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Caballos, yeguas y potros en la campiña.
Un recorrido por la toponimia de nuestro término.




En estos días en los que Jerez celebra la Feria del Caballo, queremos invitarles a un paseo por nuestro término municipal para rastrear en los parajes de nuestro entorno, esa geografía del caballo que descubrimos de la mano de la toponimia y de la historia. ¿Nos acompañan?

Caballos en la toponimia de la campiña.



Frente a lo que pudiera pensarse, no abundan los topónimos que mencionen explícitamente al caballo. Buena parte de ellos tenemos que buscarlos en los paisajes serranos de nuestros montes. Así, en las faldas del Picacho que miran al norte, nace el Arroyo del Caballo, o de la Garganta del Caballo, que recoge las aguas de otros cursos menores para entregarlas al embalse de Guadalcacín, entre los cortijos de Picado y Garcisobaco. El arroyo cruza por un sector de los Montes de Jerez separando las dehesas de Montifarti y Montifartillo. La carretera que une el Puerto de Las Palomas con el Puerto de Gáliz cruza por este arroyo serrano cuyo valle cerrado es un típico exponente de los “canutos” que encontramos en el Parque Natural de los Alcornocales al que pertenecen estos terrenos. Próximo a estos lugares está también el Lomo del Caballo, un espolón rocoso que se forma en las faldas del Picacho en dirección al Puerto de las Palomas, separando los términos de Jerez y Alcalá de los Gazules. Frente al cortijo de Vicos se encuentra también el Arroyo de los Caballos, que baja de las laderas del Cerro de Vicos.



Ya en la campiña encontramos varios lugares donde se repite un mismo topónimo de Haza del Caballo. En Tabajete, junto a las estancias del cortijo, se denomina con este nombre un sector del mismo colindante con las marismas de Asta y Tabajete. Lo mismo sucede en el cortijo de El Troval, donde el Haza del Caballo da nombre a las tierras que vemos junto a la carretera que une Nueva Jarilla con la Torre de Melgarejo, en cuyo extremo sur hay una cantera de arenisca. Otro tanto sucede en la carretera de Morabita, frente a El Bujón, donde una parte de las tierras del cortijo de Casablanca son conocidas como Haza del Caballo. Tal vez este nombre repetido en otros puntos de la campiña, puede hacer alusión a la porción de tierra sin cultivar que se destinaba en muchas fincas para el ganado de labor y donde pastaban bueyes y caballos.



En las tierras de albariza no podía faltar la Viña El Caballo, ubicada en el pago de Balbaina, en el cruce de la carretera de Rota con la Cañada de las Huertas. Colindante con las viñas de Santa Cruz o el Calderín, su casa principal se construyó en 1865 como cabecera y centro de la gran explotación de las bodegas Osborne. En la actualidad comparte a la vez los usos de casa de labor, edificio social de la empresa y casa de recreo de sus propietarios. Junto al caserío destaca un hermoso jardín privado que “realza la condición señorial y social de la viña” (1).

Caballería y caballerías en la campiña.

Son también frecuentes los topónimos en los que aparece la expresión caballería o caballerías que en estos casos sólo apuntan indirectamente, a la presencia de caballos en los lugares a los que dan nombre. En los ejemplos que hemos localizado, su utilización obedece a distintas razones. En varios de ellos, como nos informa el diccionario de la RAE, la “caballería” está referida a una medida agraria de superficie del terreno al que alude que es “equivalente a 60 fanegas o a 3863 áreas aproximadamente”, es decir, casi cuarenta hectáreas. En otros, adquiere el significado de “porción de tierra que se repartía a los caballeros que habían contribuido a la conquista o a la colonización de un territorio” o de “la suerte de tierra que, por la Corona, los señores o las comunidades, se daban en usufructo a quien se comprometía a sostener en guerra o en paz un hombre de armas con su caballo”.

En las fuentes documentales medievales hallamos algunos ejemplos de esta acepción de “caballería” como pago a los servicios prestados a la corona. Así, en el último cuarto del siglo XV, nos recuerda el historiador Esteban Rallón que “… por este tiempo hizo merced el rey a Martín de Vera, hijo del valiente alcaide de Jimena Pedro de Vera, del castillo y casa del Berrueco de Medina y de cien caballerías de tierra en su contorno. Presentó esta gracia en el cabildo y la ciudad se opuso a ello, como perniciosa a sus vecinos” (2). Y no es de extrañar la reacción del concejo jerezano ante la gran superficie entregada por Enrique IV a Martín Gómez de Vera.



Años después, los Reyes Católicos, atendiendo a las quejas del cabildo, “rebajarían” finalmente la donación a 20 caballerías (3). Otro ejemplo en el que “caballería” hace alusión a medida de superficie y que se emplea como el terreno que se cede a cambio de un impuesto es el que nos apunta el profesor Emilio Martín, en el caso de los intentos por parte de la corona castellana de crear nuevas poblaciones en las tierras comunales del alfoz jerezano. Así, en 1503 se pregonó a los interesados: “Sepan todos que la reyna, nuestra sennora, manda poblar dos lugares en el término de esta çibdad de Xeres: el vno en la Fuente del Rey y el otro en la Vega del Vicario. E que el caballero se le dé vna cauallería de tierra para labrar por pan e al peón vna peonía… e paguen a esta çibdad de terradgo vn cahis de trigo por cauallería de tierra de cada vno anno” (4).

Por citar sólo algunos ejemplos de nuestra campiña donde aún se conservan estos topónimos, mencionaremos el paraje conocido como La Caballería, entre los cortijos de Mojón Blanco y Los Villares, próximo también al aeródromo de Trebujena. Se trata de un espacio llano que conecta con las marismas del Bujón y de Mesas de Asta, colindante con Monasterejos, drenado en la actualidad por el Caño de El Bujón. La Caballería y La Caballería de Infante, son también sendos lugares situados a orillas el Arroyo del Alquitón, junto al Castillo de Gigonza. Caballerías de Casa Jauría, da nombre a un rincón de la campiña, ubicado entre los cortijos de Las Piletas, Los Arquillos y Lomo del Orégano, ya en los límites con los términos de Medina y Paterna, en un espacio por el que discurría la antigua cañada que unía Jerez con esta última población.



Como Caballerías de la Zarza, se conoce también a un paraje situado junto a la carretera de Jerez a Puerto Real, que sigue el trazado por el borde de la marisma de la antigua Cañada Real de la Isla y Cadiz. En él se conserva un antiguo puente (denominado “puente romano”) sobre el Arroyo Salado de Puerto Real, próximo a la conocida granja de cocodrilos “Kariba”.



Por último, en las proximidades de la Laguna de Medina, junto a la Cañada Real de Lomopardo, conocida también como “Puerta verde de Jerez”, encontramos las tierras del Caserío de Las Caballerías y del Cortijo de Las Caballerías Altas. En el primero, el olivar cubre buena parte de su superficie que linda con la laguna. El segundo, vecino de las tierras de Martelilla, está próximo a El Mojo.



Buena parte de estas “caballerías” citadas se sitúan en tierras que lo fueron de baldíos y monte bajo, por lo que cabe pensar en su posible entrega o reparto en tiempos pretéritos a quienes prestaron algún tipo de servicio en la conquista o colonización del territorio.

Yeguas y potros.

En esta geografía de los lugares vinculados al caballo no podemos olvidarnos de las dehesas. Las dehesas de uso comunal o concejiles surgieron por iniciativa de los concejos que solicitaban a la corona el permiso para acotar determinadas zonas al objeto de reservarlas como pastos para los animales de labor: bueyes, caballos, yeguas, potros… Por lo general, las dehesas contaban con amplios espacios abiertos entre los que no faltaban los árboles que, según la naturaleza del suelo, solían ser encinas, acebuches, alcornoques o quejigos. Para su ubicación se buscaba también su proximidad a las vías pecuarias que discurrían por el término, así como la existencia de agua, bien por las cercanías de un río, arroyo o laguna importante, bien porque en estos espacios se contara con fuentes o pozos.

En la campiña de Jerez, las dehesas concejiles contaban con cierta especialización que llevaba a la reserva de distintos espacios a determinadas especies ganaderas (5). Así, en lo que al ganado caballar se refiere, destacamos la Dehesa de los Potros o del Cubo, ubicada junto a la antigua aldea de Albadalejo, en las proximidades de la actual población Estella del Marqués. Las tierras de esta dehesa estaban cruzadas por el Arroyo Salado y en sus cercanías estaba la laguna de Torres, conocida también como de Sepúlveda, desecada a mediados del pasado siglo. En la actualidad conserva aún el nombre de Los Potros una de las fincas de este mismo paraje, situada junto a la carretera que une Estella con El Circuito (antigua Cañada de Bornos), dedicada a cultivos hortícolas de primor.

Lo mismo sucede con la Dehesa de Las Quinientas o de Los Potros, espacio comunal que en los siglos medievales acogía yeguas, potros y caballos de los jerezanos. Situada en una amplia zona llana, en la margen izquierda del Guadalete, junto a la Cañada de la Isla y de Cádiz,



contaba con amplias zonas de pastos con bosquetes de encinas y sotos fluviales, además de con los humedales de La Isleta, Bocanegra y Las Quinientas. Actualmente, la finca Los Potros, situada en las proximidades del Puente de Cartuja, junto a la planta elevadora del canal del bajo Guadalete, conserva aún el nombre que estos parajes tuvieron hace siglos.

Algo parecido sucede con la Dehesa de las Yeguas, espacio forestal y marismeño en el término de Puerto Real, que formó parte en su día del alfoz jerezano hasta la segregación de estas tierras con la fundación por los Reyes Católicos de aquella población. Las Yeguas es hoy un pinar de pino piñonero situado junto a las marismas de Cetina y el Río San Pedro y constituye un espacio de esparcimiento y ocio para las poblaciones del entorno de la Bahía.

En los siglos medievales, como las dehesas de Los Potros, sirvió de lugar de pastos para potros y yeguas, animales estos últimos imprescindibles para el mantenimiento de la cabaña caballar y para determinadas faenas agrícolas como la trilla.

Otros topónimos vinculados a la ganadería equina.

Junto a los citados, otros topónimos de la campiña se relacionan con la ganadería equina. Así, por ejemplo, el conocido Cerro o Cabeza del Asno, pequeña loma situada frente al centro comercial Área Sur, o la conocida Cuesta de Matajaca, un paraje situado en las laderas de la Sierra de San Cristóbal, por donde discurre la carretera que une Jerez y El Puerto de Santa María. Esta famosa cuesta era uno de los tramos de mayor dificultad de la antigua Trocha del Puerto, camino que transitaban los arrieros y los viajeros a lomos de mulas y caballos ya que en sus tramos de mayor pendiente, no era apto para carretas por las anfractuosidades de la ruta.

Pero si las jacas salen mal paradas en nuestra geografía, no se quedan atrás los rocines. Eso es lo que se desprende del curioso topónimo de arroyo de Mata Rocines (que da también nombre a un antiguo puente de rosca de ladrillo), pequeño curso fluvial afluente del Guadalete, que discurre a los pies de la cuesta de Matajaca y de la Sierra de San Cristóbal y que en la actualidad es conocido como arroyo del Carrillo. Aunque ya no se conserva como topónimo, existió el paraje de Mata Asnos, un lugar próximo al Guadalete, tal vez un vado, situado en las cercanías del actual azud del Portal o Puerto Franco, en el límite del término de Jerez con el Puerto. En las ordenanzas municipales de 1510, regulando la pesca en el río se escribe que "... ningunas personas veçinos de ella ni otros algunos no pudiesen pescar en el río realengo desta çiudad de la Yna fasta Mata Asnos con tejones ni con bolantes ni atrabesar el río a agua tener e con otros artes pryuidos en las dichas ordenanças" (6).

Repartidos por toda la campiña encontramos en la actualidad numerosos cortijos, instalaciones hípicas, cuadras, yeguadas, picaderos… dedicados a la cría del caballo o a sus cuidados. Con todo, en la toponimia sólo unos pocos de estos nombres reflejan esta vinculación. Este es el caso, por ejemplo, del Cortijo de Los Establos, situado en la carretera de Trebujena, próximo al de La Mariscala, del que forma parte. Llaman la atención en este cortijo las naves alargadas, destinadas a establos de mulos, cuyos muros fueron construidos en piedra vista, en los que destacan los huecos de puertas y ventanas, enmarcados por ladrillos. Las cuadras de mulos recuerdan aquí a la tradicional disposición de las estancias destinadas a los bueyes, con hileras dobles de pesebres de madera y pavimentos de cantos rodados (7).



La Yeguada del Hierro del Bocado o de La Cartuja, ubicada en la finca Fuente del Suero conserva también un antiguo topónimo que enlaza con la estirpe de los famosos caballos cartujanos. Otros lugares de la campiña, como los cortijos de Vicos o Garrapilos, acogen a la Yeguada Militar, donde se crían los caballos de pura raza española y aunque en su nombre no exista vinculación aparente con el caballo, son referentes de primer orden a nivel nacional en lo que a la ganadería equina se refiere.



Dejamos para el final un curioso topónimo: Majarromaque, tal vez uno de los más antiguos de cuantos se conservan en nuestra campiña, muy relacionados con el mundo del caballo. Su sonoridad y su rareza encierran un hermoso origen ya que se trata de un topónimo árabe que procede de la adición de las voces “maysar” (cortijo o cortijada) y “rummak” (yegüero): “el cortijo del yegüero” (8). No deja de ser curioso que, hace ya un milenio, este rincón de la campiña era conocido por que aquí se criaban caballos, como sucede hoy en Vicos y en Garrapilos, colindantes con Majarromaque. Que tengan ustedes un buen final de feria.

Para saber más:
(1) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002. pp. 215.
(2) Rallón E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, 4 vols., edición de E. MARTÍN y A. MARÍN. Jerez de la Frontera, 1997, vol. II p. 390.
(3) García Lázaro, A. y J.: El castillo de Berroquejo. Un superviviente de las luchas de frontera. Diario de Jerez, 20/04/2014. También en http://www.entornoajerez.com/2014/04/el-castillo-de-berroquejo-un.html.
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 162
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pp78-79.
(6) Carmona Ruiz M.A. y Martín Gutiérrez, E.: Recopilación de las ordenanzas del Concejo de Xerez de la Frontera. siglos XV-XVI. Estudio y edición. UCA, Servicio de Publicaciones, 2010, P. 177.
(7) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares… pp. 240-241.
(8) Martín Gutiérrez, E.:Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, p. 279,


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 08/05/2016

Viejos puentes en viejos caminos (y II).
Los puentes del Guadaxabaque y el Matarrocines




En el artículo anterior hacíamos un recorrido por los viejos puentes y alcantarillas del Arroyo Salado, un curso fluvial que desde la Sierra de Gibalbín drena los Llanos de Caulina, al este de Jerez, para unirse al Guadalete en las cercanías del Monasterio de La Cartuja.



Hoy vamos a ocuparnos de los arroyos de Guaxabaque y Matarrocines que discurren por las tierras situadas al oeste y al sur de la ciudad y que, por tanto, debían ser cruzados por los caminos que conducían a Rota, los Puertos o el Portal.

No es de extrañar que fuese necesario construir sobre ellos pequeños puentes de los que ya nos da cuenta el Bartolomé Gutiérrez, en su “Historia de Jerez” (1756) donde relata que “… de los otros arroyos que ay en las Playas de San Telmo y camino del Puerto, tenemos en cada uno dos puentes, dos en Guadaxavaque, y dos en Mata Rosines, las unas para el camino del Puerto y las otras para el transito de las Playas por el nuevo arrezife que oy se esta haziendo como también un famoso muelle para el embarcadero y descarga de Naves y Carruages que allí concurren” (1). Este mismo historiador da cuenta de que en 1755 comenzaron las obras del arrecife o camino que unía la ciudad con el embarcadero de El Portal y el Puerto de Santa María, a través de las playas de San Telmo, noticia que recoge también Joaquín Portillo. Esta obra fue de gran importancia y contó con la autorización y respaldo real “…para cuyo efecto vino de la Corte don Tomás Geraldino; y para costearlo, dio el rey don Fernando VI, hermano de don Carlos III, facultad para que vendieran 450 caballerías de tierras de los baldios de esta ciudad; y con efecto se ejecutó con asistencia del corregidor que lo era el marqués de Alcocébar. Dicho arrecife se acabó por octubre de 1756”, como señala Portillo. (2)

Aquellos puentes del Guadajabaque y el Matarrocines.



El camino atravesaba los terrenos del actual “Polígono Industrial El Portal” cruzando el arroyo de Guadajabaque en un paraje próximo a la actual Estación Depuradora de Aguas Residuales, para llegar después al embarcadero de El Portal. Posteriormente continuaba hacia el Puerto de las Cruces, en dirección a El Puerto de Santa María debiendo cruzar antes el arroyo de Matarrocines en el punto que hoy lo vemos, procedente de las faldas de la Sierra de San Cristóbal, discurriendo en paralelo a la Cañada del Carrillo. En este mismo lugar se construiría a mediados del siglo XIX un sólido puente de cantería, con sillares de arenisca de las canteras de la cercana sierra de San Cristóbal, sobre el que cruzaba la carretera general Madrid-Cádiz antes de que se le diese el nuevo trazado por la conocida cuesta de “Matajaca”. Este puente del Matarrocines aún puede verse bajo el renovado tablero que se colocó sobre él, estando ubicado junto a otro nuevo, de rasante más elevada, que se construyó recientemente para evitar las inundaciones que este caudaloso arroyo sigue provocando en los años lluviosos.

Otro de los antiguos puentes mencionados por el historiador Bartolomé Gutiérrez, es el que aún se mantiene sobre el arroyo Matarrocines en las proximidades de la viña de Matacardillo y el cortijo de Espanta Rodrigo. El puente se encuentra en la actualidad en un preocupante estado de conservación, pero aún sigue “prestando servicios” ya que sobre él discurre hoy día una vía pecuaria, a modo de camino de servicio de la autovía de El Puerto. Este puentecillo se construyó en el siglo XIX y, probablemente, sustituyó a otro de factura anterior para acoger el nuevo camino que, por la conocida “Trocha” acortaba la distancia entre Jerez y el Puerto a través de la cuesta de Matajaca y el Puerto de Buenavista.



Madoz, describiendo los caminos entre Jerez y El Puerto en 1843, y después de señalar que el principal es el que pasaba por El Portal, se refiere igualmente a esta última vía de comunicación y apunta que “también hay otro camino carretero, aunque sin concluir, desde el Puerto a Jerez, que pasa por el puerto de Buena-vista, y disminuye la distancia en unos ¾ de legua”. Por este mismo autor conocemos que “...como proyecto de nuevo camino en esta provincia puede considerarse la modificación, propuesta hace más de 6 años, en la línea de carretera general comprendida entre Jerez y el Puerto de Santa María. Consiste en la ejecución de un trozo de carretera de más de 1 ¼ de legua de long. Desde la primera de aquellas dos ciudades, hasta empalmar con la carretera general en el punto llamado Revuelta de Buenavista a 1 y media legua de distancia de El Puerto de Santa María; con lo cual se conseguiría tener la comunicación directa más corta entre estas dos poblaciones; evitando el considerable rodeo que da la carretera general, con el objeto de que pase por El Portal… Esta obra fue propuesta a la Dirección general de caminos y aprobada por el Gobierno, bajo el presupuesto de 1.036.700 rs. e que se reguló su costo; pero hasta ahora no se ha puesto en ejecución por carecer sin duda de los fondos necesarios para ello” (3).

El camino se trazó en los años posteriores y el puente de Matarrocines, que sufrió diferentes reparaciones, queda como testimonio de la importancia de esta vía de comunicación que desplazó definitivamente a la que pasaba por El Portal. El viejo puente, al que sería necesario proteger antes de que se arruine (ya se han desplomado y perdido sus pretiles), nos muestra todavía su sólido arco de doble rosca de ladrillos colocados de canto o “a sardinel”, esto es, mostrando su lado mayor y unidos por sus caras anchas y en disposición radial.



Semioculto por los tarajes y los carrizos, con el telón de fondo de la Sierra de San Cristóbal, las viñas de Matacardillo y las tierras bajas encharcables de Espanta Rodrigo, el modesto puente del arroyo de Matarrocines ha sobrevivido al paso de los tiempos y a los embates de las arroyadas.



A lo que no podrá vencer otra vez será a los ataques de las excavadoras que en una reciente limpieza del cauce del arroyo han destruido parte de su arcada. A eso y a la desidia de quienes debieran protegerlo.

El “Puente Romano” de la Cañada de la Isla.

Otro antiguo puente que se conserva en las cercanías de Jerez es el conocido como “Puente romano” de la Cañada de la Isla. La mayoría de los viajeros que desde El Portal se dirigen a Puerto Real o al área recreativa de la Dehesa de La Yeguas por la llamada “Carretera de Bolaños”, reparan en un llamativo cartel que puede verse a la altura del km. 7, a la izquierda de la vía: “Cocodrilos Kariba”. Muchos conocen que se trata del indicador que anuncia los accesos a la única Granja de Cocodrilos de Europa. Más desapercibido, sin embargo, pasa un panel informativo que en este mismo lugar indica la presencia de los restos de un “puente romano”.



A juzgar por el aspecto de la construcción, el viejo puente de la Cañada Real de Arcos a Puerto Real como señala el cartel, nos recuerda más a una obra medieval o a un puente de los siglos XVIII o XIX, similares a los que hemos visto en Arcos en el arroyo Salado de Espera, o al ya mencionado del Matarrocines. Conocido también como “Alcantarilla del Salado”, el puente conserva todavía la embocadura así como buena parte de sus pretiles y su arcada principal, formada por dos roscas de ladrillo que se asientan firmemente en estribos de sillares de cantería. En su parte superior, todavía se aprecian los restos de la última reforma que quiso reforzar con hormigón su tablero, señal inequívoca de la utilidad que, hasta hace sólo unas décadas, prestó este viejo puente.

Esta alcantarilla permitía el cruce del Arroyo Salado de Puerto Real, que corre por entre las tierras de La Carrascosa, el Cerro de La Tinaja y La Zarza, buscando el Río San Pedro, en las cercanas marismas del antiguo estuario del Guadalete. Formaba parte de la Cañada de Arcos a Puerto Real, cuyo tramo jerezano es conocido como “Cañada Real de la Isla o de Cádiz y Puerto Franco” que arranca en el Puente de Cartuja, para seguir hasta aquí un trazado muy similar al de la actual carretera de Bolaños. Si bien hoy tiene un papel secundario, este camino fue, en otros tiempos, de gran importancia para la comunicación de nuestra ciudad con las poblaciones de la Bahía, ya que hasta la construcción de los primeros puentes sobre el Guadalete y el San Pedro en el Puerto de Santa María, ésta era la principal vía terrestre para llegar a Cádiz, a través del Puente Suazo, bordeando el estuario y las marismas (4).

Algunos autores sostienen que, un trazado parecido al que lleva en este tramo la Cañada Real de la Isla, era el que posiblemente seguía una calzada romana (tal vez un ramal de la Vía Augusta) que procedente de Gades y Ad Pontem (Puente Zuazo) bordeaba la marisma y cruzaba el Guadalete, camino de la campiña. Conviene recordar que en las proximidades de este viejo puente, se han encontrado diferentes enclaves con restos de alfarerías romanas (El Tesorillo, Barja, Bolaños, La Zarza)… que nos permiten imaginar que, efectivamente, esto fuese así.

¿”Puente romano”? Los restos que se conservan apuntan a una obra más reciente, que tal vez tuvo pudo tener su origen en los primeros siglos de nuestra era, cuando la presencia romana en estas tierras está más que confirmada. En todo caso, el paraje bien merece una visita para observar los restos de la vieja alcantarilla, escondida entre lentiscos y acebuches, que podremos completar con un paseo por los senderos señalizados en las cercanías del puente. Desde aquí podemos enlazar con la Cañada Real del Camino Ancho. Esta vía forma parte del Parque de las Cañadas de Puerto Real, integrado en la red Andaluza de Vías Pecuarias. Viejos caminos que discurren por parajes donde se conserva el matorral típico del monte mediterráneo, entre pinos, lentiscos y acebuches que nos esperan para ser recorridos y en los que estos antiguos puentes son uno de sus principales alicientes.



Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, vol. I P. 47-48.
(2) Portillo, Joaquín.: Noches Jerezanas. Tomo I, p. 153. Jerez. 1839.
(3) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. pp. 79 y 85.
(4) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.:Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 135-136 y 153-154.
Para todo lo relacionado con las obras públicas en el Siglo XVIII recomendamos la lectura de Arquitectura y Urbanismo en el jerez del Siglo XVIII, de Fernando Aroca Vicenti. C.U.E.S.-Caja San Fernando. Jerez 2002 y en especial el Cap. III, 4. pp. 149-159.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/10/2015

 
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