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En el Puerto de Gáliz.
Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.




En un paraje remoto donde las provincias de Cádiz y Málaga comparten bosques, montes y arroyos, en un lugar alejado de pueblos y ciudades, en el corazón del Parque de Los Alcornocales, allí el Puerto de Gáliz.



Desde siempre -como sucede ahora- fue encrucijada de caminos y paso obligado de quienes iban y venían de las comarcas de la campiña gaditana a las serranías de Cádiz y Málaga, o de los que buscaban las rutas hacia el Campo de Gibraltar, pasando por La Sauceda y por Jimena.

Gales, Galis, Gáliz: un nombre cambiante.

Desde la conquista en 1309 del castillo de Tempul por las tropas castellanas de Fernando IV, este enclave, como sus montes y valles cercanos, pertenecieron al término de Tempul, pasando posteriormente a sumarse al alfoz jerezano tras la cesión en 1333 de estos territorios al Concejo de Jerez por la Corona.

Desde el s. XVI, tenemos ya referencias del Puerto de Gáliz. En La Carta de previlexio donando el castillo de Tempul (1351), las menciones a este lugar aparecen con la forma Gales: “(…) partiendo término de Gales con Venajssin”, se ayunta el río que sale del puerto de Gales” (1). A mediados del S. XVI, en el Libro de la Montería, existen varias alusiones a la alcaría o alquería de Gales, que da también nombre a un río. Aunque algunos autores asocian estas citas a los parajes del Puerto de Gáliz, pensamos que por la descripción del entorno que se apunta en esta obra, debe tratarse de un enclave con el mismo nombre próximo al Tiradero, en Los Barrios (2).



A finales del XV, se mantiene aún este mismo topónimo y, como Puerto de Gales figura también en los documentos y testimonios de los jueces, procuradores y medidores que visitan la zona con motivo de los pleitos que el Consejo de Jerez mantiene con el Duque de Arcos por los términos de las Cuatro Villas, a partir de 1485, y con la ciudad de Ronda, desde 1490 (3).

Como Puerto de Galis se menciona ya en 1500, en la copia del Privilegio de Cesión, en el que se describen los límites del término de Tempul y su amojonamiento y donde se alterna también este nombre con la primitiva forma de Gales: “(…)E el otro mojón va a cabo delante y esta en una syerra donde se levanta Focalcuerda, agua vertiente de Tempul e cabo adelante sube a una carera antigua a mano yzquierda desta caueza que va a ayuntarse con el camino que va de Tempul a Benafasin e dende toma un çerro ayuso partiendo término: Galis con Benahazín y es Gales de Xerez e Banahazin de Alcalá e da consigo do se ayunta una garganta que se levanta de la syerra del Algibe y se ayunta en el río que sale del Puerto de Galis(4). En 1577, en el Señalamiento de las dehesas de Montes de Propios existen ya sólo referencias al Puerto de Galis (5).

En los siglos posteriores parece consolidarse esta denominación. Un fragmento de un mapa en pergamino, datado a comienzos del s. XVIII, que es el más antiguo que se conserva en nuestro archivo, lo recoge ya como Galis (6), al igual que un curioso plano de 1729 sobre los pleitos de términos con el Duque de Arcos (7). También el primer mapa provincial de Cádiz, elaborado por F. Coello en 1868 (8), El Plano Catastral de 1897 (9) o el del término de Jerez de Lechuga y Florido (1898), mantiene esta misma forma (10). El Plano Parcelario de A. López Cepero (1904) introduce una nueva variante. "Puerto de Galli" (11) y el ingeniero Antonio Gallegos, describiendo en 1916 el proyecto de construcción de la carretera de Cortes, vuelve de nuevo a la forma más antigua para referirse a este lugar: Puerto de Gales (12).



Definitivamente, para fijar el topónimo que hoy pervive, habrá que esperar al primer mapa topográfico Nacional del Instituto Geográfico en 1917 en el que se incluye ya la forma actual de Puerto de Gáliz, que se mantiene en la cartografía posterior hasta nuestros días.

Un paraje testigo de la Historia.



Por su condición de encrucijada de caminos no resulta extraño que el Puerto de Gáliz fuese testigo en los siglos medievales de las guerras de frontera, y del ir y venir de las tropas musulmanas que guerreaban entre el Tempul y Cardela o de las cristianas que peleaban por la toma de Jimena y de la Serranía de Villaluenga. Conoció después, en el s. XVI, las escaramuzas contra los moriscos, o la rebelión de los monfíes en la zona de los Montes de Jerez y en los bosques del Aljibe y La Sauceda.

Fue testigo del paso de bandoleros, de arrieros y carboneros, de corcheros y cazadores, de contrabandistas y trajinantes. En la Guerra de la Independencia, estos parajes vieron pasar las tropas del General Ballesteros en sus refriegas serranas contra los franceses y en recuerdo de este personaje, la enorme roca de arenisca, auténtico hito natural que se levanta en el cruce frente a la venta, es conocida como Peñón de Ballesteros. Ya en el siglo XX, aún frescos en el recuerdo los bombardeos y la destrucción de La Sauceda, los fusilamientos junto al Marrufo…, el Puerto de Gáliz guarda también memoria del paso de aquellos crímenes de 1936 que esperan aún –por dignidad y justicia- ser reparados.



La venta de Puerto de Gáliz: un lugar de parada obligada.



Hoy en día, el Puerto de Gáliz continúa siendo esa encrucijada de caminos entre las carreteras que unen Jerez, San José del Valle y Algar con Cortes y Ubrique o con Jimena y Alcalá. Y presidiendo este paraje, como un faro entre los bosques de alcornoques, la conocida Venta del Puerto de Gáliz. Los actuales propietarios nos informan que ya en 1940, la casa en torno a la que se construyó posteriormente la venta, servía sus primeras viandas a los viajeros que transitaban por estos apartados lugares. A partir de 1960 amplió sus servicios y hoy es parada obligada de quien circula por estas carreteras y aún destino final de otros que quieren disfrutar del paseo y de los magníficos paisajes que nos deparan los Montes de Jerez, y los bosques de Los Alcornocales. Y es que a veces, como en el Viaje a Itaca, lo importante es la travesía y estos caminos bien la merecen si a todo ello sumamos además la estampa añeja y hogareña de esta venta que, en palabras de Elena Posa, “invita a la excursión por sí misma”, y a la posibilidad de saborear los mejores platos de carne de caza (13).


En la cercanías del Puerto de Gáliz no faltan hermosos parajes naturales y rincones con sabor serrano para disfrutar de un día de campo o de un agradable paseo por el monte: La Sauceda, El Marrufo, la Sierra del Aljibe, Los Hurones, El Tempul los Montes de Jerez, El Mojón de la Víbora, el Cerro del Berrueco… lugares a los que nos acercaremos en futuras excursiones.



Un recuerdo a Juan “el Igualeja”.



Y junto a todo lo anterior, queremos atraer la mirada del viajero hacia las ruinas de una vieja casa ubicada frente a la Venta, al otro lado de la carretera, a los pies del Peñón de Ballesteros, esa enorme roca aislada que preside el puerto y que es ya un auténtico monumento natural. Esas ruinas es todo lo que queda de un antiguo ventorrillo. El Plan General de Ordenación Urbana de Jerez de 1995 incluía esta casa, la “Casa Contreras” -como se la conocía y como figura aún en la cartografía del IGN- en su catálogo de bienes a proteger como patrimonio rural y etnográfico gracias al acierto de M.A. González Fustegueras y J. Antonio Márquez que reconocieron sus valores (14). Se quería destacar así la singularidad de esta construcción -claro ejemplo de arquitectura popular-, su especial estampa y su sabor tradicional. Los que la conocimos antes de su ruina recordamos su horno de pan, su solería de piedra de Tarifa, las vigas de madera que sostenían su tejado de teja árabe, su soberado, el pequeño emparrado de la entrada…

Pero sobre todo recordamos a sus últimos moradores: “Juan el Igualeja” y su esposa Catalina. Allí, en su casa, en la Venta “vieja” de Puerto de Gáliz servían, junto a su apacible conversación, algunos refrescos o café de pucherete o unos huevos fritos con chorizo. En ocasiones, los huevos se recogían para la ocasión en el corral de la casa y las chacinas colgaban de una alcayata clavada en una viga del techo… La casa cerró a finales de la década de los noventa, pero la recordamos vivamente. Hace casi veinte años, la última vez que visitamos la casa-ventorrillo de Juan y Catalina, con Agustín Cuello, J. A. Márquez y otros compañeros, en la pequeña estancia donde esta buena gente recibía a sus “clientes”, visitantes y amigos, podía leerse en un cartelito colgado en la pared: “Casa de Juan El Igualeja. El que tenga bulla que se vaya”. Toda una rotunda declaración de intenciones. De buenas intenciones.

Cada vez que venimos al Puerto de Gáliz, además de disfrutar de su Venta y del paseo, nos gusta acercarnos hasta lo que queda de la casa de Juan “El Igualeja”. Entre las ruinas, aún podían verse hasta no hace mucho, los restos de aquel viejo sillón donde se sentaban las visitas que no tenían “bulla”.

Para saber más:
(1) Carta de previlexio donando el castillo de Tempul. Sevilla, 30 de diciembre de 1351. Archivo de la Catedral de Cádiz. MARTINEZ RUIZ, J.: “Toponimia gaditana del siglo XIII”, en Cádiz en el siglo XIII, Actas de las Jornadas conmemorativas del VII centenario de la muerte de Alfonso X el Sabio, Cádiz, 1983, p. 120.
(2) Pascual Barea, J.: El Paisaje histórico de los términos de Tarifa y Algeciras según la toponimia del Libro de la Montería en el siglo XIV en El paisaje rural en Andalucía Occidental durante los siglos bajomedievales. Actas de las I Jornadas Internacionales sobre paisajes rurales en época medieval. (Emilio Martín Gutiérrez (ed.), UCA, 2009, p. 141. Valverde sitúa este otro “Gales” en el Cerro de los Gádalos, próximo a San Carlos del Tiradero, en Los Barrios. Véase al respecto-Valverde, J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del rey Alfonso XI, ed. J.A. de la Fuente Freyre, Salamanca, 2009. Págs. 1449 y 1452
(3) Salas Organvídez, Mª. Antonia.:Relaciones de la ciudad de Jerez con la ciudad de Ronda y villas de las Serranía de Villaluenga. (Final Siglo XV y XVI)”, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014, Ayuntamiento de Jerez-Universidad de Cádiz, 2014, pp. 373-382
(4) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y poblamiento durante la Baja Edad Media. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004, p. 257.
(6) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(7) Mapa del Término de Tempul, Anónimo, 1729, Impreso, 41 x 54 cm. AMJF. C.13, nº 26
(8) Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(9) Archivo Histórico Provincial de Cádiz.: Trabajos Topográficos. Provincia de Cádiz. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Escala 1:25.000, Hoja 5, 1897
(10) Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera, Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897, por Antonio Lechuga y Florido.
(11) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto. Año de 1904. Escala 1:25.000
(12) Gallegos, A.:Alrededor del pantano”, Revista de Obras Públicas Madrid, 23 de Marzo de 1916, nº 2113 Año LXIV, p. 134
(13) Elena Posa.: Cádiz Venta a Venta. Diputación de Cádiz, 1999, p.160.
(14) Plan General Municipal de Ordenación Urbana. Jerez. 1995. Puede consultarse también el Plan Especial de Protección de la Sierra del Aljibe (T.M. de Jerez). 1986.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/01/2016

Ventas con historia.
Un recorrido por antiguas ventas en torno a Jerez.




Las ventas son, y han sido, uno de los espacios públicos gaditanos con mayor enjundia. Sin ellos el tejido de relaciones humanas de la provincia de Cádiz no podría entenderse” (1). Con esta contundencia se expresa la escritora Elena Posa en su libro “Cádiz, venta a venta”, un delicioso trabajo publicado hace unos años, en el que realiza un recorrido histórico, literario y cultural por estos singulares establecimientos y en el que hace un completo recorrido por la geografía provincial recalando en lo mejor de estas populares instalaciones hosteleras.

A las ventas más conocidas que se levantaron junto a las carreteras y los caminos más transitados, hay que añadir los ventorrillos del entorno rural y las humildes ventas del campo, próximas a descansaderos de ganados, cruces de cañadas, vados y pasadas de ríos y arroyos.

Cumplían estos espacios una función insustituible como punto de abastecimiento de materias básicas y lugar de relación social, de encuentro, charlas y compañía entre vecinos, siendo también marco de pequeñas transacciones comerciales en el medio rural: compras, ventas, trueques, difusión de novedades… No faltaban en las ventas y ventorrillos los productos naturales recolectados en el entorno más cercano, los procedentes de la caza o los elaborados por los lugareños más hábiles en cualquiera de las ramas de la artesanía popular.

Aún hoy, en nuestros itinerarios por la comarca y por los caminos del interior de la provincia, las ventas se nos antojan como puertos seguros en los que hacer un alto, en los que parar un rato para encontrarnos también, en muchas ocasiones, con la historia, con la geografía y, como no podía ser menos, con la gastronomía. Entre todas las ventas, las que más nos gustan son aquellas que se encuentran identificadas con el paisaje, las que están estrechamente unidas al territorio del que son ya un hito inseparable.



Nos referimos especialmente, a esas viejas ventas con historia que, con edificios renovados o no, anclan sus raíces en un pasado que en ocasiones se remonta más de un siglo atrás, en un tiempo en el que fueron posadas, ventorrillos, casas de postas, lugares de parada obligada junto a caminos inciertos.

Aquellas antiguas ventas.

Como señala Elena Posa, “…el carácter de las ventas también ha ido variando a lo largo del tiempo. Empezaron vendiendo algo más que cosas y mercancías: alojamiento, descanso, calor humano y animal, porque a menudo… no había cosas ni mercancías que vender. Y por ese linaje suyo de acoger en descampado, se han erigido a lo largo de los siglos en escenario rural único de relaciones humanas” (2).

Esta evolución en la fisonomía y las funciones de nuestras tradicionales ventas viene de antiguo. Algunos autores las han llegado a relacionar con las “mansio” romanas, lugares de parada en la red de calzadas donde pasar la noche durante el viaje. También en los siglos de dominio andalusí, los viajeros podían descansar al final de cada jornada en los “manzil” que, a modo de posadas u hospederías, podían encontrarse en las vías de comunicación más importantes. Para Covarrubias, en su “Tesoro”, el vocablo “venta” designa ya a “la casa en el campo, cerca del camino real a donde los passageros suele parar al medio día y a necesidad hacen noche”, como nos recuerda también E. Posa.

En nuestro entorno, no faltan referencias a ventas, posadas o casas de postas en los relatos de viajeros, historiadores, escritores o naturalistas que nos aportan algunas pistas de los aspectos más relevantes de estos establecimientos y de su evolución desde la época medieval hasta nuestros días (3).



Por mencionar sólo algunas de las más celebres, recordaremos como ya en el siglo XVI se da cuenta de la Venta de Casas Viejas, en la que comió y descansó en 1579 el rey de Portugal, Don Sebastián, cuando se dirigía a su corte de Lisboa después de haber desembarcado en Gibraltar, invitado por el Duque de Medina Sidonia.

En su Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera, Fray Esteban Rallón menciona la Venta de la Vizcayna, entre Jerez y Las Cabezas, que a mediados del s. XVII servía de posada a los viajeros que realizaban la ruta entre Sevilla y nuestra ciudad (4). La carretera de Madrid a Cádiz (conocida también como el “arrecife”), impulsada por Floridablanca a finales del s. XVIII como la principal vía que comunicaba la Corte con Andalucía, contaba en su recorrido con numerosas posadas, ventas y casas de postas.

Entre ellas, por citar sólo algunos ejemplos, se encontraba la de Torres de Alocaz y la más cercana y conocida Venta de El Cuervo, célebre casa de postas, cuyo viejo edificio aún se conserva habiendo sido objeto de una reciente restauración. Todas ellas guardan entre sus muros páginas literarias e históricas de las que nos iremos ocupando en próximas entregas. También en el s. XVIII ya era conocida la Venta de Lleja o Ventalleja, ubicada en un paraje situado en las proximidades del Mojón de la Víbora, entre El Cándalo y Garganta Millán, lugar de parada obligada para los viajeros que transitaban los caminos que desde Jerez y Alcalá de los Gazules se dirigían a Ubrique. Esta venta, junto a la situada en la Ermita del Mimbral , ya figuran en un pergamino conservado en el Archivo Municipal de Jerez que muestra un plano-mapa del sector más oriental del término municipal atribuido a las primeras décadas del citado siglo (5).



Antonio Ponz, Pérez Bayer, Richard Ford, Gustavo Doré, Madoz, Fernán Caballero, Abel Chapman y W.J. Buck o Wilhelm Giese, son algunos de los muchos autores que nos han dejado diferentes escenas sobre cómo eran las ventas de nuestro entorno en los últimos tres siglos. Entre las ya desaparecidas, citadas por Madoz a mediados del siglo XIX, recordamos aquí la Venta del Zumajo, (cerca del cortijo de Berlanga, junto al arroyo del mismo nombre), la de El Polvorilla, ente Alcalá y Los Barrios (desaparecida hace más una década con la construcción de la nueva autovía), las ventas de Torres de Alocaz y El Cuervo, en el camino real de Jerez Sevilla, la de Los Badalejos, en Benalup, o la Venta del Cantero, en el camino de Jerez a Espera y cuyo antiguo edificio se halla hoy oculto a la vista del viajero, entre las viviendas de la actual barriada rural de Gibalbín (6). Esta última venta, junto a la de la Vizcayna, figura también en el Mapa geográfico de Xerez de la Frontera, de Tomás López (1787) (7). En relación a la Venta del Zumajo hemos de decir que sería sustituida por la de Santa Inés, situada muy cerca de aquella, en el molino del mismo nombre. De este lugar todavía se conservan los restos del edificio situados a orillas del arroyo del Zumajo, en los caminos que unían Arcos con Medina (8).

Ventas con mucha historia.



Entre las ventas que hunden sus raíces en el siglo XIX o comienzos del XX, mencionaremos la de Nepomuceno, en Cuartillos, recientemente demolida por las obras de la carretera Jerez-La Barca o la del Molino de Cartuja, remodelada a mediados del siglo pasado y ampliada de nuevo hace unos años con la incorporación de parte de las instalaciones del antiguo molino.

En esa época surgen también la de Gibalbín, la de San Miguel (ubicada en El Chaparrito, en el cruce de las carreteras de Jerez a Cortes y de Arcos a Vejer y ya fuera de servicio), la de El Pedroso (en el cruce de las carretera de Jerez-Medina y Puerto Real -Paterna), la Venta de Pinto, en La Barca de Vejer o la de La Perdiz (a los pies de Sierra Aznar, entre Arcos y Algar), por citar sólo algunas.



En el camino de Jerez a Arcos estuvo la vieja venta de La Cueva en Torremelgarejo (un singular establecimiento excavado en la roca que fue cerrado tras la construcción de un hotel con el mismo nombre), La Primera (en Jédula) o La Mina, junto al puente del Arroyo Salado, en un paraje ubicado a los pies del cerro del Guijo, donde existió una mina de azufre de la que tomó su nombre.

En San José del Valle se cuentan entre las más antiguas la de La Parada del Valle (mencionada ya por los naturalistas ingleses Abel Chapman y Walter J. Buck. a finales del XIX en su obra España Agreste) o la de El Boquete que aún persiste en un paraje singular, conocido con ese mismo nombre, por donde el Arroyo Garganta del Valle cruza una angosta cerrada ubicada a los pies del Monte de la Cruz.



Entre nuestras preferidas, por el marco geográfico en el que se enclavan y por la historia que encierran entre sus muros, están también las ventas de Tempul y Puerto de Gáliz, el ventorrillo de Las Cañillas y la venta de la Junta de los Ríos. La de Tempul, próxima al manantial del mismo nombre, se enclava desde mediados del siglo pasado en un edificio colindante con la Casa de las Aguas que vino a sustituir al del antiguo ventorrillo, situado al otro lado de la carretera y cuyas



estancias presentan en la actualidad estado ruinoso.

Con la de Puerto de Gáliz sucede algo parecido. Situada en un cruce de caminos serranos vino también a tomar el relevo de un antiguo ventorrillo del siglo XIX cuyas ruinas aún se mantienen en pie junto al Peñón de Ballesteros, frente a la venta actual de mediados del siglo XX. Hace apenas 20 años, aún se mantenía abierta por su último ocupante, el entrañable y recordado “Juan el Igualeja” y Catalina, su mujer, que ofrecían café de pucherete en una modesta estancia, al pie de la chimenea, donde un curioso cartel alertaba al visitante: “Venta de Juan el Igualeja: el que tenga bulla que se vaya” (9). El Ventorrillo de las Cañillas persiste todavía, junto al puente del mismo nombre en el río Hozgarganta y era parada obligada para los viajeros que desde el Puerto de Gáliz se dirigían a Jimena después de pasar por la Sauceda.



Para terminar dejamos la Venta de la Junta de los Ríos, una de nuestras favoritas, situada en la confluencia del Guadalete y el Majaceite, junto a los conocidos sifones del canal de la zona regable del Guadalcacín, las populares “morcillas” (10). Esta venta, regentada desde 2001 por Juan Jesús Ramírez Alpresa, cumplió el pasado 2010 su primer centenario. La remodelación de sus instalaciones no ha hecho perder al local su antiguo encanto. A los servicios de bar y restaurante, se suman también los de tienda de recuerdos y de productos de artesanía. Cerámica, cacharros de barro, piezas de forja, cuchillera, objetos de madera y corcho pueden verse y admirarse en sus apretadas estanterías en las que lo mismo hallamos una jaula para perdices que un esquilo, un búcaro, un dornillo, un cuchillo de Albacete, un taburete de corcho, una olla de porcelana de las antiguas… La venta cuenta también con una amplia muestra de vinos y aceites de localidades cercanas, de mieles, chacinas, dulces, legumbres, quesos, aceitunas… de manera que este rincón se nos antoja como el más completo expositor de productos de la tierra y donde, por un momento, nos transportamos a aquellas antiguas ventas que salpicaban los caminos y carreteras formando parte, como ahora, del paisaje de nuestra memoria.

Para saber más:
(1) Posa, Elena.: Cádiz, Venta a Venta. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz. 1999, pg. 8.
(2) Posa, Elena.: Cádiz, Venta a Venta…, pg. 14.
(3) Para conocer algunas de las visiones que de las ventas de nuestro entorno dejaron algunos viajeros puede consultarse Clavijo Provencio, Ramón.: Viajeros apasionados. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1997. Otras referencias de interés pueden encontrarse también en Jurado Sánchez, José.: Caminos y pueblos de Andalucía (S. XVIII). Editoriales Andaluzas Unidas S.A. Sevilla, 1989. Sobre la sierra de Cádiz pueden encontrarse referencias en Wilhelm Giese.: Sierra y Campiña de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1996, p. 429. De este libro ha sido tomada la imagen del ventorrillo entre Benaocaz y El Bosque.
(4) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, pg. 10
(5) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de la ciudad de Jerez. Anónimo, [s.XVIII], en pergamino. AMJF. C.12, nº 4 BIS.
(6) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986.
(7) López T.: Mapa Geográfico de los Términos de Xerez de la Frontera, Algar, Tempul y despoblados y pueblos confinantes….1787. AMJF, C. 13, nº 27. 33 x 42 cms.
(8) García Lázaro A. y J.: “Santa Inés, el monasterio jerezsano que nunca existió”. Blog “Entornoajerez”, 23/05/2012.
(9) García Lázaro A. y J.: “Con Juan el Igualeja, en el Puerto de Gáliz”. Blog “Entornoajerez”, 17/03/2009.
(10) García Lázaro A. y J.: “La venta de la Junta de los Ríos cumple cien años”. Blog “Entornoajerez”, 18/10/2010.


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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 5/04/2015

 
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