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Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

Paisajes alfonsíes en torno a Jerez.
Un recorrido por algunos lugares vinculados al rey Sabio.


En este año que termina en el que se ha conmemorado con un amplio programa de actividades el “750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla”, queremos hacer una modesta contribución haciendo un recorrido por diferentes lugares y parajes de nuestro entorno rural que, de una u otra manera, se vinculan con Alfonso X y que aparecen mencionados en distintas fuentes documentales alfonsíes.

La aldea de Grañina.

Para el conocimiento del medio natural y el entorno rural de nuestro territorio en el último tercio del siglo XIII, constituyen un referente de primer orden los denominados libros de repartimiento. En el caso de nuestra provincia se han conservado los correspondientes a Cádiz-El Puerto de Santa María, Vejer y Jerez. Pero si bien podemos conocer con bastante detalle todo lo referente al reparto urbano de las casas y solares de estas poblaciones, en lo relativo a la distribución de tierras y heredades existe lamentablemente una gran laguna, ya que a diferencia de lo que sucede en otras ciudades, en Jerez se perdió el libro del repartimiento rural a finales del siglo XVI. Por esta razón, la información que se tiene de la organización del amplio término municipal jerezano, de las tierras, parajes y aldeas que integraban su extenso alfoz es muy reducida.



El profesor Emilio Martín Gutiérrez localizó en las Actas Capitulares de 1505 la copia de un capítulo del libro del repartimiento rústico: el de la aldea de Grañina situada al pie de la Sierra de Gibalbín. El texto está fechado en 1269, y da cuenta del reparto de las tierras de este lugar entre diez pobladores. La pervivencia en el tiempo de este enclave rural debió de ser muy limitado ya que la lejanía de la ciudad dificultaba su protección. E. Martín apunta que “las indudables dificultades de toda índole que tuvieron que sufrir los pobladores de la aldea de Grañina durante las incursiones de los meriníes, que utilizaron la Sierra de Gibalbín como centro de operaciones para sus razias, provocaron presumiblemente la huida y el abandono de este lugar” (1). Aunque se desconoce el emplazamiento exacto de esta antigua aldea alfonsí, el topónimo de Gratina ha llegado hasta nosotros dando nombre a una de las hazas que integran el cortijo de Romanina, tal y como puede verse también en el Plano Parcelario del término de Jerez que en 1904 realizara Adolfo López Cepera. Sus tierras lindan con la actual cañada de Romanina que, arrancando desde las cercanías de Nueva Jarilla, llega hasta el Cortijo de La Sierra, a los pies de Gibalbín. (2)

Por Tabajete y el Guadaxabaque.




En su estudio sobre el Libro del Repartimiento de Jerez, los profesores M. González y A. González aportan también interesantes referencias acerca de algunos enclaves rurales en los que se distribuyeron tierras a los primeros pobladores de la ciudad. Buena parte de los nombres de estos parajes o aldeas han pervivido hasta nuestros días, quedando así –de alguna manera- la huella alfonsí en muchos de nuestros topónimos.

En 1267 se concedieron a los franciscanos tierras y huertas junto a la Puerta Real y a los dominicos junto a los caminos de Sevilla y Sanlúcar. Estos últimos recibieron además 1.000 aranzadas en distintos lugares del término: “…ochocientas cabe é pasado Guadaxabaque en la media legua de carrera que va de Xerez a Solúcar,… é las doscientas á comprir, en un olivar, é mas tierra en el sitio de Tabayet por soma de un cerro antes del Arroyo” (3). En la actualidad Tabajete aún da nombre a un cortijo y aún extenso paraje ubicado al borde las marismas del mismo nombre, junto a Mesas de Asta.

Peor suerte ha corrido el Arroyo de Guadajabaque, cuyo tramo final ha “desaparecido”, literalmente, canalizado en parte a través de la laguna de Torrox y a través de los colectores que corren por el polígono industrial El Portal. Sin embargo, aún queda constancia en la actualidad de aquellos originarios repartos alfonsíes a la orden de predicadores, ya que las tierras que se extienden a ambos lados de la



carretera de Sanlúcar, en sus primeros kilómetros, conservan aún el nombre de Santo Domingo, al igual que el cortijo que las preside, del que nos llama la atención su edificio principal que fuera en otro tiempo una renombrada casa de viña. No debe extrañarnos la pervivencia en el tiempo de este topónimo ya que, no en balde, pertenecieron a los dominicos casi seis siglos hasta la desamortización de 1835. El actual Arroyo de La Loba, que cruza también la “carrera de Solúcar” y que linda con las tierras de Santo Domingo, formó parte en su día de la cabecera de aquel río Guadajabaque mencionado en los documentos alfonsíes. (Ver mapas).



En las donaciones realizadas por el Rey Sabio a diferentes Órdenes Militares aparecen también, desde los primeros días de la ocupación cristiana del territorio jerezano, otros nombres de distintos rincones de nuestro término que aún hoy nos resultan familiares. Como los que figuran, por ejemplo, en el documento de la donación a la Orden de Calatrava en 1269 de “…3 aranzadas de huerta, cerca de la muralla, 8 aranzadas de viña en Barbaina, 30 aranzadas de olivar y 12 yugadas de tierra de labor en Crespellina”. Según el mismo privilegio, la Orden de Alcántara, recibió también huertas junto a la muralla y a la Orden de Santiago se le asignaron tierras de viña y olivar en Casarejos, Vicos y Barbayna, parajes todos ellos que aún dan nombre a otros tantos pagos del alfoz jerezano. Las Mesas de Santiago o “de Santiago de Fe” figuran, así mismo, entre los lugares que en 1270 Alfonso X concedió a Fernando Alfonso de Mendoza, a quien quiso premiar entregándole “la aldea de Fe con su torre” (4).



El Portal y el Guadalete.

Junto a los ya citados, existen en los documentos alfonsíes otras referencias a distintos topónimos de nuestro entorno. Tal es el caso de las menciones a la aldea de El Portal y al río Guadalete.

La historiografía tradicional jerezana atribuye la fundación de la aldea de El Portal al rey Sabio. Así lo apunta por ejemplo, entre otros autores, Parada y Barreto, quien sostiene que tras la sublevación mudéjar, que acabo con la guarnición cristiana del alcázar de la ciudad, “…volvió D. Alonso el Sabio a aparecer por segunda vez en los campos de Jerez y con ánimo entonces decidido de asegurar para siempre la población […] sentó sus reales a alguna distancia de la ciudad […] Dícese que D. Alonso puso su campamento hacia el sitio que llaman del Portal y que dejó allí fundada una villa que ha desaparecido con el tiempo.



En dicho sitio que sirve de puerto a Jerez para el comercio de transporte por el Guadalete, existía una ermita de Nuestra Señora del Portal, cuya imagen, que había sido encontrada allí en un pozo en 1709, gozaba de gran devoción y se le atribuían multitud de prodigios. Dicha imagen fue trasladada en 1752 a la iglesia de San Miguel…
” (5).



Sea como fuere, el nombre de este antiguo enclave es mencionado ya en las fuentes alfonsíes y así aparece en un documento de deslinde (27/06/1269) de los términos de La Puente de Cádiz, donde se señala que en las salinas del Zurraque se encuentra el mojón que divide los términos de La Puente, Medina y El Portal (6). Es muy probable que el origen de esta población pudiera estar en la reutilización o ampliación de un antiguo embarcadero árabe que se ubicase en la zona y que recobraría una mayor importancia estratégica como puerto fluvial del Guadalete, una vez que la alquería musulmana de Alcanate situada aguas abajo, pasara a manos cristianas con el nombre de Santa María del Puerto controlándose definitivamente la desembocadura del río.

Un suceso milagroso.

De lo que no cabe duda es que tanto El Portal como el Guadalete aparecen también citados en las Cantigas de Santa María. En una de ellas, la nº 356, se glosa “como Santa María do Porto fez viir hua ponte de madeira pelo rio de Guadalete pera a obra de sa igreja que fazian, ca non avian y madeira con que lavrassen”. El supuesto milagro de la Virgen narrado en esta cantiga hace referencia a la curiosa forma en la que pudo obtenerse la madera



necesaria para erigir la iglesia-fortaleza (actual Castillo de san Marcos) que Alfonso X mandó construir en Santa María del Puerto y de la que se carecía (7). Así, las vigas que se precisaban para los andamiajes de los muros y las cimbras de las bóvedas pudieron levantarse gracias a que una providencial riada del Guadalete arrastró milagrosamente un puente de madera existente en El Portal que llegó flotando por el río hasta los pies del castillo. La versión en castellano actual del “milagro” narrado en la citada cantiga es la siguiente: “Hizo venir una riada de agua, que pasó por el Portal / y arrastró un puente de madera, tan íntegra / como en él estuviera; nunca se vio mejor. / Y por el río Guadalete la hizo llegar, / tal como estaba, allí donde / construían la iglesia, / para que no fallasen en terminar / a tiempo la obra” (8).

Este delicioso relato esconde algunos datos de gran interés que, como sucede en muchas otras cantigas, pudieran tener alguna base cierta. El río Guadalete se presenta aquí como un curso caudaloso y de grandes crecidas, característica a la que ya se aludía también en la Cantiga 328. El profesor Martín Gutiérrez nos recuerda como en esta cantiga, al enumerarse las bondades de la alquería de Alcanate (el actual Puerto de Santa María), se señala que está situada entre el Guadalquivir –“que es muy noble río en el que entran muchas aguas y por el que pasan grandes navíos”- y el Guadalete, “que corre con mucho brío” (9).

El texto de la Cantiga 356 confirma también la existencia del enclave de El Portal y de su relativa importancia, que deducimos por la posible ubicación en este lugar de un puente de madera (o de barcas), en las proximidades del embarcadero. De ser cierto, nos encontraríamos con uno de los primeros puentes documentados en la cuenca del Guadalete, levantado tres siglos antes del puente de cantería que en el s. XVI se construiría en el vado de Medina. Dado que en los siglos medievales no se tiene noticia de otros puentes en este sector del río -que se cruzaba por vados, pasadas y barcas- cabe pensar que en la elección de este lugar para su construcción pudo pesar el hecho de que por El Portal se accedía más directamente que por otros vados a la calzada que conducía hacia La Puente de Cádiz. Esta vía pasaba por las tierras del Tesorillo, Frías y Bolaños y circundaba las marismas situadas en la margen izquierda del Guadalete, un camino que aún hoy discurre por la antigua Cañada Real de la Isla y Cádiz.

Habría que esperar hasta el siglo XX para que, el viejo puente de madera de El Portal que por la intervención milagrosa de la Virgen fue arrastrado por una riada del Guadalete hasta Alcanate, fuese sustituido por uno de hierro, el conocido como “Puente de la Azucarera”.



Hoy, el “Puente de la Herradura” ocupa el lugar de aquellos para seguir comunicando Jerez con los caminos que conducen a las tierras de Medina y Vejer y, especialmente, con esos otros que, bordeando la marisma, se dirigen a Puerto Real, San Fernando y Cádiz. Como hace 750 años cuando Alfonso X, el rey Sabio batallaba por estas tierras.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: Aproximación al repartimiento rural en Jerez de la Frontera: la aldea de Grañina. En la España medieval, 1999, nº 22, pg. 355-368. La cita está tomada de la p. 367.
(2) López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(3) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, (Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. I, pp. 12-13.
(4) González Jiménez, M. y González Gómez, A.: Jerez de la Frontera en el siglo XIII. CEHJ, Jerez, 1984, pp. 27-28.
(5) Parada y Barreto D.I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera. Imprenta del Guadalete, Jerez, 1878, pg. XXXIII.
(6) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p. 73.
(7) Cómez Ramos, R.: “Arquitectura y técnicas constructivas en la miniatura Castellana del siglo XIII”, en Sousa Melo, A. y Ribeiro, M.C.: História da Construção – Arquiteturas e Técnicas Construtivas, Braga, 2013, pp. 135-151, ver pp. 140-143.
(8) Montoya Martínez, J.: “Cancionero de Santa María del Puerto. Edición, traducción y notas”, en Alcanate I (1998-1999), Cátedra Alfonso X El Sabio, 1999, pp. 145-146 y 237. Citado por J.J. López Amador y E. Pérez Fernández: El Puerto Gaditano de Balbo, El Puerto de Santa María, 2013, p 190, nota 485.
(9) Martín Gutiérrez, E.: “Reflexiones en torno a los paisajes rurales en Jerez de la frontera durante el último cuarto del siglo XIII, en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla 1264-2014. Ayuntamiento de Jerez, 2014, Colección Patrimonio. p. 184. Véase también la nota a pie de página nº 55.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Puedes ver otros artículos relacionados en nuestro blog enlazando con Paisajes con historia, Río Guadalete.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 9/11/2014

 
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