Un paseo por Jerez

Portada del libro 'Un paseo por Jerez...

De la mano del Centro de Estudios Históricos Jerezanos y la Fundación Teresa Rivero, les proponemos hoy un “paseo” muy especial al encuentro de la historia de Jerez, de sus campos, de sus calles, de sus monumentos y de sus personajes. Y todo ello sin salir de un libro.

Como recuerda Juan Manuel Corchado Moreno en el prólogo de la publicación de la que hoy nos ocupamos, “durante el curso 2009-10 la Fundación “Teresa Rivero” y el Centro de Estudios Históricos Jerezanos celebraron, en el marco de la primera Aula de Historia de Jerez, un ciclo de conferencias sobre diversos aspectos de la ciudad bajo el título genérico de “Un paseo por Jerez ...”, encaminadas a darla a conocer desde distintos puntos de vista”.

El libro, presentado en la tarde de hoy, jueves 30 de septiembre, recoge los textos de aquellas intervenciones que estuvieron a cargo de otros tantos miembros del CEHJ felizmente recuperadas, ya para siempre, gracias a esta publicación que ha sido dedicada a José Ramón Fernández Lira, uno de sus autores. Como no podía ser de otra manera, el admirado José Ramón ha sido esta tarde recordado por todos los participantes en el acto de presentación que ha tenido lugar en la sede de la Fundación. Y lo ha sido por motivos obvios: por su incansable dedicación a la cultura y a las instituciones culturales, a los trabajos de investigación y divulgación de nuestro patrimonio, a su labor profesional como docente, como cartelista, como diseñador gráfico, como historiador del arte en nuestra ciudad…

Un paseo por Jerez” está integrado por cuatro capítulos, cuatro “paseos”, que se corresponden con cada una de las conferencias del I Aula de Historia de Jerez. El primero de ellos, “Un paseo por…sus campos”, lleva por subtítulo “El alfoz jerezano en la época andalusí”, presentado por el profesor y arabista Miguel Ángel Borrego Soto, a quien debemos numerosos trabajos sobre la historia del Jerez árabe y con quien recorremos en esta ocasión los “paisajes” poco conocidos del Jerez de los siglos VIII y IX o esas otras escenas del esplendor de la ciudad en los siglos XII y XIII en los que el autor profundiza desde su conocimiento de las fuentes árabes.

Al recordado José Ramón Fernández Lira debemos el segundo capítulo de este libro dedicado a “Un paseo por… sus calles” que, gracias a las grandes dotes didácticas de su autor, a su enfoque interdisciplinar, a sus amplios conocimientos… se transforma en un delicioso e ilustrado paseo. Como señala José Ramón, se trata de “… un recorrido sin ninguna preocupación por el itinerario: iríamos de un lugar a otro buscando el detalle singular…”. Y así, recorremos las calles de la mano de esas imágenes, seleccionadas en su magnífico fondo documental, que nos ilustran sobre los escudos de Jerez repartidos por los más insospechados rincones, o sobre los guardacantos de palacios y conventos, o sobre las rejas, los aldabones, José Ramón Fernández Liralas bocallaves… elementos en los que se manifiesta la labor de los herreros y artesanos de Jerez. Fernández Lira tiene ojos (e imágenes) para todo: lo mismo se fija en las molduras y cornisas de nuestras bodegas y palacios que en las ménsulas de nuestros balcones, en las cancelas artísticas y singulares repartidas por nuestras calles, en las fachadas más llamativas, en las hornacinas y esculturas, en las lápidas, en los más pequeños detalles… en todo. Recordando las motivaciones que impulsan su curiosidad, José Ramón relata una experiencia infantil, con su padre como protagonista que fue, quizás, determinante: “…desde aquel lejano día, del pasado siglo, escudriño todas las fachadas que se me ponen a tiro, por primera vez, y por eso busco la esquinita o el balcón que puedan contener toda la vida de un hombre o la historia de una ciudad”. Igual que sus trabajos.

Patio, nave de viga y torre contrapeso del Molino de la MercedJosé Manuel Aladro Prieto es el autor del “Paseo por... los monumentos de Jerez”, el tercero de los capítulos que integran este libro. Como arquitecto y profesor de Historia de la arquitectura en la Universidad de Sevilla, nadie mejor que él para realizar un “recorrido histórico urbano a través de seis ejemplos del patrimonio arquitectónico de Jerez”. La primitiva muralla de la ciudad, los edificios palaciegos del siglo XVI o el pasado olivarero de Jerez a través de los restos de molinos de aceite que aún se conservan, son algunos de los “paisajes urbanos” que Aladro recorre en este paseo. No falta tampoco la mirada a la “memoria de la ciudad bodega” y las referencias a los ejemplos más relevantes de las construcciones bodegueras del XIX. O al singular Barrio Obrero de Tempul, de comienzos del XX. Este paseo por el jerez de los monumentos termina recordando las aportaciones más significativas en la arquitectura bodeguera de la segunda mitad del siglo XX, para concluir con una interesante reflexión: “… el valor patrimonial de una población no radica en la suma de sus edificios monumentales, sino en el propio organismo urbano. Se considera que nuestro principal y más importante patrimonio es la propia ciudad”.

El último capítulo-paseo del libro está dedicado a los “personajes” y para escribirlo-guiarlo, nadie como Antonio Mariscal Trujillo, a quien debemos un título imprescindible (“Jerezanos para la historia”) para conocer nuestro “paisaje humano” de los dos últimos siglos. En este “paseo”, Mariscal se ocupa de personajes como los militares Tomás de Morla y Pacheco, José de la Serna e Hinojosa (I Conde de los Andes) o Rafael Fernández de Bobadilla, de Manuel de Ysasi Lacoste y de José Luis Díez, de los políticos revolucionarios José Paúl y Angulo y Ramón de Cala, del actor Antonio Vico, del Duque de Almodóvar del Río, que fue ministro de Estado, del aviador Juan Manuel Durán González, del ingeniero y matemático Pedro Miguel González Quijano…

Recopilar estos “paseos” del I Aula de Historia de Jerez en una publicación ha sido todo un acierto que permitirá su lectura-recorrido a quienes no pudieron disfrutar de aquellas conferencias. Ahora, gracias a este libro editado por el Centro de Estudios Históricos Jerezanos y la Fundación Teresa Rivero y dedicado a José Ramón Fernández Lira, será también posible “pasear” por Jerez a través de sus páginas.


Nota:Las fotografías que ilustran este post han sido tomadas del libro "Un paseo por Jerez"

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Los Llanos de Caulina como escenario de la Batalla de Guadalete: la versión del historiador Adolfo de Castro

Arroyo Salado de Espera

En una anterior entrada recordábamos el inicio de la “cuenta atrás” para la conmemoración de los XIII siglos de la Batalla de Guadalete en julio de 2011. A lo largo de este año que resta para esta singular efeméride vamos a ir trayendo a esta ventana de “entornoajerez” algunas páginas de nuestra historiografía local y nacional, del romancero tradicional, así como referencias de Ilustración relativa a la Batalla de Guadaletefuentes árabes que, a modo de “ilustraciones”, contribuyan a recordar aquel hecho histórico.

Si en lo relativo a las fechas en las que aconteció la famosa batalla hay bastantes coincidencias, en lo relativo al lugar, al escenario geográfico de la contienda, se disparan las hipótesis más peregrinas. De la mano del célebre historiador gaditano Adolfo de Castro, recorreremos hoy los campos situados entre Jerez, Espera y Arcos, los Alfonso de Castroparajes que se extiende a los pies de las sierras de Gibalbín y Gamaza, las Mesas de Santiago y, en especial, los Llanos de Caulina, donde nuestro autor sitúa el marco de las luchas entre Rodrigo y Táriq.

Los tiempos son como ríos que no pueden volver atrás. De ellos queda en la memoria de los hombres el recuerdo de las hazañas más insignes así en valor y en virtud como en maldad. Senda estrecha y trabajosa es por donde camina el historiador, y en la que se hallan más tropiezos y estorbos de cuantos están en el campo abierto que ofrecen al entendimiento humano las buenas letras. Sin la verdad y la crítica imposibles es mover por ella con seguro pié los pasos”. Con esta solemne reflexión sobre el díficil trabajo del historiador comienza la “Historia de Cádiz y su provincia desde los tiempos remotos hasta 1814” escrita por Adolfo de Castro y publicada en Cádiz por la Imprenta de la Revista Médica en 1858.

Adolfo de Castro (1823-1898), escritor, historiador y erudito, fue también alcalde de Cádiz y gobernador de Cádiz y Huelva. A él se deben, entre otros trabajos que abordan temas vinculados con la provincia, una Historia de Jerez (1845) y su más conocida “Historia de Cádiz”, de la que extraemos las hipótesis y argumentos que sobre la Batalla de Guadalete, vierte en ella su autor.

Señala el historiador gaditano que Rodrigo, tras conocer las primeras noticias de la invasión, encamina su ejército hacia el sur especulando acerca del itinerario seguido por sus tropas que “… Al ir hácia los sitios que ocupaban los invasores, que eran Gibraltar y su campo, claramente se infiera que no había de dirijirse por Montellano y otras sierras con un ejército cuya fuerza mayor consistía en tropas á caballo. Rodrigo tomaría el mismo camino real por Utrera y Lebrija hacia Jerez que fue lo mismo que para recuperar las Algeciras hizo con su ejército don Alfonso XI".

Llanos de CaulinaPara Adolfo de Castro, Táriq, en su avance, habría evitado los terrenos quebrados y montuosos para salir al encuentro de Rodrigo con su ejército de doce mil hombres y “…haría lo que todo invasor en sus entradas: llevar a su gente por los caminos reales hasta presentar la batalla al enemigo que salga á impedir el paso. La extensión de los llanos de Caulina, tan inmediatos á a la antigua vía romana y al camino real moderno, y próximos al Guadalete, lugar el más á propósito para una batalla, y batalla en que combatió mucha caballería, desde luego con las observaciones que he presentado ofrece la historia motivos para la conjetura de que fue teatro de la sangrienta lucha que originó la pérdida de España, como en parte fue teatro de la acción, no menos terrible, en que César venció a los hijos de Pompeyo”. (pg.213)

Llanos de CaulinaYa tenemos pues, según Adolfo de Castro, un escenario probable para esta batalla, un espacio físico en el que, a su entender, encajan la “lógica” de la estrategia militar, las razones de índole geográfica, y las antiguas vías de comunicación que tendrían que haber seguido los ejércitos contendientes: los Llanos de Caulina.

Nuestro erudito historiador aún encuentra otras razones en auxilio de su tesis, recurriendo a la toponimia. Así, cree ver confirmada y “perpetuada” en los nombres de dos arroyos de la zona, la presencia de los dos principales caudillos árabes. Veamos su ingenioso razonamiento que hoy se nos antoja un tanto forzado:

En dos arroyos se conservan nombres, en mi entender alusivos á la batalla del Guadalete. Uno en el arroyo Fontetar, corrupción indudable de Fonte Táriq ó la fuente de Táriq, del mismo modo que “Gebal-Táriq se dijo Gibraltar. Aquí, pues, está consignado el nombre del caudillo de la expedición. El otro es el arroyo Musas, donde aún dura, ligeramente corrompido por el vulgo el nombre de Músa ben Nossayr, lugarteniente del Califa y por tanto el jefe del ejercito, si bien no se hallaba presente. Esto prueba que por este sitio debió colocarse el campamento de los árabes. No están ambos arroyos muy distantes de Arcos ni del Guadalete: sabido es también que los llanos de Caulina se encuentran entre Arcos y Jerez”. (pg. 214)

Adolfo de Castro acude aquí al valor probatorio de los registros toponímicos al afirmar que “…Imposible parecería que del sitio de un hecho tan notable no se hubiese conservado la memoria por nombres que de generación en generación el vulgo repitiera, aún sin saber lo que decía… De sucesos tan trascendentales para la historia de una nación ó se mantiene vivo el recuerdo en inscripciones, ó en los nombres de los sitios donde Esperahan ocurrido”.

Está claro que, a falta de lo primero, ante la ausencia de lápidas, monumentos conmemorativos y vestigios arqueológicos, hay que apoyarse en lo segundo, en la toponimia, y nuestro historiador cree haber encontrado la prueba que busca: “En los arroyos Fontetar y Musas, encuentra el investigador Castillo de Esperadilijente de estas memorias las pruebas bastantes á designar los lugares de la victoria de Táriq, el caudillo enviado de Músa” (pg.214).

El historiador gaditano, de la mano de estos dos topónimos tan sugerentes, hace situar los campamentos de las tropas invasoras en las tierras que hoy se sitúan entre Arcos y Espera desde donde saldrían al encuentro de las huestes de Rodrigo, apenas detectada su presencia dirigiéndose hacia los Llanos de Caulina a través de las Mesas de Santiago. Veamos como lo cuenta:

El campo de Táriq, estuvo entre Arcos y Espera, según mis conjeturas. El arroyo Fontetar ó Fonte Tariq corre a un cuarto de legua del Guadalete, y el de Músas, casi paralelo a Fontetar, dista de este mismo Arroyo como tres cuartos de legua. La batalla empezaría en la tierra quebrada que media entre el lugar del campamento y los Llanos de Caulina, terminándose en estos. El ser inferior Táriq a Rodrigo en caballería hace verosímil que por este lado fueran los combates primeros”. (pg. 239)

Cortijo 'El Peral'¿Qué queda hoy de estos topónimos que sirvieron de base a sus conjeturas? Si el lector interesado consulta la cartografía del Instituto Geográfico Nacional así como los inventarios toponímicos comprobará que las diferentes ediciones de la Hoja 1049(Arcos), no aparece ninguna referencia a estos arroyos en los lugares mencionados por Adolfo de Castro., que se corresponden con el espacio por el que discurre la carretera Pequeña Holandaentre Arcos y Espera.

Esta vía la cruzan varios arroyos. Uno de ellos, el más próximo a Arcos atraviesa las tierras de la Pequeña Holanda y pasa a la Cooperativa Agrícola Arcense (a unos cuatro km. de Arcos) cuyas intalaciones se ubican al pie de la citada carretera. Se trata de arroyo denominado de Fronteta. Con este nombre figura (“deformado” a nuestro entender) en la primera edición de la citada hoja 1049 (1917) y con este mismo se mantiene en las siguientes ediciones hasta la más moderna de 2005, (la hoja 1049-1 de Bornos del MTN-25 ). Se trata sin duda del Arroyo de Fontetar (o de Fuente de Táriq) al que alude Adolfo de Castro y que arranca de las inmediaciones del Cortijo de San Andrés, en la cercana Sierra del Calvario, para desembocar en el Salado de Espera en las proximidades de El Peral y Jadramil. (Ver ilustración)

De más difícil localización es el arroyo de Musas o de Musa, al que alude Adolfo de Castro y que identificamos con el actual Arroyo de La Saucedilla. Como el anterior, también corta la carretera Arcos-Espera, en este caso junto al cortijo del Chupón, para embalsarse en una pantaneta en sus cercanías.

¿De donde tomó pues estos nombres Adolfo de Castro, su principal argumento para ubicar los escenarios de la batalla de Guadalete?. Creemos que lo hizo del mapa de Tomás López. Se trata del Mapa geográfico de los términos de Xerez de la Frontera Tempul Algar sus despoblados y pueblos confinantes, publicado en Madrid en 1787 y del que nos ocuparemos detenidamente en una próxima entrada. En él se aprecian con claridad estos dos topónimos que, a buen seguro, llamarían la atención de un erudito como Adolfo de Castro quien encontró importantes piezas para el puzle que trataba de encajar.

No paso desapercibido tampoco para el historiador otro topónimo que figura en el citado mapa, esta vez junto al Guadalete, aguas debajo de El Portal: la Barca de Florinda. En estas referencias a los nombres de lugares que pudieran estar vinculados a los protagonistas de la Batalla de Guadalete, no ignora Adolfo de Castro el personaje de Florinda, protagonista de la leyenda de La Cava, tan ligada al episodio que desencadenó la invasión árabe. En relación a este curioso topónimo del que ya nos hemos ocupado en otro artículo de este blog. Sierra de GamazaAfortunadamente, en este caso, las conjeturas del historiador son más prudentes y sin dejarse llevar por los sugestivos ecos de la leyenda de La Cava, descarta cualquier relación directa con la contienda: “Hay un pasaje del Guadalete entre Jerez y Puerto real llamado la Barca de Florinda. Ignoro el tiempo en que se impuso. Sea como quiera, no puede significar que en aquel sitio ocurrió la batalla”. (214).

Al recorrer en estos días los campos de Espera, las tierras de El Peral y Jadramil, las soledades de Sierra Gamaza, las suaves lomas de las Mesas de Santiago… no podemos sino recordar las conjeturas de Adolfo de Castro imaginando con él, las tropas de Táriq acampadas en espera de la contienda con el ejército de Rodrigo que ya se aproxima, camino del Guadalete, por los Llanos de Caulina.


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Una encina monumental: el Chaparro de La Vega
Árboles singulares.




En otras ocasiones nos hemos ocupado en “entornoajerez” de árboles y arboledas singulares de nuestro entorno y aún de algunos ejemplares que por su excepcionalidad han sido declarados “Monumento Natural”. Hoy nos vamos a ocupar de uno de ellos, una encina centenaria: el Chaparro de la Vega, que podemos admirar en la localidad sevillana de Coripe, junto a la Vía Verde de la Sierra.

Para llegar hasta esta monumental encina, tomaremos la carretera C-339 que une Algodonales y Coripe. La carretera cruza la Vía Verde en un punto en el que se alza la Estación de Coripe, a 3 km de este pueblo serrano.

Desde la estación, cuyo antiguo edificio ha sido remozado como infraestructura hostelera y de servicios para la Vía Verde, parte un sendero perfectamente señalizado que nos conduce directamente al Chaparro de La Vega tras recorrer algo más de un kilómetro. El camino, habilitado para la circulación de vehículos, discurre en su primer tramo por la Vía Verde de la Sierra (en dirección hacia Puerto Serrano). Justo antes de cruzar el impresionante Viaducto de Coripe sobre el Guadalporcún, se desvía a la izquierda de la traza siguiendo paralelo al curso fluvial que nos acompaña a nuestra derecha. El río se encajona aquí a los pies del imponente Cerro del Castillo y, al poco, el paisaje se abre en una llanada despejada de vegetación donde se adivina ya desde lejos la silueta del Chaparro.

Llegamos así a La Vega, un hermoso paraje abierto entre los cerros circundantes, donde crecen plantíos de nogales regados con el agua retenida en una pantaneta cercana. No faltan aquí tampoco, dispersas por las laderas de la que fuera una antigua dehesa, encinas, pinos piñoneros, acebuches, retamas, palmitos… Y en este lugar, ocupando el centro de un extenso prado y atrayendo también todas las miradas, se alza una de los árboles más singulares de cuantos puedan admirarse en nuestra Comunidad: el Chaparro de La Vega.



Cuando se apuntan las notables dimensiones de este ejemplar de encina (Quercus ilex L. subsp. ballota), las cifras y los números apenas puedan darnos una idea remota de la armonía de sus formas, de la equilibrada composición que conforman su grueso tronco, sus portentosas ramas y su gran copa aparasolada.



Lo primero que sorprende al visitante es el diámetro de su tronco, próximo a 1,20 m. En la base, su perímetro supera los 4,50 m. y medido a 1,30 m. del suelo, se aproxima su contorno a los 4 m., lo que da idea de la regularidad del fuste que se divide en gruesas ramas secundarias a una altura aproximada de 2,50 m.

Si nos situamos bajo su copa, que llega en su punto más alto hasta los 13 m. de altura, podremos admirar la poderosa estructura que componen sus ramas que, armoniosamente distribuidas, dan lugar a una inmensa copa de casi 30 m. de diámetro. No es de extrañar que la encina proyecte una superficie de sombra próxima a los 600 m2 bajo la que, como presumen los vecinos de Coripe, cabe literalmente todo el pueblo. Estas considerables dimensiones se ven superadas por la belleza y armonía de sus formas que hacen de esta gran encina un Monumento Natural incomparable.

En función del perímetro de su tronco, se ha calculado la edad del Chaparro de la Vega en torno a los 300 ó 400 años, si bien no faltan quienes le atribuyen más de 500. A buen seguro, el magnífico porte de esta centenaria encina ha permitido que sea respetada y cuidada a lo largo de los siglos y haya sobrevivido al hacha, al carboneo y al fuego.

Sea como fuere, el Chaparro de la vega es “venerado” y admirado por los vecinos de todos los pueblos cercanos (Algodonales, La Muela, Puerto Serrano, Olvera, Montellano, Morón…) y especialmente por los de Coripe, a cuyo término municipal pertenece el paraje de La Vega. En este lugar se celebra la conocida Romería de Coripe que se celebra en honor de la Virgen de Fátima y congrega cada segundo domingo de mayo a numerosos visitantes de las poblaciones de la Sierra Sur de Sevilla y de la Sierra Norte de Cádiz. A decir de muchos, la romería no es sino un pretexto para “peregrinar” hasta el Chaparro de la Vega, en torno al cual se ha levantado una zona recreativa frecuentada ya durante todo el año

La visita a este Monumento Natural justifica, por sí sola, una excursión que podrá completarse con los atractivos que nos ofrecen otros parajes cercanos. Así, podremos realizar un cómodo recorrido por la Vía Verde desde la Estación de Coripe hasta Zaframagón (6 km en dirección Olvera), o adentrarnos en el cercano túnel bajo el Cerro del Castillo que, con 990 m., es el de mayor longitud de la Vía Verde. Un paseo por las riberas del Guadalporcún, una visita a Coripe, a La Muela o a la cercana Sierra de Lijar, podrán ser otras tantas opciones con las que completar nuestra excursión al Chaparro de la Vega.

Cuando ya de regreso a casa contemplamos este magnifica encina a vista de pájaro, cuando la carretera gana altura, camino de Algodonales, entendemos aún mejor por qué fue declarada como Monumento Natural.

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Foto denuncia.
“Fumata blanca" en la campiña


A las cuatro de la tarde de hoy, 18 de septiembre, podía verse desde Los Albarizones, tras el Monasterio de Cartuja, una extraña neblina que desde las Mesas de Bolaños hasta los cerros de Chipepe, envolvía los Llanos de La Ina y las arboledas de la ribera del Guadalete con una suave veladura. Era la imagen típica de un día de niebla, si no fuera porque en el ambiente se respiraba cierto olor a quemado.

Tras cruzar el puente del río en dirección a Medina se descubría en el horizonte, mirando a la derecha, una inmensa columna de humo blanco, saliendo a borbotones entre los molinos de Bolaños y Roalabota, que el viento se encargaba en llevar hacia el este, por toda la campiña. El origen de este incendio, del que no se apreciaban las llamas, estaba en el Complejo Medioambiental situado entre los cortijos de Barja y Bolaños, en la carretera que desde el cruce de la subestación de Las Quinientas se dirige a Puerto Real. Desde la parte trasera de Las Calandrias, pudimos captar estas imágenes donde camiones y excavadoras se afanaban por arrojar tierra en el punto donde se había originado la combustión para sofocar el fuego. En este lugar se encuentran los enormes vertederos donde se depositan los residuos “no peligrosos” y los rechazos de las plantas de residuos sólidos urbanos que no pueden ser reciclados.

La gran columna de humo blanco brotaba sin cesar de una de las grandes mastabas en las que, a modo de moderno “zigurat” de la basura, se entierran los vertidos urbanos e industriales. Ardían nuestros desechos que el viento transformaba en una extraña bruma y esparcía por todos los rincones de la campiña, para recordarnos que los residuos que generamos nos desbordan y que, tal vez sería bueno que pusiéramos más cuidado en frenar su producción y en mejorar su gestión.


Ver Foto denuncia "entornoajerez"...


Los paisajes de la Memoria

Cortijo 'El Marrufo': Capilla

"Cuando hablamos de “Memoria Histórica” como explican tan claramente los colaboradores e investigadores de asociaciones como “Todos los nombres” o “Jerez Recuerda”, estamos hablando, sobre todo, de justicia.

En estos tiempos revueltos en los que se quiere pasar página apresuradamente, sin que haya dado tiempo a escribirla y leerla, en estos tiempos en los que no faltan quienes reinventan la historia a su capricho, conviene, antes que cualquier otra cosa, hablar de justicia y hacer justicia.

Justicia a tantos nombres, que es decir personas, que es decir vidas, familias, recuerdos, memoria. Que es decir “pueblo” en el más noble sentido de la palabra. Buena parte de esos nombres, en lo que a nuestra ciudad se refiere, figuran en un completo trabajo realizado por la Asociación para la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica “Jerez Recuerda”. Con el título “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” se presenta el fruto de la investigación en la que han participado durante muchos años miembros de esta asociación y en el que se aportan hasta 382 nombres de víctimas. Por citar sólo uno de los muchos que allí figuran, traemos hoy aquí el de Teófilo Azabal, un maestro.

Plaza de Toros de JerezJosé Antonio Martín Pallín en uno de sus artículos (“Sin pasado no hay mañana”), dice refiriéndose a los maestros: “Resulta significativa la saña con la que se persiguió a los maestros que habían dedicado su vida a sembrar los valores de la cultura en las aldeas y ciudades de nuestra Patria”. Estas palabras están escritas a la medida de Teófilo Azabal, hombre de bien, maestro e Inspector de Enseñanza Primaria de quien nos habló en diferentes Alcazar de Jerezocasiones su hija Pilar, ya fallecida. Emocionada, nos contaba los días trágicos de la detención de su padre, entonces enfermo, y de su fusilamiento. Ella era entonces una niña de cuatro años, la misma “niña” que se menciona en el Certificado de Defunción que aparece publicado en el citado trabajo de Jerez Recuerda. Nos hablaba Pilar de las peripecias de su familia en aquellos días, de su refugio en Los Albarizones. Y nos Alameda Vieja (Jerez)hablaba sobre todo de la emoción que sintió cuando, pasado el tiempo, tuvo ocasión de trabajar como maestra durante muchos años en el Colegio Nacional Carmen Benítez del que su padre había sido profesor y era director cuando fue fusilado.

Junto a los nombres de personas, nos gustaría traer también hasta estas páginas de “entornoajerez”, los nombres de lugares que no Puerta de Rota (Jerez)deben caer en el olvido y que deben también guardar memoria de aquellos crímenes con los que el golpe militar de 1936 llenó muchos rincones de la campiña. Para que tampoco se olviden. Son nombres ligados ya para siempre a rincones que fueron escenario de la injusticia y del crimen, “lugares para la Memoria”.

Y hablamos de los muros del Alcázar, de la Alameda Vieja, de La Barca de la Floridala Puerta de Rota, de las tapias del desaparecido cementerio de Santo Domingo, de La Rosaleda, de las explanadas de la Plaza de Toros, de la Huerta de Terry, junto a la barriada España, del Pozo de la Víbora, del Rancho del Pescadero, en la salida hacia El Puerto.

Y ya más lejos de la ciudad, no podemos dejar de mencionar aquellos parajes más alejados que Cortijo 'El Marrufo'fueron testigo de tantos asesinatos, para que tampoco se olviden esos otros escenarios, esos otros “paisajes para la Memoria”. Y hablamos de lugares como los alrededores de la Laguna de Medina, la Sierra de San Cristóbal, la carretera de La Barca. Y hablamos también de Garcisobaco y de Vicos donde se retuvo después en campos de trabajo a otras muchas personas.

Camino del Puerto de Sta. MaríaY hablamos de La Sauceda, poblado situado en las faldas de la sierra del Aljibe, bombardeado y atacado por las columnas que procedían de Jerez. Y hablamos de El Marrufo, un cortijo ubicado en un hermoso paraje junto al Puerto de Gáliz donde siempre nos estremecemos, cada vez que paramos frente a su puerta, frente a su capilla y recordamos a quienes cayeron fusilados en sus muros, esos mismos que aguardan La Saucedaenterrados en la fosa común que allí se encuentra, esperando que llegue un tiempo en que se haga justicia. Allí, en ese lugar que será ya para siempre conocido como la “Majá de los muertos”.

Y hablamos, más cerca de la ciudad, de La Trocha... ese sendero trágico camino de El Puerto.

Y se dibuja así, con todos estos “lugares para la Memoria”, un itinerario, un largo camino de recuperación de la justicia y de la dignidad para con tantas víctimas, que tenemos que recorrer sin esperar a que pasen otros setenta y cinco años.



Para saber más:
- Jerez Recuerda (2009): Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe militar de 1936: una aproximación” Editado por Jerez Recuerda en colaboración con la Delegación de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Jerez.
- Jerez Recuerda (2007): “Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de estado militar de 1936: una aproximación” en Revista de Historia de Jerez, nº 13, 2007, pgs.137-180.
- Perales Pizarro, J.C. (2004): El Marrufo, Fosa Común”, Diario de Jerez 17/05/2004.


Aquí puedes ver otros artículos publicados sobre Paisajes con historia


El Puente sobre la Bahía de Cádiz

En entornoajerez nos gustan los puentes. Nos gustan por lo que son (o han sido) y por lo que simbolizan.

Nos gustan los grandes y sólidos puentes de cantería como el de Cartuja o los viejos puentes de hierro, con su aspecto algo decadente, testigos de un pasado fabril e industrial que ahora parece ya perdido. Nos gustan, sobre todo, los sencillos y humildes pontones, las pequeñas y modestas alcantarillas que fueron, siglos atrás, las más preciadas obras de los caminos. A ellos hemos dedicado algunas páginas en este blog y de todos ellos nos vamos a seguir ocupando.

El que será sin duda el puente más espectacular de nuestro país, cuyas pilas ya emergen en la Bahía de Cádiz, el “Puente de la Pepa”, va a ser pronto una realidad. Por esta razón hemos querido traer a estas páginas el vídeo que ha elaborado recientemente el Ministerio de Fomento donde se explica con todo detalle el desarrollo de esta obra singular que en menos de dos años tendremos la oportunidad de admirar en toda su magnitud.


Otros “puentes” (más modestos) de los que también nos hemos ocupado en entornoajerez son:

 
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