Azúcar amargo: Un siglo de azucareras en la campiña


Azucarera Jerezana
A los azucareros ... y a los maños

Por elegir una fecha relevante, la historia de las azucareras en Jerez puede empezar a contarse a partir del 15 de Noviembre de 1897, cuando la Gaceta de Madrid anunciaba la subasta pública para la “Concesión de un canal de riego derivado del Río Guadalete”. Con un presupuesto de partida de 1.227.968 pesetas, este proyecto tenía como finalidad la construcción de una presa o azud en el “Vado de los Hornos” -lugar que acabaría siendo conocido como “La Corta”-, para poner en riego las vegas cercanas a El Portal.

Azucarera Jerezana (1925): Vista GeneralToda la comarca, y en especial la ciudad de Jerez, atravesaba entonces por una grave crisis marcada por el paro y los conflictos sociales que se había visto acentuada por la plaga de filoxera, desatada unos años atrás, que terminaría por arruinar en poco tiempo todo el viñedo. No es de extrañar por ello que en estos años de finales del XIX se alzaran voces que clamaban por buscar alternativas al monocultivo de la vid. Azucarera JerezanaLas propuestas pasaban, invariablemente, por la puesta en regadío de las mejores tierras del término. La construcción del Pantano de Guadalcacín, que habría de esperar aún más de una década, estuvo precedida por una iniciativa más modesta: los regadíos, de unas 2000 hectáreas, en las vegas de los Villares, El Torno, las Quinientas, El Palmar y El Portal que la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete pretendía desarrollar mediante una amplia red de canales y acequias. Y con ellos la introducción del cultivo de la remolacha y la construcción de la primera fábrica de azúcar en nuestra provincia: la Azucarera Jerezana, en El Portal.

Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza)(1925): Vista generalIniciada su construcción en 1899, la vida de nuestra primera azucarera fue muy corta. Pese a la puesta en regadío de una amplia vega, el contenido en azúcar de la remolacha cultivada ofrecía bajos porcentajes. El auge de esta industria en otras zonas del país (Zaragoza, León, Granada…) y las dificultades económicas de la Sociedad promotora llevaron al cierre de la factoría en 1906. La nave central y muchas de sus Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza): Sala de máquinasdependencias aún siguieron en pie durante muchos años, sufriendo en algunas ocasiones, las crecidas del Guadalete que llegaron a inundar parcialmente sus instalaciones. Su maquinaria fue desmontada progresivamente y vendida a otras azucareras que, en esos años, habían iniciado también su andadura o realizaban ampliaciones.

Y aquí, en una de esas curiosas idas y venidas de la historia, - o mejor, de la pequeña historia de las azucareras- entra en juego un técnico mecánico, D. Nicolás Moliner Gallego, a quien encontramos en el mes de noviembre de 1919 desmontando en El Portal una de estas máquinas de la Azucarera Jerezana para trasladarla a la Azucarera del Jalón, en Épila (Zaragoza), donde trabaja. Su hijo, Salvador Moliner Ortega –quien se empleará años más tarde en la misma empresa- nacerá en Jerez durante la estancia temporal de su familia, que regresará, cumplida la tarea, a la localidad aragonesa. Cincuenta años después, por esas paradojas de la vida, la Azucarera de Épila se cerrará y su maquinaria se desmontará para ser trasladada a la nueva Azucarera de Jédula.

Azucarera Jerezana: Situación actualLa vieja Azucarera Jerezana estuvo en pie durante casi dos décadas hasta que sus techumbres comenzaron a arruinarse. Pese a todo, sus muros, las elegantes arcadas de ladrillo de su nave central, los restos de naves, almacenes y dependencias… resistieron más de medio siglo para ser testigos de la vuelta de la industria azucarera a Jerez. Lamentablemente, han aguantado en pie otros cuarenta años para contemplar de nuevo su declive. Veamos a grandes rasgos como sucedió.

Tras el abandono casi en su totalidad del cultivo de la remolacha en los campos gaditanos, será partir de los años 50 cuando vuelve a aparecer para sustituir parcialmente al algodón en los secanos de la provincia. Los agricultores que se aventuran de nuevo con este cultivo se ven obligados a transportar la remolacha a las azucareras de Granada (provincia que desde 1878 fue pionera en estas industrias), a la sevillana de Los Rosales o a la cordobesa de Villarubia. Muchas son las voces que a lo largo de estos años insisten en la necesidad de construir una azucarera en Jerez.

Azucarera de Guadalcacín (1969): Vista general

El panorama cambiaría cuando en 1965 la compañía Ebro adquiere en Pozoalbero, junto a la pedanía de Guadalcacín, una finca de 33 hectáreas para construir una planta azucarera ante el empuje del cultivo en la provincia. Habría que esperar para ello a 1967, año en que se autorizó el cierre y el traslado de la Azucarera del Gállego (Zaragoza). Procedente de esta planta, en ese eterno ir y venir de los ingenios industriales sobre el que ya hemos hablado, llegó a Guadalcacín buena parte de su maquinaria (secaderos de pulpa y azúcar, calderas, molinos, tachas...), si Azucarera del Guadaletebien la flamante instalación fabril, conocida como “Azucarera de Sevilla” se dotaría de nuevos equipos que la convertirían en la más moderna y la de mayor capacidad de molturación de su época. En poco más de un año, Guadalcacín vio levantarse la planta azucarera que fue inaugurada el 9 de julio de 1968 por el ministro de Industria, D. Gregorio López Bravo, y el alcalde de Jerez D. Miguel Primo de Rivera. Ese mismo verano realizó ya su primera campaña de Azucarera del Guadalete: Depósito de azúcarproducción molturando casi 300.000 toneladas de remolacha a razón de 4.000 de media diaria. Todo un record para la época.

Al año siguiente, Jerez contaría con una nueva factoría, la Azucarera del Guadalete, instalada en el flamante Polígono Industrial “El Portal”, junto a la vía férrea. Perteneciente a la Sociedad General Azucarera, la planta se creó tras el cierre y el traslado de la azucarera oscense de Monzón de Cinca, así como de otras pequeñas azucareras del Valle del Ebro, muchos de cuyos trabajadores, como sucedió con la de Guadalcacín, se vieron obligados a trasladarse a Jerez. Su primera campaña de molturación, en Azucarera de Jédula (1986): Vista aérea1969, vino acompañada por el gran crecimiento de los cultivos de remolacha en todos los rincones de la campiña.

El triángulo de las azucareras se cerraría un año más tarde con la construcción de una nueva planta en Jédula a la que llegaba un ramal del antiguo Ferrocarril de la Sierra que, aunque nunca llego a funcionar, estuvo activo hasta esta fábrica. La Azucarera de Jédula, perteneciente a la Compañía de Industrias Agrícolas, inició su construcción a lo largo de los años 1968 y 1969 y llevaría a cabo su primera campaña en 1970. Una parte importante de su maquinaria Azucarera de Jédula: Hornos de caly, especialmente, de su plantilla, procedía de la Azucarera del Jalón, industria pionera en España que había iniciado su andadura en 1904 en la localidad zaragozana de Épila, desde donde más de cien familias (los conocidos “maños”) se trasladaron a residir en Jerez. Esa misma fábrica a la que, en 1919, llegaban algunas de las máquinas que D. Nicolás Moliner había desmontado en la vieja Azucarera Jerezana de El Portal.

Las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado son también las del auge de la remolacha y de las azucareras en las campiñas gaditanas. Son los años en los que el cultivo alcanza su mayor expansión, llegando a sobrepasar en sus momentos punteros las 50.000 hectáreas de superficie, que situaban a la provincia de Cádiz a la cabeza nacional llegando a concentrar el 25% de la producción española y el 60% de la andaluza (Zoido, F. 1984). En esta “época dorada” de las azucareras, las producciones de remolacha provienen por orden de importancia, según el Estudio Económico de la Provincia de Azucarera del Guadalete: Época de campañaCádiz (1983) de los términos de Jerez, Arcos, Medina, Vejer, Conil y Villamartín, recibiéndose también de municipios de la provincia de Sevilla. En estos años de gran producción llegó incluso a proyectarse la ubicación de una nueva planta en el cruce de Las Cabezas. Sin embargo, el mismo Estudio apunta ya problemas preocupantes en la década de los 80: “El exceso de oferta existente, tanto a nivel nacional como europeo, hace que este cultivo, de gran trascendencia en la economía gaditana, se encuentre contingentado, fijándose objetivos de producción a nivel nacional mediante cupos. Cádiz participa en un 15%-20% de la producción nacional de remolacha, consiguiéndose actualmente, y a través de múltiples negociaciones cupos extras, Azucarera del Jalón. Épila(Zaragoza): Accesoincluso en detrimento de los de otras provincias

Las azucareras y el cultivo de la remolacha trajeron trabajo y prosperidad, pero tuvieron también algunas contrapartidas negativas derivadas, fundamentalmente, del grave impacto ambiental que causaron en sus primeros años. Ya en el verano de 1969, los vecinos de El Portal y el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María denunciaban como la contaminación de las aguas del río, a las que vertía la Azucarera Azucarera de Jéduladel Guadalete, habían ocasionado un grave daño en la fauna piscícola que no llegó a recuperarse pese a la instalación de balsas de decantación y sistemas de depuración que, al parecer, no llegaron a funcionar correctamente. Los malos olores propios de estas instalaciones se denunciaron también en Jédula y en Guadalcacín, cuya azucarera se vio obligada a trasladar sus balsas a un paraje aislado en las cercanías de las Mesas de Asta.

Azucarera de Guadalcacín: DerriboDesde hace más de una década, la pequeña historia de las azucareras, la “dulce” historia del cultivo de la remolacha y de la industria del azúcar comenzó a amargarse. Las políticas agrarias comunitarias (PAC), las regulaciones del mercado y de producciones, la OCM, la asignación de cupos, las bajadas de precio de la remolacha, las fusiones empresariales, los intereses de las multinacionales de la alimentación… trajeron como consecuencia el Azucarera de Guadalcacín: Chatarradeclive y el cierre de las plantas de Jédula (2001) y de Guadalcacín (2008). La visión estos días de la demolición de esta instalación industrial nos produce la misma desolación que nuestra última visita a la Azucarera de Épila, el verano pasado, de la que sólo quedan sus centenarias chimeneas. Deseamos que no suceda lo mismo con la Fábrica de Botellas, en estos días en los que se ciernen sobre ella los negros nubarrones.

Azucarera del Jalón. Épila (Zaragoza): ChimeneaCuarenta años después de la instalación de las azucareras en la campiña y tras el cierra de las plantas de Guadalcacín y Jédula, el futuro es, cuando menos, incierto. La Azucarera del Guadalete, única factoría superviviente del “glorioso” pasado azucarero jerezano, ha sido adquirida por una multinacional inglesa que realiza nuevas inversiones para incorporar una nueva refinería de azúcar. El declive de la industria ha traído también como consecuencia el de los cultivos, un horizonte que nadie hubiese previsto hace cuarenta años, cuando la campiña era un “mar de remolacha” y las azucareras empleaban directamente, durante sus largas campañas estivales a más de mil trabajadores. Cuarenta años después, el azúcar se vuelve amargo en el recuerdo.






Ver AZUCARERAS EN TORNO A JEREZ en un mapa más grande

Para saber más:
- Cincuenta años de la Compañía de Industrias Agrícolas S.A. Barcelona 1962.
- Compañía de Industrias Agrícolas, S.A. 1911-1986, 75 aniversario. Barcelona. 1986.
- Estudio Económico de la Provincia de Cádiz. Análisis descriptivo y diagnóstico de la situación actual. Diputación de Cádiz. 1983. pg. 98-99.
- Jerez 65-70. Grafibérica. 1969.
- Zoido Naranjo, F.: Panorama actual de la remolacha azucarera. Instituto de Desarrollo Regional. Universidad de Sevilla. 1981
- Zoido Naranjo, F. (Dir).: Cádiz y su provincia. Ediciones Gever. Sevilla. Vol I. 1984, pg. 150.


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Hallazgos paleontológicos en Villaluenga


Vista de la Manga de Villaluenga del Rosario desde el yacimiento
El 14 de Septiembre pasado la prensa nacional y las publicaciones especializadas se hicieron eco del gran hallazgo paleontológico que había llevado a cabo, en Febrero de 2009, nuestro buen amigo Diego Mendoza López en la Sierra del Chaparral (Villaluenga del Rosario). Espeleólogo experimentado y experto conocedor de las cavidades de estos parajes de la Sierra de Cádiz, comunicó su descubrimiento a otros colegas del G.I.E.X. y del G.A.C. a los que pertenece. Fruto de las investigaciones de varios meses llevadas a cabo por un prestigioso equipo interdisciplinar es este informe que, por gentileza de sus autores, reproducimos textualmente, con el apoyo gráfico de parte del reportaje fotográfico que realizó el descubridor del yacimiento, Diego Mendoza. El informe recoge lo siguiente:

“En el transcurso de las prospecciones espeleológicas que se vienen llevando a cabo en la Manga de Villaluenga, Cádiz por parte del Grupo de Investigaciones Espeleológicas de Jerez (G.I.E.X.), uno de sus miembros, Diego Mendoza López, pateando las laderas sur de la Sierra del Chaparral en busca de nuevas cavidades el pasado mes de Febrero de 2009, localizo un conjunto de huesos fosilizados en una brecha calcárea, que notificó rápidamente por correo electrónico a Antonio Santiago, Presidente del G.I.E.X., adjuntándole fotografías del depósito y los detalles del hallazgo.

Seguidamente y ante las evidencias que podían apreciarse en las fotografías, Antonio Santiago (actual Secretario del Grupo Andaluz de Cuaternario-AEQUA-GAC), con motivo de la celebración de la XXX Reunión de Campo del G.A.C. que tuvo lugar en Valencina de la Concepción (Sevilla) los días 7 y 8 de Marzo, comunico el hallazgo a los colegas Francisco Giles Pacheco (arqueólogo y miembro del G.I.E.X. y del G.A.C.) Joaquín Rodríguez Vidal (Catedrático de Geología y Presidente del G.A.C.) y Fernando Muñiz (paleontólogo, miembro del G.A.C.) los cuales confirmaron la importancia del registro óseo, llegándose a plantear un criterio de valoración del registro como pleistocénico, por su ubicación en el tramo alto del la Sierra del Chaparral, término municipal de Villaluenga del Rosario.

Conglomerado de huesos con rotura antiguaPara llevar a cabo la elaboración de un informe oficial del yacimiento, el día 18 de Marzo, acompañados por Diego Mendoza López, su descubridor, Francisco Giles y Antonio Santiago acceden a lugar del hallazgo para diagnosticar el depósito y tomar datos de su situación, estado de conservación y fotografías de detalle de la estratigrafía que presentan los depósitos kàrsticos que lo contiene. También se procedió a recoger, posicionando el lugar, los fragmentos de huesos que por efectos de la erosión y disolución de la arcilla matriz que los envuelve, se han desprendido de la brecha.

Roturas recientesEl registro paleontológico aparece soldado por coladas de calcita muy cristalinas a grandes bloques de rocas calizas, propios de la formación jurásica, que han quedado exhumados por pérdida erosiva de las arcillas rojas de origen kárstico que rellenan las fisuras y agujeros de disolución del exokarst. La morfología del terreno parece corresponder a un depósito de dolina.

Los huesos presentan un alto porcentaje de roturas antiguas y en menor cantidad roturas frescas, en este caso causadas por la fragmentación actual del depósito brechificado, La mayor densidad observable de fósiles se encuentra fuertemente adheridos a dos bloques calizos, pudiéndose identificar epífisis de huesos largos, fragmentos de diáfisis de gran tamaño, piezas dentarias de equus caballus, cervus elaphus, capra pirenáica, canis lupus, lynx pardina, y otros taxones de aves, pequeños mamíferos y micromamíferos. El registro continúa disperso en un depósito de arcillas rojas y se extiende por un área de aproximadamente 15 m2, muy próximo al camino de subida a la Sierra del Chaparral al que se accede por la pista que parte de la Manga de Villaluenga hacia la cabreriza de Emilio Selles Pérez, ganadero de la localidad.

Taxones del registro. Se han reconocido elementos anatómicos de al menos 3 taxones, de herbívoros (equus caballus, cervus elaphus, capra pirenáica) y 2 de carnívoros (canis lupus, lynx pardina), con alta representación del esqueleto (extremidades, esqueleto postcraneal, piezas dentarias, cuernas) así como abundantes fragmentos óseos (epífisis y diáfisis) de menor tamaño correspondiente a pequeños mamíferos, aves y abundante microfauna. Especialmente representado por su alto número son los metacarpos y metatarsos, huesos del tarso y del carpo, astrágalos, calcáneos, falanges y pezuñas, lo cual indica claramente su conexión anatómica.

El índice de rotura es alto, debido a presiones del sedimento y al grado de erosión y alteraciones climáticas a los que actualmente está sometido el depósito y son de tipo irregular con alto porcentaje de epífisis en conexión anatómica con las diáfisis. Las piezas dentarias también son abundantes según se puede apreciar en la muestra recogida y las que están soldadas en la roca caliza, y presentan bajo porcentaje de roturas y muy buen estado de conservación.

Por la muestra recogida y por el registro observado “in situ” en la brecha calcárea, el número mínimo de taxones puede estimarse, a priori, en más de 10 especies identificadas.

Como primera observación tafonómica, cabe destacar la identificación de marcas de carnívoros en algunos huesos, de forma circular, y cortes longitudinales en varios fragmentos de diáfisis que podrían responder a indicios antrópicos, por lo que el yacimiento debe considerarse como pieza clave para el estudio de las primeras comunidades humanas que ocuparon el medio de montaña y las cabeceras de los cursos fluviales de la Sierra de Cádiz (Giles et al., 2000 a y b, 2003).

Alteraciones post-deposicionales. Puede apreciarse en el conjunto recogido que existen huesos teñidos, algunos completos y otros parcialmente, por impregnaciones de manganeso y en otros domina el color rojo, propio de las arcillas de descalcificación del depósito kárstico que los envuelven. También hay que destacar el grado de cementaciónde gran parte del registro adherido a formaciones de espeleotemas (coladas de calcita de gran pureza). No se observan, a priori, evidencias de meteorización o fósiles conhuellas de raíces aunque el depósito de arcillas presenta rasgos de bioturbación.

La condiciones que presenta actualmente el yacimiento, situado a 1.000 m. de a.s.n.m., expuesto a los rigurosos cambios climáticos registrados en la Sierra de Grazalema y más concretamente en la Manga de Villaluenga, con grandes nevadas y bajas temperaturas en contraste, en cortos períodos de tiempo, de altas temperaturas durante el día, así como su proximidad al camino, constituyen por si sólo factores de alto riesgo de destrucción y desmantelamiento del pequeño depósito fosilífero.

Desmantelamiento del registro óseo a causa de las alteraciones térmicas y efectos de la erosión. Los agentes atmosféricos, el estado observable de alteración y fragmentación de los huesos y los efectos irreversibles de la erosión, principal agente del deterioro y destrucción del yacimiento, sugieren una inmediata intervención geoarqueológica que permita recuperar, con la metodología adecuada para este tipo de depósitos, el registro faunístico, hasta ahora, única localización de restos paleontológicos cuaternarios en el exokarst de la Sierra de Cádiz, según dictamina el Art. 58 Actuaciones de Urgencia. Ley 14/2007 de 26 de Noviembre, de Patrimonio Histórico de Andalucía, BOJA nº 248 de 19-12-2007. A esto hay que añadir su proximidad a la pista por la que circulan vehículos todo terreno y maquinaria agropecuaria que incrementan los riegos de alteración y desmantelamiento del depósito

Las marcas de tipo antrópico observadas en algunas piezas óseas, podrían estar relacionadas con ocupaciones humanas, de las que ya existen evidencias de registros líticos del Pleistoceno Superior en la zona (Giles et al., 2000a y b, 2003; Santiago et al., 1997) y estudios morfogenéticos de espeleotemas cuaternarios en el inmediato macizo calcáreo de la Sierra del Endrinal (Rodríguez Vidal et al., 1999, 2000).

El yacimiento del Chaparral supone un enclave fundamental para la aportación, por primera vez en la sierra gaditana, de un registro pleistocénico del que podrán obtenerse datos bioclimáticos, faunísticos y geomorfológicos, de los que adolece la prehistoria de la provincia de Cádiz, estudios que serán debidamente abordados por un equipo interdisciplinar de cuaternaristas, tanto los trabajos de campo como su posterior análisis de laboratorio.”

Jerez de la Frontera 26 de Marzo de 2009
Antonio Santiago Pérez, Presidente del G.I.E.X, Secretario del G.A.C.-AEQUA.
Francisco Giles Pacheco, . G.A.C.-AEQUA, G.I.E.X.

Fotografías: Diego Mendoza López, G.I.E.X., descubridor del yacimiento.

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Sendero de la Garganta Verde.
Galería de imágenes


Para recorrer en imágenes el Sendero de la Garganta Verde, en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, y como complemento a las entradas dedicadas a este espacio, se ofrece una galería fotográfica en el que se recogen las siguientes:

  1. Sendero de la Garganta Verde: Inicio del camino.
  2. La Camilla.
  3. Desvío al mirador del Bocaleones.
  4. Vistas de la Sierra del Pinar.
  5. Camino de descenso.
  6. Formaciones rocosas en los estratos tabulares de caliza.
  7. Adecuaciones de mejora en el sendero.
  8. Formaciones rocosas
  9. Cornisa en una pared de Las Cambroneras.
  10. Cantiles en las paredes del cañón.
  11. Cauce del Arroyo de los “Volcones”.
  12. Barandillas de protección en el sendero.
  13. Bajo las adelfas arborescentes.
  14. Por el lecho del Bocaleones.
  15. Cueva en la pared de la Garganta.
  16. Columna de roca.
  17. Rusco.
  18. En la angostura de la Garganta.
  19. Espigas de flores de acanto.
  20. Pórtico de la “Cueva de la Ermita”.
  21. Cueva de la Ermita.
  22. Estalagmita con coloraciones verdosas.
  23. Paredes verticales en el cañón del Bocaleones.
  24. Cantos rodados en el lecho del río.
La imágen nº 22 ha sido facilitada pornuestro amigo J. Ramón Castellano


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Por la Garganta Verde (1): El sendero de descenso.


A nuestro querido amigo Carlos Bel Ortega, geógrafo y viajero, quien nos llevó por primera vez a la Garganta Verde.

Lo decimos al empezar para que quede claro: el recorrido que hoy proponemos transcurre por uno de los parajes naturales más excepcionales de la provincia, la Garganta Verde, en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Grazalema. Y lo hacemos al comienzo para ahorrarnos adjetivos de admiración ante las muchas sorpresas que encierra y que, a buen seguro no dejaran indiferente al viajero que, con algo de esfuerzo, se anime a realizarlo. Este estrecho cañón, tallado por la aguas del río Bocaleones, es un verdadero paraíso para las aves de roca y para la vegetación, así como un lugar del máximo interés para los amantes de la geología y el paisaje.

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Por las tierras de El Jadramil (Arcos)


Manantial de El Jadramil
La carretera que desde Gibalbín conduce a Arcos atraviesa por cerros de suaves laderas en los que abundan los viñedos y las “tierras de pan sembrar”, grandes extensiones dedicadas a los cultivos de secano. Sigue el trazado del viejo Camino de Lebrija a Arcos de la Frontera, una vía pecuaria que deja a uno y otro lado las tierras de renombrados cortijos. En el pago de El Cuartillo de La Plata, junto a algunos olivares, destacan las viñas de Barbadillo, de las que se extraerán vinos blancos (Castillo de San Diego) y tintos (Gibalbín) muy conocidos. Los cortijos Viña Gibalbínde Granadillos, Malabrigo y Sanlucarejo quedan también junto al camino, en las proximidades de Sierra Gamaza, integrada por un conjunto de cerros de arenisca de suaves ondulaciones. En las proximidades del cortijo de San Rafael, nos cruzamos con la Cañada de Bornos que desde Jerez, pasando por las Mesas de Santiago, se dirige a esta población serrana. Algo más adelante, en dirección a Arcos dejamos a la derecha de la ruta las tierras de El Jaramil

Cortijo de San RafaelEn este pago, también conocido como Jadramil, se explotan varias canteras que extraen arenisca calcárea, el mismo material que conforma la cercana Sierra Gamaza y las elevaciones donde se alza Arcos de la Frontera. A su interés geológico hay que sumar el histórico, Los hermanos De Las Cuevas, en su monografía sobre Arcos, ya hablan de los hallazgos realizados por Mancheño y otros en la Colada del Jadramil. Mas recientemente, excavaciones de urgencia realizadas en estas canteras permitieron conocer que en estos parajes del Jadramil, tan cargados de historia, se emplazaba un asentamiento de la Edad del Cobre (o Calcolítico), fechado entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de nuestra era. Aparecieron aquí estructuras subterráneas (pozos y silos), de características similares a las puestas a la luz en las canteras de El Trobal, próximas a Nueva Jarilla. Junto a estas estructuras funerarias prehistóricas se encontraron también enterramientos de época romana. Para un mayor conocimiento de estos hallazgos remitimos al lector a los interesantes trabajos de María Lazarich González.

Pero volvamos de nuevo a la arenisca y al paisaje. Esta roca, también conocida como “caliza tosca” o calcarenita, formada en el Mioceno superior, tienen naturaleza porosa y permite la filtración de las aguas de lluvia y escorrentía hasta niveles inferiores. Aparecen aquí materiales menos permeables (margas gris-azuladas o de color crema), que retienen el agua y favorecen, en los puntos donde los estratos se cortan y se dan las condiciones geológicas adecuadas, la aparición de fuentes y manantiales.

Manantial de El JadramilManantial de El Jadramil

Uno de estos puntos es la conocida Fuente de Jaramil, que encontramos en un prado (a la derecha de la carretera en dirección Arcos), poco antes de cruzar el Arroyo Salado de Espera y de llegar al enlace con la Autopista. El manantial ha sido encauzado hasta una pequeña construcción con bóveda de ladrillo, que guarda un pequeño depósito de agua desde el que se alimenta uno de los mayores pilones que hemos visto por estas tierras. De forma rectangular, estrecho y muy alargado, el pilón permite a buen seguro que beban en él simultáneamente un buen número de ovejas. No en balde se emplaza en un antiguo descansadero de la Vía pecuaria conocida como Cañada de Lebrija, por lo que debió ser muy utilizado. Su fuente mana durante todo el año y sólo se agota excepcionalmente, habiendo sido usada tradicionalmente, para el abastecimiento ganadero y rural, aunque en tiempos pasados también se utilizaban sus aguas para beber. A las orillas del reguero que forman las aguas que salen de su caño, nunca faltan los típicos berros que muchos vecinos recogen.

Manantial de El JadramilManantial de El Jadramil

Por sus singulares características, creemos la fuente de Jaramil bien merecería figurar en el catálogo de Manantiales y Fuentes de Andalucía que tan sólo recoge, en lo que se refiere a Arcos, la del Cañuelo o el manantial del Matite.



Ver Fuente de El Jaramil (Jadramil) en un mapa más grande

Para saber más:
- De las Cuevas José y Jesús.: Arcos de la Frontera. Diputación de Cádiz. 1985. pgs. 24 y 50.
- Lazarich González, María. (2003): El Jadramil (Arcos de la Frontera) . Estudio arqueológico de un asentamiento agrícola en la campiña gaditana. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera. Cádiz. 496 pp.
- Mapa Geológico de España. Hoja 1.062. Paterna de Rivera. Instituto Geológico y Minero de España. 1987. pg. 18-20


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Foto denuncia.
La Estación de El Portal: S.O.S.




Entre las fotografías que aquí se muestran hay apenas un año de diferencia. En ellas se refleja el paso del tiempo y lo que la incultura de unos vándalos es capaz de hacer con un edificio centenario que encierra una larga historia entre sus muros. Las imágenes hablan de todo ello y también de cierta desidia de quienes, de una u otra forma, debieron velar porque esto no llegara a pasar.

Después de muchos años, los vecinos de El Portal vieron por fin cumplidos uno de sus principales anhelos: la eliminación de un peligroso paso a nivel que habían conocido “toda la vida”. Cuando el 27 de julio de 2007 entró en servicio el nuevo viaducto del ferrocarril sobre el Guadalete, -que con sus 3.221 m. se convertía en el de mayor longitud de la red ferroviaria española- muchas cosas se ganaron, pero se perdía también para siempre el uso para el transporte ferroviario de la vieja Estación y Apeadero de El Portal. De manera casi inmediata a la supresión del antiguo tramo, comenzó el desmantelamiento de las vías y unos meses después ya no quedaba casi nada que recordara que por allí pasaba el tren. Tan sólo la vieja Estación. Los vecinos, con Diego Almodóvar a la cabeza, reclamaron que se diese un uso social a este antiguo edificio para evitar así su demolición y rescatar todo su valor histórico y simbólico.

Es conocido que la primera concesión en nuestro país para la construcción y explotación de un “camino de hierro” se otorgó a José Díez Imbrechts en 1829, quien pretendía unir Jerez con el embarcadero de El Portal. Aunque este proyecto no llegó a materializarse, si que lo hizo, unos años más tarde, el ferrocarril de Jerez a El Puerto (1854) y poco después a El Trocadero (1856). La Revista de Obras Públicas daba ya cuenta en 1853 de las obras que se realizaban en El Portal para abrir paso a la línea ferroviaria, donde fue preciso modificar 500 metros del trazado la carretera general a Cádiz.

En los años finales del siglo XIX y los primeros del XX, El Portal vivirá una gran actividad fabril. En 1897, la Sociedad Agrícola Industrial del Guadalete obtuvo del Gobierno una concesión para regar con las aguas del río (a través del azud de La Corta) unas dos mil hectáreas, destinadas al cultivo de la remolacha que sería molturada en la fábrica azucarera que en los siguientes años se construiría. Aunque la experiencia resultó fallida y ya en 1906 cerró su actividad, el enclave de El Portal se transformó en esos años viendo surgir casas, naves, almacenes y dependencias junto a la Azucarera Jerezana. El apeadero ferroviario allí existente se transformó con la construcción de una nueva Estación. Francisco Sánchez Martínez, a quien debemos los más completos y documentados estudios sobre la historia del ferrocarril en Jerez y su entorno, apunta que “la estación de El Portal había sido abierta de forma regular al servicio público de viajeros el 1 de enero de 1904”, época que coincide con el máximo apogeo de los trabajos de la Azucarera.

Un siglo después el edificio de la vieja Estación de El Portal, tras sufrir asaltos, destrozos, incendios… amenaza ruina. Hace apenas dos años, en septiembre de 2007, el Ayuntamiento de Jerez recibía un escrito de la Dirección Ejecutiva de Estaciones de Viajeros (de ADIF) en el que se comunicaba que el edificio de la Estación de El Portal no se demolería y sería conservado, como venían reclamando los vecinos. Se contestaba así formalmente a una petición del Ayuntamiento, cursada en agosto de ese mismo año en el que la Alcaldesa solicitaba al Gerente de ADIF que ante el desmantelamiento previsto de las infraestructuras que habían quedado fuera de servicio tras la inauguración del nuevo viaducto de El Portal, se respetase el edificio de la antigua estación. Se apuntaban para ello razones de carácter histórico por tratarse del primer tramo ferroviario de Andalucía y uno de los primeros de España. ADIF solicitaba -mientras se acometía la remodelación que permitiera la conservación y los nuevos usos de la Estación- la adecuada protección para evitar “…el deterioro, vandalismo y la ocupación por personas ajenas del citado edificio”.

Más de un siglo de historia amenaza con perderse en unos meses, de no asumirse sin más dilación por parte de las administraciones implicadas, los compromisos adquiridos con los vecinos de El Portal y con la conservación de nuestro patrimonio.


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Higos chumbos y chumberas (II)


Chumbera
El dulzor de los higos:

Sea como fuere, y aunque no estén muy claros los orígenes de su cultivo y de su introducción, lo cierto es que las chumberas se han naturalizado con gran facilidad en los países del entorno mediterráneo y hoy día se las ve en los bordes de los caminos rurales o formando setos vivos entre parcelas de cultivos. No es de extrañar por ello que las chumberas (y sobre todo las pitas) aparezcan en diferentes obras literarias de los escritores costumbristas del XIX que Chumberareflejaron en sus cuentos y relatos los parajes de nuestro entorno. Por citar un ejemplo remitimos al lector a Luis Coloma y especialmente a Fernán Caballero, la conocida escritora afincada en El Puerto de Santa María, quien en uno de sus cuentos, Juan Holgado y La Muerte, refleja una escena tragi-cómica en la que una mujer enferma y muere de un atracón de “”higos de tuna”, nombre con el que se conocía popularmente a estos frutos.

Muy utilizada para la formación de vallados naturales, la chumbera proporcionó también un complemento a las débiles economías rurales ya que sus palas o raquetas han sido también Chumberaempleadas como alimentación del ganado y en sus formaciones han encontrado refugio no pocos animales del campo. Estos tallos carnosos, que se propagan fácilmente dando lugar a nuevas plantas cuando se desprenden o se siembran, han tenido también curiosas aplicaciones. Una de ellas es la de ser utilizados como “reserva” de agua para asegurar el crecimiento de nuevos plantones. Así, en los pequeños huertos de subsistencia labrados en lugares con escasa disposición de agua, se practicaba un hoyo en el que se enterraban trozos de tallos de chumbera, ricos en agua, sobre los que se situaban los plantones de las especies hortícolas.

Recolección de higos chumbosRecolección de higos chumbos
Recolección de higos chumbos

Pero sin duda, la recolección de higos chumbos es el principal aprovechamiento que en el medio rural ofrecen las chumberas. Ya era un fruto popular en el siglo XIX

No están muy lejos los tiempos en que muchos campesinos y jornaleros, que vivían en las chozas que ellos mismos construían en los descansaderos y márgenes de nuestras vías pecuarias, recogían los higos para su venta en la ciudad. Transportados en serones sobre burros o mulos, acudían a los mercados o eran vendidos de manera ambulante desde mediados Higos chumbosde agosto hasta la entrada del otoño. Hoy las cosas han cambiado y en su recolección y venta participan ya personas que viven en la ciudad y que, por encontrarse sin trabajo, buscan un complemento a sus escasos ingresos con la venta del higo chumbo y otros productos silvestres de temporada.

Aunque han sustituido los burros y mulos por “motillos”, los vemos todos los años por las cañadas o por las lindes de los campos, recogiendo en los vallados de tunas este sabroso fruto utilizando la misma técnica de siempre. Se ayudan para ello de una larga caña, en cuya parte superior se practican unas incisiones para abrirla a modo de “pequeño cesto”, colocando en su interior una piedra que asegura el hueco necesario para que quepan los higos. Dado que las pequeñas espinas que cubren su gruesa piel se desprenden con facilidad, como ya se ha dicho, hay que realizar esta operación en contra del viento. Una vez recogidos se frotan contras las hierbas o el suelo y se “barren”, con lo que se pierden las espinas. Es fácil ver en muchos rincones de nuestros barrios, junto a los puntos más concurridos o en los alrededores de los mercados, a los recolectores de higos vendiendo su producto ya “pelado” y envasado por docenas, listos para su consumo.

Higos preparados para su consumo
Higos preparados para su consumo Higos preparados para su consumoHigos preparados para su consumo

El higo chumbo es un fruto dulce y sabroso que asociamos en nuestra campiña a los sabores de finales del verano y comienzos de otoño. Ricos en principio activos, están siendo “redescubiertos” para la medicina natural y para la nueva cocina, y ya son consumidos en elaboraciones muy diversas: pulpa, zumos, gelatinas, aguardientes preparados por fermentación de su pulpa… No es de extrañar por ello que desde hace unos años ya se encuentran, envasados como otros frutos exóticos, en las secciones de frutería de los hipermercados.
Aunque sólo sea por esto, el modesto higo chumbo y la rústica y humilde chumbera tienen garantizada su permanencia ente nosotros. Los vallados de tunas seguirán así formando parte de las estampas rurales de la campiña.

Para saber más:
- Cabral Chamorro, Antonio (1996): La colonización ilustrada y liberal en Jerez de la Frontera 1750-1850. B.U.C. Colección Premios Manuel Esteve, 1. Ayuntamiento de Jerez.
- Ruiz Lagos, Manuel (1974): Tareas de la Sociedad Económica de Amigos del País de Jerez de la Frontera (1833-1860). C.E.H.J. Graficas del Exportador. Jerez.
- Martín Ferrero, Paz (1999): El habla de los pueblos de Cádiz. Diccionario Rural. Quorum Libros Editores. Cádiz.
- Oleg Polunin (1982): Guía de campo de las flores de Europa. Ed. Omega. Barcelona


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