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El viejo “puente romano” de Zahara.
Rescatar el patrimonio rural.




Dejando a un lado el Puente de Cartuja, construido en el siglo XVI, el más antiguo de cuantos cruzaban el Guadalete era el conocido como “puente viejo” o “puente romano” de Zahara. El puente se perdió a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado cuando se construyó en su emplazamiento la presa de Zahara-El Gastor. Hoy queremos recuperar su memoria para que no se olviden las promesas realizadas en su día cuando se aseguró que sería reconstruido, “piedra a piedra” una vez que el embalse entrara en funcionamiento. Pero no ha sido así.


¿Un puente romano?

El viejo puente tiene también una larga historia. Según la tradición popular se consideraba obra de los romanos, como el puentecillo de “Los Palominos”, en el Bocaleones, aún en pie. En el Real Decreto por el que se declaró en 1983 Monumento Histórico el conjunto histórico-artístico la villa de Zahara, se reconoce ya la importancia de este singular puente y, junto al casco urbano de la villa se incluye como parte del conjunto “…la Fuente de la Higuera, en el camino de la Fuente, y el llamado Puente Romano sobre el Guadalete, junto al nuevo de Zahara” (1). Lástima que sólo dos años después de esa declaración el puente desapareciera con la construcción de la presa.

Sobre su origen romano apuesta Fernández Casado, en su monumental Historia del puente en España: puentes romanos, al estudiar nuestro viejo puente señala que “… situado en el río Guadalete entre Zahara y Algodonales con una bóveda arrancando del nivel del terreno con directriz circular, pero un desarrollo interior al medio punto. La bóveda tiene boquilla doble de fábrica de ladrillo con dos roscas superpuestas, y aparejo a tizón, en distinto plano, coincidiendo la superior con el plano de tímpanos que se prolongan además sin solución de continuidad con los paramentos de pretiles, éstos son, con algunas hiladas de sillería, que revisten al hormigón del interior. Creemos que puede tratarse de un puente romano” (2).

El Inventario histórico de puentes de Andalucía (1990), apunta que el antiguo puente de Zahara “…se da como romano en algunos estudios. Al parecer el puente ha sido desmontado recientemente piedra a piedra para volverlo a levantar posteriormente, sin que tengamos noticias relativas al lugar donde se va a llevar a cabo dicha actuación. Su posible carácter romano es dudoso en nuestra opinión. Como datos a favor tendría el hecho del paso en sus proximidades de la hipotética calzada romana que de Munda se dirigía a Carteia”. Su fisonomía y sus características constructivas también podrían apoyar su posible origen romano, según este estudio (3).

Un puente con historia.

Sin embargo, fuese o no un puente romano, el de Zahara tiene como poco tres siglos de historia documentada a sus espaldas. Conviene destacar que no figura en una de las primeras “imágenes” que se conservan de Zahara: la que nos ofrece un grabado que forma parte de la obra Civitates Orbis Terrarum. Editada por el impresor Georg Braun incluye trabajos, entre otros, del cartógrafo y pintor Franz Hogenberg y del dibujante Joris Hoefnagel, y vio la luz entre 1572 y 1617.

Concebida como complemento al atlas del mundo de Abraham Ortelius (Theatrum Orbis Terrarum), en esta obra monumental colaboraron más de un centenar de cartógrafos, dibujantes y pintores paisajistas que dejaron testimonio de numerosos rincones de todos los continentes conocidos. Sus magníficas ilustraciones nos han permitido conocer en imágenes aspectos relevantes de la vida cotidiana y la fisonomía de las ciudades del siglo XVI y XVII, como en el caso de Zahara y sus alrededores, por ejemplo. El grabado sobre la villa, realizado por Hoefnagel en 1564, recoge fielmente el cerco amurallado de la ciudad, la torre que aún hoy se conserva, los singulares perfiles del cerro de Lagarín y de los montes cercanos a la villa, el camino hacia Jerez que pasaba junto al río……

Tal como sucede en otros grabados similares de villas y ciudades de nuestro entorno, un elemento tan singular como un puente de sillería, tal vez habría sido incluido en la escena, máxime cuando se muestran dos vistas distintas de la villa.



Lo mismo sucede en el grabado de Daniel Meisner publicado en su obra Sciographia Cosmica, editada por Paulus Fürst en 1640, o en el de Van der Aa, de 1707, incluido en la obra, Les Delices de L’Espagne et Portugal (4). Ello induce a pensar que o bien su ubicación quedaba fuera de la visión del pintor… o que el puente aún no estuviese construido en esas fechas.

Sea como fuere, su existencia en la primera mitad del siglo XVIII está documentada en distintas fuentes. Así, por ejemplo, encontramos referencias a este viejo puente en un curioso manuscrito de la Biblioteca Nacional, “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, de autor desconocido, escrito en torno a 1744. Al relatar el camino desde Ronda a Cádiz, se señala que “…desde la cuesta que llaman de la Asperilla…se ven las huertas de Zahara, cuya villa se halla en un peñón muy eminente, población corta con su castillo distante del camino media legua; sigue el río abajo hasta encontrar con las huertas de Zahara, sigue hasta llegar a un puente que para ir a la dicha villa se pasa, de un ojo, fábrica de piedra, y dista de las huertas media legua y sigue hasta el río que llaman Boca de Leones…” (5).

Una referencia “gráfica” de ese mismo puente es la que nos proporciona el conocido como “Mapa Redondo”, fechado en 1786 (6). Se trata de una curiosa y esquemática representación gráfica del término de Zahara, firmada por el insigne geógrafo Tomás López, a quien a buen seguro se la facilitaría algún informante local como sucedió en el Mapa Geográfico de los términos de Xerez de la Frontera, Tempul y despoblados y pueblos confinantes”. Para la elaboración de este último mapa en 1787, Tomás López contó con la información proporcionada por Francisco Javier Virués de Segovia, quien por encargo del concejo jerezano respondió a los Interrogatorios oficiales con información geográfica y croquis (7).

En el caso del Mapa Redondo, se recoge de manera esquemática la red fluvial del entorno de Zahara, con las riberas de Arroyomolinos y Bocaleones confluyendo en el Guadalete con cierta “precisión” geográfica, aguas arriba y debajo de la villa respectivamente. En el Bocaleones aparece reflejado un “Puente” en su cabecera, tal vez el conocido Puente de Los Palominos, que para algunos autores puede tener origen romano. En el Guadalete, un poco antes de la confluencia con el Bocaleones figura también un “Puente”, que no es otro que el que nos ocupa, el mismo que se mencionaba ya en 1744 en la Descripción de caminos y pueblos de Andalucía (8).

Un siglo después en 1846, nuestro puente sigue ahí. Madoz, al describir la cuenca del Guadalete apunta que, a su paso por Zahara, “… le tributa sus corrientes el arroyo nombrado de Arroyomolino; sigue la dirección S. y baña a aquella población en donde hay un puente bastante bueno, aunque inutilizado; a la 1/2 legua y en el sitio conocido por Huerta del Pavo le confluye el arroyo Boca-leones…” (9).

Los últimos años del puente.

Con las reparaciones oportuna, el viejo “puente romano” aún prestaría un servicio insustituible hasta las primeras décadas del siglo XX. Con el trazado de la carretera Jerez-Ronda, se construyó un nuevo puente de mayores proporciones para salvar la angostura del Guadalete, apenas unos metros aguas arriba del emplazamiento del “puente viejo”.

Los hermanos De las Cuevas, en su monografía sobre Zahara, relatan la visita a estos parajes del célebre hispanista francés Jean Sermet, quien recorre la sierra de Cádiz a comienzos de la década de los 50 del siglo pasado para preparar un libro que es ya todo un clásico: “La España del Sur(1956). José y Jesús de las Cuevas citan al escritor y lo vinculan también con este viejo puente: “Aconsejamos también otra parada en el puentecito que cruza el Guadalete, carretera arriba, y tiene a su derecha, la ruina de otro viejo y mínimo puente, romano según Sermet, por el que subía la antigua vereda de Olvera”. Jean Sermet, con Zahara a la vista, escribe desde este sitio: “Abajo, el río de aguas inmóviles y estancadas, bordeado de adelfas de flores blancas y rojas



sobre verde de terciopelo... Arriba una montaña de vertientes cortadas a pico como los muros de una fortaleza y exactamente debajo de una roca que parece desprendida desde la cumbre, un pueblo resplandecientemente blanco, ondulado para adaptarse a las sinuosidades del terreno. Este pueblo, que mirarlo hace daño de tanto tener que levantar la cabeza, es Zahara
” (10).

Cuando hace cuarenta años nos acercábamos por primera vez a Zahara, llamó ya nuestra atención el “puente viejo”, como era conocido, y nos gustaba parar un rato en la cuneta y bajar hasta la orilla del río, escoltado de adelfas, para asomarnos a las aguas del Guadalete desde su mínimo pretil, como hiciera Sermet. La fotografía que de ambos puentes realizamos en febrero 1983, así como las que hemos tomado del libro sobre “Zahara de la Sierra”, editado por la Diputación Provincial de Cádiz en 1985, o la del blog “calledelmonasterio”, nos los muestran tal como podían verse poco tiempo antes de su desmontaje en 1986, con motivo de las obras de la presa Zahara-El Gastor.

A comienzos de 1986 realizamos un itinerario didáctico por la Cuenca del Guadalete con los alumnos del C.P. Giner de los Ríos (Jerez). Entonces pudimos comprobar que ya no quedaba nada del “viejo puente” y, como su “compañero”, había sido también demolido. De este último aún se aprecian los arranques de sus estribos en la fotografía que tomamos en 1986 cuando con nuestros alumnos visitamos las obras de la presa de Zahara y descendimos hasta su desagüe de fondo, en plena construcción en aquel momento. El emplazamiento del puente quedó después “enterrado” por el cuerpo de la presa, a medida que avanzaba la obra (11).

Se informó entonces que el “puente viejo” se había desmontado “piedra a piedra” para su posterior reconstrucción en algún lugar en las cercanías de la presa. De aquella operación queda el testimonio gráfico en un completo reportaje realizado por nuestro amigo Adolfo Etchemendi Rivero, profesor entonces del C.P. Fernando Hué de Zahara.



Según testimonios orales, los sillares y las dovelas del arco del puente se encuentran depositados en las instalaciones de la presa de Zahara en espera de mejores tiempos que permitan su reinstalación en algún lugar cercano. En 2007, una enmienda presentada por el grupo parlamentario de IU al Proyecto de Ley del Presupuesto de la Comunidad Autónoma de Andalucía para el año 2008, solicitaba una partida para la “Colocación del antiguo puente romano de Zahara de la Sierra, Cádiz”, sin que la misma llegara a prosperar.

Creemos que la recuperación del “puente viejo” supondría la restitución de un elemento relevante del patrimonio de Zahara y el rescate para la memoria colectiva de este pueblo de un “testigo” singular de su historia. Que no caiga en el olvido por más tiempo y podamos pronto ver erguida de nuevo esta singular obra.


Para saber más:
(1) REAL DECRETO 2857/1883, de 7 de septiembre, por el que se declara conjunto histórico-artístico, la villa de Zahara de la Sierra (Cádiz). BOE 273 de 15 de noviembre de 1983 p. 30868
(2) Fernández Casado, C.: Historia del puente en España: puentes romanos. CSIC, 2008, p. 309-311. Las fotografías del puente de Zahara han sido tomadas en este libro y fueron facilitadas al autor por el Ingeniero de la C.H. del G. D. Gabriel Arráez.
(3) VV.AA. Inventario histórico de los puentes de Andalucía: provincia de Cádiz, E.T.S. de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (Madrid). Consejería de Obras Públicas y Transportes, Junta de Andalucía, 1990, pp. 26-27.
(4) Los grabados citados son muy conocidos y pueden verse reunidos en Blog de Puerto Serrano y Villamartín, nótula Fundación de Algodonales, de 20-07-2016.
(5) Jurado Sánchez, J.: “Caminos y pueblos de Andalucía (siglo XVIII)”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989. Pg. 140
(6) Iglesias García, L.: Las Villas Perdidas, La frontera entre el reino de Sevilla y el sultanato nazarí, siglos XIII-XV, Ediciones del Genal, 2017, pp. 384-386, cita 1166. La lectura de este libro nos puso en la pista de estas “referencias gráficas” del puente sobre el Guadalete en Zahara y también del puente sobre el Bocaleones (probablemente el de Los Palominos”), que complementan la descripción del mismo en 1744 en la obra citada, Descripción de caminos y pueblos de Andalucía…
(7) García Lázaro, A. y J.: El mapa de Tomás López I y II, Diario de Jerez 15 y 22 de febrero de 2015.
(8) La referencia de el “Mapa Redondo”, citado en la obra de Luis Iglesias García es: López de Vargas Machuca, Tomas: Mapa que comprende el término municipal de la villa de Zahara en la provincia de Cádiz, 1786, Biblioteca Nacional-Mss/7306-fol. 474, r. Enlace a la versión digital
(9) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986.
(10) De las Cuevas, José y Jesús (1979): Zahara. Instituto de Estudios Gaditanos. Diputación Provincial de Cádiz. Págs. 3-4.
(11) García Lázaro, A.: Itinerario Didáctico. Río Guadalete. Revista EDUCA, nº 8, noviembre 1986, pp. 10-15.
-La fotografía en blanco y negro de los puentes de Zahara está tomada del blog: http://calledelmonasterio.blogspot.com/


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Patrimonio en el medio rural, Río Guadalete, Puentes y obras públicas, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 24/12/2017

A la búsqueda del “alicante”.
Tras las huellas de un animal fantástico por la Sierra de Cádiz.




Herederos de aquellos animales mitológicos del mundo clásico (centauros y gorgonas, quimeras y arpías, esfinges y unicornios) aunque con bastante menos literatura a sus espaldas, perviven también en la memoria colectiva del mundo rural seres fantásticos que, mucho más modestos que los citados, han poblado durante siglos las leyendas y cuentos de nuestros pueblos. En esta amplia nómina de animales fabulosos encontramos más cerca de nosotros especies como el basilisco, el murgaño o musgaño, la tarasca, el ardacho, el culebré… Entre los más populares de nuestras latitudes se citan también otros como el gambusino o gamusino, la alicántara, el eslabón, el ardacho, el saetón, la temida bicha…

Además de compartir ese mismo “hábitat” de lo fantástico, si hay alguna característica común a todos ellos es que, desplegando su variada suerte de fieros atributos, pican, muerden, adormecen o envenenan a sus víctimas. Así, por ejemplo, se dice en Extremadura que “si te pica un murgaño no vives un año”, y en la sierra de Madrid, se asegura que “si te pica un eslabón vas directo al panteón”.

De aquellos animalarios medievales, perdido en los estantes del tiempo y del olvido, rescatamos hoy el mito del “alicante”. El lector avisado tendrá que tomar, en todo caso, las debidas prevenciones ya que este curioso animal, que puebla ese territorio misterioso donde la realidad se confunde con la imaginación, es una bestia muy peligrosa que puede morder y picar a quienes se adentran en sus dominios.

Por la sierra de Cádiz, a la búsqueda del alicante.



Todo empezó hace casi treinta años, en 1985, cuando preparábamos con Carlos Bel la “Guía Naturalista de la Sierra Norte” (1) recorriendo los rincones más escondidos de las serranías gaditanas. Fue entonces cuando oímos hablar por primera vez del “alicante”, un extraño animal en cuya pista nos puso nuestro amigo Adolfo Etchemendi, quien por entonces trabajaba como maestro en Zahara. Desde el primer momento, nos fascinó aquel ser misterioso y enigmático que “habitaba” en el imaginario colectivo de los pueblos de la sierra, uno de los últimos representantes de esa zoología fantástica, a mitad de camino entre lo legendario y lo real. En la memoria popular se guardaban los relatos de encuentros con “el alicante” que habían transmitido cabreros y cazadores furtivos, leñadores y carboneros, bandoleros, arrieros, rebuscadores que recorren los montes con su saco de arpillera… Quienes andaban por los parajes más abruptos y recónditos de la sierra, tarde o temprano se arriesgaban a cruzarse en el camino de aquel misterioso y peligroso animal que la superstición había mantenido vivo durante siglos.



Poco tiempo después, en las proximidades de Arroyomolinos, tuvimos la suerte de encontrarnos una tarde con S. T., un pastor zahareño quién nos aportó curiosos datos y dichos sobre las creencias populares en torno al “alicante”, nos puso al tanto de los riesgos a los que quedábamos expuestos en un hipotético encuentro con aquel animal y completó la información que Adolfo nos había facilitado acerca de su fisonomía y de los “lugares” en los que habitaba. Desde entonces hemos seguido su pista por los rincones más ásperos y anfractuosos de la sierra y, cada vez que cruzamos por el interior de un bosque, o cuando caminamos por pedregales y riscos, siempre que caminamos solos por lugares apartados y escondidos… tememos encontrarnos con el temible “alicante”.

Un enigmático animal.

Sobre este extraño animal se han publicado varios estudios entre los que destacamos el de José Gilabert Carrillo, “La alicántara, el alicante y el saetón” (2), una deliciosa investigación sobre algunos de estos seres de leyenda que pueblan nuestros montes, que recomendamos al lector curioso, y que nos ha sido muy útil para completar los datos que recogimos de primera mano en distintos lugares de la sierra de Cádiz. En la serranía de Grazalema y también en otros puntos de Los Alcornocales, el imaginario popular, asocia al “alicante”, mayoritariamente, con un reptil. Es curioso como cazadores, pastores, y lugareños (habitualmente personas mayores) afirmaban haberse tropezado en alguna ocasión con él. Y no es extraño que así sea, como veremos más adelante.

Algunos refranes serranos están dedicados a este curioso animal. Se dice por ejemplo que “si la víbora corriera y el alicante viera, nadie a la sierra fuera”, existiendo también la variante que afirma que “si el alicante viera y la víbora oyera, no habría hombre que al campo saliera”. Otro dicho, nos pone en la pista de que el alicante carece de patas: “si el alicante viera y corriera, nadie a la sierra fuera”. Entre las características físicas más destacadas de este “animal”, las diferentes descripciones parecen apuntar a una serie de rasgos que se resumen en: cuerpo



alargado y cilíndrico, ápodo (o con patas muy cortas), desplazamiento reptante, peludo (en la mayoría de los casos), dentado… y -en muchas descripciones- ciego. Su principal mecanismo de defensa es la picadura o mordedura que, según las distintas fuentes, pueden llegar a ser venenosas y aún mortales. De ahí el dicho conocido en algunos pueblos de “si te pica un alicante, busca un cura que te cante”, o el que se conoce por otras provincias: “a quien le pica el alicante muere al instante” (2)

En la primera edición del Diccionario de la Lengua (1726) encontramos ya una completa y detallada descripción del “alicante” que refuerza algunos de los mitos que aún pervivían en el siglo XVIII en el imaginario popular definiendo a nuestro animal como “(…) Espécie de culébra conocida en tierra de Sevilla, corta como de vara y média, gruessa como la pierna de un hombre, la cabeza mayor de lo que corresponde á este tamaño. Tiene muchos dientes como colmillos de gato, la piel manchada de pardo obscuro sobre campo ceniciento, y en alguna se ha visto verde claro: las labores que forman las manchas son como en la víbora. Es ferocísima, y embiste aunque no la inquieten. Su veneno es mortal, y á más de esto es tanta su fuerza, que suele despedazar y matar á un hombre. Hállase rara vez”.(3) Como ven, una descripción inquietante que más parece apuntar a un animal fantástico que a uno real.

Intentando aclarar el misterio

Como nuestros pacientes lectores ya habrán podido suponer, tras el halo de leyenda que rodea a esta peligrosa bicha, hay un animal real (o tal vez varios), deformado e idealizado por las visiones que de él se tienen en la soledad del monte, unas veces por la superstición y otras por el miedo. Entonces, ¿existe realmente el alicante?

El diccionario de la R.A.E en su edición más reciente, abandona ya aquella descripción del animal que lo situaba en las fronteras de lo fantástico, definiendo al “alicante” como “especie de víbora de siete a ocho decímetros de largo y de hocico remangado. Es muy venenosa y se cría en todo el mediodía de Europa”. Para muchos autores, esta especie se identifica con la víbora hocicuda (Vipera latastei). Por su parte, el “Larousse” lo define como “víbora de unos 80 cm. de longitud, con un pequeño cuerno blando en el extremo del hocico. Tienen el cuerpo macizo y de color blanquecino, gris azulado o pardo con manchas de colores vivos. Son muy venenosas y viven en el Sur de Europa. Especie Vipera latastei y V. ammodytes”. Esta última especie es la conocida popularmente como víbora cornuda. Paz Martín Ferrero, en su Diccionario Rural sobre el habla de los pueblos de Cádiz (4), cita a la “alicanta” como “lución en Arcos, Olvera, Facinas, Castellar y otros lugares". Dado que no consta la presencia del lución en Cádiz, la autora debe referirse al eslizón, abudante en la provincia. Se trata de un saurio de cuerpo muy alargado y extremidades muy reducidas que semeja una pequeña serpiente con patas diminutas.

Distintas fuentes (2), añaden a la lista de “especies candidatas” a desbancar al alicante de la zoología fantástica, otros ofidios como la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis), la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) o la culebra de escalera (Rhinechis scalaris). No faltan tampoco los que consideran que esta feroz serpiente, esta peligrosa bicha, esta temible “culebra peluda”, no es un reptil sino un mamífero. El candidato a ser identificado con el alicante sería, según distintos autores (notas 2 y 5), el meloncillo (Herpestes ichneumon), tan común en nuestros montes. Un rasgo característico de esta mangosta es que las crías siguen a la madre en fila india, de modo que este “tren de meloncillos”, visto pasar fugazmente entre la cerrada espesura del monte pueda parecerse a la “culebra gruesa y peluda” a la que aluden muchas de las descripciones populares referidas al alicante.

No nos resistimos a traer aquí el testimonio que sobre nuestro miserioso animal, aporta Mauricio González-Gordon, naturalista de gran prestigio, impulsor del Parque Nacional de Doñana y de la Sociedad Española de Ornitología. En uno de los capítulos del libro dedicado a W.H. Riddell, pintor y naturalista (5), cuenta González-Gordon que cuando era apenas un joven, visitaba a Riddell en su Castillo de Arcos y, en sus conversaciones, no faltaban nunca las referencias a la caza, a los avistamientos de aves, y a los animales en general. Riddell tenía también especial interés por esas otras especies faunísticas que poblaban la imaginación de los pueblos serranos y así, señala González Gordon que “en varias ocasiones dedicamos también ratos al animal legendario “Alicante”, del que tanto él, como yo habíamos oído hablar y que los hombres del campo describían como “culebra gruesa y peluda con dientes de gato, venenosa y muy peligrosa”. Ninguno de los que decían haber visto un “alicante” fueron capaces de “cobrarlo”, a pesar de llevar escopeta cuando lo vieron reptando en el monte bajo. El no disparar lo atribuían a haber quedado “alobados”. Riddell decidió ofrecer, y así creo que lo hizo, la cantidad de cincuenta libras esterlinas a quien le trajera un “alicante”, vivo o muerto. Me explicaba que el creía que lo que en aquellos tiempos se consideraba una culebra gruesa y



peluda era sencillamente una familia de Meloncillos, caminando en fila india, enganchados unos a otros para no perderse, como es costumbre en ciertos animales de monte bajo y espeso… Recientemente he comentado el asunto con Miguel Delibes y cree, como Riddell, que el mítico “alicante” debe haber surgido de esta costumbre de ciertos animales, como los meloncillos, de andar con las crías en fila india y si en alguna ocasión se les disparaba se rompía en “trozos” que desaparecían en distintas direcciones desconcertando al cazador que huía del lugar
". Curiosa explicación de estos reputados naturalistas que apuntan una más que probable solución al misterio del alicante.(6)

Pese a todo, cuando caminamos por parajes solitarios de la sierra, cuando nos adentramos en un bosque cerrado o paseamos por el monte, cada vez que escuchamos un brusco movimiento de ramas entre la espesura, nos parece sentir la cercanía de este fantástico animal. Entonces recordamos las palabras de M. González Gordon y de W. Riddell y, con una sonrisa, seguimos nuestro camino confiando en que, pese a todo, el mito y la leyenda del alicante no se pierdan.


Para saber más:
(1) Bel Ortega, Carlos y García Lázaro, Agustín (1990): La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Pgs. 73 y 101.
(2) Gilabert Carrillo, J.: La alicántara, el alicante y el saetón, 2008. http://www.lacasadelarbol.es/4AAS.pdf
(3) Diccionario de la Lengua Castellana. Tomo I que contiene las letras A y B. Madrid, Imprenta de Frnacisco del Hierro. Impresor de la Real Academia, 1726. Voz “Alicante”, p. 212.
(4) Martín Ferrero, Paz.: El Habla de los pueblos de Cádiz. Diccionario Rural. Quorum Libros Editores, Cádiz, 1999
(5) VV.AA.: W.H. Riddell. Pintor y Naturalista 1880-1946. Caja San Fernando, Diputación de Cádiz y Asociación de amigos del parque Natural de los Alcornocales. 2002. Pg. 21-23
(6) Pese a la pervivencia del “mito” del alicante, resulta llamativo que no se recoja ningún relato ni alusión sobre él en la excelente publicación de J.A. del Río Cabrera y M. Pérez Bautista, Cuentos Populares de Animales de la Sierra de Cádiz, Publicaciones de la Universidad de Cádiz. Diputación provincial, 1998.

Procedencia de las ilustradiones:

(1),(2),(4) y (5): Fotografías cedidas por nuestro amigo Jose Manuel Amarillo Vargas.
(3) http://www.fotonatura.org/
(6) http://laciguenaexpress.wordpress.com/
(7) http://naturalezaenbailen.blogspot.com.es/2012/08/familia-de-meloncillo-en-burguillos.html

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con El paisaje y su gente y Flora y fauna.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 25/01/2014

 
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