Mostrando entradas con la etiqueta Grazalema. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grazalema. Mostrar todas las entradas


La gran riada



Hace 100 años, el 7 de marzo de 1917, tras unos días de intensas lluvias en toda la provincia y, especialmente en la Sierra de Grazalema, el Guadalete y sus afluentes registraron una gran avenida que asoló la campiña.

La "gran riada" se llevó por delante los puentes de Villamartín, Arcos, Junta de los Ríos y el Sifón del acueducto de Tempul en La Florida, dejando cortadas las carreteras, aisladas las poblaciones de la campiña y a Jerez sin agua potable...

Para recordar el centenario de este episodio histórico, realizamos una serie de cuatro reportajes sobre el impacto de la riada en los pueblos de la Sierra, en Arcos, en la campiña de Jerez y en Jerez y el Puerto de Santa María que hemos recogido conjuntamente en una publicación de 54 páginas -la quinta monografía de "Entornoajerez"- que hoy les ofrecemos.  Esperamos que les guste.

Descargar en formato PDF
Descargar en formato FlipPdf.

OBSERVACIÓN: En este último caso, el fichero descargado deberá descomprimirse con winzip o winrar para obtener el correspondiente fichero exe.


La gran riada (I): Grazalema, Villamartín y Bornos.
Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917.




En estos días se cumplen cien años de la gran riada del 7 de marzo de 1917 que tuvo grandes consecuencias en toda la cuenca del Guadalete. Para recrear aquel episodio hemos preparado una crónica que tendrá su continuación en próximas entregas.

Intensas lluvias en la Sierra de Grazalema.

Durante el otoño de 1916 las precipitaciones en la Sierra de Grazalema fueron intensas. Habían “reventado los caños” del Tajo, lo que era un síntoma claro de que los acuíferos estaban ya a rebosar. El 21 de Noviembre, el maestro y meteorólogo de la villa, Cándido Ruiz y Ruiz, había anotado en su primoroso cuaderno la cantidad de 213,6 litros, una cifra de record desde que cuatro años atrás, en 1912, iniciara los registros. Casi setenta años después, en 1983 tuvimos ocasión de consultar ese cuaderno que amablemente nos enseñaría su septuagenario hijo, Luis Ruiz Dorado (1).

Todos los signos apuntaban entonces a un invierno muy lluvioso, como confirmaron las precipitaciones de enero y febrero de 1917. Por esta razón, cuando a inicios del mes de marzo de ese mismo año se desataron s fuertes y continuadas lluvias, la cuenca ya estaba saturada y el caudal de los ríos y arroyos amenazaba con provocar graves inundaciones. Todas las alarmas se desataron ya que, en apenas 36 horas, como nuestro meteorólogo anotó en su cuaderno, “la lluvia caída desde las 4 de la tarde del 5 de marzo, hasta las 4 de la madrugada del día 7 de marzo de 1917 fue de 289 litros por m2”(2).

Una imagen nítida de aquella catastrófica primera semana de marzo de 1917 nos la ofrece el relato del geólogo Juan Gavala, quien visitó ese mismo año a D. Cándido Ruiz en Grazalema y quien apunta como la madrugada del 6 al 7 de marzo fue especialmente lluviosa, siendo las consecuencias (grandes avenidas, inundaciones, destrucción de puentes y carreteras…) desastrosas. Como afirma el insigne geólogo, nada de esto era de extrañar si se tiene en cuenta que “después de cuatro meses de lluvias continuadas, durante los cuales cayeron en Grazalema 1.948,7 milímetros de agua, se sucedieron, desde el 26 de febrero hasta el 5 de marzo, ocho días de lluvias bastante persistentes y algunas de carácter torrencial como la que cayó el día 4 (95,1 mm.) acompañadas de nevadas copiosísimas en la parte alta de las montañas. Además, el día 5, a las cuatro de la tarde, empezó a llover torrencialmente en toda la Serranía con viento huracanado del Sudoeste y no cesó la lluvia ni disminuyó su intensidad hasta las cuatro de la mañana del día 7” (3).

Los 289 litros caídos en apenas 36 horas en Grazalema auguraban lo peor y, como indicaba Gavala, “aun cuando seguramente no cayó en toda la cuenca del Guadalete una lluvia tan colosal, basta que una gran parte de ella recogiese la enorme cantidad de 2890 metros cúbicos por hectárea a que corresponde la lluvia antes citada, para que la crecida alcanzara tan desconocidas proporciones. Y todavía este fenómeno resulta más explicable cuando se considera que esa lluvia… la recibió la tierra después que los terrenos más permeables habían dejado de serlo por estar saturados de agua” (4).

Los efectos de la riada aguas abajo.



Aunque el viejo puente de Zahara soportó la crecida del río, y el de La Nava aguantó también los envites de las aguas del Guadalete que bajaban crecidas con las del Bocaleones, las poblaciones ribereñas fueron sufriendo la onda de la gran avenida que se dejó sentir ya en Puerto Serrano. Como recuerda Juan Gavala, “fue tal la fuerza de la corriente, que arrastró los dos arcos que quedaban aún en pié del antiguo puente de Villamartín y parte del estribo de la margen izquierda; el puente de San Miguel, en Arcos de la Frontera; el llamado de la Junta de los Ríos, situado unos metros aguas debajo de la confluencia del Majaceite con el Guadalete, y el puente metálico y los arcos de avenida por donde cruzaba el río, en la Florida, uno de los sifones del acueducto de Tempul” (5).

En el último tercio de su recorrido, el que discurre por los términos de Jerez y El Puerto, los cálculos del caudal que pudo llevar el Guadalete en los momentos de apogeo de la avenida se estimaron en 2000 m3 por segundo. Y el desastre pudiese haber sido aún mayor de no haber contado con el efecto regulador del recién construido pantano de Guadalcacín que retuvo buena parte de las aguas del Majaceite, laminando después sus crecidas (6). El Ingeniero Pedro M. González Quijano, director del Pantano, lo contaba así unos días después: “en Grazalema han caído en diez y seis horas de un solo día, 215 mm, y que pasan de 70 los recogidos ese mismo día en dos pluviómetros de la cuenca del Majaceite, afluente el más importante del Guadalete. En dicho afluente está situado el pantano de Guadalcacín, que estaba lleno, y en el que la lámina de aliviadero de superficie llegó a tres metros de altura, correspondientes a un caudal de unos 500 metros cúbicos por segundo, en el momento en el que quedaban embalsados por encima del nivel normal, y sustraídos por consiguiente al máximo de la avenida, más de 25 millones de metros cúbicos. Sin este embalse regulador, el máximo del Majaceite hubiera pasado seguramente de 1000 m3 por segundo y hubiera igualado próximamente al del Guadalete, a pesar de tener la cuenca más pequeña y sin comparación mucho más arbolada que la del río principal. Un embalse análogo en este rio hubiese reducido tal vez su caudal a la mitad y en una tercera parte el que produjo la inundación de la región situada aguas debajo de la confluencia, disminuyendo considerablemente o quizas evitando en absoluto la inmensa mayoría de los daños causados" (7).

Como puede imaginarse, estos caudales tan excepcionales explican que, como apuntaba Juan Gavala, las inundaciones en el curso bajo fuesen inevitables y de proporciones catastróficas y que “los llanos de El Portal, entre el Puerto de Santa María y Jerez, que escasamente se encuentra a 12 km del mar, y cuya extensión es enorme, fueron cubiertos con una lámina de agua de más de un metro de altura, que en ciertos sitios montó sobre el terraplén del ferrocarril de Sevilla a Cádiz y sobre la carretera de Jerez a El Puerto” (8)

La riada en Villamartín.

Al día siguiente de la gran riada, La Correspondencia, publicaba un radiograma fechado a las 17:35 del día 7 en el que se daba cuenta de que "Las inundaciones han causado daños incalculables en toda la provincia. El Guadalete ha destruido el puente de Villamartín, inundado campos y huertas, ahogando los ganados y ocasionando la pérdida de la cosecha de trigo” (9). El mismo diario, refiriéndose a las últimas noticias de la mañana del día 8, ampliaba datos sobre los efectos de la riada en el pueblo y sus alrededores “El Guadalete lleva seis metros de crecida sobre su nivel ordinario… las aguas arrastraron centenares de cerdos, asnos, ovejas, gallinas y enorme cantidad de cereales. Villamartín ha quedado incomunicado… El Guadalete se ha llevado el puente que da paso para muchos pueblos de la ribera.” (10).

El Imparcial daba cuenta también de que Villamartín había quedado aislado por la destrucción del puente y de que “El Guadalete continua creciendo considerablemente y ha arrastrado tres molinos” (11). En similares términos informaba La Nación, donde después de enumerarse las desgracias ocasionadas por la riada se apuntaba “Afortunadamente no se registraron desgracias personales” (12). La situación en el pueblo después de la riada la sintetizaba El Liberal del 9 de marzo con estas elocuentes palabras: “En Villamartín la miseria es horrible” (13).

Aguas arriba, en Algodonales, se dejaba sentir también el aislamiento y su alcalde “telegrafía diciendo que por hallarse cortada la carretera entre Jerez y Ronda, el abastecimiento de aquel pueblo se hace imposible. Dice que los desperfectos ocasionados por el temporal son grandes también y pide auxilios” (14).

La destrucción del puente ocasionó para Villamartín importantes pérdidas, poniendo en evidencia la necesidad de construir uno nuevo. Apenas una semana después de la riada, el 13 de marzo, el corresponsal local de El Guadalete denunciaba que "El comercio con Jerez, Cádiz y Sevilla se hace cuando a este "dichoso" río le da la gana... En Arcos son más afortunados que nosotros, pues apenas se tuvo conocimiento del desastre, establecieron la balsa capaz de sostener toda clase de vehículos. Las luces que existían el año pasado en las márgenes del río han desaparecido siendo esto un peligro inminente pues el transeúnte no sabe en las grandes riadas hasta donde alcanzas el río” (15).

Hasta la construcción unos años después del nuevo puente de hierro, hubo que recurrir para cruzar el río a la instalación de una “barca de soga” o de maroma. Tradicionalmente, ya había venido funcionando una barcaza de estas características durante el siglo XIX, siendo sustituida por un puente de fábrica cuando se construyó la carretera Jerez-Ronda en las décadas finales de dicho siglo (16). Esta obra, sin embargo, por su débil estructura, sufrió serios desperfectos en la riada de 1895 que tardarían tres años en repararse. "En 1912 y 1915 volvieron a repetirse los temporales de viento y lluvia, que inutilizaron completamente el puente. Teniendo que recurrir a las barcazas, como se había hecho tradicionalmente para unir ambas orillas del Guadalete y facilitar la comunicación de la Sierra con la Campiña y Sevilla” (17). El famoso dicho de “en Villamartín te espero… si la soga no se rompe” recuerda aún, en la memoria colectiva, aquellos años en los que el río se cruzaba en barcazas de las que han quedado algunos testimonios gráficos, como el rescatado por el investigador J.J. Portillo Ramos en la revista Heraldo Deportivo en 1921, donde los propios pasajeros deben colaborar tirando de la soga para cruzar el río (18).



Con todo, habría que esperar a 1923 para que se instalara el nuevo puente de hierro, obra del ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco, construido por la empresa Astilleros Gaditanos con un coste de 420.000 pesetas. El conocido como “Puente de los Hierros”, de 132 m de longitud y cuatro tramos de celosía de 33 m de luz, luciría esbelto durante décadas aguantando incólume una de sus primeras pruebas de fuego: la riada de 1930 (19).

Pero volviendo a la de 1917 y a sus efectos directos en Villamartín, hay que recordar una curiosa polémica desatada en las semanas inmediatas a la destrucción del puente y hasta la instalación de la barcaza, periodo en el que hubo que recurrir a los “vadeadores”. Algunos hombres, conocedores del río y sus pasos, cruzaban a las personas y animales mediante el cobro de una cantidad, al parecer no menor, y en penosas condiciones, tal como refleja el corresponsal local de El Guadalete, una semana después de la destrucción del puente: “los vadeadores a pesar del "bonito" sueldo que perciben (de los particulares y viajeros), no han tenido tiempo de hacerse un decoroso bañador, haciendo uso de una mala camisa y simples calzones blancos y aun a veces sin lo último, siendo una verdadera lástima, que por esta razón esté el paseo del puente exento de mujeres. Nuestras autoridades no deben prolongar este estado tan indecoroso en que los vadeadores se encuentran, pues la moralidad es una cualidad esencial propia y característica de los pueblos cultos" (20). Curiosamente, en la fotografía que acompaña a este reportaje donde se muestra el puente destruido por la riada y que, como la de barca de Villamartín, nos ha sido gentilmente facilitada por nuestro amigo Pedro Sánchez Gil, puede verse a uno de estos vadeadores, con camiseta y calzonas blancas, pasando a un grupo de personas a pié y en burro (21).

El temporal y la avenida en Bornos.

En Bornos, además de los daños causados por el río, los efectos del temporal de lluvia y de la fuerza del viento se dejaron sentir también en la carretera. El corresponsal en esa localidad serrana del diario jerezano El Guadalete, enviaba una completa crónica de los desastres ocurridos el día 7 de marzo donde informaba que “el auto ascendente de la Sierra quedó detenido ayer en el kilómetro 41 de la carretera de Jerez a Ronda, próximo al ventorrillo de "La Alegría", por hallarse interceptada aquella por varios árboles atravesados arrancados de cuajo por el vendaval” (22).

Con todo, la peor parte se la llevó la ribera del Guadalete donde la onda de avenida arrasó los campos y huertas, e inundó y destruyó varios molinos. Así, el molino de La Aceña, propiedad de D. Fernando Perdigones y muy próximo a la población quedó seriamente dañado, como el de Las Hoces, situado en el paraje de La Angostura, al pie de la sierra de Barrancos, donde la familia de su propietario D. Pedro Sánchez pudieron abandonar el molino momentos antes de que se hundiera el edificio por la “impetuosa corriente de las aguas”. Como relata el corresponsal de El Guadalete en Bornos, el dueño del molino con su familia, pudo escapar a tiempo de una muerte segura y refugiarse, ladera arriba en una cueva “donde pasaron la noche guarecidos del temporal”.

Peor suerte tuvieron los dueños y operarios del molino de La Gredera, situado entre los dos anteriormente citados, y ubicado también en la garganta del Guadalete conocida como La Angostura, donde la avenida cobró mayores bríos y la estrechez del cauce hizo subir el nivel del río como en pocos lugares del valle. D. José Domínguez, su propietario estuvo a punto de perecer arrastrado por la corriente junto a su mujer y sus dos hijas adolescentes. En la crónica de la avenida del día 7 de marzo se narra como “sitiado el molino por las aguas, interceptada la puerta de salida e inundado inclusive el piso alto donde se habían refugiado en unión de algunos operarios de la casa, se vieron precisados a hacer un escalo pasando la noche en el caballete del tejado envueltos en unas mantas donde permanecieron hasta las seis de la mañana que auxiliados por algunos vecinos que acudieron al lugar del suceso se inicia el salvamento poniendo una escala y sacadas en brazos ateridas de frío y con el agua a la cintura por algunos operarios de la casa. Ha sido un verdadero milagro el que se haya salvado esta honrada familia, pues a eso de la una de la madrugada, en que la arriada estaba en su mayor apogeo llegaron las olas casi a lamerle los pies, habiendo visto desmoronarse algunos tabiques y fragmentos de muros de las habitaciones sobre las cuales se hallaban” (23).

La próxima semana, continuaremos recorriendo río abajo, describiendo los efectos de la riada en Arcos, la Junta de los Ríos, la Florida y El Portal.

Para saber más:
(1) En febrero de 1983 tuvimos la suerte de visitar y entrevistar, junto a nuestro amigo Carlos Bel Ortega a D. Luis Ruiz Dorado, meteorólogo de Grazalema, cuyo padre inició los registros pluviométricos a principios del s. XX. Nos facilitó entonces los cuadernos en los que, minuciosamente se conservaban anotados los datos de las excepcionales lluvias producidas en esta villa serrana de los que damos cuenta.
(2) Bel Ortega C. y García Lázaro A.: Itinerarios Didácticos de la sierra de Grazalema. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Cádiz. 1983, p. 17-18
(3) Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918, p. 26.
(4) Ibídem
(5) Ibídem
(6) Gavala y Laborde, Juan: Descripción… p. 27-28.
(7) González Quijano, P.M.:Los bosques y las inundaciones”, La Correspondencia Española, Año LXVIII Número 21593 - 1917 marzo 27, p. 3.
(8) Gavala y Laborde, Juan: Descripción… p. 27-28.
(9) La Correspondencia, 8 de Marzo de 1917, p. 3. El ABC de ese mismo día, p, 9 publicaba también “El puente de Villamartín fue arrastrado por la corriente del río”.
(10) Ibídem
(11) El Imparcial, viernes 9 de marzo de 1917, p.1.
(12) La Nación, 8 de marzo de 1917, p. 9.
(13) El Liberal, 9 de marzo de 1917, p.2.
(14) La Correspondencia, 9 de Marzo de 1917, pg. 3
(15) El Guadalete, 13 de Marzo de 1917, p. 2.
(16) Pomar Rodil, P.:Los Puentes del Río Guadalete” en Fernández Palacios Carmona, J.Mª: Río Guadalete, Junta de Andalucía. Sevilla, 2015, pp. 175-181.
(17) Nadales Labrador, F., González Castilla, J.A.: El Puente de Hierro de Villamartín, Libro de Feria de 2007, pp. 87-88.
(18) La mencionada fotografía está tomada de la revista "Heraldo Deportivo" de 25 de junio de 1921. La noticia sobre la misma puede verse en este enlace: J.J. Portillo Ramos, Blog de Puerto Serrano y Villamartín.
(19) Sobre el puente de hiero de Villamartín existen numerosas publicaciones entre las que destacamos: “Puente de Villamartín y de San Miguel, sobre el río Guadalete, en la provincia de Cádiz (Crónica)” Revista de Obras Públicas vol.71, nº2.382, junio 1923 pg. 62-62. De esta publicación procede una de las ilustraciones del puente; Gavira Vallejo, José Mª.: El ingeniero ubriqueño Juan Romero Carrasco… en http://loscallejones5u.blogspot.com.es/, (consultada el 7 de noviembre de 2016); y José A. Fernández Ordóñez, Tomás Abad Balboa, Pilar Chías Navarro, Luis F. López Ruiz y Carmen Romero Doral.: Inventario histórico de los puentes de Andalucía - Provincia de Cádiz, Cátedra de Estética de la Ingeniería de la ETS de Ingenieros de Caminos, Centro de Estudios Territoriales y Urbanos, Consejería de Obras Públicas y Transporte, Junta de Andalucía, 1985.
(20) La fotografía del puente destruido nos ha sido facilitada por nuestro amigo Pedro Sánchez Gil  coordinador del libro "Villamartín. Imágenes de un siglo III, en el que aparece publicada. Pedro sánchez nos facilitó también la imagen que muestra la barcaza de Villamartín, junto al puente destruido.

(21) El Guadalete, 13 de Marzo de 1917, p. 2.
(22) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p.1.
(23) El Guadalete, 9 de marzo de 1917, p.2.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre El Guadalete se desborda, Paisajes con Historia, Río Guadalete, La gran riada (II). Se cumplen cien años de la riada del 7 de marzo de 1917., La gran riada en Jerez (III). En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917. y Jerez: una ciudad sin agua. En el centenario de la riada del 7 de marzo de 1917 (y IV).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/03/2017

Una carretera de altura.
De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas.




Entre las carreteras secundarias de la provincia nuestra preferida es, sin lugar a dudas, la que une Grazalema y Zahara por el Puerto de las Palomas. A nuestro juicio, muy pocas carreteras se merecen más el calificativo de “paisajística” que la CA-9104, que une estas dos poblaciones serranas después de recorrer algo más de 14 km, subiendo al puerto de mayor altitud de la provincia, el de las Palomas, de 1189 m. El hecho de ser una carretera de montaña, obliga a circular por ella a velocidad moderada lo que añade sin duda un mayor atractivo a nuestra ruta. Y es que, en esto de los viajes, compartimos la opinión de que “recorrer pausadamente el territorio a ritmo constante y regular permite llegar a una especie de armonía con el espacio" (1).



El trazado de la carretera sigue, en muchos de sus tramos, la huella de los antiguos caminos de herradura que unían estas dos poblaciones serranas (Vereda de La Camilla, Camino de las Lomas, Camino del Pinar…), atravesando una de las zonas más montañosas y abruptas de la serranía y abriéndose paso por las laderas rocosas de la Sierra del Pinar, Las Lomas y Monte Prieto.

A pesar de las precauciones que exigen sus tramos más sinuosos, la CA-9104 constituye un itinerario privilegiado desde el punto de vista paisajístico. En este sentido, el recorrido de esta infraestructura viaria se caracteriza por ofrecer significativas panorámicas sobre destacados ámbitos y referentes paisajísticos de las provincias de Cádiz y Málaga, entre los que destacan las sierras de Grazalema, Ronda y las Nieves.



El ascenso y posterior bajada del Puerto de las Palomas constituyen en términos escénicos los puntos álgidos del recorrido, ofreciendo alobservador destacadas panorámicas sobre el embalse de Zahara, las moles calizas de la Garganta Verde o las sierras de Algarín y Malaver” (2).

Nos gusta esta “carretera con encanto” tanto si la recorremos de Grazalema a Zahara -disfrutando de las vistas de la Ribera de Gaidovar y de las Mesas de Ronda en el ascenso-, como si lo hacemos desde Zahara a Grazalema. En este caso, no deja nunca de sorprendernos, al iniciar el recorrido, sus empinadas rampas contra las que se miden los ciclistas (3), su trazado serpenteante por la ladera de la montaña, donde se divisan a lo lejos, como un muro almenado, los quitamiedos encalados que nos recuerdan a una “muralla china” en miniatura.

Y es que, si los paisajes que se ofrecen al viajero son excepcionales, la propia carretera es también una obra singular, bien integrada en su entorno. Así se juzga en la mejor publicación sobre carreteras y paisaje afirmándose de ella que su trazado es especialmente respetuoso con los condicionantes impuestos por la topografía. Sus características geométricas y de diseño de los movimientos de tierras y los elementos constructivos (muros de contención, barreras rígidas) favorecen la incorporación de la carretera a los distintos ámbitos escénicos con los que interactúa a lo largo de su recorrido.



No obstante, en determinados tramos, fundamentalmente los que serpentean por las vertientes más abruptas, la presencia de los pretiles encalados de mampostería o los muros de contención encachados que sostienen lateralmente la plataforma remarcan la presencia de la carretera en el conjunto de la escena.” (2)

Una carretera con historia.



Grazalema, que llegó a ser conocida como “Cádiz la Chica” en los tiempos en los que contaba con 8.000 habitantes y sus mantas eran conocidas en todo el país, vio como a mediados del s. XIX su industria artesanal comenzó a decaer, entre otras razones, por la competencia de los telares catalanes y las grandes limitaciones que la orografía imponía para la salida de su producción a los mercados provinciales y nacionales. Ginés Serrán Pagán ha planteado en diferentes trabajos (4) como la falta de una red de comunicaciones adecuada y los elevados costes del transporte tradicional, se encuentran también en la base del declive industrial de Grazalema durante la segunda mitad del siglo XIX. Y es que en esa época, más allá de los caminos de herradura que la unían con los pueblos de su entorno, ninguna carretera llegaba aún hasta esta localidad serrana, como describen, con todo detalle Luis Ruiz Navarro y Diego Martínez Salas en un magnífico artículo sobre los antiguos caminos de Grazalema (5).



No es de extrañar por ello que la gran aspiración de los grazalemeños durante décadas fuese la construcción de un enlace con la carretera de Jerez a Ronda, en la zona del puerto de Montejaque. La Memoria de la Diputación provincial de 1886, ya da cuenta de la conclusión de los estudios para su realización y casi veinte años después la Revista de Obras Públicas informa como dan comienzo las obras de esta carretera, en 1905, dentro del Plan de Obras Extraordinarias destinadas al “auxilio de la crisis agraria y alivio de la clase obrera” (6). Las conexiones por carretera con el resto de poblaciones colindantes (Villaluenga, El Bosque, Benaocaz, Ubrique y Zahara) tendrían que esperar todavía varias décadas.

En el caso concreto de la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas, existe el “mito” de atribuir su construcción -como el de otras obras públicas singulares y “antiguas”- a la época de Primo de Rivera. Sin embargo, hemos de decir que, aunque no tenemos datos fehacientes del momento exacto de su inicio ni de su finalización, esta carretera fue realizada por tramos a lo largo de casi cuarenta años. Un testimonio de primer orden lo aporta el ingeniero de minas y geólogo Juan Gavala Laborde quien en su Descripción Geográfica y Geológica de la Serranía de Grazalema (1917) se lamenta de la escasez de vías de comunicación entre los pueblos de la sierra gaditana: “En la actualidad sólo tres de estos pueblos están enlazados por carreteras a la red general: El Bosque, Ubrique y Grazalema... En El Bosque termina una carreta que arranca de Arcos, y en Grazalema termina otra que parte de la de Jerez a Ronda en el Puerto de Montejaque.” En relación a la carretera que nos ocupa, este autor aporta valiosas referencias sobre las que se encuentran en proyecto y las que han iniciado ya sus obras: “En construcción se encuentran otras varias. La que arranca de la de Jerez a Ronda frente a Zahara, y que pasando por este pueblo seguirá hasta Grazalema, está casi terminada hasta el Puerto de los Acebuches. Esta carretera pasará en su día por el puerto de Las Cumbres y seguirá hacia el Puerto del Boyar para enlazar con otra proyectada entre Grazalema y El Bosque, pasando por las huertas de Benamahoma” (7).

A decir de Gavala, ese primer proyecto inicial hubiese hecho trazar la carretera por el Puerto de las Cumbres –no por el de Las Palomas- siguiendo el trazado del Camino de las Lomas. En todo caso nos apunta un dato de gran interés: en 1917 ya está casi concluido el acceso hasta el Puerto de los Acebuches. Entendemos que en las obras de este primer tramo primarían también los intereses de los grandes propietarios de fincas forestales y, en especial, los de la Dehesa de El Pinar, donde se talaron miles de pinsapos que no pudieron después sacarse de la zona por falta de caminos adecuados (7). Esta carretera era vital para acceder a la citada finca y queremos pensar que la explotación del bosque de pinsapos, iniciada en la década de los 20 del siglo pasado, se salvó por la lentitud de las obras.



La carretera: un riesgo para el pinsapar.

Sea como fuere, lo cierto es que durante los años siguientes no se deja de trabajar en la carretera que ya está “casi terminada” a juzgar por el testimonio que nos aportan los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños, cuando en 1928 visitan la Sierra de Grazalema en los trabajos de campo de elaboración de su Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz, que vería la luz en 1930. En el capítulo dedicado al estudio de los pinsapares, elogian la decisión del Estado de adquirir las masas forestales de la Sierra de las Nieves en Ronda y escriben que “no han faltado plumas que aboguen por que se haga lo mismo con el del “Pinar”; se fundan en que se visita con menos molestias, que se reducirán todavía mucho con la carretera, hoy casi terminada, enlace de Grazalema con Zahara por Monte Prieto, ruta que al facilitar los transportes da más valor a la madera, y por tanto, constituye un serio peligro, en el actual estado de nuestra legislación, para conservar ese arbolado que pertenece a una propiedad particular” (8).



Esta preocupación por los posibles efectos negativos de la carretera sobre la futura explotación del pinsapar es también compartida, unos años después, por el entomólogo forestal A. Barbey. Nieto del célebre botánico Edmond Boissier (quien catalogó para la ciencia el pinsapo), visita el pinsapar a finales de la década de los 30. En 1931 publica su libro A travers les Forêts de Pinsapo d´Andalousie, en el que aporta valiosas pistas sobre la carretera al puerto de las Palomas que se halla en construcción en su tramo inicial. Camino del Puerto de las Cumbres para acceder al pinsapar, Barbey sale de Grazalema y escribe: "...sobrepasadas las últimas casas de Grazalema, se llega a una cantera a lo largo del camino en plena construcción. Averiguamos que esta nueva arteria, de carácter estratégico, parece destinada a enlazar Grazalema con Zahara. Nuestros colegas, los Sres. Ceballos y Bolaños, no están tranquilos frente a los posibles efectos desastrosos que podría conllevar la creación de esta calzada que debe pasar al pie de Monte Prieto, o sea, no muy lejos de la base del pinsapar del Pinar. Es innegable que la excentricidad de este macizo y la extrema dificultad de extraer de él los producto leñosos, han asegurado su conservación” (9).

En la década de los 30, la carretera no estaba aún concluida. Así se desprende del relato que Ramón Fiol, médico jerezano y ateneísta, hace de una excursión en automóvil por la Sierra de Cádiz desde Jerez. Tras un alto en Grazalema después de visitar Ubrique, Benaocaz y Villaluenga, prosigue el viaje hacia Zahara, al no haber otra alternativa, por la carretera que conduce al Puerto de Montejaque: “Son las cinco de la tarde. Por aquellas alturas no molesta el rigor de nuestro Padre Helios, y por tanto, tomaremos puesto, de nuevo, en las entrañas de nuestro «monstruo de acero», que cauto y fiado en el poder de sus frenos, descenderá de Grazalema hacia la bonita gruta de la Virgen de Lourdes que veremos al pasar y llegaremos después de 13 kilómetros por la sierra del Endrinal, de pintorescas perspectivas a la carretera general de Jerez a Ronda en su kilómetro 99” (10).



La carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas continúa en obras y progresaba a duras penas. Así, por ejemplo, en 1933 se paraliza su construcción por una huelga de obreros. En diciembre de ese mismo año “se aprobaba el proyecto reformado de la carretera de Grazalema a la de Jerez por Zahara, trozo primero, con un adicional de 117.000 pesetas” (11).

Durante los 40, terminada la guerra, prosiguen los trabajos que se concluyen a comienzos de los 50. El célebre antropólogo inglés Julián A. Pitt-Rivers quien entre 1949 y 1952 realizó prolongadas estancias en Grazalema (para las investigaciones de campo de su conocido libro “Un pueblo de la Sierra” que publicaría en 1954) da pistas claras de que la carretera a Zahara por el Puerto de las Palomas todavía no está terminada y que para llegar hasta esta localidad serrana hay que dar un gran rodeo por el “valle” (la Ribera de Gaidovar) : “Zahara está a sólo 16 km. de Grazalema en línea recta, pero por carretera hay más de 30, pues desciende el valle, rodea el pie de la montaña y luego sube a Zahara” (12).



Uno de los primeros testimonios escritos del recorrido completo de esta carretera lo aporta el geógrafo francés Jean Sermet, quien visita a comienzos de los 50 distintos rincones de la geografía andaluza en preparación de su libro “La España del Sur”, cuya primera edición se publicará en Francia en 1953. Sermet, quien deja también recuerdo en sus escritos del puente viejo de Zahara, parte de esta población hacia Grazalema por una carretera recién “estrenada” y escribe: “Una carretera de vértigo parte de Zahara y, suspendida en balcón cerca de la cumbre de la montaña, conduce en catorce kilómetros hasta Grazalema, pueblo completamente blanco, de calles empinadas, en el seno del macizo subbético que lleva su nombre” (13). Ya no cabe ninguna duda: nuestro viajero ha tenido el privilegio de ser de los primeros en pasar por el Puerto de las Palomas a bordo de su automóvil, aunque en su camino la vegetación es escasa y se aprecian aún las cicatrices de la obra, como atestiguan las imágenes aéreas que se tomarán poco después, en el conocido Vuelo Americano de 1956, y donde la carretera se muestra ya en su actual trazado.



Si ustedes aún no conocen esta carretera paisajística, esta auténtica “carretera con encanto”, no dejen de recorrerla, deteniéndose en sus miradores. Y si ya han tenido la suerte de transitarla y de disfrutar de las vistas y del paisaje, ya saben que la primavera es el mejor momento para repetir el paseo. Que ustedes la disfruten.



Ahora que ya conocen la historia de esta carretera, en la próxima entrada, si lo desean, pueden acompañarnos en un recorrido por sus paisajes.


Para saber más:
(1) Andrzej Stasiuk (2008): De camino a Bagdad, Barcelona, Ed. Acantilado. Citado en VV.AA…. pg. 14
(2) VV.AA.: La carretera en el paisaje: criterios para su planificación, trazado y proyecto. Centro de Estudios Paisaje y Territorio. Consejería de Obras Públicas y Transportes, Junta de Andalucía. Sevilla, 2008. Págs. 181-184.
(3) Morente, J.: En bicicleta por la Sierra de Cádiz (III). Los grandes Puertos. Publicado en Sierra de Cádiz. Com. El portal de la Sierra de Cádiz en internet.
(4) Serrán Pagán G.: El toro de la Virgen y la industria textil de Grazalema. REIS 5/79, pg. 119-135. Véase lo expuesto en las págs. 131-132. También las referencias que este mismo autor aporta sobre la construcción de la carretera Grazalema-Puerto de Montejaque en la nota 7, pg. 97 de: La fábula de Alcalá y la realidad histórica en Grazalema. REIS 9/80, pg. 81-118.
(5) Ruiz Navarro, L. y Martínez Salas, D.:De los antiguos caminos de Grazalema al primer accidente de tráfico”, Blog Raíces de Grazalema,
(6) Revista de Obras Públicas, 1905, tomo 77 pág. 232.
(7) Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pág. 30. Gavala da cuenta de cómo un explotador de montes taló 15.000 árboles cuya madera no pudo después extraer por las dificultades para el transporte. (Pg., 11).
(8) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio Ambiente, 2000. Pág. 98
(9) A. Barbey.: A través de los bosques de pinsapo de Andalucía. Trad. Fernando Díaz del Olmo. Ed. AMA. Consejería de Medio Ambiente. Sevilla, 1996, Pág. 109.
(10) Ramón Fiol: Jerez, centro de turismo. El circuito de la Sierra. Revista del Ateneo, Año IX, nº 59, Pg. 79. Jerez, 1932.
(11) Santiago Moreno Tello (Ed.): La destrucción de la Democracia: Vida y muerte de los alcaldes del Frente Popular en la provincia de Cádiz. Vol. 1. Consejería de Gobernación y Justicia. Junta de Andalucía y Diputación de Cádiz, 2012. Pág. 497
(12) Julián A. Pitt-Rivers: Un pueblo de la sierra: Grazalema. Alianza Universidad. 1989, Pg. 14.
(13) Jean Sermet: Espagne du Sud. Ed. Arthaud. París, 1953. Pg. 259. La traducción es nuestra.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar Paisajes de una carretera de altura. De Grazalema a Zahara por el Puerto de las Palomas, Carreteras secundarias, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/03/2016

 
Subir a Inicio