Hurones. El primero trae desde 1869 las aguas del manantial de Tempul hasta los depósitos del Parque Zoológico, el segundo, nos muestra aquí su gran tubería de hormigón que desde la década de los 50 del siglo pasado abastece a la Zona Gaditana desde el pantano de los Hurones, transportando sus aguas hasta los depósitos reguladores de San Cristóbal. Poco más adelante, recibe por la derecha a uno de sus tributarios más urbanos, el arroyo de la Canaleja, que recoge buena parte de las aguas pluviales del casco urbano de Jerez canalizadas por colectores hasta la conocida urbanización Zafer.

Siguiendo su curso, a los pies de los cerros de Montealegre el Salado es cruzado por un nuevo puente de la autopista A-4, bajo cuyas vigas llaman la atención los curiosos nidos de la golondrina dáurica. En este rincón, aún pueden verse en sus riberas algunos fresnos, árboles que junto a los álamos y tarajes debieron formar sus galerías vegetales antes de que las obras de canalización de la década de los cincuenta del siglo pasado alteraran considerablemente su trazado.

Si por los Llanos de Caulina el valle del Salado mostraba una anchura que, en algunos puntos, era superior a los 5 km, en La Catalana esta distancia se va reduciendo drásticamente estrechándose entre los cortados del pago de Montealegre a su derecha y los cerros de Lomopardo a la izquierda, separados ambos por apenas 400 m, distancia que se reduce a la mitad conforme nos acercamos a La Cartuja. En estos parajes estuvieron ubicados, siglos atrás, la molineta de La Catalana y el antiguo molino de La Cartuja.

Dos nuevos puentes cruzan ahora aquí cauce: el nuevo que conduce a la autovía de Los Barrios y el de la antigua carretera de Medina, que pasa junto a Viveros Olmedo. Desde este último aún pueden verse, aguas abajo, los estribos de las primeras alcantarillas que cruzaban el salado en los siglos medievales (7). Apenas 400 m separan este lugar de su desembocadura en el Guadalete, al que se une en su orilla derecha en un hermoso rincón situado 400 m aguas abajo del puente de Cartuja, a cota 6 m.s.n.m.

El Salado y las inundaciones.

Sin embargo, este rincón de la campiña, donde confluyen el salado y el Guadalete, no siempre ha sido tal como lo vemos en la actualidad ya que en los últimos años ha sufrido grandes transformaciones, en este caso para bien.



Como ya se ha apuntado, cuando después de unos días de fuertes lluvias en la campiña se producen episodios de avenida, el Salado puede llegar a transportar un enorme caudal al tener que dar salida a las escorrentías de su amplia cuenca de recepción.

A diferencia de la del Guadalete, regulada por distintos embalses que pueden amortiguar los efectos de las >avenidas, la del Salado ha de ser desaguadas a través del río principal, sin otro recurso que la laminación de sus caudales en su llanura de inundación, los Llanos de Caulina, que se transforman en estos momentos críticos en una inmensa laguna. El estrechamiento del valle, que se produce entre los cerros de Montealegre y Lomopardo, próximo ya el punto de confluencia con el Guadalete, el aterramiento de su cauce y la densa vegetación que crecía en las orillas del tramo final del arroyo disminuyendo su sección, habían convertido este punto en un auténtico “cuello de botella” con nefastas consecuencias en los momentos de grandes crecidas.

La fuerte corriente del Guadalete suele producir en estos casos un “efecto tapón” sobre la del Salado, que se incorpora en dirección casi perpendicular a la del río principal, con lo que se dificulta enormemente su rápida evacuación. Se producen entonces grandes retenciones que impiden el desalojo de la gran lámina de agua transportada por el arroyo. Ésta, se extiende curso arriba hasta las cercanías de Estella del Marqués, formándose grandes balsas de agua en los llanos de La Catalana que han llegado a cortar, como se ha dicho, el trazado de la autopista A4, causando también grandes daños materiales en cultivos y otras instalaciones.

Recuperando el Salado: restauración ambiental.



Para tratar de paliar algunos de los problemas descritos, durante el verano y otoño de 2011 se realizaron obras de restauración ambiental en distintos puntos del río Guadalete y sus afluentes. Uno de ellos fue el paraje donde el Salado de Caulina confluye con el río, considerado como uno de los puntos más críticos de la cuenca debido a las grandes inundaciones que este arroyo provocaba aguas arriba. Se retiraron entonces lodos y sedimentos acumulados en sus riberas, en la zona trasera de Viveros Olmedo, y se cortaron numerosos eucaliptos que habían invadido el propio cauce del río disminuyendo la sección del canal fluvial, lo que le restaba capacidad de desagüe en los episodios de avenida, favoreciendo desbordamientos en casos de grandes lluvias. Aquellas obras, en las que se invirtieron 108.165 €, restituyeron la sección hidráulica del arroyo, despejando sus riberas de los grandes eucaliptos que cegaban el cauce, especialmente en el tramo aguas abajo del puente de “Viveros Olmedo” y en la margen derecha de las riberas del meandro de La Isleta. Se cortaron entonces unos 1300 pies en este sector, lo que da idea de la densidad de la masa forestal que casi estrechaba el arroyo e invadía, igualmente, el cauce del Guadalete (8).



Los álamos, tarajes y sauces, que forman parte de la vegetación natural del río, se respetaron, con lo que los sotos fluviales están recuperando, poco a poco, el aspecto que tuvieron décadas atrás, antes de que los eucaliptos invadieran las alamedas. También se retiró una gran cantidad de sedimentos para despejar el cauce, rectificando parcialmente el tramo final del Salado, que se ensanchó en su margen derecha. Con ello se consiguió también que el ángulo de incorporación al río, casi perpendicular, fuese más abierto lo que ha facilitado ya en las crecidas de estos últimos años, el flujo de caudales paliando en parte ese “efecto tapón” ya descrito.

A todo ello hay que unir la mejora paisajística que hace un par de años se llevó a cabo en la margen izquierda del Guadalete, frente a la confluencia del Salado, donde se retiraron también sedimentos y eucaliptos y donde se ha recuperado para el paseo un importante tramo de la ribera. En octubre de 2017, en el último tramo del arroyo, ha tenido lugar la retirada de la antigua tubería que, adosada al Puente de Cartuja, cruzaba también junto a Viveros Olmedo, apoyada en los estribos de la antigua “alcantarilla” del Salado, histórico puente cuyos restos esperamos ver recuperados algún día, máxime si se



tienen en cuenta los futuros proyectos de trazar por estos rincones del río un sendero fluvial para el uso y disfrute de todos los ciudadanos (9).

En nuestro próximo artículo haremos un recorrido por las historias más significativas en torno al Salado de Caulina, “algo más que un arroyo”.
Continuará
Para saber más:
(1) Sobre los diferentes nombres del Arroyo salado pueden verse los trabajos de Alberto Manuel Cuadrado Román, y en especial: Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90. Del mismo autor: El Guadalaque en un documento de Alfonso X, Diario de Jerez, 16 de febrero de 2008; 'Guadalete y Guadalquivir en la geografía antigua', Diario de Jerez, 25 de noviembre de 2008; El Badalac, el río perdido, Diario de Jerez, 7 de junio de 2011., entre otros. Numerosas referencias Salado de Cuenca desde los siglos medievales pueden verse también en Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
Con respecto a la cartografía, pueden consultarse: Llobet F.: Mapa del Reynado de Sevilla, 1748. López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes, 1787; Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz; Lechuga y Florido, A.:Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897. López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000, entre otros.
(2) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez, Diciembre de 2011, Págs. 43-35.
(3) Ibidem, p. 43.
(4) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 de octubre de 2015.
(5) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010 (III), publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010.
(6) García Lázaro, J. y A.: Salinas con historia junto a Estella del Marqués, Diario de Jerez, 28 de junio de 2015.
(7) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes… obra citada.
(8) Fonteseca, G.:La Junta actúa de nuevo sobre los cauces del término de Jerez”, Información Jerez, 15 de Mayo de 2011; García Lázaro, J. y A.: Obras de restauración ambiental en el Guadalete (IV), 31 de octubre de 2011: http://www.entornoajerez.com/2011/10/obras-de-restauracion-ambiental-iv-el.html
(9) Aleu, F.C.: Un gran paseo unirá Jerez con El Puerto a través del Guadalete , Andalucía Información, 31 de enero de 2017.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Paisajes naturales, Río Guadalete

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/06/2018

Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

 
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