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El camino de El Portal y de Sidueña.
Acerca de un curioso plano de 1755.




Como algunos lectores recordarán, en distintas ocasiones nos hemos ocupado del estudio de diferentes piezas de nuestro patrimonio bibliográfico y cartográfico (planos, mapas, grabados) que pueden ayudarnos a conocer cómo eran en el pasado los alrededores de la ciudad. En el artículo de hoy vamos a referirnos a un curioso plano que se conserva en el Archivo General de Simancas, fechado en 1755 y remitido por el cabildo jerezano al Marqués del Campo de Villar, ministro de Gracia y Justicia de Fernando VI. La obra lleva por título “Plano del Camino proyectado llamado de Zigüeña. Desde la ciudad de Xerez de la Frontera al término de la ciudad del Puerto de Sta. María, como la de una calzada desde el referido camino al Río Guadalete en uno de los parages más caudalosos de él para Embarque y desembarque de los frutos y géneros para la Bahía de Cádiz, y el referido Puerto de Santa María” (1).

Este curioso plano refleja el proyecto del “Camino de Sidueña”, entre la Puerta del Arroyo y el Puerto de las Cruces, límite de los términos de Jerez y El Puerto. Aunque no figura el nombre de su autor, creemos que puede atribuirse a Pedro de Cos, maestro mayor de la ciudad en la década de los cincuenta del siglo XVIII, donde lo encontramos trabajando en las obras de la capilla del Sagrario en San Marcos y, posteriormente, dando fin al edificio de la Panadería, que terminó en 1768 (2).

Del camino de Sidueña se tiene ya noticia en los siglos medievales citándose en diferentes documentos de amojonamiento. Así, por ejemplo, en el realizado en 1434 en la Dehesa de los Buhedos de Garciagos, ubicada a ambos lados del arroyo de Guadajabaque en las cercanías de Torrox, se sitúa uno de los mojones “…atravesando una entrada de marisma, que es de cara el camino de Çidueña". En este mismo paraje se menciona también la existencia de una “alcantarilla” (3).

Durante los siglos XVI y XVII los comerciantes vinateros no dejarán de denunciar el mal estado del camino de El Portal y las dificultades para el traslado de las botas, lo que favoreció en parte que algunos de ellos se establecieran en El Puerto de Santa María y Sanlúcar (4). Estas protestas se mantuvieron también en el siglo XVIII con el incremento de la exportación de nuestros caldos a través del embarcadero del Guadalete en El Portal, reclamándose la construcción de un nuevo camino o arrecife.

La construcción del arrecife o camino de Sidueña.

El origen del proyecto que refleja este curioso plano que hoy nos ocupa, pudo estar en la propuesta de obras de utilidad pública que el Ayuntamiento jerezano envió al Gobierno de la nación, y que fueron aprobadas por R.O. de 1-10-1754, entre las que F. Sánchez Martínez destaca “la construcción de un camino desde la ciudad al Puerto de Santa María, del que partiría un ramal hasta el embarcadero del Portal” (5).



Sea como fuere, el historiador Bartolomé Gutiérrez nos recuerda que “el día 5 de Abril del mismo año 1755 se dio principio á la obra del arrecife en Xerez para cuyo efecto vino D. Tomás Giraldino de la corte y para costearlo dio el Rey facultad de que se vendiesen 450 caballerías de tierra de los baldíos de esta ciudad y con efecto se ejecutó con asistencia del corregidor (que lo era el Marqués de Alcozebar) el dicho Don Tomás Geraldino y los Diputados Marqués de Casa-Pabon y D. Juan Riquelme” (6). Apenas dos años y medio después las obras se terminaron "en 23 de set. 1757 cumpleaños del Rey Fernando 6º, siendo Corregidor D. Nicolás Carrillo de Mendoza, marqués de Alcocebar, se celebró con fuegos artificiales, música etc. la conclusión de las obras del arrecife y muelle de Portal. En la memoria descriptiva de dichas obras, cabildo de 12 de Set, se dice entre otras cosas, que: "asimismo se registraba ya enteramente acabada y plantada una mui particular grande alameda que constituye un deleitable paseo, tomando principio desde la entrada de dicho arrecife y finaliza al cuarto y medio de legua en una platea inmediata al cerro que nombran de los Frutos" (7). El historiador F. Aroca Vicenti nos recuerda como las Actas Capitulares de 1757 recogen el momento de la inauguración y recuerdan que a la entrada del arrecife se colocaron “las Reales estatuas de sus majestades… construidas con el mayor esmero y primor y colocadas en el sitio de la glorietta entrada del camino” (8). Veamos en lo que sigue los aspectos más relevantes que se reflejan en este curioso plano

La Puerta del Arroyo y la Fuente de la Alcubilla.

La salida de la ciudad se realiza por la Puerta del Arroyo, abierta en 1500, conocida también como “de la Alcubilla”, como figura en el plano (A). A su izquierda existía entonces un “Pequeño Cuartel de Cavallería y Milicias” (B) adosado a la muralla, que por sus reducidas dimensiones debió ser un modesto puesto de guardia para controlar los accesos por esta parte de la ciudad. Hasta llegar a la Fuente de la Alcubilla, el arrecife dejaba a ambos lados “hornos de ladrillos y tejas de particulares” (C) que ocuparon los terrenos donde en la actualidad se levantan la Gran Bodega Tío Pepe y las antiguas viviendas de los trabajadores de Domecq. En este mismo entorno existieron siempre ladrilleras y tejares algunas de los cuales pervivieron hasta bien entrado el siglo XX. Así, en 1434 se mencionan junto a la cercana Puerta de Rota el Tejar de Antón García y el Tejar del Palomar, próximo a la Ermita de Guía (9). A mediados del XVIII el plano nos recuerda la presencia en el inicio de la Cuesta de la Chaparra del “tejar de la Cartuxa” (D), junto al antiguo camino del Puerto (“la Trocha”), conocido entonces como “de Buenavista” (G).

En la Fuente de la Alcubilla (E), comenzaba el “camino proyectado llamado de Zigueña” (H), que coincidía en su recorrido inicial con la que hoy día es la parte llana de la calle Cuesta de la Chaparra hasta la rotonda de Cuatro Caminos. En este lugar se iniciaba un gran tramo recto que cruzaba las Playas de San Telmo (coincidente con la actual Avenida de Blas Infante) y llegaba hasta el Cerro del Fruto (I), pequeña loma ya desaparecida, que se levantaba junto la actual rotonda del Balneario. A sus pies, el proyecto indica que se construyó una “plazuela y arboledas” donde confluía “el camino que va a la cuesta de San Telmo”. Como se puede ver, los principales ejes que organizan el actual trazado viario de esta zona de la ciudad tienen su origen en este ambicioso proyecto que cuenta ya con más de dos siglos y medio a sus espaldas.

La “segunda Platea” y el “Cerro del Fruto”.

Algo parecido sucede con las “rotondas”, de las que tenemos aquí los primeros antecedentes en nuestra trama urbana.

Estas glorietas o plazuelas, serían también denominadas popularmente como “plateas”, siendo la “primera platea” la que estaba próxima a la Alcubilla, junto a la actual de Cuatro Caminos y la “segunda Platea” al Cerro del Fruto tal como figura en el plano. “Platea” tiene aquí el significado antiguo de “lugar amplio y espacioso”, “plaza”, “explanada”, “patio” … que luego se emplearía para dar nombre al patio de butacas de un teatro.



Esta última acepción ha llevado a algunos autores a mantener la hipótesis de el origen del topónimo hay que buscarlo en la idea de que la loma del Cerro del Fruto servía de improvisado anfiteatro natural para ver las antiguas carreras de caballos que en siglo XIX se llevaban a cabo en las playas de San Telmo, siguiendo el trazado del arrecife (10). Otros incluso, mantienen esta misma idea aplicada a las carreras de motos que se llevaban a comienzos de los 70 del siglo pasado cuando se trazaron las avenidas del polígono El Portal, supuestos ambos, que como se ha visto no se corresponden con el origen de las “plateas”.

Con respecto al Cerro del Fruto (paraje conocido también como Cerrofruto o Cerro Frutos), su nombre original fue el de Cerro de los Frutos o de Frutos. Así se le denomina, por ejemplo, en las actas capitulares de 1757 en las que se alude a las obras del arrecife del Portal, y en otras fuentes documentales (11). Aunque desconocemos el origen de este popular topónimo que ha permanecido hasta nuestros días, apuntamos la posibilidad de que se deba a Juan de Frutos, carretero, propietario de tierras próximas a la ciudad en el Camino hacia la aldea del Portal -que pasaba por este lugar- cuyo nombre aparece en diferentes ocasiones en las sentencias de amojonamientos de 1524 (12). En todo caso, tanto el nombre, como el apellido Frutos eran comunes en el Jerez de los siglos medievales (13). Las lomas del Cerro de Frutos lindaban al norte con las Hazas Cirujanas, tierras que en 1434 pertenecieron al çirujano Alfonso Martínez, a quien deben este nombre que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX (14). Limitadas siglos más tarde por la traza del Ferrocarril, en parte de ellas se construyó la conocida barriada del MOPU.

A los pies del Cerro del Fruto, tal como se indica en el plano, se unía al camino de Zigüeña otro camino “que va á la cuesta de San Telmo” (K) que como el que venía desde la ciudad contaba con filas de árboles a sus lados, transformándose así en un “paseo” para el disfrute de los jerezanos. En la “segunda platea” o explanada situada junto al Cerro del Fruto se hizo, según se planeaba en el proyecto, “una plazuela -la “platea”- y se plantaron arboledas, probablemente de olmos o álamos, las especies más usuales en los paseos del XVIII (15).



A partir de este lugar (que se corresponde con la actual rotonda de El Balneario), el camino dejaba ya de estar arbolado y cambiaba su orientación hacia el este, en dirección a El Portal.

Camino de El Portal.



El camino seguía entre viñedos y olivares dejando a la derecha el Guadajabaque y continuaba por un trazado similar al que tiene actualmente la Avenida Alcalde Cantos Ropero que cruza el Polígono El Portal. Aunque este arroyo ha desaparecido hoy en día en este tramo, encauzado por los colectores urbanos, hasta mediados del siglo XX aún era visible en estos lugares, siendo denominado Arroyo de Morales.

A la derecha del camino, en un paraje próximo al que ocupó el antiguo Balneario, el plano nos muestra los viñedos (L) del Casería de Sarzana. Algo más adelante, a la izquierda, figura la Casería de Vidauri, con su olivar, en las tierras ocupadas hoy por la Azucarera del Guadalete. El nuevo camino proyectado, con grandes tramos rectos, deja a la izquierda al Arroyo de Aguabahaque, como también se conocía al Guadabajaque. Éste, nos muestra en su cauce una “alcantarilla antigua, casi derruida” (V) por la que cruzaba el camino que se dirigía a los olivares de Parpalana, que han vuelto a recuperarse en estos años. De una de estas antiguas alcantarillas da cuenta el profesor Juan Abellán en un interesante estudio sobre las estructuras viales en el Jerez del siglo XV (17).

Al llegar a las proximidades del Guadalete, el camino volvía a cambiar bruscamente su orientación, siguiendo hacia el sur, al encontrarse con el “Camino q va desde la Cartuxa al Pto. de Sta. María” (N). Se corresponde este entronque con la actual rotonda de la Depuradora donde se unía este camino, conocido como Cañada del Vado de los Hornos, que conducía hasta la Cartuja pasando por el actual emplazamiento de La Corta donde se cruzaba el río por el mencionado vado. Muy cerca de este cruce, el arrecife salvaba el Guadajabaque por un puente de nueva construcción (O), de un solo arco y de una anchura aproximada -según la escala del plano- de 8 varas, de las que 5 correspondían al vano del puente (una vara= 0,836 m). En sus cercanías, a la izquierda del camino, se encontraba la Casería de La Palma, nombre que delata la existencia de alguna gran palmera. Este enclave, ya desaparecido, se ubicó en las laderas situadas frente a la Depuradora, y aparece en el plano con gran olivar que se extiende en las laderas del pago de Parpalana.

Siguiendo el camino, y a la altura de las que hoy serían las primeras casas de El Portal, se trazó un ramal hasta el embarcadero de El Portal (Q), el que durante siglos fuera el “puerto de Jerez”. Este tramo resultaba fundamental para el acceso de las carretas a los muelles por donde se embarcaban los vinos jerezanos y por el que llegaban desde la bahía otros muchos productos para el consumo de los jerezanos.



El antiguo emplazamiento del embarcadero se situaba muy próximo a actual salida del aliviadero de Torrox y a la Azucarera Jerezana. Aguas arriba de este punto desembocaba el arroyo Guadajabaque, como nos muestra el plano.

Desde el Portal a Sidueña por el olivar de Cartagena.

Desde El Portal, el camino continuaba en dirección a Sidueña dejando el Guadalete a su izquierda y cruzando las tierras del Olivar de Cartagena, cuya casería (R) quedaba entre el arrecife y el río, como muestra el plano. Este paraje se encontraba ubicado frente a la actual entrada del Rancho de La Bola siendo una propiedad de gran extensión que se extendía por la vega, colindante también por el sur con el arroyo Mata Rocines, que desembocaba en el Guadalete junto al olivar. Como nos recuerdan Pérez Fernández y López Amador, apenas un siglo atrás, en 1648, en este paraje desviaron los jerezanos el río hacia la boca del San Pedro por un canal de unos 500 m que se cerraría después en 1654, lo que supuso que los barcos volvieran a bajar por la Madre Vieja desde El Portal. En el antiguo olivar de Cartagena los dos brazos del Guadalete estaban muy próximos (apenas 500 m), lo que, junto a su cercanía al embarcadero de El Portal, hizo de este lugar el elegido por las autoridades jerezanas para que los barcos pasaran del cauce del Guadalete (conocido como Albadalejo en este tramo) al Salado (18).



Tras el olivar de Cartagena, el camino cruzaba el arroyo de Mata Rocines, también llamado del Carrillo. El “puente de Matarrozocines” (S) era muy necesario ya que las furiosas crecidas de este arroyo hacían intransitable el camino. Aquí, el proyecto contemplaba una obra mayor que la prevista para el paso del Guadajabaque (de un solo ojo), y en este caso se construyó un puente de tres arcos y 13 varas de largo. Los arcos laterales eran más pequeños (vanos de 2 varas), mientras que el central era mayor (4 varas). Este mismo puente, una vez construido, dio paso a finales de siglo al camino Real de Madrid a Cádiz y aún en la actualidad se adivina bajo el actual, los arcos de sillería del que se construyó en el siglo XIX para el paso de la carretera nacional.

Tras cruzar el arroyo el camino de Sidueña subía una pequeña cuesta hasta un puertecillo, lugar donde se separan los términos de Jerez y El Puerto y donde el plano se termina. Este paraje se conocería como “Puerto de las Cruces” al instalarse a ambos lados del arrecife, dos columnas con sendas cruces, que aún se conservan junto al acceso a los Depósitos de San Cristóbal (19).

Como dato curioso, traemos lo referido por el historiador Bartolomé Gutiérrez, quien nos informa que a finales de mayo de 1756, durante la construcción de este tramo del camino, se produjo en este lugar un interesante hallazgo arqueológico al realizar los desmontes al pie del cerro de San Cristóbal donde se hallaron cenizas y huesos de unas personas humanas, como puesta de lado, pero tendida y todo tan corrupto, que solo los dientes tienen la mayor consistencia… era de 7 piés de largo, el Sepulcro, muy poco más, y de media vara de ancho, tasada”. El historiador, que vivía en aquellas fechas e incluso llegó a ver aquellos hallazgos, informa que los sepulcros tenían “dos piedras, á la cabecera una y otra á los piés, pero sin rótulos, y entre las cenizas que se encontraron, hallaron una moneda muy carcomida y corroída… Estaba esta moneda debajo de una teja que tenía como debajo de la cabeza y el sepulcro formado de piedra de cantería de la Sierra inmediata de S. Cristóbal y la cubierta de 3 piedras de la cantera de hácia Puerto real, estaba sobre el lado izquierdo, los piés al Oriente y la cara al Norte y junto se descubrió una forma de horno terraplenado y con varios huesos y cenizas y tiestos de barro, como de una olla sin vedrío, estaba delante del rostro este hornillo. A pocas varas de distancia se hallaron piedras de otros dos sepulcros como el dicho, pero desbaratados y terraplenados… Era la piedra de las Canteras de la próxima Sierra de San Cristóbal. Todo esto indica la vecindad á la Población de la antigua Asido, que poco más allá en la falda de Sidueña (de donde tomó el nombre de Pago) estuvo fundada. El Sábado 5 de junio se halló otro Sepulcro con la misma fábrica… y todos estos sepulcros está de oriente a poniente y los piés al nacer el sol” (20).

Desde el Puerto de las Cruces, donde terminaba el proyecto del camino de Jerez a Sidueña, el arrecife seguía en dirección a este enclave para llegar después hasta el Puerto de Santa María. El plano nos informa también de otros detalles técnicos del camino como su anchura (15 varas = 12,5 m), con pretiles laterales de una vara de alto. Su firme presentaba dos calzadas con una ligera pendiente lateral del centro hacia las cunetas para facilitar la evacuación del agua. Apenas unos años más tarde el firme del arrecife se hallaba ya deteriorado por el incesante tráfico de carretas hacia el embarcadero y fueron necesarias las primeras reparaciones… que tardaron décadas en realizarse. Pero esa ya es otra historia.

Para saber más:
(1) “Plano del Camino proyectado llamado de Zigüeña. Desde la ciudad de Xerez de la Frontera al término de la ciudad del Puerto de Sta. María, como la de una calzada desde el referido camino al Río Guadalete en uno de los parages más caudalosos de él para Embarque y desembarque de los frutos y géneros para la Bahía de Cádiz, y el referido Puerto de Santa María” Archivo General de Simancas. Gracia y Justicia, Legajos, 01031. Con carta de la Junta de Obras al Marqués del Campo de Villar. Jerez de la Frontera, 12 de agosto de 1755
(2) Moreno Arana, J.M.: "Aportaciones al estudio de la arquitectura civil del siglo XVIII en Jerez de la Frontera: El Palacio de Villapanés", Laboratorio de Arte 20 (2007), Nota 48. Con respecto a la atribución a Pedro de Cos de la autoría de este plano, encontramos similitudes con otro de su autoría: “Plano trazado de la Calle Larga, 1778, que figura en Aroca Vicenti, F.: Arquitectura y Urbanismo en el Jerez del siglo XVIII, C.U. de E. sociales-Caja San Fernando, 2002, p. 60. Por nuestra parte hemos consultado a nuestro amigo el Dr. J.M. Moreno Arana quien nos apunta que “el tipo de letra y la leyenda con orla de rocalla están en la línea de otros planos suyos”
(3) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz, 2004, p. 240.
(4) Romero Bejarano, M.: De los orígenes a Pilar Sánchez. Breve Historia de Jerez, Ediciones Remedios, 9, pp. 65 y 103.
(5) Sánchez Martínez, F.: El Portal, su muelle, el arrecife y el ferrocarril (I), Diario de Jerez, 4 de Junio de 2013.
(6) Gutiérrez, B.: Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1886 edición facsimilar de 1989, t. II, p 3.10.
(7) AMJF: 1757, M. 4, fº 44: Paseo desde la platea de la Alcubilla hasta la de San Telmo, inmediata al Cerro de Frutos.
(8) Aroca Vicenti, F.: Arquitectura… Obra citada, pp. 173 y 155
(9) Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, p. 255. Otras referencias acerca de la presencia de alfarerías en la zona pueden verse en Álvarez González, T. y Martínez Glera, E.: Aproximación al estudio de la historia de la alfarería de Jerez de la Frontera a través de la documentación de su archivo municipal, Atrio, Revista de Historia del Arte, nº 6, 1993 pp. 7-26. Las imágenes aéreas del Vuelo Americano de 1956 muestran todavía la antigua fábrica de ladrillos y tejas existente junto a la Ermita de Guía.
(10) De la Plata, J.: Deportes en Jerez, Diario de Jerez, 30 de junio de 2008
(11) AMJF: 1757, M. 4, fº 44, obra citada. Gutiérrez, B.: Historia… obra citada.
(12) Tal como apunta el profesor E. Martín pasaba por este lugar: Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, pp. 251-253)
(13) Mingorance, J.A.: La colonia extranjera en Jerez a finales de la Edad Media, Peripecias Libros, 2014, p. 58; Muñoz y Gómez, A.: Calles y Plazas de Xerez de la Frontera. Edic. Facsímil 1903, BUC, p. H.
(14) Muñoz y Gómez, A.: Calles… obra citada, p. 313; Martín Gutiérrez, E.: La organización… obra citada, p. 241; López-Cepero, Adolfo.: Plano Parcelario del término de Jerez de la Frontera. Dedicado al Excmo. Sr. D. Pedro Guerrero y Castro y al Sr. D. Patricio Garvey y Capdepón. 1904. patrocinadores del proyecto, por D. Adolfo López Cepero.- Año de 1904. Escala 1:25.000.
(15) Aroca Vicenti, F.: Arquitectura… Obra citada, pp. 151-157.
(17) Abellán Pérez.:Construcción y reparación de estructuras viales. Jerez de la Frontera en el siglo XV”. Estudios sobre patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, nº 3, vol 1, pp. 7-21, 2002.
(18) López Amador J.J. y Pérez Fernández E.: El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María. Cádiz. Ediciones El Boletín. 2013, p.191.
(19) García Lázaro, A y J.: Por tierras de Sidueña con el Padre Coloma, Diario de Jerez, 27 de diciembre de 2015
(20) Gutiérrez, B.: Historia… obra citada, pp. 311-312.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: : Cartografía y grabados, Paisajes con Historia, Toponimia

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 27/05/2018

Los paisajes del agua en torno a Jerez.
Un paseo por “Los canales de Jerez”.




A Alberto M. Cuadrado Román, in memoriam

Estas semanas en las que las intensas lluvias han llenado de grandes lagunas los alrededores de Jerez y se han cubierto con extensas láminas de agua muchos parajes próximos al casco urbano, hemos vuelto a recuperar, siquiera por unos días los paisajes de nuestra geografía antigua en los que, como acreditan distintas fuentes documentales, los esteros penetraban hasta las cercanías de la ciudad. Y como no podía ser de otro modo, hemos recordado los trabajos del añorado compañero, Alberto Manuel Cuadro Román, miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. En uno de ellos, titulado “Los canales de Jerez” (1) recreaba algunos de estos enclaves marcados por los antiguos cursos fluviales, por los esteros y marismas en torno a Jerez. Como un sencillo homenaje a sus documentadas aportaciones, hemos recorrido algunos de estos parajes.

Por el Arroyo del Carrillo.

Los lectores que en estos días pasados hayan circulado por la autovía Jerez-El Puerto habrán reparado, a buen seguro, en las grandes balsas de agua que se formaban a ambos lados de la carretera, poco antes de llegar a la cuesta de Matajaca. Su “causante” es el Arroyo del Carrillo, también conocido como Mata Rocines, un modesto tributario del Guadalete al que se une en las inmediaciones de Puerto Franco y del Cortijo de San Felipe, frente a las Calandrias.

Con apenas 10 km de recorrido, recoge las aguas de varios cursos menores que, desde las laderas de los cerros de La Carrahola y El Calderín, se unen en los Llanos de Mirabal y Santa Isabel. En este lugar, a los pies del Cerro Colores, donde se encuentra el Colegio y Residencia Escolar de Sordos, se forma una gran laguna, a la derecha de la carretera, en la antigua llanura de inundación del arroyo que, como hemos comprobado, tiene incontrolables crecidas.



El arroyo del Carrillo cruza bajo la autovía por dos grandes tubos de desagüe que apenas pueden dar salida a los extraordinarios caudales embalsados por los terraplenes de esta obra.




Desde aquí, el arroyo atraviesa la antigua Trocha de El Puerto, pasando por el viejo puente de Mata Rocines del que se tiene constancia de su existencia en el s. XVIII (2). Su rosca de ladrillo se ha visto casi superada en estos días por los crecidos caudales del arroyo que han




inundado los llanos colindantes al cortijo Espanta Rodrigo, convertidos en una inmensa laguna donde el agua ha llegado a cortar el camino de acceso al mismo en los momentos de mayor crecida.




Desde este lugar, el arroyo del Carrillo discurre por la amplia vaguada que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, al sur, y que limitan al norte los cerros de Torrox y Parpalana.

La Cañada del Carrillo, que corre en paralelo a su curso, se llegó a inundar totalmente durante varios días, ya que la anchura ocupada por la lámina de agua ha sido en muchos puntos de decenas de metros, impidiendo el paso a las fincas colindantes, como ha recogido los medios de comunicación. Los diques sobre los que cruzan estos llanos la conducción del acueducto de los Hurones, camino de los Depósitos de San Cristóbal, han represado también la gran balsa de agua que se extendía junto a las instalaciones del Rancho de la Bola, inundando la totalidad de la cañada.



En el cruce con la carretera que desde El Portal va hasta El Puerto, el desbordamiento del arroyo cubrió con una extensa lámina de agua el bosquete de eucaliptos que se extiende a los pies de la Sierra de San Cristóbal, como podían ver los viajeros que circulaban por esta vía, dejando tras de sí una gran capa de lodo.



Desde las cumbres de esta sierra pudimos tomar fotos panorámicas del desbordamiento del Arroyo del Carrillo, que mostraba a las claras una amplia banda de terreno inundado entre la Ronda Oeste y el Guadalete, descubriendo ante nosotros lo que en tiempos remotos fue un amplio estero que, en comunicación con el río, estaba sometido al influjo de las mareas.



Por el tramo final de este arroyo, hasta su confluencia con el punto donde se ubicó la conocida Barca de Puerto Franco (3), se proyectó el arranque del canal que en el siglo XVII pretendía unir el Guadalete con el Guadalquivir (4)

Por el Guadajabaque.

Estos días de lluvia han servido también para recordar que un antiguo río, el Guadajabaque, maltratado y transformado por el crecimiento urbano hasta su casi total desaparición, seguía estando presente en las cercanías de Jerez, mostrándose activo tratando de recuperar su antiguo cauce en muchos rincones.

Este curioso topónimo, rescatado hace apenas dos décadas para dar nombre a las nuevas urbanizaciones levantadas junto a la laguna de Torrox, da desde siglos nombre a un río que, con apenas 12-13 km. de recorrido, es tributario del Guadalete al que se unía en las cercanías del antiguo embarcadero de El Portal. Su nombre, de origen árabe (Wadt as-sabak o “río de las redes”) apunta ya a su antigua conexión con un estero del Guadalete que en el Jerez andalusí era utilizado para la pesca (5).

En los siglos medievales aparece ya con diferentes variantes como Guadaxabaque, Guadajabaque, Guadabajaque y Guadabaxaque, todas ellas con referencias en las fuentes documentales (6).



Este río ya “desaparecido” por las grandes transformaciones de su cauce en el pasado siglo, tiene su origen en la confluencia de los arroyos del Amarguillo y del Zorro (o de la Loba, que pasa a los pies del cerro de Santiago).



A partir del paraje de Las Salinillas, en las proximidades de Área Sur, discurre en paralelo a la antigua Cañada de la Loba (también llamada de Guadajabaque, Corchuelo y Moro) cruzando la autovía de Sanlúcar y bordeando la zona trasera de las bodegas de Williams & Humbert.



Desde este paraje, donde aún mantiene algunos sotos de tarajes y pozas encharcadas buena parte del año, es canalizado bajo la autovía de El Puerto, para ser conducido a la nueva “laguna de Torrox”, desde la que un aliviadero subterráneo conduce sus aguas hasta el Guadalete.





Antiguamente recibía las aguas del arroyo de Curtidores que tenía su origen en pleno casco histórico. Desde finales del siglo XIX se le conoció también por el nombre de arroyo de Morales y con la construcción del Polígono Industrial El Portal en la década de los sesenta del pasado siglo, se canalizó su curso con un colector subterráneo, olvidándose hasta su nombre (7).

Sin embargo, cuando las grandes lluvias hacen su aparición, el antiguo Guadajabaque “resucita”, mostrándose como un arroyo de violentas crecidas que recoge las aguas de una cuenca de más de 4.500 hectáreas del sector noroccidental que rodea a la ciudad.

Y para “verlo en acción” fuimos a su encuentro a las proximidades de la carretera del Calvario, donde el arroyo del Amarguillo se desbordaba en las proximidades de La Constancia. A los pies de Cerro Nuevo y Cerro Viejo, el arroyo del Zorro o de La Loba bajaba también muy crecido, y juntos los dos, en las inmediaciones del camino que conduce a las Bodegas de Luis Pérez, transformado ya su curso en el Guadajabaque, inundaban el paraje de Las Salinillas desaguando bajo la Ronda Oeste en una gran laguna que desde el centro comercial de Área Sur se extendía hasta la carretera de Sanlúcar, rozando sus aguas el tablero de los puentes construidos sobre su modesto cauce, ahora desbordado.

Junto a la Bodega de Williams & Humbert, el Guadajabaque bajaba rebosante, con el brío que tuvo en tiempos pasados, antes de que transformaran su antiguo cauce. Sus aguas turbulentas, cargadas de los lodos que arrastra en su curso, se depositarán en la laguna de Torrox, aterrando poco a poco su vaso. Para verlo en perspectiva, aún subimos hasta el Olivar de Colores, desde el que pudimos contemplar buena parte de su recorrido y desde el que,



viéndolo vivo, como el río que fue, pudimos recordar aquellos viejos proyectos por los que, a través de su cauce, se proyectó ya en el siglo XVII un canal de casi 34 km. por el que unir el Guadalete y el Guadalquivir (8).

Por el Salado y La Catalana.

Procedente de las laderas de la sierra de Gibalbín que miran al sur, diferentes cursos menores se unen en la cabecera de Caulina dando lugar al arroyo Salado de Caulina. Su tramo final corre en paralelo a la vaguada de la autopista Sevilla-Cádiz, desembocando en el Guadalete entre Viveros Olmedo y La Cartuja.

El valle de este arroyo, de origen tectónico, se estrecha entre La Cartuja y Lomopardo, ensanchándose en una amplia llanura conocida como Llanos de Caulina. Esta depresión aluvial en la que se encaja el Salado fue durante el Plio-Pleistoceno, dos millones de años atrás, un brazo del Guadalquivir que, a través del Caño de Casablanca y el arroyo de Romanina, se unía por el valle del Salado con el estuario del Guadalete en las cercanías del actual monasterio de La Cartuja. Durante el Cuaternario, hace aproximadamente 1,5 millones de años, nuevas fallas y pliegues crearon la actual divisoria entre ambas cuencas, al norte de Caulina, abandonándose este brazo del Betis que funcionó hasta su progresivo aterramiento, como un estero, con penetración marina desde el Guadalete (9).

Con esta historia geológica, no es de extrañar que, cada vez que se producen grandes lluvias, buena parte de los Llanos de Caulina se inunden en muchos puntos junto a las riberas del Salado, a pesar de los canales de drenaje que se practicaron en la segunda mitad del siglo pasado. Hace sólo unos años, en el invierno de 2009-2010, el arroyo se desbordó anegando buena parte de los Llanos y cortando la autopista (10).



Con las últimas lluvias, se ha podido ver el Salado rebosante a su paso por el puente de la carretera de Cortes en Estella, junto a la Venta La Cueva, habiéndose desbordado en algunos puntos aguas arriba de este lugar.



Algo más abajo, en los Llanos de la Catalana, se han formado grandes balsas de agua y una enorme lámina en la zona conocida como Las Salinillas (10), por la que cruzan las conducciones del acueducto de Tempul y de los Hurones, a sólo 6 m. sobre el nivel del mar.



El arroyo de La Canaleja, tributario del anterior con el que se une en las proximidades de la barriada de La Teja, se desbordó también en estos días, pudiendo verse junto a la rotonda nº 5 de la Ronda Este una enorme lámina de agua que llegaba casi hasta la autopista. Hay que recordar que este arroyo es el que recoge las aguas pluviales que caen sobre buena parte de la ciudad, canalizando las escorrentías que, desde la zona norte, bajan por las calles Porvera, Honda y Arcos hasta las barriadas de la Asunción y Zafer.



En las inmediaciones de este barrio, a la altura del antiguo acueducto de La Canaleja, los colectores subterráneos afloran a la superficie formando, aguas abajo del puente que cruza la Ronda Este, grandes balsas de agua por desbordamiento, como las que pudimos captar el pasado sábado 10 de marzo.

Por Tabajete y las Mesas de Asta.

Otro punto sensible, cuando se suceden episodios de grandes lluvias, es el entorno de Mesas de Asta, hasta donde nos desplazamos en los días posteriores.

Viniendo de Jerez, desde las cercanías del cortijo de Romanitos, se apreciaba ya a nuestra izquierda la antigua marisma de las Mesas cubierta por las aguas. Poco antes de llegar, la carretera cruza el caño de drenaje de Tabajete, que desde las cercanías de este cortijo (que dejamos a nuestra izquierda) lleva las aguas de estos llanos hasta el Guadalquivir atravesando también la



marisma de El Bujón
. El caño, rebosante de agua, desbordado ya en muchos puntos, canaliza los caudales de los pequeños arroyos que cruzan los pagos de San José de Prunes, El Barroso, Pozuela…




Estas zonas bajas de Tabajete y Mesas de Asta, situadas a unos 4 m. sobre el nivel del mar, formaban parte de los antiguos esteros que rodeaban a la histórica ciudad de Asta Regia y de los que ya encontramos referencias en las fuentes clásicas, en autores como Estrabón, Plinio el Viejo o Marciano de Heraclea, entre otros (11). A la entrada de Mesas de Asta, asomados a la marisma, pudimos ver anegadas las tierras que en otros tiempos estuvieron ocupadas por los esteros del Betis, recordando lo escrito en el cambio de Era por el geógrafo griego Estrabón: “los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus poblados y ciudades sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos.



Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba…
” (12). En días como estos, en los que una inmensa lámina de agua cubre todos los bajos en torno a Mesas de Asta llegando hasta las tierras del cortijo de Espartinas, al otro lado de la marisma, resulta fácil dar un salto en el tiempo y adivinar la antigua imagen que estos parajes debieron tener hace 20 o 25 siglos.

Desde esta barriada rural nos acercamos, siguiendo el curso embarrado y casi intransitable de la Cañada Ancha, hasta las cercanías del cortijo del Rosario. A lo lejos, en esos dilatados horizontes que se abren hasta el Guadalquivir, pudimos divisar los grandes lagunazos que anegaban buena parte de las marismas de Rajaldabas, colindantes con las tierras de Casarejo y del término de Sanlúcar.

En las marismas de Casablanca.

Para terminar nuestro periplo, tomamos la carretera de Morabita, antiguo Camino de Lebrija, desviándonos por el puerto de Capita, hasta el borde mismo de la marisma de Casablanca. Las lluvias de estas últimas semanas habían transformado estos parajes en un inmenso aguazal, con Gibalbín como telón de fondo (mirando hacia el este), y en el que el gran edificio del silo de trigo de la Estación de El Cuervo, parecía un gran navío sobre el espejo de las aguas que todo lo cubrían.

Ya de regreso a Jerez hicimos un alto junto al Cortijo de Casablanca (13) para recrearnos en esta hermosa marisma, que figura en el Inventario de Humedales de Andalucía (14) y que había recobrado la vida en estos días de marzo. Aún volvimos a parar en el Alto de Montegil para disfrutar de las inigualables vistas que desde allí



se contemplan sobre este territorio, de nuevo inundado tal como podía verse en la antigüedad y como nos recreaba en sus trabajos el recordado Alberto M. Cuadrado Román.

Para saber más:
(1) Cuadrado Román, A.M.:Los canales de Jerez”. Revista de Historia de Jerez, 14-15, 2008/09, pp. 67-90.
(2) García Lázaro, J. y A.: Viejos puentes en viejos caminos, Diario de Jerez, 11 y 18 de octubre de 2015.
(3) García Lázaro, J. y A.: Al pasar la barca. Una pequeña historia de las barcas que cruzaban el Guadalete (1), Diario de Jerez, 29 de mayo de 2016.
(4) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica y resistencia municipal: Jerez de la Frontera contra el gobierno de Felipe IV. Studia Histórica: Historia Moderna, 34, 2012, pp. 303-304.
(5) Martín Gutiérrez, E.: La organización del Paisaje Rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla-Universidad de Cádiz. 2004. Pg.308. Esta misma denominación puede verse en Abellán Pérez, J.: Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia. Ed. Sarriá, Málaga, 2004. p. 145.
(6) Gutiérrez, Bartolomé.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. BUC. Ayuntamiento de Jerez, 1989, Vol I Pg. 48. Este autor apunta que el nombre podría aludir a las pesquerías que se realizaban en este río al que, en la época medieval, llegaría a través del Guadalete el influjo de las mareas.
(7) García Lázaro, J. y A.: Tras las huellas del Guadajabaque y del arroyo de Morales, publicado en http://www.entornoajerez.com/2012/10/la-laguna-de-torrox-2-tras-las-huellas.html, 9 de octubre de 2012
(8) Díaz Blanco, J.M.: Presión monárquica… obra citada, pp. 3303-304.
(9) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria e Historia Antigua de Jerez”, en Caro Cancela, D. Coord.: “Historia de Jerez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval”. Tomo 1. Diputación de Cádiz. 1999, p. 22.
(10) García Lázaro, J. y A.: El Guadalete se desborda. Imágenes de las inundaciones de febrero de 2010, publicado en: http://www.entornoajerez.com/2010/02/imagenes-de-las-inundaciones-de-febrero.html, 26 de febrero de 2010. Ver también I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, Hoja 1048, Jerez de la Frontera, 1988, p. 32.
(11) González Rodríguez, R. y Ruiz Mata, D.: “Prehistoria…”, obra citada, p.p. 114-115.
(12) Ibidem.
(13) García Lázaro, J. y A.: Topónimos curiosos en torno a Jerez, Diario de Jerez, 4 de marzo de 2018.
(14) Inventario de humedales de Andalucía: Marisma de Casablanca, Consejería de Medio Ambiente, 2008


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: El Guadalete se desborda, Lagunas y humedales, Paisajes con historia.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 18/03/2018

 
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