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Paisajes alfonsíes en torno a Jerez.
Un recorrido por algunos lugares vinculados al rey Sabio.


En este año que termina en el que se ha conmemorado con un amplio programa de actividades el “750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla”, queremos hacer una modesta contribución haciendo un recorrido por diferentes lugares y parajes de nuestro entorno rural que, de una u otra manera, se vinculan con Alfonso X y que aparecen mencionados en distintas fuentes documentales alfonsíes.

La aldea de Grañina.

Para el conocimiento del medio natural y el entorno rural de nuestro territorio en el último tercio del siglo XIII, constituyen un referente de primer orden los denominados libros de repartimiento. En el caso de nuestra provincia se han conservado los correspondientes a Cádiz-El Puerto de Santa María, Vejer y Jerez. Pero si bien podemos conocer con bastante detalle todo lo referente al reparto urbano de las casas y solares de estas poblaciones, en lo relativo a la distribución de tierras y heredades existe lamentablemente una gran laguna, ya que a diferencia de lo que sucede en otras ciudades, en Jerez se perdió el libro del repartimiento rural a finales del siglo XVI. Por esta razón, la información que se tiene de la organización del amplio término municipal jerezano, de las tierras, parajes y aldeas que integraban su extenso alfoz es muy reducida.



El profesor Emilio Martín Gutiérrez localizó en las Actas Capitulares de 1505 la copia de un capítulo del libro del repartimiento rústico: el de la aldea de Grañina situada al pie de la Sierra de Gibalbín. El texto está fechado en 1269, y da cuenta del reparto de las tierras de este lugar entre diez pobladores. La pervivencia en el tiempo de este enclave rural debió de ser muy limitado ya que la lejanía de la ciudad dificultaba su protección. E. Martín apunta que “las indudables dificultades de toda índole que tuvieron que sufrir los pobladores de la aldea de Grañina durante las incursiones de los meriníes, que utilizaron la Sierra de Gibalbín como centro de operaciones para sus razias, provocaron presumiblemente la huida y el abandono de este lugar” (1). Aunque se desconoce el emplazamiento exacto de esta antigua aldea alfonsí, el topónimo de Gratina ha llegado hasta nosotros dando nombre a una de las hazas que integran el cortijo de Romanina, tal y como puede verse también en el Plano Parcelario del término de Jerez que en 1904 realizara Adolfo López Cepera. Sus tierras lindan con la actual cañada de Romanina que, arrancando desde las cercanías de Nueva Jarilla, llega hasta el Cortijo de La Sierra, a los pies de Gibalbín. (2)

Por Tabajete y el Guadaxabaque.




En su estudio sobre el Libro del Repartimiento de Jerez, los profesores M. González y A. González aportan también interesantes referencias acerca de algunos enclaves rurales en los que se distribuyeron tierras a los primeros pobladores de la ciudad. Buena parte de los nombres de estos parajes o aldeas han pervivido hasta nuestros días, quedando así –de alguna manera- la huella alfonsí en muchos de nuestros topónimos.

En 1267 se concedieron a los franciscanos tierras y huertas junto a la Puerta Real y a los dominicos junto a los caminos de Sevilla y Sanlúcar. Estos últimos recibieron además 1.000 aranzadas en distintos lugares del término: “…ochocientas cabe é pasado Guadaxabaque en la media legua de carrera que va de Xerez a Solúcar,… é las doscientas á comprir, en un olivar, é mas tierra en el sitio de Tabayet por soma de un cerro antes del Arroyo” (3). En la actualidad Tabajete aún da nombre a un cortijo y aún extenso paraje ubicado al borde las marismas del mismo nombre, junto a Mesas de Asta.

Peor suerte ha corrido el Arroyo de Guadajabaque, cuyo tramo final ha “desaparecido”, literalmente, canalizado en parte a través de la laguna de Torrox y a través de los colectores que corren por el polígono industrial El Portal. Sin embargo, aún queda constancia en la actualidad de aquellos originarios repartos alfonsíes a la orden de predicadores, ya que las tierras que se extienden a ambos lados de la



carretera de Sanlúcar, en sus primeros kilómetros, conservan aún el nombre de Santo Domingo, al igual que el cortijo que las preside, del que nos llama la atención su edificio principal que fuera en otro tiempo una renombrada casa de viña. No debe extrañarnos la pervivencia en el tiempo de este topónimo ya que, no en balde, pertenecieron a los dominicos casi seis siglos hasta la desamortización de 1835. El actual Arroyo de La Loba, que cruza también la “carrera de Solúcar” y que linda con las tierras de Santo Domingo, formó parte en su día de la cabecera de aquel río Guadajabaque mencionado en los documentos alfonsíes. (Ver mapas).



En las donaciones realizadas por el Rey Sabio a diferentes Órdenes Militares aparecen también, desde los primeros días de la ocupación cristiana del territorio jerezano, otros nombres de distintos rincones de nuestro término que aún hoy nos resultan familiares. Como los que figuran, por ejemplo, en el documento de la donación a la Orden de Calatrava en 1269 de “…3 aranzadas de huerta, cerca de la muralla, 8 aranzadas de viña en Barbaina, 30 aranzadas de olivar y 12 yugadas de tierra de labor en Crespellina”. Según el mismo privilegio, la Orden de Alcántara, recibió también huertas junto a la muralla y a la Orden de Santiago se le asignaron tierras de viña y olivar en Casarejos, Vicos y Barbayna, parajes todos ellos que aún dan nombre a otros tantos pagos del alfoz jerezano. Las Mesas de Santiago o “de Santiago de Fe” figuran, así mismo, entre los lugares que en 1270 Alfonso X concedió a Fernando Alfonso de Mendoza, a quien quiso premiar entregándole “la aldea de Fe con su torre” (4).



El Portal y el Guadalete.

Junto a los ya citados, existen en los documentos alfonsíes otras referencias a distintos topónimos de nuestro entorno. Tal es el caso de las menciones a la aldea de El Portal y al río Guadalete.

La historiografía tradicional jerezana atribuye la fundación de la aldea de El Portal al rey Sabio. Así lo apunta por ejemplo, entre otros autores, Parada y Barreto, quien sostiene que tras la sublevación mudéjar, que acabo con la guarnición cristiana del alcázar de la ciudad, “…volvió D. Alonso el Sabio a aparecer por segunda vez en los campos de Jerez y con ánimo entonces decidido de asegurar para siempre la población […] sentó sus reales a alguna distancia de la ciudad […] Dícese que D. Alonso puso su campamento hacia el sitio que llaman del Portal y que dejó allí fundada una villa que ha desaparecido con el tiempo.



En dicho sitio que sirve de puerto a Jerez para el comercio de transporte por el Guadalete, existía una ermita de Nuestra Señora del Portal, cuya imagen, que había sido encontrada allí en un pozo en 1709, gozaba de gran devoción y se le atribuían multitud de prodigios. Dicha imagen fue trasladada en 1752 a la iglesia de San Miguel…
” (5).



Sea como fuere, el nombre de este antiguo enclave es mencionado ya en las fuentes alfonsíes y así aparece en un documento de deslinde (27/06/1269) de los términos de La Puente de Cádiz, donde se señala que en las salinas del Zurraque se encuentra el mojón que divide los términos de La Puente, Medina y El Portal (6). Es muy probable que el origen de esta población pudiera estar en la reutilización o ampliación de un antiguo embarcadero árabe que se ubicase en la zona y que recobraría una mayor importancia estratégica como puerto fluvial del Guadalete, una vez que la alquería musulmana de Alcanate situada aguas abajo, pasara a manos cristianas con el nombre de Santa María del Puerto controlándose definitivamente la desembocadura del río.

Un suceso milagroso.

De lo que no cabe duda es que tanto El Portal como el Guadalete aparecen también citados en las Cantigas de Santa María. En una de ellas, la nº 356, se glosa “como Santa María do Porto fez viir hua ponte de madeira pelo rio de Guadalete pera a obra de sa igreja que fazian, ca non avian y madeira con que lavrassen”. El supuesto milagro de la Virgen narrado en esta cantiga hace referencia a la curiosa forma en la que pudo obtenerse la madera



necesaria para erigir la iglesia-fortaleza (actual Castillo de san Marcos) que Alfonso X mandó construir en Santa María del Puerto y de la que se carecía (7). Así, las vigas que se precisaban para los andamiajes de los muros y las cimbras de las bóvedas pudieron levantarse gracias a que una providencial riada del Guadalete arrastró milagrosamente un puente de madera existente en El Portal que llegó flotando por el río hasta los pies del castillo. La versión en castellano actual del “milagro” narrado en la citada cantiga es la siguiente: “Hizo venir una riada de agua, que pasó por el Portal / y arrastró un puente de madera, tan íntegra / como en él estuviera; nunca se vio mejor. / Y por el río Guadalete la hizo llegar, / tal como estaba, allí donde / construían la iglesia, / para que no fallasen en terminar / a tiempo la obra” (8).

Este delicioso relato esconde algunos datos de gran interés que, como sucede en muchas otras cantigas, pudieran tener alguna base cierta. El río Guadalete se presenta aquí como un curso caudaloso y de grandes crecidas, característica a la que ya se aludía también en la Cantiga 328. El profesor Martín Gutiérrez nos recuerda como en esta cantiga, al enumerarse las bondades de la alquería de Alcanate (el actual Puerto de Santa María), se señala que está situada entre el Guadalquivir –“que es muy noble río en el que entran muchas aguas y por el que pasan grandes navíos”- y el Guadalete, “que corre con mucho brío” (9).

El texto de la Cantiga 356 confirma también la existencia del enclave de El Portal y de su relativa importancia, que deducimos por la posible ubicación en este lugar de un puente de madera (o de barcas), en las proximidades del embarcadero. De ser cierto, nos encontraríamos con uno de los primeros puentes documentados en la cuenca del Guadalete, levantado tres siglos antes del puente de cantería que en el s. XVI se construiría en el vado de Medina. Dado que en los siglos medievales no se tiene noticia de otros puentes en este sector del río -que se cruzaba por vados, pasadas y barcas- cabe pensar que en la elección de este lugar para su construcción pudo pesar el hecho de que por El Portal se accedía más directamente que por otros vados a la calzada que conducía hacia La Puente de Cádiz. Esta vía pasaba por las tierras del Tesorillo, Frías y Bolaños y circundaba las marismas situadas en la margen izquierda del Guadalete, un camino que aún hoy discurre por la antigua Cañada Real de la Isla y Cádiz.

Habría que esperar hasta el siglo XX para que, el viejo puente de madera de El Portal que por la intervención milagrosa de la Virgen fue arrastrado por una riada del Guadalete hasta Alcanate, fuese sustituido por uno de hierro, el conocido como “Puente de la Azucarera”.



Hoy, el “Puente de la Herradura” ocupa el lugar de aquellos para seguir comunicando Jerez con los caminos que conducen a las tierras de Medina y Vejer y, especialmente, con esos otros que, bordeando la marisma, se dirigen a Puerto Real, San Fernando y Cádiz. Como hace 750 años cuando Alfonso X, el rey Sabio batallaba por estas tierras.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22, pg. 355-368. La cita está tomada de la p. 367.
(2) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(3) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. I, pp. 12-13.
(4) González Jiménez, M. y González Gómez, A.: Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CEHJ, Jerez, 1984, pp. 27-28.
(5) Parada y Barreto D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1878, pg. XXXIII.
(6) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p. 73.
(7) Cómez Ramos, R.: “Arquitectura y técnicas constructivas en la miniatura Castellana del siglo XIII”, en Sousa Melo, A. y Ribeiro, M.C.: História da Construção – Arquiteturas e Técnicas Construtivas, Braga, 2013, pp. 135-151, ver pp. 140-143.
(8) Montoya Martínez, J.: “Cancionero de Santa María del Puerto. Edición, traducción y notas”, en Alcanate I (1998-1999), Cátedra Alfonso X El Sabio, 1999, pp. 145-146 y 237. Citado por J.J. López Amador y E. Pérez Fernández: El Puerto Gaditano de Balbo, El Puerto de Santa María, 2013, p 190, nota 485.
(9) Martín Gutiérrez, E.: “Reflexiones en torno a los paisajes rurales en Jerez de la frontera durante el último cuarto del siglo XIII, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla 1264-2014. Ayuntamiento de Jerez, 2014, Colección Patrimonio. p. 184. Véase también la nota a pie de página nº 55.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 9/11/2014

Tras las huellas del Guadajabaque y del Arroyo de Morales: la Laguna de Torrox (2)




Como se apuntaba en la primera parte de este artículo, la antigua Laguna de Torrox –que tenía dimensiones mucho más reducidas que las de los nuevos estanques creados en 2007- se mantuvo hasta la década de los 60 del curso pasado como una pequeña cuenca endorreica sin conexión directa con el Guadalete. El arroyo Morales no vertía sus aguas en la laguna, sino que lo hacía directamente en el río, en las cercanías de El Portal, en un lugar próximo al punto en el que actualmente desagua la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Jerez. En ocasiones, cuando el arroyo se desbordaba o cuando en época de grandes lluvias la laguna y su entorno se saturaban, podía formarse una gran lámina de agua que ocupaba ambos cauces así como buena parte los terrenos situados en las cotas más bajas de este sector de la ciudad.

Esta laminación natural de las crecidas se mantuvo hasta mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, momento a partir del cual comenzó a urbanizarse la que hoy se conoce como Zona Sur de Jerez. En las ortofotografías del conocido como “vuelo americano” de 1956, donde se aprecia con nitidez la cuenca de la laguna y se adivina el cauce del arroyo, pueden apreciarse los momentos iniciales del gran cambio paisajístico que empieza a experimentar la ciudad de la mano de la urbanización de las denominadas Playas de San Telmo. Estas actuaciones traerán también como consecuencia la alteración de la red hidrográfica de la zona y la práctica “desaparición” de los arroyos que la drenaban, especialmente del arroyo Morales conocido anteriormente como Guadajabaque. ¿Qué ha sido de él?

Morales o Guadajabaque: el arroyo “perdido”.

Haciendo un breve inciso, queremos aclarar que el Arroyo Morales ha sido conocido con diferentes nombres a lo largo de la historia, tal como se desprende de las fuentes documentales y cartográficas consultadas. De la misma manera, los distintos tramos de este arroyo-río y sus pequeños afluentes tributarios han recibido también distintas denominaciones lo que ha provocado que esta modesta red hidrográfica cuente sin embargo con una amplia lista de nombres para sus contados cursos de agua. Aunque dejamos para otra ocasión el estudio de estos curiosos hidrónimos, diremos que el mapa del IGN en su edición de 1918 (1), es el primero que atribuye el nombre de Morales al tramo final de este arroyo. En él puede verse como su cauce, en su tramo final, discurre desde El Balneario en paralelo a la antigua carretera Madrid-Cadiz (por su margen derecha), encajado en las vaguadas existentes al pie de los cerros de Gibalcón, de La Liebre y de las laderas del pago de Parpalana, tierras que luego se ocuparían por el Polígono Industrial El Portal.

Alcantarilla del arroyo de Curtidores

El Plano Parcelario de López Cepero de 1904 (2) lo bautiza en este mismo tramo con el nombre de Arroyo de Curtidores, pequeño cauce que “nace” en el corazón del casco histórico y que da nombre desde los siglos medievales, a la plaza y calle del mismo nombre. El Arroyo de Guadabajaque se representa en este mapa como afluente de aquel uniéndose ambos en un lugar próximo a la actual rotonda de El Balneario. A su vez, el Guadabajaque toma dicho título –según esta misma fuente cartográfica- a partir de la confluencia de los arroyos del Amarguillo y La Loba.

Si nos remontamos algo más atrás en el tiempo, el Plano de Lechuga y Florido (1897) introduce un nuevo nombre y denomina Arroyo de las Salinillas al que el anterior plano nombraba como Guadaba-jaque (3). Este último topónimo, que ha sido rescatado recien-temente para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas en este paraje, es el que se descubre en las fuentes escritas más antiguas y el que enlaza con la denominación árabe del que fuera Wadt as-sabak, “río de las redes” o Guadaxabaque (4). Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque son también otras formas alteradas de aquel nombre original y cuentan todas ellas con numerosas referencias en las fuentes documentales (5), como veremos en otro artículo en el que recorreremos este histórico arroyo con nombre de río desde su nacimiento hasta su desembocadura. Para el lector curioso baste decir que aún pueden recorrerse las orillas del Guadabajaque en algunos puntos, como la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, como muestran las fotografías que adjuntamos.



Pero para no “enredarnos” más en este “río de las redes” o Guadajabaque volveremos al Arroyo Morales, como se le conoció después, hasta casi su práctica “desaparición”. Ésta hay que buscarla a mediados de la década de los 60 del siglo pasado, durante el periodo en el que dirigió la alcaldía de Jerez Miguel Primo de Rivera. Fue entonces cuando se cambió definitivamente la fisonomía de este sector de la ciudad, al urbanizarse las parcelas colindantes a la antigua carretera Madrid Cádiz para la creación del Polígono Industrial El Portal. El trazado



de la actual calle Sudáfrica, que bordea el polígono en su sector oeste, se corresponde en buena medida con el que seguía el antiguo cauce de dicho arroyo. A todo ello hay que añadir que la construcción en esta zona de la ciudad de nuevos barrios (Federico Mayo en 1951, Cerrofruto en 1952, Santo Tomás de Aquino en 1959, Liberación en los 70…) y sus correspondientes obras de rellenos y redes viarias, alteraron también la absorción natural de las aguas pluviales, lo que dificultó su capacidad de drenaje, incrementándose por ello la escorrentía.



Los nuevos colectores del saneamiento urbano, que vertían directamente al Guadalete, se trazaron –como no podía ser de otra manera- en las cotas más bajas de este sector ( el talweg o vaguada), como sucede en la citada avenida de Sudáfrica y su prolongación hasta la EDAR. Esta canalización subterránea ocupa en gran parte de su desarrollo el lecho del antiguo arroyo que terminaría por desaparecer, literalmente, en su tramo final, absorbido y desplazado por la urbanización que acabó sellando su cauce, sus riberas y su entorno.



Pero si, por diferentes razones, pareciera que el arroyo se había “difuminado”, no sucede lo mismo con su cuenca. Un reciente informe municipal (6) nos recuerda que la del Arroyo Morales es una “cuenca rustica situada en la parte Noroeste, Oeste y Suroeste de la ciudad con una superficie aproximada de 4.680 Has, la parte alta de la misma se encuentra a la cota 104,00 y las zonas bajas a la cota 7,00. Es una cuenca cuasi - endorreica donde la salida natural de las aguas fue ocupada en su momento por la construcción del Polígono Industrial El Portal provocando, las aguas pluviales procedentes de esta cuenca, frecuentes inundaciones en el citado Polígono y Áreas habitadas como la barriada de la Liberación, etc.” El mismo informe menciona que otra cuenca urbana de unas 500 Has, la denominada de Curtidores (en recuerdo del antiguo arroyo existente en el centro histórico) canalizada hacia la EDAR, puede aportar también las aguas pluviales superficiales, en caso de lluvias intensas, a la zona de El Balneario y el Polígono industrial El Portal, incrementándose así los riesgos de inundaciones.

“Jerez, tenemos un problema”.

Pronto quedó en evidencia que cuando se producían episodios de grandes precipitaciones, la cuenca del Arroyo Morales se transformaba en un gran embudo que conducía las aguas a sus cotas más bajas. Y aquí se empezó a echar en falta el antiguo cauce y las extensas áreas donde se laminaban las crecidas ocupadas por el polígono industrial y las nuevas barriadas de la Zona Sur que… se sufrían inundaciones con relativa frecuencia. La red de alcantarillado, ese “río subterráneo artificial” en que se había transformado el arroyo, no era capaz de canalizar los grandes volúmenes de escorrentía que, procedentes de una amplia cuenca, llegaban hasta la zona tratando de buscar la que había sido su “salida natural”: el arroyo Morales. El agua buscaba su cauce y éste había sido “entubado” o, simplemente, había desaparecido. No es de extrañar que, las inundaciones del polígono industrial El Portal, de los alrededores de El Balneario o de barrios como La Liberación fueran algo habitual cada vez que se registraban fuertes precipitaciones.

Al problema de las inundaciones periódicas de la Zona Sur había que añadir también el deterioro medioambiental de los parajes cercanos a la Laguna de Torrox que se habían convertido, poco a poco, en la mayor escombrera de la ciudad. Si las lluvias transformaban este espacio en un aguazal, los vertidos incontrolados acabaron por desnaturalizar definitivamente este enclave que en su día fuera un rico humedal lleno de vida.

En junio de 2002 el Ayuntamiento presentó un ambicioso proyecto para la recuperación de la “Laguna de Torrox”. “Un vergel en Jerez”, así titulaban los diarios la noticia en la que daban cuenta de la intervención prevista para la zona, que presentaban el alcalde de la ciudad, Pedro Pacheco, y el director técnico de Ajemsa, Eduardo Campos. (7)

Un ambicioso proyecto.



El proyecto de recuperación de la laguna de Torrox fue fruto de un convenio de cooperación entre el Ayuntamiento de Jerez y la Junta de Andalucía al objeto de realizar las obras de infraestructura necesarias que permitieran laminar las avenidas del arroyo Morales en la zona inmediata al suelo edificable situado al suroeste de la ciudad. Su desarrollo incluía la creación de dos grandes estanques (con una superficie permanente de 29,7 hectáreas) y la urbanización y ajardinamiento de la zonas verdes que los rodean, a cargo del municipio, y la construcción de un canal de desagüe de algo más de 3 km. de longitud que unía el segundo de los estanques con el río Guadalete, obra que debía ejecutar la Junta. El coste total del proyecto superó los 14 millones de euros. De ellos 8.848.269 correspondieron a la primera fase, asumida por el Ayuntamiento con la ayuda de fondos de cohesión de la Unión Europea (80% del coste) y con la participación de AJEMSA, que se hizo cargo del restante 20%. La Junta de Andalucía sufragó las obras del canal-aliviadero que tuvo un presupuesto inicial de 5,9 millones de euros.

Las obras de los estanques se iniciaron en 2005 y se terminaron en 2007. Las del aliviadero o desagüe se retrasaron algo más y no concluyeron hasta marzo de 2009. De una publicación municipal (8) sobre las obras de la laguna extraemos las principales características de los trabajos realizados:

La recuperación de la Laguna de Torrox ha contribuido a la enorme transformación que viene experimentando la zona sur de la ciudad en los últimos años. El proyecto, ejecutado por Aguas de Jerez y la Gerencia de Urbanismo, persigue un doble objetivo: evitar que se produzcan inundaciones en época de lluvias frecuentes y recuperar un espacio de gran valor medioambiental, de forma que el humedal pueda mantener los niveles necesarios de agua durante todo el año, con el consiguiente beneficio para el mantenimiento de su flora y fauna. La recuperación de la Laguna de Torrox aporta un horizonte verde y azul al patrimonio paisajístico de Jerez, y se suma al inventario de espacios públicos promovido por la Gerencia de Urbanismo para disfrute de la ciudadanía”.

De gran interés son los datos técnicos más relevantes del proyecto. Así, la superficie total intervenida supera el medio millón de m2 (512.831), con un volumen embalsado de 446.998 m3, casi medio Hm3. La lámina de agua prevista tendría una superficie permanente de 29,7 hectáreas. Rodean la laguna grandes praderas de césped (165.000 m2) en las que se plantaron inicialmente 800 árboles. Un paseo peatonal de 4,4 km. permite recorrer el perímetro de los dos estanques cuya superficie de encharcamiento aparece delimitada por una rústica barandilla de madera. En la citada publicación se exponen los grandes objetivos de este proyecto:

La Laguna de Torrox fue, hasta la creación del polígono industrial de El Portal, en los años 60, una laguna endorreica alimentada por el arroyo Morales. Hasta entonces mantuvo una rica diversidad de flora y fauna lacustre, que desapareció tras su desecación. Ahora, gracias a la actuación recientemente finalizada por Aguas de Jerez y Urbanismo, será posible rescatar esta diversidad biológica y recuperar el ecosistema de la laguna. Para ello, se mantendrá un aporte de agua permanente durante todo el año, gracias a las aguas procedentes de la Estación Depuradora de Aguas Residuales EDAR, las cuales recibirán un tratamiento previo a su vertido en la laguna”.



Pedro Pacheco, concejal de urbanismo manifestaba en su visita a la laguna en febrero de 2007 que con esta actuación “Ajemsa y la GMU han contribuido a solucionar los problemas de inundaciones que ocasionalmente padece la zona, apostando por una ciudad más sostenible y fomentando la proyección de la zona sur de Jerez como una de las de mayor atractivo residencial”. La revista señalaba que “La Gerencia de Urbanismo se encargará del mantenimiento de los márgenes de la laguna, mientras que Aguas de Jerez asume el mantenimiento de la lámina de agua, que será alimentada artificialmente para cubrir las pérdidas por evaporación y procurar el riego de las zonas verdes mediante la reutilización de aguas procedentes de la EDAR”. (8)



Para saber más:
(1) Mapa del Instituto Geográfico Nacional. Hoja 1062 (Paterna), Edición de 1918.
(2) Plano Parcelario del Término de Jerez de la Frontera. Adolfo López Cepero. 1904. Ayuntamiento de Jerez.
(3) Plano de Término Municipal de Jerez de la Frontera. Escala 1: 100.000. Antonio Lechuga y Florido. 1897
(4) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(5) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(6) Memoria de la gestión municipal del servicio público de abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales. Ayuntamiento de Jerez. Diciembre de 2011. Pgs. 48 y 49.
(7) La noticia puede leerse en los diarios locales, p. ej. en Información Jerez, 27/06/2002, pg. 10, de donde se ha tomado la imagen que aparece en este post.
(8) Laguna de Torrox. Aguas de Jerez y Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Jerez. Febrero de 2007.


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