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Pinos y pinares.
Un recorrido por la historia de los pinos centenarios de Jerez (2).



Como recordarán los lectores, la semana pasada iniciamos un recorrido por la historia y los paisajes de los pinares que existieron en las cercanías de la ciudad. Ya en el siglo XVII teníamos noticia de algunos de ellos, situados en su mayoría en bordes de los Llanos de Caulina y en el territorio comprendido entre las actuales carreteras de Cortes y Sevilla. En el siglo XVIII se daba noticia de 13 de estos pinares que fueron reduciendo su extensión a lo largo del siglo XIX. Uno de los últimos, conocido como El Pinar, situado en la salida de Jerez, a la derecha del camino de Arcos, fue tal vez el último de aquellos antiguos pinares jerezanos, y su nombre se mantiene hoy día en una gran urbanización.

Pinos y Pinares en la cartografía y la toponimia.

Aunque los pinares fueron desapareciendo progresivamente, la cartografía del XIX y de las primeras décadas del XX ha conservado memoria de su antigua presencia, como la hecho también la toponimia, preservando así hasta nuestros días algunos curiosos nombres, como ha recordado la profesora Lozano Salado (1).

El primer mapa provincial, levantado por Francisco Coello en 1868 (2), hace ya mención al Pino de la Legua, al igual que el Plano General de Ángel Mayo, elaborado en los primeros años de la década de los 60 del siglo XIX y publicado unos años más tarde en 1878. En este caso, la referencia es al Pinar de la Legua, situado en los Llanos de Caulina, junto al camino de Sevilla, en un lugar que actualmente se situaría entre el Cortijo del Pino y Carrizosa (3).


Dos décadas después, el Plano del Término Municipal de Jerez, de Lechuga y Florido (1897) recoge el topónimo de El Pinar, con el que se bautiza un pago de viñas existente en la salida de Jerez hacia Arcos, donde aún se mantenían algunos pinares (4). Este mismo topónimo de Pinar, figura también en los mapas catastrales de 1897 (5). Con todo, el mapa que mayor número de topónimos registra -la mayoría de los cuales se mantienen hoy-, es el Plano Parcelario de Adolfo López Cepero (1904) cuya consulta nos devuelve la imagen de la campiña hace un siglo (6) y donde se puede rastrear la huella de los antiguos pinares del XVIII y del XIX.



Así, junto a la carretera de Arcos, en la salida de la población, se localiza el pago de El Pinar, donde la Hacienda del Pinar ocupa una gran superficie. Junto a ella, figura también un pequeño Pinar (en la actual zona de La Marquesa) y otra gran parcela denominada Pinar y jardín. La carretera de Sevilla deja también a sus orillas otro de los rincones de la campiña donde se mantienen más topónimos relacionados con los antiguos pinares. El más conocido es el del Cortijo del Pino, donde se ubicaba el famoso Pinar y Pino de la Legua. Junto a él el paraje de Carrizosa, que tuvo pinares en el siglo XVIII y las hazas de La Capitana del Pino y Pierdecapa del Pino. Algo más adelante, frente a La Zangarriana y Ducha, se encuentran la Dehesa del Pino y La Pinaleta, ambas a la derecha de la carretera, en los bordes de los Llanos de Caulina.



Ya próximo a la Cañada Ancha, se encuentra el Pago de Santa María del Pino, absorbido en gran parte por el crecimiento urbano de Guadalcacín. Cercana a la ciudad encontramos la Hijuela de Pinosolete, en el pago de Solete, que debe su nombre, como refleja el Plano de López Cepero, a la antigua viña El Pino, situada en el cruce con la Hijuela que conduce a Santa Teresa y próxima también a Geraldino, donde hubo en tiempos pasados un gran ejemplar de pino piñonero.

En otros puntos del término más alejados de la ciudad, la presencia de bosquetes de pinos o de ejemplares aislados que constituían auténticos hitos en el paisaje, bautizó también a algunos parajes. Estos son los casos, por ejemplo, del Rancho de los Pinos, en los llanos de Malabrigo, camino de san José del Valle, donde se conservan bosquetes de pino piñonero, o del Cerro del Pino, en la Dehesa de Algar. En los Montes de Propios de Jerez, un arroyo de la Dehesa del Charco de los Hurones lleva el curioso nombre de Canuto del Pino.



Para terminar, recordamos que en la primera edición de la hoja de Jerez del IGN (1917) se recogen también El Pinar, la Casa del Pino y la Casa de los Siete Pinos (7). Esta última debe su nombre a la conocida Hijuela de los Siete Pinos, próxima a la actual barriada de La Granja, así denominada porque en este paraje se conservaron algunos grandes ejemplares aislados de aquellos antiguos pinares que en el XIX poblaban los márgenes de los Llanos de Caulina en esta zona. En nuestros días se mantienen la mayoría de estos topónimos.

Los pinares en el siglo XX y en la actualidad.

Como se ha dicho, buena parte de los pinares próximos a la ciudad ya habían desaparecido a comienzos del siglo XX, manteniéndose de ellos algunos bosquetes o ejemplares aislados, pertenecientes en su mayor parte a la especie Pinus pinea (pino piñonero) y, en menor medida, a P. halepensis (pino carrasco). Sin embargo, este siglo vera la introducción de nuevas especies de pinos ajenas a nuestros ecosistemas.

Ya en 1930, los ingenieros de montes L. Ceballos y M. Martín Bolaños, apuntaron en su Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz, que mientras que el pino piñonero había crecido tradicionalmente en el litoral y las campiñas gaditanas, ninguno de los bosquetes de pino carrasco que visitaron, podía tomarse como representación espontánea de esta especie. Junto a ellos, mencionaban también la presencia en distintos parajes de las sierras y campiñas del Pinus pinaster, el negral o pino resinero. Sobre este último, los ingenieros señalan que “…en estado silvestre sólo existen en la provincia algunos ejemplares en la vertiente SW. de la Cancha del Pinar (Sierra del Aljibe), en Alcalá de los Gazules, sobre areniscas oligocenas; en esa misma clase de terreno se está efectuando artificialmente la introducción de esta especie en los montes de Jerez, Jarda, Quejigal, Marrufo y en los de Tarifa” (8). De la misma manera, y como dato curioso, estos autores nos informan de que en la década de los 30 del siglo pasado comenzaron a introducirse también, de manera experimental, plantaciones de pino canario (Pinus canariensis) en los Montes de Jerez (9).

Y es que, junto al litoral y las campiñas, los nuevos pinares de repoblación se plantarán a lo largo del siglo XX en lugares en los que, tradicionalmente, nunca hubo pinos, desplazando así a la vegetación natural, como en el caso de nuestros Montes de Propios. Resulta llamativo que, como señala un estudio realizado en la década de los 80 del siglo pasado, en este espacio natural perteneciente al Parque de Los Alcornocales, “…todos los pinos son introducidos. Además del pino piñonero y el pino de Monterrey (P. radiata), los pinares más abundantes son los de pino negral o resinero, especie adecuada a la naturaleza acidófila y pobre del sustrato, sobre el que prospera con éxito… La densidad de los rodales es tal, que difícilmente se desarrollan otras plantas en la penumbra del sotobosque, donde se conservan los restos caducos de las ramas y las hojas, la pinocha, que representan un alto riesgo de incendio por su contenido en compuestos inflamables” (10). Como puede verse, todo un desacierto ecológico.



Junto a los anteriomente citados, encontramos también repartidos por toda la campiña algunos pinares de pequeñas dimensiones fruto en su mayor parte de repoblaciones y, sólo en raras ocasiones, de la regeneración de antiguos bosquetes. La mayoría de ellos figuran en el Catálogo de Bosques-Isla de la Provincia de Cádiz (11).

Entre los más conocidos se encuentran los de Las Aguilillas, junto a Estella del Marqués, los del Cerro de la Harina y Cabeza de Santa María, en Torrecera, o el de la Potabilizadora de Cuartillos, todos ellos de pino carrasco, aunque en este último crecen ejemplares de pino piñonero. En el parque periurbano de La Suara, hay también pinarillos de P. pinea, como en los llanos de Malabrigo y Los Isletes, próximos a aquel. Aquí encontramos uno de los pinares de mayor interés y extensión de la campiña, el de La Guita, de casi 30 Ha, donde el pino piñonero se mezcla con encinas y alcornoques. Próximo a él está el pinar de Montecillo y el del Cerrado de Malabrigo, donde crecen estas mismas especies.

Al este de la población encontramos también los pinares de la Sierra de San Cristóbal, o el de Las Quinientas, cuya densa arboleda cubre un cerro que se alza en los llanos del mismo nombre. Ambos son de pino carrasco, a diferencia de los bosquetes de pinares de La Parra, en las proximidades del Aeropuerto, donde el protagonista es el pino piñonero.



Algunos pinos con historia: El Pino de la Legua.



Después de este recorrido por los pinares y su historia, vamos a ocuparnos en lo que sigue de algunos pinos centenarios, que por su singularidad bien merecen formar parte de nuestro patrimonio natural. Entre los más célebres de Jerez y su término, debemos hacer una mención especial a uno de los pocos que tuvo nombre propio: el Pino de la Legua. Este singular ejemplar, ya desaparecido, estuvo situado a orillas del Camino Real de Madrid a Cádiz en tierras de los actuales cortijos de El Pino y de Pierdecapas. Todavía hoy se conoce a este paraje situado frente al Parque Agroindustrial y La Parra, como El Pino, en recuerdo de aquel fabuloso árbol.

Ya Pascual Madoz, en su conocido Diccionario Geográfico (1845-1850) se refiere a él y así, describiendo el camino desde Jerez a la Venta Real del Cuervo apunta que “se cuentan 3 y ½ leg. de arrecife en la dirección del SO. al NE., encontrándose a 1 de Jerez, un pino de extraordinaria magnitud, que le llaman el pino de la Legua” (12). Como saben los lectores, la legua era una antigua medida itineraria que, aunque de longitud variable según los territorios, equivalía a la distancia que regularmente se anda en una hora y que se correspondía aproximadamente con 5,5 km. El pino, situado a esta distancia de Jerez, constituía un hito natural que, por su altura, podría ser divisado desde la lejanía, siendo así un perfecto indicador de la distancia que todavía quedaba por recorrer para los viajeros que venían a la ciudad. No es de extrañar por ello que, como se ha dicho, figure con nombre propio en el primer mapa provincial, el de Francisco Coello de 1868.

Este pino, de grandes dimensiones, debió formar parte ya en el siglo XVIII de alguno de los pinares repartidos por estos rincones de los Llanos de Caulina. Recordemos que, colindante con estos parajes se encuentra el cortijo de Carrizosa y, tal vez en este lugar, debió estar también el pinar de D. Álvaro Carrizosa y Perea, ya mencionado por Bartolomé Gutiérrez a mediados del XVIII (13). Con respecto a la especie, apostamos por el Pinus pinea, o pino piñonero, la más frecuente en los pinares jerezanos de la campiña. Hoy día, tanto en el Cortijo El Pino, como en Pierdecapa o la Pinaleta, crecen aún buenos ejemplares de estos árboles conocidos también como “pinos del país”.

Desconocemos cuando este curioso ejemplar dejó de existir, pero en todo caso creemos que si a mediados del siglo XIX ya destacaba por sus grandes proporciones, no es aventurado suponer que debió tener su origen a comienzos del siglo XVIII. En el Plano General de Ángel Mayo, de 1878, aún se conserva el topónimo “Pinar de la Legua”, sin embargo en el Plano Parcelario de Adolfo López Cepero, elaborado en 1904 -donde se recogen algunos árboles singulares repartidos por el término- ya no figura, por lo que es posible que pudiera haber desaparecido unos años antes de su elaboración. Como dato curioso, queremos recordar que este famoso pino se menciona en la novela Las Crónicas de Cádiz, ambientada en la España de 1812 ocupada por los franceses. En ella, su protagonista Diego de Ustáriz, un periodista madrileño que hace el camino de Madrid a Cádiz, llega hasta “El Pino de la legua”, procedente de la Venta Real del Cuervo. Tras haberse refrescado en los pozos del cortijo de Romanina sigue narrando su aventura: “…atravesamos gargantas procedentes de la sierra de Gibalbín hasta el pino de la legua, lo que me hizo pensar que estábamos precisamente a una legua de Jerez” (14).

Los pinos de Cuartillos.



Los conocidos pinos de Cuartillos son el último reducto de una alineación de árboles que crecía en este lugar junto a la Cañada Real. Hace tan sólo unos años podían verse cuatro ejemplares de tamaño similar, dos de los cuales se han perdido. Aunque no hemos encontrado documentación que lo verifique, hay referencias de que estos pinos, que se distinguen a simple vista desde más de veinte kilómetros de distancia, servían de punto de orientación para los enfilamientos de los barcos y la navegación en el entorno de la Bahía de Cádiz como otro hitos del paisaje (cerro de Medina, monte del Berrueco, torre de la iglesia de Puerto Real), a los que los marinos apuntaban sus visuales con catalejos. No debe extrañarnos esta vinculación con el mar de los pinos de Cuartillos ya que desde sus pies, se contempla a lo lejos la Bahía de Cádiz y las grúas-puente de los astilleros (15).

Aunque todavía no figuran en el Catálogo de Árboles Singulares de Andalucía, los pinos de Cuartillos, pertenecientes a la especie Pinus pinea (pino piñonero) deberían incluirse en él ya que, a nuestro entender, son singulares por muchos motivos. A su valor natural, como árboles de magnífico porte, se une el de ser un referente de primer orden en el paisaje circundante, hitos vivos que, como faros verdes en la campiña, son visibles desde grandes distancias. Son además un indicador permanente e imborrable de la vía pecuaria que pasa a sus pies y uno de los elementos “simbólicos” en la barriada rural donde se ubican. Junto a todo ello, estos árboles destacan además por su hermosa y proporcionada estampa y por sus grandes dimensiones. Por centrarnos en el de mayor altura, el perímetro de su tronco medido a 1,30 m. del suelo es de 3,20 metros. Su fuste, recto y ligeramente inclinado, se levanta hasta los 10 metros como una columna maciza de magníficas proporciones, antes de dividirse en dos grandes ramas maestras que sustentan una densa y bien formada copa aparasolada muy amplia. La altura total del árbol sobrepasa los 20 metros.



Su copa tiene un diámetro de 18 m., en dirección E-W, y de 22 m. en dirección N-S, con lo que la sombra que proyecta supera los 300 m2 de superficie. La edad estimada es superior a los 120 años. Con todo debemos subrayar aquí un hecho lamentable: las brutales podas a las que hace unos años fueron sometidas sus copas que los han dañado seriamente.
Continuará...

Para saber más:
(1) Dolores Lozano Salado en su libro La Tierra es nuestra. Retrato del agro jerezano en la crisis del Antiguo Régimen, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz-Diputación de Cádiz, 2001, p. 89.
(2) Coello F.: Mapa provincial de Cádiz, 1868. Elaborado por Francisco Coello, coronel de Ingenieros, auxiliado por Pascual Madoz.
(3) Mayo. A.: “Plano General de la parte estudiada en la cuenca del río Guadalete, con la representación de los manantiales principales y los trazados hechos para la conducción de aguas á Jerez de la Frontera”, en Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera. Anales de Obras Públicas, nº 3. 1877.
(4) Lechuga y Florido, A.:Plano del Término Municipal de Jerez de la Frontera”. Arreglado a la escala de 1/100.000 para la Guía de Jerez de 1897.
(5) Archivo Histórico Provincial de Cádiz.: Trabajos Topográficos. Provincia de Cádiz. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Escala 1:25.000, Hoja, 1897
(6) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000
(7) Instituto Geográfico Nacional, Hoja 1048, Jerez, 1917.
(8) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 230
(9) Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 333.
(10) Fernández Galiano, E., Campos Palacín, P., Elvira Palacio, R., Fernández Galiano, M. y Ramos Núñez, A.: Guía de los Montes de Propios de Jerez de la Frontera, Biblioteca de Urbanismo y Cultura, nº 6, Ayuntamiento de Jerez, 1989, p. 42
(11) Aparicio, A. Pérez Porras, C., Ceballos, G.: Bosques-Isla de la Provincia de Cádiz, Junta de Andalucía, Consejería de Medio ambiente, 2001, pp.74-77
(12) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986, p. 79.
(13) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. I, pp. 26-27
(14) Lasso de la Vega, M.: Historia nobiliaria española: contribución a su estudio, Imp. Y Editorial Maestre, 1953, p. 298, disponible en Internet.
(15) García Lázaro, A. y J.: Un paseo por la Cañada de Cuartillos: pinos centenarios y puertas monumentales, Diario de Jerez, 19 de abril de 2015.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Aquí puedes ver otros artículos sobre Árboles singulares, Flora y Fauna, Paisajes con historia y Pinos y pinares. Un recorrido por la historia de los pinos centenarios de Jerez (1) y Pinos y pinares. Noticia de algunos pinos centenarios (y 3).

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 26/02/2017

Por el Charco de los Hurones.
El encanto de las carreteras secundarias.




Las carreteras secundarias, esas vías poco transitadas por las que se puede circular a velocidad moderada y que nos permiten parar en cualquier recodo del camino para contemplar el paisaje, han tenido siempre para nosotros una especial atracción. Podríamos denominarlas también como “carreteras con encanto”, porque al recorrerlas, disfrutamos de sus valores paisajísticos, de la riqueza de su entorno, de su vinculación con la historia, la literatura o la naturaleza.



Hoy les proponemos pasear o recorrer en su vehículo por una ruta muy singular, la que conduce hasta la presa de los Hurones. Arranca esta vía como un ramal de la carretera de Jerez a Cortes, en el punto kilométrico 56, donde encontraremos una desviación a la izquierda a la altura del cortijo de Rojitán. Tras un corto recorrido de algo más de 7 km., llegaremos al Poblado de los Hurones, al pie de la presa, fin de nuestro camino.



Pero vayamos despacio, recreándonos en los parajes por los que discurre y parando cuantas veces sea necesario para disfrutar de los muchos puntos de interés que este privilegiado entorno nos ofrece.

Caminos centenarios: por la antigua Cañada de Rojitán.



La carretera de los Hurones sigue, en la mayor parte de su recorrido, el trazado del antiguo camino conocido como Cañada de Rojitán, Charco de los Hurones y Ubrique. Se trata de una vía pecuaria que ponía en comunicación las rutas que venían desde la campiña de Jerez y las tierras de Alcalá de los Gazules y Tempul con la Sierra de Cádiz siguiendo el valle del Majaceite. Desde mediados de la década de los cuarenta del siglo XX existía ya en el mismo lugar una “carretera particular” que conducía hasta la Dehesa de La Alcaría.



Su trazado fue mejorado y ampliado con motivo de la construcción de la presa de los Hurones, a comienzos de la década de los cincuenta del siglo pasado. En estas fechas se realizaron también algunas de las obras que pueden verse a lo largo del recorrido, como la canalización del acueducto de los Hurones y los sifones de esta misma conducción, el puente sobre el Arroyo del Astillero y el poblado para los trabajadores de la presa que aún se conserva (1). Junto a ello, se construyeron también algunas viviendas para la guardería de montes, hoy abandonadas, que encontramos a pie de carretera en diferentes puntos. También se llevó a cabo una repoblación con pinos y eucaliptos en distintos parajes para la defensa de los taludes y laderas colindantes con la carretera llegando a techarla en la actualidad en algunos tramos con sus copas entrelazadas.

La ruta arranca en un paraje abierto y despejado, donde despuntan grandes eucaliptos, y por el que fluye el arroyo de Las Palas que nos habrá acompañado a lo largo de nuestro camino por la carretera de Cortes. Este lugar fue un antiguo descansadero de ganado, conocido como Rodeo de Cartuja, topónimo el de “rodeo” que hace alusión a un lugar donde se reúne el ganado mayor, así como a sus primitivos propietarios. Desde este punto partía hacia el sur, siguiendo la carretera de Cortes, la Cañada de la Jarda, buscando el Puerto de Gáliz y, hacia el norte, la antigua Cañada de Rojitán (por donde discurre nuestra “carretera con encanto”), camino del Charco de los Hurones y de las tierras de la villa medieval de Cardela y de Ubrique.

Lo primero que llama la atención del viajero, apenas toma la carretera, es el caserío del Cortijo de Rojitán, restaurado hace unos años y en la actualidad transformado en alojamiento rural que gestiona el Ayuntamiento de Jerez. Las tierras de este cortijo son las que se extienden a ambos lados del camino en los tres primeros kilómetros, alternándose suaves laderas ocupadas por pastizales, con un monte adehesado en las que pasta el ganado vacuno.



Las faldas de estos cerros de arenisca y sus rincones más abruptos, están ocupados por bosquetes de quejigos y alcornoques, donde se desarrolla en todo su esplendor la vegetación natural propia del monte mediterráneo. Estos parajes se agregaron a los Montes de Propios de Jerez en 1991, cuando las fincas de Rojitán y La Gordilla (colindante con la primera) pasaron a ser de propiedad municipal. Curiosamente, estas tierras habían pertenecido tradicionalmente al común de Jerez, que las vendió siglos atrás. Rojitán fue adquirida por el conocido marqués de Villapanés quien la compró en 1755 cuando el ayuntamiento tuvo que desprenderse de ella para financiar diversas obras públicas. (2)

Por los Montes de Propios de Jerez.

Continuando nuestra ruta, la carretera deja a ambos lados, los pastizales y dehesas de los Montes de Propios de Jerez. A la izquierda la perspectiva se abre mostrándonos los Cerros de la Penitencia y el Peñón de la Becerra, donde destacan las grandes lajas o tajos, constituidos por los estratos verticales de la roca conocida como “arenisca del Aljibe”, que nos acompañará durante todo el camino formando riscos, cortados y pequeñas paredes entre las que a veces se encajona la carretera y el río. En distintos puntos veremos las conducciones del acueducto de los Hurones y las casetas de un sifón que cruza bajo la calzada.



A partir del km. 3, la carretera se interna en un paisaje más cerrado y abrupto y, en muchos lugares, discurre techada por las copas de los árboles que crecen en sus cunetas. A la izquierda de la ruta, el viajero verá los llamativos tajos pétreos de Los Bermejales, a cuyos pies se adivinan los sotos de sauces y fresnos que acompañan al río Majaceite formando en algunos tramos de sus riberas hermosos bosquetes. Junto al camino encontramos diferentes puertas de acceso a las fincas colindantes que nos alertan de la presencia de ganado bravo.



En las proximidades del Km. 4, en un sombrío recodo de la carretera, a la izquierda, veremos las ruinas de una casa que perteneció a la guardería de los Montes de Propios, como nos lo recuerda uno de los muchos monolitos que, en diferentes puntos, señalizan la propiedad municipal de estas tierras. Algo más adelante, también a la izquierda del camino, veremos otra casa construida en la década de los cincuenta del siglo pasado, que estuvo destinada a la guardería. En sus cercanías, una gran cancela señala el carril que conduce al “Parque Forestal de los Hurones”, paraje al que podremos acceder cómodamente por otro lugar.



Poco antes de llegar al punto km. 5, veremos a la izquierda de la calzada la caseta de uno de los mayores sifones del acueducto de los Hurones y algo más adelante, a la derecha, el camino que conduce a la Casa del astillero y a la finca de La Alcaría, uno de los más hermosos cortijos de la provincia de Cádiz, dedicado a la ganadería, la explotación forestal y las actividades cinegéticas y al que visitaremos en otra ocasión. Su nombre, de resonancias árabes, común en otros puntos de nuestra geografía, deriva de la voz al-Qarya, que alude a la existencia de una aldea, caserío o “alquería”, en tiempos de la dominación musulmana de estos parajes. Por este camino se accede a uno de los itinerarios que se han habilitado para la práctica del senderismo en los Montes de Jerez: el de La Albina.

En el Puente del Astillero.



Al poco de pasar el km. 5, la carretera cruza el Arroyo del Astillero por un sólido puente en el que se apoya también la canalización del acueducto de los Hurones. El nombre del arroyo (que en algunos mapas, aparece erróneamente, como del Artillero), nos recuerda la vinculación de estos montes a la Armada ya que, especialmente en el siglo XVIII, los veedores de la Marina escogían en estos bosques los mejores ejemplares de quejigo y alcornoque para utilizar su madera en la construcción naval. (3)

En el entorno del puente se instaló hace más de dos décadas una zona recreativa, el Parque Forestal de los Hurones, que se encuentra hoy día en estado de total abandono. Ecologistas en Acción ha denunciado en diferentes ocasiones los riesgos ambientales que suponen mantener sin los equipamientos y la vigilancia forestal adecuada este espacio que, conviene recordar, se encuentra enclavado en pleno Parque Natural de Los Alcornocales. Con todo, este paraje de gran valor paisajístico, merece un paseo ya que en sus proximidades el Arroyo del Astillero se une al río Majaceite, que aparece aquí escoltado por un frondoso bosque en galería de gran interés.

Al retomar el camino, después de una parada, veremos a la derecha de la carretera la caseta de salida del sifón de los Hurones, hasta donde llega la conducción procedente de la cercana presa, cruzando la montaña través del Túnel de la Alcaría, de casi tres kilómetros de longitud (3).

A partir de este punto, y en los dos kilómetros siguientes hasta el poblado de los Hurones, la carretera se interna en una garganta excavada por el Majaceite, que corre a la izquierda y nos acompañará ya hasta la presa. En distintos puntos, podremos observar las paredes y pequeños tajos que forman las lajas de arenisca. En algunas de ellas es fácil observar buitres, en sus tradicionales posaderos.



En los lugares en los que la anchura del arcén lo permite, podremos parar para bajar hasta la orilla del Majaceite, escoltado por sauces, fresnos y adelfas, que forma en estos lugares pozas, remansos y playas de guijarros de gran belleza.



La carretera continua, sombreada la calzada por las copas de los árboles que en todo momento escoltan sus orillas. A la derecha de la ruta, una pequeña hornacina que alberga una fuentecilla incluida en el catálogo de Fuentes y Manantiales de Andalucía, nos anuncia que, a la vuelta del camino, nos espera el Poblado de los Hurones (4) donde podremos terminar nuestro recorrido con una visita a la presa y un refrigerio en la conocida “Venta El Pantano”.





Los detalles de esta visita los dejamos para otra salida.

Mapa del recorrido


Ver Por el Charco de los Hurones. en un mapa más grande

Para saber más:
(1) Jiménez Blanco, José Ignacio.: Privatización y apropiación de tierras municipales en la Baja Andalucía. Jerez de la Frontera 1750-1995. Ayuntamiento de Jerez, 1996.
(2) El lector curioso podrá encontrar una relación de las principales especies maderables de nuestros montes, en las que tenía interés la Marina, en los trabajos de J. Espelius (1760) “Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Prales. arboledas y extenciones, justicias, guardas q. los custodian, vecindarios, matriculads. y embarcacs., q. comprenn. la Prova. de Marina de Sn. Lucar de Barrameda según la inspecn. del año 1754, una de las que compon. la Yntena. Gl., d'Cadiz Execudo. cn. Rl. apron. pr. el Yngro. Extrio., D., S., M., Dn., Jph. Espelius.”, disponible en internet.
(3) C.H.G.: El abastecimiento de agua a la Zona Gaditana, 1957-1982. M.O.P.U. 1982.
(4) “Las obras hidroeléctricas de la provincia de Cádiz”.Tirada aparte de la Revista Ibérica, 1956

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Patrimonio en el mundo rural, Mapas en torno a Jerez, Carreteras con encanto, Rutas e itinerarios.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 13/04/2014

 
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