Mostrando entradas con la etiqueta AJEMSA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AJEMSA. Mostrar todas las entradas

NUESTRO PATRIMONIO HIDRÁULICO EN PELIGRO
AQUAJEREZ y Ayuntamiento descuidan el mantenimiento del histórico Acueducto de Tempul

Estado ruinoso de “La Casa de las Aguas” y otros elementos del histórico Acueducto de Tempul.


            Excursión de trabajadores de González Byass a Tempul (Fianales de los 20- comienzos de los 30) antes de la modificación de la fachada y la inclusión del escudo de Jerez.

Entre los hechos más significativos de la historia contemporánea de Jerez está, sin duda, el de la traída de las aguas hasta la ciudad que tuvo lugar en 1869, de la que hace dos años se conmemoraba el 150 aniversario. Esta gran empresa fue posible gracias a la construcción del acueducto de Tempul, con proyecto del ingeniero Ángel Mayo, reconocido en su época como una de las más brillantes obras de la ingeniería hidráulica española.

Desde que en 1864 se iniciaran los trabajos de su construcción, y hasta su finalización en 1869, el acueducto dejó marcado el paisaje de la campiña en sus 46,5 km de recorrido con numerosas obras de fábrica. El lago artificial de la cabecera del manantial, la presa de sillería, la casa de toma de aguas, la "Casa de las Aguas", los registros y ventiladores de las minas, las almenaras de desagüe, los puentes-acueductos (18), las minas, los depósitos, los caminos de servicio y servidumbre... constituyen elementos patrimoniales de primer orden que es preciso conservar y preservar por su valor arquitectónico e histórico.

Desgraciadamente, y por lo que se viene viendo en los últimos años, las tareas de mantenimiento del acueducto dejan mucho que desear y en algunos lugares brillan por su ausencia, a raíz del aspecto que ofrecen algunos de sus elementos más emblemáticos como la conocida “Casa de las Aguas” (junto al manantial), el puente-acueducto de El Bollo o la ocupación en algunos lugares de la franja de terreno de servidumbre bajo la que discurre el acueducto.

"Casa de las Aguas" con las modificaciones de fachada y la inclusión del escudo de Jerez, el mismo 
que ahora se ha desplomado.

En enero de 1936 la sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y de Riego de Jerez de la Frontera cedió las acciones al Ayuntamiento de la ciudad quien crearía, 6 años más tarde, el Servicio Municipalizado de Aguas. Con esta cesión se traspasaba también la responsabilidad y la obligación de los cuidados del histórico acueducto de Tempul. Recordemos que con el advenimiento de la democracia, y para mejorar la gestión del ciclo del agua se creó en 1983 la empresa municipal AJEMSA, que tuvo a su cargo el mantenimiento y conservación de los distintos elementos del acueducto, desde los manantiales y conducciones, hasta los puentes, edificios, depósitos y, un aspecto que pasa muchas veces desapercibido, los caminos de servidumbre y la franja de terreno por la que discurre, de propiedad también municipal y, usurpada ya en parte en algunos tramos, cuando no abandonada.

El cambio más significativo, no obstante, vendría a partir de 2013 cuando el Ayuntamiento de Jerez convocó un concurso público para licitar la gestión del servicio de abastecimiento de agua en baja, alcantarillado y depuración en el término municipal durante 25 años, adjudicándose la misma a Aquajerez, la sociedad conformada por distintas filiales del grupo FCC que lidera la marca Aqualia. Entre las condiciones de esta “privatización” del servicio por 25 años figuraban también la de realizar inversiones en el mantenimiento de las infraestructuras y, por tanto, en la conservación de los elementos patrimoniales más significativos del histórico ACUEDUCTO DE TEMPUL.





"Casa de las Aguas", antes del desplome de la parte superior de la fachada.

Sin embargo, a la vista de todos está el abandono de la conocida como “Casa de las Aguas”, situada junto a los manantiales y la venta de Tempul. Un edificio que empezó ya a arruinarse ante la pasividad de AJEMSA y que amenaza con desplomarse de no mediar en el corto plazo, actuaciones de consolidación y de rehabilitación. A la caída de una parte de sus tejados hace unos años, se ha sumado recientemente el desplome de la parte superior de la fachada principal, donde lucía en mármol rojo el escudo de Jerez desde que a finales de los años 30 del pasado siglo, el acueducto pasó a manos municipales. 




El desplome del escudo es otra lamentable noticia, cargada esta vez de un triste simbolismo que ve hecho añicos y por los suelos, el signo más claro de que esta casa (y el acueducto) pertenecen al pueblo de Jerez, aunque la empresa privada que actualmente lo gestiona y que debe velar por su mantenimiento y conservación, no haya invertido ni un céntimo en evitar su ruina. En la selección de imágenes que ofrecemos, aparece la Casa de las Aguas en su estado original (foto cortesía de Francisco Jordi Sánchez) y ya al pasar a manos municipales a partir de la década de los 30 del siglo pasado (fotos gentileza de J.M. G. Montero), con la reforma de su fachada y la incorporación del escudo de la ciudad, ese que en estas semanas vemos por los suelos.
Y es una lástima y una oportunidad perdida para restaurar este edificio y destinarlo al turismo rural o la instalación de un pequeño museo del agua o de los acueductos. No olvidemos que hace sólo unos años los arqueólogos del proyecto AQUADVCTA localizaron junto a la casa restos del primitivo acueducto romano de Tempul a Gades.
El ESCUDO DE JEREZ por los suelos. Todo un símbolo... caído.

Similar suerte ha corrido el Puente -acueducto de El Bollo, uno de los más emblemáticos del Acueducto de Tempul, junto al de Ojos Azules. Las fotografías que ofrecemos, hechas ya hace unos años, no recogen el derrumbe parcial que se ha producido ya de uno de sus arcos sin que en una década se haya hecho nada por parte de AJEMSA primero, y de AQUALIA después, por apuntalar las partes que amenazaban ruina y por evitar la misma.

                                          Puente-acueducto de El Bollo. En estado de ruina en parte de sus arcos.




El colmo de los colmos es la ocupación, en los últimos años, de algunos de pequeños tramos de la franja de servidumbre del acueducto, bajo la que discurre la conducción, por parcelas, edificaciones y cerramientos, como por ejemplo se observa en la zona de Cuartillos junto a la casilla de entrada del sifón de Albadalejo. Si, llegado el caso, hubiera que levantar el terreno para reparar una importante avería, se presentaría un problema de primer orden.

"Casilla de entrada del sifón de Albadalejo. Con signos de ocupación en sus inmediaciones del trazado
 de servidumbre del  acueducto.
.

Nada de esto parece importar a NADIE, ni al Ayuntamiento, -el propietario- ni a AQUAJEREZ, la concesionaria. El abandono de nuestro patrimonio y el olvido de los 150 años de historia del Acueducto de Tempul no puede ser más doloroso. No somos nadie para EXIGIR a los responsables que actúen y lo hagan ya... Tal vez si lo pedimos muchos ciudadanos y muchas ciudadanas y lo difundimos, se lo tomen más en serio. Que buena falta hace 

Por el puente del Bollo, en el acueducto de Tempul.
150 aniversario de una obra singular.




En 2013, 30 años después de su creación, los ciudadanos de Jerez hemos visto como se privatizaba la gestión del agua pasando de las manos de AJEMSA, -la empresa municipal creada en 1983- a Aquajerez, la sociedad conformada por distintas filiales del grupo FCC que lidera la marca Aqualia. Se cerraba así un ciclo que había comenzado en 1868, con la creación de la Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y Riego de Jerez de la Frontera, que en 1936 cedería las acciones al Ayuntamiento de la ciudad para crearse, 6 años más tarde, el Servicio Municipalizado de Aguas.

La pérdida de la gestión pública del agua y las posteriores protestas ciudadanas por su privatización han hecho que haya pasado desapercibida una fecha importante, la del mes de mayo de 1864 en el que comenzaron las obras del Acueducto de Tempul. Tras un paréntesis de casi dos años de suspensión (entre septiembre de 1866 y junio de 1868), esta gran empresa culminaría con la llegada de las aguas a Jerez el 22 de junio de 1869.

El acueducto, proyectado por el ingeniero Ángel Mayo, permitió la “traída de aguas” a la ciudad y fue sin duda uno de los logros más ansiados por la sociedad jerezana. Aunque esperamos que en 2019 se celebre como se merece el 150 aniversario de esta singular construcción que es ya un referente del patrimonio rural de la campiña de Jerez y del patrimonio hidráulico andaluz, nosotros queremos señalar también, como un hito singular en la pequeña historia de este acueducto, el inicio de aquellas obras cuando se cumple ahora un siglo y medio de los primeros trabajos.

Por los Cuquillos y el Arroyo del Bollo.



Muchos lectores, en sus excursiones hacia las tierras del “este” del término municipal, habrán contemplado a buen seguro, desde la carretera, las casillas, puentes, registros de ventilación, sifones… que delatan la presencia del Acueducto de Tempul. Cuartillo, La Guareña, La Barca, el Puerto de la Cruz, las Vegas de Elvira, Fuente Imbro… son algunos de los lugares donde salen al encuentro del viajero algunas de estas obras repartidas por toda la campiña. Desde “entornoajerez”, para rendir un sencillo homenaje a estos 150 años de las primeras realizaciones del acueducto vamos a acercarnos a conocer uno de estos singulares puentes que fue preciso levantar a lo largo de su recorrido, el que salva el Arroyo del Bollo. Y para ello, nada mejor que dejarnos guiar por lo que de él cuenta el ingeniero Ángel Mayo en su Memoria de las Obras del acueducto del Tempul, obra de la que hemos tomado las citas entrecomilladas.

Los diferentes manantiales que brotan en las paredes rocosas del cerro del Bollo, en las faldas de la Sierra de las Cabras, se hicieron confluir en un pequeño embalse construido a sus pies. Desde este lugar, y en un punto muy cercano a donde lo hacía el antiguo acueducto romano de Tempul-Gades (como han puesto de manifiesto este mismo verano los investigadores del proyecto AQUADUCTA) parte el acueducto en zanja para recorrer unos 100 m. antes de introducirse en su primera “mina”, la de Tempul, de 900 m. de longitud. Tras este túnel y después de un corto recorrido en zanja (de 2 a 6 m. de profundidad), la conducción atraviesa el Cerro de los Cuquillos con una nueva mina de 350 m. hasta salir al estrecho valle del Arroyo del Bollo, que cruza con un puente- acueducto para volver de nuevo a su tercera mina, la del Bollo y, desde aquí seguir hasta la garganta de Bogas, donde se construiría el primer puente-sifón.

Para conocer más de cerca esta gran obra de ingeniería vamos a detenernos hoy en el primero de sus puentes, visitando la pequeña garganta del Arroyo del Bollo, en las proximidades de Tempul. A buen seguro que el viajero curioso habrá entrevisto alguna vez esta curiosa obra que asoma entre la densa vegetación que cubre las laderas y el fondo de este pequeño valle, que se abre a la izquierda de la carretera, en las proximidades del p. Km. 47, apenas un kilómetro antes de llegar a Tempul. Para acceder hasta él hemos seguido, algo más de 300 metros, por la vereda que se utilizaba para las tareas de mantenimiento y servicio del acueducto (muy desdibujada en la actualidad) que parte desde la carretera y recorre parcialmente el trazado de la antigua Cañada Real de la Sierra y Mojón de la Víbora.

Una obra singular.



Conforme nos acercamos al Puente-acueducto del Bollo vamos descubriendo las armoniosas proporciones de esta pequeña obra que, rodeada de fresnos y casi oculta entre la vegetación de las laderas del valle, nos sorprende gratamente en un ameno paraje. Sin embargo, enseguida comprobamos el mal estado de dos de sus arcos, uno de los cuales corre riesgo de desplomarse.



El acueducto llega hasta el puente del Bollo procedente de una mina de 350 metros excavada en el cerro de los Cuquillos, por cuyas laderas de poniente discurre la vereda que nos ha traído hasta el lugar. Como habremos podido comprobar en nuestro paseo, el cerro tiene en su base los materiales geológicos característicos del periodo Triásico, abundando las margas abigarradas y en especial las rocas de yeso, muy abundantes en toda la falda y en las inmediaciones del puente.



Ángel Mayo, el ingeniero a quien se debe el proyecto de la “traída de aguas de Tempul” se refiere a él como “…un puente-acueducto de sillería, de cuatro arcos, de medio punto y 6 metros de luz cada uno, en el que se ha establecido una almenara”. El ingeniero nos informa también que, “a continuación del puente, y para evitar el gran rodeo del cerro del Bollo, se atraviesa éste en línea recta con una pequeña mina, siguiendo después el acueducto a 5 metros de profundidad, hasta dar vista al barranco de la garganta de Bogaz…”.



El puente-acueducto del Bollo es, pese a sus reducidas dimensiones, una obra que llama la atención por sus equilibradas proporciones y por su armoniosa integración en el paraje en el que se levanta. Por todo ello “nos duele” que este elemento singular de nuestro patrimonio rural, presente preocupantes signos de deterioro que amenazan con su destrucción de no intervenirse a tiempo. Veamos ahora como es este curioso puente.



La obra tiene una longitud total superior a los 60 m. la mitad de los cuales corresponde al tramo de acueducto que se apoya sobre arcos, haciéndolo el resto sobre los estribos laterales. La conducción salva así el valle del arroyo del Bollo que desagua en el río Majaceite, en un paraje situado aguas arriba de la antigua Ermita del Mimbral, si bien hoy día penetra parcialmente por él la lámina de agua del embalse de Guadalcacín.

El ingeniero informa en su Memoria que no fue preciso realizar grandes obras de cimentación para la construcción del puente debido a que “…la naturaleza del terreno sobre que se han fundado es buena” razón por la cual no se hizo necesario realizar pilotajes y emparrillados, habiendo sido suficiente cimentarlas con hormigón y mampostería. En el plano de alzado de la obra que gentilmente nos ha facilitado el profesor e investigador Francisco Zuleta Alejandro, se aprecia no obstante que para el apoyo de las pilas hubo que excavar fosos de cimentación de más tres metros de profundidad y dos de anchura. La roca de yeso que forma el sustrato donde se asienta el puente, puede observarla el paseante en los alrededores del lugar.

Reinando Ysabel II Año de MDCCCLXIV”.



La parte más llamativa del puente son sus cuatro arcos de medio punto construidos con dovelas de sillería. Como indica su constructor Ángel Mayo, y como el paseante podrá comprobar, “las dovelas están compuestas alternativamente de dos y de tres piezas; las primeras, de un metro de longitud, y las segundas de 0,66 m.” Los arcos tienen 6 metros de luz y una anchura de 2,30, aproximadamente, en su intradós. Están apoyados en pilas de sillería que presentan en sus extremos tajamares de sección semicircular que sobresalen unos 60 cm. de las pilas.


Los dos arcos centrales dan paso al arroyo, que en momentos de crecida ha llegado a cubrir la altura de las pilas. Los arcos de los extremos tienen continuidad en sendos muros, contrafuertes o estribos que se anclan en las laderas del valle. Como señala Ángel Mayo, la técnica constructiva y los materiales elegidos para el puente del Bollo y el resto de los puentes del acueducto han estado condicionados por “… el poco volumen de la obra y la estabilidad que requiere un puente de tan poca anchura, se han construido todos de sillería, excepto el pequeño relleno de los estribos, y de los tímpanos de los arcos, en donde se ha empleado la mampostería”.

Los arcos sustentan el cajero del acueducto, construido con grandes sillares, que mantiene las mismas dimensiones que se aprecian en otros tramos de la conducción. Según explica el ingeniero, “siendo pequeña la sección transversal del acueducto no se ha reducido en el paso de los puentes, pues la economía que se obtendría obligaría a aumentar la pendiente, y aún cuando se dispone de suficiente desnivel, complica la ejecución de las obras el cambio constante de rasantes. Según esto, los cajeros tienen 0,50 m de ancho, y un metro de altura, quedando un espacio de 70 centímetros para el acueducto, y una anchura total de 1,70 m., que se aumenta a 2 metros en los arcos. Para que la calidad del agua no pueda verse afectada por elementos externos, la conducción no va abierta, y “…el acueducto se cubre con una tapa de sillería de 1,80 m. de ancho, apoyada en los cajeros, para evitar que ensucien el agua los muchos ganados que hay en las inmediaciones”.



Una nota distintiva del Puente del Bollo es su almenara, esto es, la canalización por la que se conduce al río el agua que sobra en el acueducto. Situada en el extremo de aguas abajo, tiene una alberca lateral construida junto al estribo que recoge los sobrantes y los deriva al arroyo por un canalillo. Como las demás almenaras situadas a lo largo de toda la conducción, podía ser utilizada también para desaguar el acueducto en este punto en caso necesario. Junto a ella, y sobre la tapa de sillería del cajero, se construyó una casilla que permite el acceso al interior. Como colofón de la obra se situó en la parte central del cajero, aguas arriba una lápida en la que figura su fecha de construcción en la que se lee: “Reinando Ysabel II Año de MDCCCLXIV”.

El coste de la obra, según se detalla en los cuadros de presupuestos que figuran en la Memoria de las Obras del acueducto del Tempul, fue de 196.200 reales, suma cuantiosa pero algo menor que la supuso la construcción de otros puentes como el de Los Romerales o el del Arroyo de Ojos-Azules (del que nos ocuparemos en otra ocasión), donde fue preciso realizar también largos muros de acompañamiento.



Evitemos que el Puente del Bollo se destruya.

El puente del Arroyo del Bollo se terminó a finales de 1864 en el primer año del inicio de los trabajos del acueducto, más de cuatro años antes de que llegase el agua de Tempul a Jerez, un 22 de junio de 1869, en el que “…sobre las cinco de la tarde, se abrieron las compuertas de Tempul y, casi 17 horas después, de acuerdo a lo previsto por los cálculos del ingeniero Ángel Mayo, las aguas llegaban a la ciudad: “…poco antes de las diez de la mañana del 23 de junio de 1869, las aguas de Tempul entran en torrente y se precipitan sobre el depósito hiriendo “dulcemente” los oídos” de cuantos se encontraban allí”.

En la actualidad el Puente del Arroyo del Bollo está seriamente dañado y lleva ya unos años sin que las aguas del acueducto corran sobre sus arcos como lo habían venido haciendo durante más de 125 años. Debido a su mal estado fue preciso realizar una derivación. El pequeño hundimiento de una de sus pilas provocó el deterioro de dos de sus arcos. En el primero de ellos se aprecia una dovela parcialmente desprendida. En el segundo, una gran fisura recorre todo su intradós observándose las huellas de viejas filtraciones. El cajero del acueducto se muestra también ligeramente hundido y toda la obra parece lanzar un grito sordo de petición de auxilio que, tal vez por lo remoto y apartado del paraje, nadie oye.

Desde aquí hacemos un llamamiento, primero a AQUAJEREZ, la nueva empresa de aguas, y después “a quien corresponda” para que esta singular obra de nuestro patrimonio rural pueda recibir la reparación que merece y ahora que se cumple el 150 aniversario de su construcción sea también el momento de su recuperación para que luzca como Ángel Mayo la diseño.


Para saber más:
- Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3. 1877. De esta memoria hemos tomado las distintas citas textuales que figuran en este artículo.
- Barragán Muñoz, M. Coord.: Aguas de Jerez. Evolución del abastecimiento urbano. Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993.
- Inauguración de las Aguas de Tempul. Revista de Obras Públicas. 1869. págs. 177-179
- El Plano de alzado del Puente-acueducto del Bollo nos ha sido facilitado por el profesor e investigador Francisco Zuleta Alejandro, a quien le agradecemos su colaboración.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Patrimonio en el medio rural, Foto denuncia y Puentes y obras públicas

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 26/10/2014

Una ciudad sedienta: en busca del agua con el ingeniero Ángel Mayo




Meses atrás los ciudadanos de Jerez hemos visto como se privatizaba la gestión del agua pasando de las manos de AJEMSA, -la empresa municipal creada en 1983- a Aquajerez, la sociedad conformada por distintas filiales del grupo FCC que lidera la marca Aqualia. Se cerraba así un ciclo que comenzó en 1868, con la creación de la Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y Riego de Jerez de la Frontera, que en 1936 cedería las acciones al ayuntamiento de la ciudad para crearse, 6 años más tarde el Servicio Municipalizado de Aguas.

Pero este es el final de una historia que empezó, hace ahora ciento cincuenta años, en una ciudad sedienta: el Jerez de mediados del XIX. Vamos a recordarla.

Una ciudad sedienta.

Desde el siglo XVI, de manera recurrente, el concejo jerezano anduvo embarcado en dos grandes empresas: la traída de aguas y la canalización del Guadalete y su unión con el Guadalquivir. Si bien la mejora de la navegación por el Guadalete y, el sueño de acercar el río y el mar a los pies de la ciudad ha conocido tantas frustraciones como proyectos se han sucedido en todos estos siglos, el abastecimiento de agua potable se convirtió en uno de los mayores logros de la historia de Jerez.

A mediados del XIX Jerez era ya una de las grandes ciudades del país. En plena expansión y con más de 60.000 habitantes, no había resuelto todavía el problema del abastecimiento de agua potable llegando a afirmarse que era más fácil conseguir un vaso de vino que uno de agua. Desde los pozos y manantiales ubicados en las cercanías del casco urbano, el agua llegaba a las escasas fuentes públicas de Jerez, dependientes del Ayuntamiento o de particulares, que la distribuían y vendían por la ciudad a través de los aguadores. Estos menguados recursos proporcionaban poco más de cuatro litros por habitante y día, cuando las necesidades que reclamaba una ciudad como la nuestra se estimaban en unos ciento cincuenta litros.

No es exagerado afirmar que la necesidad de dotar a la ciudad con un suministro estable era uno de los principales sueños colectivos. Un sueño que se había visto frustrado en los siglos anteriores, debido a que los proyectos planeados tropezaban con dificultades técnicas y económicas insalvables. Como señalaba la Revista de Obras Públicas (1869) “El abastecimiento que se hacía en los algibes y el caudal de algunas fuentes particulares no eran a veces suficientes para llenar las necesidades del vecindario, y a consecuencia de ello resentíase la salud pública, y la vegetación en los alrededores de la localidad, y en los paseos eran tan escasas, que no sin gran trabajo se salvaban los árboles plantados para mejorar las condiciones higiénicas y climatológicas de la ciudad”

Consciente de esta gran necesidad, el Gobernador Civil de la provincia Sr. Méndez Vigo, se propuso retomar las iniciativas y solicitó la colaboración de la Real Sociedad Económica. El propósito que se planteaba entonces era llevar a cabo una obra que permitiera el abastecimiento conjunto de las ciudades de Jerez y Cádiz, de manera mancomunada, tomando el agua en la confluencia de los ríos Majaceite y Guadalete. Sin embargo, en 1861, la Real Sociedad Económica desestimó la propuesta al no considerar adecuado el lugar de la toma (Junta de los Ríos), de dudosas condiciones sanitarias. A ello había que añadir además que se dañaban los intereses de los agricultores ribereños y de los molinos instalados en sus cauces. Como alternativas se plantearon la traída de aguas desde los manantiales de la Sierra de Gibalbín, de los situados en Mesas de Asta o de los pozos de La Piedad, en el valle de Sidueña, junto a Doña Blanca.

Los primeros proyectos.

Será a mediados del siglo XIX, cuando ingenieros de diferentes empresas nacionales y extranjeras realicen estudios en la zona al objeto de tratar de resolver el problema de abastecimiento de las principales ciudades de la provincia. Así, el 19 de enero de 1861, el diario local “El Guadalete” publicaba los datos de los aforos del manantial de Tempul que había realizado el ingeniero francés Pablo Roaulht de Fleury. Las mediciones, tomadas de su caudal “…por orden y en presencia del señor alcalde corregidor era muy reducido por la escasez de agua de los años anteriores y del verano de 1852 daba 54 pulgadas fontaneras. El agua de Tempul deposita mucha toba o sea carbonato de cal”. La escasez de estos caudales (medidos en un año especialmente seco) y la “mala calidad” de las aguas, descartaban este manantial, a juicio del ingeniero francés, quien en el mismo informe daba cuenta también de la visita que realizó a los manantiales de la Sierra de Gibalbín.

Al ser un tema de interés público, la prensa escrita del momento se hacía eco de estos debates, apostando por una solución “local”, que pasaba por realizar la traída de aguas desde los ríos Guadalete o Majaceite o de los manantiales del Tempul, de la mano de una Sociedad que contara con la participación del Ayuntamiento y de las “fuerzas vivas” de la ciudad. Así las cosas, se constituye la Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas potables y Riego de Jerez de la Frontera, bajo la presidencia de Rafael Rivero de la Tixera, encargándose al prestigioso ingeniero Ángel Mayo los estudios necesarios que comenzará, sin demora, en el mes de agosto de 1861. En su “Memoria relativa a las Obras el Acueducto de Tempul” estima que el volumen de agua que llegaba a Jerez procedente de fuentes y pozos era de 216 m3 diarios, cantidad a todas luces insuficiente. Era necesario, por tanto, conocer detenidamente los recursos del entorno y analizar todas las opciones posibles que permitieran dotar a la ciudad de un abastecimiento estable y en cantidad suficiente para las crecientes necesidades de su población y de una industria vinatera en clara expansión.

En busca del agua con el ingeniero Ángel Mayo.

Desde agosto de 1861 y durante varios meses, Ángel Mayo recorre el término de Jerez y los de otras poblaciones de la provincia aforando fuentes y manantiales para estudiar las posibilidades de la conducción de sus aguas a la ciudad. En su periplo visitará los manantiales y pozos de Mesas de Asta, de la Sierra de Gibalbín (La Torre, Las Navas, Romanina, …), así como los de San Andrés, en las cercanías del cortijo del mismo nombre, entre Arcos y Bornos.

También estudiará la posibilidad de realizar tomas, mediante la construcción de azudes, en el Río Guadalete, en el lugar conocido como Cerrada o Angostura de Bornos (donde casi un siglo después se construiría la presa), en el propio río Majaceite a la altura de la Angostura de Arcos, o en el Guadalete en la zona del Puente de La Cartuja, el punto más próximo a Jerez, con aguas de peor calidad que sería necesario elevar mediante bombeo utilizando máquinas de vapor.

En su afán por asegurar el abastecimiento, Ángel Mayo exploró también fuentes y manantiales de localidades próximas, como los de La Piedad, en el Puerto de Santa María, los diferentes manaderos de la sierra del Calvario en Bornos, o la copiosa fuente del Nacimiento, en Benamahoma, que aunque muy alejada de nuestra ciudad era y es la más caudalosa de la provincia. Ya en nuestro término, pero en puntos mucho más alejados de Jerez, aforó los manantiales de la sierra del Aljibe o los de Ortela, en las faldas de Montifarti, frente a la Jarda. En su periplo no de dejó de visitar el conocido manantial de Tempul, cuyas virtualidades había descartado ese mismo año el ingeniero francés P. Rouaulth que apostaba por traer a la ciudad el agua desde el río Guadalete en el Puente de Cartuja, mediante una estación de bombeo movida por una máquina de vapor que elevaría el agua hasta un depósito ubicado en el Cerro del Real (Lomopardo), desde donde llegaría a la ciudad por gravedad.

Junto a estos manantiales, Ángel Mayo aportó también en su Memoria nuevos estudios de otros puntos de abastecimiento próximos a la ciudad como las Fuentes de La Canaleja, La Teja, el Clérigo, La Vaquera o Pedro Díaz, ubicadas en el Pago de Montealegre, en las vertientes de Albadalejo y Los Albarizones.

El manantial de Tempul como solución

En este periplo “en busca del agua” Mayo fue descartando, por razones muy diversas, la mayoría de los puntos estudiados. Si bien los manantiales del Aljibe, Ortela y Benamahoma presentaban aguas de buena calidad, en la práctica quedaban demasiado lejos de Jerez, lo que encarecía notablemente su posible conducción. Otros como los de Bornos y La Piedad, abastecían ya a otras poblaciones y se utilizaban para el riego de huerta, por lo que planteaban un posible conflicto de intereses. Los manantiales de Gibalbín, Mesas de Asta, San Andrés o la Canaleja, eran irregulares y tenían caudales escasos, como los pozos y fuentes de las proximidades de la población…

Así las cosas, las opciones finales se centraron en tres posibles puntos: el río Majaceite en la Angostura de Arcos (donde se levantaría medio siglo después la presa de Guadalcacín), el Río Guadalete en una zona próxima al Puente de La Cartuja, y el manantial del Tempul, al que en caso de necesidad, se podían sumar las aguas de los manantiales del Aljibe.

Después de estudiar los presupuestos económicos y los proyectos técnicos de las tres opciones, se apostó por las fuentes de Tempul, situadas a 46 km. de la ciudad en la falda de la Sierra de Las Cabras, en razón de la potabilidad de sus aguas certificadas por la Academia de Medicina de Madrid, a las que no sería necesario aplicar los costosos filtros requeridos para las otras opciones. Junto a ello, la altura adecuada del manantial, que permitiría su conducción rodada por gravedad hasta la ciudad, sin necesidad de maquinaria para su elevación, supondría también un ahorro de costes. A todo esto había que añadir la suficiencia de su caudal que, aunque menor del que podía tomarse de los ríos, bastaba para las necesidades calculadas. Después de su largo periplo, ángel mayo había llegado a la misma solución que los ingenieros romanos habían adoptado casi dos mil años atrás cuando se construyó el acueducto de Tempul a Gades, una de las obras públicas más notables de la antigüedad.

Sin mucho tiempo que perder, en Junio de 1863 se autorizan las obras y en mayo de 1864 se iniciarán los trabajos de acuerdo al proyecto de Ángel Mayo que, no sin dificultades, posibilitarían finalmente que “el día 16 de julio de 1869, coincidiendo con la fiesta en honor de la Santísima madre del Carmelo, las aguas del rico e inagotable manantial de Tempul se elevaron a gran altura, y corrieron por primera vez por nuestras calles y plazas…”.



La ciudad contrajo una deuda de gratitud con el célebre ingeniero que en esos mismos años también intervino en el proyecto de la primera línea de ferrocarril de Andalucía de Jerez al Trocadero. No es de extrañar por ello que se sintiera con gran pesar la noticia de su muerte, el 24 de Agosto de 1884, tras las graves heridas sufridas en un accidente ferroviario en las proximidades de Astorga, cuando contaba con 57 años de edad.



Su periplo por nuestras tierras “en busca del agua”, y los frutos de sus proyectos y de su riguroso trabajo, bien merecen ser recordados ahora que se cumplen ciento cincuenta años del inicio de los trabajos.



Ver En busca del agua con el ingeniero Ángel Mayo: fuentes y manantiales en un mapa más grande

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para saber más:
- Arcila Garrido, M.Luis.: La figura de Ángel Mayo vista por la prensa de la época" en Aguas de Jerez. Tempul: entre el medio natural y la técnica hidráulica. Coord. J. M.Barragán Muñoz, Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993. Las ilustraciones de los aguadores en la fuente de Los Albarizones y de los planos de Proyecto del Acueducto del Tempul, han sido tomados de esta obra.
- Barragán Muñoz, M. Coord.: Agua, ciudad y territorio. aproximación geohistórica al abastecimiento de agua a Cádiz. Ed. Servicio de Publicaciones de la UCA, Cádiz, 1993.
- Barragán Muñoz, M. Coord.: Aguas de Jerez. Evolución del abastecimiento urbano. Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993.
-Inauguración de las Aguas de Tempul. Revista de Obras Públicas. 1869. Tomo 15-2, pg. 177


Otras entradas sobre Fuentes, manantiales y pozos...

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 05/10/2013

 
Subir a Inicio