El Guadalete se desborda. Crónica de una inundación.




Durante los meses de diciembre de 2009 (hace ahora dos años) y hasta febrero de 2010, se registraron grandes precipitaciones en la región que ocasionaron numerosas inundaciones en buena parte de los ríos y arroyos de nuestra provincia.

Quienes hacemos este blog, “entornoajerez”, recorrimos entonces la cuenca del Guadalete realizando una serie de reportajes en los que tratamos de captar los impactos de aquellas intensas lluvias en los paisajes que tantas veces habíamos visitado.

A modo de introducción general escribimos una primera crónica, casi periodística -'El río que nos lleva'- donde en un rápido itinerario por la campiña dábamos información de los primeros efectos del temporal. En los siguientes días nos fuimos ocupando de los distintos rincones de la cuenca del Guadalete y de sus afluentes principales en su curso medio: el Majaceite y los Salados de Espera, Paterna y Caulina donde los desbordamientos causaron graves inundaciones. Del pantano de Los Hurones al puente del Picao, siguiendo el curso del Majaceite pudimos comprobar la gran subida que experimentó el nivel de las aguas en la presa de Guadalcacín, que cerca estuvo de rebosar por el aliviadero, como lo hizo semanas después el embalse de Zahara, tal como pudimos captar en las imágenes que entonces ofrecimos. De Villamartín al pantano de Bornos continuamos registrando las inundaciones de la campiña y el desembalse de esta presa.

Por la ribera del Guadalete en Arcos recogimos también el momento en el que las compuertas se abrían, ocasionando una gran crecida del río a los pies de la Peña de Arcos que dejaba bajo sus aguas los recién restaurados azudes de los molinos del Algarrobo y de San Félix. De la Barca de la Florida al Puente de Cartuja, el Guadalete inundó toda la vega baja –como mostramos en el reportaje fotográfico- al sumar a sus aguas las del Majaceite, las del Salado de Paterna en Torrecera y las de Salado de Caulina, junto al Monasterio de La Cartuja, inundando los Llanos y cortando la autopista Sevilla-Cádiz. Las cadenas nacionales de televisión desplazaron sus unidades móviles hasta el puente de Cartuja y Las Pachecas, donde el desbordamiento del río ocasionó los mayores daños. En su último tramo, en la Corta, Río Viejo y El Portal, el Guadalete provocó también grandes inundaciones de las que dejamos constancia en una crónica en la que se mostraban los efectos en El Portalillo, una de las zonas más castigadas.

Apenas dos semanas después, cuando ya habían remitido las lluvias, en un reportaje que titulamos “Paisaje después de la tormenta”, volvimos a visitar algunos de los puntos más afectados, comprobando el gran impacto que las crecidas, desbordamientos e inundaciones habían causado y de las que dejamos también constancia gráfica.

Con el título de El Guadalete se desborda agrupamos después la docena de capítulos de aquellas crónicas a los que incorporamos nuevas entradas cuando las lluvias de febrero de 2010 pudieron de nuevo en alerta a toda la campiña con nuevas inundaciones.

Apenas dos años después, para recordar de manera gráfica aquel episodio, hemos elaborado el documento que a modo de revista les presentamos ahora, en el que se recopilan los reportajes que realizamos. En esta publicación hemos incluido también imágenes de esos mismos paisajes, meses después de las inundaciones, para que el lector pueda apreciar el “antes” y el “después” de aquel lluvioso episodio de las navidades de 2009-2010.

Con nuestros mejores deseos para el 2012, que tengan ustedes un feliz año.
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Otros enlaces relacionados:
-El Guadalete se desborda
-Río Guadalete
-Algunas avenidas e inundaciones históricas del Guadalete.


El esplendor literario del Jerez andalusí


El poeta Abū l-Hakam al-Šidūnī, quien vivió en nuestra ciudad a caballo entre los siglos IX y X, elogia a su paisano Abū Jālid Yazīd b. Asbāt al-Majzūmī, también poeta y alfaquí que dirigía la oración en Jerez, con los siguientes versos:

¡Oh Abū Jālid, lucero de las tribus beduinas, gala del mundo y adorno de los almimbares!
¡Oh luna de la religión, cuya luz resplandece; oh estrella de la ciencia, no tienes parangón!


Estas palabras de admiración con las que, hace más de mil años, un poeta que reside en Jerrez ensalza la figura de otro sabio diciendo de él que es lo más esmerado y exquisito entre quienes predican en los púlpitos de las mezquitas, no son sino una hermosa muestra de la producción literaria del Jerez andalusí, estudiada por Miguel Ángel Borrego Soto en un libro de reciente publicación. Su título, -para el que toma prestadas las palabras de Abū l-Hakam- no puede ser más sugestivo ni su subtítulo más acertado, ya que anuncian con claridad el contenido de la obra que ahora presenta este arabista jerezano, uno de los más notables investigadores de nuestra herencia árabe.

Miguel A. borrego Soto“Gala del mundo y adorno de los almimbares. El esplendor literario del Jerez andalusí”. Es algo más que un libro de historia y literatura: es, ante todo, un estudio fundamental para conocer el esplendor de la cultura de al-Andalus en nuestra ciudad y su significado dentro del contexto histórico de la época.

En su prólogo, el profesor Fernando Velázquez Basanta resalta que “esta obra encantará a los jerezanos, pues en ella se hace un riguroso análisis científico y literario de la ciudad de Jerez desde su fundación allá por los siglos IX ó X hasta su postrer momento de gloria bajo el poder de la dinastía almohade, ya entado el siglo XII.” Y no le falta razón a este maestro de arabistas ya que la lectura del libro de M.A. Borrego Soto nos hace descubrir las facetas más sobresalientes de aquel Jerez andalusí, de la mano de las producciones literarias de sus sabios y poetas, algunos de los cuales bien pueden clasificarse ya como clásicos de la literatura andalusí.

Río GuadaleteEn la introducción, el autor ofrece una valiosa síntesis histórica en la que se apuntan importantes datos acerca de los primeros momentos de la fundación del Jerez andalusí, Šarīš, y sobre el origen probable de su nombre, así como de su posible vinculación con el Ceret o Cerit romano. En los primeros capítulos del libro, se abordan la producción intelectual en Jerez entre los siglos X y XIII y se pasa revista a las obras, maestros y discípulos más destacados. El capítulo tercero se ocupa de la difusión en Jerez de las Maqāmāt de al-Harīrī –en las que nos detendremos-, y el cuarto a la poesía y poetas del Jerez andalusí, ofreciéndose información de los autores más renombrados y de sus obras. Un capítulo final, dedicado a conclusiones, cierra este libro que se completa con un valioso apéndice en el que se recoge la nomina bibliográfica de personajes del Jerez andalusí, así como con las fuentes documentales y referencias bibliográficas en las que M.A. Borrego Soto se ha apoyado para la elaboración de sus trabajos.

Una de la aportaciones más relevantes de este libro es sin duda el estudio que el autor realiza sobre la difusión de las Maqāmāt, tal vez “la contribución más señalada de Jerez a la producción erudita de Al- andalus”, como señala el propio autor, quien estima que la llegada a nuestra ciudad de Abū l-Qāsim ʽĪsà b. Ibrāhīm b. ʽAbd Rabbih b. Ŷahwar al-Qaysī, procedente de Talavera a comienzos del siglo XII, supone el comienzo de una etapa de esplendor intelectual para el Jerez andalusí. Conocido como Ibn Ŷahwar, este sabio había oído en Bagdad las Maqāmāt de su propio autor, al-Harīrī, hacia el año 500 (=1106-7). A su regreso, no sólo introduce, junto a otros ulemas, el estudio de esta obra en al-Andalus, sino que inicia una importante cadena de transmisión (isnād) de la misma en Jerez. Estas Maqāmāt, obras literarias en las que se describen escenas picarescas, encontraron en nuestra ciudad un importante foco de difusión. El término maqāmā derivado del verbo qāmā, “estar de pie”, se refiere a cualquier encuentro Alcazar de Jerezinformal o fortuito que se tiene de pie. Ya en un contexto literario, hace referencia a cualquier sesión poética en la que se incluyen ejemplos para ilustrar las enseñanzas.

Como escribe M.A. Borrego, “la ciudad contó con sabios especializados en disciplinas diversas, sobre todo gramática y bellas letras. En estas últimas sobresalieron en la ciudad Abū l-ʽAbbās Ibn ʽAbd al-Muʼmin al-Šarīšī, autor del más celebrado comentario de las Maqāmāt de al-Harīrī y los Alcazar de Jerezpoetas Abū ʽAmr Ibn Giyāt, Abū l-Ḥasan Ibn Lubbāl y Abū l- ´Abbās Ibn Šakīl, que ocuparon un lugar de excepción en el parnaso andalusí.” En las páginas que dedicamos al estudio toponímico de los Llanos de La Ina, hemos traído a estas páginas de entornoajerez algunos de los hermosos poemas que Ibn Giyāt o Ibn Lubbāl, dedican a estos parajes.

'Gala del mundo y adorno de los almimbares” ha sido publicado por EH Editores que inicia con este título la colección EH Al-Andalus. Y para ello nada más acertado que haber elegido esta deliciosa obra del arabista Miguel Ángel Borrego Soto que nos descubre el esplendor literario del Jerez andalusí.

Nota: La ilustración sobre la Maqāmāt se ha obtenido de http://www.oceansbridge.com/oil-paintings/product/98410/maqmtversammlungendesalharrszeneabzaydpredigtindermorscheevonsamarkand28maqmt

En Publicaciones se referencian otras obras relacionadas con nuestro entorno.

Con Fernán Caballero en la Venta del tío Basilio.
Por el camino de Jerez a Algar.


Entorno del Pantano de Guadalcacín. Carretera de Algar
En estos días de invierno, cuando empiezan a llegar los primeros fríos, renace cada año la vieja costumbre de salir al campo los fines de semana en busca de las ventas. Desde hace unas décadas las ventas se identifican con esos establecimientos de hostelería a medio camino entre los restaurantes y los bares de carretera, a los que acudimos para “reparar fuerzas” en nuestras excursiones por los alrededores de la ciudad (los populares “mostos”), o cuando Venta entre Benaocaz y El Bosquerealizamos otras rutas por el interior de la provincia, la costa o la sierra. Sin embargo, en sus orígenes, las ventas jugaron un papel aún más importante, cuando los viajes eran largos y las veredas tardaban en recorrerse varias jornadas. Estos establecimientos, que se levantaban en los cruces de caminos o en los despoblados, servían fundamentalmente para facilitar comida y hospedaje a los viajeros. De algunas de estas viejas ventas de nuestro entorno, muchas de las cuales ya han desaparecido, nos hemos ocupado en otra entrada, “ventas con historia”, a la que remitimos al lector.

Fernán CaballeroHoy queremos recordar a una humilde y modesta venta, de la mano de la conocida escritora costumbrista Fernán Caballero: “la ventilla del Tío Basilio”. En su sencilla descripción se ilustra cómo pudo ser el origen de cualquiera de las pequeñas ventas que salpicaban los caminos rurales del siglo XIX.

La del “tío Basilio”, es una venta creada para la literatura, un escenario imaginado por la autora, ubicado en la ruta entre Jerez y Algar, en un paraje indeterminado, “a los pies de una vereda”, un lugar en el que “se extiende una dehesa solitaria”. Lo narra Fernán Caballero en un cuento que aparece en su libro Relaciones (1862), y que lleva por título “Más largo es el tiempo que la fortuna”.

Venta 'Pasada del Valle' (S. José del Valle)Si existió o no en realidad la “ventilla del tío Basilio”, no es ahora lo relevante, aunque estamos seguros que a nuestra escritora, destacada representante del “realismo”, no le faltarían para inspirarse ejemplos similares al que describe, pues fue también reconocida viajera y recorrió desde su infancia muchos rincones del interior de la provincia de los que nos ha dejado en sus libros pintorescas escenas.

Como ya hiciera su madre, la escritora gaditana Frasquita Larrea, pasará algunos veranos en Bornos y visitará también Arcos así como otros muchos lugares de la Sierra de Cádiz. En estos relatos, en los que el viaje y las descripciones del paisaje ocupan siempre un especial protagonismo, no podían faltar las referencias a las populares “ventas”. Por citar sólo algunas, Francisca Larrea menciona en su viaje de Bornos a Ubrique, en 1824, la Venta de Tavizna, “situada a la orilla de río Majaceite… en un enorme peñasco”, o la Venta de la Albujera, en las cercanías de Ubrique, que la autora sitúa en un entorno idílico.

'El Mimbral' (cubierto por las aguas del pantano de Guadalcacín)Puesto que Fernán Caballero conoce bien los caminos y las ventas donde en tantas ocasiones habrá parado a descansar mientras la diligencia o los coches cambiaban sus caballos, no es difícil imaginar que en su relato literario haya un poso de vivencias personales y de observaciones reales.

El camino entre Jerez y Algar, a través de El Valle, El Mimbral y Tempul, el conocido como Cañada de la Sierra, contó siempre con Venta Nepomuceno (Cuartillos)numerosos ventorrillos, ventas y posadas habida cuenta de lo despoblado de este territorio. Algunos de ellos pueden ya encontrarse en el mapa de Tomás López (1787), o en otros más cercanos en el tiempo al relato de Fernán Caballero, como el de Ángel Mayo (1877) o el de Antonio Lechuga y Florido (1897). Por citar sólo las más nombradas y las que figuran en los mencionados mapas, traemos aquí la de Nepomuceno (Cuartillo), la Venta de la Barca de la Florida, la de la Parada del Valle, la del Zumajo, la venta del Romero, la de la Ermita del Mimbral, la Venta y Posada de Tempul… A todas ellas habremos de añadir también, con todos los Las primeras ventashonores que se derivan de su mención en una obra literaria, la “venta del tío Basilio”. Esto es lo que nos cuenta de ella Fernán Caballero, en su cuento “Más largo el tiempo que la fortuna”:

Entre Jerez y la sierra de Algar se extiende una dehesa solitaria. Veíase en ella, hace años, al lado de una vereda un sombrajo, a cuyo amparo se había establecido un hombre que sobre una mesa despachaba alguna bebida. Pequeño corral de cabrasAndando el tiempo, había labrado cuatro paredes y cubiértolas con enea: había compartido en su interior dos mitades, destinada una a cocina y despacho, y la otra a dormitorio, y se había llevado allí a su mujer y dos hijos.

Detrás de la casa había levantado un vallado, que formaba un corral cuadrado, en que de noche recogía unas cabras que de día llevaba a pastar a la sierra su hijo menor y había hincado una estaca de olivo al frente de su casa, con el fin de que pudiesen atarse en ella las caballerías de los escasos transeúntes de aquella vereda. La estaca se había coronado a la primavera siguiente de una Sierra del Valle (S. José del Valle)verde guirnalda, y pasando años, cuidada por su dueño, se había hecho un olivo frondoso, que proporcionaba al ventero una bonita cosecha de aceitunas, que aliñaba, y eran, con el queso de sus cabras, los ramos de más despacho de su establecimiento. Muchos caballeros de Jerez que solían ir a cazar, descansaban en la ventilla del tío Basilio, haciendo un consumo, cuyo valor pagaban quintuplicado…


Entorno del Pantano de Guadalcacín. Carretera de AlgarCada vez que recorremos la carretera de Cortes y cruzamos por alguna de las muchas “dehesas solitarias” que a lo largo del camino pueden verse todavía en Magallanes y La Guareña, en Malabrigo o en Berlanguilla, en El Sotillo, en el Parralejo… esperamos encontrar, en una vereda que aún no conocemos, escondida tal vez entre un bosquete de alcornoques, la “venta del Tío Basilio”.


Otros temas relacionados:
-Ventas con historia-
-La Venta de la Junta de los Ríos cumple 100 años.

-Con Juan el Igualeja, en la venta de Puerto de GálizPara saber más:
- Francisca Larrea.
Diario. Graficas el Exportador. Jerez, 1985. Ed. Asociación de Amigos de Bornos. Pgs.63 y 94.
- Fernán Caballero: “Más largo el tiempo que la fortuna”: http://www.biblioteca.org.ar/libros/70835.pdf
Nota: La imagen de Fernán Caballero se ha obtenido de 'http://weblitoral.com/estudios/los-cuentos-folkloricos-de-fernan-caballero'

Al lentisco de la Venta de La Perdiz, “in memoriam”.
Evocación de un árbol singular.


Barriada rural de La Perdiz desde la Sierra de Aznar, junto al pantano de Guadalcacín
A comienzos de la década de los noventa del siglo pasado, cuando con un grupo de profesores realizábamos un cursillo para conocer sobre el terreno la geografía provincial, hicimos un alto en la conocida Venta de La Perdiz. Veníamos de Arcos, donde habíamos parado al pie de la Peña para observar su estructura geológica y nos dirigíamos al manantial de Tempul, pasando por Algar.

Lentisco de la Venta de La Perdiz, hoy desaparecidoLa Perdiz es una barriada rural, situada a los pies de la Sierra de Aznar, un llamativo mogote calizo que guarda en su cumbre las ruinas de un asentamiento romano. Aquí se conservan los restos de un singular castellum aquae, con grandes cisternas para el almacenamiento, decantación y distribución del agua de los manantiales serranos. A medio camino ente Arcos y Algar, La Perdiz fue creciendo en torno a una pequeña venta que se ubicaba en un cruce de carreteras secundarias. No parábamos allí para descansar un rato o para disfrutar de los estupendos desayunos que se preparan con ese pan tan característico, elaborado en horno de leña. Lo que en esa ocasión atraía nuestro interés era un árbol muy especial, o mejor dicho un arbusto, un peculiar arbusto con un formidable porte arbóreo: el lentisco de La Perdiz.

Como es conocido, los lentiscos suelen presentar casi siempre aspecto arbustivo, con buena parte de sus ramas pegadas al suelo formando una mata muy ramificada y leñosa, reconocible por su forma semiesférica o por el El lentisco de la Venta de La Perdiz en diciembre de 2004verde intenso que muestra su follaje perenne. Por su abundancia en nuestros montes y en los terrenos incultos que vemos en tantos parajes de la campiña, es una planta fácilmente identificable, conocida y hasta familiar, utilizada tradicionalmente como adorno en los belenes.

Sin embargo, el lentisco de la Venta de La Perdiz era un caso aparte. Lo que lo hacía singular y único era sin duda su espectacular aspecto de árbol, acostumbrados como estamos a que esta especie presente siempre El lentisco de la Venta de La Perdiz en diciembre de 2004porte achaparrado. Cuando se contemplaba desde la carretera o cuando lo veíamos desde unas decenas de metros, su fuste recto y elevado, que se ramificaba casi a tres metros del suelo, nos hacía pensar en una encina, como las que aún se conservan en las cercanías de la venta. Sólo al acercarnos descubríamos con asombro que sus hojas compuestas nos resultaban familiares y que este curioso árbol, era en realidad un lentisco, un lentisco muy peculiar. Su copa, en forma de parasol, de un follaje lustroso y denso, ofrecía permanentemente una generosa sombra de la que se beneficiaban en verano quienes paraban en la venta. Al preguntar a los lugareños por el árbol nos decían que “siempre” había estado allí La Venta de la Perdiz en febrero de 2009y que, años atrás, crecía en sus proximidades, también junto al arcén de la carretera, otro pie de similares proporciones que “se perdió”.

Su relevancia no pasaba inadvertida para quienes sabían de lo valioso de este árbol. No es de extrañar por ello que los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente, que en 2003 realizan los trabajos de campo para el Inventario de árboles y arboledas Singulares de Andalucía, reparen en él y lo incluyan en el La Venta de la Perdiz en febrero de 2009Inventario dedicado a la provincia de Cádiz que se publicó al año siguiente. Nos llenó entonces de alegría ver a nuestro “viejo conocido”, el lentisco de la Venta de La Perdiz, elevado a la categoría de “árbol singular”, un reconocimiento “institucional” que le garantizaba, tal vez, un futuro de protección y, acaso, la mirada de admiración de cuantos parasen junto a la venta o circularan por la carretera y lo contemplase allí, al pie del camino donde había crecido, cuidado y respetado por varias generaciones.

Venta de la Perdiz en diciembre de 2011De la ficha técnica que se elaboró entonces, rescatamos los datos incontestables que lo confirmaban como árbol singular: “…altura total: 6,75 m, altura del fuste: 2,75 m, perímetro (medido a 1,30 m del suelo) 1,30 m, perímetro del tronco en la base: 3,10m…”. El diámetro de su copa rondaba los 8 m y la superficie de sombra que proyectaba su frondoso follaje se acercaba a los 45m2 todo un record que se quedaba pequeño al lado de su mayor mérito: ser, en su modestia, un auténtico monumento natural con el que se identificaba al núcleo rural de La Perdiz. Cuando preguntábamos por su edad, la respuesta de los vecinos siempre era la misma: “yo lo he Vista aérea del Lentisco de la Perdiz ('Vuelo del 56')conocido ahí toda la vida”. Por nuestra parte, pudimos comprobar que en las imágenes áreas del conocido como “vuelo americano”, de 1956, cuando todavía en La Perdiz no se adivinan apenas más que unas cuantas pequeñas casas, la copa del lentisco ya se aprecia allí, densa y rotunda, junto a la carretera.

En diciembre de 2004, cuando realizamos dos de las fotografías que acompañan este reportaje, lo Vista aérea del Lentisco de la Perdiz (julio de 2004)descubrimos rodeado por el asfalto con el que se había cubierto el pequeño talud en el que crecía, junto a la carretera. Ya entonces apreciamos los primeros síntomas de sequedad en algunas de sus ramas que nos hacían temer lo peor… justo cuando empezaba a estrenar su reconocimiento como “árbol singular”. Unos años después, en la primavera de 2009, al pasar una tarde camino de Algar,
echamos en falta su inconfundible estampa. En el pavimento aún podía verse el pequeño círculo en el que creció un día su tronco. Los vecinos Vista aérea del Lentisco de la Perdiz (agosto de 2010)nos dijeron que se había secado… Aún pudimos recoger en imágenes el reducido espacio que suelo que se le dejó para vivir en sus últimos años, una secuencia que puede también descubrirse en las imágenes del satélite tomadas en 2004 y 2010.

Desde entonces, cada vez que pasamos por La Perdiz, como ha sucedido hoy, no podemos sino volver la mirada al lugar donde crecía aquel hermoso árbol. El pequeño alcorque que se le dejó en torno a su tronco terminó por ser también pavimentado y pasa ya desapercibido en el aparcamiento... Hoy, que evocamos con nostalgia su recuerdo, proponemos “a quien corresponda” que allí mismo, junto a la venta, se plante también un pequeño lentisco al que veamos crecer y hacerse grande, y guardar la memoria de aquel otro al que hemos querido rendir un sencillo homenaje.

Para ver más árticulos sobre Foto denuncia "entornoajerez"...
Ver Árboles singulares "entornoajerez"...

Nota: La fotografía del Lentisco de la Venta de la Perdiz se ha obtenido de la obra Inventario de árboles y arboledas Singulares de Andalucía, pág. 85.

Por la Sierra de la Sal (o de “Alazar”) en San José del Valle.
Toponimia andalusí (3)


Sierras de la Sal y de Las Cabras desde San José del Valle

En nuestro recorrido por los paisajes “entornoajerez” estamos “visitando” los montes y sierras que guardan en sus nombres resonancias árabes. Unos de manera explícita, como Gibalbín o Aljibe, otros, como el caso de la Sierra de la Sal. Esconden curiosas transformaciones que trataremos de desvelar.

La Sierra de la Sal se encuentra en las cercanías de san José del Valle, al este de la población. Esta sierra caliza, con una altitud máxima de 504 m. forma un gran lomo rocoso de casi 6 km de longitud que se orienta de este a oeste entre la Sierra de las Cabras y la del Valle. Junto a Boca de la Foz. A la izquierda, la Sierra de La Salellas forma un gran semicírculo montañoso que deja en su interior el singular paraje de los Llanos del Valle. Aunque geológicamente constituyen una misma unidad, topográficamente se muestran como relieves con perfiles propios. La garganta conocida como Boca de la Foz separa a la Sierra de la Sal de la de Las Cabras, mientras que la denominada Garganta del Valle o “El Boquete”, la separa de la Sierra del Valle, configurándose así como una formación aislada.

El topónimo de “Sierra de la Sal” es de los que, a primera vista, se nos muestra explícito y, si se nos permite la expresión, “transparente”. Es uno de esos nombres que reflejan alguna característica evidente y que presentan una denominación estrechamente vinculada con lo Manantiales salinos (El Bosque)designado. Por citar sólo algunos ejemplos, es el caso de lo que sucede con topónimos como “Sierra de las Nieves”, “Sierra del Pinar” o “Sierra del Endrinal” en los que se hace alusión a la presencia o abundancia de nieve, pinos (pinsapos), o endrinos en estos lugares, hasta el punto de haber dado nombre, desde hace siglos, a estas sierras.

No es de extrañar por ello que ante un topónimo como el de “Sierra de La Sal”, se piense en la existencia Las Salinillas (Estella del Marqués)en este lugar de posibles minas de sal, de afloramientos de rocas salinas en sus laderas o, simplemente, en la localización en sus laderas de manantiales salinos que hayan sido aprovechados para obtener el preciado elemento, como sucede en otros parajes de montaña en el interior de la provincia. Algunos autores, como E. Martín (1), así lo han dado a entender vinculando el topónimo a la presencia de pequeñas explotaciones salinas ligadas a manantiales cuyas aguas, al atravesar materiales triásicos, adquieren su carácter salobre. Otros autores han documentado la existencia de pozos de agua salada en las inmediaciones de esta sierra (en la Cañada del Rosal, por ejemplo) para justificar su nombre (2).

Mapa Topográfico Nacional (1917)Sin embargo, creemos que el orónimo de Sierra de la Sal nada tiene que ver con la presencia de esta sustancia y que surge, tal vez, por un error de transcripción por parte de los cartógrafos que a comienzos del siglo XX levantaron el primer mapa topográfico de la zona. La hoja 1063 (Algar) de la primera edición del Mapa Topográfico Nacional, editada en 1917 por el Instituto Geográfico y Estadístico es, a nuestro juicio, la causante de la “errata”, incluyendo el nombre de Sierras de Cádiz (1935)Sierra de la Sal para denominar a una sierra que había sido conocida, desde siglos atrás como Sierra de Alazar, topónimo de resonancias árabes.

El profesor J. Bustamante da algunas claves de lo que sucede en casos como este y ha apuntado como en muchas ocasiones, algunos topónimos de origen árabe han desaparecido para siempre, “o bien, en caso de haber sobrevivido, quizá queden ocultos detrás de una traducción del significante, o se hayan vuelto irreconocibles debido a las desfiguraciones propias de la adaptación a otro sistema fonológico de otra lengua” (3). Tal vez esa “cercanía” fonológica que existe entre “sierra-de-la-sal” y una “sierra-de-alasal”, pronunciada con el “seseo” característico de la zona, pudo confundir a quienes dieron a estos montes el nombre con el que serían “bautizados” en la cartografía oficial y que ya no han abandonado.

La “Sierra de Alazar”: un poco de historia.

Estribaciones de la Sierra de la Sal desde 'La Peruela'A falta de un trabajo de investigación más profundo que pueda darnos las claves de su origen, el topónimo de Sierra de Alazar puede rastrearse ya en distintas fuentes documentales desde el siglo XVI(11). A comienzos del XVII lo encontramos también incluido en una relación de los seis grandes cotos de caza que el ayuntamiento establece en las tierras del término en 1606, mencionando entre ellos el comprendido “desde la sierra de La Sierra de la Sal desde 'Fuente Ymbro'Alazar hasta el Valle”. (4)

Con este mismo nombre la menciona en el s. XVIII el historiador jerezano Bartolomé Gutiérrez, quien al enumerar las Sierras, Dehesas y Fuentes del término señala que “…la Sierra del Alazar á 7 leguas, tiene 3 fuentes, la Peruela, Fuente de Imbros y Vegas de Elvira: tiene 1 legua de largo y ancho: linda con Majaceite (5). Este mismo autor ofrece, curiosamente, otra variante del topónimo que pudiera resultar de gran interés histórico… si no se tratase de una errata tipográfica, que es lo que creemos. Así, al describir el término municipal se refiere a esta sierra, que sitúa junto a las del Valle y Las Cabras: “la sierra del Alcázar se retira de nuestra población hasta siete leguas y tiene de largo dos leguas y de ancho una…” (6).

Madoz, a mediados del siglo XIX, recoge en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico (1845-50) una “nueva” denominación para esta sierra. Al ocuparse de la geografía provincial, tras haber descrito los alrededores de la Sierra de las Cabras y la dehesa de Ballesteros, escribe que “…dirigiéndose hacia el N.E. y á una legua de Ballesteros se encuentra la sierra de la Lazada ó Palmetín, de ½ leg. de longitud…” (7). De la misma manera, al enumerar “las cordilleras más Sierra de la Sal desde la garganta de la Boca de la Foznotables” del término de Jerez vuelve a mencionar, junto a las sierras de Gibalbín, Las Cabras, Dos Hermanas, El Aljibe, La Gallina y San Cristóbal, “la sierra de La Lazada” (8). Nuevamente, bien sea por una deficiente notación de los informantes locales de Madoz, bien sea por la transcripción errónea del nombre “sierra-del-Alazar”, cercano fonológicamente a “sierra-de-la-Lazada”, lo cierto es que “nuestra sierra” no acaba de fijar su nombre.

Como puede apreciarse, las imprecisiones y los errores de denominación vienen ya de antiguo. Vean si no como el nombre con el que aparece citada en el mapa de F. Coello (1868), aporta aún más confusiones al utilizar un nuevo topónimo: Sierra de Alajar. Creemos que se trata de otro ”error de cartógrafo”. Casi con toda seguridad fue este mismo mapa el que consultó el Mapa de F. Coello (1868)historiador y geólogo Vera y Chilier quien en su Memoria sobre la formación de las rocas de la provincia de Cádiz (1897) utiliza también el mismo topónimo: …frente a la Sierra de las Cabras, cortándole en ángulo recto 20°, se elevan dos series de montes en dirección paralela. La mas al N. se levanta bruscamente formando una de las paredes de la boca de Foz, extendiéndose al O.N.O por una cresta elevada 400 a 500 m. sobre el nivel del mar con el nombre de Mapa parcelario de López Cepero (1904)sierra de Alajar y su pequeño contrafuerte de las Dos Hermanas… Termina este ramal cerca del convento del Valle. (9)

El mapa parcelario de López Cepero (1904), que es sin duda el más completo de los realizados hasta su fecha, rescata de nuevo el topónimo histórico y menciona en esta sierra la existencia de la “Dehesa de Alazar y Retozadero”. Unos años más tardes, en 1930, los ingenieros forestales Ceballos y Martín Bolaños (9), utilizan indistintamente las denominaciones de Sierra de Alazar (p. 40) o de La Sal (p. 29 y 152). En estos años en los que realizan el trabajo de campo disponen ya de la primera edición del mapa Topográfico Nacional (1917) en el que, como se ha dicho se había trastocado el nombre de la esta sierra.

El Parralejo. Al fondo, la Sierra de la salPese a todo, en documentos locales editados posteriormente aún se mantuvo el topónimo “histórico” hasta mediados del siglo pasado. Así, en Inventario de Cañadas del término municipal de Jerez (1948) se menciona que el Descansadero y abrevadero de Los Llanos del Valle, “linda por el Norte y Oeste con terreno de la Dehesa de Alazar y Retozadero; Sur con la Cañada Real. Y su extensión es de 2 Has., 68 as. y 32 cas.”.

En este interminable cambio de nombres, debidos en buena parte a las erratas de transcripción en la cartografía oficial, se ha añadido en los últimos años -como nos recuerda nuestro amigo J.M.Amarillo- una “última” denominación. Tal como puede leerse en la Hoja 1063-1 del MTN (edición de 2005), perteneciente a San José del Valle, la Dehesa del Alazar ve alterado su nombre (el tradicional que ya recogía el plano parcelario de 1906 de López Cepero, “el de siempre”) por el de “Dehesa del Alazán”, uno más que añadir a la ya larga lista de variantes que a lo largo de los últimos cinco siglos ha conocido esta Sierra.

“Alazar”, topónimo de origen andalusí.

La Sierra de la Sal desde 'El Mimbral'¿Qué significa el término “alazar? ¿De dónde proviene? A falta de un estudio en profundidad, es muy probable el origen andalusí de este nombre. Así lo recoge fray Diego de Guadix, autor de una obra ya clásica, “Recopilación de algunos nombres arábigos que los árabes pusieron a algunas ciudades y a otras muchas cosas”, que este arabista franciscano escribe en las últimas décadas del siglo XVI. En ella ofrece un auténtico diccionario toponímico que recoge numerosos vocablos procedentes del árabe o del romance andalusí. Sobre la voz “alazar”, escribe: Alazar o La sierra de Alazar. Es en España en el término de Jerez de la Frontera, en el arzobispado de Seuilla. Consta de “al”, que, en arábigo, significa “el”, y de “çerr”, que significa “secreto”; Sierra de la Sal desde los Llanos del Valleassí que, todo junto, “alçerr” significa “el secreto”; y... no ha de sonar la "ll" del artículo, y assí resta açerr o açarr, y, corrompido, dizen Alazar. (11). La Sierra de la Sal, cobra, a decir de Diego de Guadix, el sugerente nombre de “Sierra del Secreto”. Dejando a un lado las propuestas del franciscano, cuestionadas hoy día por otros arabistas, pudiera pensarse también en la derivación del nombre de esta sierra de un antropónimo. “El Hazal” es apellido morisco y “Alazar”, también lo es judío, aunque no existe constancia documental de que personas con estos nombres poblaran este lugar o fueses poseedores de tierras en estos parajes.

La Sierra de la Sal desde el entorno de 'La Perdiz'La interpretación más cercana al origen del topónimo pudiera proceder de los vocablos de origen morisco. En su estudio sobre los “Pleitos de agua en Granada en tiempos de Carlos V” lo profesores Álvarez de Morales y Jiménez Alarcón señalan que el término “alazar”, era utilizado por los moriscos en el ámbito agrícola, para hacer referencia a una de las horas para el uso del agua o de los turnos de riego: “… regaban sus heredades suso dichas de agua del río suso dicho, cada día desde la ora de alaçar hasta que se pone el sol e así a sido la costunbre entre ellos hasta el presente.” (12). Estos investigadores sugieren que este término morisco, “alaçar”, puede derivar de “al-sahar”, el alba. De acuerdo con esta interpretación nuestra Sierra de la Sal, o de Alazar, tendría en su origen un hermoso nombre: “La Sierra del alba”, el lugar por donde nace el sol.

Sierra de la Sal desde San José del Valle
Sierra de Alazar o del Alazán, del Alcázar, de la Lazada, de Alajar, de la Sal… He aquí unos cuantos nombres que definen a un mismo lugar: la Sierra de Alazar, un topónimo de posible raíz andalusí, como otros muchos que bautizan los rincones de nuestra geografía y de los que nos ocuparemos en futuras visitas “entornoajerez”.

Para saber más:
(1) Martín Gutiérrez, E.: El alfoz jerezano. La organización del paisaje rural durante la Baja Edad Media. El ejemplo de Jerez de la Frontera. Universidad de Sevilla y Universidad de Cádiz. Sevilla 2004, pg. 92
(2) M. González Jiménez y M. Valor Piechotta.: Sal y salinas en el reino de Sevilla, pg. 183. Tomamos esta cita de E. Martin (op. cit, pg. 92)
(3) Bustamante Costa, J.: “Toponimia árabe del cuadrante sudoccidental de la provincia de Cádiz”, en Janda. Anuario de Estudios Vejeriegos, 3 (1997), p.27
(4) Pérez Cebada, J.D. (2009): Regulación cinegética y extinción de especies. Jerez, siglos XV-XIX. En Revista de Historia de Jerez nº 14-15, 2008/2009. pp. 209-224.
(5) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, B.U.C. Jerez, 1989, vol IV, p. 318.
(6) Gutiérrez, B.: Historia del estado presente y antiguo de la mui noble y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, B.U.C. Jerez, 1989, vol I, p. 23
(7) y (8) Diccionario Geográfico Estadístico Histórico MADOZ. Tomo CADIZ. Edición facsímil. Ámbito Ediciones. Salamanca, 1986. Pgs. 68 y p. 245.
(9) Vera y Chilier, F.A.: Memoria sobre la formación de las rocas de la provincia de Cádiz. Anales de la sociedad Española de Historia Natural.. Tomo Octavo. Serie II (XXVIII) Madrid. 1897. P. 314-15
(10) Ceballos, L. y Martín Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 29, 40 y 152.
(11) Diego de Guadix.: Recopilación de algunos nombres arábigos que los árabes pusieron a algunas ciudades y a otras muchas cosas. Notas e índices de Elena Bajo Pérez, Felipe Maillo Salgado. Ed. Trea.2005. p, 211
(12) Álvarez de Morales, C. y Jiménez Alarcón. M. (2001).: “Pleitos de agua en Granada en tiempos de Carlos V. Colección de escrituras romanceadas”, en Mª J.Rubiera (coord.), Carlos V, los moriscos y el Islam, Madrid–Alicante, pp. 59-90, pgs. 65 y 88.


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y, en particular, Los paisajes del Jerez andalusí (1). Por los Llanos de La Ina., Toponimia del Jerez andalusí. Gibalbín, “el monte del pozo”,'Sierra del Aljibe': un topónimo de origen árabe, Por la Sierra de la Sal o de “Alazar”. Toponimia andalusí (3)

 
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