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Un paseo de Arcos a Gibalbín.
Por carreteras secundarias al encuentro de la historia y los paisajes.

A nuestro amigo Francisco Jordi Páez, entusiasta de la historia.



La carretera que desde Gibalbín conduce a Arcos atraviesa por cerros de suaves laderas en los que abundan los viñedos y las “tierras de pan sembrar”, grandes extensiones dedicadas a los cultivos de secano. Se trata de una apacible y poco transitada vía secundaria, de trazado ondulado y sinuoso que sigue en muchos de sus tramos el antiguo Camino de Lebrija a Arcos de la Frontera por La Bernala, una vía pecuaria que deja a uno y otro lado las tierras de renombrados cortijos. En nuestra salida de hoy la vamos a recorrer sin prisas, recreándonos en sus paisajes y sus pequeñas historias. ¿Nos acompañan?

Entre los viñedos de Gibalbín.

Nuestro itinerario arranca junto a las últimas casas de Gibalbín, construidas desde mediados del siglo pasado en los márgenes de la antigua Cañada de Espera, convertida hoy en su primer tramo en la carretera que une Gibalbín con Espera y Las Cabezas de San Juan. Frente a la venta La Choza y poco antes de llegar a la venta de Gibalbín, sale a la derecha esta vía secundaria que tras 13 km de recorrido nos llevará hasta Arcos (CA 5101).

Tras subir una pequeña cuesta en las que el camino está escoltado por adelfas, nos adentramos en las tierras del pago Cuartillo de La Plata, donde prosperan nuevos plantíos de olivos y en las que destacan los viñedos de Barbadillo, cuyos lagares y bodegas se levantan en lo alto del cerro a la derecha de la carretera. De estas cepas proceden los conocidos y afamados vinos de esta importante firma bodeguera entre los que sobresalen el renombrado Castillo de San Diego (el blanco más vendido del país) y el tinto Gibalbin, que lleva el nombre de estos parajes por todos los lugares de España.

Frente a estas instalaciones, al otro lado de la carretera, se encuentra el caserío del cortijo de La Bernala. Este curioso topónimo, presente ya en los primeros tiempos de la ocupación castellana de estas tierras en el siglo XIII, da nombre a los parajes de este rincón de nuestro término. Antaño formaron parte de una dehesa arrebatada por el concejo jerezano al arcense en los primeros años del siglo XIV, junto a las de la Cespedosa y las Navas de Cabrahígo, próxima está última también a Gibalbín (1).



Los litigios por la posesión de estos parajes se mantuvieron durante los siglos siguientes, decantándose finalmente su posesión, como la de las dehesas de Berlanga y El Abadín por la ciudad de Jerez. A decir del historiador arcense Pedro de Gamaza (1640), el nombre de estas tierras procede de Garci Bernal, uno de los cincuenta caballeros que se cuentan entre los primeros pobladores de Arcos, a quien en el repartimiento de su alfoz se le adjudicó un “donadío de tierras de labor de pan, que hoy conserva su nombre en la campiña… y llaman la Cañada de la Bernala” (2).



Tras una pronunciada bajada, la carretera cruza el modesto arroyo de la Cepera, tributario del Salado de Espera, dejando a la izquierda unos llamativos mogotes rocosos, testigos de una antigua cantera de yeso. Entre monótonas laderas con cultivos de cereales y girasol, asciende después por las lomas del cortijo de Granadillas (o Granadillo), cuyo caserío y almacenes quedan a la izquierda del camino. De este cortijo se tienen ya noticias desde comienzos del siglo XVI, siendo mencionado en el testamento del vicario arcense Juan González de Gamaza. Posteriormente perteneció al convento de las Concepcionistas de la Encarnación de Arcos, siendo a finales del XVII dehesa baldía de aprovechamiento común para los vecinos de Arcos (3).

Por Sanlucarejo y San Rafael.



Apenas dos km adelante, una hilera de adelfas a la izquierda del camino nos anuncia el carril que asciende hasta el cortijo de Sanlucarejo, situado en lo alto de un pequeño promontorio, en el extremo sur de Sierra de Gamaza. Frente a él, al otro lado de la carretera, el caserío del cortijo de San Rafael se divisa dominando un cerro.

Antaño, las tierras de Sanlucarejo formaron parte del vecino San Rafael, del que se escindió, señalando como dato curioso que a mediados del XIX figuraba entre las propiedades del jerezano Patricio Garvey (4). En sus proximidades, junto al antiguo camino de Espera, tiene un magnífico manantial, la fuente de Sanlucarejo. Esta surgencia se alimenta por el acuífero que se desarrolla en las areniscas que constituyen Sierra Gamaza, siendo canalizadas sus aguas a un pilar abrevadero, siempre rebosante aún en los meses más duros del estío.

A los pies del cortijo, junto a la carretera que se dirige a Bornos, los restos de una necrópolis hispanovisigoda, son testigos de la antigua ocupación de este rincón de la campiña. Entre diciembre de 1991 y febrero de 1992, con motivo de unas obras de ampliación de la carretera que une Bornos con Mesas de Santiago (actualmente cortada), se realizó una excavación arqueológica de urgencia en las proximidades del cruce cercano al cortijo de Sanlucarejo, que dio como resultado el hallazgo de 35 tumbas. Del denominado “tipo bañera”, las tumbas estaban excavadas en un afloramiento rocoso de arenisca visible desde la carretera y cubiertas con lajas de piedra. Las fechas de ocupación de la necrópolis podrían abracar los siglos VI-VIII d.C. (5).

La necrópolis se encuentra en un importante cruce de caminos (cañada de Arcos a Lebrija, Cañada de Jerez a Bornos por Mesas de Santiago y Colada de Sierra de Gamaza). Por la dispersión geográfica de los yacimientos de la zona y por la situación junto a los caminos, puede suponerse que esta vía sería usada desde, al menos, época romana (6).

De este enclave ya se tenían noticias desde finales de los 60 por los hallazgos junto al colindante cortijo de San Rafael de un tesorillo de monedas, así como por un estudio publicado por Luis de Mora Figueroa en 1981. En él se daba cuenta de los materiales cerámicos (vasijas, anforitas, jarritas) y metálicos (hebillas cruciformes y de placa rígida, puntas de lanza, apliques, zarcillos…) procedentes de ese lugar que se encontraban en distintas colecciones particulares a las que el autor tuvo acceso (7).





Frente a Sanlucarejo, al otro lado de la carretera, destaca en lo alto de un cerro el caserío del cortijo de San Rafael al que pertenecen también los tres pabellones de viviendas de trabajadores que se observan a media ladera, junto al carril de acceso. Hasta el último tercio del siglo XIX San Rafael era conocido como Cortijo Gamaza, por la proximidad de la sierra del mismo nombre a cuyos pies se extienden esta finca. En las tierras de San Rafael, existió una villa romana de época imperial que pudo perdurar en el bajo imperio y en los siglos posteriores (8). Como se ha dicho, en 1969 se halló aquí un tesorillo de 28 monedas romanas de oro, depositado inicialmente en el Museo Arqueológico de Cádiz, del que paso al MAN, donde se encuentra. Las monedas son de finales del siglo IV d.C., correspondientes a la época de los emperadores Honorio y Arcadio (9).

San Rafael, prototipo de los antiguos cortijos de secano de la campiña, ya es mencionado por Madoz (1848), quien lo cita en el camino de Jerez a Bornos, entre el cortijo de El Palomar y las huertas y el Pilar de Gamaza, como se conocía ya a la fuente del actual cortijo de Sanlucarejo (10). Como construcción singular, conserva unos curiosos graneros, con rampas de acceso para carros al piso superior que se cuentan entre los pocos ejemplos de este tipo que han llegado hasta nuestros días. No es de extrañar que por sus especiales características y con tanta historia a sus espaldas, San Rafael saltara también a las páginas de la literatura de la mano de la hermosa novela “Historia de una finca”, obra de José y Jesús de las Cuevas ambientada en este cortijo de la campiña arcense y publicada en 1958 (11). De ella se ha escrito que “…aun con la reserva de tratarse de una obra de ficción, aporta una pormenorizada y fidedigna visión del tránsito de los modos de producción a las fórmulas modernas” (12). Como apunta acertadamente Ramón Clavijo, la novela es la historia de los profundos cambios que vivió la finca “que va pasando de los tinahones de bueyes iluminados con candiles de aceite y las cobras de yeguas en las trillas, a las cosechadoras y los tractores. Pero el horizonte siempre es el mismo, la tierra, mientras todo lo demás seres y formas de vida se van transformando” (13).

Dejando atrás San Rafael y Sanlucarejo, pasamos ahora por el cruce con la que en otros tiempos se denominara “carretera agrícola”, que unía Bornos con Mesas de Santiago y que hoy se encuentra cortada. Junto al cartel que lo indica podemos asomarnos a ver el antiguo pozo de San Rafael (construido en 1959) que surte con sus aguas un pilar-abrevadero para el ganado de la finca.



Por la fuente del Jadramil.

Continuando en dirección a Arcos, la carretera cruza durante tres km por monótonos campos sembrados de cereal o girasol. Junto a sus arcenes, una orla de palmitos nos recuerda que sigue el trazado de la antigua cañada de Arcos a Lebrija, que en algunos lugares conserva aún su anchura tradicional. Pasamos entre las tierras de Las Valderas y, algo más adelante, de El Jadramil (o Jaramil). Antes de llegar a este cortijo, cuyo caserío queda a la derecha sobre una pequeña loma, un bosquete de eucaliptos nos marca la entrada de una antigua cantera de arenisca calcárea que se explota



en estos parajes, el mismo material rocoso que conforma la cercana Sierra de Gamaza y la Peña de Arcos. A su interés geológico hay que sumar el histórico, como recuerdan los hermanos De Las Cuevas en su monografía sobre Arcos, donde mencionaban los hallazgos realizados por Mancheño y otros en la Colada del Jadramil (14). Mas recientemente, excavaciones de urgencia en estas canteras permitieron conocer que en estos parajes del Jadramil, tan cargados de historia, se emplazaba un asentamiento de la Edad del Cobre (o Calcolítico), fechado entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de nuestra era. Aparecieron aquí estructuras subterráneas (pozos y silos), de características similares a las puestas a la luz en las canteras de El Trobal, próximas a Nueva Jarilla. Junto a estas estructuras funerarias prehistóricas se encontraron también enterramientos de época romana. Para un mayor conocimiento de este interesante yacimiento remitimos al lector a los trabajos de María Lazarich González (15).

Pero volvamos de nuevo a la arenisca y al paisaje. Esta roca, también conocida como “caliza tosca” o calcarenita, formada en el Mioceno superior, tiene naturaleza porosa y permite la filtración de las aguas de lluvia y escorrentía hasta niveles inferiores.



Aparecen aquí materiales menos permeables (margas gris-azuladas o de color crema), que retienen el agua y favorecen, en los puntos donde se dan las condiciones geológicas adecuadas, la aparición de fuentes y manantiales (16).

Uno de estos puntos es la conocida Fuente de Jadramil (o Jaramil) que encontramos en un prado, a la derecha de la carretera en dirección Arcos, pasada la entrada del cortijo, en un paraje en el que antaño abundaban las chumberas, hoy destruidas por una imparable plaga. El manantial ha sido encauzado hasta una pequeña construcción con bóveda de ladrillo, que guarda un pequeño depósito de agua desde el que se alimenta un curioso pilar. De forma rectangular, estrecho y muy alargado, el pilar permite que beban en él simultáneamente un buen número de cabezas de ganado. No en balde se emplaza en un antiguo descansadero de la vía pecuaria. Su fuente mana durante todo el año y sólo se agota en ocasiones excepcionales habiendo sido usada tradicionalmente para el abastecimiento ganadero, aunque en tiempos pasados también se utilizaban sus aguas para beber. A las orillas del reguero que forman las aguas que salen de su caño, nunca faltan los típicos berros que muchos vecinos recogen.



Dejando atrás la fuente del Jadramil, nuestra ruta pasa ahora junto a La Mancheña, que queda a la izquierda, poco antes del cruzar el puente sobre el arroyo Salado de Espera, tributario del Guadalete al que se une en las proximidades de la Junta de los Ríos. Este modesto curso fluvial, escoltado aquí por cañas y tarajes, tiene sin embargo violentas crecidas que cortan la carretera en numerosas ocasiones. Desde aquí, el camino inicia un pequeño repecho que deja a la izquierda una singular construcción, el Cortijo de San Pedro, construido en 1929 como indican los azulejos de su fachada, en la que destaca una curiosa puerta de entrada, con un tejado elevado sobre la línea de cubiertas de las demás dependencias. Conocido también como Rancho de Beltrán, el cortijo estuvo en otro tiempo dedicado a la cría caballar. Frente a la entrada, un curioso pilar nos da pistas de ello (17).



Nuestro camino llega a su fin y, al poco, damos ya con el desvío para la autovía Jerez-Arcos y los accesos a esta población, fin de nuestro camino y del recorrido por esta olvidada carretera secundaria tan cargada de paisajes y de historia.

Para saber más:
(1) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 150.
(2) Pérez Regordán, M.: Nomenclátor de Arcos de la Frontera. El Campo. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 199. Pg. 76.
(3) Ibidem, 180
(4) Ibidem, 302-303
(5) Martí Solano, J.: Excavación arqueológica de urgencia en la necrópolis hispanovisigoda de "Sanlucarejo". Arcos de la Frontera. Cádiz, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1991, III Actividades de Urgencia, pp. 29-36. El emplazamiento se describe en p. 29 y siguiente. Ver también Carta Arqueológica del término municipal de Arcos de la frontera, 2009, Vol. III (1), p. 133-146
(6) Martí Solano, J.: Op. Cit. p. 35
(7) Mora-Figueroa, L. de:La necrópolis hispanovisigoda de Sanlucarejo (Arcos de la Frontera, Cádiz)”. Estudios de Historia y Arqueología medievales, 1, pp. 63-76. Universidad de Cádiz, 1981, Cádiz.
(8) Carta Arqueológica…, Op. Cit., p. 315-320.
(9) Pérez Regordán, M.: Op. cit. p. 302;
(10) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, 1986, p. 83.
(11) De las Cuevas, J. y J.: Historia de una finca, Jerez Industrial, 1958.
(12) VV.AA.: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. C. de Obras Públicas y Transportes. 2002, p.; 318)
(13) Clavijo Provencio, R.:Historia de una finca”, Diario de Jerez, 12 de abril de 2008. También se dan las referencias de este libro al Cortijo de San Rafael en Pérez Regordán, M.: Op. cit. p. 302;
(14) De las Cuevas José y Jesús.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. pp. 24 y 50.
(15) Lazarich González, María. (2003): El Jadramil (Arcos de la Frontera). Estudio arqueológico de un asentamiento agrícola en la campiña gaditana. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera. Cádiz. 496 pp.
(16) Mapa Geológico de España. Hoja 1.062. Paterna de Rivera. Instituto Geológico y Minero de España. 1987. pg. 18-20
(17) VV.AA.: Cortijos… Op. Cit. p. 465.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Carreteras secundarias, En torno a Arcos, Fuentes, manantiales y pozos, Paisajes con historia, Rutas e itinerarios.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 1/07/2018

Por el camino de Jerez a Arcos.
La alcantarilla del Salado: un viejo puente con siglos de historia.




En entornoajerez nos gusta transitar por los carriles y cañadas de la campiña, por esos viejos y olvidados caminos en los que aún es posible descubrir algunos testimonios de la importancia que en tiempos pasados jugaron en las comunicaciones entre poblaciones cercanas. A sus orillas se instalaron antiguas ventas y casas de postas y, cuando su trazado se veía interrumpido por un arroyo, se habilitaban vados o se construían alcantarillas. La mayoría de estas últimas han ido desapareciendo a medida que la construcción de nuevas carreteras las iba sustituyendo por puentes más sólidos, cuando no caían arrastradas por las crecidas de los ríos y arroyos que cruzaban. Sin embargo, muchos de estos pequeños puentes han llegado hasta nuestros días y aún es posible encontrarlos, entre olvidados y perdidos, en aquellos parajes por los que un día discurrían antiguas vías de comunicación. Hoy vamos a visitar uno de ellos, un sobreviviente con cuatro siglos de historia entre sus sillares y arcos de ladrillo: la alcantarilla del Salado, en el camino de Arcos a Jerez.

Por las tierras de El Guijo, Valdejudíos y Macharaví.



Las carreteras cambian de trazado y de fisonomía, pero los paisajes que atraviesan conservan muchos elementos que los hacen reconocibles a pesar del paso del tiempo. La que une Arcos y Jerez recorre, en buena parte, los mismos parajes que el camino que unía estas poblaciones hace cinco siglos, según los testimonios que han llegado hasta nosotros. En uno de estos puntos, donde arranca la cuesta de Valdejudíos, entre los cerros del Guijo y de La Mina y los olivares de Macharaví, la carretera atraviesa el curso del Salado de Espera, afluente del Guadalete y río de desbordantes avenidas. En numerosas ocasiones, inunda los llanos que se abren junto a sus riberas habiendo llegado a cortar en sus crecidas la antigua carretera de Arcos a la altura de la conocida Venta La Mina. En este paraje, como un auténtico superviviente del azote de las furiosas riadas de los últimos siglos, aún sigue en pie un pequeño puente de un solo ojo, edificado con sillares de piedra y ladrillo: la alcantarilla del Salado.

Esta singular obra es conocida también con otros nombres. Así en la hoja 1049 del Instituto Geográfico (en su primera edición de 1917) figura como Puente de Valdejudío, mientras que en otras fuentes es denominada como “alcantarilla de Matajaca”, o incluso como “alcantarilla de Jerez”, como veremos. El puente se encuentra en la actualidad, casi oculto entre la vegetación de ribera, “fuera de servicio”, aguas abajo de los viaductos de la autovía Jerez-Arcos y del nuevo puente de la carretera cuyo tablero fue elevado en los años 90 para evitar las frecuentes inundaciones en la zona.

Su abandono hay que buscarlo a comienzos de la década de los 60 del siglo pasado cuando se realizaron obras en los alrededores de la Venta de La Mina y se varió parcialmente el trazado de la carretera, entonces, “la alcantarilla del Salado, el sitio de Barreros y Valdejudíos, fueron los pasajes más afectados en el camino de Jerez” (1).

Un pequeño puente con siglos de historia.

La alcantarilla del Salado, guarda, pese a lo modesto de su fábrica, una larga historia. El célebre historiador arcense Miguel Mancheño aporta algunas pistas, un tanto confusas en ocasiones,



extraídas de los archivos municipales de Arcos, acerca de su construcción y sus sucesivas reparaciones. En la primera de estas referencias, al relatar una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en la población durante el año 1611, indica: “Construyóse un puente de un solo ojo en el camino de Jerez sobre el salado, que aún existe después de varias reformas” (2). Mancheño, que escribe sus Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera en 1896, identifica la alcantarilla del Salado “que aún existe”, es decir, la que hoy conocemos, con aquella que las crónicas señalan que se construye en los inicios del s. XVI, y que aún se mantiene en pie, gracias a “varias reformas”.

Otra posible cita sobre el origen de este puente la encontramos en este mismo autor que apunta que “Labráronse en 1695 las alcantarillas del camino de las Nieves y el de Jerez” (3). Si se refiere a la misma obra, estaría retrasando casi un siglo su construcción en relación con la primera referencia, si bien tal vez pueda interpretarse como una profunda reforma o reparación de aquella, o con la construcción de otras obras menores sobre los arroyos que cruzan el Camino de Arcos a Jerez. Más explícito es el dato que apunta a un origen más cercano de la obra cuando, en los hechos destacables acontecidos en la ciudad durante el siglo XVIII, indica que “labróse por el ayuntamiento en 1772 la alcantarilla de Matajaca sobre el arroyo Salado, para facilitar el tránsito de ganados, caballerías y viandantes de uno a otro lado de la campiña” (4).

De la existencia de este singular puente durante el siglo XVIII tenemos también referencias a través de un curioso manuscrito de la Biblioteca Nacional, “Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, de autor desconocido, escrito en torno a 1744. Detallando el camino que, partiendo de Arcos se dirige a Jerez, esta antigua guía de camino señala que “A la media legua (de Arcos) hay el arroyo Salado de esta ciudad, que pasa por una puente pequeña de ladrillo y mampostería, es el mismo que se encuentra al principio del camino que va a Las Cabezas” (5). Al referirse al camino de Arcos a Las Cabezas, vuelve a mencionarse nuestra alcantarilla: “hay en dicho camino, a la media legua, un arroyo llamado el Salado de Arcos, en donde se cuaja sal; tiene una alcantarilla pequeña de ladrillo y de mampostería, y su origen en el término de la villa de Espera, como a la media legua más arriba y a la derecha del camino que va a dicha villa desde dicha ciudad; corre por ambos términos y desagua en el río Guadalete, junto al molino de Casinas” (6).

Un siglo después, a mediados del XIX, Pascual Madoz nos aporta nuevas referencias sobre este pequeño puente, vital para las comunicaciones entre Arcos y Jerez. En su conocido Diccionario Geográfico, al referirse a los arroyos del partido judicial de Arcos menciona, entre los más importantes al Arroyo Salado de Espera y señala que “los más caudalosos tienen su alcantarilla ó puente de piedra y los demás se vadean” (7). De la misma manera, al describir los caminos más destacados de la provincia, se detiene en el de Arcos a Jerez indicando que se trata de un “Camino de ruedas, pero dificultoso en el invierno, de 5 leg. de long., de E. á O., abierto en terreno llano y colinas de labor. A unos ¾ de leg. De Arcos, después de atravesar por olivares sembrados en muchas y altas colinas, se pasa por un puente de un ojo llamado la alcantarilla de Jerez, sobre el Salado de Arcos que desagua en el Guadalete”. (8)

Si en el siglo XVIII, como hemos visto, el puente aparece como paso obligado de los caminos de Arcos hacia las poblaciones cercanas, en el siglo XIX, con el incremento del comercio, la alcantarilla jugará un papel fundamental en las comunicaciones entre Arcos y Jerez, ciudad esta última a la que se transporta buena parte de la producción agrícola de la campiña arcense. El historiador Miguel Mancheño se lamenta, a finales del XIX (1895), de lo dificultoso de esta empresa habida cuenta del mal estado de los caminos, que obligaban a que, en el transporte de mercancías entre ambas ciudades, en un carro tirado “por cinco poderosos mulos”, se invirtiera de 8 a 10 horas. De la misma manera, nos informa que los viajeros tuvieran que contentarse con “una sola empresa de carruajes establecida en Jerez, con servicio bastante deficiente, hace una expedición diaria de Jerez y otra de Arcos, por precio de cuatro pesetas por persona invirtiendo en el trayecto cuatro mortales horas” (9).

La alcantarilla del salado de Espera en la actualidad.



El viajero curioso que quiera visitar la alcantarilla del Salado puede acceder fácilmente a ella desviándose de la carretera de Arcos a la altura del paraje conocido como Venta de la Mina a orillas del arroyo Salado de Espera, un par de kilómetros antes de la cuesta de Valdejudíos. En este lugar -que debe su curioso nombre a la mina de azufre que allí existió, y de la que otro día nos ocuparemos-, siguiendo el curso del arroyo por un carril que discurre paralelo a su orilla derecha, descubriremos al poco, escondido entre carrizos y eneas, este singular puentecillo.

Sus estribos son de sillares y mampostería y su sólido arco está construido por hiladas de ladrillo contrapeadas para ganar en resistencia y solidez. En su parte superior discurre la calzada sobre la fábrica, que tiene unos 30 m. de longitud y algo más de 5m de anchura, conservando aún restos del asfalto que la cubría, señal inequívoca de su uso hasta hace menos de cincuenta años. El grosor del arco de ladrillo es de 1,30 m, uno de los mayores que recordamos en las alcantarillas del siglo XVIII que aún se mantienen en pie.

De acuerdo a las fuentes consultadas por el historiador Miguel Mancheño que llevan su construcción hasta 1611, la alcantarilla del Salado, reformada en los siglos posteriores, cumplió hace unos años cuatro siglos. Sea como fuere, ahora que también se ha reabierto -ya renovada- la antigua Venta La Mina, donde paraban los arrieros y carreteros que frecuentaban estos caminos, sería un buen pretexto para que su entorno fuese adecentado y se consolidasen sus estribos y su calzada de manera que pudiese ser visitada con mayor comodidad. En todo caso, sugerimos al lector curioso acercarse a este original puentecillo que debe figurar, por méritos propios como un elemento singular del patrimonio de la caminería de nuestro entorno rural.

Para saber más:
(1) De las Cuevas J. y J.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. Pg. 14-15
(2) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes para una Historia de Arcos de la Frontera. Edición de María José Richarte García. Servicio de Publicaciones de la UCA y Excmo. Ayto. de Arcos. 2002. Vol. I. pg. 160.
(3) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes… pg. 169.
(4) Mancheño y Olivares, Miguel: Apuntes… pg. 229.
(5) Jurado Sánchez, J.:Descripción de caminos y pueblos de Andalucía”, Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla 1989. Pg.67
(6) Jurado Sánchez, J.:Descripción… Pg. 66.
(7) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Ed. facsímil. Ámbito, Salamanca, 1986. Pg. 45.
(8) Diccionario Geográfico… Pg. 82.
(9) Mancheño y Olivares, Miguel: Riqueza y cultura de Arcos de la Frontera… pg. 54-55.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Para ver más temas relacionados con éste puedes consultar: Puentes y obras públicas, Paisajes con historia, Arcos de la frontera y su entorno, Patrimonio en el medio rural.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 25/03/2018

 
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