Buscando el Guadalquivir
Por la “carretera del Calvario” (I)




Como cada año, en estos días en los que se realiza la peregrinación anual a la Ermita del Rocío en Almonte, los romeros jerezanos y los de otras poblaciones cercanas, cruzan las tierras de la campiña buscando el Guadalquivir. Sin embargo, la pandemia ha truncado en esta ocasión la más popular de las romerías de nuestro país. Para recordar este "camino jerezano" al Rocío, vamos a recorrerlo virtualmente. ¿Nos acompañan?

La ruta habitual seguida por los rocieros atraviesa en su tramo
inicial por un hermoso rincón del término municipal de Jerez habiendo tenido a lo largo del tiempo diferentes nombres. Denominada popularmente como “carretera del Calvario”, por salir de la ciudad junto a esta antigua capilla, se la conoce también como “carretera de las viñas” ya que durante buena parte de su recorrido se cruzan antiguos pagos de viñedos que se cuentan entre los más afamados del marco.

Mucho antes de que la romería tuviese el protagonismo del que hoy goza, este “Camino del Rocío jerezano” fue también nombrado como “carretera de El Barroso”, “camino de Bonanza”, o como “camino antiguo de Sanlúcar” como se refleja en los mapas y planos de finales del siglo XIX y comienzos del XX (1).



Y lo era porque, junto a la carretera de Sanlúcar, esta fue la vía principal de acceso a ese embarcadero que, junto a otros de la Bahía, se utilizó para el comercio y embarque de nuestros vinos.

Sea como fuere, la ruta que proponemos bien pudiera llamarse “camino del Guadalquivir”, en recuerdo de esa querencia histórica, de esa búsqueda natural que desde hace siglos, llevó a nuestra ciudad a trazar distintas vías hacia el encuentro con el gran río andaluz en las tierras de Sanlúcar, en Bonanza, en Alventu o en Trebujena. Así, el embarcadero de Alventos o Alventu (topónimo que pudiera derivar del Adventus (2) latino: “lugar de llegada”) está bien documentado en la Edad Media como punto al que mercaderías y viajeros de nuestra ciudad iban y venían utilizando esta ruta fluvial. El profesor Juan Abellán (3), al estudiar las rutas de comunicación durante la dominación musulmana, señala como desde Jerez existía una vía que llegaba hasta el Guadalquivir, al embarcadero (marsa) de Trebujena (Tirbixena). De la misma manera el puerto de Bonanza jugó un papel importante para el comercio de nuestra ciudad y a mediados del siglo XIX, de la mano del crecimiento de la vitivinicultura en la campiña, se proyectó una línea férrea, destinada fundamentalmente al comercio del vino, que comunicó Jerez y Bonanza y se mantuvo en funcionamiento entre 1867 y 1965. Sea como fuere, volvemos a recorrer hoy estos viejos caminos en torno a Jerez, cargados de historia, para acercarnos hasta el Guadalquivir, admirando el hermoso paisaje de estos rincones la campiña.

Una parada en Las Salinillas.

Salimos de la ciudad por la “Carretera del Calvario” pasando junto a la conocida Capilla y al parque Zoológico. Tras dejar atrás la zona comercial Área Sur y Luz Shopping y cruzar el paso elevado sobre la Ronda Oeste, la carretera presenta a ambos lados grandes llanadas que llegan a encharcarse temporalmente en épocas de lluvias. A la derecha veremos los silos de cereal de la Cooperativa de San Dionisio. A la izquierda, un camino conduce al paraje de Las Salinillas donde se forma una pequeña laguna salobre los años más lluviosos. Este singular humedal se forma con carácter estacional junto a la carretera y ocupa los terrenos bajos a los pies de los cerros de Santiago y Corchuelo, en cuyas laderas se ubican los famosos pagos de viña del mismo nombre.

En este lugar, tan transitado en tiempos pasados, confluyen también las cañadas del Moro, de La Loba o de Guadajabaque y la Hijuela del Corchuelo (frente a la Cooperativa San Dionisio), por la que se llega hasta Las Salinillas. Este mismo camino continúa entre viñedos para unirse a la Hijuela de Rompeserones que nos lleva a la viña de Vistahermosa, donde se alzan las renombradas Bodegas Luis Pérez cuyo llamativo edificio vemos dominando el cerro de El Corchuelo.

Hasta Las Salinillas llegan las aguas de los pequeños arroyos que drenan el rincón noroeste de la campiña jerezana. El principal de ellos, el del Amarguillo, viene de las laderas de poniente del pago de Macharnudo y ya delata en su nombre el carácter salobre de sus aguas. El Arroyo del Zorro, que se une a él en las cercanías de este lugar, arranca en las faldas de los "cerros del Carrascal y Capirete, y forma también pequeños lagunazos y aguazales a los pies del Cerro de Santiago.

Desde Las Salinillas, donde en invierno se remansan las aguas formando una laguna de escasa profundidad, el curso resultante toma ya el nombre de Arroyo de La Loba o el de Guadajabaque. Este arroyo atraviesa la Ronda Oeste bajo un paso construido recientemente y rodea el perímetro del centro comercial Luz Shopping y Área Sur para dirigirse hasta la nueva Laguna de Torrox por cuyo aliviadero se conducen finalmente sus aguas al Guadalete.



No faltan en los alrededores de Las Salinillas, los años en los que no se labra y siembra su superficie, las típicas especies de la vegetación acompañante de estas lagunillas salobres, entre las que destacan las salicornias (Salicornia ramosissima) que se mantienen verdes y carnosas aún en los días más calurosos del verano. En las laderas del arroyo crecen también tarajes, carrizos, juncos…

En los meses más calurosos, el paseante curioso podrá también detenerse a observar las formas caprichosas que adoptan los tallos secos de la vegetación perilagunar, revestidos de sal, o las curiosas figuras que se forman en el lecho cuarteado de la laguna veladas por una delicada capa blanca que, por un momento, se nos antoja como cubierto por una tenue nevada. La sal forma también pequeños grumos sobre las margas que rodean el vaso de la laguna y se deposita sobre las huellas que dejan los animales que merodean por este lugar o sobre las pisadas de los visitantes. Algunos años, la cubeta de este pequeño humedal de Las Salinillas se rotura y se siembra de cereal, no pudiendo disfrutar entonces del llamativo contraste de colores entre el verde intenso de los viñedos circundantes y el blancor de la fina capa de sal que cubre su lecho.

Por la “carretera de las viñas”.



Retomamos nuestro camino que se adentra en terrenos de suaves colinas cubiertos de viñedos. A la derecha, sobre el Cerro de Santiago llaman la atención las viñas de Cerro Viejo y Cerro Nuevo, esta última reconocible por la inconfundible fila de cipreses que escoltan su camino de acceso. Algo más cerca queda la viña de La Constancia, con sus lagares y bodegas sobresaliendo entre las laderas cubiertas de cepas. En este lugar, a la derecha, arranca la antigua Cañada del Amarguillo que tiene su continuación a la izquierda con la de Cantarranas. Algo más adelante, la carretera pasa junto a la conocida Viña Los Monos y deja a sus lados otras muchas (Cartera, La Salud, San José, Los Cedros, Verdejo, La Tonelera, La Palma…) que justifican sobradamente otro de los nombres con el que se conoce a esta ruta: “carretera de las viñas”.



Poco antes de llegar a un puertecillo (Puerto de los Olivos), despunta a la izquierda, sobre el Cerro de Orbaneja, el caserío de la Viña Santa Bárbara. Restaurado y ampliado hace apenas una década, aún conserva su sabor de construcción tradicional habiéndose mantenido el almijar, la antigua nave del lagar o el fogarín, con un gran chimeneón que asoma sobre los tejados.

La carretera inicia desde aquí un suave descenso que nos llevará hasta el cortijo de El Barroso, a la vez que el horizonte se va abriendo a la campiña. A la izquierda una cancela cierra el paso a una antigua casa oculta entre los viñedos. Se trata de la Casa de las Postas, como puede leerse en la reja. El lugar se encontraba hace un siglo al pie del antiguo camino de Sanlúcar, y es de suponer que, en tiempos pasados, se apostaban aquí las caballerías para que los tiros de las carretas pudiesen ser renovados en sus idas y venidas de Jerez a Sanlúcar y Bonanza, al Olivillo, Prunes y Ventosilla, a Pozuela y Tabajete.

En el Higuerón tras las pistas de una antigua inscripción romana.



Al llegar al llano, la carretera deja a su izquierda la Casa del Higuerón, poco antes de cruce que conduce a Añina y Las Tablas. Las tierras de El Higuerón, hoy dedicadas a cultivos de secano, lo fueron también de viñedos, como puede verse en el Plano Parcelario de Adolfo López Cepero de 1904. Uno de los sectores de esta finca, el que se encuentra colindante con el cruce de la carretera de Las Tablas, tiene el curioso nombre de Haza del Mármol, como se refleja en el citado Plano. El llamativo topónimo hace alusión a un hallazgo arqueológico del que solamente ha llegado a conocerse una pequeña parte. El viajero que circula por la carretera podrá observar aquí, entre los cultivos, dos antiquísimos pozos con abrevaderos, en un lugar que fue desde antiguo cruce de caminos donde existió un descansadero de ganado. Nuestro amigo el historiador Jesús Caballero Ragel nos informó que junto a estos pozos se descubrió en 1893 una importante inscripción romana de la que sólo pudo extraerse un fragmento, tal como se relata en el escrito que el entonces archivero municipal de Jerez, D. Agustín Muñoz y Gómez, remite a Fidel Fita, presidente de la Real Academia de la Historia relatando el hallazgo. En su carta, nuestro archivero informa de una "preciosísima reliquia epigráfica del siglo IV con calco”, señalando también que ”…existe otra parte, pero es muy difícil recuperar". Al parecer, había tenido conocimiento de ella en una visita a casa de Don Juan Fadrique Lassaletta y Salazar, su descubridor, en cuya finca de El Higuerón los trabajadores encontraron la inscripción (“el mármol”) que localizaron aproximadamente “…en el vallado… frente al pozo del cortijo del Barroso”. Lamentablemente sólo pudieron tomar de ella un pequeño fragmento ya que, como recuerda Muñóz y Gómez en su carta a Fita: “Respecto á la importante lápida cristiana de “Hasta Regia”…al excavar para reformar el vallado, salió en lo más hondo de la excavación la piedra; comprendiéndose que, no pudiendo los operarios quitarla, por lo grande, procuraron partirla de cualquier modo; hecho que se comprueba con decir que la fractura del trozo salvado cuando él lo llevó de noche á su casa, era reciente; y sin interposición de tierras u otros cuerpos, que indicasen rotura antigua entre los trozos que la componían”. Según nuestro archivero, el texto legible en el fragmento de lápida recuperada decía lo siguiente: “(Roma) la Sacra Roma, dióle la vida, el aliento y nombre: Así el (Dios) uno y trino conceda gozar del cielo...”

Dejamos el Higuerón para continuar nuestro camino pensando que, enterrada en algún lugar en las cercanías de los pozos, guarda aún parte de su secreto una lápida, “un mármol”, que tal vez un día nos aporte pistas de esa familia cristiana romana, poseedora de tierras en las cercanías de Asta Regia, distante tan sólo7 km de este enclave.

Algo más adelante, en un recodo que se abre a la derecha de la carretera, encontramos la entrada de la Cañada del Amarguillo, que se abre camino en los bajos que se forman entre el Cerro Pelado, el Cerro del Hinojal y los Cerros de Macharnudo y Santiago.

La próxima semana, en nuestro recorrido “buscando el Guadalquivir”, nos detendremos momentáneamente en este rincón de la campiña. En él visitaremos hermosos parajes de viñedos y nos acercaremos a curiosas historias de canales que pudieron haber comunicado el Guadalete y el Guadalquivir. Lugares con nombres tan curiosos como Puerto Escondido o Cerro y Casa del Barco, han sido objeto de sugerentes hipótesis por parte de algunos historiadores. No se las pierdan.

Para saber más:
(1) Como “carretera del Barroso” (primer tramo) y “camino antiguo de Sanlúcar” (segundo tramo) aparece en el Plano Parcelario… de A. López Cepero (1904) y como “camino de Sanlúcar” y “Trocha a Jerez”, en el Mapa Topográfico Nacional, I.G.N., primera edición, 1917. El Plano del Término Municipal de Jerez de A. Lechuga y Florido lo recoge como “Camino de Sanlúcar a Jerez” (1897).
(2) Martín Gutiérrez, E.: “Análisis de la toponimia y aplicación al estudio del poblamiento: el alfoz de Jerez de la Frontera durante la Baja Edad Media”, HID, 30 (2003), 257-300, p. 259.
(3) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004, p. 30.
(4) Agradecemos a nuestro amigo, el historiador Jesús Caballero Ragel, la transcripción del documento titulado "Carta de A. Muñoz y Gómez donde informa a F. Fita del hallazgo de una "preciosísima reliquia epigráfica del siglo IV" con calco; existe otra parte, pero es muy difícil recuperar", donde se da cuenta de los restos encontrados en El Higuerón en 1893. Puede consultarse en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

.La fotografía de la Viña Santa Bárbara nos ha sido facilitada por nuestro amigo Faly Fajarro. La imagen de la Capilla del Calvario (1890) ha sido tomada de una aportación de Manuel Jesús Garzón al grupo de Facebook "Cosas de Jerez que se han perdido con el tiempo".

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otros enlaces que pueden interesarte: Carreteras secundarias, Paisajes con historia, El Paisaje y su gente, Rutas e itinerarios, Por la “carretera del Calvario”. (II) Buscando el Guadalquivir.

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, 1/06/2014

La “Torre de Cera”.
Una torre vigía del Jerez andalusí (I).




Dominando las tierras del bajo Guadalete desde Arcos hasta los Llanos de la Ina, el Cerro del Castillo, en Torrecera, es un hito paisajístico de primer orden presidido en su cima por una torre almenara de época islámica, cuyos viejos muros de tapial son visibles desde la lejanía.

La torre formaba parte del sistema defensivo en torno al Jerez andalusí y su origen hay que buscarlo, tal vez, en la expansión demográfica que, como ha señalado Laureano Aguilar, experimenta la región a partir del siglo XII. Como consecuencia d ello se consolidan un buen número de aldeas y alquerías, algunas de ellas fortificadas, repartidas por el extenso alfoz de nuestra ciudad (1). Aunque se desconoce cuándo fue levantada, se atribuye su construcción a las primeras décadas del XIII. De lo que no cabe duda es del papel destacado que debió jugar en la defensa del territorio por el dominio visual que desde ella se tiene del curso medio del Guadalete y de sus vegas y campiñas circundantes.

El emplazamiento estratégico de esta torre vigía estuvo vinculado también al control de una importante vía de comunicación de gran importancia hasta los siglos medievales. Se trata de la ruta que ponía en conexión las campiñas sevillanas y las riberas del Guadalquivir con el Campo de Gibraltar a través de la Sierra de Gibalbín y la vega Baja del Guadalete. En este sector, la mencionada vía, cruzaba el río por el Vado de Sera, a los pies de la torre, para continuar a través del valle del Salado de Paterna en dirección a Alcalá de los Gazules y Medina Sidonia siguiendo en parte el trazado de la actual Cañada de Los Arquillos.

Tras los rastros de Xera y Ceret en la historiografía clásica.

Desde antiguo, tanto las ruinas del torreón como los topónimos vinculados a ellas (“Cera” o “Torre de Cera”), reclamaron la atención de la historiografía tradicional y desataron las especulaciones de los historiadores locales, queriendo ver en este emplazamiento el de antiguas ciudades relacionadas con nuestro pasado remoto.

Así, por citar sólo algunos ejemplos, Fray Esteban Rallón, vincula este lugar a la Xera mencionada por Estéfano de Bizancio geógrafo del s. V d. C., que recoge a su vez los testimonios de Teopompo, historiador griego del s. IV a. C. El texto de éste último (Xēra, polis peri tas Herakleious stelas), muy discutido, alude a una ciudad, Xera, cercana a las columnas de Hércules.



A diferencia de los eruditos locales, que quisieron ver en ella la más remota referencia histórica al emplazamiento de la actual Jerez, el padre Rallón descarta ya a mediados del XVII estas teorías y para ello, acude a una argucia no menos disparatada: buscarle a esa posible ciudad de Xera otra ubicación.



El lugar mencionado por Estéfano Bizantino, escribe, “… no es nuestra ciudad, sino un sitio despoblado, que hoy conserva el mismo nombre, y se llama la Torre de Cera, donde se descubren ruinas de edificios antiguos, y en quien concurre mejor que con nuestro Xerez” (2).

El historiador Bartolomé Gutiérrez (1787), al ocuparse de las torres y fortalezas repartidas por el término de Jerez menciona la de Cera, recordando que otros autores asocian este topónimo al de Ceret: “Más al occidente en otro alto cero está la torre de Cera ó del Serrallo,… es también fuerte más no tanto como la de Jigonza, en este sitio nos apropian el de la antigua Ceret, por estar en tierras de labor y la moneda de este nombre gravar las dos espigas, como símbolo de la feracidad del terreno…” (3).

Xera y Ceret, nada menos, fueron situadas en estas ruinas por algunos de aquellos historiadores locales que, a buen seguro, nunca visitaron el lugar, ya que hubiese bastado observar sus muros para ver en ellos similitudes claras con la cerca islámica de la ciudad de Jerez, que todos identificaban como “obra de moros”.



Habrá que esperar al siglo XIX para que otros estudiosos como Parada y Barreto (1876) tiren por tierra estas tesis de la historiografía tradicional: “La suposición de que Cerét debía corresponder al sitio que ocupa la torre de Cera; que ha sido la opinión más generalmente admitida en razón de la analogía de ambas palabras, es a nuestro modo de ver inadmisible. El nombre de Torre de Cera no se encuentra mencionado sino posteriormente a la conquista del territorio jerezano y pudo haber tomado tal nombre del apellido de algún caballero de los que acompañaban a Alonso el Sabio, a quien acaso le fue dada por el Rey o tuviera ocasión de dejar por cualquier hecho, recordando su nombre en tal castillo” (4).

Con Alfonso XI en el Vado de Sera.

Sea como fuere, el enclave de la Torre de Cera jugó durante los siglos medievales un importante papel defensivo y de control del territorio, primero para los musulmanes y después, tras la conquista de Jerez por Alfonso X el Sabio, para los nuevos pobladores cristianos.

Conviene recordar que la vía de comunicación ya mencionada y que discurre paralela al curso del Salado de Paterna, a los pies de la torre, ha sido utilizada como paso natural entre estas tierras desde la más remota antigüedad.



En las cercanías se ubicaba una de las obras más notables del acueducto romano de Tempul a Gades, el sifón de Los arquillos, algunos de cuyos vestigios aún son visibles hoy día, habiendo sido objeto de recientes estudios por parte de los investigadores del proyecto AQUADUCTA. No hay que olvidar que desde la torre de Torrecera existe también conexión visual con las torres de entrada y salida del sifón del acueducto que se alzan en sendas lomas en los cercanos cortijos de Los Isletes y Los Arquillos.

En el Medievo este camino pudo ser, a juicio del profesor F. Hernández, la ruta seguida por Musa b. Nusayr en sus primera incursión, tras la victoria de Tarik en 711, quien según este autor, cruzaría el Guadalete por el Vado de Sera en su avance hacia las campiñas sevillanas, una vez conquistada Medina Sidonia (5). Como señala el profesor Juan Abellán, este mismo lugar fue paso obligado en el Jerez andalusí para las rutas que se dirigían a Vejer y Medina (por el camino de Algeciras descrito ya por al-Idrisi) y, especialmente, a Alcalá de los Gazules, pasando por Los Arquillos (6).



En algunas fuentes medievales cristianas como la Crónica de Alfonso XI, se subraya de nuevo la importancia de este lugar. Así, por ejemplo, en su camino hacia Alcalá de los Gazules, en el marco de una operación militar para liberar a la fortaleza de Gibraltar del cerco al que le había sometido el infante Abu-Malik, Alfonso XI acampará con sus tropas a orillas del Guadalete el 23 de junio de 1333. Habían cruzado por el Vado de Sera, como refleja la Crónica, para continuar al día siguiente en paralelo al Salado de Paterna, tomando la dirección de Alcalá. (7 y 8).

En estos siglos en los que el valle del Guadalete fue tierra de frontera, la Torre de Sera o de Cera, como se la llamará a partir de la dominación cristiana, formará parte del cinturón de torres vigía, atalayas o almenaras distribuidas por la campiña, con muchas de las cuales mantenía una buena conexión visual. Así, entre las torres, fortalezas o castillos que quedaban en su campo de visión, citamos las de Gigonza (a 12 km, al este), el castillo de Medina Sidonia (a 15 km al sur) o el de Torre Estrella (a 19 km al SE). Algo más lejos se divisa el castillo de Arcos (21 km NE), Jerez (19 km al O) o la Sierra de San Cristóbal (18 km al O) en cuya cumbre existió otra torre almenara. En el horizonte, hacia el Norte, se divisa también la Sierra de Gibalbín, a 25 km, que contaba con una de las torres vigías de mayor importancia estratégica en la época medieval, cuyos restos aún se conservan.

(Continuará en la próxima entrada)
Para saber más:
(1) Aguilar Moya, L.: “Jerez islámico”, en D. Caro Cancela (coord.), Historia de Jerez de la Frontera I. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 1999, pg. 243-244.
(2) Rallón, E.: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Edición de Ángel Marín y Emilio Martín, Cádiz, 1997, vol. I, pg. 13.
(3) Gutiérrez, B.: Historia y Anales de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Edición facsímil. Tomo II. BUC. Jerez, 1989, vol I, pg. 35.
(4) Parada y Barreto D. I.: Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera . Edición facsímil. Extramuros, Sevilla, 2007.Pg. 11.
(5) López Fernández, M.: De Sevilla al Campo de Gibraltar. Los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho. Historia Instituciones y Documentos, 33, (2006) p. 317.
(6) Abellán Pérez, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Pg. 41
(7) Catalán Menéndez-Pidal, D.: Gran crónica de Alfonso XI. Edición crítica y estudio. Madrid: Seminario Menéndez Pidal. Ed. Gredos, Madrid, 1976. Vol 2 Pg.43
(8) López Fernández, M.: El itinerario del ejército castellano para descercar Gibraltar en 1333.
Espacio, tiempo y forma. Serie III. Historia medieval, nº 18, 2002. Pg. 185-208


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

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