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San Telmo: el “puerto” de Jerez.
Un sueño de siglos.




A mediados del siglo XIX la ciudad estaba empeñada en uno de sus más grandes desafíos: tener una vía de unión directa con el mar para facilitar la exportación de vinos. La línea férrea Jerez-El Trocadero, la primera de Andalucía, haría realidad en 1856 buena parte de aquel viejo sueño que durante tantos años acarició la ciudad. Un sueño que se resumía en aquel grito de “¡Al Trocadero!”, que se hizo tan popular, como síntesis de todos los anhelos y que un poeta local resumía con un expresivo verso: “Fuera las dudas y el terror siniestro, demos un paso más y el mar ya será nuestro”. Llevar Jerez al mar … (1)

Siglos atrás, sin embargo, la gran aspiración de la ciudad era otra mucho más ambiciosa: traer el mar a Jerez. Desde el siglo XVI, de manera recurrente, el concejo anduvo embarcado en dos grandes empresas: la traída de aguas y la canalización del Guadalete y su unión con el Guadalquivir. Si bien la primera de ellos vio la luz avanzado ya el XIX, la mejora de la navegación por el Guadalete y el sueño de acercar el río y el mar a los pies de la ciudad, han conocido tantas frustraciones como proyectos se han sucedido en todos estos siglos.

Un embarcadero en la Puerta Nueva y la Ermita de Guía.



Al menos desde el quinientos, la historiografía local ofrece no pocas referencias sobre distintos estudios e informes que pretendían “hacer de Jerez puerto de mar”. De ellos nos da buena cuenta el investigador A. M. Cuadrado Román en sus documentados trabajos acerca de los proyectos de obra pública hidráulica en Jerez y apunta que, “por su elevado coste económico, las rivalidades de las ciudades vecinas o la desidia político administrativa” nunca llegaron a materializarse. El lector curioso podrá encontrar amplia información de ellos en las distintas publicaciones del citado autor (2).

Por reseñar sólo algunos de estos proyectos, citaremos que Fray Esteban Rallón, en su Historia de Jerez de la Frontera, recoge ya en 1563 el de Guillermo Banesque (o Guillermo Báñez, según el historiador J. Portillo), quien sostuvo ante el cabildo que el río “se podía traer hasta la Puerta Nueva” del Arroyo, o el de Martín Alemán (1573), ingeniero y relojero del rey, quien pretendía “volver a su madre el río Guadalete y acercarlo a la ciudad y ponerlo en el convento de Guía” (3).



Primera noticia de la traza. Atribuida conjuntamente a Juan de Herrera, que dibujaría la representación de la ciudad, y a Pietre Janson, que trazaría la canalización y muelle de embarque.



Igualmente sugerente es la propuesta atribuida por F. Íñiguez Almech (4) a Juan de Herrera y Pietre Janson (1566) de la que se conserva un curioso plano en el que se representa la ciudad de Xerez a cuyos pies aparece un puerto artificial, integrado por dos lagos circulares, con acceso desde la Puerta Nueva y la Cuesta de San Telmo. Estos lagos circulares se unen por un canal. Del lago superior nace hacia la derecha otro canal que conduce a un tercer estanque, ubicado junto al río en El Portal (5). Como dio a conocer N. García Tapia, este proyecto, basado en la traza anterior, sería desarrollado por el carmelita Fray Mariano Azaro y el ingeniero Francisco de Montalbán (1581) quienes lo presentaron al Consejo de Estado del rey Felipe II y que lleva por nombre: “Relación que el padre Mariano Ázaro hizo a su Majestad sobre el estuario navegable que se pretende hacer en Jerez de la Frontera s/f, aunque remitida al Consejo Real el 7 de Noviembre de 1582” (6). Las dársenas circulares estarían muy cercanas a la ciudad, en la Puerta Nueva y San Telmo, unidas por un canal navegable de 3.500 pies, comunicadas a su vez con una tercera ubicada en el Portal, junto al río a través de un largo canal de 9.400 pies y 30 de anchura. El canal se llenaba aprovechando las aguas del Guadajabaque y terminaba en el río Guadalete, situado a un nivel algo más bajo. Los barcos procedentes de la Bahía de Cádiz desembarcarían sus mercancías en el muelle del río y a través de los canales serían transportadas a la ciudad (7). El informe apuntaba también la interesante idea de que esta doble dársena a los pies de la ciudad permitiría que la flota de Indias pudiese atracar en Jerez sin necesidad de remontar el Guadalquivir y su peligrosa barra. ¡Se imaginan si se hubiese realizado…!



En 1604, el portugués Antonio Grafión, (8) quien dirigió la fábrica de pólvora de Cartagena, propone también la construcción de un canal desde El Portal a la Puerta Nueva… Y como éste otros muchos proyectos que pretendían acercar el río a la ciudad o la unión del Guadalete con el Guadalquivir…. Un sueño de Jerez que duró siglos.

Los proyectos de Juan Machimbarrena.



En el “ADN” de la ciudad debe estar –como se dice ahora- el sueño de "una salida al mar". Por esta razón no dejaron de sucederse proyectos y más proyectos. Tanto es así que, la última de estas iniciativas fallidas tuvo lugar hace apenas setenta años, en 1946, y se debe al ingeniero de caminos vasco Juan Machimbarrena Aguirrebengoa. Machimbarrena, quien fuera presidente del Partido Republicano Federal de Guipuzkoa en 1931, había ocupado la plaza de ingeniero municipal de San Sebastián en la década de los veinte del siglo pasado, interviniendo directamente en las grandes reformas urbanísticas que se llevaron a cabo en aquella ciudad, entre ellas la intervención en las obras de canalización y desvío del río Urumea.

En 1946 sustituye a Antonio Durán Tovar, como Director de la Comisión Administrativa de la zona portuaria de El Puerto de Santa María. Entre otras muchas iniciativas de mejora (drenajes, ensanchamiento y encauzamiento del río, construcción de muelles comerciales…) plantea también la conveniencia de mejorar las comunicaciones terrestres del Puerto de Cádiz a la vez que apunta la novedosa idea de establecer una “comunicación marítima fluvial entre Cádiz y Jerez de la Frontera” (9).

El ingeniero pretende ante todo “abaratar las comunicaciones de los puertos de la bahía de Cádiz” ante el auge que está empezando a tener el movimiento comercial en la zona y presenta su proyecto como una alternativa a la doble vía de ferrocarril que por entonces demandaban las autoridades de Cádiz. A juicio de Machimbarrena la solución ferroviaria no evitaría el gran coste económico que suponía “el volumen innecesario de toneladas-kilómetro a transportar por el contorneo de la bahía”. Junto a estas consideraciones reconocía también que “la zona servida por el Guadalete” tenía un enorme peso comercial y que Jerez era “el verdadero centro de gravedad de la provincia, convergiendo en ella el ferrocarril Cádiz-Madrid, el de Jerez-Almargen y el de Jerez-Sanlúcar, así como las carreteras a Algeciras, Medina, Arcos, Cortes, Sevilla, Cádiz, Trebujena y Sanlúcar”.

Como consecuencia de este diagnóstico basado en criterios técnicos y económicos, redacta en 1946 su anteproyecto denominado “Plan General de Habilitación del Puerto de Puerto de Santa María y enlace fluvial con Jerez de la Frontera”. En última instancia pretende con él establecer una comunicación marítima fluvial entre Cádiz y Jerez.

El Canal de El Portal.

Machimbarrena propone para ello el “encauzamiento y canalización del río Guadalete al Portal, en longitud de 10 kilómetros, y la construcción de un canal desde este último lugar a Jerez, con un desarrollo de 5 kilómetros”. Además de las razones económicas ya expuestas, argumenta como la canalización de ríos es algo habitual en los países europeos e insiste en un claro principio inspirador de la idea afirmando que introducir el mar, “adentrando la navegación hasta el propio corazón de una zona terrestre es, en buena economía, cosa mucho más deseable que lo contrario, esto es, alargar la tierra introduciéndola en el mar”.

El proyecto contempla realizar algunas modificaciones en un tramo de 12 km. del río, desde el Puente de San Alejandro hasta El Portal. A decir del ingeniero, el Guadalete presenta en su cauce entre estos dos puntos, “grandes alineaciones rectas y curvas perfectamente aprovechables”. Para facilitar la navegación, y dar al encauzamiento la traza adecuada, planea realizar 11 cortas con las que rectificará los meandros más cerrados y “las bruscas inflexiones y pequeños radios que hoy tiene el río”, reduciendo también con ello su recorrido en dos kilómetros (10).

Desde El Portal se proyecta un canal de 30 m. de anchura (que podría, incluso, reducirse a 20) con un calado mínimo de 2 m. calculado para la marea más baja de las previstas (la “Bajamar Viva Equinoccial”). Las márgenes del río se recrecerían con los materiales extraídos de los dragados y excavaciones de las cortas formando un malecón de 1 metro de altura por encima de la cota que alcanza la máxima pleamar prevista en la zona, cuya onda de crecida, como recuerda el ingeniero, se deja sentir hasta las “inmediaciones del Puente de Cartuja”. Conviene recordar, a este respecto, que antes de la construcción del azud de La Corta, la carrera de la marea llegaba hasta el citado puente y que en los siglos medievales pudo llegar hasta las cercanías de La Greduela. A los lados del río y del canal proyectado por Machimbarrena se trazarían caminos de servicio y sirga para los vehículos que remolcasen a las barcazas. “Como el volumen de la excavación para construir el canal navegable, incluidas las cortas, asciende a unos 2.000.000 de m3, de los que 1.200.000 corresponden al canal del Portal a Jerez, vemos podía disponerse de productos suficientes para rellenar y explanar caminos de servicio y sirga en las márgenes del río y zonas de embarcaderos, muelles y terrenos de expansión contiguos”.

El “puerto de San Telmo”.

El trazado del nuevo canal para llegar hasta la ciudad arrancaba del cauce del río a la altura de El Portal (aguas arriba de la vieja azucarera) y “discurre… por un primer tramo paralelo al ferrocarril, cruzando a éste en el kilómetro 114, y a continuación a la carretera general a Cádiz”. Este cruce se producía en la zona de la actual Estación Depuradora de Aguas Residuales y desde este punto, se proyectaba por los terrenos más bajos del actual polígono industrial de El Portal: “...desde aquí la traza seguirá el cauce seco que hoy existe paralelo a la carretera general, a la que nuevamente cruzará antes de llegar hasta las playas de San Telmo”.



Esta vaguada (cauce del antiguo rio Guadajabaque) fue utilizada posteriormente para la construcción del colector principal de aguas residuales de Jerez, actualmente canalizado a través de la depuradora.

El “mar”, o “el mar a través del río y de un canal”, llegaba así hasta las explanadas a los pies de la ciudad, donde años más tarde se levantarían las barriadas de Federico Mayo, San Telmo, Santo Tomás de Aquino y Cerrofruto, y donde Machimbarrena proyectó los embarcaderos y muelles del que hubiese sido el “puerto de San Telmo” o el “puerto de Jerez”. Este muelle terminal, perfectamente unido por carretera con la población, contaba también en el con un ramal de ferrocarril enlazada a la línea Jerez-Sanlúcar desde la cercana estación de La Alcubilla (11). Recordaba el ingeniero que “una vez concluidas las obras y construidos los muelles y embarcaderos en El Portal y Playas de San Telmo, la navegación podrá efectuarse, bien con carácter puramente fluvial, ente Jerez y el Puerto de Santa María, o mixto, fluvio-marítimo, entre Jerez y Cádiz”.



El canal estaba diseñado para permitir el paso de grandes barcazas automotoras o bien conducidas por remolcadores desde el río o arrastradas por sirgas desde las orillas, habiéndose calculado que el tiempo invertido para recorrer los 15 km. que separan Jerez y El Puerto no excediese de hora y media. El coste total del proyecto, que requeriría unos seis años de obras, rondaba los 91 millones de pesetas, estando previsto un volumen de tráfico fluvial de medio millón de toneladas.



Cuando desde el mirador situado junto a la Ermita de San Telmo contemplamos hoy la zona del polígono industrial de El Portal, o los populosos barrios de la Zona Sur, imaginamos por un momento el canal de Machimbarrena y nos parece ver, junto a la plaza de la Iglesia de Federico Mayo, los muelles y el embarcadero de las Playas de San Telmo, aquel Puerto de Jerez que –otra vez más- quedó en un sueño.

Para saber más:
(1) García Lázaro, A. y J.: Nuestro patrimonio ferroviario. Algunos elementos singulares de la línea férrea de Jerez a El Portal. Diario de Jerez, 11/01/2014
(2) Entre otros trabajos que hemos consultado citamos Cuadrado Román, A.M. “Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90 y, especialmente, “Un proyecto económico revolucionario en la españa de los austrias: la construccion de un canal para la union de los rios guadalquivir con guadalete, y pasar la casa de contratacion de indias, a jerez de la frontera”, C.E.H.J., 18/03/2014. Recomendamos también al lector interesado la serie de 5 artículos publicados por este autor en Diario de Jerez que llevan por título El Canal de Guadajabaque (I-V), así como el titulado El puerto de Jerez. El proyecto secreto de Felipe II. Diario de Jerez 02/06/2013.
(3) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Ed. de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III, pp. 155. y 195
(4) Íñiguez Almech, F.: Los ingenios de Juan de Herrera, El Escorial, 1563-1963, IV Centenario de la Fundación del Monasterio de San Lorenzo el Real, II, Arquitectura, Artes, Madrid, 1963, pp. 181-214.
(5) La descripción de ha tomado de “Plano topográfico con canal navegable entre Jerez de la Frontera y el río Guadalete/ Fray Ambrosio Mariano Azaro y Francisco de Montalbán. IBIS. Base de datos del patrimonio bibliográfico del Patrimonio Nacional” , así como de Cuadrado Román, A.M.:Un proyecto…”. (véase cita 2).
(6) Cuadrado Román, A.M.:Un proyecto económico…”, p.3
(7) De los Ríos Martínez, E.: Los informes de Cristóbal de Rojas y Julio Cesar Fontana para hacer un muelle y un puente sobre el río Guadalete en Jerez de la Frontera. Laboratorio de Arte 14 (2001) 13-35. p. 16
(8) Cuadrado Román, A.M.: El Canal de Guadajabaque. Diario de Jerez, 20/11/2012.
(9) Todas las referencias al proyecto de J. Machimbarrena se han tomado de: Machimbarrena Aguirrebengoa, Juan.: Las comunicaciones terrestres del Puerto de Cádiz. Revista de Obras Públicas. Nº 2807, Marzo 1949, pg.97-104. De este artículo proceden los párrafos entrecomillados y los croquis.
(10) Algunos de las ilustraciones de los planos del proyecto de J. Machimbarrena y en especial los que muestran el trazado, se han tomado de: Barragán Muñoz, J. Manuel (1995):Un nuevo río para un nuevo puerto”, en Puerto, ciudad y espacio litoral en la bahía de Cádiz: las infraestructuras portuarias en la ordenación del espacio litoral de la bahía de Cádiz. Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz. Pg. 91-92.
(11) La fotografía de la Estación de la Alcubilla, derribada en 1990 ha sido tomada de la web del Club Ferroviario Jerezano.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Puentes y obras públicas, Río Guadalete, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 12/10/2014

Paisaje con ciudad al fondo.
La vista de Xeres de la Frontera de Joris Hoefnagel (S. XVI).




Un hombre lleva sobre sus espaldas un pesado odre. Camina con dificultad detrás de unos arrieros que conducen una recua de mulos cargados de sacos hacia la ciudad que se nos muestra cercana, extendida en el horizonte sobre las lomas de la campiña. Ocupando el centro de la escena, en primer plano, un distinguido personaje, vestido con ricos atuendos, sujeta por la empuñadura su espada envainada mientras tiende la mano a una dama. En sus cercanías dos jinetes, portando lanzas y escudos, escaramuzan junto al “camino para el Puerto de S. María y para Cádiz”. Al fondo del grabado, cercada de muros, una ciudad nos muestra su dilatado caserío en el que despuntan las torres de sus iglesias. Una ciudad, Jerez, que es ya a mediados del siglo XVI una de las más pobladas del reino. Esta es la estampa que ofrece Hoefnagel en su vista de Xeres de la Frontera realizada entre 1563 y 1567. (1)

Jerez en el primer atlas moderno.

Esta ilustración forma parte de una magna obra que con el título de Civitates Orbis Terrarum, vio la luz entre 1572 y 1617 editada por el impresor Georg Braun y en la que se incluían también grabados del cartógrafo y pintor Franz Hogenberg. Concebida como complemento al atlas del mundo de Abraham Ortelius (Theatrum Orbis Terrarum), en esta obra monumental colaboraron más de un centenar de cartógrafos, dibujantes y pintores paisajistas que dejaron testimonio de numerosos rincones de todos los continentes conocidos, lo que nos ha permitido retener en imágenes muchos aspectos relevantes de la vida cotidiana y la fisonomía de las ciudades del siglo XVI.

Uno de estos colaboradores que viajó por diferentes países europeos dibujando y pintando vistas fue el artista flamenco Joris Hoefnagel, quien pudo visitar Jerez entre los años 1563 y 1567, dejando así testimonio gráfico de Jerez con este singular grabado de gran valor histórico, que ha quedado ya como una de las primeras estampas en las que se aprecian muchos detalles de cómo era nuestra ciudad a mediados del siglo XVI. Esta vista de Xeres de la Frontera será incluida en la selección de 480 ciudades de todo el mundo que integrarán la colosal obra Civitates Orbis Terrarum.

Algunos autores mantienen que el trabajo de Hoefnagel pudo estar inspirado en uno anterior realizado por el dibujante paisajista flamenco Anton Vanden Wyngaerde, quien recorre España desde 1561 por encargo de Felipe II para dibujar una colección de 62 vistas de las ciudades más notables del reino, y quien dedica también varios de sus dibujos a Jerez (2). Si bien las vistas de “Antonio de las Viñas” (como se conoce también a Wyngaerde, y de quien nos ocuparemos en otra ocasión) son más detallistas y meticulosas, las de Hoefnagel son más espectaculares y luminosas, más coloristas y escenográficas. Como esta de Jerez que comentamos. O como las dedicadas a Conil, Vejer, Setenil, Bornos, Zahara, Los Palacios, Las Cabezas, Lebrija y otras muchas ciudades andaluzas que se deben también a su mano.



El Jerez del XVI: una gran ciudad en expansión.

En estos años en los que Hoefnagel visita Jerez, entre 1563 y 1567, la ciudad cuenta con numerosas iglesias y conventos y las obras de la Cartuja están ya muy avanzadas. Son los años en los que se termina la Cruz de la Defensión y en los que el puente del Guadalete en el Vado de Medina lleva ya dos décadas prestando sus servicios. Los Hospitalarios de San Juan de Dios de instalan en el Llano de San Sebastián, actual Alameda Cristina. Como cuenta Rallón (3), el cabildo planea construir una calzada desde la ciudad a El Portal, para facilitar el transporte de vinos hasta el embarcadero, así como de mejorar el camino hasta el convento agustino de Guía. De la misma manera, se estudian los proyectos de acercar el río hasta la Puerta Nueva presentados por ingenieros holandeses, o los que pretenden traer el agua desde la fuentes de Badalejo y Pedro Díaz como propone el licenciado Bravo. Rallón nos recuerda que en 1567 “florecía en esta ciudad un siervo de Dios llamado Juan Pecador” que pretendía hacer un hospital para los pobres necesitados y enfermos… Pero volvamos a la vista de Hoefnagel.

Manuel Mª González Gordon, en su conocida obra Jerez, Xerez, Sherish, nos aporta un valioso testimonio de aquel Jerez reflejado el grabado de Hoefnagel: la traducción de algunos fragmentos del texto latino que figuraba al dorso del grabado, en el atlas en el que fue publicado en 1565, traducidos por D. Teodoro Molina Escribano quien fuera abad del la Colegiata de Jerez. En él se afirma que Jerez es una “…ciudad conspicua por lo espaciosos de su asiento y amplitud de sus muros…Sus campos, plantados de viñedos y cereales, feraces en vinos, aceite, trigo y todo género de frutos, de tal suerte son productivos que se muestran en cualquier tiempo, contra la credulidad de los hombres, como en una perenne primavera y perpetuo verdor que matiza sus variadas mieses y sus vastísimos prados, cubiertos y vestidos del verdor de sus granos y flores, constituyen el encanto de quien los contempla… De aquí proceden los famosos vinos que son exportados hasta las gentes de la India, y Alemania, Francia, Inglaterra, Escocia, Holanda y a todas las regiones del Universo son exportados todos los años… Es tal la cantidad de vino que anualmente produce este territorio a sus cultivadores, que apenas bastan para almacenarle 40.000 vasijas de tres anas cada una, y alguna vez se ha comprobado que el número de estas vasijas de madera pasó de 80.000. Esta región produce prestantísimos caballos entre todas las regiones de España, principalmente de carrera… son educados por nobles con una industria admirable divirtiéndose grandemente con sus carreras en los hipódromos cuando celebran combates a caballo en los que mutuamente se ejercitan con cañas en vez de lanzas, a la manera como los moros suelen manejar las lanzas y arrojarlas contra los enemigos. En la lengua patria estos juegos se llaman “Juegos de Cañas”. (4)

La vista de Xeres de la Frontera.

A nadie escapa que las vistas de ciudades aportan una valiosa información para el estudio del paisaje urbano, de su entorno natural y del medio físico donde se enclavan. Por esta razón cuando observamos detenidamente estos primeros grabados de Jerez que han llegado hasta nuestros días y, en especial los realizados en el siglo XVI, hace ya 450 años, podemos conocer también algunas claves del contexto geográfico, político, económico y comercial de nuestra ciudad.

Así, en la escena que nos ofrece Hoefnagel aparecen ya los rasgos definitorios del paisaje de la campiña tal como hoy pueden contemplarse todavía, destacando las suaves lomas que rodean de la ciudad en las que ya ha desaparecido la vegetación natural que ha sido sustituida por cultivos. Entre ellos destacan especialmente los viñedos, que alternan en la imagen con lo que posiblemente podrían ser campos de cereal y con prados que llegan hasta los mismos muros. Son las tierras de los pagos de Torrox, Anaferas, Gibalcón… que desde las faldas de San Cristóbal se extienden hasta las cercanías de la ciudad. El casco urbano se adapta también a esta topografía irregular de la que la imagen de Hoegnagel ha sabido captar sus rasgos más llamativos. En el extremo de la derecha se aprecia el punto más elevado ocupado por el Alcázar, reflejándose también el pequeño valle del Arroyo de Curtidores, cuyas laderas condicionan la disposición del muro y el caserío.

La imagen muestra también algunas construcciones relevantes en los extramuros de la ciudad, apreciándose en el centro, en segundo plano, la ermita de “Nuestra Señora de Guía junto a la que hay también otras edificaciones. En estos años, este lugar es un monasterio agustino del que los frailes se trasladarán en 1643 al que fuera Hospital del Pilar. De la misma manera se refleja también en la escena el antiguo camino de “los Puertos y Cádiz”, a la izquierda de la imagen, que partía de la ciudad por la Puerta del Arroyo, abierta en 1500. El grabado lo señala explícitamente con la leyenda “Camino para el Puerto S. María y para Cádiz”, y es normal que así se destaque ya que era una de las vías de comunicación más importantes y transitadas de nuestro entorno, que cruzaba el mencionado arroyo por una alcantarilla situada junto a la Ermita de Guía, como parece reflejarse en el grabado. Algunos de los caminos que bajan de la Sierra de San Cristóbal se aprecian también en la imagen, así como una curiosa cuesta muy empinada que nos recuerda, por su situación a los pies del Alcázar y del barrio de extramuros de San Miguel, a la actual “Cuesta de la Alcubilla”.

Hoefnagel ha reflejado como rasgo de identidad de nuestra imagen urbana, el recinto murado, apreciándose detalles de los lienzos de muralla, de la barbacana, de las torres, de la Puerta de Rota, del Alcázar… Entre el caserío destacan las torres y los edificios de algunas iglesias como la de San Salvador, San Mateo, tal vez San Marcos…, distinguiéndose lo que al parecer son casas palaciegas y otras construcciones de mayor envergadura, muy posiblemente bodegas. En las afueras de la ciudad se aprecian ya los barrios de extramuros de Santiago (izquierda) y San Miguel (derecha). Lo que pudiera ser una pequeña ermita con su espadaña se dibuja también en las cercanías del Alcázar, a la izquierda del camino que sube hacia la ciudad.

Las claves simbólicas del grabado de Hoefnagel.

Los profesores Javier Navarro Luna y Antonio García Gómez (5), en un interesante estudio titulado Las vistas de ciudades. Una imagen geográfica de las ciudades andaluzas en el siglo XVI, aportan algunas claves de análisis que nos ayudan a interpretar mejor este grabado



de Xerez en sus aspectos simbólicos. A su entender, como sucede también en las vistas de otros lugares, el autor quiere destacar aquí la actividad económica más significativa de la ciudad centrada en el cultivo de la vid y la producción y comercialización de vino “… y es la principal imagen que trata de transmitir el grabado de Hoefnagel, donde con gran minuciosidad se dibuja un paisaje de suaves lomas cubiertas de viñedos, en ordenadas parcelas”. En el libro original, el grabado de Jerez aparece junto al de Conil, donde, como en Jerez, también se muestra la principal actividad económica de esta villa: la pesca del atún en almadrabas y las diferentes fases de su elaboración y preparación.

Pero la vista de Xerez aporta otras muchas claves y junto al paisaje modificado por la actividad humana nos habla también de sus pobladores. Como señalan acertadamente los mencionados autores, “…la imagen presenta dos grandes planos. El primero recoge escenas y personajes costumbristas, a un lado dos caballeros luchando, símbolo quizás de su posición fronteriza – de ahí su nombre- durante muchos años entre los reinos cristiano y nazarí, seguidos de dos personajes cuyos ropajes los identifican como los dos grandes poderes de la ciudad, el uno eclesiástico y el otro nobiliario. Por último, aparece el pueblo llano en las figuras de trabajadores que dirigen una recua de mulas hacia la ciudad, y otro que carga un saco a sus espaldas y los sigue”. En relación a las dos figuras centrales otros autores, como Ferrán Soldevila (6), interpretan que los personajes centrales son “una dama y un caballero”. Sea como fuere Hoefnagel deja constancia de los diferentes estamentos de la ciudad y los representa, de manera estereotipada si se quiere, realizando aquellas actividades que cabe esperar de su posición social, vestidos y ataviados con las indumentarias propias de su rango.

Y como decorado de fondo, Jerez: “Al fondo aparece la ciudad rodeada de un imponente lienzo de murallas dado su carácter fronterizo. A lo largo del perfil urbano, que ocupa todo el frontal del fondo, se nos muestra un caserío muy concentrado, entre los que destacan las siluetas de los grandes edificios religiosos – iglesia de San Salvador- y civiles –casas palacio y bodegas- Aunque apenas se vislumbra `por la perspectiva adoptada, indicar que el paso de la ciudad islámica a la cristiano supuso una transformación radical ni en las viviendas, ni en la morfología urbana”.

En estos días fríos que anuncian ya el invierno hemos querido volver a las afueras de la ciudad para situarnos en el lugar aproximado que Joris Hoefnagel debió escoger hace 450 años para realizar su vista de Jerez. En la fotografía se refleja lo que hemos contemplado. Ni que decir tiene que nos quedamos con la imagen de nuestro dibujante flamenco.


Para saber más:
(1) Enlace con la “Vista de Xeres” de J. Hoefnagel: http://historic-cities.huji.ac.il/spain/jerez/maps/braun_hogenberg_II_6_2.html
(2) Marías, Julián.: Las ciudades de Antonio de las Viñas ABC de Madrid. 08/05/1987.
(3) Rallón, Esteban.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación. Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. III P 151-162.
(4) González Gordon, Manuel Mª.: Jerez-Xerez-Sherish. Ed. Gráficas del Exportador. Jerez. Edición de 1970. Pg. 53.
(5) Navarro Luna. Javier y García Gómez, Antonio.: Las vistas de ciudades. La imagen geográfica de las ciudades andaluzas en el siglo XVI. Dpto. de Geografía Física y A.G.R. Univ. De Sevilla. 2009
(6) Ferrán Soldevila.: Historia de España. Volumen 3. Ediciones Ariel, 1952. pg. 182

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 30/11/2013


No más “ermitas de guía”


Jerez. La Ermita de Guía en primer plano. (grabado)
De un tiempo a esta parte, y a medida que el inmenso bloque de pisos que se alza junto a la Ermita de Guía y la Fuente de la Alcubilla va ganando altura, crece también la polémica y las quejas ciudadanas. Basta acercarnos al lugar para comprobar que algo (o todo) se ha hecho mal en este asunto. Pero ya es tarde.

Cuando todavía se podía hacer algo, casi seis años antes de que empezaran las obras, nosotros, modestamente pero con toda claridad, pedíamos que se reconsiderase la idea. Lo pedíamos en un artículo que publicamos en la Revista Pliegos de Opinión en marzo de 2002, en el que decíamos exactamente esto:

Jerez de la Frontera. (George Hofnaglius. 1564)“Recuperemos el entorno de la Ermita de Guía.

La imagen histórica de una ciudad y en especial aquella que se nos muestra en los viejos grabados, son una parte importante del patrimonio colectivo, -“paisajes de la memoria”- que, en la medida en que han llegado hasta nosotros, son dignos de proteger y conservar. En el caso de Jerez, las profundas transformaciones urbanísticas que tuvieron lugar durante los tres últimos siglos, alteraron en gran medida aquellos paisajes urbanos que se divulgaron por Europa desde el S. XVI con los primeros dibujos de Antonius Van der Wyngaerde o George Hofnaglius.

Sin embargo, ninguna vista de la ciudad ha sido tan recurrente en los grabados históricos como las que muestran como primer referente de Jerez el entorno de la Ermita de Guía que, casi inalterable durante cuatro siglos, ha servido de carta de presentación, de tarjeta de visita a una ciudad que, a sus espaldas, ha ido transformándose.

Entre las imágenes más repetidas, cerrando ya el XVIII, la Ermita se recoge en los grabados con el telón de fondo de las frondosas alineaciones de álamos y olmos en la recién estrenada Alameda Vieja de Eguiluz, con los vallados de estacas descritos por Antonio Ponz en la cuesta de la Alcubilla... En torno a este lugar, serán después las grandes Fuente de la Alcubillabodegas que cambiarán la perspectiva de la zona, las que desvelarán a los viajeros avisados o a quien viera esas hermosas estampas urbanas del XIX, que la nuestra, más que ninguna otra, era la ciudad del vino. Y en primer plano, con todo detalle, la Ermita de Guía y la Alcubilla, como la contemplamos en las litografías de Luis Tasso o en aquellos otros grabados de Comba y de Gratry donde siempre la vemos presidiendo las vistas y la entrada de Jerez desde los Puertos, en un espacio abierto que hermosea la imagen de la ciudad y al que dan vida un curioso ir y venir de trajinantes, viajeros, gente de a pie y de a caballo, niños jugando a los toros en torno a la fuente...

Ermita de GuíaY luego, cuando Jerez ofrece ya una imagen industrial y fabril, con los primeros signos del ferrocarril y los postes del tendido eléctrico anunciando un vuelco de los tiempos, la Ermita de Guía sigue ahí, despejada, en un ameno paraje, junto a la alcantarilla del viejo Arroyo de Curtidores, acaso algunos olmos, algunos álamos junto a la Alcubilla. Y tras ella, siempre cambiante, la ciudad. Más tarde, en los años oscuros, cuando un muro cubrió el territorio diáfano, apenas una reja dejaba entrever que la Ermita, la Fuente de la Alcubilla y el solar seguían ahí, donde habían estado siempre.

Edificaciones junto a la ermitaCuando recuperada la democracia volvieron a reinventarse los espacios abiertos, los paseos arbolados, las alamedas soleadas... y pudimos reencontrarnos con los paisajes de siempre, pensamos que le llegaba la hora a la Ermita de Guía y sus alrededores. Con la luminosa remodelación de la Alameda Vieja, con la feliz apertura de los jardines de Domecq y G. Byass, con la mejora de la Puerta del Arroyo…, veíamos muy cerca la definitiva recuperación de este lugar tan nuestro. Y se restauró por fin la Ermita, y se limpió su entorno y cuando ya esperábamos la intervención definitiva, descubrimos de pronto que todo era un espejismo. Promociones inmobiliarias comenzaron a cercar el viejo solar y se disipó toda esperanza al ver surgir en sus Edificaciones junto a la ermitaalrededores bloques de pisos, calzadas, aparcamientos, muros y más muros.

Y entonces, en un rapto de especulación intensiva del suelo, alguien decidió un día que los paisajes urbanos no son protegibles (o lo son a capricho), que los horizontes (pequeños horizontes en este caso) no están catalogados en ningún PGOU, que bastaba con que la Ermita asomara un poco por un lado o que un rótulo anunciara que detrás de unos bloques de pisos se esconde un monumento.

Edificaciones junto a la ermita“Queremos un parque”, escriben ahora los vecinos en los muros. Pero el Ayuntamiento, ¿hipotecado? por un remoto compromiso urbanístico no parece capaz de enmendar lo que ya se juzga, por muchos, como otro error, otro más de los que no será tan fácil dar marcha atrás si no se hace ahora, cuando todavía no se ha puesto un ladrillo. Y eso es lo que, con tantos jerezanos, pensamos que debe hacerse. Porque aún estamos a tiempo.

Edificaciones junto a la ermitaEn esta ciudad de espacios abiertos, pródiga en solares donde construir y con este Ayuntamiento, que tantas veces permuta, expropia, cambia, trastoca planes cuando bien le parece... cuesta trabajo creer que no pueda respetarse un espacio histórico, un paraje singular, un lugar que debe ser conservado, abierto y diáfano. Contrasta enormemente –inexplicablemente- lo que aquí quiere hacerse con lo que se anuncia para el entorno del Teatro Villamarta. Si aquí se augura ya el derribo del edificio de Correos para ganar una plaza, allí se prepara la construcción de bloques de pisos, para perder uno de los espacios abiertos con más tradición de la ciudad.

Sin embargo, nos tememos lo peor. Por eso hacemos -modestamente, sin gritos ni pintadas- un llamamiento a enmendar un desatino anunciado. Y apelamos para ello al mismo impulso cívico Edificaciones junto a la ermitade la mano del cual se salió al encuentro de un Jerez más habitable, con la lenta pero progresiva restauración del entorno urbanístico, de la recuperación de las plazas con bancos y naranjos, de las nuevas alamedas y parques soleados, de rincones que se perdían y que han vuelto a la vida.

El Ayuntamiento tiene ahora una magnífica oportunidad de hacer justicia con un retazo de nuestro pasado urbano, aquél que nos sirvió tantas veces de tarjeta de presentación, de imagen gráfica del Jerez de siempre, ese que ahora parece ya condenado a desaparecer. Ahora que aún podemos, recuperemos el entorno de la Ermita de Guía, pongamos a salvo “el paisaje de la memoria”. (Agustín García Lázaro, Marzo de 2002).”

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Hubo después más voces, pero no llegamos a tiempo. Sin embargo no es tarde todavía para que no haya “otras ermitas de guía” de las que lamentarse. Así lo hemos apuntado en estas páginas en las que hemos querido llamar la atención sobre el patrimonio amenazado, sobre el deterioro del entorno de nuestros monumentos, de nuestras vías pecuarias, de nuestras riberas, de los árboles singulares de nuestro término. Hemos alertado del vandalismo en el patrimonio en el medio rural, de las zonas arqueológicas con escasa o nula protección. Denunciamos el lamentable estado del Puente de Cartuja y hacíamos un llamamiento a poner en valor y conservar el rico patrimonio histórico y monumental disperso en nuestro entorno. Y lo hacemos ahora que estamos aún a tiempo para no volver a tener que lamentarnos de nuevo por otras “ermitas de guía” pedidas.


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