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Topónimos curiosos en torno a Jerez.
“Hermanos grandes y hermanos chicos” en los cortijos de la campiña.



En muchos lugares de nuestra campiña encontramos curiosos topónimos que se presentan en dos “versiones” distintas, una de ellas en diminutivo, y hacen alusión a lugares, fincas o cortijos próximos entre sí o incluso colindantes. En algunos casos pertenecieron a una misma propiedad y dan la pista de la mayor importancia, preeminencia o antigüedad de quien ostenta el nombre principal. Estos son algunos de estos singulares nombres:

Alijar y Alijarillo, El Barroso y El Barrosillo.

Este es el caso de algunos conocidos cortijos como los de Alijar y Alijarillo, situados junto a la carretera de Sanlúcar, coronando sendas lomas desde las que se domina el paisaje de la campiña. Este rincón del término de Jerez, conocido como Los Alijares, se encuentra colindante con el de Sanlúcar y en los siglos medievales, de acuerdo a los



restos cerámicos encontrados, pudo albergar una alquería andalusí de las muchas que se repartían en el extenso alfoz jerezano. El topónimo que bautiza estos cortijos es de origen árabe, vinculado tal vez a su pasado andalusí. De él dice el historiador Bartolomé Gutiérrez que “…La voz Alijar, quiere decir, exido y salidas espaciosas para recreo, y no desdicen del terreno estas ethimologias porque el paraje y salida en nuestro término (que es donde están) es divertida…” (1). Y es que, conviene recordar que entre las distintas acepciones que el DRAE recoge para “alijar”, se encuentran las de “dehesa”, “cortijo” y “aduar” (pequeña población formada por chozas o cabañas). Alijarar es también repartir tierras incultas para su cultivo. Frente al viajero, a la derecha de la carretera se alza el caserío de Alijar, escoltado por los aerogeneradores de un parque eólico que se enclava en sus tierras, a la izquierda, el de



Alijarillo. Ambos pudieron tener su origen en sendas villas romanas y en el de Alijar aún se conservan los restos de una torre-atalaya de origen medieval que formaba parte de las que controlaban el alfoz jerezano (2).



En la conocida como carretera del Calvario o de Las Viñas, a orillas del que en el siglo XIX fuera el camino de Jerez a Bonanza, se encuentran los cortijos de El Barroso y El Barrosillo. El Barroso se asienta en la explanada de un antiguo descansadero de ganado donde confluían las cañadas de Marihernández, del Amarguillo y de Tabajete que comunicaban Las Tablas y Añina con Mesas de Asta, atravesando parajes que lo fueron de marismas. Estas tierras tuvieron como ilustre propietaria, ya en el s. XIII a doña María Alfonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno. Frente al cortijo, un camino escoltado por cipreses sube hasta la cercana Casa de la Viña del Barrosillo, una antigua construcción de finales del s. XVIII acondicionada y reformada para eventos, que conserva aún el sabor de las tradicionales casas de viña. A sus pies, la cañada se dirige hasta el cortijo de El Barrosillo y continua luego, más desdibujada, hacia Tabajete y Mesas de Asta. Diferentes autores llevan por este mismo lugar, que debe su



nombre a la naturaleza arcillosa y encharcadiza del suelo, el trazado de la romana Vía Augusta que desde Portus Gaditanus (El Puerto de Santa María) conducía a Hasta Regia (3).

Montegil y Montegilillo, La Torre y La Torrecilla.



Al norte de la ciudad, en dirección a Sevilla la campiña guarda otras curiosas parejas de topónimos como Montegil y Montegilillo. En el caso de Montegil, el nombre hace alusión a un cerro de 136 m situado entre Jerez y El Cuervo, junto a la carretera nacional IV y al antiguo cortijo que allí se emplaza. Esta elevación domina las marismas de Casablanca, Morabita y El Cuervo y en sus alrededores existen numerosos yacimientos arqueológicos. Por su posición geográfica el Alto de Montegil albergó una torre del telégrafo óptico, una de las 59 de las que constaba la línea Madrid-Cádiz, puesta en marcha en 1844 por el brigadier José María Mathé por encargo del Ministerio de la Gobernación. En dirección a Madrid se conectaba desde aquí visualmente con la torre del Cerro de Cornegil (próximo al Rancho de Majada Vieja), a mitad de camino entre El Cuervo y Lebrija. En dirección a Jerez la conexión era con la torre de Capirete, que estuvo situada en la actual Viña El Telégrafo, que ha conservado en su nombre el recuerdo de aquel curioso sistema de comunicación (4). La torre de Montegil estuvo ubicada en el paraje donde hoy pueden verse grandes antenas de telecomunicaciones. Desde este punto se observa una inigualable perspectiva sobre las campiñas y marismas del bajo Guadalquivir. Montegilillo, por su parte, da nombre a un cortijo colindante con aquel. Situado junto a la derecha de la carretera en dirección a El Cuervo. En relación con el curioso nombre de Montegil, el profesor Pascual Barea, sugiere la posible relación de este orónimo con “montecellu”, (vocablo del latín tardío) que derivaría de monte (mons, montis) y el sufijo -cellu, del que procede el sufijo castellano -cillo. “Montegil equivale por tanto al castellano ‘montecillo´”, por lo que este topónimo “documentado en textos árabes y castellanos medievales, remonta a la Antigüedad tardía” por lo que, rizando el rizo, Montegilillo vendría a significar “pequeño montecillo” (5).



Apenas a 7 km de aquí, a los pies de la Sierra de Gibalbín y junto a la Cañada de Casinas que unía la zona de Lebrija con Calsena, la antigua capital andalusí situada en la junta de los Ríos, encontramos los cortijos de La Torre y La Torrecilla. Accedemos a ellos por la carretera que comunica Gibalbín y El Cuervo, desde la que un desvío señalizado a la derecha nos lleva a La Torre de Pedro Díaz, como también se conoce a este antiguo cortijo de posibles raíces árabes (6). La Torre formaba parte de la cadena de fortalezas, torreones y atalayas repartidos por el extenso alfoz de Jerez. Ubicada a los pies de la Sierra de Gibalbín, en las proximidades de los caminos medievales que conducían a la campiña sevillana, el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que también era conocida como torre de la Hinojosa, “cuyo Donadío, era y es perteneciente á la familia de los cavalleros Hinojosas de esta ciudad… (7). Si la torre ya existía en tiempos de la conquista castellana, cabe pensar que su origen fuese andalusí (8). Aunque los restos originales que de ella se conservan son escasos, se aprecian en sus esquinas y en los arranques de los muros los sillares de cantería con los que debió ser reforzada en época cristiana. En su parte más alta se adivina un pequeño murete de tapial, al igual que en distintos puntos de la cerca que rodeaba esta construcción, a modo de pequeña muralla defensiva, por lo que su posible origen islámico es más que probable.

A escasa distancia de La Torre se encuentra el cortijo de La Torrecilla en cuyas tierras crecen hoy frondosos olivares. En el Nomenclátor Estadístico de 1857, estos cortijos se encuentran entre los más poblados del término contando con 138 habitantes censados.

Berlanga y Berlanguilla.



Situadas en la zona este del término, en las proximidades de La Barca de la Florida y del Guadalete, las tierras de Berlanga y Berlanguilla están cargadas de historia. Ocupan parcialmente los suelos de antiguas terrazas fluviales que vieron ya en el Paleolítico Inferior, unos 700.000 años atrás, la presencia de los primeros grupos humanos en estos parajes (9). En los primeros tiempos de la conquista castellana pertenecieron al término de Arcos y la aldea de Berlanga era conocida originariamente como La Guarda (10). Tras la cesión por la corona del Castillo de Tempul y sus términos a nuestra ciudad en el primer tercio del s. XIV, se fueron ocupando por los jerezanos algunas dehesas arcenses como las del Abadín, Cespedosa o La Bernala, que, como la de Berlanga, se incorporarían finalmente a nuestro alfoz tras pleitos que duraron siglos (11). La vinculación de Berlanga con Arcos permaneció durante siglos, llegando a denominarse la parte central de la conocida “Peña” como Peña de Berlanga, por dar vista a esta dehesa (12).

Aunque en la actualidad el cortijo de Berlanga posee un caserío renovado, sus orígenes se remontan también a los siglos medievales. A comienzos del XVI su propietario era el genovés Jácome Adorno y durante buena parte de los siglos XVIII y XIX perteneció a los marqueses de Valhermoso (13). Por su parte, las tierras de Berlanguilla, más próximas al Guadalete, fuero propiedad del convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules desde 1516. En 1835, un año antes de la desamortización de Mendizábal, los dominicos arrendaron la dehesa a Domingo Varela, ganadero de Medina Sidonia, siendo subastada en 1837 y vendida en más de dos millones de reales (14). De la importancia de estas dehesas da también cuenta Madoz, quien a mediados del XIX las menciona en su Diccionario Geográfico. Sobre Berlanga, apunta que cuenta “con una Venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo… y el río Guadalete que la baña por el Oeste, el cual se pasa por la barca de la Florida y vados de la Berlanguilla”.



El terreno es “montuoso, con encinas y acebuches, y produce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados: hay caza de conejos y perdices, y en el río sábalos, barbos y otros peces de agua dulce, pasando por este terreno el camino que conduce a la sierra de Jerez”. De Berlanguilla, Madoz señala que tiene en sus tierras “el rico manantial del Lobo, que la divide de la de Berlanga”. Su terreno es “montuoso, con encinas, alcornoques y álamos blancos, y lo baña el Guadalete que se cruza por la barca de le Florida y los vados del Encerradero y de la Barca” (15).



En la actualidad, los dos cortijos mantienen su explotación ganadera y agrícola, con cultivos de algarrobos, y el aprovechamiento de sus dehesas, donde aún perviven restos del que fuera un gran alcornocal de llanura donde se mantienen algunos ejemplares sobresalientes incluidos en el Catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de la provincia de Cádiz, tales como el alcornoque, el acebuche o el piruétano de Berlanguilla (16). Este cortijo fue también célebre por sus granjas y desde hace unos años alberga también un complejo ecuestre-deportivo, con campos de polo y un establecimiento de turismo rural.

Pajarete y Pajaretillo, Casa Blanca y Casablanquilla.



Un caso similar a los anteriores es el de los cortijos de Pajarete y Pajaretillo, nombres con los que se conocen también los parajes que los rodean, a la espalda de la Sª del Valle. Llegamos a ellos por la carretera que desde San José del Valle se dirige a Alcalá de los Gazules donde los encontramos poco antes de llegar a las Mesas del Esparragal. El de Pajarete quedó incluido en el término vallense, mientras que el de Pajaretillo, colindante del anterior forma parte del alfoz jerezano.

El topónimo de Pajarete aparece ya en el s. XIV en los documentos de amojonamiento del término de Tempul y de su donación a Jerez por Alfonso XI, donde se señala. “[…] E el otro mojón cabe adelante que está ençima de la cantera de Gigonça, ques a ojo a Penna Harpada e a la bastida. E el otro mojón adelante está a par de Gigonça la Vieja, çerca del camino que va de Arcos a Alvela. E el otro mojón adelante está en esa caueza grande que está entre Gigonça la Vieja e Pajarete...” (17). En el s. XV, las tierras de este cortijo figuran entre los echos destinados al ganado vacuno, contando ya con pozo abrevadero. En 1519 pastaba aquí la vacada de Alfonso de Cabra, jurado de la collación de San Dionisio, integrada por 600 cabezas, en aquellas fechas una de las mayores del término (18). Situado en los límites del término jerezano con el de Alcalá de los Gazules, Pajarete aparece también reflejado en un curioso plano del S. XVIII, realizado en pergamino, donde se señalan los cortijos más importantes del término (19). Madoz, a mediados del s. XIX lo cita en el camino de Arcos a Alcalá señalando que se llega hasta él “desde la Parada y Garganta del Valle”, atravesando por “tierra áspera” hasta llegar al cortijo de Pajarete, donde se vadea su garganta y se continúa por tierras de labor hasta el Esparragal “donde está la Torre-Alico de construcción moruna…”. Este mismo camino es el que se refleja en el primer mapa provincial de Cádiz, Obra de Francisco Coello, donde figura también el cortijo de Pajarete (20).

El hecho de encontrarse al pie de esta vía de comunicación que une las campiñas de Jerez y Arcos con las de Alcalá y Medina le hizo testigo de las operaciones militares que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Primera Guerra Carlista, cuando las tropas cristinas de los generales Rivero y Narváez perseguían a las carlistas del General Gómez que pasó por estas tierras en su retirada desde Alcalá a Villamartín en noviembre de 1836. Sorprendido por los batallones de Narváez en las cercanías de la angostura del Majaceite y del Peñón Amarillo, los carlistas vieron cerrada su salida ya que, a sus espaldas, acampadas en Pajarete, las tropas de Rivero, integradas por 7.500 infantes y 800 jinetes, salieron también en su busca (21).

En la actualidad el cortijo de Pajarete, como su colindante el de Pajaretillo, se dedica básicamente a los cultivos de secano y a usos ganaderos si bien, hasta hace unas décadas, una buena parte de sus tierras se cubrían de olivares. Entre su caserío aún se conservan las dependencias del antiguo molino hidráulico, las instalaciones para el lavado de aceitunas y la bodega de tinajas para el aceite. En la puerta de entrada al cortijo, sendos rulos cónicos nos lo recuerdan. El de Pajaretillo embalsa en sus tierras las aguas del arroyo del Chorrito, afluente del Río Álamo (22).



En el caso de los cortijos de Casablanca y Casablanquilla, a diferencia de los anteriores, no existe proximidad geográfica. Ubicado en las proximidades de la Estación de El Cuervo, el de Casablanca se alza a los pies del cerro de Montegil, junto a la carretera de Morabita, dominando el paisaje de las marismas que llevan su nombre. Entre los cultivos de cereal sobresale su blanco caserío integrado por diferentes construcciones que se organizan entorno a un patio central. En él destaca un antiguo granero con arquerías, una de las piezas de mayor interés de este centenario cortijo, junto al que se conserva también, aislado, el edificio de su antigua escuela y capilla. Junto a la entrada del cortijo puede verse un hermoso retablo cerámico que representa al Sagrado Corazón de Jesús, obra de la trianera Cerámica Montalván (23).

Sin guardar relación con Casablanca, en las proximidades del cortijo de Jara, se encuentra el de Casablanquilla. Llegamos a él por un desvío a la derecha en la carretera que une Torre de Melgarejo con Gibalbín, Colindante con los cortijos de La Basurta y de Los Ballesteros, sus tierras son cruzadas por los arroyos del Chivo y de Santiago y están dedicadas a cultivos de secano. En estos parajes, tal como informa el I.A.P.H., “Se han detectado presencia de industrias líticas, un posible asentamiento neolítico, restos de un posible poblado Calco/bronce, cerámica del bronce final, cerámica prerromana, romanas: campaniense y sigillata, así como ladrillos decorados paleocristianos y cerámicas visigodas” (24).



El Álamo y El Alamillo constituyen un caso similar al anterior, aunque en este caso el cortijo de El Alamillo fue de creación anterior tanto al de El Álamo, como a su vecino de Los Álamos, situados todos junto al Guadalete, en las proximidades del Puente de El Torno a ambos lados del río. Como dato curioso recordamos que en este mismo paraje estuvo situada la barca del Alamillo de la que ya se tiene noticia a mediados del XVIII. Durante la ocupación francesa fue destruida, siendo repuesta posteriormente y estando en uso hasta finales del XIX (25).

(Continuará)
Para saber más:
(1) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, pp. 30-31.
(2) Sobre Alijar y Alijarillo pueden verse: García Lázaro, J. y A.: Los Alijares. Un rincón de la campiña en el camino de Sanlúcar, Diario de Jerez, 22/11/2015; Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 243 y García Lázaro, J. y A.: Un recorrido por las torres y castillos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 23/11/2013.
(3) En López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, pp. 163-164, pueden verse interesantes imágenes aéreas de vestigios del antiguo trazado de la Vía Augusta por este rincón. Cesar Pemán recuerda como los vestigios han sido visibles en las cercanías del cortijo de Tabajete hasta mediados del siglo pasado en su estudio: “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz”. A.E.Arq. XXI: 255-268. Pg. 258, Madrid, 1948.). El mapa de la provincia de Cádiz de F. Coello (1868) señala también el antiguo trazado de la Vía Augusta en las cercanías de Tabajete. De ello han escrito R. González Rodríguez y D. Ruiz Mata (1999): “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Historia de Jerez. T. 1, pg. 153); J. Caballero Ragel en “Los caminos de la Vía Augusta en torno a Jerez” Diario de Jerez 12/06/2012, o J. Montero Vítores (2012):Los caminos de la Vía augusta en torno a Ceret”: Suplemento digital de la Revista de Historia de Jerez ISSN: 1575 – 7129.
(4) García Lázaro, J. y A.: Por los altos de Montegil y Capirete: el telégrafo óptico en Jerez. Diario de Jerez, 19 de octubre de 2013. Puede verse también: Sánchez Ruiz, C.: Los telégrafos ópticos de Jerez. Diario de Jerez, 13/10/2003 y Sánchez Ruiz, C.: "Las Líneas telegráficas de Cádiz (1805-1820)." Actas del X Congreso de la SEHCYT. I Simposio de Historia de las Telecomunicaciones. Badajoz, 10-14 de septiembre de 2008.
(5) Pascual Barea, J.: Del latín tardío "Montecellu" al topónimo andaluz Montejil, Gades, nº 22, 1997, pp. 607-620.
(6) García Lázaro, J. y A.: Por la Torre de Pedro Díaz, Diario de Jerez, 21/09/2014
(7) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1989, vol. I, 31-32.
(8) Aguilar Moya, L.: Jerez Islámico, en “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 244.
(9) Giles, F.; Santiago, A.; Gutiérrez, J.M.: Mata, E.; Aguilera, L.; (2001):El registro arqueológico de los primeros grupos humanos en la comarca de Jerez y su contexto en el sur de la península. Resultados de un proyecto de investigación. Revista de Historia de Jerez, N.º 7. Cuaderno de arqueología. 2001, p.12. Sobre otros enclaves cercanos con presencia humana en la prehistoria puede verse: Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle: de desierto a colonia agrícola, 1998.
(10) Astillero Ramos J.M.:La formación del término de Arcos de la Frontera: 1249-1544”, en M. González Jiménez y R. Sánchez Saus (coord.), Arcos y el nacimiento de la frontera andaluza (1264-1330), Ed. UCA, Ed. Universidad de Sevilla, Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, 2016, p. 131.
(11) Mancheño Olivares, M.: Arcos de la Frontera. Apuntes para una historia de Arcos de la Frontera, 1922, p. 246; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural de Jerez de la Frontera. Territorio y Poblamiento durante la Baja Edad Media., Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003, p. 120.
(12) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 75.
(13) Mingorance Ruiz, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Cádiz: Peripecias Libros, 2014 pp. 86-88, citado por Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, ganadería y medio ambiente en las comarcas gaditanas. Siglos XIII al XVI. Monografías Historia y Arte, UCA-UEX, 2015, p. 102. Sobre Berlanga y el marqués de Valhermoso: Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 86.
(14) Ramos Romero, M.: Alcalá de los Gazules, Diputación de Cádiz, 1983, p. 348; VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y Transportes. 2002, pp. 156-157.
(15) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846). “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 59, Voces Berlanga y Berlanguilla. Sobre las barcas de Berlanga y Berlanguilla, García Lázaro, A. y J.: Las barcas de La Florida, Berlanga, Majaceite y Tempul, 12 de junio de 2016
(16) García Lázaro, A. y J.: Árboles singulares en torno a Jerez, 26 de octubre de 2012; Árboles y arboledas singulares de Andalucía. Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Medio Ambiente, Sevilla, 2004, págs. 22, 40 y 114.
(17) Pérez Cebada, J.D.: San José del Valle… op. cit. págs. 249-251; Martín Gutiérrez, E.: La identidad rural… op. cit. págs.120-121.; Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886. Edición facsimilar de 1989, Vol. II, p. 191.
(18) Martín Gutiérrez, E.: Paisajes, op. cit. págs. 65 y 97.
(19) Fragmentos de un mapa de las sierras del término de ciudad de Jerez. Anónimo en pergamino. S. XVIII, AMJF. C.12, nº 4 Bis.
(20) Madoz, P.: Diccionario Geográfico… op. cit., p. 82.; Mapa provincial de Cádiz, Escala 1: 200.000, Francisco Coello, Coronel de Ingenieros. Auxiliado por Pascual Madoz, 1868.
(21) Pantoja Antúnez J.L. y Ramírez López, M.: Los Carlistas en Jerez (la primera guerra 1833-1840), Jerez, 2002, págs. 58-59; Patrón Sandoval, J.A.: 1836: La defensa de Tarifa durante la incursión carlista de Gómez en el Campo de Gibraltar. Aljaranda, nº 62, septiembre de 2006, págs. 24-26 Los hechos sucedidos en torno al cortijo de Pajarete fueron recogidos por la prensa británica, donde se hace referencia a la presencia de las tropas en este cortijo como puede leerse en The Waterford Mail, Vol. XIII, nº 1387, december, 14, 1836, disponible en internet.
(22) VV.AA.: Cortijos… op. cit. págs. 350-351.
(23) García Lázaro, A. y J.: Azulejos devocionales. Un recorrido por los retablos cerámicos de la campiña, Diario de Jerez, 9 de noviembre de 2013.
(24) I.A.P.H.: Base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, Cortijo de Casablanquilla, http://www.iaph.es/patrimonio-inmueble-andalucia/resumen.do?id=i20223, consultada el 28/02/2018.
(25) García Lázaro, A. y J. : Las barcas de El Portal, La Greduela y El Alamillo, Diario de Jerez, 25. junio de 2016


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Toponimia, Paisajes con historia, Cortijos, viñas y haciendas.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 4/03/2018

Santa Inés: el monasterio jerezano que nunca existió.
Un paseo por el arroyo del Zumajo.




Como hemos comentado en diferentes ocasiones, en “entornoajerez” nos gustan las carreteras secundarias, esas que se pierden por rincones poco transitadas de la campiña y que nos deparan tantas sorpresas. Una de estas rutas alejadas de las habituales es la comarcal CA-4105, una carretera de apenas 9 km de recorrido que, partiendo del conocido “cruce de La Suara”, en las cercanías de La Barca de la Florida, pasa por las tierras de Berlanguilla y cruza después el arroyo del Zumajo para seguir por La Marmolilla y la Vega de Abadín. En su tramo final se une a la carretera A-393 (Arcos-Paterna) en las proximidades de la Junta de los Ríos.

En estos días, hemos vuelto de nuevo por estos parajes de la vega baja del Guadalete y, después de un alto para reponer fuerzas en la conocida Venta “El Cruce”, iniciamos nuestro itinerario. Cuando apenas hemos recorrido 3 km tras dejar atrás las granjas de Berlanguilla y las canteras de El Molino, la carretera discurre entre las plantaciones de algarrobos de la Huerta del Coronel. Al poco, en una curva del camino, antes de pasar el puente del arroyo del Zumajo, llama la atención del viajero una construcción semiderruida, rodeada de vegetación, que ocupa una suave ladera, a la derecha del camino, asomándose entre los sotos del río y las arboledas de la dehesa: el antiguo molino de Santa Inés, también conocido como molino del Zumajo.

Por la Cañada de la Ermita del Mimbral y la venta del Zumajo.

Aunque estos rincones se encuentran hoy algo apartados, conviene recordar que hasta la construcción de la carretera de Cortes a comienzos del siglo XIX, las comunicaciones de Jerez con la zona oriental del término (El Valle, Tempul, Montes de Propios…) se realizaba, en buena medida por la conocida como Cañada de la Sierra o de la Ermita del Mimbral que desde la ciudad, se dirigía por Cuartillos al Encinar de Vicos y, tras pasar el Guadalete por el vado de Berlanguilla, cruzaba por estos parajes de la Dehesa de Berlanga hacia los Llanos del Sotillo y El Valle.



Durante siglos, estos caminos fueron muy transitados y muy cerca de este lugar, en el mismo emplazamiento que hoy ocupa el cortijo de La Marmolilla, se encontraba la conocida Venta del Zumajo. Ya repara en ella Pascual Madoz a mediados del XIX en su Diccionario Geográfico y al describir la Dehesa de Berlanga, cuyas tierras sembradas de algarrobos hemos dejado a los lados de la carretera, informa que se encuentra “… a 3 leg. de Jerez de la Frontera, con una venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo, cuyas aguas dividen esta dehesa de la Berlanguilla, y el r. Guadalete que la baña por el O., el cual se pasa por la barca de la Florida y vados de la Berlanguilla. El terreno, propio del marqués de Valhermoso y consortes, es montuoso, con encinas y acebuches, y produce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados: hay caza de conejos y perdices, y en el río sábalos, barbos y otros peces de agua dulce, pasando por este terreno el camino que conduce a la sierra de Jerez”. (1)

En estos parajes despoblados entre Jerez, Arcos, Medina y San José del Valle, no es de extrañar que durante el siglo XIX la Venta del Zumajo fuera un punto de referencia y de parada obligada, habida cuenta del mal estado de los caminos, de la necesidad de cruzar el Guadalete, el Majaceite o el arroyo del Zumajo por barcas o vados y de las dificultades para realizar en una sola jornada estos largos trayectos lo que exigía, en muchas ocasiones, pernoctar en ruta. Prueba de su importancia es que, además de la cita de autoridad de Madoz, la Venta del Zumajo se encuentra entre las pocas que se recogen en el plano de Ángel Mayo (1878) o, veinte años más tarde, en el de Lechuga y Florido (1897).

Un recuerdo a “La Mano Negra”.

Los viajeros, carreteros, arrieros, jornaleros y trajinantes que en la segunda mitad del XIX iban de Arcos a Medina, de Jerez al Valle o a Algar y Tempul, harían, a buen seguro, un alto en esta Venta del Zumajo que, al amparo de lo apartado del lugar atrae también otras visitas menos gratas como se desprende de una curiosa crónica del diario "La Correspondencia de España".

En su edición del martes 20 de marzo de 1883 ofrece la siguiente noticia: "El corresponsal que en Jerez ha dejado nuestro querido compañero señor Peris Moncheta, nos escribe con fecha 17 lo siguiente: El Sr. Oliver, que salió a recorrer la sierra para asuntos del servicio, ha regresado de su espedición (sic) hoy sábado, trayendo presos dos presuntos autores del robo verificado hace algunos meses en la venta del Zumajo, y 15 compañeros más que han quedado en las cárceles de Arcos, como presuntos cómplices en el mencionado delito." (2)

Poco tiempo antes, en 1882, los dueños de la Venta Núñez, en la carretera de Trebujena, habían sido asesinados habiéndose encargado de las investigaciones, el jefe de la guardia rural Pérez Monforte. Son años convulsos en los que los obreros y los trabajadores del campo han empezado a organizarse en la campiña de Jerez contra los abusos del caciquismo y cuya fuerza quiere frenar a toda costa la oligarquía terrateniente, apoyada en una autoridad que no duda en ejercer la más dura represión contra los jornaleros. Son los tiempos del crimen de La Parrilla, que sólo unos meses antes se ha producido en las cercanías de El Valle. Tiempos de reuniones clandestinas de campesinos en Alcornocalejo, paraje próximo a San José del Valle y hoy conocido como Briole. Son los días, en suma, de “La Mano Negra” y este Sr. Oliver que mencionan las crónicas periodísticas de la época y que recorre estos lugares no es otro que el conocido capitán de la Guardia Civil José Oliver y Vidal, el mismo que un mes antes de detener a los asaltantes de la Venta del Zumajo ha “encontrado bajo una piedra”, junto al jefe de la guardia rural Pérez Monforte, el reglamento y los estatutos de “La Mano Negra”, aquella misteriosa “sociedad secreta” que, al parecer, no fue sino una invención para frenar el crecimiento en Andalucía de la FTRE y justificar la represión ejercida contra los campesinos.

La Venta del Zumajo fue perdiendo poco a poco su relevancia quedando apartada de las nuevas rutas cuando se construyó la carretera de Arcos a Vejer y luego, en las primeras décadas del XX, la de Jerez a Cortes, cuyo trazado la dejó de lado. En el plano parcelario de López Cepero (1904) ya no se menciona, dándonos una pista cierta de su declive, si bien el topónimo se ha mantenido en los mapas topográficos del IGN, como un anacronismo, hasta la actualidad. Las casas de La Marmolilla ocupan hoy su singular emplazamiento, a caballo entre las riberas del arroyo del Zumajo y de la Vega de Abadín, junto al Guadalete.

El Molino de Santa Inés: el “monasterio” que nunca existió.



Como ya se ha dicho, el que fuera Molino de Santa Inés se encuentra en este mismo rincón de la campiña, muy cerca del lugar donde se levantó la Venta del Zumajo. En un hermoso paraje rodeado de dehesas de encinas, alcornoques, algarrobos y acebuches, protegido por las arboledas del Arroyo del Zumajo, aún mantiene en pie una parte de su arruinado caserío.

Su origen hay que buscarlo en el último tercio del siglo XIX coincidiendo en el tiempo durante unas décadas con la vecina Venta del Zumajo, a orillas del mismo camino, si bien la “sobrevivió” después más de medio siglo. Sobre la puerta de acceso a la casa principal aún puede leerse: “Santa Inés, 1880”, para que no quede duda de su fecha de construcción. La primera vez que visitamos el lugar a mediados de los 80 del siglo pasado y vimos sus edificios desde la carretera, aún conservaban sus techumbres, si bien el molino harinero que albergaron llevaba cerrado ya varias décadas.



Años después, recabando datos sobre los antiguos molinos de la cuenca del Guadalete recordamos este viejo caserón y lo encontramos identificado aún como tal en el mapa topográfico del IGN (1968), muchos años después de que hubiese dejado de funcionar. Aparece aquí reseñado como “Mº Santa Inés” y a su lado figura el símbolo de molino: un rectángulo y unas aspas para que quedase claro que en aquel caserón semiderruido hubo un molino. A partir de aquí, las ediciones posteriores de los mapas del Instituto Geográfico Nacional han introducido (y mantenido) una curiosa y sorprendente errata: situar en este mismo lugar un inexistente “Monasterio de Santa Inés”. Los errores topográficos se han sucedido y así en la edición de 2001 ya advertimos un cambio de nombre en el citado edificio figurando como “Molino del Zumajo”, (como también se le conocía), junto al que aparece, “con todas las letras” un “Monasterio de Santa Inés” identificado con el símbolo de edificio religioso: un círculo rojo con una cruz.



El despiste persiste en la última edición de este mapa en el que junto al “Mno del Zumajo” vuelve a aparecer un “Mrio de Santa Inés”.

Santa Inés: un molino singular.



Dejando a un lado las erratas, lo cierto es que el Molino de Santa Inés o del Zumajo fue un en su tiempo un “moderno” molino harinero. El agua se tomaba en el Arroyo del Zumajo, cerca de donde se levanta el actual acueducto del canal de riego, y era conducida hasta la parte trasera del edificio por una tubería de fundición. Aún se conservan en este lugar los restos de dos arcos de ladrillo sobre los que circulaba la canalización que al llegar al molino, daba un salto forzado de casi 8 m. El agua, ganaba así la presión suficiente en el interior de la tubería (restos de la cual aún se conservan) para mover después la maquinaria del molino, hoy totalmente arruinada como el interior de las naves que la alojaban de las que se han desprendido las techumbres. Restos de pilas, o de lo que parecen ser depósitos de grano y hasta fragmentos de algunas correas de transmisión se adivinan aún entre las vigas y paredes destruidas que amenazan seriamente con desplomarse.

Entre estos restos destaca una curiosa estructura metálica que debió formar parte de una máquina humectadora o, tal vez de un dispositivo de descascarillado de grano. La pieza que se conserva dispone de un rotor provisto de un gran número listones de hierro oblicuos dispuestos en distintas caras en torno al eje. Esta singular hélice, giraba accionada por un engranaje troncocónico conectado a la maquinaria del molino. En su día debió estar introducida en una cuba o carcasa cilíndrica a la que llegaría el grano y el agua, para ganar humedad mientras el dispositivo giraba y las palas volteaban el cereal que se impregnaría así de humedad, a la vez que se ablandaba ligeramente como paso previo a su molienda.

Junto a la casa principal, de tres plantas, que albergó las dependencias del molino, las salas de molienda, los graneros y la vivienda, se añadió décadas después una construcción, a modo de nave o almacén, que funcionó también como “venta”. Una vieja fotografía fechada en la década de los 30 del siglo pasado (3) nos la presenta en pleno funcionamiento. Sobre la puerta de entrada puede leerse “Santa Inés, comestibles y bebidas”. En ella se ve un flamante autobús de la época perteneciente a la “Empresa Jerez Ómnibus” parado junto al Molino del Zumajo, en la que un grupo de viajeros que se dirigen a visitar el manantial de Tempul, han hecho un alto en el camino.

Al perderse el molino harinero, hace ya medio siglo, empezó también el deterioro del edificio que albergó también un palomar. Sea como fuere, el viejo Molino de Santa Inés o del Zumajo, situado en un paraje a orillas de uno de los arroyos mejor conservados de la cuenca, merece ser rescatado del olvido y de la ruina.



No nos cabe duda de que, si fuese restaurado, sería un enclave ideal para el turismo rural, rodeado como está de sotos ribereños, de dehesas de alcornoques y encinas, orlado por el canal del Guadalcacín que tiene en sus cercanías un sorprendente acueducto. Y junto a todo ello la singularidad –fruto de un curioso error que aún se mantiene en la cartografía- de haber sido el enclave de un cenobio “fantasma”: “el “Monasterio de Santa Inés”, que nunca existió.

Para saber más:
(1) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Ed. facsímil. Ámbito, Salamanca, 1986. Pg. 59.
(2) Diario “La Correspondencia de España”, nº 9128, 20 de marzo de 1883
(3) Barragán Muñoz, M. Coord.: Aguas de Jerez. Evolución del abastecimiento urbano. Ed. Ajemsa. Jerez de la Frontera, 1993. Tomo I. Pg. 199. De esta publicación hemos tomado la fotografía citada.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/02/2017

 
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