30 abril 2017

De paseo por la Sierra de Líjar.
Un cómodo recorrido circular con impresionantes vistas.




Quienes hayan visitado alguna vez Algodonales, o quienes hayan pasado por la carretera que se dirige a Olvera o Ronda, habrán visto que tiene bien guardadas sus “espaldas” por las faldas de la Sierra de Lijar, una montaña caliza de más de 1000 m. de altitud, a cuyos pies se cobija este pueblo serrano.



En nuestro paseo de hoy vamos a realizar un recorrido que, aún pudiendo ser calificado como de “altura”, es apto pata “todos los públicos”. Se trata de un cómodo y fácil itinerario circular por la meseta que corona la cima de este mogote calizo en el que disfrutaremos de unas inigualables vistas sobre la Sierra de Cádiz.

Hasta finales de la década de los ochenta del siglo pasado, la de Lijar era una sierra prácticamente desconocida para el senderismo ya que, aunque contaba con sobrados atractivos, las vías de acceso eran escasas y dificultosas. Los graves incendios de septiembre de 1985 que asolaron buena parte de la masa forestal de las cumbres de Líjar y las posteriores tareas de repoblación que se llevaron a cabo en los años posteriores, mejoraron la principal pista de subida al mogote que se vio ampliada cuando, apenas unos años después, se habilitaron las primeras pistas de despegue de alas delta y parapente.

A la cumbre de Lijar podemos llegar por diferentes rutas, que parten de Algodonales, de las cercanías del Cortijo de la Sierra o de los alrededores de las Casas de Lijar, a través de un sendero que se encaja por El Canalizo, un estrecho valle labrado por el arroyo Vertiente del Nacimiento que baja desde las zonas altas de la sierra. Todas estas alternativas requieren el ascenso por las faldas del monte a través de senderos que salvan el gran desnivel (entre 400 y 500 metros) existente entre su zona basal y la planicie de su cima.

El camino de ascenso.



Nosotros, sin embargo, elegimos hoy la vía más cómoda, que nos lleva hasta lo más alto a través del camino que arranca en las cercanías de la población de La Muela, -pedanía de Algodonales- por el que acceden los vehículos hasta las pistas de despegue de parapente. Se trata de una pista forestal de unos 8 km de longitud que los senderistas más animosos podrán subir caminando, si bien nos quedarán entonces menos fuerzas para realizar el recorrido por la parte alta de la Sierra -otros 8 km-, razón por la cual preferimos subirla en nuestro vehículo, reservando las fuerzas para el paseo que nos aguarda.

Para llegar hasta aquí hemos llegado hasta La Muela, tomando el desvío que parte a la izquierda, en la carretera Jerez-Ronda, poco antes de llegar a Algodonales. Desde La Muela, a unos 500 m en dirección a Olvera, encontraremos a la derecha del camino la indicación hacia la Zona Recreativa La Muela, habilitada hace unos años en las faldas de la Sierra de Lijar, que como leemos en el rótulo de la puerta de acceso, pertenecen al “Monte de Utilidad Pública” denominado “Los Corrales, Fuente de la Sierra y La Muela”.



Circulamos ya por una pista, asfaltada con cemento en muchos tramos, que se abre paso por las faldas de la montaña entre encinas, quejigos y algarrobos. Apenas hemos recorrido 1 km, cuando vemos a nuestra izquierda la entrada a la Zona Recreativa donde se ha habilitado un merendero. Siguiendo nuestro camino algo más arriba a la derecha, una magnífica encina aislada alberga bajo su copa unos bancos y una mesa, a modo de mirador, desde el que se obtienen bonitas vistas de la pedanía de La Muela.



Al llegar a una curva cerrada, donde la pista forma una herradura (2,2 km), se levanta frente a nosotros un impresionante tajo calizo de paredes verticales. El lugar es ideal para practicar la escalada, aprovechando la instalación permanente de una vía que se realizó en su día para los practicantes de este deporte.

El camino continúa su lenta ascensión trazando numerosas curvas en las que deberemos circular con mucha prudencia. Para recordarlo, badenes de hormigón cruzan la pista de vez en cuando, obligándonos a moderar la marcha. En otra cerrada curva (3,3 km), la instalación de un mirador invita al viajero a realizar un alto en el camino para recrearse en el paisaje. Desde aquí pueden obtenerse magníficas vistas de La



Muela y en el horizonte sobresale frente a nosotros la imponente silueta del Peñón de Zaframagón, donde se asienta una de las mayores colonias de buitres del país, que veremos sobrevolar también, a buen seguro, entre los tajos de Lijar.



A partir de este punto, se suceden las curvas y las rampas durante otros 3 km en los que la pista deja a la derecha las paredes calizas de la sierra, discurriendo entre laderas cubiertas de arbolado. A medida que el camino asciende, la vegetación se hace más abundante y cerrada. En los troncos de las encinas, llaman la atención las hiedras y por las zonas más umbrosas, el suelo tapizado de vinca.

Tras una larga rampa ascendente y cuando hemos recorrido algo más de 6 km, llegamos a una bifurcación señalizada. El desvió a la derecha conduce hasta las “Pistas de Poniente” (a 500 m), cuya visita recomendamos realizar en el trayecto de vuelta, después del paseo, para asomarnos a las vertientes sur y oeste de esta sierra.. Nosotros continuaremos el camino tras tomar una curva de 180 grados, ganando altura hasta llegar a una zona más despejada de vegetación en la que el paisaje se abre y nos permite ver un amplio panorama. Algo más adelante (7,5 km desde nuestra partida) se ha habilitado a la izquierda de la pista un mirador desde el que se divisan en dirección norte las campiñas sevillanas y en primer plano, a vista de pájaro, el blanco caserío de La Muela. En dirección sur cierra el horizonte la crestería de la Sierra del Pinar que hasta entonces había quedado oculta a la vista.



Quinientos metros adelante encontraremos un nuevo cruce en el que dejaremos el coche. En este punto iniciaremos nuestro paseo circular por la cumbre amesetada de la Sierra de Lijar, un cómodo recorrido de unos 8 km, por una pista que apenas presenta desniveles en su trazado y que lo hacen accesible para todos los senderistas.

Sendero circular por las cumbres de Lijar.



Un poste de señalización indica a la derecha el camino que conduce al mirador de Levante (pistas de parapente), situado a 2,2 km, al que podemos acceder también en coche. Nosotros, sin embargo, tomaremos el de la izquierda, el conocido como Sendero Algodonales - Los Nacimientos.

Tras dejar atrás una cancela, cruzamos por una zona de monte repoblado, donde abundan las encinas, que en este paraje presentan entre uno y tres metros de porte. Entre ellas pueden verse también ejemplares de madroños, pino carrasco, labiérnagos, algarrobos... En algunos lugares se mezclan con ellos enebros, cornicabras o acebuches de buen porte. Lentamente se va conformando de nuevo el estrato arbóreo de este paraje forestal que se perdió casi en su totalidad en septiembre de 1985, cuando un gran incendio asoló la vegetación de la Sierra de Lijar. Casi 400 soldados del Ejército fueron enviados entonces como refuerzo para colaborar con las brigadas forestales y vecinos de la zona en las tareas de extinción.
El fuego, al parecer intencionado, arrasó 2.000 hectáreas y destruyó casi por completo la cubierta vegetal de las zonas altas de la Sierra de Lijar. Tras muchos años de trabajos forestales y de tareas de repoblación, lo que hoy apreciamos, este bosque incipiente de encinas, lentiscos,



madroños… es el lento “trabajo” que la naturaleza ha realizado en algo más de treinta años, lo que inevitablemente nos lleva a pensar en la necesidad de extremar la protección de nuestros bosques.

Lento pero prometedor, a juzgar por el empuje y el vigor con el que crecen tantas especies vegetales que, poco a poco, van colonizando todos los rincones de esta alta meseta de Lijar. Además de las especies arbóreas citadas, abundan también aquí las típicas especies arbustivas y herbáceas del monte mediterráneo. Ononis, coscojas, lentiscos, jaguarzos, aulagas, jara blanca, aladiernos, jara pringosa, gordolobo, gamones, durillos, escobones, espino negro... van cubriendo todos los rincones, con una pujanza que consolida poco a poco la regeneración de este espacio y nos hace ser optimistas con respecto al futuro del bosque.



Entre todo este variopinto cortejo vegetal destaca la peonía, conocida también como rosa albardera, que con sus llamativos pétalos rosados, pone una nota de color entre el roquedo.

Apenas hemos recorrido 500 m, a la izquierda del camino, en un llano al que se llega tras un ligero descenso, encontramos una balsa que sirve de reservorio de agua y de apoyo a los trabajos forestales y de la que se aprovechan también los rebaños de ovejas que pastorean en la sierra. En sus proximidades llama la atención del viajero un sumidero, uno de los muchos que nos encontraremos a lo largo de nuestro recorrido. No hay que olvidar que todo este paraje no es sino una pequeña depresión cárstica, que se forma entre las paredes del roquedal circundante, presentando un fondo plano a modo de cubeta.

El suelo, colmatado de material arcilloso, (la conocida como “terra rossa”) producido por la descalcificación de las calizas, puede impermeabilizar estas depresiones donde el agua llega a formar charcas aunque en la mayoría de los casos se infiltra por los sumideros y grietas hacia el interior del macizo. Esta zona, conocida también como “perezoso” en los trabajos de Ojeda Zújar, Díaz del Olmo y Rubio Recio (1987), presenta



gran interés geológico por que nos permite observar las diferentes formas erosivas propias del modelado kárstico.

Aún no hemos recorrido 1 km desde que iniciamos la ruta cuando encontramos una bifurcación a la izquierda que nos indica el desvío hacia el Sendero La Muela–Los Nacimientos. Nosotros seguiremos la pista principal (Sendero Algodonales-Los Nacimientos) sin desviarnos, recordando que, como se indica en un cartel, no es transitable del 15 de diciembre al 15 de abril.

El camino va perdiendo altura e introduciéndonos en una pequeña hoya que se forma en el terreno. A la izquierda se ven las crestas rocosas que se precipitan en verticales acantilados hacia La Muela y a la derecha, una suave loma cubierta de encinas que conforma el núcleo de la Sierra. Abundan en esta parte del camino los enebros de la miera, los madroños, los durillos...



Algo retirada de la pista, unos cincuenta metros a la derecha, despunta entre las encinas una antena. Se trata de una curiosa instalación: una estación sismológica perteneciente a la Red Sísmica nacional.



En un recodo del camino, casi al pie de la pista, podemos observar planchas de calizas tabulares con algunos de cuyos bloques se ha hecho una singular “mesa” pétrea. Muy cerca de allí hacemos un alto para visitar la Cabreriza de Las Víboras, un singular enclave de este rincón de la sierra.


Continuará

Para saber más:
- Aparicio Martínez, A.:Catálogo florístico de la Sª de Líjar” Tesina de licenciatura. Universidad de Sevilla. 1982.
- Aparicio, A. y Cabezudo, B.: (1982). Aportaciones al conocimiento florístico de la provincia de Cádiz (Sierra de Lijar). Anales Jardín Botánico Madrid 38(2): 477-483.
- Bel Ortega, C. y García Lázaro, A. (1990): La Sierra Norte. Guías naturalistas de la Provincia de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Págs. 155-163.
- Ojeda, J., Díaz del Olmo, F.; Rubio, J.M. y GEOS (1987): El macizo de Algodonales (Cádiz): un modelo de karst mesomediterráneo. Gades, 15, 157-182.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas relacionadas: Flora y fauna, Geología y paisajes, Parajes naturales, Rutas e itinerarios

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 30/04/2017

23 abril 2017

Por la sierra de Los Barrancos.
Un paseo por el Molino Nuestra Señora de la Luz y Las Hoces (Arcos).



La salida que hoy les proponemos tiene como destino la poco conocida Sierra de los Barrancos, próxima a Arcos, donde visitaremos un antiguo molino de aceite hoy reconvertido en hotel rural. Desde sus cercanías, tendremos oportunidad de disfrutar de magníficas vistas de la Sierra de Grazalema y de la campiña arcense, además de conocer un magnífico ejemplar de pino piñonero en el paraje de las Hoces.

Entre pinos por la Sierra de Barrancos.




Para llegar hasta él tomaremos la carretera Arcos-El Bosque. Tras dejar atrás la presa, la ruta deja a la derecha una gran cantera de arenas silíceas.



Poco antes de llegar a la conocida “Cuesta de la Escalera, un desvío a la izquierda, bien señalizado, nos indica el camino para llegar al Cortijo Barranco, donde se encuentra el antiguo molino Nuestra Señora de la Luz, una de las más hermosas haciendas de olivar que pueden verse en nuestra provincia.



Una estrecha carretera nos conduce hasta él tras recorrer algo menos de tres kilómetros entre los cerros de la Sierra de los Barrancos, prolongación hacia el sur de la del Calvario. Ambas sierras están separadas por la Angostura, garganta labrada por el Guadalete donde se levanta la presa de Bornos.




La Sierra de los Barrancos está constituida por areniscas y calcarenitas del Mioceno Superior, rocas que forman bancos de gran espesor, como puede apreciarse en los cortados de las paredes del valle que recorremos o en los paredones de la cercana Cuesta de la Escalera, en la carretera Arcos-El Bosque, donde se ha excavado una gran trinchera para el paso de esta vía de comunicación. En estas rocas, el paseante curioso, podrá observar numerosos restos fosilizados de conchas marinas.




La acción de las aguas de arroyada ha ido formando aquí profundas vaguadas, como las que cruzamos en nuestro camino hacia el molino por un estrecho puente que salva el Arroyo del Cañaveral. Este mismo curso de agua cambia luego su nombre por el de Arroyo del Santiscal cuando atraviesa las tierras de este rincón de la campiña arcense, antes de desembocar en el Guadalete en las colas del cercano embalse de Arcos. Este arroyo, que suele llevar agua también en verano, presenta una frondosa vegetación de ribera acompañando su curso en la que no faltan sauces, fresnos, chopos y álamos.

La Sierra de Los Barrancos ofrece parajes pintorescos y agrestes, con cortados rocosos y bosquetes de pino piñonero que crecen en las laderas más abruptas, mientras que en las lomas de menor pendiente se salpican los labrados de cereal o girasol, así como algunas viñas y olivares entre los que se conservan también retazos de monte bajo. Los olivares ocuparon en tiempos pasados todos estos rincones a juzgar por las diferentes haciendas y molinos de aceite repartidos por estas tierras, algunas de las cuales aún se mantienen. De muchas de ellas da cuenta Madoz a mediados del XIX, en su descripción del término de Arcos nombrando las de Faín, Peral, Santiscal, Algarabejo, Anderas, San Andrés, Bermejales, Bachiller… por citar sólo algunas de las más próximas al molino de Barranco (1). El caserío del viejo Molino de Bachiller se adivina en la parte alta del cerro, que dejamos a la derecha, subiendo hacia Nuestra Señora de la Luz. De estos dos últimos molinos se ocupa también Frasquita Larrea, en su Diario, relatando el viaje que realizó a Arcos en 1824. Así, tras visitar la hacienda El Bachiller “de los Sres. Zapata de Arcos… que son muy ricos” y alabar sus huertas, jardines y naranjales, escribe “A alguna distancia de esta hacienda tienen otra que llaman el Tarifeño que también dicen que es muy hermosa, sin contar los muchos cortijos, ganados, etc., que poseen en estos contornos” (2). “El Tarifeño” era el nombre con el que se conocía también al molino de Ntra. Sra. de la Luz en recuerdo, como veremos, de su primer propietario.

En el Molino Nuestra Señora de la Luz: Hotel Cortijo Barranco.




Desde la lejanía llama la atención la magnífica estampa del caserío del molino, que se cuenta entre las haciendas de olivar más representativas de la provincia, conservando todo el sabor de la arquitectura tradicional tras la cuidada rehabilitación, hace unos años, para su transformación en hotel rural.



Del conjunto de edificios de su caserío, sobresalen sus dos torres de contrapeso rematadas por almenas, que sirvieron de soporte a sendas vigas para el prensado de la aceituna.

La fachada principal es de gran sobriedad mostrando en su composición una serena y armoniosa belleza. En su parte central se abre la puerta de acceso al molino y en su esquina izquierda despunta una de las dos torres de contrapeso del molino.

La portada está enmarcada por pilastras y dintel labrados en piedra caliza, rematados por una cornisa sobre la que destacan dos pináculos y un llamativo escudo de armas. En el dintel, una inscripción bien conservada, nos informa de los probables orígenes del molino y justifica también su nombre, Nuestra Señora de la Luz, patrona de Tarifa, lugar de origen de su propietario.



En ella puede leerse: “A este molino se dio por nombre N. S. de la Luz, siendo fundador el Sr. D. Pascual Moreno Núñez de Prado, siendo Presbítero y Comisario del Santo Oficio de la Ynquisición y vecino de la ciudad de Tarifa y asendado en esta de Arcos en el año de 1754”.

La entrada conduce, tras un zaguán empedrado donde puede verse un hermoso azulejo devocional de 25 piezas de Ntra. Señora de las Nieves, a un patio central en el que destacan dos corredores porticados con arcos de medio punto. Sobre ellos discurren pasillos laterales que dan acceso a las estancias del molino y en cuyas paredes cuelga una amplia muestra de aperos tradicionales y herramientas del molino.



El patio está cubierto por un llamativo emparrado que en primavera y verano ofrece a los visitantes una deliciosa sombra. Los otros edificios laterales que cierran el patio, y que en su día fueron las grandes naves en las que se ubicaban las prensas de viga y los almacenes, han sido adaptados, como las demás dependencias, para las actividades de hostelería y turismo rural (3).



En el cuerpo del edificio que une las dos torres, se encontraba el señorío, hoy convertido en singulares habitaciones y en cómodas estancias con todo el sabor de la arquitectura tradicional.



En la que fuera la nave de molienda, se ha instalado el comedor principal que luce en sus paredes antiguas estanterías repletas de libros. En otra sala, habilitada también para comedor, se conserva aún la curiosa techumbre de madera del molino y en el testero de uno de sus muros, una magnífica colección de platos y vajillas tradicionales.




Por una escalera, donde luce un hermoso panel cerámico con motivos taurinos, se accede a un cuidado jardín desde el que se obtienen unas magníficas vistas de la Sierra de Cádiz, a treinta kilómetros en línea recta, que nos presenta aquí cercanos y reconocibles los perfiles de las sierras del Caíllo, Endrinal, Pinar, Labradillo y Margarita, entre otras.

Desde este jardín principal se accede a otro trasero en el que se encuentra la piscina, a los pies de una de las torres de contrapeso del molino.


Repartidas entre las praderas de césped de los jardines, el visitante puede ver antiguas piedras cilíndricas o troncocónicas que molían la aceituna, destacando entre todas ellas una de grandes dimensiones, el quintal.

Éste, se situaba en el extremo de la viga donde se desplazaba con el husillo arriba y abajo en las operaciones de carga y prensado. Muy llamativa es también una enorme losa cuadrada con hendiduras: el pie de vírgenes. En ella se apoyaban los maderos verticales que sujetaban y trababan la viga, denominadas vírgenes. Antiguas pilas de lavar o bebederos cilíndricos de piedra han sido aprovechados, como los tinajones que guardaron el aceite, para maceteros, tal como veremos en los distintos rincones del jardín.





Junto a la explanada situada en la fachada principal del molino, se ha reconstruido una antigua capilla, la Ermita de Nuestra Señora de la Luz –donde se celebran bodas- que tiene en su puerta un hermoso panel cerámico dedicado a San Miguel Arcángel. Junto a ella otras edificaciones e instalaciones (aparcamiento, picadero, huerta…) completan el equipamiento de este hotel-cortijo y hacen de este rincón, por muchos motivos, “un lugar con encanto” cuya visita recomendamos.

El pino de las Hoces.

Si desde el molino seguimos el camino que sube hasta lo más alto de la sierra de Barrancos, podremos completar nuestra visita obteniendo magníficas vistas de la Sierra de Grazalema y de la campiña de Arcos. En un agradable recorrido de apenas 1,5 km, la pista deja a la derecha la Casa del Cerro, y termina frente al paraje de Las Hoces, en el flanco sur de la Angostura del Guadalete, donde se levanta la presa de Bornos. Donde la vegetación que sirve de lindero a las fincas lo permite, podremos obtener desde aquí vistas excepcionales. A los pies de la sierra la lámina de agua del embalse se estrecha entre la Sierra del Calvario, frente a nosotros y las suaves pendientes de Sierra Martega, donde nos encontramos. El caserío de Bornos, en primer plano, se nos antoja hermosísimo desde la altura. Más lejos quedan el Coto de Bornos, Villamartín, Puerto Serrano o Montecorto, visibles también desde aquí.



En las laderas de Las Hoces llamará la atención del paseante la silueta de un fabuloso ejemplar de pino piñonero: el pino de las Hoces que crece aislado en este paraje. Este árbol singular, que tiene un perímetro de tronco de 3,85 m, destaca por su armonioso porte y por su copa homogénea y aparasolada de más de 20 m de diámetro. Con una altura cercana a los 30 m, es todo un hito en el paisaje de Las Hoces, en el que se ha anunciado recientemente la próxima construcción de un complejo turístico y un campo de golf, apreciándose ya en las laderas las catas de los estudios previos. El pino es un auténtico superviviente de los antiguos pinares que antaño poblaban la Sierra del Calvario y Sierra Martega, donde ya solo quedan algunos ejemplares de gran porte, aunque ninguno como este, cuya edad sobrepasa los 120 años.



Lejos quedan ya los tiempos en los que podía verse en La Hoces, sobre lo más alto de la sierra, un pino piñonero verdaderamente monumental, que con un diámetro de tronco de 1,75 m y una altura de 45 m podía verse desde la “carretera de Olvera”, tal como recoge gráficamente la Guía Turística de Cádiz de 1916 (4) o la revista España Forestal de 1921 (5), donde se da cuenta de la historia y la “leyenda” de este singular pino.



Después de admirar una vez más el paisaje, volvemos sobre nuestros pasos. Desde las proximidades del molino, o en el camino de regreso buscando la carretera Arcos-El Bosque, podremos observar entre los cortados rocosos de la Sierra de los Barrancos, hacia el Oeste, magníficas vistas de Arcos, aún más hermosas, si tenemos la suerte de contemplarlas a la caída de la tarde cuando ya el sol está a punto de ponerse.


Ver Molino Ntra. Sra. de la Luz en un mapa más grande

Para saber más:
(1) Madoz, P.: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. “Cádiz”. Edición facsímil, Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. p. 49.
(2) Francisca Larrea. Diario. Graficas el Exportador. Jerez. 1985. Edición especial realizada por la asociación de Amigos de Bornos, p. 137.
(3) VV.AA. Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias en Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y transportes. 2002., pp. 329-331.
(4) Guía Turística de Cádiz, 1916. En ella se muestra la fotografía que acompaña a este reportaje con el siguiente pie: Notable ejemplar de pino, de la carretera de Olvera (Cádiz), cuyo tronco tiene casi dos metros de diámetro. Agradecemos a nuestro amigo Francisco Jordi Sánchez habernos facilitado dicha imagen.
(5) España Forestal, Año VII, nº 69, enero de 1921, p. 13. La imagen del Pino de las Hoces aparece con el siguiente texto: El pino de las Hoces (P, pinea L.) sobre la sierra de Bornos (Cádiz). Dice la tradición del lugar que este pino es hijo de otro de tan grandes dimensiones, que servía de punto de mira a las naves de tiempos de Colón para enfilar el puerto de Cádiz. Diámetro a 1,50 m. del suelo, 1,75m. Altura total, 45 m. Foto M. Urech. Esta misma fotografía se puede consultar también en internet en la Fototeca Forestal. Cód. 2004 DGB-INIA.


Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto. Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Otras entradas relacionadas: Cortijos, viñas y haciendas, Entorno a Arcos,

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 23/04/2017