Desde el inicio del itinerario junto a la carretera, hasta la zona más alta del Pico del Aljibe, hemos salvado un desnivel de casi 600 metros, pero la subida ha merecido la pena. Kavafis, en su hermoso poema “Viaja a Ítaca” nos recuerda que lo importante es el viaje, el camino, y que llegar al destino es sólo un feliz pretexto. En este caso, si el recorrido por el bosque justificaría ya la realización del itinerario, alcanzar la zona de cumbres es también un merecido premio a nuestra caminata.
Una vez en la planicie que corona la sierra, podremos acercarnos hasta los dos mogotes rocosos que la presiden. Si trepamos (cómodamente) al primero de ellos podremos ver, entre los bloques de arenisca cubiertos por líquenes, una tumba antropomorfa excavada en la roca, conocida como la “Pilita de la Reina”, ya que según la tradición popular se bañó en ella la reina Isabel la Católica. Sepulturas similares aparecen en otros puntos de las sierras del Campo de Gibraltar y son muchos los investigadores que las consideran “tardorromanas”, visigóticas o del periodo alto-medieval. En el segundo montículo puede verse el vértice geodésico del Aljibe (1.092).
En estas zonas altas de la sierra, azotadas por los vientos y la lluvia expuestas al sol y a las heladas, el bosque deja paso a un matorral achaparrado, adaptado a estas duras condiciones, en el que aparecen especies como brezos (brecina, brezo cucharero, bermejuela), jaras (jaguarzo, jara estepa) y robledillas, junto a coscojas, robles achaparrados y algunas leguminosas como Genista tridentata (retama de tallo alado o engordatoro) o Teline tribracteolata (escobón gaditano), entre otras.
En 1930 los ingenieros de montes Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños visitan las cumbres del Aljibe y describen en su Estudio sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz la singularidad botánica de estos parajes y, en especial, la observación de distintas especies del género Quercus: “En algunos puntos de la sierra del Aljibe, al rebasar el canuto los 800 m. de altitud, el alcornoque desparece y en su lugar se presenta el roble, siendo raro que las tres especies reunidas ofrezcan porte arbóreo, sino que en el natural escalonamiento, creciendo la altitud vayan pasando por un máximo en el orden alcornoque-
quejigo-roble; pero el último no llega a ese estado, pasando de nuevo a su talla arbustiva momentos antes de las crestas, que en ese lugar tienen unos 1.000 m. de elevación. En la provincia de Cádiz, únicamente existe el roble en el mencionado sitio y en corta cantidad; teniendo en cuenta la cita que hacemos de encinas en el Picacho y la abundancia de la roulilla (robledilla) por todas las lomas, es curioso que en radio de 3 km. se hallen seis especies de Quercus, de las ocho clásicamente conocidas en nuestra Península. De la misma manera, estos autores llaman la atención sobre el matorral achaparrado que cubre las herrizas de estas crestas y que describen
como “asociación del Quercus humilis”, de las que podemos hoy observar, como hace casi cien años atrás, las especies más significativas que lo integran. Así, junto a la robledilla o roulilla, de porte achaparrado y rastrero, veremos las lustrosas matas de jara estepa, de flores blancas, o los omnipresentes brezos, que desde finales del invierno y durante la primavera, dan a estas cumbres con sus flores un hermoso tono blanco y rosado.
Pero además de disfrutar con la observación de estas singulares especies vegetales, la subida al pico del Aljibe tiene otra magnífica recompensa. Si tenemos suerte y la atmósfera está limpia y despejada (después de un día de lluvia, o en una jornada con viento de poniente, por ejemplo), las vistas que podremos obtener desde este lugar se cuentan entre las más espectaculares de cuantas pueden ser observadas en la provincia de Cádiz. En caso contrario nos conformaremos,
cuando menos, con admirar los amplios horizontes y entrever o adivinar las distintas sierras, poblaciones y parajes que se nos ofrecen. Así, en un rápido recorrido en sentido de las agujas del reloj veremos, al Norte, los Montes de Jerez y a lo lejos las tierras de Prado del Rey y las campiñas sevillanas. La mole rocosa de la Sierra del Pinar sirve como telón de fondo a las cercanas sierras de Ubrique. Hacia el Este, la Sierra del Endrinal nos muestra en sus faldas el caserío de Benaocaz, para pasar después a los perfiles del Caillo, Los Pinos y los montes de Cortes y la Serranía de Ronda, donde despunta el Torrecilla. Los días claros, puede verse hacia el Sur el Peñón y el estrecho de Gibraltar, así como los montes de Jimena y Castellar y, más cerca de nosotros, siguiendo la cordal, el pico del Montero, con el radar militar coronando su cima. Hacia el
Oeste los horizontes se multiplican: Vejer, Benalup, el embalse del Barbate, Alcalá de lo Gazules, más cerca... Los pueblos y ciudades de la Bahía de Cadíz se adivinan a lo lejos entre Medina y Paterna. Las lomas y cerros de la campiña, ofrecen un paisaje de molinos, que se extiende ya por buena parte de esta zona de la provincia. La Sierra del Valle, la silueta de Peña Arpada, Valdelagrana, El Puerto Jerez… se suceden en esta magnífica vista. La Sierra de Aznar, nos muestra la herida de su cantera y tras ella se adivina Arcos y la Sierra de Gibalbín, y la central térmica de la Junta de los Ríos y las colas del embalse de Bornos… Unas vistas excepcionales de las que sólo se puede disfrutar en lugares como este.
Muy cerca del Pico del Aljibe, hacía el Norte, adivinamos la cercana cumbre del Picacho de la que nos separa la Garganta de Puerto Oscuro, donde volveremos en otra ocasión para bajar, con el Barbate, hasta Alcalá.
Para saber más:
- Ceballos, L. y Martin Bolaños, M.: Estudio sobre la Vegetación forestal de la provincia de Cádiz. I.F.I.E. 1930. Ed. Facsímil, Consejería de Medio ambiente, 2000. P. 129 y 201
- VV.AA. Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar, Guías Naturalistas de la Provincia de Cadíz. III. Diputación de Cádiz, 1991. pp. 141-146
- VV.AA. La Sauceda. Una experiencia escolar en el trabajo de campo de las Ciencias Naturales. Diputación de Cádiz. 1982.
2 comentarios:
Estupendo relato, gracias por compartir vuestra ascensión con nosotros.
Gracias también por contarlo, me ha traído muchos recuerdos.
Sin duda, es uno de los sitios más bonitos de Cádiz, desde como decís, en los días claros se ve casi todo.
Tuve la oportunidad de subir al Picacho cuando estudiaba en el Instituto, de visitar la Sauceda, y también, de llevar los telescopios de mi agrupación al Aula de la Naturaleza del Picacho, para dar una charlita allí.
Todos los días de mi visita tuvieron algo en común.
La lluvia. Allí llueve a mares. Nunca he visto llover tanto como vi en la Sauceda un día de Andalucía.
Y nunca me he llevado un susto tan grande, como a la vuelta del Picacho a las cinco de la mañana así, lloviendo a mares, saltó literalmente por encima de mi renault cinco un venado...
Publicar un comentario en la entrada