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Una excursión botánica.
Con el Padre Vicente Jiménez Gámez por la campiña de Jerez en 1915.


Junto a los variados testimonios gráficos y documentales que sobre la flora y vegetación del entorno de la ciudad se conservan, sobresale por su especial valor didáctico el de D. Vicente Martínez Gámez. Presbítero, Camarero de honor de su Santidad y Catedrático de Historia Natural en el Instituto de Jerez, Martínez Gámez fue también un enseñante innovador en el campo de las Ciencias Naturales y en la utilización de los recursos del entorno como recurso didáctico.

Durante su etapa de trabajo en nuestra ciudad, en la segunda década del siglo pasado, publicó un curioso libro que con el título “Recuerdo de unas excursiones botánicas” (1) recoge una muestra de los trabajos que realizó con sus alumnos. En esta pequeña publicación de gran valor documental, deja testimonio de las especies arbóreas y arbustivas que podían ser vistas en el Jerez de 1915, así como una selección de las plantas herbáceas más significativas que crecían en los alrededores de la ciudad, con especial mención a las orquídeas.

Algunos apuntes biográficos.

Hijo de una familia acomodada, nació en 1870 en Jimena, Jaén. Se ordena sacerdote y estudia Ciencias Naturales, su gran vocación y ya desde 1897 figura como miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural. En 1906 lo encontramos como profesor de Ciencias Naturales en el sevillano Colegio Calasancio, formando también parte de la Junta Directiva de la citada Sociedad donde ocupa el cargo de vicesecretario en la sección de Sevilla (2). Será en este año cuando publique, como especialista en el estudio de las aves, sus “Apuntes para la Ornitología andaluza y de España en general” (3). Entre otros muchos datos de interés, se recogen en esta obra citas sobre la presencia de la rara malvasía en nuestro entorno (4).

En 1910, año de su llegada al Instituto de Jerez, La Correspondencia de España da cuenta en su sección de Mundo Eclesiástico que “el virtuoso sacerdote y doctor en Ciencias, D. Vicente Martínez Gámez, ha sido nombrado camarero de honor de Su Santidad” (5). Entre 1910 y 1015, durante su estancia en el Instituto jerezano que se ubicaba entonces en la Alameda de Cristina, realizará con sus alumnos diferentes excursiones. Además del libro ya mencionado, publicará también un folleto sobre orquídeas con láminas en colores (6). Del Instituto de Jerez pasará al de Cádiz, donde repetirá las excursiones y visitará con sus alumnos en diferentes ocasiones los pinares de Las Canteras de Puerto Real, desplazándose en tren desde la capital. De una de estas excursiones, la que realiza en la primavera de 1920, saldrán después las notas para su libro “El paraíso de las orquídeas”, que verá la luz en 1921, un delicioso trabajo en el que amplía y completa los estudios sobre estas plantas ya iniciado en Jerez unos años antes (7).

En 1934 lo encontramos en el Instituto Alfonso X el Sabio de Murcia y el curso siguiente, pasará a ocupar la plaza de catedrático de Historia Natural y Fisiología e Higiene en el Instituto de Castellón (8). En este mismo año publica “Fábulas Morales”, un libro para niños con deliciosos grabados a linóleo (9). Lamentablemente, su vida tendrá un trágico final y en plena Guerra Civil, el 15 de mayo de 1937, cuando contaba la edad de 67 años, fue asesinado, como otros sacerdotes, en Paterna (Valencia) (10).

Un profesor innovador.

Pero volvamos a sus años en el Instituto de Jerez, en la segunda década del siglo pasado, donde Martínez Gámez llega con 40 años y donde desarrolla una interesante labor educativa. Y es que, además del valor testimonial que tienen sus trabajos sobre la flora de nuestro entorno, vistos un siglo después, la aportación del padre Vicente Martínez tiene un marcado carácter pedagógico que conecta con las corrientes más innovadoras del momento. La utilización del medio como elemento didáctico estuvo presente en los movimientos educativos renovadores de finales del siglo XIX representados en España por la Institución Libre de Enseñanza. De la mano de su creador, D. Francisco Giner de los Ríos, el estudio de la naturaleza, las excursiones geológicas y botánicas y la observación científica, cobraron un inusitado protagonismo. Las experiencias de D. Vicente Martínez, así como la de otros profesores del Instituto de Jerez, entroncan con esta misma línea renovadora.

Como apoyo práctico a los programas académicos, no dudaba en combinar las explicaciones teóricas con los trabajos prácticos en el Laboratorio de Ciencias Naturales y las excursiones con finalidad didáctica. Entre 1910 y 1915, las memorias del instituto recogen las salidas con sus alumnos a los pinares de Las Canteras de Puerto Real, a la Estación Sericícola o las Dunas del Guadalete en El Puerto de Santa María, o a la Granja Escuela de Jerez (11). De la misma manera organiza excursiones por los alrededores de la ciudad al objeto de estudiar la flora y vegetación, los minerales, los animales... Entre los lugares destino de esas salidas se encuentran La Sierra de San Cristóbal, Cerro Frutos, Los Albarizones, La Cartuja, Los Garciagos, La Torre de Melgarejo, La Alcubilla, los llanos de Caulina, la Laguna de Torrox, La Corta o las playas de San Telmo.



De todas ellas el padre Martínez ofrece amenos relatos salpicados de los datos científicos de sus hallazgos y de consideraciones pedagógicas acerca del valor de la observación directa. Junto a las salidas al campo se aborda también el estudio de la naturaleza en la ciudad: "También pusimos empeño, por creerlo de interés, en que nuestros alumnos conociesen los árboles de los arrecifes, parques, jardines y paseos de la ciudad, así como las plantas ornamentales exóticas más principales -siquiera muchas no estaban en condiciones de clasificación- que se cultivan por doquier en tierra tan amante de las flores, puesto que en Jerez... cada azotea es un huerto, un jardín cada balcón y cada patio un edén. No de otro modo podrían darse cuenta del sinnúmero de plantas raras, de otras regiones, que saltan a la vista de un mediano observador en plazas, parques y jardines" (12).

Más de cincuenta especies de árboles y arbustos presentes en nuestras calles y plazas son mencionadas en sus trabajos (casuarina, araucaria, magnolio, aromo, acacia, árbol del amor, jacarandá, …). Mención especial merecen los ejemplares de boj y tejo presentes en el patio del Instituto, los cedros del Líbano, así como varias especies de eucaliptos (E. rostrata, E. amygdalina), hoy ausentes en nuestros jardines. En su librito, el padre Vicente Martínez, se lamenta del poco eco que han tenido entre sus paisanos los trabajos del célebre botánico jerezano José María Pérez Lara, a quien se debe la primera gran obra sistemática de la flora de la provincia “Florula gaditana”, y quien le acompañó en no pocas excursiones por los alrededores de la ciudad. Sobre él escribió “… es justo que aquí le rindamos tributo de respeto y consideración. Con un par de aficionados a las exploraciones botánicas, de su talla en cada provincia, pronto se llegaría a conocer la flora completa de nuestra Península, la más rica, interesante y variada de toda Europa” (13).

Las orquídeas de nuestra campiña.



En su librito realiza numerosos comentarios de carácter didáctico, así como de las ventajas de aprender de manera directa, en contacto con el medio natural. Apunta, por ejemplo, curiosas observaciones sobre el mimetismo de las flores del género Oprhys, así como sobre las características de las Orquidáceas, centrando su atención en la localización geográfica de las distintas especies encontradas. Algunas veces, exagera en cuanto a la presencia de especies en nuestro país en relación a la flora europea (“las cuatro quintas partes”) que en realidad no supera el 60%.

De gran interés son también sus referencias a la flora y vegetación de la campiña, apuntando las especies más significativas de arbustos y planteas herbáceas de los alrededores de la ciudad, así como su distribución en los diferentes rincones de nuestro término.

En ocasiones, algunos de los hallazgos que considera más significativos llegan a reflejarse, incluso, en las memorias anuales del instituto, como en el caso de la liliácea Fritillaria hispánica, anotado en la del curso 1910/11 (14). En sus excursiones, realizadas durante la primera quincena de abril de 1915, el padre Martínez Gámez menciona más de setenta especies de plantas herbáceas silvestres que crecen en torno a la ciudad.



Por citar sólo algunos ejemplos, en los Llanos de Caulina anota la existencia de numerosos palmitos, gamones, candilitos o lirios; en el parque de Tempul y sus alrededores cita nueza negra, aro, amor de hortelano, parietaria… En las zonas encharcadizas de Torrox y sus cercanías menciona los ranúnculos, lirios, hinojos. “Robustos ejemplares de la Scrofularia sambucifolia, que alcanzaban metro y medio de altura”, llaman su atención en el Balneario de San Telmo con sus inflorescencias rojas.



En el pinar junto a Las Cruces, donde confluyen los términos de El Puerto y Jerez, el padre Martínez Gámez se recrea en las delicadas flores del jacinto bastardo, o en las vistosas florecillas lilas y amarillas de Lupinus hirsutus y L. luteus, especies “que llenarían su cometido en los jardines mejor que muchísimas de las que se cultivan como de adorno”, al igual que otras, también muy vistosas, de los géneros Mathiola, Iberis, Lobularia, Arenaria… que describe en este mismo paraje (15).

Sin embargo, las que más atraen su atención, a juzgar por las descripciones que les dedica, son las Orquídeas: “las pertenecientes al género Ophrys llevan ese nombre, porque dicha palabra significa en griego, entre otras acepciones, arrogancia, lujo, fastuosidad…”. A estas especies dedicará no pocas observaciones realizando también varias acuarelas con cuyas láminas ilustra la publicación de sus trabajos. De la misma manera, detalla el lugar donde las encuentra: “las especies de orquidáceas recolectadas son la Ophrys apifera Huds, la



speculum Lk., la bombyliflora Lk., la lutea Cav., yla fusca Lk. La primera y la segunda crecen en abundancia en el pinar que hay, pasadas Las Cruces a la izquierda de la carretera de Jerez al Puerto de Santa María, y también cogimos un ejemplar… por encima de la fuente de Los Albarizones, próxima a Cartuja.

En este mismo sitio recolectamos diez o doce ejemplares de la bombyliflora, que luego recogimos en mayor cantidad en los Garciagos, pasada la llamada Torre de Melgarejo, así como también la Ophrys lutea, único punto donde pudimos estudiarla. La Ophrys fusca, la encontramos en las canteras de la mencionada Sierra de San Cristóbal, y solamente recogimos tres ejemplares en buen estado” (16).



Esta nómina de orquídeas la ampliará después con las que encuentra en el pinar de Las Canteras de Puerto Real en las excursiones que realiza con los alumnos de Jerez, y, especialmente, con los del Instituto de Cádiz. De ello da cuenta en una de sus publicaciones más conocidas que verá la luz en 1921: “El paraíso de las orquídeas” (17).

Junto a las ya citadas, encontradas en los alrededores de Jerez, presentes también en Las Canteras, se suman aquí nuevos hallazgos como Ophrys scolopax, O. iricolor, O. tenthredinifera y O. arachnites (hoy se la denomina O. fuciflora). Para completar el catálogo de orquídeas hallado, a estas nueve especies del género Ophrys, Martínez Gámez sumó la llamativa Orchis longicruris (conocida hoy día como O. italica), que halló también en Las Canteras (18).



Un siglo después hemos vuelto a recorrer en abril estos mimos rincones en busca de las especies descritas por el padre Vicente Martínez. Buena parte de estos lugares que se encontraban en ambientes rurales, han sido “colonizados” por la ciudad o afectados por obras públicas. Junto a Las Cruces, se conserva todavía un pinar y en sus proximidades, en S. Cristóbal hemos visto la llamativa Ophrys apifera. En el cerro de Lomopardo, aún pueden observarse algunas de las especies que se mencionan en esta publicación, como Ophrys fusca, junto a otra que no figura en sus listados pero que es verdaderamente hermosa, Orchis itálica (la O. longicruris que Martínez Gámez encontró en Las Canteras de Puerto Real). El entorno de Los Garciagos ha sido urbanizado, aunque en sus cercanías, junto al Cerro Naranja, hemos fotografiado también O. apifera. En Los Cejos, junto a la Laguna de Medina, hemos encontrado O. speculum. Las fotografías de todas ellas y de las otras especies citadas en Las Canteras por el padre Martínez Gámez, nos han sido facilitadas por nuestro amigo José Manuel Amarillo Vargas para ilustrar este artículo, que se acompañan de los dibujos en acuarela tomados de las obras del autor.



Como hiciera nuestro botánico, “no terminaremos sin consignar, en honor suyo, los nombres de los alumnos que nos acompañaron en las excursiones, de las cuales, a decir de ellos mismos, conservarán siempre gratísimo recuerdo: Manuel Sandoval, Pedro Máximo Ruiz, Vicente Chamorro Latorre, Eduardo Bohórquez Lacave, Pedro Ruiz-Berdejo, José Pomar Atienza, J.A. Fernández Azpitarte, Manuel Peñalver Ávila, José Mato Soto, J. María García Figueras, Ramón Pérez Más y Manuel García Pelayo” (19). En otra ocasión, “saldremos de excursión” con el Padre Vicente Martínez a la búsqueda de rocas y minerales y para hacer curiosas observaciones geológicas en torno a Jerez.

Para saber más:
(1) Martínez Gámez, V.: Recuerdo de unas excursiones botánicas. Imprenta y Litografía Jerezana, Jerez, 1915.
(2) Las referencias pueden consultarse en: http://bibdigital.rjb.csic.es/Imagenes/P0021_06/P0021_06_003.pdf y en el enlace: https://archive.org/stream/boletndelasoci06soci/boletndelasoci06soci_djvu.txt
(3) Martínez Gámez, V.: Apuntes para la Ornitología andaluza y de España en general, Edit. Ricardo Rojas, 1906.
(4) Ministerio de Medio Ambiente: Comentario de textos publicados sobre la Malvasía, disponible en el siguiente enlace consultado el 07/05/2018: http://www.mapama.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies-amenazadas/cap08_2_tcm30-195434.pdf
(5) La Correspondencia de España, “Mundo Eclesiástico”, Año LXI, nº 18.987 de 5 de febrero de 1910, p. 4.
(6) Rodríguez Doblas, M.ª D.: Instituto Padre Luis Coloma: 150 años de Historia, Cuadernos de Divulgación, nº 2, Biblioteca de Urbanismo y Cultura, p. 127.
(7) Martínez Gámez, V.: El paraíso de las orquídeas del género Ophrys en España, Instituto General y Técnico de Cádiz. Trabajos de Investigación y Vulgarización Científica. Escuelas Profesionales salesianas de Artes y Oficios, Cádiz, 1921
(8) Escalafón de los Catedráticos Numerarios de los Institutos Nacionales de Segunda Enseñanza, Redactado por la Revista Minerva, Imprenta de L. Rubio, Madrid, 1934
(9) Martínez Gámez, V.: Fábulas Morales, Imprenta de Joaquín Barberá, Castellón, 1934.
(10) Sobre esta cuestión puede consultarse Cobo Romero., F. y Ortega López, T. M.ª.: “Encarcelados, represaliados y ejecutados: La violencia política y el mundo penitenciario durante la guerra civil en una provincia de retaguardia: presos políticos y represión en las comarcas rurales jiennenses, 1936-1939”, en: Els camps de concentració i el món penitenciari a Espanya durant la guerra civil i el franquisme, Barcelona. Museo de Historia de Cataluña-Universidad Autónoma de Barcelona, 2002, p. 491. En esta fuente se señala que, junto a Vicente, fueron también asesinados sus hermanos Mariano y Francisco, propietarios. También: https://archive.is/pG5d0 y
http://www.memoriarepublicana.com/guerracivil/
(11) La cita figura en la Memoria del curso 1910-1911, p. 12 como se apunta en: http://museo.iescoloma.es/catalogo/index.php?option=com_content&view=article&id=239&Itemid=95&limitstart=2, consultada el 09/05/2018. También puede consultarse: Rodríguez Doblas, Mª D.: Instituto… op. cit., p. 80
(12) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., p. 42.
(13) Ibidem, p. 25.
(14) http://museo.iescoloma.es/catalogo/index.php?option=com_content&view=article&id=239&Itemid= 95&limitstart=2, consultada el 09/05/2018.
(15) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., pp. 37-41.
(16) Ibidem, p. 36-37.
(17) “El libro fue publicado en el tomo extraordinario de 1921 de las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Está considerado un clásico en la botánica española y es la referencia primigenia sobre la que se construye el trabajo inmenso de catalogación e identificación de las especies de orquídeas ibéricas”: cita tomada de http://www.puertorealweb.es/spip2/cultura/puerto-real-en-la-historia/article/puerto-real-en-la-historia-parque-de-las-canteras, consultada el 13/05/2018.
(18) Martínez Gámez, V.: El paraíso… op. cit. pp.25-39.
(19) Martínez Gámez, V.: Recuerdo… op. cit., p. 45.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Flora y fauna, El Paisaje y su gente, Parajes naturales

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 20/05/2018

Palmas, palmitos y palmares.
Algunas curiosidades sobre nuestras palmeras autóctonas.




La fitotoponimia, aquella parcela de la toponimia que se ocupa del estudio de los nombres de lugares relacionados con plantas o formaciones vegetales, aporta datos muy valiosos para el conocimiento de nuestro entorno. En ocasiones, supone una fuente de información de primer orden que permite explicar los cambios experimentados en nuestros paisajes al facilitar datos sobre la vegetación que, en tiempos pasados, motivó que algunos parajes fueran bautizados con el nombre de determinadas especies. Hoy vamos a centrar nuestra atención en los topónimos relacionados con el palmito (conocido también como palma), acercándonos también a algunas referencias históricas y literarias para conocer mejor esta curiosa palmera tan familiar en nuestro entorno.

El palmito: nuestra palmera autóctona.

El palmito (Chamaerops humilis L.), es una especie característica de la región mediterránea y es la única palma autóctona que crece en nuestro territorio. Presente en todos los rincones de la provincia de Cádiz, en la actualidad apenas constituyen masas puras y suele ser acompañante de otras especies propias del matorral mediterráneo en espacios y suelos muy variados, desde las cercanías del mar, hasta las laderas montañosas de la Sierra



de Grazalema, donde llega a crecer a más de 1.000 m de altitud. Con todo, se desarrolla con mayor profusión en las campiñas de Jerez, Medina y Alcalá de los Gazules, llegando a formar en algunos parajes extensas manchas, especialmente sobre terrenos margosos del triásico y en las lomas y mesetas de suelo arenoso del cuaternario. En estas formaciones, suelen presentarse asociados a lentiscos, retamas, coscojas, y otras especies arbustivas y herbáceas propias del matorral mediterráneo (1).

En los parajes donde los palmitos se presentan con mayor densidad, puede hablarse de palmares o palmitares, formaciones vegetales de talla baja o media donde llegan a ser la especie dominante. Entre ellos suele haber abundantes claros cubiertos por un pastizal pobre y, en muchas ocasiones nitrificado, “ya que el uso más habitual de los palmitares es el de pastadero”. Entre las herbáceas que colonizan los claros junto a los palmitos las más numerosas son las liliáceas (Asphodelus –gamones-, Urginea –cebolla albarrana-, Scilla), las gramíneas (Stipa) y las compuestas (Anthemis, Anacylus –manzanillas-) (2).

La persistencia en la actualidad de palmares, de extensión cada vez más reducida y confinados en terrenos marginales, podría explicarse por la resistencia al fuego del palmito y su gran capacidad de rebrote, y en su rechazo por el ganado, factores que le hacen competir con mayor éxito en matorrales y pastizales frente a otras especies más vulnerables o más apetecibles para ovejas y cabras (3). Con todo, conviene recordar que se trata de formaciones vegetales amenazadas y en regresión, por lo que los palmitos están protegidos por la legislación ambiental.

Un poco de historia.

El palmito y los palmares formaron siempre parte de nuestros paisajes. No es de extrañar por ello que existan muchas referencias en las fuentes documentales que confirmen su distribución



por todo nuestro término. Así, por ejemplo, se tiene constancia de su presencia en incontables parajes porque se les menciona en los expedientes de amojonamiento o en los pleitos por lindes
de tierras. Por citar sólo algunos casos de los estudiados por el profesor Emilio Martín Gutiérrez, en 1434 el juez de términos Alfonso Núñez utiliza en numerosas ocasiones a las palmas u otros arbustos y árboles como hitos naturales en la descripción de lindes. Se hace alusión así a cerros con palmares, ribazos o valladares cubiertos de palmitos, “cabeços palmosos”, “palmarejos”… Mención aparte merecen algunos ejemplares singulares y aislados citados en estos antiguos documentos (“en somo de una palma”, “en una palma grande”, “sobre una palmilla”…) que actuarían como mojones por ser elementos relevantes en los parajes descritos.

Este mismo autor, tomando como base un documento de 1621, “Ejecutoria de las tierras que querían vender”, depositado en el Archivo Municipal de Jerez, analiza, entre otras muchas cuestiones, la vegetación natural presente en el alfoz jerezano. En casi todos los rincones aparecen los palmares que abundan especialmente en las tierras comprendidas entre el Camino de Sevilla y el río Guadalete (Llanos de Caulina) y en los baldíos del camino de Medina. Son descritos también en otros lugares del término como en el pago de “Tosina”, en el donadío de Romanina, en la Dehesa de la Torre de Sepúlveda… (4).



Las fuentes históricas describen también la paulatina desaparición de nuestros palmares de la mano de las roturaciones de baldíos y espacios incultos que practicaban tanto vecinos sin tierra como los grandes propietarios, usurpando los terrenos comunales: lo mismo que sucede en la actualidad. El grito de “a desalambrar” tuvo un antiguo precedente: “a despalmitar” o “a despalmar”, si se nos acepta la licencia. De ello nos informa también el profesor Martín Gutiérrez que cita muchos ejemplos de vecinos instalados en espacios públicos o de propietarios como Alfonso López, quien en 1434 “había ocupado tierras, palmares y carrascales” junto a sus propiedades de la Dehesa del Almirante. El mismo autor apunta que “en 1630, el prior (de la Cartuja) don Sebastián de la Cruz despalmó y descarrascó 110 aranzadas de tierra… en la dehesa de la Greduela… y 120 aranzadas… en la dehesa de la Peñuela” para plantar viñas (5).

La progresiva desaparición de los palmares ya no tendrá vuelta atrás y durante los siglos posteriores la puesta en cultivo de baldíos, la pérdida de espacios forestales, el desmonte de dehesas y la ocupación de cañadas y vías pecuarias dejó los palmares relegados a su mínima expresión y confinados a los terrenos más marginales e improductivos. En el alfoz jerezano uno de esos espacios donde el palmito llegó a formar extensas masas que se mantuvieron durante siglos, fue la zona conocida como Llanos de Caulina. La escritora Fernán Caballero, deja testimonio literario de ello y en el comienzo de uno de sus cuentos, “Lucas García”, publicado en 1862, nos describe los palmares que pueblan estos parajes: Saliendo de Jerez en dirección á los montes de Ronda, que se van escalonando gradualmente, como para formarle un adecuado pedestal al bien denominado San Cristóbal, se atraviesa una extensa llanura, que lleva el nombre de Llanos de Caulina. El uniforme y desnudo camino, después arrastrarse dos leguas por entre palmitos, hace alto al pié de la primera elevación de terreno, donde se tiende al sol un perezoso arroyo, que en verano se estanta (sic) y trueca sus aguas en fango. Vese á la derecha el castillo de Melgarejo, que es de las pocas construcciones moriscas, que no han llegado á destruir el tiempo y la impericia, su fiel auxiliadora en la destrucción…” (6).

Tan sólo unos años más tarde (1869-1870), los ingenieros de montes y botánicos que realizan los trabajos de catalogación para la Comisión de la Flora Forestal Española, realizan una excursión a los alrededores de la Torre de Melgarejo, donde estudian las especies vegetales presentes. En su informe describen el camino de Jerez hasta la Dehesa de La Torre: "Ésta dista de la ciudad unas dos leguas, siguiendo la carretera de Arcos. Caminando por esta, se encuentran á ambos lados viñedos protegidos por grandes setos de tunas ó chumberas... Al cabo de unos tres cuartos de hora se entra en los "Llanos de Caulina", extenso palmitar de vegetación poco variada, destinado á pastos". El informe también los cita en la Dehesa de los Garciagos. Como dato curioso recogen la existencia de un palmito de dimensiones excepcionales en Vejer: "en un pequeño saliente de una de las paredes de la Iglesia hay una palma (Chamaerops humilis), cuyo estípite tiene unos seis metros. Hace pocos años, el viento derribó otro ejemplar parecido, y para conservar el que queda se le ha atado por su parte superior a una reja de la Iglesia” (7). Una década después, en 1879, el ingeniero de montes Salvador Cerón, cifraba en 90.000 Has la superficie ocupada por el palmito en nuestro país y en 10.000 las cubiertas por los palmares en nuestra provincia, incluyéndose aquí las formaciones de matorral en las que el palmito era especie dominante o secundaria. Tan sólo las provincias Alicante, Valencia, Murcia y Málaga superaban a Cádiz en la extensión de sus palmitares (8).

Pese a que los palmares como el de Caulina se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX, lo cierto es que en la actualidad, la puesta en cultivo de muchos de los espacios en los que crecían, ha hecho disminuir enormemente su presencia y en nuestros días esta especie rara vez forma masas puras, no quedando apenas palmares de mediana extensión. Los palmitos crecen hoy en terrenos marginales, donde han logrado sobrevivir a las roturaciones pudiendo verse todavía en bordes de caminos, roquedos, márgenes de vías pecuarias, convexidades de cerros de difícil laboreo, o acompañando a lentiscos y acebuches en bosquetes y dehesas.

Palmitos, palmas y palmares en la toponimia.

Sin embargo, ahí están todavía presentes en la toponimia para recordarnos que, como se desprende también de numerosas fuentes documentales de siglos pasados, buena parte de nuestros paisajes naturales y rurales contaron con la presencia de esta especie. Veamos algunos ejemplos:

Aunque en ocasiones su forma más sencilla, La Palma o Las Palmas, puede hacer referencia a la presencia de una palmera, lo más frecuente es que se haga alusión con este nombre al palmito, en especial con aquellos topónimos de los que se tiene constancia varios siglos atrás, cuando ni la palmera canaria (Phoenix canariensis) ni la datilera (P. dactylifera) estaban presentes en el medio rural. Así, La Palma está presente en Chipiona, Puerto de Santa María, Torre Alháquime o Jimena. En Jerez, tres viñas tienen el nombre de La Palma –Tizón, Añina, Balbaína- y una el de Las Palmas, aunque en estos casos creemos que se deben a las palmeras que había junto a ellas. En Tarifa un cerro tiene también este nombre.



Las Palmas bautiza al puerto que se encuentra justo en la linde de los términos de Jerez y Arcos, junto al depósito de aguas de Jédula y el Haza de La Palmas es un sector del cortijo de Casablanca al borde de las marismas. En Villamartín da nombre a un antiguo rancho como sucede también en Ubrique y Prado del Rey. Zahara es pródiga en Palmas y en su toponimia local se encuentran una loma, un cerro y un puerto de “las palmas”. En Rota están el pozo y la casa de Las Palmas y en Alcalá, la cañada de este nombre. En S. José del Valle se encuentra el Puerto del Palmito (Dehesa de Puerto Frontino) y en Jerez la Dehesa de El Palmito entre las de Picado y Los Castillejos. En Medina el Cancho del Palmito y la Colada de los Palmitos.



Los palmares, lugares donde crecen palmitos, están muy extendidos también en la toponimia provincial. No es de extrañar por ello que con el nombre de El Palmar se conozcan muchos lugares y parajes como sucede en Espera, Conil, Vejer (donde llevan este nombre una conocida playa y a una dehesa), Chiclana, Pto. Real, Sanlúcar… En Arcos se encuentra el Cerro del Palmar. En muchos casos, los palmares tienen “nombre propio”. En Medina encontramos el Palmar de Doña Ana o el Palmar de Lesmi; en Alcalá, el Palmar de Juan Gallo; en Puerto Real y en El Pto. De Sta. María, El Palmar de la Victoria; en Sanlúcar, el Palmar de San Sebastián. Uno de los más conocidos es el jerezano Palmar del Conde, paraje célebre por sus hallazgos paleontológicos. En Jerez se encuentra también el Palmar de las Monjas, junto a Las Quinientas, el arroyo del Palmar de Zacarías y el Haza del Palmar, junto a las Marismas de Maritata.

A veces encontramos el topónimo en su forma diminutiva y así, en Benaocaz está El Palmarejo; en Ubrique, el Descansadero del Puerto del Palmarejo; en los Montes de Propios de Jerez, junto al arroyo del Quejigal, la Cabezada del Palmarejo; en Medina, Las Palmitas y en Jerez, frente a Cerro Viejo, el Haza Palmilla, por citar sólo algunos ejemplos. Otras veces este topónimo se presenta en su forma aumentativa, como en la Hijuela de Palmones (La Carrahola, Jerez) o en Los Barrios; o en plural dando lugar a Palmares o Los Palmares, como en Olvera, Algodonales o Los Barrios, población donde también da nombre a un cortijo.



El sufijo –oso, alude a “abundancia de”. Palmoso o palmitoso se utiliza por tanto para referirse a un lugar donde abundan (o abundaban) especialmente las palmas. El Palmitoso es el nombre de un paraje de Medina o de un cortijo de Alcalá, municipios donde también encontramos el topónimo de La Palmosa. El paraje de La Palmosa en Alcalá es conocido porque en él se encuentra el Área de Servicio de la Autovía de Los Barrios, pero también da nombre a un polígono industrial, a un cabezo, a una vega, a un cortijo y a una fuente: la de la Hoya de La Palmosa. Su versión en diminutivo “La(s) Palmosilla(s)”, la encontramos en Tarifa y también en Villamartín, donde un cerro y un cortijo llevan este nombre. En el Haza Palmosa de Jerez se construyeron las nuevas Bodegas de W. & H.



Otras derivaciones de estos mismos nombres están presentes también en toda la geografía provincial. Es el caso del paraje de Palmarote (Sanlúcar) o de los cortijos de Palmarón (Villamartín) o, el de otro topónimo de más dudosa procedencia: Palmetín (Medina, Chiclana). La Dehesa del Palmetín o el arroyo, breña, cañada, suertes… del mismo nombre, aparecen también en S. José del Valle, siendo un paraje muy conocido, en las cercanías de la Sierra de Dos Hermanas, cruzado por el acueducto del Tempul. Por último, como testigo de la permanente regresión y desmonte de los palmares por las roturaciones, nos queda un elocuente topónimo que encontramos en Alcalá de los Gazules: Cortijo del Despalmado.

Volveremos en otra ocasión a ocuparnos de esta curiosa planta para hablar de sus aprovechamientos desde el punto de vista de la etnobotánica y de sus muchas utilidades en la artesanía tradicional.

Para saber más:
(1) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M. Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz, I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000, págs. 180-184
(2) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio…, Op. cit., p. 181
(3) Mapa Forestal de España, Escala 1: 200.000 Cádiz, Hoja 3-12, ICONA, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Madrid, 1992, p. 62
(4) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización… Op. cit., p. 120
(6) Hemos extraído los fragmentos entrecomillados del cuento “Lucas García”, de Fernán Caballero, incluido en su obra “Cuadros de costumbres” pp. 209-210), editada en Leipzig, 1865, disponible en Internet .
(7) Comisión de la Flora Forestal Española. Resumen de los trabajos verificados por la misma durante los años de 1869 y 1870, Madrid, Tipografía del Colegio Nacional de Sordo-Mudos y de Ciegos, 1872, pp. 86 y 91. Debemos a nuestro amigo Pedro Oteo Barranco, la localización de este interesante estudio.
(8) Cerón, S.: Industria forestal-agrícola, Cádiz, 1879, p. 181. Agradecemos a nuestro amigo Francisco Jordi Sánchez las facilidades para consultar este libro.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Flora y fauna, Paisajes con Historia, Toponimia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 4/12/2016

 
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