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La gran riada



Hace 100 años, el 7 de marzo de 1917, tras unos días de intensas lluvias en toda la provincia y, especialmente en la Sierra de Grazalema, el Guadalete y sus afluentes registraron una gran avenida que asoló la campiña.

La "gran riada" se llevó por delante los puentes de Villamartín, Arcos, Junta de los Ríos y el Sifón del acueducto de Tempul en La Florida, dejando cortadas las carreteras, aisladas las poblaciones de la campiña y a Jerez sin agua potable...

Para recordar el centenario de este episodio histórico, realizamos una serie de cuatro reportajes sobre el impacto de la riada en los pueblos de la Sierra, en Arcos, en la campiña de Jerez y en Jerez y el Puerto de Santa María que hemos recogido conjuntamente en una publicación de 54 páginas -la quinta monografía de "Entornoajerez"- que hoy les ofrecemos.  Esperamos que les guste.

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Por las tierras de Albalá y el Regantío.
Un paseo entre alcornoques, viñedos y bodegas con vistas a la sierra.




Esos días de invierno, en los que el campo nos muestra ya todo su verdor, son ideales para acercarnos hasta esos rincones menos conocidos de nuestro entorno cercano que guardan no pocas sorpresas. En nuestro recorrido de hoy les proponemos un paseo por las cercanías de Arcos, por las tierras de Albalá y de El Regantío, unos hermosos parajes apartados de las rutas habituales.

El viajero puede llegar hasta estos lugares por la CA-6105, pequeña carretera que une otras dos más conocidas, la de Arcos-El Bosque y la de Villamartín-Prado del Rey. Nosotros hemos salido de Arcos, en dirección a El Bosque y tras haber dejado atrás el embalse y las canteras de arenas silíceas, la carretera sube la empinada cuesta de La Escalera, en cuyas trincheras se aprecia la naturaleza de la roca que conforma estos cerros. Se trata de arenisca calcárea, la misma que encontramos en la conocida “peña de Arcos” y que volveremos a ver en otros lugares de nuestro recorrido. Llegamos al poco a una pequeña meseta sobre la que crece un extenso alcornocal y que se conoce con el hermoso topónimo de Mesas del Jardín. En este lugar, rico en aguas subterráneas, se excavaron grandes pozos que han surtido de agua potable a Arcos en los años de sequía.

Por el valle de Albalá entre alcornoques.



A la altura del km 10 encontraremos a la izquierda de la carretera el desvió hacia Villamartín, que tomaremos para iniciar nuestra ruta. Los primeros 2,5 km transcurren entre el alcornocal de El Crisnete un antiguo bosque que hoy se encuentra adehesado pero que mantiene muchos retazos de monte mediterráneo en buen estado de conservación. Este alcornocal de casi 250 hectáreas figura en el catálogo de Bosques-Isla de la provincia de Cádiz, donde se reconocen sus valores naturales. Entre otras muchas especies, crecen también aquí acebuches, algarrobos, aladiernos, coscojas, palmitos, jaras,… Algunas de las herbáceas presentes en el lcornocal son verdaderamente singulares, como la “margarita”, Hymenostemma pseudoanthemis, una compuesta endémica de nuestro territorio, o Corrigiola litoralis subsp. perezlarae, una hermosa cariofilácea de delicadas flores blancas, bautizada en honor del botánico jerezano J. María Pérez Lara (1).

Asentado sobre suelo arenoso, el alcornocal presenta también grandes claros dedicados a pastizal donde la presión ganadera (vacas, cerdos y cabras) puede amenazar esta mancha boscosa. En este tramo, podemos ver a los lados de la carretera antiguos y curiosos muros de piedra seca delimitando las fincas o la entrada a las explotaciones, como en el caso del cortijo de El Crisnete, a la izquierda de la ruta. Este curioso topónimo, lo encontramos ya recogido en documentos medievales de 1254, año en el que Alfonso X concede a Juan García, su mayordomo, “una alcaria que es en término de Archos, que dizen Crisnet… con montes, con fuentes con ríos, con pastos e con todas sus pertenencias”. Esta alquería de Crisnet era vecina de Albalat y lindera con el término de la villa y castillo de Matrera, topónimos que también persisten en la actualidad (2).



Dejando atrás el alcornocal, el camino al poco un pequeño descenso y el paisaje se abre mostrándonos el valle del arroyo de Albalá con los perfiles de la torre de Matrera en la lejanía y, como telón de fondo la Sierra de Grazalema. Este arroyo, tributario del embalse de Bornos, discurre a la derecha de la carretera delatado por su arboleda acompañante en la que no faltan sauces, fresnos, chopos, álamos y olmos. Entre sus sotos se pueden ver las ruinas de algunos molinos que aprovechaban las pequeñas pero constantes corrientes del arroyo, alimentado durante todo el año por los manantiales de la zona. Aún se conserva en la cabecera del arroyo el curioso molino El Pilón, restaurado años atrás en un paraje verdaderamente delicioso, al que accedemos desde la carretera Arcos-El Bosque en las Mesas del Jardín.

En Las Anderas.



Apenas hemos recorrido un kilómetro desde que dejamos el alcornocal veremos a la izquierda de la carretera un carril que tomaremos para subir, ladera arriba, hasta el paraje de Las Anderas. Nos apartamos así, por un momento de la carretera y seguimos unos dos kilómetros por este camino que transcurre por una antigua vía pecuaria y que asciende hasta los lomos de El Bachiller y Las Anderas. Desde este lugar, habremos ganado altura para obtener una magnífica vista de las colas del embalse de Bornos y del valle del arroyo de Albalá, donde destacan los viñedos de Huerta de Albalá y de El Regantío. Pero sin duda, el pequeño desvío habrá merecido la pena porque además de todo ello, desde Las Anderas se nos ofrecen unas inigualables vistas de la Sierra de Grazalema, cuyos perfiles, desde Sierra Margarita hasta Sierra de los Pinos, se nos muestran aquí cercanos y nítidos, como en pocos lugares.

A los lados del carril diferentes construcciones han ocupado la vía pecuaria y en muchos rincones volvemos a encontrarnos los estratos rocosos de arenisca. Cruzaremos también pequeños arroyos que nos revelan la existencia de manantiales en la zona, algunos de los cuales son muy conocidos y se encuentran al borde del camino, delatados por las espesas matas de mastranzos que los ocultan. Uno de ellos tiene su origen en las proximidades de la antigua casa de Las Anderas, actualmente en ruinas, que conserva un curioso horno de pan. El manantial, ha sido canalizado hasta una pequeña pileta que sirve de abrevadero a los rebaños de cabras y ovejas que pastan en estas laderas erosionadas de Las Anderas, el Acebuchal y la Loma del Bachiller, donde desde hace unos años se está llevando a cabo una experiencia de reforestación con algarrobos (pueden verse los cercados desde el carril en distintos puntos), con el patrocinio de la Consejería de Medio Ambiente, del CSIC y del Proyecto Life.

Por tierras de Albalá y el Regantío: viñedos y bodegas.

Pero volvamos de nuevo al valle y a la carretera. Algo más abajo, cuando apenas hemos recorrido 4 km desde que nos desviamos de la de Arcos-El Bosque, los viñedos que se extienden por las laderas a la derecha del camino, nos anuncian la proximidad de la Huerta de Albalá.

Albalá, en la acepción que recoge el diccionario de la RAE es “carta o cédula real en que se concedía alguna merced, o se proveía otra cosa”. Este nombre hace también alusión al “documento público o privado en que se hacía constar algo”. No faltan quienes, al referirse al topónimo que bautiza estas tierras acuden a estas referencias (3). Sin embargo, conviene recordar que la aldea de Albalat, figura ya en un documento de 1256 por el que Alfonso X concede la villa de Matrera a la Orden de Calatrava (4). Este topónimo (en sus distintas formas de albalá, albalat, albalate…) está muy extendido en otros puntos del país, está relacionado con el ”al-balat” de los árabes: el camino, la vía, la vereda. En ocasiones puede hacer referenciatambién a calzada o camino enlosado, por lo que es más probable este último significado que apunta a la existencia de una vía de comunicación por el valle del arroyo de Albalá en dirección a Matrera.

Sea como fuese estos parajes están cargados de historia como se puso de manifiesto hace una década, cuando se iniciaron las obras de construcción de la bodega Huerta de Albalá y salieron a la luz restos de una importante villa romana. De la mano de la escritora gaditana Francisca Larrea, estos paisajes están también en las páginas literarias, tal como leemos en su Diario del viaje a Arcos y Bornos. Describe aquí su visita a la Huerta de Albalá el 8 de junio de 1826: “Ayer tarde fuimos en borricos al huerto de Albalá, que dista de aquí una legua. El camino va por lomas y repechos ya de trigos, ya de manchones de yerba yflorecillas. Tuve la satisfacción de ver que estas sementeras no tienen la alheña que ha acometido a los campos de estelado del río. El huerto es de frutales y demás árboles que forman las arboledas de Bornos” (5). A mediados del siglo XIX Madoz, en su Diccionario Geográfico, se refiere a esta finca como Aranjuez o Huerta de Aranjuez, y alaba las bondades del terreno destacando que “se halla establecido en ella el cultivo de la batata de Málaga, y el dueño ha hecho un gran plantío de moreras y árboles frutales de esquisita calidad”. En el primer mapa provincial de Cádiz, de F. Coello (1858) aún aparece con este curioso nombre.



Historia y tradición se dan la mano en estos parajes con la modernidad, expresada en los viñedos y bodega de la finca Huerta de Albalá, reconocida ya como una de las mejores explotaciones vitivinícolas de la provincia, en la que nos vamos a detener. La bodega, con cierto aire de ”château” francés es una moderna construcción, que se levanta en una suave ladera. Enclavada en la zona central de un viñedo de 75 hectáreas en el que crecen unas 225.000 cepas, ha sido diseñada para tratar de conseguir su máxima integración con el paisaje circundante. Las variedades predominantes en el viñedo son la syrah y la merlot y, en menor proporción, la cavernet sauvignon y la tintilla de Rota, está última autóctona y de más difícil cultivo.

Cuando llegamos hasta la bodega, salta a la vista que nos encontramos ante un edificio armonioso desde cuyos porches y jardines, abiertos al valle, se obtienen magníficas vistas del viñedo, de los cerros circundantes y de las colas del embalse de Bornos, pueblo cuyo caserío también se divisa. En la primera planta se encuentran las oficinas, dependencias comerciales, laboratorios y sala de catas. En los sótanos donde se aloja la bodega, llaman la atención del visitante las cuidadas instalaciones donde el orden y la limpieza son extremos. Distintas salas albergan las zonas de recogida de uvas y prensas, los enormes depósitos de fermentación, de acero inoxidable, los grandes tinos de roble francés, con capacidad de 5000 l, los “dormitorios de botellas”, donde reposan miles de ellas esperando su comercialización… Pero sin duda, la que reclama la atención del visitante es la gran bodega que alberga 1200 barricas de roble francés. Elaboradas por afamados tonelerías del país vecino, las barricas tienen una capacidad de 225 litros, de los que se evaporan, por término medio unos 16 litros al año que es preciso reponer.



Aunque la bodega se inauguró en 2006, ya en 2001 y 2002 se realizaron las primeras plantaciones y fue en 2005 cuando se obtuvo la primera cosecha que empezó a comercializarse en los años siguientes. La calidad de los vinos es excepcional. Como etiquetas principales destacan Taberner 1, vinos exclusivos y Taberner, vinos de gama alta, así como los vinos Barba Rosa y Barba Azul. Nos vamos de la bodega, que en un futuro se ampliará con instalaciones dedicadas a la restauración, volviendo de nuevo a admirar el paisaje que se contempla desde sus porches y retomamos el camino.



La carretera discurre entre viñedos y dos kilómetros adelante cruzaremos por el pago de El Regantío, donde se ubica otra importante finca dedicada al cultivo de la vid y a la elaboración de vinos. La Bodega Regantío, ampliada y remodelada hace unos años, tiene el nombre de este paraje arcense y está presente en la zona desde principios del siglo pasado, llevando a gala en su pequeña historia el haber sido la primera bodega de Andalucía en producir vino tinto. En la actualidad el proyecto enológico ha ampliado sus actividades a la restauración y al turismo y la Venta El Regantío, que comparte dependencias con la bodega, es también una prestigiosa instalación hostelera. Desde los jardines que la rodean se obtienen unas magníficas vistas de las colas del embalse de Bornos y del caserío de esta hermosa población, con la sierra del Calvario como telón de fondo.

Seguimos ahora nuestro camino y, algo más adelante, comenzaremos a ver a la izquierda de la carretera las arboledas que nos marcan el límite de las colas del pantano, una de las cuales cruzaremos por un puentecillo. A partir de este lugar, y hasta el cruce con la carretera de Prado del Rey a Villamartín, habremos recorrido 15 Km, cruzando en este último tramo por una extensa llanada con excelentes tierras agrícolas. Ya en el cruce, después de haber pasado junto al arroyo Alberite, podremos dirigirnos hacia Villamartín (a la izquierda) o hacia Prado del Rey (a la derecha), pudiendo hacer un alto en la Ermita de las Montañas, a la que volveremos en otra ocasión para subir hasta el cercano castillo de Matrera. ¡No se pierdan estos hermosos parajes!.


Para saber más:
(1) Aparicio, A., Pérez, C. y Ceballos, G.: Bosques-Isla de la provincia de Cádiz. Junta de Andalucía, consejería de Medio Ambiente, Jerez, 2001, p. 84.
(2) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 128
(3) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 37.
(4) Astillero Ramos J.M.: “La formación del término de Arcos…”, ob. Cit., p. 128.
(5) Francisca Larrea. Diario. Graficas el Exportador. Jerez. 1985. Edición especial realizada por la asociación de Amigos de Bornos, p. 137.
(6) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 52.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre Carreteras secundarias, En torno a Arcos, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 15/01/2017

De La Cartuja a La Corta: los baños en el río.
Un paseo por las playas fluviales del Guadalete




Desde el pasado sábado 21 de junio a las 12h 51m hora oficial peninsular, ya estamos en verano. Esa es, al menos, la información que nos llega desde el Observatorio Astronómico Nacional y se añade que esta estación durará 93 días y 15 horas y terminará el 23 de septiembre con el comienzo del otoño. Sea como fuere, si algo caracteriza de manera inequívoca la llegada del verano, es el inicio de la temporada de baños que, desde hace ya unas semanas, viene marcada por el éxodo de los jerezanos hacia las playas cercanas. Sin embargo, cuando en tiempos pasados se hablaba de “verano” y de “baños”, en lo que de verdad se pensaba era en bañarse en el río. En el Guadalete.

Los baños en el Guadalete.



Y es que las “playas de Jerez”, durante la segunda mitad del siglo XIX no eran Valdelagrana o La Puntilla, La Ballena o El Palmar… sino la ribera del río comprendida entre la Huerta de la Cartuja -junto al Monasterio- y el Vado de los Hornos. Este último lugar se corresponde con la actual barriada rural de La Corta, donde a comienzos del siglo XX se construiría un azud para los regadíos de los Llanos de las Quinientas.



Los alrededores del Puente de Cartuja y de El Portal fueron también otros parajes fluviales a los que los jerezanos acudían para bañarse en el Guadalete. El investigador de nuestra historia ferroviaria Francisco Sánchez Martínez, nos informa que ya en el verano de 1854, recién inaugurado el primer tramo del ferrocarril entre Jerez y El Puerto de Santa María, “…la empresa ferroviaria establecía un servicio especial para llevar a la gente a tomar los baños en el río Guadalete junto al muelle del Portal, los precios de ida y vuelta eran de 3 reales/v en 3ª clase, y 5 reales/v en 2ª clase”. (1)

En la segunda mitad del siglo XIX los baños en el río debieron ser muy populares y, para regularlos, el Ayuntamiento de Jerez elaboró las correspondientes Ordenanzas Municipales de Baños Públicos en el Guadalete. Esta normativa se publicaba con la llegada del verano, época en la que los jerezanos encontraban en el río el mejor lugar de esparcimiento. Su lectura detenida nos aporta curiosas referencias sociológicas de esa época en la que todavía no estaban de moda los baños de mar. Como ejemplo de ellas, sirvan las correspondientes al año 1873 en las que se incluyen artículos realmente llamativos:

Art. 281. La temporada de baños en el río Guadalete durará desde el 16 de julio al 8 de septiembre ambos inclusive. Antes ó después de esta fecha sólo podrán bañarse los que justifiquen por certificación facultativa la necesidad de hacerlo, adquiriendo al efecto el competente permiso. El Alcalde podrá, sin embargo, anticipar el principio de la temporada ó hacerla más duradera, si la estación ó cualquiera otra circunstancia aconsejase alguna de estas variaciones.

Art. 282. Para los baños al aire libre se señala el espacio que hay entre los sitios llamados Vado de los Hornos y Huerta de la Cartuja, reservándose a toda hora para las mujeres una cuarta parte del dicho sitio, a contar desde el primer punto.

Art. 283. No podrán establecerse cajones para baños sin permiso previo de la alcaldía, siendo de cargo del que lo solicite, sufragar los gastos de reconocimiento pericial que se efectúe y hacer todo lo que se le prescriba para la debida seguridad de los bañistas.

Art. 284. Se prohíbe que se bañen los niños si no van acompañados de personas mayores: así como que lo hagan juntas personas de distinto sexo, aún cuando estén casados. Los individuos pertenecientes á establecimientos de Beneficencia necesitarán además el permiso de sus jefes.

Art. 285. Todos los bañistas quedan obligados á usar, según su sexo, el traje que la decencia prescriba, prohibiéndose además cruzar el río á nado, promover juegos ó alborotos dentro del agua, y en absoluto todo hecho ó dicho ofensivo á la moral.

Art. 288. En el Puente de Cartuja y sitio del Portal, se bañarán los caballos y demás bestias con absoluta prohibición de ejecutarlo en otro punto. En estos mismos sitios y otros no señalados para baños de personas podrán los laneros, tintoreros, etc., lavar los efectos propios de sus artes y oficios durante la temporada de baños, verificándolo en las demás épocas donde lo crean más conveniente.

Art. 289. Los que contravinieren las disposiciones de este capítulo incurrirán en la multa de 2 a 25 pesetas, según los casos
.”

La Corta y los alrededores del Puente de Cartuja, fueron lugar habitual de baños hasta la década de los 60 del siglo pasado, época en la que los vertidos urbanos e industriales convirtieron al río en una cloaca. En una de las fotografías que ilustra esta entrada, puede verse a nuestro viejo amigo Pepe Salas, disfrutando de un baño con sus amigos en el río en la década de 1950. Parajes como los de La Greduela, Bucharaque (en La Barca), Tablellina, en las cercanías de la Junta de los Ríos… fueron otros tantos lugares de baños en el Guadalete, antes de que la contaminación terminara con ellos.

Baños en el río en El Puerto de Santa María.

En El Puerto de Santa María, junto a los baños de mar en la Playa de La Puntilla, el verano se anunciaba también con los baños en el Guadalete. Como ha estudiado el historiador portuense Enríquez Pérez Fernández (3), existen ya noticias de regulación municipal de los baños en el río desde 1816, cuando se concedió en exclusiva a la Casa de Niños Expósitos la facultad de instalar barracas, cajones y aposentos para los baños "aplicando su producto al aumento del salario de las nodrizas o amas de cría y a las demás urgencias y necesidades que padece la casa y los inocentes niños".

Pero será a partir de 1860 cuando empiezan a adquirir más relevancia. La temporada se iniciaba con el verano, por San Juan, debiendo ponerse fin a la misma después de la Virgen de los Milagros, el 8 de septiembre. Como sucedía en Jerez, también en El Puerto hombres y mujeres ocupaban espacios diferenciados, estableciéndose multas de cuatro ducados a los hombres que fueran sorprendidos en la zona reservada a las mujeres. En esta época operaban tres empresas de baños en el río y una en La Puntilla, lo que da idea de la importancia de los baños en el Guadalete frente a los de mar. Para facilitar los baños en el río y evitar los peligros de las corrientes, se instalaban en la orilla barracas y una pasarela que comunicaba con una estructura de madera techada, situada en el río, donde se encontraban los baños flotantes, con cajones sumergidos que impedían que los bañistas pudieran ser vistos (4).

Entre las escasas imágenes que se conservan sobre aquellos baños en el río destacan por su espectacularidad las del arquitecto y fotógrafo jerezano Francisco Hernández-Rubio, rescatadas por Adrián Fatou y que pudimos admirar hace unos meses en la magnífica exposición “Arquitectura de una mirada”. Realizadas en los primeros años del siglo XX, se observan en ellas los bañistas en la orilla del río, a los pies del antiguo Puente de San Alejandro, con las salinas al fondo, desde el que se lanzan al Guadalete los niños y jóvenes en atrevidas piruetas (5).

También en El Puerto –como en Jerez- el Guadalete quedará vedado para el baño a partir de la década de los 60 del siglo pasado, como consecuencia de la contaminación de sus aguas. Habrá que esperar hasta julio de 1995, tras más de una década de lucha por la recuperación del río y la puesta en marcha de un Plan de Saneamiento, para que los colectivos ciudadanos y ecologistas integrados en la Federación Ecologista Pacifista Gaditana, celebren la fiesta “El Guadalete empieza a vivir” dándose un simbólico “baño popular” en las aguas del río Guadalete que empieza, por fin, un proceso de lenta recuperación.

Una bañista de excepción: Fernán Caballero.



De la mano de una de nuestras más renombradas escritoras decimonónicas, Fernán Caballero, podemos hacernos una idea muy aproximada de cómo eran aquellos baños en el ríoGuadalete a mediados del siglo XIX. Lo describe con detalle en una de sus novelas más célebres “Un verano en Bornos”, escrita en 1850.

Cecilia Böhl de Faber se deshace en elogios hacia esta localidad serrana señalando los baños en el río Guadalete como uno de sus atractivos: “Este pueblo es muy lindo y tiene un indisputable aire señorito (así traduzco el come il faut francés).

Se deja ver que la esplendidez con que Cádiz en otros tiempos esparcía, y aún tiraba el dinero, lo hizo llegar a este apartado lugar, al que vendrían aquellos millonarios que sabían serlo, á buscar el bienestar y la salud que procuran sus aires puros, sus hermosas aguas y los baños de su río, suaves y tónicos á un tiempo, por afluir a él en estas cercanías algunas fuentes minerales
”.

En su Carta VII descubrimos las “casetas” de baño de la época y la curiosa forma en que se construían y utilizaban: “Hemos empezado los baños en el río. Según la costumbre establecida aquí, nos han hecho una choza anfibia, esto es, que se asienta en la orilla y se prolonga en el río. La parte acuática está sin techar, pues nos bañamos á la caída de la tarde, cuando ya el sol ha descendido; sus cuatro paredes de cañas, castañuelas y junco vano, unidas por una tomiza de palma y sujetas á unos postes con jical de esparto, forman una florida alberca de agua corriente y tibia, muy preferible á las de alabastro con sus estancadas aguas. El buen hombre que la hizo, dejó en el fondo una puerta abierta para que la persona que quisiese pudiese salir al río; pero mi madre me había prohibido hacerlo, porque, aunque no es profundo, le habían advertido que tenía ollas, esto es, unos hoyos en que es muy fácil caer y ahogarse la persona que no sepa nadar” (6).

En las distintas cartas que componen “Un verano en Bornos”, Fernán Caballero menciona en muchas ocasiones estos baños en el Guadalete: “…el río y el aire son bienes comunes; cada cual puede disfrutarlos sin acreditarse por eso de socialista”, llega a decir en una de ellas. En su carta VIII resume lo que suponen para ella los baños, a través de uno de sus personajes: “Luisa mía: nada me prueba tanto como la benéfica influencia que sobre mi han ejercido estos aires y estos baños, como lo hace el bienestar moral de que por grados voy gozando”.

Las playas fluviales en la actualidad.



Hoy día, los baños en el Guadalete y en algunos de sus arroyos tributarios son una rareza… pero aún existen puntos donde se practican de la mano de nuevas instalaciones. Entre las pequeñas “playas fluviales” o parajes donde los vecinos acudían a bañarse mencionaremos las que existían en las riberas del Bocaleones o del Arroyomolinos. En este último arroyo encontramos la “Playita de Zahara”, nombre con el que se conoce a la adecuación recreativa instalada en su cauce hace apenas veinte años, donde la construcción de una represa en el cauce del arroyo ha dado lugar a una “piscina” natural de aguas cristalinas que cuenta con distintos servicios para facilitar el baño.

Aguas abajo de la presa de Zahara, se construyeron hace unos años pequeños azudes para crear una lámina de agua permanente en el Guadalete y facilitar el baño. Son los casos del Puente de la Nava en Algodonales y de La Toleta, en las proximidades de uno de los accesos a la Vía Verde, en Puerto Serrano. Ambos se encuentran hoy deteriorados. Atrás quedan los tiempos en los que familias enteras acampaban en las alamedas junto al puente viejo de La Nava, conocido como “el de los americanos”, para pasar unos días de “veraneo” junto al río y bañarse en sus aguas.



En la cuenca del Majaceite, uno de los rincones preferidos por los bañistas eran las inmediaciones del Puente del Arroyo del Astillero, muy cerca del poblado del Charco de los Hurones. Este lugar llegó a contar con instalaciones recreativas dependientes del Ayuntamiento de Jerez, hoy en estado de abandono. Aguas abajo, este mismo arroyo tenía otra zona para baños muy concurrida hace unas décadas, antes de que las aguas del embalse



de Guadalcacín la cubrieran: los alrededores del viejo puente del Picao, entre Tempul y Algar. El embarcadero de Bornos y el Club Naútico del Santiscal, en el embalse de Arcos son también otras zonas donde pueden verse bañistas.



En los últimos años, han surgido dos nuevas instalaciones a orillas del embalse que nos permiten disfrutar del contacto con la naturaleza, de los deportes acuáticos y del baño. Se trata del complejo del Tajo del Águila en Algar (con embarcadero, piscina, alojamientos rurales…) y la conocida como “Playa de San José del Valle”, (actualmente se realizan mejoras) una adecuación creada en las cercanías de la presa de Guadalcacín que cuenta con playa artificial acotada para el baño y embarcadero con piraguas, canoas y barcas.


Ver La "Playa de Jerez": baños en el Guadalete en un mapa más grande

¡Qué tengan ustedes un buen verano!

Para saber más:
(1) Sánchez Martínez, F.: “El Portal, su muelle, el arrecife a Jerez y el Ferrocarril (II)”, Diario de Jerez, 11/06/2013.
(2) Clavero, J. García Lázaro, A. y Grupo Entorno.: El Guadalete Empieza a Vivir. F.E.P.G., Consejería de Obras Públicas. 1996.
(3) Pérez Fernández, Enrique.: El vergel del Conde y el Parque Calderón: historia de dos paseos de El Puerto de Santa María. Biblioteca de Temas Portuenses. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000.
(4) “Los baños de mar en El Puerto”. Diario de Cádiz, 20/07/2008. De este artículo hemos tomado la ilustración de las casetas de baño en el río.
(5) De la exposición “Arquitectura de una mirada. Francisco Hernández-Rubio, fotógrafo” comisariada por Adrián Fatou hemos tomado la fotografía que muestra a un joven saltando al río Guadalete desde el Puente de San Alejandro que ilustra la portada del libro-catálogo.
(6) Fernán Caballero.: Un verano en Bornos. Gráficas El Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asociación de Amigos de Bornos. Pgs.161-162, 201-211 y 215.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Río Guadalete, El Paisaje y su gente, El Paisaje en la literatura, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 29/06/2014

 
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