Un hito de la ingeniería: el puente atirantado del acueducto de Tempul (1).


Puente atirantado del acueducto de Tempul
Una de las obras más singulares de nuestro entorno rural, incluida en el catálogo de Patrimonio Hidráulico de Andalucía por haber marcado un hito en la ingeniería de su época, es el puente atirantado del acueducto de Tempul sobre el río Guadalete, en La Barca de la Florida. Obra de juventud del prestigioso ingeniero Eduardo Torroja encierra en su origen una curiosa historia.

Durante el otoño de 1916 las precipitaciones fueron intensas en la Sierra de Grazalema. Habían ”reventado los caños” del Tajo, lo que era un síntoma claro de que los acuíferos estaban ya a rebosar. El 21 de Noviembre, el joven meteorólogo de la villa, Sr. Dorado, había anotado en un primoroso cuaderno que casi 70 años después nos enseñaría su septuagenario hijo Luis Construcción del vado (1917)Dorado, la cantidad de 213,6 litros: una cifra de record desde que 4 años atrás, en 1912, iniciara los registros. Todos los signos apuntaban a un invierno muy lluvioso, como confirmaron las precipitaciones de enero y febrero de 1917. Por esta razón, cuando a inicios del mes de marzo de ese mismo año se desataron intensas lluvias, la cuenca ya estaba saturada y el caudal de los ríos y arroyos amenazaba con provocar graves inundaciones.

Todas las alarmas se desataron ya que, en apenas 36 horas, como el Sr. Dorado anotaría en su cuaderno, “la lluvia caída desde las 4 de la tarde del 5 de marzo, hasta las 4 de la madrugada del día 7 de marzo de 1917 fue de 289 litros por m2” (1). Las poblaciones ribereñas, fueron sufriendo la onda de la gran avenida que se dejó sentir en Puerto Serrano, y en Villamartín, donde el puente fue destruido por la riada. El diario ABC, en su edición del jueves 8 de marzo de 1917 (pg.9) recogía en titulares: "El Guadalete desbordado. Naufragios y desgracias" e informaba que, según un radiograma emitido en Cádiz a las 6 de la tarde del día anterior, “… En toda la provincia, han causado los huracanes enormes daños. El Guadalete se desbordó y su corriente es impetuosísima. Las aguas inundaron la campiña, arrasando las huertas y destruyendo las cosechas... El puente de Villamartín fué arrastrado por la corriente del Restos del antiguo puente-sifón y nuevo acueducto (1927)río”. Aguas abajo, en Arcos, el puente de piedra de San Miguel también resulto dañado, siendo destruido en los días posteriores por la fuerza de las aguas. En su violento avance hacia la campiña de Jerez, los caudales descontrolados del río arrasaban cuanto encontraban a su paso. En la Vega de Arcos la situación aún era más complicada al unirse las aguas del Majaceite, que rebosaban por el aliviadero de la recién construida presa de Guadalcacín. La extraordinaria avenida del Guadalete, con una fuerza y un caudal que no se recordaba, se llevó también por delante el primitivo puente de arcos de cantería de la Junta de los Rios.

Para la ciudad de Jerez, lo peor aún estaba por llegar ya que ese mismo día 7 de marzo, en el vado de la Florida, con un caudal que luego se estimó en torno a los 2.000 m3 por segundo, el Guadalete arrastraría en su furiosa avenida el puente-sifón del acueducto de Tempul, dejando a la ciudad desabastecida de agua potable.

Pivotaje para el acueducto provisional (1917)Una obra singular.

Construido medio siglo antes, el “puente-sifón del Guadalete”, como era conocido, formaba parte del trazado del Acueducto de Tempul, que había entrado en servicio en 1869. Proyectado, como el resto de la obra, por el ingeniero Ángel Mayo, este sifón, el de mayor longitud de todo el acueducto, y el de mayor coste, era también el más singular y complejo ya que cruzaba el río Guadalete a través de "un puente de hierro de tres tramos de 25 metros de luz el del centro, y de 20 cada uno de los laterales con arcos de sillería en ambas márgenes" (2). Con una longitud de 18.250 metros, el sifón arrancaba de los llanos del Sotillo, cruzando las dehesas de Malabrigo y Berlanguilla descendiendo suavemente hasta el río. En este tramo descendente, de más de 11 km., el acueducto tenía una carga de 89 m. A partir del puente, empezaba la rama ascendente con una longitud de 7.010 m. y un desnivel entre las dos bocas de 22. El punto más crítico del sifón, y casi podríamos decir que de todo el acueducto, era sin duda el paso del río a través de este puente de hierro.

Acueducto provisional de Gavala Laborde (1917)Consciente de la dificultad técnica que esta obra suponía, ya que requería apoyos en el lecho del río, el ingeniero había proyectado inicialmente una presa en la que se apoyaría la tubería, si bien, como él mismo indica, "al aprobar el Gobierno el proyecto, manifestó la conveniencia de que la Empresa hiciera el paso del río por medio de un puente, lo cual obligó a variar el emplazamiento 2 km aguas abajo". En este lugar las orillas tenían mayor pendiente lo que permitía mejores estribos para la obra que, como indica Ángel Mayo en su Memoria “... se compone de tres tramos de hierro del sistema de celosía, formando una viga continua tubular de 71,40 m. de longitud total, 1,60 m. de ancho por 1,70 m. de altura, dentro de la cual van colocados los Pivotaje para el acueducto provisional (1917)tubos que forman el sifón. La viga de hierro se apoya en dos estribos de sillería y en dos pilas tubulares de 1,60 m. de diámetro, dejando un tramo central de 25 metros de luz, y los dos laterales de 20 metros cada uno". (3)

Para cimentar en el lecho del río las pilas en las que se apoyaba el puente el ingeniero explica que "se han introducido por medio de buzos con escafandras que bajaban al interior de la pila, para excavar y hacer descender los tubos, hasta que se llegó a un conglomerado de gran dureza y resistente en la pila del lado de Jerez, y a la arcilla dura y compacta en la de Tempul, desde cuyo fondo se hizo el relleno de hormigón perfectamente hidráulico, formando así dos columnas o monolitos que constituyen los dos apoyos". El puente tenía una prolongación de 36,30 m. por la margen izquierda, con seis arcos de sillería para desagüe, más un terraplén de 120 m sobre el que descansaba la tubería. Un arco de sillería rebajado, de 6 m. de luz unía el puente al estribo del lado de Jerez.

Acueducto de Tempul en La Barca de la FloridaConsciente de que en este puente-sifón el acueducto tenía su punto más vulnerable, Ángel Mayo alerta de los riesgos y propone la posibilidad de tener un "plan b" en caso de averías: "este puente es la obra de más cuidado y que exige mayor vigilancia del acueducto, por lo cual tiene un guarda especial, pues siendo el punto de mayor carga del sifón, es al mismo tiempo de difícil y larga reparación cualquier accidente, además del que ya hemos indicado anteriormente, Vado sobre el río Guadaleteque en ríos de las condiciones del Guadalete, nunca hay la seguridad absoluta de que esta obra no sufrirá algún desperfecto, á no darla dimensiones extraordinarias, que se salen fuera de las condiciones de la que nos ocupa, y en donde hay que tener presente el principio de economía, por lo cual después de la terminación del acueducto, aconsejamos a la Compañía, que para tener siempre asegurado el surtido de la población de Jerez,... debieran colocarse dos filas de tubos independientes en este sitio: una la que pasa por el puente, y la segunda, de 0,46 m. de diámetro, por el lecho mismo del río...aprovechando el emplazamiento que se presenta en el vado de la Barca de la Florida, cien metros aguas abajo del puente actual. El proyecto de esta importante adición, así como el presupuesto, se formuló hace años”. (3)

El puente arrastrado por la riada de 1917.

Puente-sifón arrastrado por la corriente del Guadalete en la riada de 1917 (Fte.: H. Ríos)No estaba equivocado el ingeniero y, apenas cincuenta años después de construido, el puente-sifón del Guadalete, la obra más emblemática del Acueducto de Tempul, sería arrastrado por la gran avenida del 7 de marzo de 1917 que, como ya hemos visto, había hecho estragos, aguas arriba, en todas las poblaciones ribereñas. El enorme caudal multiplicó sus efectos devastadores por el violento empuje que provocaba la gran masa de árboles y vegetación que arrastraba Acueducto de Tempul en La Barca de la Floridala riada, ante la que el puente-sifón acabo cediendo. “El tramo metálico se había partido por el centro arrastrando la avalancha a cien metros de su emplazamiento el trozo perteneciente al estribo de la margen izquierda, tumbándolo en la orilla, mientras que el trozo de la derecha había sido arrastrado a unos trescientos metros, quedando en lo alto de unos tarajales que nunca habían sido cubiertos por las aguas del río. Por el suelo quedaron los seis arcos de sillería destruido en cerca de un centenar de metros de los ciento veinte que tenía el terraplén continuador del puente”. (4) Las imágenes del puente arrastrado por la corriente que tomara el arquitecto municipal Hernández Rubio, y que ilustran este reportaje, hablan por sí solas de la magnitud de la riada. (5)

En Jerez los efectos fueron de extrema gravedad al quedar interrumpido el suministro de agua potable que hubo de paliarse, mínimamente, con los viejos pozos de casas y bodegas. El alcalde Julio González Hontoria, al conocer el alcance de los destrozos causados por la riada, movilizó Juan Gavala Labordea las personalidades más relevantes de la ciudad para buscar soluciones urgentes. Los primeros informes técnicos plantearon la construcción de un vado artificial mediante una presa de gaviones sobre la que se tendería la tubería. Los tres meses que precisaría su ejecución, hicieron desistir de la idea, ya que la ciudad no podía permanecer tanto tiempo sin agua.

La intervención del ingeniero Juan Gavala Laborde.

La solución vendría de la mano del joven ingeniero de minas portuense Juan Gavala Laborde que en aquellos días trabajaba para el Instituto Geológico y Minero de España en Villamartín, donde realizaba trabajos de sondeo explorando una zona en la que se habían hallado trazas de hidrocarburos, y trataba de evaluar un posible yacimiento de petróleo. Gavala aportó una solución técnica que permitiría reanudar el abastecimiento en un plazo de veinte días. Su proyecto consistía en aprovechar otro vado, aguas abajo del puente, para restaurar provisionalmente el acueducto con la ayuda de las resistentes tuberías de acero “Mannesmann” que el IGME tenía almacenadas en dicha localidad para los sondeos. Para la obra contaría también con la ayuda técnica del que fuera su Manuel María González Gordoncompañero de estudios, el ingeniero industrial jerezano Manuel María González Gordon, de 31 años. El Ayuntamiento de la ciudad aprobó de inmediato la idea y el 11 de abril, cuando ya Jerez llevaba 35 días sin suministro, Gavala y González Gordon iniciaron los trabajos, quedando terminados en apenas 18 días. En aquellas laboriosas tareas, que fueron sufragadas generosamente por el presidente del consejo de administración de la Sociedad de Aguas, Patricio Garvey y G. de la Mota y el agricultor y ganadero jerezano Manuel Guerrero Castro, se contó también con la inestimable colaboración de Pedro Luis Lassaletta y el agricultor Ángel García Riquelme que ofreció las instalaciones de su cercano cortijo de la Florida al personal de la obra.

Obras de reparación del acueducto en 1917La obra realizada mereció los elogios de la prensa especializada. “Solución ingeniosa de un problema de ingeniería”, titulaba la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, el estudio técnico de las obras llevadas a cabo por Gavala Laborde y González Gordon. En el artículo se daba detalla de los trabajos realizados que “en esencia ha consistido en establecer una derivación hacia un vado que se encuentra a 100 metros agua abajo del puente hundido y donde el río sólo tiene una profundidad de 0,80 m. y una anchura de 80 metros. Se ha clavado una doble fila de pilotes de metro en metro hasta dejar las cabezas a 0,30 sobre el agua. Al mismo nivel del agua, se han unido por parejas con traviesas de madera, y además con unos estribos de cabilla de 30 mm. Sobre los que descansa el tablero que soporta la tubería. Esta tiene 296 mm de diámetro interior y 7 mm. De grueso, y va sujeta a los estribos de hierro por aros, también de hierro, y cuñas de madera. Las dos filas de estacas distan una de otra 0,70 m….Para los ramales de derivación se ha empleado tubería de la misma clase”. (6) Remitimos al lector interesado al citado artículo para conocer todos los detalles técnicos de la obra, si bien queremos resaltar que para dar solidez a los injertos del acueducto con las tuberías y soportar las altas presiones en los codos, Bloque de hormigón utilizado en la reparación del acueductose empotraron estos en bloques macizos de hormigón de 25 metros cúbicos. Algunas de las imágenes que acompañan este artículo dan idea de la obra realizada. (7)

Tras el restablecimiento de la conducción, vinieron los reconocimientos y el Ayuntamiento nombró Hijo Adoptivo de la ciudad al ingeniero portuense Juan Gavala, rotulando con su nombre la antigua calle Naranjas, si bien lo perdió posteriormente en 1979. El resto de colaboradores fueron también homenajeados por su contribución en la resolución de tan grave problema y así, el letrado Pedro Luis Lassaletta, representante municipal en la Sociedad de Aguas, fue también reconocido como Hijo Adoptivo.

La solución definitiva vendría años después, en 1925, con la construcción de un nuevo puente-sifón que la Sociedad de Aguas de Jerez encargaría a un joven ingeniero: Eduardo Torroja. De él y de su innovadora obra, que se cuenta ya como una de las pioneras la ingeniería española del hormigón pretensado, nos ocuparemos en la próxima entrada.

Para saber más:
(1) Bel Ortega C. y García Lázaro A.:
Itinerarios Didácticos de la sierra de Grazalema. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Cádiz. 1983
(2) Memoria relativa a las obras del Acueducto de Tempul para el abastecimiento de aguas a Jerez de la Frontera, por D. Ángel Mayo. Anales de Obras Públicas, nº 3, 1877. Pg. 59.
(3) Memoria… Pg. 97-98
(4) Rodrigo de Molina: Jerez, cincuenta y tres días sin agua. Diario de Jerez, 4 de Junio de 1989.
(5) Las imágenes del puente-sifón arrastrado por la corriente, tomadas por Hernández Rubio, arquitecto municipal de Jerez en 1917 han sido tomadas de Gavala y Laborde, Juan: Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema. (del Boletín del Instituto Geológico de España, tomo XIX, 2ª serie). Madrid, 1918. Pgs.
(6) Rodrigo de Molina: Jerez, cincuenta y tres días sin agua (y II). Diario de Jerez, 11 de Junio de 1989.


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Por los Montes de Jerez con el “botánico” Abū’l-Jayr al-Išbīlī. (S. XI). Los paisajes del Jerez andalusí (7)


La Sierra de las Cabras desde el Albarracín
En el último tercio del siglo XI, la Sevilla musulmana conoce días de esplendor bajo el reinado de al-Mutamid (1040-1095). El conocido como rey-poeta ha sucedido al frente de la taifa sevillana a su padre y durante su mandato, entre 1069 y 1090, ampliará sus posesiones conquistando los territorios cercanos. El reino de Sevilla se extiende entonces por buena parte de la actual Andalucía y el sur de Portugal tras anexionarse las taifas vecinas. Junto al poder político y militar, al-Mutamid transformará su corte en un centro literario de primer orden. Poetas, El rey al-Mutamidmúsicos y escritores harán de la Isbiliya musulmana, bajo el mecenazgo de al-Mutamid, un foco de las letras en el que también estarán presentes otros muchos sabios que cultivan las más variadas ramas del saber. Geógrafos, astrónomos, médicos, geóponos, botánicos… gozarán del favor del rey haciendo de la ciudad una de las más florecientes de Al-Andalus.

Uno de estos hombres de ciencia es Abū’l-Jayr al-Išbīlī, quien llegó a ser en su tiempo uno de los más afamados agrónomos andalusíes. Como “jardinero” del rey al-Mutamid, sus saberes se extienden más allá de la práctica agrícola para abarcar lo que hoy denominaríamos “botánica aplicada”. Arboricultor, conocedor de la farmacopea tradicional y de las propiedades y utilidades médicas y culinarias de los vegetales, Abū’l-Jayr es uno de los sabios más relevantes de cuantos se dedican en esta época al estudio de las plantas y sus aplicaciones. Buen conocedor de las obras clásicas de Dioscórides y Galeno, debemos a este agrónomo andalusí uno de los más completos tratados botánicos de la época, que lleva por título ’Kitāb ʻUmdat al-ṭabīb fī maʻrifat al-nabāt li-kull labīb: “Sostén del médico para el conocimiento de las plantas, utilizable por toda persona inteligente”.

Esta obra médica, que recoge muchas aportaciones de las fuentes tradicionales y en la que se citan más de treinta botánicos, de cuyas referencias se nutre, constituye en la práctica una auténtica enciclopedia en la que se mencionan millares de especímenes. Su tratado encierra una “valiosísima información etnobotánica, farmacológica y lingüística, porque incluye los nombres vulgares de las plantas (árabes dialectales o romandalusíes). Con respecto a la ciencia botánica, se estima que esta obra presenta uno de los primeros intentos de clasificación orgánica de las plantas agrupadas en géneros, especies y variedades.” (1)

En sus páginas, el lector curioso se asoma al conocimiento de los vegetales y sus aplicaciones médicas de la mano de uno de los botánicos andalusíes más relevantes, deleitándose también con sus curiosos nombres, con sus variadas denominaciones y con el rico caudal lingüístico de quien conoce todo el saber de su época sobre esta materia. Junto a todo ello, el autor hace continuas alusiones a sus recorridos por distintos rincones de la geografía del al-Andalus y del norte de África. De la misma manera, se aportan valiosas referencias toponímicas al comentar la recolección de plantas y sus herborizaciones por los territorios de las taifas vecinas a Sevilla, como la de Arcos, que incluía en ese tiempo buena parte de las campiñas gaditanas y de los Montes de Jerez.

Por la Sierra de las Cabras y Montifarte en busca de enebros.

Sierra de las Cabras. Boca de la FozEn las descripciones de las numerosas especies de plantas que Abū’l-Jayr recoge en su obra “Umdat al-tabib…”, es frecuente que mencione los lugares de donde son originarias, o que cite aquellos parajes donde las ha encontrado o recogido. Gracias a estas referencias se ha podido atestiguar la existencia en el siglo XI de algunas aldeas y alquerías en nuestro territorio y, a través de sus indicaciones geográficas, se ha logrado seguir la pista al origen de determinados Castillo de Tempultopónimos que aún se conservan en nuestros días. Tal es el caso de Montifarte (o Montifarti), paraje situado en los Montes de Jerez, que forma parte de la Sierra de las Cabras.

El profesor Juan Abellán señala que autores como Ibn Yulyul (médico cordobés del s. X) y el también andalusí Abu l-Jayr al-Isbili, en mayor medida, se refieren a este lugar –Montifarte- por hallarse en él unas plantas de gran utilidad medicinal: los enebros. En las obras de este último se menciona que crecían en las laderas de poniente de este monte, identificado como la Sierra de las Cabras, utilizándose sus semillas para curar, entre otras, dolencias cardiacas. Su localización no deja lugar a dudas y así, Abu l-Jayr lo describe como un yabal que domina la fortaleza de Tempul (hins Tubayl) próxima a los famosos manantiales (2). Este es el pasaje de Abu l-Jayr (según la versión del profesor J. Bustamante Costa) recogida en su obra “Umdat al-tabib…”:

Hay una especie de enebro (´ar´ar) que tiene las hojas como las del enebro conocido entre nosotros, pero más gruesas, cuya madera es rojiza y aromática. Es de alta envergadura y tiene un fruto de forma triangular, parecido a la baya del laurel (rand), que cuando se seca se divide en tres partes dando paso a una simiente como la del ciprés (sraw), pero más pequeñas, de olor aromático y Laderas de la Sierra de las Cabras en los Llanos del Vallebuen sabor, cuya propiedad es curar el dolor de corazón y el algafacán. (…) Yo he visto esta especie al sur de Arcos (Arkus), en el monte Munt Fart, que domina sobre una aldea que se llama Taqbl, en la ladera de la parte de poniente, sobre tierra roja…” (3).

Esta variedad de enebro o sabina que Abu l-Jayr localiza en las laderas de la Sierra de las Cabras, en el yabal Munt Fart (Montifarte), en ese monte que da sobre la aldea de Tempul (Taqbl,Tanbul) es buscada por las propiedades de sus frutos en el tratamiento de las taquicardias o palpitaciones (algafacán). Según nuestro botánico, también “abunda en el EnebroMagreb central, desde Tremecén hasta Mahdía, y esta variedad tiene dentro un sándalo [sandal] perfumado excelente… tiene un solo tallo que alcanza como la altura de un hombre sentado y tiene un penetrante aroma”.

En su descripción, como puede comprobarse, además de sus características botánicas, se informa de sus propiedades medicinales, su localización geográfica y su distribución por otros puntos de los territorios del Islam. De la misma manera, se relaciona con otras especies conocidas, y así señala que “...Entran en esta variedad y son parecidos en la forma, el cedro del Líbano [arz] y el del Atlas [sarbin]...”(4).

Pero aunque el botánico andalusí da pistas sobre las características morfológicas de estos “enebros” o “sabinas”… ¿a qué especie concreta se refiere? Todo apunta a que no se trata de una especie del género Cedrus, con las que el botánico ve ciertas similitudes, sino más bien con alguna de la familia Cupressaceae. En las laderas de la Sierra de las Cabras, sobre sus suelos calizos, crecen hoy día dos especies de esta familia pertenecientes ambas al Sabinagénero Juniperus: J. oxycedrus L. y J. phoenicea L. Son, respectivamente, las conocidas como enebro o enebro de la miera y como sabina o sabina negral.

Sin embargo, distintos autores sugieren que Abu l-Jayr está describiendo otra cupresácea distinta a las anteriores: la especie Tetraclinis articulata (Vahl), conocida como “araar”, tuya articulada o Ciprés de Cartagena. Tanto los traductores de la obra de Abu l-Jayr (4), como otros investigadores (5) se inclinan por esta posibilidad al apuntar que "…el término "araar" se utiliza todavía para designar al ciprés de Berbería (Tetraclinis articulata), especie de distribución Tetraclinis articulatanorteafricana (N. de Argelia y Marruecos), presente también de forma muy localizada y fragmentada en la sierra de Cartagena (Murcia). Su parecido no sólo con el ciprés, sino más especialmente con las sabinas, nos hace suponer que pudo ser utilizado para designar alguna de estas especies. No obstante los límites de uso y aplicación del término entre sabinas y enebros no están claras. Otra idea muy sugestiva pudiera ser la de su empleo para designar específicamente al citado Tetraclinis Tetraclinis articulataarticulata, lo que podría llevarnos a conclusiones especulativas sobre una mayor presencia de esta especie en al-Andalus y en la época de referencia"(5). De confirmarse esta última hipótesis, Abu l-Jayr estría aportando en su obra un importante dato de carácter geobotánico o fitogeográfico: la presencia en nuestros montes de una especie hoy ausente también en la flora andaluza, una auténtica rareza de la flora española que mantiene en los montes de Cartagena y La Unión (Murcia) sus últimos ejemplares.

Montifarte, un topónimo singular

Mapa parcelario del término de Jerez, de Lopez Cepero (1904)Las descripciones del botánico andalusí aportan también otras interesantes claves sobre la toponimia de la zona, estudiadas por el profesor J. Bustamante. El yabal Munt Fart, donde crecen los “enebros” no es sino el actual “Montifarte” o, por extensión, toda la Sierra de las Cabras. Según este autor el nombre deriva del árabe “fart” : “Abundante” , “bien provisto” y se trata de un “romancismo sustrático”. “El hecho de repetir /gabal/, “monte” junto a /munt/ “monte”, demuestra que /Munt Fart/ es un topónimo sustrático, cuya significación primera no es consciente ya para el hablante de árabe andalusí. Como cuando en español supuestamente repetimos “rio Guadalquivir… “. La aldea de Majafarta Monolito de los Montes de Propios de Jerez(“cortijo bien abastecido”) a la que se hace alusión el repartimiento de Vejer, comparte una misma derivación. (6)

Sea como fuere, Montifarte, Montifarti o Montifartillo son topónimos aún en uso en esta zona de los Montes de Propios de Jerez que se han mantenido desde la época andalusí hasta nuestros días y de los que encontramos referencias en otras fuentes medievales como el Libro de la Montería del rey Alfonso XI, donde al describir los lugares de caza en el entorno de la Sierra del Aljibe se apunta que “...Et son las armadas la una en el abertura de cara a Montifarte; et es la otra armada en fondon de la Breña como vá Barbate Ayuso” (7).

La Sierra de las Cabras o Montifarte, los Montes de Jerez… un espacio geográfico con singulares especies botánicas y con muchas historias a sus espaldas a las que nos hemos querido acercar de la mano de Abu l-Jayr, el “jardinero”.

La Sierra de las Cabras desde S. José del Valle

Para saber más:
(1) -
Sobre botánica andalusí”. Ovidi. Celtiberia.net.
(2) - ABELLÁN PÉREZ, J.: La cora de Sidonia, Málaga, 2004. Pgs. 26 y 146
(3) - Abu l-Jair al-Isbili “Umdat al-tabib…, II, 563-564. Versión de Joaquín Bustamante Costa. Puede consultarse en ABELLÁN PÉREZ, J.:El Cádiz islámico a través de sus textos, Cádiz, 1996, p. 154.
(4) - ABU L-JAYR AL-ISBILI: Kitabu `Umdati t-tabib fi ma`rifati nnabat likulli labib : (Libro base del médico para el conocimiento de la Botánica por todo experto). Edición, notas y traducción castellana de J. BUSTAMANTE, F. CORRIENTE Y M. TILMATINE. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004-2010. 4 v. pg. 547-548.
(5) - J.Mª CARABAZA, E. GARCÍA, J.E. HERNÁNDEZ, A. JIMENEZ.: “Árboles y arbustos en los textos agrícolas andalusíes (I)”, en Ciencias de la naturaleza en al-Andalus. 269-309 . Textos y Estudios V. Editados por C. Álvarez de Morales. CSSIC. 1998. Pg. 288
(6) - BUSTAMANTE COSTA, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), 27-42, pg. 40
(7) - VALVERDE J.A.: Anotaciones al Libro de la Montería del Rey Alfonso XI. Ediciones Universidad de Salamanca. pg. 1392

Las fotografias referidas a la especie Tetraclinis Articulata se han obtenido de http://ies-pere-vives.xtec.net/ernestfabregat/Botanica/plantes/Cupressaceae/Tetraclinis%20articulata7.jpg y de http://1.bp.blogspot.com/-zzv9-Gmtu5E/TptJiimidPI/AAAAAAAAFAc/SyH4_Knrv1c/s1600/tetraclin+is+articulata9.JPG
La fotografía de la sabina se ha obtenido de http://4.bp.blogspot.com/_zFHEQI0tjNY/S8bwrftaytI/AAAAAAAABaM/iTT0vznWscI/s1600/juniperus+phoenicea.JPG
Los grabados de esta entrada, por orden de de inserción, se han obtenido de:
- http://1.bp.blogspot.com/-Y5WRMbEvqHc/TtUE-2T966I/AAAAAAAAASA/lAJKH81guPA/s1600/almutamid.jpg
- http://2.bp.blogspot.com/-1Era6O-oPoQ/Txl_c9u_UwI/AAAAAAAACII/vOIFqzOvxSE/s1600/CCC%2BBOTANICO%2BMUSULMAN%2B.jpg
- http://1.bp.blogspot.com/_M1Hz47He0Ro/S7EqWhiH5dI/AAAAAAAAAWE/1I0kCcz3xb8/s1600/BOTANICA+ARABE+2.jpg
- http://2.bp.blogspot.com/_MXxeGWfyWlM/S7Cys47QMsI/AAAAAAAAADM/PrMARZn2rh4/s1600/g-islam-jardin.jpg


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Con Dios y con el Diablo por los viñedos de Jerez


Ruinas de la casa de la Viña de Dios
En diferentes ocasiones, no hemos ocupado en entornoajerez del poso cultural que encierra la toponimia de nuestra tierra. Hoy, para seguir comprobándolo, vamos a realizar una “incursión” en los paisajes de las viñas.

Julián Pemartín, en su Diccionario del vino de Jerez (1965), apunta ya, sólo en la relación de nombres de los pagos de viña de la zona, hasta 285 topónimos, de los que 135 corresponden a la campiña de Jerez. Esta relación se ve incrementada hasta la cifra de 394 pagos si, como señala Alberto García de Luján en La Viticultura del Jerez (1997), se incluyen los controlados Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904)a través del Consejo Regulador. Basta pensar que cada pago puede incluir en su territorio varias casas de viña -y hasta decenas de ellas en los de mayor superficie- para hacernos una idea de la “densidad” y riqueza toponímica que ofrecen los viñedos del marco. Si a estas listas añadimos también los nombres que han dejado de utilizarse (muchas de estas casas están ya en ruina, han desaparecido o son conocidas con otra denominación) y que podemos rastrear en los viejos mapas o en las fuentes documentales de los pasados siglos, convendremos que la toponimia del viñedo jerezano es un tesoro cultural de primer orden, del que nos iremos ocupando en otros trabajos.

Buena parte de estos nombres tienen su origen en los siglos XVIII y XIX y entre ellos abundan los relacionados con la naturaleza del terreno y, muy especialmente, los hagiotopónimos esto es, las viñas, haciendas o casas bautizadas con nombres de santos y vírgenes o, en general, con el de otros nombres vinculados a la religión católica y la Iglesia. Entre todos ellos llaman poderosamente la atención dos topónimos antagónicos y rotundos. Dos nombres precisos, sonoros y categóricos: DIOS y el DIABLO.

Ruinas de la casa de la Viña de Dios
En el afamado pago de Ducha, situado a unos 10 km al norte del casco urbano. en dirección a Sevilla, aún se mantienen vivos los topónimos de Viña de Dios y Viña del Diablo. Ambas se sitúan en las cercanías del Cortijo de Ducha, hasta el que hemos venido para acercarnos a Camino de Duchaestos parajes de la campiña. Sin entrar en el cortijo continuamos por el carril que lo rodea y que, en un suave descenso entre sembrados, cruza por una pequeña olmeda buscando el antiguo Camino de Ducha, que antaño fue una de las principales vías del Jerez rural. Este camino (que aún puede recorrerse desde el actual parque Empresarial), arrancaba del norte de la población, junto al que conducía a Lebrija, y llegaba hasta las Marismas de Plano de Lechuga y Florido (1897)Casablanca, pasando a los pies de Montegil.

Ya en el camino, en dirección norte, se suceden a ambos lados suaves lomas en las que en otros tiempos crecieron renombrados viñedos que hoy han dejado paso a cultivos de cereal. En estos parajes se conservan todavía lo restos de algunas casas de viña. Para rescatar su memoria y recuperar aquellos paisajes de viñedos de finales del XIX en ese tiempo en los que la filoxera está a punto de arruinarlos, hemos acudido al testimonio que ofrece el Plano de Los Viñedos de Jerez, (Lit. y Tip. Hurtado) que se incluyen también en el Plano de Lechuga y Florido (1897). (Ver ilustraciones).

Ruinas de la casa de la Viña La Paz
Allí están ya la Viña de Dios y la Viña del Diablo, una frente a otra, al igual que otras casas de viña que hoy nos muestran sus ruinas a ambos lados del Camino de Ducha. Allí también, algo más arriba, a la izquierda de esta vía, descubrimos hoy lo que queda de la que fuera Ruinas de la casa de viña de La Montañesa con su balcónla monumental casa de la Viña La Paz, que nos muestra aún los soberbios arcos ojivales, que un día sujetaron su techumbre, apuntando hacia el cielo. Continuando en esa dirección, también a la izquierda del camino, rodeadas de arbustos, como protegidas por una orla vegetal, se adivinan las ruinas de la casa de viña de La Montañesa, con su balcón asomado a los sembrados. Frente a ella, a los pies del carril, a la derecha, aún nos sorprenden, por su armonía y solidez, los muros de la que fuera una de las casas de viña más grande de estos contornos: la de La Francesa.

Desde este lugar seguimos nuestra ruta y, al poco, se divisan ya frente a nosotros, coronando un pequeño cerro a la izquierda del camino, las ruinas de la casa de la Viña de Dios, que aún

Ruinas de la casa de viña de La Francesa
Ruinas de la casa de la Viña de Dios: detalle
mantiene en pie buena parte de sus muros. Entre ellos asoman los grandes arcos de mampostería que sostuvieron su tejado a dos aguas, desplomados hoy en su mayor parte. Levantada en la segunda mitad del XIX, la Viña de Dios fue una sólida edificación, a juzgar por lo Ruinas de la casa de viña de La Francesa: detalleque aún queda de ella, construida con sillaretes de arenisca que llegó a contar con bodega y lagar. La casa estuvo en uso hasta la década de los sesenta del pasado siglo, si bien fue perdiendo su estampa tradicional al añadirse nuevas dependencias en las que los cantos dejaron paso a los ladrilllos. Aún hoy, vemos sus ruinas coronando la loma más alta (78 m.) de estos parajes del pago de Ducha, junto a Cerro Oria, aunque en sus laderas no queda ni una cepa de aquellos viñedos para los que se eligió, nada menos, que el nombre de “Viña de Dios”, un topónimo a imitación del célebre “Monte Carmelo”, que ya encierra en sí mismo una poderosa imagen.

Frente a la “Viña de Dios” en una pequeña loma, a la derecha, llama la atención un conjunto de edificaciones de nueva planta. Se trata de las casas, bodegas, lagares y almacenes de la Viña San Patricio, levantados a mediados de los 60 del siglo pasado, en el lugar donde se alzaba la Viña del Diablo, por cuyas laderas paseamos ahora entre sembrados de trigo. Nada queda ya de aquellos horizontes de cepas que llegaban hasta las tierras del cortijo de La Zangarriana, en las proximidades de la carretera de Sevilla, al que volveremos en otra ocasión para hablar de una de las cunas del flamenco de gañanía.

Casas, bodegas, lagares y almacenes de la Viña San Patricio
El guarda de esta viña nos cuenta que conoció las ruinas de la antigua casa y la pequeña historia de sus primeros propietarios y de cómo este lugar cambió su primitiva denominación por la actual. Mientras charlamos, recordamos aquel escueto anuncio que publicaba el ABC de Cartel indicador del Cortijo Viña de Dios desde 'La Zangarriana'Sevilla en su edición del 17/12/1076: “Se necesita un casero para la finca de labor “Viña del Diablo” (Jerez), Carretera de Madrid-Cádiz. Kilómetro 626,5”. A buen seguro que con ese inquietante nombre, más de un interesado se lo pensó dos veces. Cuando le preguntamos por el origen de ambas viñas surge la duda, como si de una discusión teológica se tratase: ¿Cuál de ellas fue la primera? Tiene oído que fue la del Diablo… Tal vez sea cierto. Puede ser que aquel primer propietario que Cortijo Viña de Diosbautizó a su viña con el nombre del Diablo, provocara la reacción de sus vecinos de pago que, para salvar irónicamente la “afrenta”, dieran el nombre de “Viña de Dios” a la suya… O puede que fuera al revés.

Lo que sí es cierto es que, aunque la casa de la Viña de Dios dejo de habitarse hace casi medio siglo, sus antiguos propietarios, al cambiar de finca, no quisieron desprenderse de su singular nombre y bautizaron con él una de las propiedades de su familia que hoy se mantiene como “Cortijo Viña de Dios”, en las proximidades de La Zangarriana, en la carretera de Sevilla. Mientras dejamos atrás este lugar recordamos que, junto a los de Torrox, los viñedos del pago de Ducha fueron los primeros de la campiña Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904)jerezana en ser atacados por la filoxera, en julio de 1894. ¿Acaso la Viña del Diablo, situada más al norte y más próxima a Lebrija, de donde al parecer llegó, fue la primera en ser arrasada por aquella plaga de proporciones casi bíblicas? Sea como fuera, lo que sí sabemos es que la Viña de Dios tampoco se libró de ella ya que en poco tiempo acabó arruinando todo el viñedo jerezano.

Hemos tomado ahora la carretera de Sanlúcar y, desviándonos por la Primer mapa del IGN de 1918vía servicio, a la altura de Las Tablas, el camino discurre –esta vez sí- entre viñas. Son las tierras de los pagos de Cerro Obregón, de San Julián y, sobre todo, de Balbaina, que se encuentran entre las mejores del marco. Las casas de viña están aquí, en su mayor parte, bien conservadas y guardan aún, en la mayoría de los casos, el sabor de los mejores tiempos del viñedo jerezano.

Hemos venido hasta aquí para visitar los parajes de otra Viña de Dios, ubicada en este caso en el pago de Balbaina Alta, junto a la autovía de Sanlúcar, a la izquierda en dirección a esta población. El Plano Parcelario del término de Jerez de Adolfo López Cepero (1904), ubica Casa de la Viña de Dios (Carretera de Sanlucar)aquí, con el escueto y rotundo nombre de “Dios”, un sector de la campiña colindante con otros predios cargados también de significación religiosa. Allí están Los Judíos, Las Ánimas, Santa Teresa de Jesús, Santa Cecilia, San Ginés… Allí también Santa Julia, Santa Cristina, San Julián, La Santa… Diríase que todo el santoral, hecho viñas, custodia a “DIOS”. Esta otra “Viña de Dios” figura ya en el primer mapa del IGN de 1918 (Hoja 1047 de Sanlúcar) como “Casa de Casa de la Viña de Dios (Carretera de Sanlucar): pozoDios” denominación que cambiaría luego a la de “Viña de Dios” o “Casa de la Viña de Dios”.

Este topónimo, de perfiles casi místicos y sobrenaturales, se mantiene asociado hoy día, en los mapas del IGN, a lo poco que queda de la antigua casa de viña. En la actualidad sólo se conserva una pequeña parte del primitivo edificio, al que se fueron agregando otras dependencias que han roto la típica estampa de la casa de viña Casa de la Viña de Plantalina (Carretera de Sanlucar)tradicional aunque, esta vez sí, está rodeada de viñedos. Junto a ella se conserva un viejo pozo y en sus cercanías aún pueden visitarse otras viñas de renombre como las de Las Cañas (frente a la Viña de Dios), la de El Cuadrado, La Soledad (algo más lejos, El León, La Cruz del Husillo... Entre todas ellas merece especial atención, pese a su deterioro, la de Plantalina, una magnífica casa de viña, con aspecto de palacete decimonónico, que conserva todavía sus muros, labrados en piedra de arenisca y sus techumbres en buen estado.

Etiqueta del cognac español 'El Diablo'De vuelta a casa, nada no gustaría más que tomarnos una copita de un oloroso “Viña de Dios” o de un amontillado “Divino”… Aunque, al parecer, deberemos conformarnos con un “cognac español” “El Diablo”, como el que figura en esa singular etiqueta de 1830, de los productores jerezanos “Gutiérrez Hermanos” que nos ha facilitado gentilmente José Luis Jiménez.

El refranero tradicional nos recuerda aquello de que “hay que poner una vela a Dios y otra al diablo”. En Jerez nos pasamos de precavidos y, por si acaso, hemos puesto en nuestros viñedos, dos Viñas de Dios” y una “del Diablo”.

En un próximo recorrido visitaremos "El Cielo" y "La Gloria", y, pasando por "El Limbo" y el Purgatorio en busca de "Las Ánimas", nos asomaremos a los tajos del "Infierno"... Y todo ello sin salir de la Campiña de Jerez

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