El Puerto de Galiz (o de Galis) ha sido desde siempre una encrucijada en los caminos que van desde el Campo de Gibraltar a la Campiña sevillana a través de la Sierra de Grazalema y de los que partiendo de la Bahía de Cádiz y Jerez buscan las tierras de Málaga. Ubicado entre la Sierra de la Gallina y la del Aljibe, este enclave guarda viejas historias como las de aquellos rebeldes indomables que en los últimos años del siglo VXI, capitaneados por Pedro Machuca, se refugiaron en la espesura de sus bosques y en los agrestes parajes de La Sauceda, siendo finalmente indultados por Felipe II. Bandoleros, contrabandistas, partidas de guerrilleros que
pelearon contra los invasores franceses… han tenido como paso obligado este lugar que frecuentan en estos tiempos excursionistas y domingueros, moteros y ciclistas, y aún viajeros curiosos, que como nosotros hoy, recorremos estos rincones en busca de viejas historias.
Estuvimos en el Puerto de Gáliz hace casi dos años, recordando la figura entrañable de “Juan el Igualeja”. Y volvemos aquí de nuevo, esta vez de la mano de un personaje que anduvo por el Puerto de Gáliz hace justo dos siglos, en 1811. Se trata del general Francisco Ballesteros.
Quienes hayan visitado alguna vez estos parajes, habrá reparado, a buen seguro, en una enorme roca de arenisca que destaca, aislada, sobre los prados situados frente a la actual Venta de Puerto de Galiz. Este gran bloque de arenisca, al que la erosión ha dado formas redondeadas, se ha convertido desde hace unos años en capilla improvisada al aire
libre de la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz”, -una nueva advocación más pagana que religiosa, rodeada de “exvotos” y “ofrendas” de lo más kitsch-, cuya hornacina de corcho ha sido instalada en una pequeña oquedad de esta mole rocosa. Se trata del Peñón de Ballesteros. Veamos su pequeña historia.
El General Francisco Ballesteros.
En estos años en los que se están celebrando en nuestra provincia (San Fernando, Chiclana, Cádiz) diferentes actos ligados al cercano bicentenerario de la Constitución de 1812, no estará de más recordar que también está próximo a cumplirse otro bicentenario, el de los hechos protagonizados por el General Ballesteros en diferentes localidades serranas. Ballesteros, a la cabeza de una división de 4.000 hombres, a la que se sumaron numerosas partidas de guerrilleros de los pueblos de las serranías de Cádiz y Málaga, tuvo en estos parajes de la Sierra de Cádiz que hoy visitamos, y en los cercanos montes de Ronda, significativas victorias contra
los franceses. De las andanzas del general por estos territorios y, en especial, por Ubrique y su entorno, recomendamos al lector el interesante y completo trabajo de José María Gavira Vallejo, “200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique (4): Así la vieron los franceses (1811-12)”.
Nosotros no vamos a ocuparnos ahora de sus hechos de armas en Málaga, Ronda, Ubrique, Jimena o Bornos, por citar sólo algunos. Hoy queremos centrarnos en su presencia en este paraje de Puerto de Gáliz, de la mano de lo que cuenta sobre ello el historiador arcense, Manuel Pérez Regordán y de la semblanza que de Ballesteros incluyó el historiador gaditano Adolfo de Castro en su “Historia de Cádiz y su provincia".
Pérez Regordán, en un curioso trabajo sobre el Puerto de Gáliz publicado en Diario de Cádiz (22/06/1995), señala que: “Y, en todo lo más elevado del lugar… se alza un montículo de unos 10 o 15 metros de altura, que es el protagonista de aquellos parajes. Sobre la meseta altiva, el Peñón de Ballesteros, como es conocido, destaca en la distancia. Se refiere este autor al
llamativo bloque rocoso de arenisca situado frente a la venta que hemos mencionado.
¿Y por qué el nombre de Ballesteros? La defensa natural que ofrecen estas sierras, donde la vegetación es riquísima, fue el elemento principal para la guerrilla, el bandolerismo y el contrabando. Es natural que, junto con la cercana Sierra de Rogitán, fuera centro de operaciones, de instrucción y de estudio para las partidas guerrilleras contra los ejércitos napoleónicos durante nuestra Guerra de la Independencia , y que aquí se guarecieran las partidas guerrilleras de don Antonio García de Veas, la de don Pedro Zaldívar –que terminó sus días luchando contra el absolutismo de Fernando VII-, la de don Gaspar Tardío y la del general don Francisco Ballesteros, del que se ocupa el gaditano Adolfo de Castro en su obra “Cádiz y su provincia”.
Adolfo de Castro afirma que Ballesteros, comenzó a luchar contra los franceses en el condado de Niebla y que, por orden de la Regencia, a comienzos de septiembre de 1811, desembarcó en Algeciras con 4000 hombres para defender a la provincia: “Era hombre de valor probado: nunca supo acertar a su corazón el miedo. Tenía sin embargo como general, una reputación superior a su mérito”.
Sobre la forma de actuar de Ballesteros y sus hombres reclutados en los pueblos de la serranía Adolfo de Castro escribe: “Levantó muchas guerrillas en la provincia en tiempos en que el aliento de la fortuna soplaba con ira en nuestras banderas, no como antes enamorada de los castillos y leones. Allegó así a muchos de los que habiendo huido de los pueblos, vivían en las sierras peregrinos de los hombres e indignos compañeros de los brutos. Su albergue era una gruta oscura que lo fue de una fiera: su lecho pieles, su alimento no el que busca el apetito, sino el que ofrece la suerte. Sin tener camino que seguir, iban siempre a donde la voluntad los gobernaba”.

Pérez Regordán, sitúa en estos parajes al general, en su idas y venidas de Bornos y Ubrique a Jimena y San Roque y, es aquí donde el gran bloque de arenisca que preside el cruce de caminos de Puerto de Gáliz, se transforma en el púlpito natural desde el que el militar se dirige a sus soldados, Así, a decir del historiador arcense: “Cuentan los ancianos que han vivido en Puerto de Galis que, en aquel montículo se subía el General Ballesteros para arengar a sus
valientes guerrilleros, y de ahí su denominación de “El Peñón de Ballesteros”.
Las tropas de Ballesteros
Adolfo de Castro sigue aportando pistas, adobadas de espíritu patriótico, de las tropas del general, a las que se unían las partidas de hombres de la sierra: "movíase veloz Ballesteros de aquí para allí, de allí a allá, ora a esa sierra, mañana a este campo. Sorprendía a los que estaban con el azadón en las manos, el sudor en el rostro y los ojos atentamente en la tierra. Incitábalos a ofender al enemigo diciéndoles que la victoria se desdeñaba de recorrer nuestra campiñas , si primero no estaban humedecidas con sangre francesa. Para los valientes no servía la fuerza de los discursos sino la evidencia de los peligros. Juntábanse a Ballesteros jóvenes robustos, mancebos de embravecido semblante, feroz vista, manos duras, brazos
musculosos y cuerpo fuerte: su vestido un rustico sayal, algunos de manchadas y blandas pieles, montera en la cabeza, zurrón al hombro, cuatro o cinco piedras en él, honda que estallaba en la mano y un mal torcido cayado en la otra. Otros más militares empuñaban un corpulenta y fuerte lanza, mientras coronaba su cabeza, si no es que abrumaba sus sienes, un morrión pesado y crespo, las armas de fuego en esperanza: el enemigo que huyese en apresurada fuga o quedase muerto en la sorpresa ese había de facilitarlas: todos con la ambición de obedecer, ninguno con la de mandar sino la muerte a los contrarios".
Los franceses contra Ballesteros
La popularidad que en poco tiempo adquirió motivo que tres generales franceses se distinguieran en su búsqueda Godinot, Semelé y Barroux y hasta se cuenta que Godinot, una vez que encontró de frente a las tropas del general guerrillero, se detuvo un día entero sin atreverse a atacar con sus armas de fuego contra el improvisado ejercito que tenia por armas las hondas de los cabreros y los cayados de los campesinos. Y todos estos serranos arengados en Puerto de Galis desde "el Peñon de Ballesteros" estuvieron presentes en la batalla del Cerro, en Chiclana de la Frontera, capitaneados por el teniente general Manuel de la Peña, en la que causaron al ejército francés más de 2000 bajas y 400 prisioneros. El hecho motivo la decisión francesa de tomar la plaza de Tarifa, a la desesperada porque fue allí donde se situó Ballesteros. En la hábil
estrategia de los hombres que conocen el terreno, Ballesteros cruzo de noche el Guadalete y llegó hasta Bornos (el 4 de noviembre e 1811) donde sorprendió al general Semelé y consiguió más del centenar de prisioneros.
No le falta razón a Manuel Pérez Regordán cuando escribe que: “La Sierra de Cádiz, desde Puerto de Galis, tiene ganada una bella pagina patriótica en la independencia nacional. Ningún estamento oficial ha recordado agradecerlo, pero el pueblo, ese pueblo sencillo que guarda los recuerdos contados en las antiguas gañanías o en noches de invierno, se que se ha preocupado por levantar un monumento en la palabra al general que llevo a sus abuelos a defender nuestra provincia del invasor, conociendo para siempre al peñón de Puerto
de Galis por "El Peñon de Ballesteros".
No estaría mal, aprovechando que el año que comienza se cumple el bicentenario de las andanzas de Ballesteros por estas sierras que junto al Peñón que lleva su nombre se situara una placa conmemorativa. A buen seguro que a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz” no le importaría
pelearon contra los invasores franceses… han tenido como paso obligado este lugar que frecuentan en estos tiempos excursionistas y domingueros, moteros y ciclistas, y aún viajeros curiosos, que como nosotros hoy, recorremos estos rincones en busca de viejas historias.Estuvimos en el Puerto de Gáliz hace casi dos años, recordando la figura entrañable de “Juan el Igualeja”. Y volvemos aquí de nuevo, esta vez de la mano de un personaje que anduvo por el Puerto de Gáliz hace justo dos siglos, en 1811. Se trata del general Francisco Ballesteros.
Quienes hayan visitado alguna vez estos parajes, habrá reparado, a buen seguro, en una enorme roca de arenisca que destaca, aislada, sobre los prados situados frente a la actual Venta de Puerto de Galiz. Este gran bloque de arenisca, al que la erosión ha dado formas redondeadas, se ha convertido desde hace unos años en capilla improvisada al aire
libre de la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz”, -una nueva advocación más pagana que religiosa, rodeada de “exvotos” y “ofrendas” de lo más kitsch-, cuya hornacina de corcho ha sido instalada en una pequeña oquedad de esta mole rocosa. Se trata del Peñón de Ballesteros. Veamos su pequeña historia.El General Francisco Ballesteros.
En estos años en los que se están celebrando en nuestra provincia (San Fernando, Chiclana, Cádiz) diferentes actos ligados al cercano bicentenerario de la Constitución de 1812, no estará de más recordar que también está próximo a cumplirse otro bicentenario, el de los hechos protagonizados por el General Ballesteros en diferentes localidades serranas. Ballesteros, a la cabeza de una división de 4.000 hombres, a la que se sumaron numerosas partidas de guerrilleros de los pueblos de las serranías de Cádiz y Málaga, tuvo en estos parajes de la Sierra de Cádiz que hoy visitamos, y en los cercanos montes de Ronda, significativas victorias contra
los franceses. De las andanzas del general por estos territorios y, en especial, por Ubrique y su entorno, recomendamos al lector el interesante y completo trabajo de José María Gavira Vallejo, “200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique (4): Así la vieron los franceses (1811-12)”.Nosotros no vamos a ocuparnos ahora de sus hechos de armas en Málaga, Ronda, Ubrique, Jimena o Bornos, por citar sólo algunos. Hoy queremos centrarnos en su presencia en este paraje de Puerto de Gáliz, de la mano de lo que cuenta sobre ello el historiador arcense, Manuel Pérez Regordán y de la semblanza que de Ballesteros incluyó el historiador gaditano Adolfo de Castro en su “Historia de Cádiz y su provincia".
Pérez Regordán, en un curioso trabajo sobre el Puerto de Gáliz publicado en Diario de Cádiz (22/06/1995), señala que: “Y, en todo lo más elevado del lugar… se alza un montículo de unos 10 o 15 metros de altura, que es el protagonista de aquellos parajes. Sobre la meseta altiva, el Peñón de Ballesteros, como es conocido, destaca en la distancia. Se refiere este autor al
¿Y por qué el nombre de Ballesteros? La defensa natural que ofrecen estas sierras, donde la vegetación es riquísima, fue el elemento principal para la guerrilla, el bandolerismo y el contrabando. Es natural que, junto con la cercana Sierra de Rogitán, fuera centro de operaciones, de instrucción y de estudio para las partidas guerrilleras contra los ejércitos napoleónicos durante nuestra Guerra de la Independencia , y que aquí se guarecieran las partidas guerrilleras de don Antonio García de Veas, la de don Pedro Zaldívar –que terminó sus días luchando contra el absolutismo de Fernando VII-, la de don Gaspar Tardío y la del general don Francisco Ballesteros, del que se ocupa el gaditano Adolfo de Castro en su obra “Cádiz y su provincia”.
Adolfo de Castro afirma que Ballesteros, comenzó a luchar contra los franceses en el condado de Niebla y que, por orden de la Regencia, a comienzos de septiembre de 1811, desembarcó en Algeciras con 4000 hombres para defender a la provincia: “Era hombre de valor probado: nunca supo acertar a su corazón el miedo. Tenía sin embargo como general, una reputación superior a su mérito”.Sobre la forma de actuar de Ballesteros y sus hombres reclutados en los pueblos de la serranía Adolfo de Castro escribe: “Levantó muchas guerrillas en la provincia en tiempos en que el aliento de la fortuna soplaba con ira en nuestras banderas, no como antes enamorada de los castillos y leones. Allegó así a muchos de los que habiendo huido de los pueblos, vivían en las sierras peregrinos de los hombres e indignos compañeros de los brutos. Su albergue era una gruta oscura que lo fue de una fiera: su lecho pieles, su alimento no el que busca el apetito, sino el que ofrece la suerte. Sin tener camino que seguir, iban siempre a donde la voluntad los gobernaba”.

Pérez Regordán, sitúa en estos parajes al general, en su idas y venidas de Bornos y Ubrique a Jimena y San Roque y, es aquí donde el gran bloque de arenisca que preside el cruce de caminos de Puerto de Gáliz, se transforma en el púlpito natural desde el que el militar se dirige a sus soldados, Así, a decir del historiador arcense: “Cuentan los ancianos que han vivido en Puerto de Galis que, en aquel montículo se subía el General Ballesteros para arengar a sus
valientes guerrilleros, y de ahí su denominación de “El Peñón de Ballesteros”.Las tropas de Ballesteros
Adolfo de Castro sigue aportando pistas, adobadas de espíritu patriótico, de las tropas del general, a las que se unían las partidas de hombres de la sierra: "movíase veloz Ballesteros de aquí para allí, de allí a allá, ora a esa sierra, mañana a este campo. Sorprendía a los que estaban con el azadón en las manos, el sudor en el rostro y los ojos atentamente en la tierra. Incitábalos a ofender al enemigo diciéndoles que la victoria se desdeñaba de recorrer nuestra campiñas , si primero no estaban humedecidas con sangre francesa. Para los valientes no servía la fuerza de los discursos sino la evidencia de los peligros. Juntábanse a Ballesteros jóvenes robustos, mancebos de embravecido semblante, feroz vista, manos duras, brazos
musculosos y cuerpo fuerte: su vestido un rustico sayal, algunos de manchadas y blandas pieles, montera en la cabeza, zurrón al hombro, cuatro o cinco piedras en él, honda que estallaba en la mano y un mal torcido cayado en la otra. Otros más militares empuñaban un corpulenta y fuerte lanza, mientras coronaba su cabeza, si no es que abrumaba sus sienes, un morrión pesado y crespo, las armas de fuego en esperanza: el enemigo que huyese en apresurada fuga o quedase muerto en la sorpresa ese había de facilitarlas: todos con la ambición de obedecer, ninguno con la de mandar sino la muerte a los contrarios".Los franceses contra Ballesteros

La popularidad que en poco tiempo adquirió motivo que tres generales franceses se distinguieran en su búsqueda Godinot, Semelé y Barroux y hasta se cuenta que Godinot, una vez que encontró de frente a las tropas del general guerrillero, se detuvo un día entero sin atreverse a atacar con sus armas de fuego contra el improvisado ejercito que tenia por armas las hondas de los cabreros y los cayados de los campesinos. Y todos estos serranos arengados en Puerto de Galis desde "el Peñon de Ballesteros" estuvieron presentes en la batalla del Cerro, en Chiclana de la Frontera, capitaneados por el teniente general Manuel de la Peña, en la que causaron al ejército francés más de 2000 bajas y 400 prisioneros. El hecho motivo la decisión francesa de tomar la plaza de Tarifa, a la desesperada porque fue allí donde se situó Ballesteros. En la hábil
No le falta razón a Manuel Pérez Regordán cuando escribe que: “La Sierra de Cádiz, desde Puerto de Galis, tiene ganada una bella pagina patriótica en la independencia nacional. Ningún estamento oficial ha recordado agradecerlo, pero el pueblo, ese pueblo sencillo que guarda los recuerdos contados en las antiguas gañanías o en noches de invierno, se que se ha preocupado por levantar un monumento en la palabra al general que llevo a sus abuelos a defender nuestra provincia del invasor, conociendo para siempre al peñón de Puerto
de Galis por "El Peñon de Ballesteros".No estaría mal, aprovechando que el año que comienza se cumple el bicentenario de las andanzas de Ballesteros por estas sierras que junto al Peñón que lleva su nombre se situara una placa conmemorativa. A buen seguro que a la “Virgen de los Milagros de Puerto de Gáliz” no le importaría
Para saber mas:
- Adolfo de Castro: Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814. Imprenta de la revista Médica, 1858. Ver el Capítulo VI: El General Ballesteros y las guerrillas en la provincia. (pg. 755 y siguientes)
- José María Gavira Vallejo, 200 años de Guerra de la Independencia en Ubrique (4): Así la vieron los franceses (1811-12).
- Manuel Pérez Regordán: El Puerto de Galis. “Don Francisco Ballesteros. La provincia de Cádiz en la historia y la leyenda”. Diario de Cádiz 22/06/1995, pg. 45






































