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Por la sierra de Los Barrancos.
Un paseo por el Molino Nuestra Señora de la Luz y Las Hoces (Arcos).



La salida que hoy les proponemos tiene como destino la poco conocida Sierra de los Barrancos, próxima a Arcos, donde visitaremos un antiguo molino de aceite hoy reconvertido en hotel rural. Desde sus cercanías, tendremos oportunidad de disfrutar de magníficas vistas de la Sierra de Grazalema y de la campiña arcense, además de conocer un magnífico ejemplar de pino piñonero en el paraje de las Hoces.

Entre pinos por la Sierra de Barrancos.




Para llegar hasta él tomaremos la carretera Arcos-El Bosque. Tras dejar atrás la presa, la ruta deja a la derecha una gran cantera de arenas silíceas.



Poco antes de llegar a la conocida “Cuesta de la Escalera, un desvío a la izquierda, bien señalizado, nos indica el camino para llegar al Cortijo Barranco, donde se encuentra el antiguo molino Nuestra Señora de la Luz, una de las más hermosas haciendas de olivar que pueden verse en nuestra provincia.



Una estrecha carretera nos conduce hasta él tras recorrer algo menos de tres kilómetros entre los cerros de la Sierra de los Barrancos, prolongación hacia el sur de la del Calvario. Ambas sierras están separadas por la Angostura, garganta labrada por el Guadalete donde se levanta la presa de Bornos.




La Sierra de los Barrancos está constituida por areniscas y calcarenitas del Mioceno Superior, rocas que forman bancos de gran espesor, como puede apreciarse en los cortados de las paredes del valle que recorremos o en los paredones de la cercana Cuesta de la Escalera, en la carretera Arcos-El Bosque, donde se ha excavado una gran trinchera para el paso de esta vía de comunicación. En estas rocas, el paseante curioso, podrá observar numerosos restos fosilizados de conchas marinas.




La acción de las aguas de arroyada ha ido formando aquí profundas vaguadas, como las que cruzamos en nuestro camino hacia el molino por un estrecho puente que salva el Arroyo del Cañaveral. Este mismo curso de agua cambia luego su nombre por el de Arroyo del Santiscal cuando atraviesa las tierras de este rincón de la campiña arcense, antes de desembocar en el Guadalete en las colas del cercano embalse de Arcos. Este arroyo, que suele llevar agua también en verano, presenta una frondosa vegetación de ribera acompañando su curso en la que no faltan sauces, fresnos, chopos y álamos.

La Sierra de Los Barrancos ofrece parajes pintorescos y agrestes, con cortados rocosos y bosquetes de pino piñonero que crecen en las laderas más abruptas, mientras que en las lomas de menor pendiente se salpican los labrados de cereal o girasol, así como algunas viñas y olivares entre los que se conservan también retazos de monte bajo. Los olivares ocuparon en tiempos pasados todos estos rincones a juzgar por las diferentes haciendas y molinos de aceite repartidos por estas tierras, algunas de las cuales aún se mantienen. De muchas de ellas da cuenta Madoz a mediados del XIX, en su descripción del término de Arcos nombrando las de Faín, Peral, Santiscal, Algarabejo, Anderas, San Andrés, Bermejales, Bachiller… por citar sólo algunas de las más próximas al molino de Barranco (1). El caserío del viejo Molino de Bachiller se adivina en la parte alta del cerro, que dejamos a la derecha, subiendo hacia Nuestra Señora de la Luz. De estos dos últimos molinos se ocupa también Frasquita Larrea, en su Diario, relatando el viaje que realizó a Arcos en 1824. Así, tras visitar la hacienda El Bachiller “de los Sres. Zapata de Arcos… que son muy ricos” y alabar sus huertas, jardines y naranjales, escribe “A alguna distancia de esta hacienda tienen otra que llaman el Tarifeño que también dicen que es muy hermosa, sin contar los muchos cortijos, ganados, etc., que poseen en estos contornos” (2). “El Tarifeño” era el nombre con el que se conocía también al molino de Ntra. Sra. de la Luz en recuerdo, como veremos, de su primer propietario.

En el Molino Nuestra Señora de la Luz: Hotel Cortijo Barranco.




Desde la lejanía llama la atención la magnífica estampa del caserío del molino, que se cuenta entre las haciendas de olivar más representativas de la provincia, conservando todo el sabor de la arquitectura tradicional tras la cuidada rehabilitación, hace unos años, para su transformación en hotel rural.



Del conjunto de edificios de su caserío, sobresalen sus dos torres de contrapeso rematadas por almenas, que sirvieron de soporte a sendas vigas para el prensado de la aceituna.

La fachada principal es de gran sobriedad mostrando en su composición una serena y armoniosa belleza. En su parte central se abre la puerta de acceso al molino y en su esquina izquierda despunta una de las dos torres de contrapeso del molino.

La portada está enmarcada por pilastras y dintel labrados en piedra caliza, rematados por una cornisa sobre la que destacan dos pináculos y un llamativo escudo de armas. En el dintel, una inscripción bien conservada, nos informa de los probables orígenes del molino y justifica también su nombre, Nuestra Señora de la Luz, patrona de Tarifa, lugar de origen de su propietario.



En ella puede leerse: “A este molino se dio por nombre N. S. de la Luz, siendo fundador el Sr. D. Pascual Moreno Núñez de Prado, siendo Presbítero y Comisario del Santo Oficio de la Ynquisición y vecino de la ciudad de Tarifa y asendado en esta de Arcos en el año de 1754”.

La entrada conduce, tras un zaguán empedrado donde puede verse un hermoso azulejo devocional de 25 piezas de Ntra. Señora de las Nieves, a un patio central en el que destacan dos corredores porticados con arcos de medio punto. Sobre ellos discurren pasillos laterales que dan acceso a las estancias del molino y en cuyas paredes cuelga una amplia muestra de aperos tradicionales y herramientas del molino.



El patio está cubierto por un llamativo emparrado que en primavera y verano ofrece a los visitantes una deliciosa sombra. Los otros edificios laterales que cierran el patio, y que en su día fueron las grandes naves en las que se ubicaban las prensas de viga y los almacenes, han sido adaptados, como las demás dependencias, para las actividades de hostelería y turismo rural (3).



En el cuerpo del edificio que une las dos torres, se encontraba el señorío, hoy convertido en singulares habitaciones y en cómodas estancias con todo el sabor de la arquitectura tradicional.



En la que fuera la nave de molienda, se ha instalado el comedor principal que luce en sus paredes antiguas estanterías repletas de libros. En otra sala, habilitada también para comedor, se conserva aún la curiosa techumbre de madera del molino y en el testero de uno de sus muros, una magnífica colección de platos y vajillas tradicionales.




Por una escalera, donde luce un hermoso panel cerámico con motivos taurinos, se accede a un cuidado jardín desde el que se obtienen unas magníficas vistas de la Sierra de Cádiz, a treinta kilómetros en línea recta, que nos presenta aquí cercanos y reconocibles los perfiles de las sierras del Caíllo, Endrinal, Pinar, Labradillo y Margarita, entre otras.

Desde este jardín principal se accede a otro trasero en el que se encuentra la piscina, a los pies de una de las torres de contrapeso del molino.


Repartidas entre las praderas de césped de los jardines, el visitante puede ver antiguas piedras cilíndricas o troncocónicas que molían la aceituna, destacando entre todas ellas una de grandes dimensiones, el quintal.

Éste, se situaba en el extremo de la viga donde se desplazaba con el husillo arriba y abajo en las operaciones de carga y prensado. Muy llamativa es también una enorme losa cuadrada con hendiduras: el pie de vírgenes. En ella se apoyaban los maderos verticales que sujetaban y trababan la viga, denominadas vírgenes. Antiguas pilas de lavar o bebederos cilíndricos de piedra han sido aprovechados, como los tinajones que guardaron el aceite, para maceteros, tal como veremos en los distintos rincones del jardín.





Junto a la explanada situada en la fachada principal del molino, se ha reconstruido una antigua capilla, la Ermita de Nuestra Señora de la Luz –donde se celebran bodas- que tiene en su puerta un hermoso panel cerámico dedicado a San Miguel Arcángel. Junto a ella otras edificaciones e instalaciones (aparcamiento, picadero, huerta…) completan el equipamiento de este hotel-cortijo y hacen de este rincón, por muchos motivos, “un lugar con encanto” cuya visita recomendamos.

El pino de las Hoces.

Si desde el molino seguimos el camino que sube hasta lo más alto de la sierra de Barrancos, podremos completar nuestra visita obteniendo magníficas vistas de la Sierra de Grazalema y de la campiña de Arcos. En un agradable recorrido de apenas 1,5 km, la pista deja a la derecha la Casa del Cerro, y termina frente al paraje de Las Hoces, en el flanco sur de la Angostura del Guadalete, donde se levanta la presa de Bornos. Donde la vegetación que sirve de lindero a las fincas lo permite, podremos obtener desde aquí vistas excepcionales. A los pies de la sierra la lámina de agua del embalse se estrecha entre la Sierra del Calvario, frente a nosotros y las suaves pendientes de Sierra Martega, donde nos encontramos. El caserío de Bornos, en primer plano, se nos antoja hermosísimo desde la altura. Más lejos quedan el Coto de Bornos, Villamartín, Puerto Serrano o Montecorto, visibles también desde aquí.



En las laderas de Las Hoces llamará la atención del paseante la silueta de un fabuloso ejemplar de pino piñonero: el pino de las Hoces que crece aislado en este paraje. Este árbol singular, que tiene un perímetro de tronco de 3,85 m, destaca por su armonioso porte y por su copa homogénea y aparasolada de más de 20 m de diámetro. Con una altura cercana a los 30 m, es todo un hito en el paisaje de Las Hoces, en el que se ha anunciado recientemente la próxima construcción de un complejo turístico y un campo de golf, apreciándose ya en las laderas las catas de los estudios previos. El pino es un auténtico superviviente de los antiguos pinares que antaño poblaban la Sierra del Calvario y Sierra Martega, donde ya solo quedan algunos ejemplares de gran porte, aunque ninguno como este, cuya edad sobrepasa los 120 años.



Lejos quedan ya los tiempos en los que podía verse en La Hoces, sobre lo más alto de la sierra, un pino piñonero verdaderamente monumental, que con un diámetro de tronco de 1,75 m y una altura de 45 m podía verse desde la “carretera de Olvera”, tal como recoge gráficamente la Guía Turística de Cádiz de 1916 (4) o la revista España Forestal de 1921 (5), donde se da cuenta de la historia y la “leyenda” de este singular pino.



Después de admirar una vez más el paisaje, volvemos sobre nuestros pasos. Desde las proximidades del molino, o en el camino de regreso buscando la carretera Arcos-El Bosque, podremos observar entre los cortados rocosos de la Sierra de los Barrancos, hacia el Oeste, magníficas vistas de Arcos, aún más hermosas, si tenemos la suerte de contemplarlas a la caída de la tarde cuando ya el sol está a punto de ponerse.


Ver Molino Ntra. Sra. de la Luz en un mapa más grande

Para saber más:
(1) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. p. 49.
(2) Francisca Larrea. Diario. Graficas el Exportador. Jerez. 1985. Edición especial realizada por la asociación de Amigos de Bornos, p. 137.
(3) VV.AA. Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002., pp. 329-331.
(4) Guía Turística de Cádiz, 1916. En ella se muestra la fotografía que acompaña a este reportaje con el siguiente pie: Notable ejemplar de pino, de la carretera de Olvera (Cádiz), cuyo tronco tiene casi dos metros de diámetro. Agradecemos a nuestro amigo Francisco Jordi Sánchez habernos facilitado dicha imagen.
(5) España Forestal, Año VII, nº 69, enero de 1921, p. 13. La imagen del Pino de las Hoces aparece con el siguiente texto: El pino de las Hoces (P, pinea L.) sobre la sierra de Bornos (Cádiz). Dice la tradición del lugar que este pino es hijo de otro de tan grandes dimensiones, que servía de punto de mira a las naves de tiempos de Colón para enfilar el puerto de Cádiz. Diámetro a 1,50 m. del suelo, 1,75m. Altura total, 45 m. Foto M. Urech. Esta misma fotografía se puede consultar también en internet en la Fototeca Forestal. Cód. 2004 DGB-INIA.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas relacionadas: Cortijos, viñas y haciendas, Entorno a Arcos,

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 23/04/2017

En el cortijo de El Peral con Rafael de Riego.
Un recuerdo de los sucesos de 1820.




El viajero que en dirección a la Sierra de Cádiz toma la autovía de Arcos, puede observar poco antes de llegar a esta población, a la izquierda de la carretera, una curiosa construcción: el cortijo de El Peral. Si nos desviamos, aunque sólo sea por unos momentos, para acercarnos hasta su entrada, próxima a la última rotonda que da acceso a Arcos, veremos que un cartel anuncia la venta de “garbanzos”. Pero en El Peral, no sólo hay garbanzos. Junto a una de las muestras más notables de la arquitectura tradicional agraria de la campiña, El Peral encierra entre sus muros mucha historia. Vamos a conocerlo.

Un cortijo singular que fue molino de aceite.

Lo primero que llama la atención en este cortijo son sus curiosas y llamativas torres almenadas. Dispuestas en ambos extremos de su fachada principal, flanqueando su entrada, dan a toda la construcción un cierto aspecto de fortaleza. Se trata de las torres de contrapeso de un antiguo molino de aceite, que contaban con sendas prensas de viga, ya que El Peral fue durante muchos años una hacienda de olivar, aunque ahora esté rodeado de cultivos de cereal y girasol y los olivos más cercanos los hayamos dejado en las cercanas laderas de Macharaví.

Estas particulares torres, tienen troneras en su parte baja y en su cuerpo superior curiosos palomares con aberturas y saeteras, rematados por merlones de albardillas piramidales, que a modo de almenas con tejadillos, nos recuerdan vagamente, cuando las contemplamos por primera vez desde la lejanía, a las torres de un castillo. Los palomares, resultan aún más llamativos ya que se han pintado de almagre, ese peculiar tono rojizo que nos recuerda al óxido de hierro o a la arcilla (1).

Entre las torres se encuentra la vivienda de los caseros y la entrada principal del cortijo, presidida por un viejo azulejo devocional con la imagen el Sagrado Corazón, que da acceso a un primer patio empedrado de planta cuadrada. El patio tiene a ambos lados las naves de la antigua almazara que arrancan de las torres, donde se encontraban las prensas de viga y las bodegas de aceite.

En torno a un segundo patio, que se abre a continuación del primero, se organizan otras dependencias de la hacienda entre las que destacan las antiguas cuadras y establos, techados con bóvedas de arista en piedra de cantería que descansan sobre pilares. Sobre las cuadras se construyeron los graneros, a lo que se accedía desde el patio interior a través de una curiosa rampa.



A este “patio de labor” se abren también las nuevas caballerizas y almacenes de aperos y maquinarias, así como otras dependencias que acogieron las gañanías, a ambos lados de la puerta trasera del edificio, que da al campo.



En uno de sus laterales, el cortijo conserva aún los altos muros de una de las naves de prensa, construidos en algunos de sus lienzos con tapial y en otros con grandes sillares de cantería perfectamente escuadrados, por lo que debió tratarse de una edificación de gran solidez.

Como elementos curiosos, en el exterior del cortijo se conservan las grandes piedras bajas o soleras del molino, conocidas como alfarjes, así como uno de los rulos que giraban sobre ellas triturando la aceituna. Junto a ellas llaman también la atención los antiguos comederos y bebederos para el ganado labrados en grandes bloques de piedra.

Un cortijo con historia: El Peral, centro de operaciones de Riego.

Las tierras de El Peral aparecen ya reseñadas a finales del siglo XVII como “dehesa de baldío”. A mediados del XVIII cuentan ya con olivares y se menciona también la existencia aquí de un molino de dos piedras propiedad del colegio de Santa Catalina de Arcos.

Pero será en el siglo XIX cuando El Peral cobre mayor protagonismo. Por aquí pasó la escritora Francisca Larrea en 1826, cuando su propietario era D. Francisco Martel, rico hacendado propietario también de otras posesiones en Bornos y en la campiña de Jerez, tal y como ella misma apunta en su Diario. Madoz incluye a El Peral entre las haciendas de olivar de Arcos en 1845 (2). El Nomenclátor de 1900 hace referencia a El Peral como un cortijo de cinco edificaciones (3).

Sin embargo, será de la mano de Rafael de Riego, en 1820, cuando este cortijo-hacienda escriba sus páginas más singulares. Recordemos brevemente aquellos días.

Al objeto de hacer frente a los movimientos independentistas de las colonias americanas, se fueron concentrando en Andalucía a lo largo de 1819, contingentes militares en espera de ser embarcados a Ultramar. El cuerpo expedicionario estaba al mando del Capitán General de Andalucía, Félix Calleja del Rey, Conde de Calderón, quien tenía poderes de General en Jefe de las fuerzas españolas en América.

Ante el descontento muy extendido en amplios sectores de la milicia por la situación política, un grupo de oficiales habían decidido aprovechar esta ocasión para organizar un pronunciamiento con el que obligar a Fernando VII a proclamar la Constitución de 1812 y situar a los liberales en el gobierno. Uno de ellos era el teniente coronel Rafael de Riego, quien al frente del Batallón de Asturias, acuartelado en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan, encabezó la rebelión liberal frente a los absolutistas el 1 de enero de 1820, proclamando la Constitución de 1812.

El Pronunciamiento de Riego, se inicia de manera solemne con la emisión de un bando que promulga la Constitución Liberal de 1812, derogada hasta entonces: “… Las órdenes de un rey ingrato que asfixiaba a su pueblo con onerosos impuestos, intentaba además llevar a miles de jóvenes a una guerra estéril, sumiendo en la miseria y en el luto a sus familias. Ante esta situación he resuelto negar obediencia a esa inicua orden y declarar la constitución de 1812 como válida para salvar la Patria y para apaciguar a nuestros hermanos de América y hacer felices a nuestros compatriotas. ¡Viva la Constitución!". En la plaza del ayuntamiento de Las Cabezas de San Juan, antes de partir hacia Arcos, Riego arenga a sus tropas, pasado el mediodía y justifica su acción: “Es de precisión para que España se salve que el rey Nuestro Señor jure la Ley constitucional de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles. ¡Viva la Constitución!”.



Los hermanos De Las Cuevas, en su monografía sobre Arcos, nos dicen lo que vino después: “A las tres de la tarde del 1-1-1820, con el Batallón de Asturias, emprende la marcha desde Las Cabezas. Llovía a todo llover. A las 2 de la mañana, en El Peral, enciende hogueras para secarse; en el barro, perdiéronse muchas botas. Riego montaba un caballo blanco”. (4)



Cruzando con su batallón los caminos embarrados durante casi doce horas, Riego atraviesa las colinas de las campiñas de Las Cabezas, Espera y Arcos. Se había dirigido a esta ciudad, junto a otros jefes militares que acudirían procedentes de poblaciones cercanas, ya que allí se encontraba el General Félix Calleja, Jefe de las fuerzas expedicionarias, a quien debían ganar para la causa o detener. Los almacenes y las naves de prensa del molino de El Peral albergaron a su fatigada tropa que utilizó las amplias dependencias de la hacienda para reponer fuerzas, guarecerse de la lluvia y secar sus ropas.

Al día siguiente, tras pasar la noche en El Peral, se entregarán a Riego en Arcos el general Calleja, los generales Fournas y Sánchez Salvador y el Brigadier Gavani, siendo trasladados a El Peral, que se convertirá por unas semanas en centro de operaciones de Riego y en prisión improvisada de quienes no quisieron secundar el pronunciamiento liberal. Tras proclamar la Constitución en Arcos, Riego enviará una columna a Medina y se traslada el mismo, al frente de 300 hombres, a Bornos, donde el Batallón de Aragón se une a su causa (5).

El pronunciamiento se extenderá progresivamente por otras ciudades hasta que el 10 de marzo de 1820, los acontecimientos obligan a Fernando VII a mostrar su apoyo a la Constitución de 1812 con aquel famoso “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Comenzará así el Trienio Liberal que había encendido su primera llama una noche lluviosa de enero en las hogueras que Riego manda hacer en El Peral para que pudieran secarse sus fatigadas tropas. Después vendrían los Cien Mil Hijos de San Luis y la ejecución de nuestro personaje, acusado de alta traición, apenas tres años después de los hechos de Las Cabezas y El Peral.

Cada vez que pasamos por El Peral, nos gusta recordar que aquí estuvo Riego, el máximo exponente de quienes defendían las libertades civiles en nuestro país y que en reconocimiento a ello, su retrato ocupa un lugar destacado en las Cortes Generales.



En El Peral nada recuerda su paso. Bien podría ponerse una placa, un monolito o, tal vez, sembrarse un olivo en su memoria, a propósito que dentro sólo de cuatro años se cumplirá el segundo centenario de aquellos hechos.



Pese al olvido, quedan las palomas. Las mismas palomas que cada tarde regresan a sus hermosos palomares pintados de almagre. Y las torres… que continúan allí, altivas, alzando sus almenas como faros en el mar de trigales de la campiña.

Para saber más:
(1) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002. pp. 311-312.
(2) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares… p. 312.
(3) Pérez Regordán, M.: Comentario estadístico, geográfico, histórico y etimológico al nomenclátor del término municipal de Arcos de la Frontera (1999). Publicación del Excmo. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera.
(4) De las Cuevas J. y J.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. p. 50 y 79. El texto recogido por estos autores procede de “Recuerdo de R. de Riego”, de M. Chaves, p. 110.
(5) De las Cuevas J. y J.: Arcos de la Frontera…. P. 79.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 03/04/2016

 
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