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Veletas en la campiña.
Un paseo por las veletas en torno a Jerez.




Lo cantaba Bob Dylan: “La respuesta está en el viento”. Sin embargo, después de recorrer los variados paisajes de nuestra campiña, creemos que la respuesta, o tal vez gran parte de ella, está en las veletas que, cuando menos nos señalan una dirección. Cambiante, sí, pero dirección al fin y al cabo con la que orientarnos en estos tiempos de incertidumbres.

Las veletas, esos artefactos tan sencillos como hermosos, unen en su simplicidad la ciencia y la artesanía, y aunque hoy –abrumados por el derroche de información meteorológica- las contemplamos como un objeto del pasado, su aspecto frágil, su carácter cambiante y aéreo, su estética ligereza, nos atrae más que nunca.

Lidiando con los vientos.

Hubo un tiempo en que las veletas fueron compañeras de los habitantes del medio rural, de aquel otro Jerez que poblaba el campo, los cortijos, las haciendas de olivar… Prestaban entonces a todos importantes servicios para predecir y conocer el tiempo, para aventurar los cambios que se anunciaban en los giros de sus flechas, para acompasar las faenas agrícolas al ritmo, siempre cambiante, de los vientos. Hoy siguen ahí, en los tejados o en las espadañas de nuestros cortijos, ermitas y casas de viña, resistiendo a las inclemencias y mostrándonos lo que queda de ellas después de lidiar con todos los vientos.

La historia de las veletas es tan antigua como curiosa, habiendo acompañado al hombre desde la más remota antigüedad. Aunque una de las veletas más conocidas de España es el Giraldillo o Giralda de Sevilla, que con sus más de 1500 kilos de peso, da nombre a la universal torre sevillana, en Jerez, según algunas fuentes se localiza la veleta más grande del mundo, en las bodegas de Tío Pepe. Sin embargo, nosotros nos sentimos más atraídos por esas veletas más pequeñas y sencillas que encontramos aún en muchas de las construcciones diseminadas por la campiña. Adoptan a veces las formas de complicados artilugios, pero en la mayoría de los casos se nos muestran como simples artefactos con una sencilla flecha giratoria. Las más abundantes son las de hierro forjado o de chapa de hierro calado, aunque también hemos visto algunas con elementos de hojalata, latón o cinc. Si en aquellas se deja ver la mano y el buen hacer de los antiguos herreros, en estas otras, más vulnerables al paso del tiempo, se aprecia la maestría de los viejos lampistas y hojalateros, oficios hoy desaparecidos.

Corazones, cruces y esferas armilares.



Los temas que se muestran en las veletas son también muy variados. Entre los religiosos, no faltan elementos como la cruz y el Corazón de Jesús, presentes, por ejemplo, en las veletas del Monasterio de La Cartuja, en la Ermita de la Ina o en la de Salto al Cielo. Cruces pueden verse también coronando las sencillas veletas de la capilla del cortijo de Casablanca, en la de la Cartuja de Alcántara o en la curiosa veleta que despunta sobre la torre-palomar del cortijo de El Peral, cercano a Arcos.

Una vieja veleta con cruz, pintada de un llamativo color verde, destaca coronando el brocal de un pozo en la antigua casa de viña de La Capitana, al pie de la Cañada de las Huertas, junto a la carretera de Rota. En similar disposición, encontramos también la veleta del Cortijo del Olivillo, aunque esta vez se sitúa sobre el arco metálico de un sencillo campanil.

Entre las más sobrias y de sabor más antiguo, forjadas en hierro, destacamos la del cortijo de La Zangarriana, o las que se alzan sobre las dos estancias del cortijo de las Mesas de Santiago.

Una de ellas es una flecha simple, con una amplia vela, mientras que sobre la otra se eleva una cruz. Ambas son obras de las primeras décadas del XIX, al igual que la que se asoma entre las almenas de la Torre de Melgarejo, una de nuestras preferidas, en la que llama la atención una cruz muy estilizada que sirve de eje a una flecha adornada con una estrella y una media luna.



Sencillas y hermosas cruces adornan también las veletas de la antigua ermita de El Valle y del cortijo Cabeza de Alcaide, esta última situada sobre la puerta de acceso.

Otras veletas, tienen como eje una cruz apoyada sobre una sencilla esfera armilar. Es el caso de la del Cortijo de Casablanca, cerca de Jédula, una de las más antiguas y hermosas de cuantas conocemos.
La veleta de la Casa de Viña del Jardincito se apoya también sobre otra esfera armilar coronando una espadaña en la que aparece la inscripción “1867”.

En la del cortijo Los Algarbes, en la carretera de Trebujena, la esfera armilar forma también parte de la flecha de giro. Por terminar con las veletas en las que predominan los motivos religiosos, mencionaremos la que puede verse en la torre almenada de Los Garciagos, donde destaca otra cruz y en la que también figura un cazador.



Veletas con escenas camperas y cinegéticas.

Más abundantes, en esta temática de las veletas, son las escenas camperas y agrícolas y las que incluyen motivos cinegéticos y pecuarios, así como las que representan otros animales relacionados con el campo.

Caballos aparecen en la veleta del cortijo de La Mariscala, en la carretera de Trebujena, o en la de la Hacienda El Rulo, en El Cuervo y en Espanta Rodrigo, junto a la autovía de El Puerto, donde se crían los famosos caballos cartujanos procedentes de la mítica ganadería del Hierro del Bocado.

Los toros y toreros están presentes en las veletas de Bolaños y San José de Prunes, en la carretera del Calvario, así como en la casa de la viña de La Alamedilla (junto a Espartinas) o en la viña Santa Cruz, en Balbaina. Curiosamente, las veletas de estas dos últimas casas son similares y tienen como vela la silueta del conocido toro de Osborne, anterior propietario de estas fincas.



Una veleta singular es la que se alza sobre la entrada principal del cortijo de Alventu, donde la escena nos muestra un torero que está a punto de entrar a matar. Este cortijo cría una afamada ganadería de bravo, donde las reses pastan en los parajes marismeños junto al Guadalquivir.

Temas cinegéticos adornan las veletas del cortijo de La Zarza, donde se muestra un venado. En la veleta de la casa de Martelilla llama la atención la silueta de un conejo o una liebre erguida, y en la del Molino Barranco Nuestra Señora de la Luz, “corretean” al viento una pareja de perdices.

En la Casa de la Panesa, sobre la espadaña, vemos en su veleta la silueta de un cazador, escopeta en mano, como en la de Los Garciagos.

En la del cortijo de Frías, un perro persigue a un conejo, mientras que en la de la Viña El Majuelo, lo hace tras una perdiz.

Muy llamativa es la cigüeña de una hermosa veleta que se alza en la puerta de entrada a los depósitos de la CHG en la Sierra de San Cristóbal.

La silueta de un hermoso gallo preside la airosa veleta del cortijo de Casablanca, situado en la carretera de Morabita, y la de otro gallo se puede ver,



también, en la del cortijo de Bolaños. Un cerdo es el motivo de la curiosa veleta que culmina la torre de la Casa del Olivar, junto al cortijo de la Parrilla Alta, en San José del Valle, al pie del camino de Gigonza.

Otras curiosas veletas.



Por su rareza al incorporar hasta ocho rumbos de la rosa de los vientos, traemos aquí una antigua y destartalada veleta que encontramos sobre una vieja casa de campo en Pinosolete, cuyo artilugio giratorio recuerda a una suerte de aeroplano. Otras veletas han perdido ya su flecha y sólo mantienen los símbolos de los cuatro puntos cardinales, como la de Alventu. La del cortijo de Roalabota presenta la silueta de una bota de vino, mientras que en la del de Alijar podemos ver una máquina agrícola.

Algunas incorporan signos y símbolos relacionados con el lugar en el que se encuentran o con sus actuales o antiguos propietarios. Este es el caso de la que encontramos en Viña del Diablo, o la que corona la antigua Residencia del Instituto Nacional de Colonización, en la Barca, con las iniciales de esta institución. La del cortijo de La Guillena, en las faldas de Gibalbín, tiene una corona de laurel y el escudo nobiliario de sus propietarios.



Para terminar, no podemos dejar de mencionar una curiosa veleta que corona la espadaña del antiguo edificio que perteneció a las “Escuelas José Antonio”, en La Barca de la Florida, levantado en 1937, en plena Guerra Civil. En ella puede verse aún uno de los típicos símbolos del franquismo, el yugo y las flechas, sobre el que se recorta la silueta de un soldado, rodilla en tierra, en posición de disparo. Una fotografía nuestra de esta veleta llegó a través de nuestro amigo José Antonio Espinosa Maestre a su hermano, el conocido historiador Francisco Espinosa Maestre, quien nos hizo el honor de incluirla como portada de uno de sus libros “Violencia Roja y Azul. España 1936-1950”, Editado por Crítica en 2010.



Veletas… Por muchos motivos pensamos que, antes de que desaparezcan, la mayoría de estas antiguas veletas debían formar parte de nuestro “patrimonio etnológico”, de ese catálogo no escrito de elementos singulares que enriquecen las casas de viña, haciendas y cortijos repartidos por la campiña.

Veletas y vientos, unidos ya para siempre en tantos rincones en torno a Jerez.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas sobre Patrimonio en el medio rural, Miscelánea, Cortijos, viñas y haciendas, El paisaje y su gente

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 26/06/2016

Por la “carretera del Calvario”.
(II) Buscando el Guadalquivir.




Desde Jerez, siguiendo la “carretera del Calvario”, el paseante ha hecho un alto frente a la Casa del Higuerón donde en 1893 se descubrió una importante inscripción romana del s. IV. Retomando el camino, en un recodo que se abre a la derecha, encontramos algo más adelante la entrada de la Cañada del Amarguillo. Merece la pena que nos desviemos momentáneamente de nuestra ruta para disfrutar de los paisajes y la historia de este hermoso rincón de la campiña.

La Cañada del Amarguillo corre paralela al arroyo del mismo nombre cuyas aguas, de carácter salobre, forman pequeñas charcas en muchos puntos de su cauce donde se adivina una pátina blanca de sal. Este arroyo se abre camino por los bajos que se forman entre el Cerro Pelado y el del Hinojal y los cerros de Macharnudo y Santiago, para cruzar después la carretera del Calvario junto al Rancho de los Cedros y continuar hacia Las Salinillas. Aguas abajo, ya cerca de Jerez, cambiará su nombre por los de La Loba y Guadajabaque, alimentando la Laguna de Torrox y desaguando en el Guadalete a través de un aliviadero subterráneo.



Por Puerto Escondido y el Cerro del Barco.



En su primer tramo, la cañada deja a sus lados los célebres pagos de viñedos de Cerro Pelado, Tizón, Macharnudo Bajo y Santiago, donde aún se conservan antiguas casas de viña como las de La Gallarda, Santa Teresa, La Palma, Santa Petronila…. Una de las más singulares es la del Dulce Nombre de María, que domina el Cerro de la Carpintera rodeada por la frondosa arboleda de su jardín. A lo lejos, coronando las lomas de Macharnudo, despunta la torre de la viña El Majuelo una de las más antiguas y célebres de la campiña. Más modesta, la Casa del Barco, queda alejada del camino y desde ella se nos ofrecen los dilatados paisajes de la marisma de Tabajete y las Mesas de Asta. Otra de estas antiguas casas de viña, la de San Isidro ha sido remodelada hace unos años, y nos muestra su blanco caserío en la ladera del Cerro del Hinojal, en un paraje conocido desde antiguo con el curioso nombre de Puerto Escondido.



En este rincón, y sin pasar por alto estos llamativos topónimos, distintos autores han planteado la existencia de un posible canal natural que pudo comunicar en tiempos pretéritos los cursos del Guadalete y el Guadalquivir. Esa es la hipótesis que plantea el profesor Genaro Chic García. Dejemos que él nos lo explique: “Estudiando el mapa geológico de la provincia de Cádiz, publicado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en 1971, hemos podido comprobar la existencia de una única estrecha y larga franja de carácter diluvial (cuaternaria) que, partiendo de la zona del Portal, al sur de Jerez de la Frontera, continúa hacia el Noroeste siguiendo la Cañada de la Loba y bifurcándose poco más arriba de Jerez en dos brazos: uno, por la derecha sigue unos tres kilómetros por la Cañada del Moro para morir a la altura del km 4 de la carretera de Jerez a Trebujena. El brazo izquierdo sigue la dirección de la Cañada del Amarguillo para terminar a dos km. del extremo sur de las marismas de las Mesas de Asta, pertenecientes al Guadalquivir.



El tramo intermedio está ocupado por el llamado Cerro del Barco, al que rodea la Cañada Ancha, continuación de la del Amarguillo por su parte Sur y cuyo último tramo por el Norte discurre ya por la zona de la marisma antes citada en la que tiene su directo final. En el corto tramo de esta Cañada encontramos nombres tan sugerentes como Casa del Barco, Cortijo de Puerto Escondido y Puerto de los Olivos. La altitud actual sólo supera la cota 20 m en el paso comprendido entre los cerros Pelado y del Hinojal, las únicas elevaciones destacadas en todo el trayecto; paso que fácilmente se ha podido ir colmando, tanto por los aportes de las aguas marinas, como, sobre todo, por los materiales que arrastran hacia abajo el viento y las lluvias al incidir sobre ambos cerros
”. (1)

Apunta el profesor Chic García que esta tesis, por razones geológicas y de altura de los terrenos, es más verosímil que las de otros autores como Martín de la Torre (que propone la unión por la marisma de Asta, Cañada Ancha y Caulina) o Chocomeli (quien la traza a través de los Arroyos de Tabajete y Salado de Rota). De esta misma opinión es también Alberto M. Cuadrado Román, quien en un interesante estudio sobre “Los Canales de Jerez” denomina a esta posible unión a través de un estero existente en tiempos pasados entre Guadalete y Guadalquivir, como “Canal de Guadabajaque”. Este autor aporta la altimetría de los diferentes lugares por los que pudo trazarse este estero, y plantea la existencia de “una estructura meándrica entre los cerros de Santiago y del Canónigo, que sería un vestigio del antiguo recorrido del canal. La longitud total del recorrido es de 23 km desde Asta al paleo estuario del Guadalete” (2). Se trata del curso actual del arroyo del Amarguillo que puede recorrerse por la cañada del mismo nombre.

Por el Barroso y el Barrosillo.



De nuevo en la carretera, dejando atrás la Cañada del Amarguillo, continuamos nuestro camino para llegar al cruce de la carretera que conduce a Las Tablas (a la izquierda en sentido de la ruta) y por la que podremos enlazar con la carretera de Sanlúcar pasando por el pago de Añina. Algo más adelante, a la izquierda, se encuentra el cortijo de El Barroso, en la explanada de un antiguo descansadero de la Cañada de Maricuerda y Tabajete que, procedente de las Tablas, nos conduce en dirección a Mesas de Asta atravesando parajes que lo fueron de marismas.



Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII, acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el Cortijo del Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Desde El Barroso (cuyas tierras tuvieron como ilustre propietaria ya en el S. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno) la carretera abandona las tierras de viñas e inicia un suave ascenso hacia el Cerro del Cuco y las Lomas de Cestelo. A ambos lados del camino se extienden sembrados de cereal (trigo, cebada, cebada cervecera…) y girasol, que sirven de cobijo a una interesante avifauna. Estas tierras de la campiña cerealista comprendidas entre Mesas de Asta, Trebujena, Lebrija y El Cuervo, próximas a las marismas, fueron el último enclave documentado de nidificación de la avutarda en la provincia de Cádiz, siendo en la actualidad zona de cría de diferentes especies de aves de gran interés faunístico.



Estos hábitats esteparios, que constituyen medios abiertos y desarbolados, como las extensas zonas de cultivos de secano que aquí vemos, acogen a no pocas especies singulares como sisón común, alcaraván, canastera común, terrera marismeña o curruca, entre otras, muchas de las cuales hacen sus nidos en el suelo. Es fácil también ver sobrevolar estos sembrados en busca de sus presas al cernícalo primilla o al aguilucho cenizo. Para contribuir a la protección y conservación de estas especies de aves esteparias, la Junta de Andalucía ha firmado convenios de colaboración con los propietarios de fincas agrícolas en estos parajes colindantes con las marismas de Tabajete.

Continuando nuestro camino, podremos ver a la izquierda, a lo lejos, las tierras del cortijo de Alijar, donde se instaló el primer parque eólico del término de Jerez. A la derecha se adivina la pequeña planicie de las Mesas de Asta, sobre la que se asentó la ciudad de Hasta Regia, que nos delata un bosquete de eucaliptos.



Frente a nosotros, a la izquierda del camino, una construcción singular se alza en un pequeño cerro. Es el cortijo de San José de Prunes, en el que llama la atención, a medida que nos acercamos, la peculiar fisonomía del sobrio edificio de dos plantas de su señorío, que nos recuerda por su aspecto a un viejo cuartel y que, lamentablemente, se encuentra semiderruido. En su fachada, de gusto decimonónico, se abren de forma simétrica los huecos de puertas y ventanas, recercados con ladrillos pintados en rojo. Sobre el balcón de la puerta principal se conserva un curioso panel cerámico con la imagen de San José, de posible origen valenciano, que se ha deteriorado en los últimos años (5). Un pretil oculta el tejado, contribuyendo así a la apariencia de “edificio urbano”, de este cortijo que se nos antoja extraño en medio de las viñas. Como se señala acertadamente en el estudio Cortijos Haciendas y Lagares de la Provincia de Cádiz, “ Por la contundencia de su volumen y su composición, se alza desde su posición elevada con una clara vocación de dominio del paisaje”. (4)


En relación con este lugar, el arabista M.A. Borrego Soto (6) plantea la posibilidad de que el topónimo de Prunes (que también aparece como Brunes o Prunas, según distintas fuentes) pueda estar relacionado con la alquería árabe de Bunas, vinculada al territorio jerezano en la Cora de Sidonia. De esta aldea era originario el “sabio jerezano” Abu Ishaq al-Bunasi al-Sarishi (1177-1253). Su localización geográfica no se ha confirmado y distintos autores “adjudican” este mismo topónimo a Bonanza o Bornos. A nosotros nos gusta suponer, de acuerdo con este autor, que en estos parajes de Prunes, camino del Guadalquivir, pudo estar situada la citada alquería. Otros autores (Galmés de Fuentes), apuntan también a que el topónimo Prunes, puede corresponder al plural femenino de pruno (ciruelo), forma característica de los dialectos mozárabes meridionales. (7)

Por las tierras de El Olivillo y Ventosilla.



Dejando atrás este cortijo y, tras superar un puertecillo que se abre entre el Cerro del Cuco y la Loma de Cestelo, la carretera inicia un suave descenso y el paisaje se abre hacia los extensos horizontes de las tierras de marismas, que se intuyen a lo lejos, junto a los invernaderos y el pinar de la Algaida, ya en las proximidades del Guadalquivir. En este lugar se encontraban en tiempos pasados las casas de Cestelo Alto y Bajo. De esta última sólo permanecen los restos de un pozo y una reducida arboleda (en la que aún persisten viejos olmos) que se adivina a la izquierda de la carretera, tras el cortijo de San José de Prunes. Conviene recordar que las lomas de Cestelo Alto o la colindante Loma de La Cartuja, donde se levanta hoy el parque eólico “El Olivillo”, cuentan con diferentes yacimientos arqueológicos con adscripción cultural a la protohistoria (bronce final) y a la época romana. La cercanía de la marisma de Ébora, en el ámbito del antiguo “Lacus ligustinus”, la gran paleo ensenada del Guadalquivir en la antigüedad, justifica en buena medida esta presencia de restos arqueológicos en los lugares citados (8).



Desciende ahora la carretera hasta el llano en el que se enclava el caserío de El Olivillo. A la izquierda, en la ladera de una loma, veremos las Casas de San Francisco, conjunto de construcciones para viviendas de los trabajadores del cortijo. Al poco, el camino pasa junto al Cortijo del Olivillo, que deja a la derecha, en las tierras de Ventosa y Ventosilla.



Estos antiguos topónimos apuntan lo acertado de la instalación en estas lomas de un parque eólico. Este cortijo presenta una singular fachada, presidida por un gran olivo, en la que llama la atención el edificio del señorío -con una curiosa campana sobre el tejado- así como una capilla sobre cuya entrada hay un notable panel de azulejos con escenas de temática religiosa. Las explanadas que se encuentran frente al cortijo, así como las cercanas del de Ventosilla, son utilizadas como lugar de parada y descanso por las carretas que realizan la Romería del Rocío.

Algo más adelante, poco antes de llegar al cruce con la carretera de Trebujena a Sanlúcar, llegamos al cortijo de Ventosilla, muy reformado en la actualidad. El antiguo tentadero y las viejas naves en las que se encerraba el ganado estabulado, han sido restaurados y habilitados como restaurante y locales para fiestas y celebraciones. Lejos quedan los tiempos en que estas tierras de La Ventosilla (como las de Prunes) formaban parte de uno de los donadíos de Alfonso X, en el siglo XIII, contándose entre sus primeros propietarios a Don Alfonso Pérez de Guzmán, “Guzmán el Bueno” que lo fue también del cercano Donadío de Alixar (Alíjar). Más adelante, y hasta su desamortización en el siglo XIX, fueron propiedad del Monasterio de San Jerónimo de Bornos.

Al llegar al cruce, seguiremos la carretera hacia Sanlúcar, y ya a la derecha, el paisaje nos mostrará la inmensidad del antiguo estuario del Guadalquivir, las tierras de La Algaida, el cerro en el que se encuentra el cortijo de Ebora, tan vinculado a Tartessos, las lomas de Martín Miguel… Y seguiremos así, camino ya de Sanlúcar, de Bonanza, de Bajo de Guía…, hasta el Guadalquivir.


Para saber más:
(1) CHIC GARCÍA, G.:Gades y la desembocadura del Guadalquivir”. Gades, 3, 1979, pp. 7-23, pag. 7.
(2) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90, pg.79
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. Gónzález Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012): “Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pg.196.
(5) Sobre el posible origen valenciano del panel cerámico de San José de Prunes puede consultarse el enlace: http://carloscatalanfont.blogspot.com.es/2011/11/tres-retablos-caramicos-de-san-jose-y.html
(6) Borrego Soto M.A.: ”El sabio jerezano Abu Ishaq al-Bunasi (i). Prunes”: en el Blog: “En la tierra de Sidueña”: http://donnablanca.blogspot.com.es/2009/10/prunes-y-el-sabio-jerezano-abu-ishaq-al.html
(7) Galmés de Fuentes, A.: Los topónimos: sus blasones y trofeos (La toponimia mítica), Real Academia de la Historia, Madrid, 2000, pg. 84.
(8) Mata Almonte, E. y Márquez Carmona, L.: "Prospección arqueológica con sondeos en El Olivillo, Jerez de la Fontera, Cádiz", en Anuario Arqueológico de Andalucía/2011. III Actividades de urgencia, Volumen 1. pp, 75-80.


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Otros enlaces que pueden interesarte: Carreteras secundarias, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios, Por la “carretera del Calvario”. (I) Buscando el Guadalquivir.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 8/06/2014

 
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