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Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

Topónimos curiosos en torno a Jerez.
“Hermanos grandes y hermanos chicos” en los cortijos de la campiña.



En muchos lugares de nuestra campiña encontramos curiosos topónimos que se presentan en dos “versiones” distintas, una de ellas en diminutivo, y hacen alusión a lugares, fincas o cortijos próximos entre sí o incluso colindantes. En algunos casos pertenecieron a una misma propiedad y dan la pista de la mayor importancia, preeminencia o antigüedad de quien ostenta el nombre principal. Estos son algunos de estos singulares nombres:

Alijar y Alijarillo, El Barroso y El Barrosillo.

Este es el caso de algunos conocidos cortijos como los de Alijar y Alijarillo, situados junto a la carretera de Sanlúcar, coronando sendas lomas desde las que se domina el paisaje de la campiña. Este rincón del término de Jerez, conocido como Los Alijares, se encuentra colindante con el de Sanlúcar y en los siglos medievales, de acuerdo a los



restos cerámicos encontrados, pudo albergar una alquería andalusí de las muchas que se repartían en el extenso alfoz jerezano. El topónimo que bautiza estos cortijos es de origen árabe, vinculado tal vez a su pasado andalusí. De él dice el historiador Bartolomé Gutiérrez que “…La voz Alijar, quiere decir, exido y salidas espaciosas para recreo, y no desdicen del terreno estas ethimologias porque el paraje y salida en nuestro término (que es donde están) es divertida…” (1). Y es que, conviene recordar que entre las distintas acepciones que el DRAE recoge para “alijar”, se encuentran las de “dehesa”, “cortijo” y “aduar” (pequeña población formada por chozas o cabañas). Alijarar es también repartir tierras incultas para su cultivo. Frente al viajero, a la derecha de la carretera se alza el caserío de Alijar, escoltado por los aerogeneradores de un parque eólico que se enclava en sus tierras, a la izquierda, el de



Alijarillo. Ambos pudieron tener su origen en sendas villas romanas y en el de Alijar aún se conservan los restos de una torre-atalaya de origen medieval que formaba parte de las que controlaban el alfoz jerezano (2).



En la conocida como carretera del Calvario o de Las Viñas, a orillas del que en el siglo XIX fuera el camino de Jerez a Bonanza, se encuentran los cortijos de El Barroso y El Barrosillo. El Barroso se asienta en la explanada de un antiguo descansadero de ganado donde confluían las cañadas de Marihernández, del Amarguillo y de Tabajete que comunicaban Las Tablas y Añina con Mesas de Asta, atravesando parajes que lo fueron de marismas. Estas tierras tuvieron como ilustre propietaria, ya en el s. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno. Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el cortijo de El Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar, que debe su



nombre a la naturaleza arcillosa y encharcadiza del suelo, el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Montegil y Montegilillo, La Torre y La Torrecilla.



Al norte de la ciudad, en dirección a Sevilla la campiña guarda otras curiosas parejas de topónimos como Montegil y Montegilillo. En el caso de Montegil, el nombre hace alusión a un cerro de 136 m situado entre Jerez y El Cuervo, junto a la carretera nacional IV y al antiguo cortijo que allí se emplaza. Esta elevación domina las marismas de Casablanca, Morabita y El Cuervo y en sus alrededores existen numerosos yacimientos arqueológicos. Por su posición geográfica el Alto de Montegil albergó una torre del telégrafo óptico, una de las 59 de las que constaba la línea Madrid-Cádiz, puesta en marcha en 1844 por el brigadier José María Mathé por encargo del Ministerio de la Gobernación. En dirección a Madrid se conectaba desde aquí visualmente con la torre del Cerro de Cornegil (próximo al Rancho de Majada Vieja), a mitad de camino entre El Cuervo y Lebrija. En dirección a Jerez la conexión era con la torre de Capirete, que estuvo situada en la actual Viña El Telégrafo, que ha conservado en su nombre el recuerdo de aquel curioso sistema de comunicación (4). La torre de Montegil estuvo ubicada en el paraje donde hoy pueden verse grandes antenas de telecomunicaciones. Desde este punto se observa una inigualable perspectiva sobre las campiñas y marismas del bajo Guadalquivir. Montegilillo, por su parte, da nombre a un cortijo colindante con aquel. Situado junto a la derecha de la carretera en dirección a El Cuervo. En relación con el curioso nombre de Montegil, el profesor Pascual Barea, sugiere la posible relación de este orónimo con “montecellu”, (vocablo del latín tardío) que derivaría de monte (mons, montis) y el sufijo -cellu, del que procede el sufijo castellano -cillo. “Montegil equivale por tanto al castellano ‘montecillo´”, por lo que este topónimo “documentado en textos árabes y castellanos medievales, remonta a la Antigüedad tardía” por lo que, rizando el rizo, Montegilillo vendría a significar “pequeño montecillo” (5).



Apenas a 7 km de aquí, a los pies de la Sierra de Gibalbín y junto a la Cañada de Casinas que unía la zona de Lebrija con Calsena, la antigua capital andalusí situada en la junta de los Ríos, encontramos los cortijos de La Torre y La Torrecilla. Accedemos a ellos por la carretera que comunica Gibalbín y El Cuervo, desde la que un desvío señalizado a la derecha nos lleva a La Torre de Pedro Díaz, como también se conoce a este antiguo cortijo de posibles raíces árabes (6). La Torre formaba parte de la cadena de fortalezas, torreones y atalayas repartidos por el extenso alfoz de Jerez. Ubicada a los pies de la Sierra de Gibalbín, en las proximidades de los caminos medievales que conducían a la campiña sevillana, el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que también era conocida como torre de la Hinojosa, “cuyo Donadío, era y es perteneciente á la familia de los cavalleros Hinojosas de esta ciudad… (7). Si la torre ya existía en tiempos de la conquista castellana, cabe pensar que su origen fuese andalusí (8). Aunque los restos originales que de ella se conservan son escasos, se aprecian en sus esquinas y en los arranques de los muros los sillares de cantería con los que debió ser reforzada en época cristiana. En su parte más alta se adivina un pequeño murete de tapial, al igual que en distintos puntos de la cerca que rodeaba esta construcción, a modo de pequeña muralla defensiva, por lo que su posible origen islámico es más que probable.

A escasa distancia de La Torre se encuentra el cortijo de La Torrecilla en cuyas tierras crecen hoy frondosos olivares. En el Nomenclátor Estadístico de 1857, estos cortijos se encuentran entre los más poblados del término contando con 138 habitantes censados.

Berlanga y Berlanguilla.



Situadas en la zona este del término, en las proximidades de La Barca de la Florida y del Guadalete, las tierras de Berlanga y Berlanguilla están cargadas de historia. Ocupan parcialmente los suelos de antiguas terrazas fluviales que vieron ya en el Paleolítico Inferior, unos 700.000 años atrás, la presencia de los primeros grupos humanos en estos parajes (9). En los primeros tiempos de la conquista castellana pertenecieron al término de Arcos y la aldea de Berlanga era conocida originariamente como La Guarda (10). Tras la cesión por la corona del Castillo de Tempul y sus términos a nuestra ciudad en el primer tercio del s. XIV, se fueron ocupando por los jerezanos algunas dehesas arcenses como las del Abadín, Cespedosa o La Bernala, que, como la de Berlanga, se incorporarían finalmente a nuestro alfoz tras pleitos que duraron siglos (11). La vinculación de Berlanga con Arcos permaneció durante siglos, llegando a denominarse la parte central de la conocida “Peña” como Peña de Berlanga, por dar vista a esta dehesa (12).

Aunque en la actualidad el cortijo de Berlanga posee un caserío renovado, sus orígenes se remontan también a los siglos medievales. A comienzos del XVI su propietario era el genovés Jácome Adorno y durante buena parte de los siglos XVIII y XIX perteneció a los marqueses de Valhermoso (13). Por su parte, las tierras de Berlanguilla, más próximas al Guadalete, fuero propiedad del convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules desde 1516. En 1835, un año antes de la desamortización de Mendizábal, los dominicos arrendaron la dehesa a Domingo Varela, ganadero de Medina Sidonia, siendo subastada en 1837 y vendida en más de dos millones de reales (14). De la importancia de estas dehesas da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX las menciona en su Diccionario Geográfico. Sobre Berlanga, apunta que cuenta “con una Venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo… y el río Guadalete que la baña por el Oeste, el cual se pasa por la barca de la Florida y vados de la Berlanguilla”.



El terreno es “montuoso, con encinas y acebuches, y produce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados: hay caza de conejos y perdices, y en el río sábalos, barbos y otros peces de agua dulce, pasando por este terreno el camino que conduce a la sierra de Jerez”. De Berlanguilla, Madoz señala que tiene en sus tierras “el rico manantial del Lobo, que la divide de la de Berlanga”. Su terreno es “montuoso, con encinas, alcornoques y álamos blancos, y lo baña el Guadalete que se cruza por la barca de le Florida y los vados del Encerradero y de la Barca” (15).



En la actualidad, los dos cortijos mantienen su explotación ganadera y agrícola, con cultivos de algarrobos, y el aprovechamiento de sus dehesas, donde aún perviven restos del que fuera un gran alcornocal de llanura donde se mantienen algunos ejemplares sobresalientes incluidos en el Catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de la provincia de Cádiz, tales como el alcornoque, el acebuche o el piruétano de Berlanguilla (16). Este cortijo fue también célebre por sus granjas y desde hace unos años alberga también un complejo ecuestre-deportivo, con campos de polo y un establecimiento de turismo rural.

Pajarete y Pajaretillo, Casa Blanca y Casablanquilla.



Un caso similar a los anteriores es el de los cortijos de Pajarete y Pajaretillo, nombres con los que se conocen también los parajes que los rodean, a la espalda de la Sª del Valle. Llegamos a ellos por la carretera que desde San José del Valle se dirige a Alcalá de los Gazules donde los encontramos poco antes de llegar a las Mesas del Esparragal. El de Pajarete quedó incluido en el término vallense, mientras que el de Pajaretillo, colindante del anterior forma parte del alfoz jerezano.

El topónimo de Pajarete aparece ya en el s. XIV en los documentos de amojonamiento del término de Tempul y de su donación a Jerez por Alfonso XI, donde se señala. “[…] E el otro mojón cabe adelante que está ençima de la cantera de Gigonça, ques a ojo a Penna Harpada e a la bastida. E el otro mojón adelante está a par de Gigonça la Vieja, çerca del camino que va de Arcos a Alvela. E el otro mojón adelante está en esa caueza grande que está entre Gigonça la Vieja e Pajarete...” (17). En el s. XV, las tierras de este cortijo figuran entre los echos destinados al ganado vacuno, contando ya con pozo abrevadero. En 1519 pastaba aquí la vacada de Alfonso de Cabra, jurado de la collación de San Dionisio, integrada por 600 cabezas, en aquellas fechas una de las mayores del término (18). Situado en los límites del término jerezano con el de Alcalá de los Gazules, Pajarete aparece también reflejado en un curioso plano del S. XVIII, realizado en pergamino, donde se señalan los cortijos más importantes del término (19). Madoz, a mediados del s. XIX lo cita en el camino de Arcos a Alcalá señalando que se llega hasta él “desde la Parada y Garganta del Valle”, atravesando por “tierra áspera” hasta llegar al cortijo de Pajarete, donde se vadea su garganta y se continúa por tierras de labor hasta el Esparragal “donde está la Torre-Alico de construcción moruna…”. Este mismo camino es el que se refleja en el primer mapa provincial de Cádiz, Obra de Francisco Coello, donde figura también el cortijo de Pajarete (20).

El hecho de encontrarse al pie de esta vía de comunicación que une las campiñas de Jerez y Arcos con las de Alcalá y Medina le hizo testigo de las operaciones militares que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Primera Guerra Carlista, cuando las tropas cristinas de los generales Rivero y Narváez perseguían a las carlistas del General Gómez que pasó por estas tierras en su retirada desde Alcalá a Villamartín en noviembre de 1836. Sorprendido por los batallones de Narváez en las cercanías de la angostura del Majaceite y del Peñón Amarillo, los carlistas vieron cerrada su salida ya que, a sus espaldas, acampadas en Pajarete, las tropas de Rivero, integradas por 7.500 infantes y 800 jinetes, salieron también en su busca (21).

En la actualidad el cortijo de Pajarete, como su colindante el de Pajaretillo, se dedica básicamente a los cultivos de secano y a usos ganaderos si bien, hasta hace unas décadas, una buena parte de sus tierras se cubrían de olivares. Entre su caserío aún se conservan las dependencias del antiguo molino hidráulico, las instalaciones para el lavado de aceitunas y la bodega de tinajas para el aceite. En la puerta de entrada al cortijo, sendos rulos cónicos nos lo recuerdan. El de Pajaretillo embalsa en sus tierras las aguas del arroyo del Chorrito, afluente del Río Álamo (22).



En el caso de los cortijos de Casablanca y Casablanquilla, a diferencia de los anteriores, no existe proximidad geográfica. Ubicado en las proximidades de la Estación de El Cuervo, el de Casablanca se alza a los pies del cerro de Montegil, junto a la carretera de Morabita, dominando el paisaje de las marismas que llevan su nombre. Entre los cultivos de cereal sobresale su blanco caserío integrado por diferentes construcciones que se organizan entorno a un patio central. En él destaca un antiguo granero con arquerías, una de las piezas de mayor interés de este centenario cortijo, junto al que se conserva también, aislado, el edificio de su antigua escuela y capilla. Junto a la entrada del cortijo puede verse un hermoso retablo cerámico que representa al Sagrado Corazón de Jesús, obra de la trianera Cerámica Montalván (23).

Sin guardar relación con Casablanca, en las proximidades del cortijo de Jara, se encuentra el de Casablanquilla. Llegamos a él por un desvío a la derecha en la carretera que une Torre de Melgarejo con Gibalbín, Colindante con los cortijos de La Basurta y de Los Ballesteros, sus tierras son cruzadas por los arroyos del Chivo y de Santiago y están dedicadas a cultivos de secano. En estos parajes, tal como informa el I.A.P.H., “Se han detectado presencia de industrias líticas, un posible asentamiento neolítico, restos de un posible poblado Calco/bronce, cerámica del bronce final, cerámica prerromana, romanas: campaniense y sigillata, así como ladrillos decorados paleocristianos y cerámicas visigodas” (24).



El Álamo y El Alamillo constituyen un caso similar al anterior, aunque en este caso el cortijo de El Alamillo fue de creación anterior tanto al de El Álamo, como a su vecino de Los Álamos, situados todos junto al Guadalete, en las proximidades del Puente de El Torno a ambos lados del río. Como dato curioso recordamos que en este mismo paraje estuvo situada la barca del Alamillo de la que ya se tiene noticia a mediados del XVIII. Durante la ocupación francesa fue destruida, siendo repuesta posteriormente y estando en uso hasta finales del XIX (25).

(Continuará)
Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, pp. 30-31.
(2) Sobre Alijar y Alijarillo pueden verse: García Lázaro, J. y A.: Los Alijares. Un rincón de la campiña en el camino de Sanlúcar, Diario de Jerez, 22/11/2015; Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 243 y García Lázaro, J. y A.: Un recorrido por las torres y castillos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 23/11/2013.
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq. XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. González Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012):Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) García Lázaro, J. y A.: Por los altos de Montegil y Capirete: el telégrafo óptico en Jerez. Diario de Jerez, 19 de octubre de 2013. Puede verse también: Sánchez Ruiz, C.: Los telégrafos ópticos de Jerez. Diario de Jerez, 13/10/2003 y Sánchez Ruiz, C.: "Las Líneas telegráficas de Cádiz (1805-1820)." Actas del X Congreso de la SEHCYT. I Simposio de Historia de las Telecomunicaciones. Badajoz, 10-14 de septiembre de 2008.
(5) Pascual Barea, J.: Del latín tardío "Montecellu" al topónimo andaluz Montejil, Gades, nº 22, 1997, pp. 607-620.
(6) García Lázaro, J. y A.: Por la Torre de Pedro Díaz, Diario de Jerez, 21/09/2014
(7) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, 31-32.
(8) Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 244.
(9) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001):El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, N.º 7. Cuaderno de arqueología. 2001, p.12. Sobre otros enclaves cercanos con presencia humana en la prehistoria puede verse: Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle: de desierto a colonia agrícola, 1998.
(10) Astillero Ramos J.M.:La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 131.
(11) Mancheño Olivares, M.: Arcos de la Frontera. Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera, 1922, p. 246; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(12) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 75.
(13) Mingorance Ruiz, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Cádiz: Peripecias Libros, 2014 pp. 86-88, citado por Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 102. Sobre Berlanga y el marqués de Valhermoso: Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86.
(14) Ramos Romero, M.: Alcalá de los Gazules, Diputación de Cádiz, 1983, p. 348; VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pp. 156-157.
(15) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 59, Voces Berlanga y Berlanguilla. Sobre las barcas de Berlanga y Berlanguilla, García Lázaro, A. y J.: Las barcas de La Florida, Berlanga, Majaceite y Tempul, 12 de junio de 2016
(16) García Lázaro, A. y J.: Árboles singulares en torno a Jerez, 26 de octubre de 2012; Árboles y arboledas singulares de Andalucía. Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Medio Ambiente, Sevilla, 2004, págs. 22, 40 y 114.
(17) Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle… op. cit. págs. 249-251; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… op. cit. págs.120-121.; Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 191.
(18) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, op. cit. págs. 65 y 97.
(19) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(20) Madoz, P.: Diccionario Geográfico… op. cit., p. 82.; Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(21) Pantoja Antúnez J.L. y Ramírez López, M.: Los Carlistas en Jerez (la primera guerra 1833-1840), Jerez, 2002, págs. 58-59; Patrón Sandoval, J.A.: 1836: La defensa de Tarifa durante la incursión carlista de Gómez en el Campo de Gibraltar. Aljaranda, nº 62, septiembre de 2006, págs. 24-26 Los hechos sucedidos en torno al cortijo de Pajarete fueron recogidos por la prensa británica, donde se hace referencia a la presencia de las tropas en este cortijo como puede leerse en The Waterford Mail, Vol. XIII, nº 1387, december, 14, 1836, disponible en internet.
(22) VV.AA.: Cortijos… op. cit. págs. 350-351.
(23) García Lázaro, A. y J.: Azulejos devocionales. Un recorrido por los retablos cerámicos de la campiña, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2013.
(24) I.A.P.H.: Base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, Cortijo de Casablanquilla, http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i20223, consultada el 28/02/2018.
(25) García Lázaro, A. y J. : Las barcas de El Portal, La Greduela y El Alamillo, Diario de Jerez, 25. junio de 2016


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos, viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 4/03/2018

 
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