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S.O.S. por el muro de la Huerta de La Cartuja




En diferentes ocasiones nos hemos ocupado en estas páginas de “entornoajerez” del patrimonio cultural disperso en la campiña que se encuentra en mal estado o “amenazado” por su deterioro y/o abandono. Hace algo más de dos años provocó un gran revuelo en los medios de comunicación locales y nacionales el desplome de uno de los ángulos de los muros de la Torre de Melgarejo y la posterior colocación de las chapas de galvanizado que provocó también una alarma social y “cultural” por el claro referente identitario que tiene esta fortaleza para los habitantes de la barriada rural de Torremelgarejo.



Hoy queremos también encender todas las alarmas ante el reciente desplome de una parte de los muros de las Huerta de la Cartuja. Muros cargados de historia que ya presentaban un lamentable estado fruto del abandono que han venido sufriendo desde hace décadas. Si el río con sus crecidas ha venido socavando algunos de sus tramos, la falta de cuidados y de las necesarias reparaciones, han dejado en manos del paso del tiempo que esta singular obra se vaya arruinando poco a poco.



Sin embargo NO PODEMO PERMITIR QUE SE PIERDA y que su ruina vaya a más, reclamando que las grandes inversiones que se han venido acometiendo por parte del Estado en La Cartuja, contemplen también algunos fondos para este emblemático muro e impidan que su desplome continúe.

En estos meses en los que se ha venido hablando del proyecto de Sendero Fluvial por el Guadalete, conviene recordar que uno de sus tramos pasaba justamente junto a este muro de la Huerta del Monasterio, un elemento patrimonial valioso que añadía a este tramo del sendero un importante aliciente.



Por esta y otras razones, su conservación y consolidación se hace ya urgentemente necesaria. Antes de que se acabe perdiendo definitivamente.




S.O.S.: La torre de Melgarejo se desploma.




Cuando nos referimos al patrimonio histórico o monumental de Jerez, por regla general, tendemos a pensar en clave urbana, limitando así los elementos que integran nuestro rico legado a aquellos edificios, iglesias, monumentos, o jardines históricos que podemos admirar en la ciudad. Junto a ellos, conviene recordar que entre los Bienes Catalogados de nuestro municipio aparecen otros muchos que se encuentran dispersos en distintos rincones de las campiñas. Una parte de ellos están amparados bajo el régimen de protección de Bien de Interés Cultural (B.I.C.), constituyendo en muchos casos un referente de primer orden en el paisaje en el que se enclavan y al que se encuentran vinculados por razones históricas y culturales.

De monumentos… y ruinas

Como es de suponer, la lucha por evitar la ruina y el mantenimiento y conservación de estos “monumentos” es asunto complejo. Como ejemplos positivos y de que se pueden dar pasos hacia la puesta en valor del patrimonio, en los últimos años se han venido realizando en distintos rincones de la provincia, tanto por la iniciativa pública como por parte de propietarios privados, obras de consolidación y de restauración de castillos, lienzos o torres. De la misma manera, se han potenciado o facilitado las visitas a las personas interesadas… Recordemos a modo de ejemplo los casos de Zahara y Olvera, la apertura del castillo de Arcos a visitas concertadas o el más conocido de la Torre de Matrera en Villamartín cuya restauración, no exenta de polémica, recibió numerosos premios internacionales.

Por citar ejemplos más cercanos a nuestra ciudad, así lo han entendido también los propietarios del castillo de Gigonza que desde hace ya un tiempo vienen organizando visitas concertadas a esta antigua fortaleza. Sus dependencias fueron también notable casa de baños en los pasados siglos y, poco a poco, se están mejorando para poner en valor ese importante elemento patrimonial de la campiña que, no en balde, pasa por ser uno de los castillos mejor conservados y de mayor interés de nuestro alfoz. Destacable es también el esfuerzo de bodegas Fundador, que han incluido la visita a la Torre de Macharnudo en una singular propuesta turística que combina el disfrutar de los mejores paisajes de viñedo del marco de Jerez, la degustación de los excelentes caldos de su bodega y los atractivos históricos de este enclave de la campiña.

En el otro lado de la balanza contemplamos, con más pena que gloria las torres, atalayas y castillos repartidos por el territorio, incluidos todos ellos en la categoría de “monumento” y que, salvo meritorias excepciones, se encuentran seriamente amenazados y algunos de ellos se caen, literalmente, a pedazos ante la pasividad de todos, ignorando que algunos de esos elementos podrían ser un atractivo turístico y cultural importante y un complemento a otras iniciativas de desarrollo rural.

Así, nadie se ocupa de que la vegetación no termine por arruinar el viejo castillo de Berroquejo, levantado en el reinado de Alfonso X, como el de Torrestrella o el de Peña Arpada, para el control de la frontera, al que las higueras y acebuches que crecen entre sus muros acabaran por destruir. El torreón del Cerro del Castillo, en Torrecera, muestra ya desplomado uno de sus lienzos sin que lleguen nunca las obras de consolidación o rehabilitación que reclama a gritos. Enclavado en la finca Torrecera, que recibe numerosas visitas a su magnífica bodega donde se elaboran los afamados vinos Entrechuelos o Alhocén, podría ser un complemento cultural e histórico extraordinario (¡ya quisieran muchas bodegas tener un castillo en sus viñedos!) que debieran sopesar sus propietarios, para intentar salvar así lo que queda de esta torre vigía almohade, antes de que desaparezca definitivamente.

La Torre de Melgarejo se desploma.

Con todo, uno de los casos más preocupantes es el de la conocida Torre de Melgarejo, tan cercana a la ciudad y visible para quienes transitan por la autovía Jerez-Arcos. A buen seguro, en las últimas semanas, muchos de los viajeros habrán podido observar con tristeza como su esquina de poniente se está desplomando. Una parte de los muros se ha venido, literalmente, al suelo, dejando a la vista la bóveda de cañón de una de las salas del antiguo castillo. Si a comienzos de agosto podía observarse un pequeño desprendimiento de bloques en el hueco de lo que fue una ventana, a día de hoy, tal como muestran las fotografías que adjuntamos, la esquina de los muros se ha arruinado formando un considerable cono de derrubios apreciable desde la carretera. Como se aprecia desde el exterior, las techumbres colindantes con los muros amenazan también con arruinarse a juzgar por los grandes bloques de piedra sueltos que se aprecian sobre la bóveda de una de las salas laterales, que ha quedado al descubierto.



La proximidad al Circuito de Velocidad y a importantes vías de comunicación y establecimientos hosteleros siempre nos hizo creer que, en un corto o medio plazo, la vieja torre y sus dependencias se recuperarían para el turismo o la hostelería tras ser consolidada y restaurada, pudiendo integrarse así en distintas iniciativas de desarrollo rural, habida cuenta de que constituye un elemento histórico y arquitectónico de gran interés.



Estos días, sin embargo, sólo albergamos malos augurios al contemplar el inexorable y rápido avance de la ruina y el desplome de los muros y techumbres. Una ruina que hay que parar cuanto antes, desde la propiedad de la Torre antes que nada y, si fuera preciso, con las pertinentes ayudas públicas también para que no termine por perderse definitivamente.



Quienes quieran conocer la historia de la Torre de Melgarejo y la curiosa leyenda que tiene asociada pueden consultar el siguiente enlace:

https://www.entornoajerez.com/2014/01/una-leyenda-para-un-castillo-en-la.html


¿Una nueva escombrera junto al azud de El PORTAL?




Junto a los vertidos al cauce que contaminan directamente las aguas del Guadalete, las presiones más significativas a las que se encuentra sometido el río son las derivadas de la usurpación y degradación de las márgenes y riberas. Aunque en algunos tramos se ha realizado ya un deslinde y se ha señalizado, siquiera de manera precaria el “territorio” propio del río, en la mayor parte de su recorrido parece no haber una clara definición de los límites del Dominio Público Hidráulico. Y todo ello, a juzgar por la proliferación en sus riberas de corrales, casetas, cabañas y huertas, que traen de la mano la consiguiente destrucción de los sotos y arboledas y la instalación de los cercados, vallados y cerramientos que vemos en tantos lugares.

Si la degradación de los paisajes ribereños ofrece un aspecto casi “tercermundista” de muchos rincones de la campiña, aún más deplorable resulta la abundancia de escombreras y “puntos negros” en las riberas del río donde aparecen vertidos de residuos, de enseres domésticos y de obras. Y es que, de un tiempo a esta parte, las orillas del Guadalete se están convirtiendo en algo parecido a un vertedero.

Con las obras de limpieza de cauce realizadas estos años atrás, se eliminaron parcialmente los rellenos de escombros que tanto impactaban en los alrededores del Puente de la Greduela o los que ocupaban buena parte del antiguo Vado de Medina, junto al Puente de Cartuja. Aún persisten sin embargo los existentes junto al Cerro de la Batida, donde se aprecian en las orillas, entre la arboleda, restos de viejos canales de hormigón, chapas y otros trastos que causan un notable impacto paisajístico en uno de los parajes más hermosos de la vega baja. Con todo, uno de los lugares más castigados por las escombreras es el situado en los alrededores del azud del Portal, que hoy denunciamos aquí ante las proporciones que están alcanzando los vertidos.

Conviene recordar que el primitivo azud fue construido a finales de la década de los 60 del siglo pasado, para regar las tierras de la comarca noroeste (Rota, Chipiona, Sanlúcar) a través de un canal que arranca en la cercana sierra de San Cristóbal donde llega impulsada por la estación de bombeo situada junto al azud. En 2004 se iniciaron las obras de un nuevo azud móvil, hoy paralizadas, que se encuentran ya muy avanzadas, pero que han sufrido diferentes interrupciones después de otras tantas promesas de finalización. A consecuencia de estas obras fue preciso realizar un cauce alternativo y el azud “provisional” que actualmente vemos.

Justo en este lugar, la explanada situada en la orilla izquierda del río, junto a la antigua traza del ferrocarril, se ha visto transformada en las últimas semanas en una inmensa escombrera. Llama la atención el volumen de material y las dimensiones del escombro depositado donde destacan grandes losas de hormigón, restos de muro de ladrillo, tubos y restos de conducciones eléctricas, enormes bloques de cemento que debieron formar parte de la cimentación de torres metálicas, losas de acerado, planchas de asfalto….



Sorprende que la misma orilla del río, donde ya fue destruido el cinturón de sauces que crecía en la ribera al excavarse este cauce provisional, se haya transformado en una gran escombrera que sería, a todas luces, una aberración de grandes proporciones, amén de una actividad ilegal que reclamaría de inmediato graves sanciones y la retirada de los vertidos a sus causantes.



Si lo que se está haciendo es acopiar material de relleno y escombro “pesado”, para cubrir el cauce provisional cuando sea puesto en marcha el nuevo azud, debe recordarse que lo que aquí se está depositando no es material inerte y que entre los vertidos y escombros hay también elementos contaminantes. En todo caso se precisan respuestas antes de que, como sucede cada vez que alguien arroja algún tipo de vertidos en la orilla de una cañada o en cualquier punto de la ribera, se produzca el “efecto llamada” y terminen por convertirse las orillas del río –una vez más- en un vertedero.


Mercado interior




Ahora que la economía va fatal, que el ritmo de nuestras exportaciones se mantienen a duras penas y los productos que importamos tienen cada vez un mayor coste, ahora que Europa nos da la espalda y nos impone recortes y austeridad, justo ahora es el momento de que dejemos a un lado a esos insaciables y agresivos "mercados" exteriores y volvamos de nuevo la vista a nuestro "mercado interior".

Eso es lo que hemos querido hacer nosotros con este sencillo reportaje que, en clave de humor, queremos compartir con ustedes para promocionar ese rico, curioso y variopinto "mercado interior" que encontramos en cualquier rincón de nuestra campiña. Frutas y hortalizas, pan, plantas, leña, carbón, miel, aceite, vino... la diversidad de productos que se nos ofrecen hasta en los más recónditos parajes de nuestro entorno es toda una alternativa a tener en cuenta.

Los hay tradicionales y con denominación de origen, como las teleras de Tempul, ese "famoso pan moreno" que desde 1932 se viene horneando en la conocida Venta de Tempul, como reza el cartel situado a la entrada del establecimiento para que no quede ninguna duda de que estamos en un auténtico "santuario" del pan.

Aunque han desaparecido buena parte de los naranjales que, tan sólo unas décadas atrás, crecían en las huertas de la vega del Guadalete, quedan aún muchos lugares donde podemos comprar naranjas recién cogidas del árbol.. En las cercanías del Boquete del Valle, en La Herradura  (junto al Portal), en las proximidades del molino de San Félix, en Arcos, en El Torno de Carranza, en San Isidro...en muchos otros parajes es fácil ver carteles como estos en los que se nos anuncia la venta de naranjas. Si bien es cierto que la ortografía y la concordancia son en algunos casos mejorables, las naranjas no. Ya sea en singular o en plural, la naranja o naranjas, que se vende o se venden (vean ustedes en las fotografías todas las combinaciones posibles) son de la mejor calidad. Mucho mejores, sin lugar a dudas, que las de Valencia, las del Tesorillo o las de Marruecos.



Otro producto que puede comprarse en muchos lugares de nuestras campiñas y sierras, son los garbanzos. En el Puerto de la Cruz, junto al Alcornocalejo, en el cortijo de El Peral o en el de Jara, en las proximidades de la Viña de Dios, en los llanos del Sotillo, junto a la Torrecilla... en estos y otros muchos rincones podemos adquirir garbanzos de la tierra. Después de recolectar un par de bolsas de tagarninas en el campo... ¿qué mejor que comprar unos kilitos de garbanzos para elaborar una buena berza?



La proliferación de huertos familiares, y las nuevas iniciativas de pequeños huertos urbanos con los que abastecerse, aunque sea parcialmente en estos tiempos de crisis, ha contribuido también a que, junto a los viveros, surjan otros puntos de venta más rústicos, donde se nos ofrezcan plantones de tomates, de pimientos, de berenjenas...


No faltan tampoco las ofertas de miel, polen, jalea real... que algunos apicultores venden también anunciándolo a la entrada de sus fincas, como vemos aquí en las proximidades de Benamahoma, o en el Rancho del Liberal, entre Las Aguilillas y Cuartillo.


Y ahora que el butano, el gas y la electricidad se han encarecido, habrá que volver la vista a los combustibles tradicionales, a la estufa de leña y al brasero de picón... Eso es al menos lo que han pensado estos amigos que anuncian sus productos en nuestro "mercado interior".


Ese mercado donde no podían faltar los productos "cárnicos" más naturales,  como los "conejos de monte" o los "pollos de campo" que se nos ofrecen en Caulina o en La Guareña... aunque la ortografía juegue de nuevo alguna mala pasada.


En otros casos en el medio rural nos encontramos con auténticas vallas publicitarias que nos anuncian productos de nuestro mercado interior" que han penetrado ya en el "mercado exterior". Es el caso, por citar sólo algunos, de los aceites de La Torre de Pedro Díaz (cortijo cercano a Gibalbin) o de los vinos de Entrechuelos (Torrecera). Junto a ellos, otros productores, con medios más modestos, ofrece también sus deliciosas ciruelas (frente a Villapesadilla) o sus patatas, sandías, melones...


Pero entre todos los "productos" que  se publicitan para la venta en nuestros campos, este es sin duda el más singular de cuantos hemos podido localizar: nada menos que una presa, el segundo mayor embalse de Andalucía, el de Guadalcacín... "Se traspasa esta presa"... De esta manera, los trabajadores denunciaban años atrás, ante la visita del Presidente de la Junta de Andalucía, las precarias condiciones de seguridad y mantenimiento de las instalaciones del embalse. El cartel duró sólo unas horas, y lo "pillamos" de casualidad, allá en 2013. Desconocemos si lo quitaron por que consiguieron enseguida el traspaso anunciado...

Obras de “rehabilitación” en el Puente de Cartuja: crónica de una desafortunada intervención.



Un puente con historia.

Entre las otras cosas que son convenientes e muy convenibles al serviçio de dios e vecinos de ella e de otros lugares que con ella confinan comarcanos es que se faga un puente en el vado que dizen de medina media legua de esta çibdad en el Rio de Guadalete termino de ella”.

“Esta ciudad” es Jerez y quien así se expresa es nuestro Ayuntamiento que, casi a la desesperada, solicita al emperador Carlos V autorización y ayuda para construir un puente. El Memorial en el que se exponen las causas que justifican dicha petición fue aprobado en el cabildo del 28 de abril de 1523 y, junto a motivos de carácter económico, comercial y de seguridad para las personas y animales que transitaban por el Vado de Medina, hacía especial hincapié en razones que hoy denominaríamos “estraté-gicas, militares o de interés para la defensa nacional”. Los corsarios berberiscos, la piratería mahometana y las incursiones del inglés en el litoral gaditano reclaman un día sí y otro también el auxilio de las tropas jerezanas que, cruzando peligrosamente el Vado de Medina, transitan por la Cañada de la Isla en busca del Puente Zuazo para acudir en socorro de las poblaciones costeras. Manuel Romero Bejarano, que conoce como nadie los pormenores de la historia del Puente de Cartuja, apunta que a finales de 1525 se pone en marcha el proceso de construcción, acopiándose materiales en el vado procedentes de la cantera de Martelillla que se abre para esta obra. No sin pocas vicisitudes (paralización de los trabajos, robo de piedra por los cartujos, falta de fondos…) parece ser que en 1541 el puente ya estaba en uso. Como dato curioso este mismo autor nos informa que llegó a prohibirse el paso de carretas por el deterioro que ocasionaban en su calzada y pretiles. La fábrica que hoy se conserva, con nueve arcos con rosca de ladrillo apoyados en pilares de cantería, vio ya las primeras reparaciones entre 1541 y 1575. Uno de los arcos se reparó también en el siglo XVIII.

Sirvan estos sucintos apuntes históricos para recordar que el conocido Puente de Cartuja es sin duda una de las obras civiles más emblemáticas de cuantas integran el patrimonio de nuestro entorno rural. Además, es también el más antiguo y notable puente de sillería de cuantos pueden encontrarse en la cuenca del Guadalete.

No es de extrañar por ello que, por sus valores arquitectónicos, históricos y culturales, se haya reclamado desde diferentes colectivos ciudadanos y académicos su declaración como BIC, como ya hemos recordado en Entornoajerez. En diferentes ocasiones, el Ateneo de Jerez, Ecologistas en Acción o el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, por citar sólo algunos han planteado la necesidad de proteger el puente y reclamar su inclusión en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. El Partido Popular de Jerez promovió también, hace un par de años, la declaración del Puente de Cartuja como Bien de Interés Cultural, planteándose de nuevo esta petición, ya desde el Ayuntamiento al hacerse cargo este partido del gobierno municipal.

Una rehabilitación muy cuestionable.

Por estas razones sorprende mucho que, cuando se está tramitando el reconocimiento de esta figura de protección para una obra emblemática de nuestro patrimonio, se haya dado vía libre a unas obras que pueden poner en riesgo no sólo dicha declaración, sino también la propia fisonomía del puente y, lo que es peor, que pueden llegar a producir graves daños en la estructura de esta obra que, recordemos, está próxima a cumplir cinco siglos.

Y es que, desde mediados de agosto, han comenzado unas preocupantes obras que están alterando gravemente la imagen tradicional del puente. Un gran cartel lo anuncia a su entrada: “Rehabilitación de Puente en la C-440a, P.K. 4+000, “La Cartuja” (Cádiz)”. Según informa este panel, se trata de un proyecto cofinanciado con fondos FEDER por la Unión Europea con una inversión de 287.919,25 €. ¿Eran necesarias “estas” obras? Vayamos por partes…

En 1933 se eliminaron los pretiles de cantería del puente, que pueden verse en la fotografía de 1918 que acompaña a este reportaje, siendo sustituidos por una discreta y sencilla barandilla de hierro que permitía así dotar de mayor anchura a la calzada por la que pasaba hasta hace dos décadas la carretera Jerez- Los Barrios. El deterioro de la barandilla, después de más de medio siglo prestando sus servicios, era evidente, por lo que su reparación –nadie lo cuestiona- era más que necesaria.

Sin embargo, la solución adoptada no ha podido ser, a nuestro juicio, más desafortunada y así, se han colocado sobre el tablero, unas antiestéticas y pesadas correas de hormigón armado sobre las que se está levantado una barandilla metálica de grandes proporciones que nos recuerda a la de la pasarela peatonal recientemente inaugurada en El Puerto de Santa María. Ni que decir tiene que la combinación de los nobles sillares de piedra de Martelilla con estos nuevos materiales no puede ser más disonante. A todo ello hay que añadir que el peso de estas correas (prodigio de sensibilidad estética y de respeto a una obra arquitectónica para la que se está solicitando su reconocimiento como BIC) al que hay que añadir el del material del futuro reasfaltado de la calzada, añade nuevos riesgos (¿calculados?) a una estructura que ya presenta deformaciones visibles en algunos arcos.

Pero aquí no acaba todo, ya que como el visitante que se acerque hasta el río podrá comprobar, bajo los arcos se han montado grandes andamios y se han acopiado cientos de sacos de cemento. Al parecer, y según se deduce de las pruebas de pintura y repellado que son visibles en la pared interior de uno de los arcos, junto a su tajamar, se ¿pretende? revocar con mortero coloreado el intradós de los arcos del puente y, tal vez el resto de la obra. Entre las pruebas realizadas pueden leerse los colores que se barajan para dar una manita al puente que “va a quedar como nuevo”. “Beige, “piedra”, “madera”, “hueso”, son la cuatro tonalidades elegidas… Nos tememos lo peor y de no actuarse a tiempo, dentro de unas semanas nos estaremos lamentando de un nuevo atentado al patrimonio arquitec-tónico, a la “memoria colectiva” y a la sensibilidad más elemental que en los países del primer mundo debe tenerse hacia los monumentos históricos (aunque tal vez sea eso, que esto se considere sólo un “montón de piedras viejas que hay que “sanear”). Se imaginan los techos o las paredes de la catedral enfoscados con mortero coloreado en “hueso”, o tal vez en “beige” o en “piedra”? Pues eso es lo que va a pasar con el puente si no lo remediamos.

Desconocemos hasta donde se quiere llegar con esta “rehabili-tación”, pues también se ha intervenido ya sobre varios tajamares a los que parece haberse aplicado chorros de arena a presión para “limpiar” la piedra. Recordamos que sobre los sillares hay marcas de cantero e inscripciones con valiosa información y que por tanto, este material debe ser tratado con sumo cuidado, ignorando por nuestra parte si se están aplicando todas las prevenciones necesarias para que no resulten dañados con la “limpieza”. Pero sobre todo, lo que no nos imaginamos es que, finalmente, a los sillares también se les recubra, como al intradós de los arcos, algún tipo de revocado…

El diccionario de la RAE recoge que “rehabilitar”, -que eso es lo que anuncia el cartel de las obras- consiste en “restituir algo a su antiguo estado”. No puede estar más claro.

Por esta razón, cuando vimos los paneles anunciando la obra de rehabilitación del Puente de Cartuja y conocedores de las peticiones del Ayuntamiento para que sea declarado Bien de Interés Cultural, pensamos que por fin había llegado la hora de retirar de sus arcos y pilares esas horribles estructuras metálicas, esos grandes tubos oxidados, esas cañerías, cables, postes, abrazaderas de hierro y demás aderezos con los que en los últimos cincuenta años (y no antes) se había ido deteriorando esta emblemática obra.

Nada de eso ha pasado como puede comprobarse a simple vista y, nos tememos que, de no actuarse “in extremis”, el Puente de Cartuja va a quedar, irremediablemente tocado para muchas décadas y “muy bonito”.

Cuando contemplamos estas obras de “rehabilitación”, sentimos lo que expresaba Manuel Romero Bejarano, hace unos años, al contemplar el abandono del puente: “… Sus arcos acabaron por convertirse en un trasto inservible a orillas del Guadalete. Como un enfermo terminal, lleno de tubos y hundido en la miseria… No me gusta volver a los pies del puente de Cartuja. Sin saber por qué, me siento culpable de sus heridas. Vergüenza. Indignación. Desprecio hacia las autoridades. Las viejas inscripciones me miran con su vista gastada por el paso del agua. Los pilares afilados y las enigmáticas marcas de cantero parecen increparme. Los enormes arcos de ladrillo se asombran ante tanta soledad. Tabla de salvación de miles de personas. Obra levantada con la sangre de un pueblo. Otra vez el más terrible de los olvidos. ¿Por qué seremos tan ingratos los jerezanos con nuestros monumentos? Pienso mientras observo a mis vecinos de mesa en la Venta de Cartuja devorar monstruosas tostadas con zurrapa de lomo”.

¿Cuenta esta obra con todos los informes favorables al intervenir sobre un notable elemento patrimonial, aunque para algunos “técnicos” sólo sea un viejo puente al que hay que echarle hierro, hormigón y pintura para adecentarlo un poco? ¿Puede aún hacerse algo por minimizar el alcance y el impacto de esta “rehabilitación”? ¿Hay alguien ahí?

 
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