Por los Llanos de la Ina con don Rodrigo y Orelia (I).
La Batalla de Guadalete en la versión de Antoine de Latour


En la particular “cuenta atrás” que hemos emprendido en “entornoajerez” para la conmemoración en julio de 2011 de los XIII siglos de la Batalla de Guadalete, vamos a seguir difundiendo algunas páginas de nuestra historiografía local y nacional, del romancero tradicional o de las fuentes árabes que, a modo de “ilustraciones”, contribuyan a recordar aquel hecho histórico y el marco físico donde pudieron suceder. Hoy recorreremos los Llanos de la Ina y Antoin de Latourlos alrededores del monasterio de La Cartuja y Lomopardo donde sitúa el escenario de aquella batalla el escritor Antoine de Latour.

Considerado como uno de los primeros hispanistas franceses, Antoine de Latour llega a nuestro país en 1848 residiendo en Sevilla donde trabajó como secretario de los Duques de Montpensier, quienes habían instalado en esta ciudad su “corte” tras salir de Francia, agitada en aquellos años por los episodios convulsos que darían lugar a la segunda república. Nuestro personaje visita Jerez, mostrando su admiración por los “inmensos campos de viñas” que encuentra en el camino que recorre desde El Puerto de Santa María. En el relato de su viaje no faltan referencias a la ciudad y sus bodegas, sus calles, al Alcázar, la Cartuja o al embarcadero de El Portal. Pero si algo llama la atención en sus consideraciones son sus amplias referencias a la Batalla del Guadalete.

En el prólogo del libro “La Bahía de Cádiz de Antoine de Latour”, Juan Manuel Suárez Japón repara también en el interés del escritor francés por este trascendental episodio bélico señalando que “…el Latour viajero y curioso, observador y narrador versátil, se nos marcha tras su imaginación desatada y romántica hasta el cercano Guadalete donde él decide situar el recuerdo de la batalla final de D. Rodrigo”. Vamos nosotros, de la mano de sus escritos y fabulaciones a recorrer de nuevo estos parajes, testigos de la batalla.

La visita al Monasterio de la Cartuja ha sido una constante en todos los viajeros que han pasado por Jerez. Latour cumplirá también con este rito y, al describir los alrededores del monasterio anota: “… el río rodeaba melancólicamente el campo de batalla de don Rodrigo para perderse luego en la serranía de Ronda, llena también del recuerdo de los moros”. Tras dirigir su mirada a los Llanos de la Ina no puede por menos que evocar los episodios históricos a los que añade tintes épicos: “Esta llanura del Guadalete es uno de esos circos que parecen formados para siempre para presenciar el desenlace, en un día Padre Marianadeterminado, de algunos de los enormes dramas que marcan las fases de la historia. Detengámonos un momento ante aquella fecha fatal de 711 y ante la gran catástrofe que tanto sitio ocupó en los anales de España… ¿Cómo narra la historia el brusco final de la dominación goda? Digo la historia y no los historiadores pues si los modernos, instruidos en una crítica más difícil y en una ciencia más exacta desecharon rigurosamente la leyenda, los antiguos fueron menos escrupulosos”.

Latour pasa revista a los relatos que sobre la Batalla de Guadalete escribieron los autores más relevantes. Critica al padre Mariana quien en su monumental obra Historia general de España (1592), a decir de Latour, “no rechaza lo que la imaginación algo crédula de sus compatriotas fue añadiendo al primitivo reato de la caída de Don Rodrigo”. Al referirse a otro famoso historiador, Antonio Conde y a su célebre obra Historia de la dominación de los árabes en España (1820), le reconoce el mérito de fundamentar sus estudios de manera más sólida al ser “quien primero consultó en los autores árabes los elementos de su narración”, desterrando así muchos episodios procedentes de la leyenda y del que dice que “ni siquiera nombra a la hija del conde Julián” a quien todos los relatos de la historiografía más tradicional mencionan como un personaje “histórico” al que autores anteriores venían asignado un papel importante en los hechos que desencadenaron la Batalla.

El Guadalete en el puente de CartujaLatour elogia también los estudios de Modesto Lafuente, otro célebre historiador que publica su gran obra Historia general de España (1850-1857) en los años en los que el escritor francés reside en Sevilla. De sus aportaciones sobre los hechos de Guadalete dice Latour: “don Modesto Lafuente que en España y en el momento en que escribo eleva a su país un monumento en el que cada parte nueva extiende y consagra su autoridad, recuerda la tradición pero ajustándose, como Conde, a las causas verdaderas y a los hechos incontestables”. Antoine de Latour está dispuesto a ser riguroso en su relato sobre la Batalla de Guadalete, pero deja entrever que no desdeñará las referencias que aporta la leyenda: “Sería Modesto Lafuentemala voluntad por mi parte el no seguir tales ejemplos aunque más adelante enfrente la tradición a la historia y busque la parte de verdad que en alguna medida se mezcla siempre a la fábula”.

Así las cosas, Latour relata cómo Teodomiro, lugarteniente de Roderico, al mando del ejército godo, hace frente con mil setecientos jinetes a los doce mil hombres mandados por Tareg-ben-Zain (Tariq) a quienes no puede contener en Algeciras. La petición de ayuda a Roderico lo sorprende en el norte luchando contra los partidarios de Witiza: “intentó Witizainmediatamente aliarse con ellos frente a aquellos que él, ignorante de la traición, llamaba el enemigo común… Roderico envió rápidamente lo que le quedaba de la caballería para reforzar el insuficiente ejército de Teodomiro. Esta ayuda, de por si escasa, llegó agotada e incapaz de detener las incursiones que ya habían alanzado Medina Sidonia”.

Tareg-ben-Zain (Tariq)Llegados a este punto del relato Latour comienza con las primeras concesiones a la fábula cuando escribe “el 25 o 26 de julio de 711, los dos ejércitos se encontraron a orillas del Guadalete cerca del lugar donde más tarde se elevaría Jerez. El lugarteniente del emir, en una carta que envió a Muza tras la batalla, cuenta que Roderico avanzaba en el combate sobre u carro adornado con mármol y tirado por dos mulas blancas. Tenía sobre la cabeza una corona de perlas y sobre sus hombros un manto púrpura bordado en oro”. Y añade: “este detalle parece verosímil conocido el gusto de los bárbaros por el fasto”.

Don Rodrigo ne la batalla de Guadalete (Marcelino Unceta)Tras los primeros enfrentamientos, descritos por Latour en términos épicos, y ante el estancamiento de la batalla, Tariq, al ver flaquear a sus tropas arenga a los soldados: “Conquistadores del Magreb, ¿adónde vais? ¿adónde os lleva una huída tan vergonzosa e imprudente?, delante de vosotros está el enemigo y detrás el mar. El único refugio está en vuestro valor y en la ayuda de Dios. Haced, musulmanes lo mismo que yo”. Terminando con estas palabras, lanzó su caballo contra las filas enemigas buscando a Roderico con mirada fiera. El rey, por su parte, había descendido de su carro y mandado traer Muerte de don Rodrigoa su caballo Orelia. Si creemos a los historiadores árabes apenas si tuvo tiempo de ponerse a la defensiva: Tareg, se lanzó sobre él con todo el furor de su caballo y lo atravesó con su lanza y derribándolo le cortó la cabeza que envío al emir como testimonio de su victoria. Los moros, siguiendo su ejemplo se lanzaron sobre los cristianos con renovado ardor e hicieron una horrible matanza: “durante mucho tiempo, cuenta el historiador árabe, esta tierra permaneció cubierta de huesos blanqueados”… “Así termina la batalla del Guadalete, así acaba la monarquía de los godos en España…”.

Para saber más:
- La Bahía de Cádiz de Antoine de Latour. Traducción y notas: Lola Bermúdez e Inmaculada García. Diputación de Cádiz., 1986. De esta obra (pp- 123-134) han sido tomadas las citas textuales entrecomilladas.

- Clavijo Provencio, R.: Jerez y los viajeros del XIX. B.U.C. Jerez, 1989.
- Clavijo Provencio, R.: Viajeros apasionados. Testimonios Extranjeros sobre la provincia de Cádiz 1830-1930. Diputación de Cádiz, 1997.

Nota: la fotografia del cuadro de Marcelino Unceta, Don Rodrigo en la balla de Guadalete, nos ha sido facilitada por José L. Jiménez


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2 comentarios :

Satie dijo...

Apasionante...

Anónimo dijo...

Sres. García Lázaro, les felicito por sus compeltísimos artículos, tan bien ilustrados y presentados. Debieran ustedes animarse a escribir también sobre las calles y plazas de la ciudad y sobre su historia. Muchas gracias por su dedicación a las cosas de nuestro Jerez. Mª A. M. C.

 
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