Un sendero fluvial para el río Guadalete
El proyecto inicial presentado por más de 30 colectivos sociales

 Desde el año 2020, Ecologistas en Acción Jerez junto a otro colectivos sociales y vecinales  de la ciudad viene trabajando por la creación de un Sendero Fluvial en el río Guadalete que pueda ser, ante todo, un elemento para el desarrollo rural de los enclaves ribereños. 

Con ese objetivo, se desarrolló una propuesta que se envió a los grupos políticos y a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía que, en principio, se mostró dispuesta a incorporar buena parte de los planteamientos recogidos.  Desde hace casi dos años, se han paralizado las actuaciones que, finalmente, parece que se van a retomar tras el verano con la licitación del desarrollo del Proyecto de Sendero.

Para dejar constancia de aquellas primeras iniciativas, les dejamos aquí un resumen de la propuesta presentada, con las fotografías y los planos de los distintos tramos, que fue publicada en la revista Ecologista, en su número 108, correspondiente al verano de 2021. A ver en qué queda el proyecto final. 











Este es el texto de la propuesta original:





https://www.ecologistasenaccion.org/publicaciones/revista/revista-108/

 La recuperación del proyecto de camino fluvial para el río Guadalete, que uniría El Puerto de Santa María con Jerez de la Frontera, es el objeto de una campaña de más de 30 colectivos.  Ecologistas en Acción de Jerez. Revista Ecologista nº 108.

Ecologistas en Acción de Jerez, junto a otros treinta colectivos y asociaciones de la ciudad, ha iniciado una campaña que con el lema: “Un sendero para un río”, pretende la creación de un sendero fluvial a orillas del Guadalete en un tramo cercano a la ciudad.

Desde hace décadas, la sociedad jerezana lleva reclamando la recuperación del río y la adopción de medidas que permitan el uso público y la recuperación de este espacio. Tras varios años de promesas por las sucesivas administraciones locales y autonómicas, parecía que por fin se iba a ejecutar un ambicioso sendero. Así, se difundió públicamente que, gracias a los fondos de inversión territorial (ITI) de la Unión Europea, antes de 2022 se habría llevado a cabo un sendero fluvial que uniría El Puerto de Santa María con Jerez de la Frontera y se articularía una propuesta de uso público, deporte de naturaleza y turismo rural en torno al río. Lamentablemente, un desencuentro entre las administraciones dio al traste con él, perdiéndose así una inversión millonaria y una gran oportunidad de crear empleo y actividad económica en una zona tan necesitada de ello.

Relanzar un proyecto necesario

Así las cosas, muchos colectivos que habíamos puesto nuestras esperanzas en el proyecto de sendero fluvial decidimos no resignarnos y relanzar un proyecto necesario, convencidos de las potencialidades del río Guadalete.

Con el impulso inicial de Ecologistas en Acción y fruto de la participación de una treintena de grupos y asociaciones, se ha elaborado una propuesta de sendero fluvial que se ha trasladado a los grupos políticos y a las distintas administraciones para que, con la incorporación de las ideas y correcciones necesarias, pueda abordarse de manera participada el modelo de actuación más conveniente para su realización.

El proyecto pretende, en última instancia, que se lleve a cabo el diseño y ejecución — de forma participativa y colaborativa—  de un sendero fluvial en el río Guadalete. Con él se trata de recuperar las riberas y el uso público, revalorizar los recursos naturales, patrimoniales y turísticos y contribuir a la dinamización económica de los enclaves ribereños a través del turismo rural y el deporte de naturaleza.

Una propuesta con muchos atractivos

El sendero planteado tiene un recorrido total de cuatro kilómetros  dividido en tres partes, cuyo trazado y accesos en distintos puntos lo dotan de una gran versatilidad. El primero de estos tramos, entre La Corta y La Cartuja (1 km) contaría con aparcamientos en ambos extremos, al igual que el segundo, comprendido entre el Monasterio de Cartuja y el Puente de Cartuja (1,5 km). El tercero discurre entre el Puente y el meandro del río en Lomopardo (1,5 km). La conexión con carreteras y con vías pecuarias permite un fácil acceso al sendero, que también está conectado a la ciudad a través del transporte público.

A lo largo de su trazado, el sendero propuesto incluye buena parte de los elementos patrimoniales más relevantes relacionados con el río como los Molinos y Norias de La Corta (de fábrica romana y andalusí, y únicos por sus especiales características en nuestro país), el Monasterio de La Cartuja (primer Monumento nacional de la provincia de Cádiz), el Puente de Cartuja (en proceso de declaración de B.I.C.) y los vestigios de los antiguos regadíos de La Corta. Incluidos como patrimonio hidrológico andaluz. Desde la Asociación Profesional del Patrimonio Histórico-Arqueológico de Cádiz (ASPHA) apoyan el proyecto, entre otras cuestiones, por el impulso que supondría “para el conocimiento de los bienes culturales del Sendero del Guadalete: Puente, Molino, Alcantarilla. Monasterio, Molinos y Norias de La Corta”.

Junto a ello, el recorrido atraviesa por lugares de gran carga simbólica ligados a los paisajes, la historia y los usos del río. Como señala A. García, del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, entidad que apoya la creación del sendero, “los parajes por los que atraviesa el recorrido han sido el escenario de diferentes hechos históricos y de formas de vida y de explotación de los recursos fluviales que figuran ya en el imaginario colectivo de la ciudad tales como la presencia romana en el río, la Yanna andalusí, la batalla de Guadalete, las luchas de frontera, la presencia cartujana, la navegabilidad del río, los baños y la pesca tradicionales, las extracciones de arena…”.

Contacto con el medio natural

Entre los muchos aprendizajes que hemos obtenido todos en este año de pandemia está sin duda el hecho de valorar lo cercano y disfrutar de nuestro entorno, aspectos ambos muy relacionados con nuestra propuesta. El tramo del Guadalete por el que discurre el sendero constituye la zona más próxima a la ciudad que cuenta con una mayor biodiversidad. Como apunta J. Manuel Soria, de la Sociedad Gaditana de Historia Natural, entidad que respalda el proyecto, “las galerías arboladas ribereñas albergan comunidades faunísticas de gran interés (aves, pequeños mamíferos, reptiles, insectos…) y la lámina de agua cuenta con la presencia de diferentes especies piscícolas, anfibios, reptiles, aves acuáticas y nutrias”.

Con el horizonte a medio plazo de un Guadalete verde y azul, la propuesta que planteamos incluye también “la recuperación de la vegetación autóctona en aquellas zonas donde ha desaparecido o está degradada” tal y como ha propuesto la Asociación de Amigos del Jerez de los Árboles, firmantes del proyecto.

Con ello se pretende reducir la erosión de los terrenos próximos al río, evitando así la progresiva colmatación del cauce, aumentar la biodiversidad y mejorar, en última instancia, la calidad de los paisajes ribereños y de las escenas fluviales. Para determinadas labores de repoblación -siempre con vegetación autóctona- se apuesta por contar con la mayor implicación ciudadana posible en campañas participativas, así como con los vecinos y los centros escolares de las barriadas rurales más relacionadas con el sendero: La Corta, Los Albarizones y Lomopardo.

Un sendero para el ocio, el deporte y el uso público

Los colectivos participantes en la propuesta hemos apostado también por un sendero concebido como un espacio para el ocio, el deporte y el uso público del río, las riberas y los alrededores. El paseo y el senderismo, correr al aire libre, las rutas en bicicleta o a caballo, el piragüismo y el remo, la pesca o la mera contemplación de la naturaleza pueden ser algunas de las actividades que podrán realizarse. Junto a ellas, las visitas e itinerarios culturales, el turismo rural, las visitas escolares, la fotografía de la naturaleza, la pintura al aire libre, los juegos de orientación o la educación ambiental tienen también cabida en la propuesta diseñada. La construcción de embarcaderos para la práctica de actividades deportivas y de ocio es una de las acciones que más actividad generará en la zona, ordenando un uso incipiente ya existente.

El sendero permitirá también el acercamiento al río de distintos colectivos: escolares, mayores, deportistas, personas con discapacidad, grupos de excursionistas y ciudadanos en general haciendo realidad un sueño de décadas: abrir de nuevo el río a todos y todas.

Una obra de fácil ejecución

Una de las mayores virtudes del proyecto es que discurre por terrenos de titularidad pública y por otros pertenecientes a la Iglesia, junto a La Cartuja, que cuentan con autorización de paso merced a los acuerdos institucionales alcanzados, por lo que, a efectos de gestión, la opción propuesta no plantea problemas.

Del mismo modo, las obras requeridas son las mínimas imprescindibles. Junto a la adecuación del firme a lo largo del recorrido con zahorra o tierra compactada, bastará con la instalación de pasarelas en los tramos más accesibles para permitir su recorrido a personas con movilidad reducida. Para facilitar el acceso de piraguas se propone la creación de dos embarcaderos. El de La Corta, ya en fase de ejecución, y un segundo emplazado junto al Puente de Cartuja. A corto y medio plazo podrían mejorarse los aparcamientos e incorporar mobiliario para posibles áreas de descanso y picnic, así como señalización informativa e interpretativa.

Junto a todo ello, la ejecución del sendero incidirá muy positivamente en la actividad económica de la zona y por tanto en la creación de empleo y generación de riqueza, en opinión de José Contero, socio de una pequeña empresa de educación ambiental y turismo rural. Como apuntó en un comunicado la junta directiva del Clúster Turístico Destino Jerez, que colabora en el proyecto, “el desarrollo del itinerario previsto aportaría valor a la oferta turística de nuestro destino conjugando elementos tales como naturaleza, patrimonio cultural y deporte entre otros, en un espacio de especial interés turístico”.

Por parte de Ecologistas en Acción y de los distintos colectivos que avalan la propuesta de sendero, se ha iniciado una campaña de concienciación ciudadana, de la mano de un vídeo del director de cine Jesús Sotomayor y se está a la espera de la respuesta de las administraciones implicadas y de la puesta en marcha de un proceso participativo que pueda llevar adelante el proyecto en el corto plazo. Esperemos que esta vez sea la definitiva.

Puedes descargarte el documento completo con los planos de los distintos tramos en este enlace:

https://www.academia.edu/171339644/Sendero_del_r%C3%ADo_Guadalete_Ecologistas_en_Acci%C3%B3n_Jerez.









¡A bañarse al Guadalete!
Un paseo por las playas fluviales de nuestro río




Si algo caracteriza de manera inequívoca la llegada del verano, es el inicio de la temporada de baños que, desde hace ya unas semanas, viene marcada por el éxodo de los jerezanos hacia las playas cercanas. Sin embargo, cuando en tiempos pasados se hablaba de “verano” y de “baños”, en lo que de verdad se pensaba era en bañarse en el río. En el Guadalete.



Los baños en el Guadalete.

Y es que las “playas de Jerez”, durante la segunda mitad del siglo XIX no eran Valdelagrana o La Puntilla, La Ballena o El Palmar… sino la ribera del río comprendida entre la Huerta de la Cartuja -junto al Monasterio- y el Vado de los Hornos. Este último lugar se corresponde con la actual barriada rural de La Corta, donde a comienzos del siglo XX se construiría un azud para los regadíos de los Llanos de las Quinientas.



Los alrededores del Puente de Cartuja y de El Portal fueron también otros parajes fluviales a los que los jerezanos acudían para bañarse en el Guadalete. El investigador de nuestra historia ferroviaria Francisco Sánchez Martínez, nos informa que ya en el verano de 1854, recién inaugurado el primer tramo del ferrocarril entre Jerez y El Puerto de Santa María, “…la empresa ferroviaria establecía un servicio especial para llevar a la gente a tomar los baños en el río Guadalete junto al muelle del Portal, los precios de ida y vuelta eran de 3 reales/v en 3ª clase, y 5 reales/v en 2ª clase”. (1)

En la segunda mitad del siglo XIX los baños en el río debieron ser muy populares y, para regularlos, el Ayuntamiento de Jerez elaboró las correspondientes Ordenanzas Municipales de Baños Públicos en el Guadalete. Esta normativa se publicaba con la llegada del verano, época en la que los jerezanos encontraban en el río el mejor lugar de esparcimiento. Su lectura detenida nos aporta curiosas referencias sociológicas de esa época en la que todavía no estaban de moda los baños de mar. Como ejemplo de ellas, sirvan las correspondientes al año 1873 en las que se incluyen artículos realmente llamativos:

Art. 281. La temporada de baños en el río Guadalete durará desde el 16 de julio al 8 de septiembre ambos inclusive. Antes ó después de esta fecha sólo podrán bañarse los que justifiquen por certificación facultativa la necesidad de hacerlo, adquiriendo al efecto el competente permiso. El Alcalde podrá, sin embargo, anticipar el principio de la temporada ó hacerla más duradera, si la estación ó cualquiera otra circunstancia aconsejase alguna de estas variaciones.

Art. 282. Para los baños al aire libre se señala el espacio que hay entre los sitios llamados Vado de los Hornos y Huerta de la Cartuja, reservándose a toda hora para las mujeres una cuarta parte del dicho sitio, a contar desde el primer punto.

Art. 283. No podrán establecerse cajones para baños sin permiso previo de la alcaldía, siendo de cargo del que lo solicite, sufragar los gastos de reconocimiento pericial que se efectúe y hacer todo lo que se le prescriba para la debida seguridad de los bañistas.

Art. 284. Se prohíbe que se bañen los niños si no van acompañados de personas mayores: así como que lo hagan juntas personas de distinto sexo, aún cuando estén casados. Los individuos pertenecientes á establecimientos de Beneficencia necesitarán además el permiso de sus jefes.

Art. 285. Todos los bañistas quedan obligados á usar, según su sexo, el traje que la decencia prescriba, prohibiéndose además cruzar el río á nado, promover juegos ó alborotos dentro del agua, y en absoluto todo hecho ó dicho ofensivo á la moral.

Art. 288. En el Puente de Cartuja y sitio del Portal, se bañarán los caballos y demás bestias con absoluta prohibición de ejecutarlo en otro punto. En estos mismos sitios y otros no señalados para baños de personas podrán los laneros, tintoreros, etc., lavar los efectos propios de sus artes y oficios durante la temporada de baños, verificándolo en las demás épocas donde lo crean más conveniente.

Art. 289. Los que contravinieren las disposiciones de este capítulo incurrirán en la multa de 2 a 25 pesetas, según los casos
.”

La Corta y los alrededores del Puente de Cartuja, fueron lugar habitual de baños hasta la década de los 60 del siglo pasado, época en la que los vertidos urbanos e industriales convirtieron al río en una cloaca. En una de las fotografías que ilustra esta entrada, puede verse a nuestro viejo amigo Pepe Salas, disfrutando de un baño con sus amigos en el río en la década de 1950. Parajes como los de La Greduela, Bucharaque (en La Barca), Tablellina, en las cercanías de la Junta de los Ríos… fueron otros tantos lugares de baños en el Guadalete, antes de que la contaminación terminara con ellos.

Baños en el río en El Puerto de Santa María.

En El Puerto de Santa María, junto a los baños de mar en la Playa de La Puntilla, el verano se anunciaba también con los baños en el Guadalete. Como ha estudiado el historiador portuense Enríquez Pérez Fernández (3), existen ya noticias de regulación municipal de los baños en el río desde 1816, cuando se concedió en exclusiva a la Casa de Niños Expósitos la facultad de instalar barracas, cajones y aposentos para los baños "aplicando su producto al aumento del salario de las nodrizas o amas de cría y a las demás urgencias y necesidades que padece la casa y los inocentes niños".

Pero será a partir de 1860 cuando empiezan a adquirir más relevancia. La temporada se iniciaba con el verano, por San Juan, debiendo ponerse fin a la misma después de la Virgen de los Milagros, el 8 de septiembre. Como sucedía en Jerez, también en El Puerto hombres y mujeres ocupaban espacios diferenciados, estableciéndose multas de cuatro ducados a los hombres que fueran sorprendidos en la zona reservada a las mujeres. En esta época operaban tres empresas de baños en el río y una en La Puntilla, lo que da idea de la importancia de los baños en el Guadalete frente a los de mar. Para facilitar los baños en el río y evitar los peligros de las corrientes, se instalaban en la orilla barracas y una pasarela que comunicaba con una estructura de madera techada, situada en el río, donde se encontraban los baños flotantes, con cajones sumergidos que impedían que los bañistas pudieran ser vistos (4).

Entre las escasas imágenes que se conservan sobre aquellos baños en el río destacan por su espectacularidad las del arquitecto y fotógrafo jerezano Francisco Hernández-Rubio, rescatadas por Adrián Fatou y que pudimos admirar hace unos meses en la magnífica exposición “Arquitectura de una mirada”. Realizadas en los primeros años del siglo XX, se observan en ellas los bañistas en la orilla del río, a los pies del antiguo Puente de San Alejandro, con las salinas al fondo, desde el que se lanzan al Guadalete los niños y jóvenes en atrevidas piruetas (5).

También en El Puerto –como en Jerez- el Guadalete quedará vedado para el baño a partir de la década de los 60 del siglo pasado, como consecuencia de la contaminación de sus aguas. Habrá que esperar hasta julio de 1995, tras más de una década de lucha por la recuperación del río y la puesta en marcha de un Plan de Saneamiento, para que los colectivos ciudadanos y ecologistas integrados en la Federación Ecologista Pacifista Gaditana, celebren la fiesta “El Guadalete empieza a vivir” dándose un simbólico “baño popular” en las aguas del río Guadalete que empieza, por fin, un proceso de lenta recuperación.

Una bañista de excepción: Fernán Caballero.



De la mano de una de nuestras más renombradas escritoras decimonónicas, Fernán Caballero, podemos hacernos una idea muy aproximada de cómo eran aquellos baños en el ríoGuadalete a mediados del siglo XIX. Lo describe con detalle en una de sus novelas más célebres “Un verano en Bornos”, escrita en 1850.

Cecilia Böhl de Faber se deshace en elogios hacia esta localidad serrana señalando los baños en el río Guadalete como uno de sus atractivos: “Este pueblo es muy lindo y tiene un indisputable aire señorito (así traduzco el come il faut francés).

Se deja ver que la esplendidez con que Cádiz en otros tiempos esparcía, y aún tiraba el dinero, lo hizo llegar a este apartado lugar, al que vendrían aquellos millonarios que sabían serlo, á buscar el bienestar y la salud que procuran sus aires puros, sus hermosas aguas y los baños de su río, suaves y tónicos á un tiempo, por afluir a él en estas cercanías algunas fuentes minerales
”.

En su Carta VII descubrimos las “casetas” de baño de la época y la curiosa forma en que se construían y utilizaban: “Hemos empezado los baños en el río. Según la costumbre establecida aquí, nos han hecho una choza anfibia, esto es, que se asienta en la orilla y se prolonga en el río. La parte acuática está sin techar, pues nos bañamos á la caída de la tarde, cuando ya el sol ha descendido; sus cuatro paredes de cañas, castañuelas y junco vano, unidas por una tomiza de palma y sujetas á unos postes con jical de esparto, forman una florida alberca de agua corriente y tibia, muy preferible á las de alabastro con sus estancadas aguas. El buen hombre que la hizo, dejó en el fondo una puerta abierta para que la persona que quisiese pudiese salir al río; pero mi madre me había prohibido hacerlo, porque, aunque no es profundo, le habían advertido que tenía ollas, esto es, unos hoyos en que es muy fácil caer y ahogarse la persona que no sepa nadar” (6).

En las distintas cartas que componen “Un verano en Bornos”, Fernán Caballero menciona en muchas ocasiones estos baños en el Guadalete: “…el río y el aire son bienes comunes; cada cual puede disfrutarlos sin acreditarse por eso de socialista”, llega a decir en una de ellas. En su carta VIII resume lo que suponen para ella los baños, a través de uno de sus personajes: “Luisa mía: nada me prueba tanto como la benéfica influencia que sobre mi han ejercido estos aires y estos baños, como lo hace el bienestar moral de que por grados voy gozando”.

Las playas fluviales en la actualidad.



Hoy día, los baños en el Guadalete y en algunos de sus arroyos tributarios son una rareza… pero aún existen puntos donde se practican de la mano de nuevas instalaciones. Entre las pequeñas “playas fluviales” o parajes donde los vecinos acudían a bañarse mencionaremos las que existían en las riberas del Bocaleones o del Arroyomolinos. En este último arroyo encontramos la “Playita de Zahara”, nombre con el que se conoce a la adecuación recreativa instalada en su cauce hace apenas veinte años, donde la construcción de una represa en el cauce del arroyo ha dado lugar a una “piscina” natural de aguas cristalinas que cuenta con distintos servicios para facilitar el baño.

Aguas abajo de la presa de Zahara, se construyeron hace unos años pequeños azudes para crear una lámina de agua permanente en el Guadalete y facilitar el baño. Son los casos del Puente de la Nava en Algodonales y de La Toleta, en las proximidades de uno de los accesos a la Vía Verde, en Puerto Serrano. Ambos se encuentran hoy deteriorados. Atrás quedan los tiempos en los que familias enteras acampaban en las alamedas junto al puente viejo de La Nava, conocido como “el de los americanos”, para pasar unos días de “veraneo” junto al río y bañarse en sus aguas.



En la cuenca del Majaceite, uno de los rincones preferidos por los bañistas eran las inmediaciones del Puente del Arroyo del Astillero, muy cerca del poblado del Charco de los Hurones. Este lugar llegó a contar con instalaciones recreativas dependientes del Ayuntamiento de Jerez, hoy en estado de abandono. Aguas abajo, este mismo arroyo tenía otra zona para baños muy concurrida hace unas décadas, antes de que las aguas del embalse



de Guadalcacín la cubrieran: los alrededores del viejo puente del Picao, entre Tempul y Algar. El embarcadero de Bornos,  que ha estrenado playa de arena este año, y el Club Naútico del Santiscal, en el embalse de Arcos son también otras zonas donde pueden verse bañistas.



En los últimos años, han surgido dos nuevas instalaciones a orillas del embalse que nos permiten disfrutar del contacto con la naturaleza, de los deportes acuáticos y del baño. Se trata del complejo del Tajo del Águila en Algar (con embarcadero, piscina, alojamientos rurales…) y la conocida como “Playa de San José del Valle”, (actualmente se realizan mejoras) una adecuación creada en las cercanías de la presa de Guadalcacín que cuenta con playa artificial acotada para el baño y embarcadero con piraguas, canoas y barcas.

¡Qué tengan ustedes un buen verano!

NOTA: La foto que encabeza este post pertenece a la exposición de Francisco Mariscal y muestra bañistas en La Corta en el año 1937

Para saber más:
(1) Sánchez Martínez, F.: “El Portal, su muelle, el arrecife a Jerez y el Ferrocarril (II)”, Diario de Jerez, 11/06/2013.
(2) Clavero, J. García Lázaro, A. y Grupo Entorno.: El Guadalete Empieza a Vivir. F.E.P.G., Consejería de Obras Públicas. 1996.
(3) Pérez Fernández, Enrique.: El vergel del Conde y el Parque Calderón: historia de dos paseos de El Puerto de Santa María. Biblioteca de Temas Portuenses. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000.
(4) “Los baños de mar en El Puerto”. Diario de Cádiz, 20/07/2008. De este artículo hemos tomado la ilustración de las casetas de baño en el río.
(5) De la exposición “Arquitectura de una mirada. Francisco Hernández-Rubio, fotógrafo” comisariada por Adrián Fatou hemos tomado la fotografía que muestra a un joven saltando al río Guadalete desde el Puente de San Alejandro que ilustra la portada del libro-catálogo.
(6) Fernán Caballero.: Un verano en Bornos. Gráficas El Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asociación de Amigos de Bornos. Pgs.161-162, 201-211 y 215.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Río Guadalete, El Paisaje y su gente, El Paisaje en la literatura, Paisajes con historia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 29/06/2014

Cuando el apóstol Santiago "vino" a Jerez".
Por las Mesas de Santiago al encuentro de una leyenda.


A los amigos de la Asociación Jacobea Jerezana "Sharish" 

En una amplia meseta, elevada sobre el entorno circundante y rodeada por los pequeños valles de los arroyos que bajan desde la Sierra de Gibalbín, se encuentra el paraje de Mesas de Santiago.

Hemos llegado hasta aquí tomando la carretera que, desde la Torre de Melgarejo se dirige hasta la barriada rural de Gibalbín y en nuestro camino hemos dejado atrás las tierras de los cortijos de Arroyodulce, El Troval, Jara, Jarilla, Casablanquilla, Montecorto… La carretera discurre entre lomas sembradas de trigo o cubiertas de olivares, y va ganando altura, hasta llegar a Las Mesas, desde cuyos alrededores se divisa un amplio panorama.

En este lugar, cuyo nombre nos delata las características geomorfológicas del terreno, se ubicó la aldea y la torre medieval de Santiago de Fé, nombrada también en distintas fuentes documentales como de Fee o de Efé. Sus proximidades fueron el escenario, durante el siglo XII, de no pocas escaramuzas entre moros y cristianos, cuando estas tierras lo fueron de frontera. La historiografía jerezana elevó siempre estas inciertas refriegas a la categoría de hazañas, para mayor gloria de los caballeros que las protagonizaban. En algunos casos, como en el de las luchas fronterizas que



tuvieron por escenario los alrededores de Las Mesas, los episodios históricos fueron deformados hasta transformase en leyenda.

Con el Apóstol Santiago por los campos de Las Mesas.

Bartolomé Gutiérrez recuerda en su Historia de Xerez como durante el reinado de Fernando III el Santo, nada más y nada menos que el mismo Apóstol Santiago, acompañado de “caballeros ángeles” acudió en auxilio de las tropas cristianas cuando se batían en estos parajes con “la crecida multitud de la morisma”, a las que vencieron en desigual batalla gracias a la ayuda del cielo. Como testimonio señala que “…juraron muchos hombres de autoridad haber visto al Sto. Apóstol en un caballo blanco, en forma de un caballero con una seña blanca y una cruz roja en una mano, y en la otra una espada: y que andaban con él muchos caballeros de blanco y en el aire Ángeles; y lo mismo testificaron algunos moros” (1). El mismo autor nos indica que este milagro estuvo pintado hasta principios del siglo XVII en la fachada de la muralla de la Puerta de Santiago, hasta que se fue borrando con el tiempo.

Esté rincón de la campiña debía ser sin duda uno de los preferidos del santo Patrón de España para sus milagrosas apariciones ya que nuevamente, décadas después, volvió para socorrer a un



noble caballero de la ciudad. Gonzalo de Padilla cuenta en su Historia de Xerez de la Frontera las andanzas por estas tierras de Fernán Alonso de Mendoza, “pariente del señor rey Alfonso el Savio (sic) y su vasallo… que aviendo tenido noticia este caballero como en cierto sitio estaban cinco moros nobles y fuertes acogidos en una torre y aldea de donde salían a cavallo a hacer muchas hostilidades a los christianos que caminaban a Sevilla y otras partes, salió este dicho caballero Fernant Alfonso acompañado de otro tal cavallero a buscar estos cinco moros que lo habían llamado y desafiado”. Al parecer, su acompañante, ante lo dificultoso y arriesgado de la empresa trató de persuadirlo y se volvió a Jerez dejando solo a nuestro personaje que en su empeño de acabar con los infieles, se dirigió en su busca. “… Y llegando al sitio le salieron los dichos cinco moros armados y los recibió manejando su lanza adarga y cavallo con tal desembarazo y fortuna que de los primeros reencuentros mato los tres de ellos y a poco espacio venció los dos cayendo muertos de sus cavallos, y hallándose solo y confuso dando gracias a Dios se le apareció un caballero con armas no conocidas y una cruz roja en la mano y le dixo el daría fee de la batalla y desapareció trayéndose los cavallos y despojos ante el Rey que a la sazón estaba en la ciudad, y le dixo solo daría fee de la batalla el señor Santiago que le había ayudado y visto, por cuya razón le pusso por renombre a aquel sitio la aldea de Santiago de Fee”. (2)

Cuentan las crónicas que para conmemorar y premiar esta hazaña, el Rey don Alfonso hace entrega a Fernán Alonso de un privilegio en el que le hace donación de la aldea y le pide que levante una ermita dedicada al Apóstol Santiago…en la aldea de Fee con su titulo en sembransa e memoria de vos vencimiento e victoria Dios vos quiso conceder para vos, e vos doy la torre que en ella está e que en ella pongades vosa divisa de armas… e también vos doy treinta yugadas de tierra bagada en rodo della, lo qua vos doy para que mejor podades estar con casa poblada, con mujer e fijos e con la otra compaña que obiere…”. Este documento, fechado en 1270, es probablemente falso, según algunos autores. De lo que si hay constancia es de la existencia en estos parajes de una ermita, al menos desde 1392. (3)

       

Un cortijo centenario en un cruce antiguos caminos.



Si bien la primitiva aldea, con su torre y ermita, desapareció con el tiempo, Las Mesas de Santiago siguieron figurando como un núcleo rural con distintas edificaciones y cortijos. El lugar fue también desde antiguo una encrucijada de caminos donde confluían, entre otros, el que desde Jerez se dirigía a Bornos y a la Sierra (después de dejar atrás la Torre de Melgarejo) y el conocido como Cañada de Vicos o de Las Mesas que procedente de las tierras de Medina, cruzaba el Guadalete por La Cartuja, para pasar después por Lomopardo, Cuartillos, Vicos y Jédula y seguir luego, desde aquí, hacia la Sierra de Gibalbín. No es de extrañar que en Las Mesas, punto donde se cruzaban distintas vías pecuarias, se estableciese un descansadero para el ganado aprovechando también los diferentes pozos que en este lugar se encontraban, alimentados por las aguas que se retienen en el subsuelo, constituido aquí por estratos arenosos, ricos en calizas conchíferas, depositados durante el Plioceno.

Aún en la actualidad, puede verse alguno de estos viejos pozos, entre los olivares, herederos de aquellos que se excavaron en los siglos medievales y que sería necesario restaurar antes de su pérdida definitiva.



En esta zona de la campiña aún perviven hoy varios cortijos, entre los que destaca el de Las Mesas de Santiago, junto al cruce de caminos, cuyo caserío se emplaza, posiblemente, en el mismo paraje en el que se ubicó la aldea medieval. El topónimo de La Mesas ya figura en el amojonamiento del término de Jerez de 1274. De la misma manera, hay constancia documental de la existencia de una explotación agropecuaria en este lugar al menos desde comienzos del siglo XVI, cuando fue adquirido a sus propietarios, junto con las tierras circundantes, por el Monasterio de San Jerónimo de Bornos (3).

En torno al viejo cortijo hubo también diferentes edificaciones diseminadas, algunas de las cuales aún se conservan y que en su conjunto, debieron configurar un núcleo rural de considerable importancia. a juzgar por los datos de población del Nomenclátor estadístico de 1857, que asigna a Las Mesas de Santiago 247 habitantes figurando a la cabeza de los núcleos agrarios dispersos del término de Jerez. Progresivamente iría perdiendo población y en el Nomenclátor de 1923 su población se había reducido a la mitad (121 hab.).

A partir de la segunda mitad del siglo XX se redujo drásticamente a favor de otros núcleos cercanos como Torre de Melgarejo, Gibalbín, -cuya Sierra sirve de telón de fondo al norte- y Jédula, a los que se trasladarían sus antiguos pobladores.



Los edificios que hoy vemos en el cortijo son una muestra de la arquitectura popular del siglo XIX, con edificaciones de gran simplicidad y, a diferencia de la mayoría de las repartidas por otros rincones de la campiña, son de una sola planta. En la fachada principal, donde se encuentran las viviendas, se observan dos puertas que dan acceso a sendos patios independientes.




La primera, con unos curiosos remates, está techada por un tejadillo y coronada por una sencilla y antigua veleta.

La segunda está presidida por un azulejo devocional en el que se muestra una escena con San Isidro Labrador orando mientras unos ángeles labran la tierra.




Junto a la primera entrada, que debió ser la principal, puede observarse también una garita con funciones defensivas y de control, similar a las que hemos visto en otros cortijos del siglo XIX (Faín, San Andrés, el cercano de El Rizo…) y que aquí cobraría más sentido al tratarse de un paraje apartado (a 17 km de la ciudad) en un cruce de caminos, donde solían hacer un alto las diligencias y coches de caballos que cubrían el camino entre la Bahía, Jerez y las poblaciones de la Sierra de Cádiz. De este cortijo nos habla Frasquita Larrea, la escritora gaditana madre de Fernán Caballero, quién en su “Diario” relata como en un viaje que realiza en 1824 desde El Puerto a Bornos, descansa en el Cortijo de Las Mesas alabando también el buen estado del camino ente Jerez y este lugar. (4)

Junto a las casas principales del cortijo destaca el edificio del granero, con cubierta a dos aguas, algo más alto que los demás. En naves separadas, y más alejadas del camino, se encuentran la “casa de máquinas” y el almacén. Las gañanías se ubicaban en una nave alargada, que llama la atención en la parte trasera del cortijo, por la gran longitud de su planta (5).



Cada vez que paseamos por este rincón de la campiña, por estos caminos tan poco transitados que discurren entre sembrados de cereal y entre lomas de olivares, recordamos entre las soledades de estos hermosos paisajes las antiguas refriegas de moros y cristianos y nos parece entrever, las huestes angelicales del apóstol Santiago cabalgando entre los olivos rumbo a la leyenda.

Para saber más:
(1) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol I P. 45.
(2) Gonzalo de Padilla.: Historia de Jerez de la Frontera (Siglos XIII-XVI). Ed. de Juan Abellán Pérez. Agrija Ediciones 2008., pp.. 87-89.
(3) Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera Territorio y poblamiento durante la Baja Edad media. Universidad de Cádiz. 2003, pg. 101
(4) Francisca Larrea. Diario. Graficas el Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asoc. de Amigos de Bornos.
(5) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 01/02/2015

 
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